Sir james george frazer la rama dorada



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En la ceremonia de Lusacia antes descrita, el árbol que traen al pueblo después de la destrucción de la figura de la muerte es equiva­lencia clara de los árboles y ramas que en costumbres anteriores se han traído como representantes del verano o la vida después de destruir o expulsar a la muerte. Pero la transferencia de la camisa llevada por la efigie de la muerte al árbol, indica con claridad que el árbol es una especie de revivificación, en una nueva forma, de la efigie destruida. También esto se trasluce en las costumbres moravas y transilvanas; ves­tirse la joven con las ropas llevadas por la muerte y conducirla por la aldea con el mismo cántico que se entonó cuando estaban echando a la muerte, muestra que se cree que ella es una especie de resurgimiento del ser cuya efigie acaba de destruirse. Estos ejemplos, por tanto, su­gieren que a la muerte cuya destrucción se representa en estas ceremo­nias no se la puede considerar como el agente puramente destructivo que nosotros entendemos por muerte. Si el árbol traído al pueblo como una corporeización de la reviviscente vegetación primaveral le vis­ten con la camisa llevada por la muerte que acaba de ser desbaratada, el objetivo no es ciertamente detener y oponerse al renacer de la vegeta­ción; sólo puede ser para fomentarla e incrementarla. Por esto, al ser llamado muerte que se acaba de destrozar debe suponérsele dotado de una influencia vivificante y animadora que puede comunicar tanto al mundo vegetal como al animal. Esta atribución de una virtud donadora de vida a la figura de la muerte está más allá de toda duda por la cos­tumbre observada en algunos sitios de coger pedazos de la efigie de paja de la muerte y ponerlos en los sembrados para hacer desarrollarse

1 Es una variedad de grosella, llamada uva crespa.

366 OCCISIÓN DEL ESPÍRITU DEL ÁRBOL

las mieses o en los pesebres para hacer que el ganado medre. Así Spachendorf, pueblo de la Silesia austríaca, la figura de la muerte, hecha de paja, maleza y trapos, es conducida entre cantos rústicos fuera del pueblo a un campo donde la queman; mientras arde todavía, se entabla una lucha general para coger los restos, que sacan del fuego con la mano desnuda. Cada uno de los que consiguen un fragmento de la efigie, lo ata a una rama del árbol más hermoso de su huerto o lo entierra en su sembrado, en la creencia de que haciéndolo así crecerá mejor su cosecha En el distrito de Troppau, de la Silesia austriaca, la figura de paja que los muchachos hacen el cuarto domingo de Cuaresma la visten las mozas con ropas de mujer y le cuelgan cintas, gargantillas y guirnaldas; atada a una pértiga, la sacan del pueblo seguida por un tropel de jóvenes de ambos sexos que alternan los retozos con la seriedad y los cantos. Lle­gados a su destino, un campo de las afueras, despojan la figura de sus ropas y ornamentos y la multitud se abalanza sobre el muñeco y lo des­pedaza, haciendo rebatiña con sus fragmentos. Cada cual intenta conse­guir un puñado de las pajas con que estaba hecha la efigie, porque creen que una simple brizna de ellas, colocada en el pesebre, hace medrar al ganado, o depositan las briznas de paja en los ponederos de las gallinas, lo que evitará que las gallinas se lleven los huevos y hará además que los empollen mucho mejor. La misma atribución en un poder fertili­zante de la figura de la muerte se muestra en la creencia de que si los porteadores de la figura, después de arrojarla lejos, azotan a sus ganados con los palos para hacer que las bestias sean más prolíficas o engorden, es porque quizá las estacas han sido usadas previamente para apalear a la muerte y así han adquirido la virtud fertilizante que se adscribe a la efi­gie. También vimos, además, que en Leipzig se enseñaba la figura de paja de la muerte a las esposas jóvenes para hacerlas prolíficas.

Creemos muy difícil separar de los árboles mayo los árboles o ramas traídas a los pueblos después de la destrucción de la muerte. Sus por­tadores declaran que traen al verano y por eso los árboles representan claramente al verano. Tan cierto es, que en Silesia se les llama común­mente el verano o el mayo, y el muñeco que ciertas veces atan al árbol verano es un representante duplicado del verano, lo mismo que el mayo es algunas veces representado conjuntamente por un árbol mayo y una mujer mayo. Además los árboles veranos están adornados, como los árboles mayos, con cintas y demás y, al igual que los árboles mayos, cuando son grandes, los hincan derechos en el suelo y trepan por ellos; también, como con los árboles mayos cuando son de pequeño tamaño, los chicos o niñas que van cantando y recogiendo dinero, llevan de puerta en puerta a los árboles verano. Para demostrar la identidad de los tipos de costumbres, los portadores de los árboles veranos anuncian algunas veces que están trayendo el verano y el mayo. Las costumbres de traer al verano y traer al mayo, son por esta razón esencialmente lo mismo y el árbol verano es meramente otra forma del árbol mayo y su única diferencia (además del nombre) está en la época del año en que

LA TRAÍDA DEL VERANO 367

son respectivamente traídos, pues mientras el mayo lo es usualmente el

1o de mayo oen Pascua de Pentecostés, al árbol verano se le trae

el cuarto domingo de Cuaresma, el domingo muerto. Por lo tanto, si el

árbol mayo es una personificación del espíritu del árbol o espíritu de la

vegetación, el árbol verano será de igual modo una personificación del espíritu del árbol o de la vegetación, y como ya hemos visto que en algu-nos casos el árbol verano es una revivificación de la efigie de la muerte, deduciremos que en estos casos la efigie de la muerte así llamada debe ser una personalización del espíritu del árbol o espíritu de la vegetación. Esta consecuencia se confirma, en primer término, por la influencia vivi­ficadora y fertilizante que los fragmentos de la efigie de la muerte se cree ejercen lo mismo en la vida vegetal que en la animal, pues esta in­fluencia, como vimos en la primera parte de esta obra, se supone un atri­buto especial del espíritu del árbol, y en segundo término, observando que la efigie de la muerte es adornada en ocasiones con hojas o hecha de ranuras, ramas de cáñamo o una gavilla o haz de maíz o cañas de cereal y en otras, además, colgada de un arbolito y llevada por niñas que van recogiendo monedas, de igual modo que con el árbol mayo y la dama mayo y con el árbol verano y el muñeco que lleva atado. En suma, nos vemos inducidos a considerar la expulsión de la muerte y la traída del verano, en algunos casos por lo menos, sólo como otra forma de la muerte y resurrección del espíritu de la vegetación en primavera, que vimos estatuido en la muerte y resurrección del hombre salvaje. El entierro y resurrección del carnaval es probablemente otra forma de expresar la misma idea. La inhumación del representante del carnaval en un estercolero es natural si se supone que posee una influencia vivi­ficadora y fertilizante como la adscrita a la efigie de la muerte. En realidad, los estonianos que conducen la figura de paja fuera del pueblo de la manera usual el Martes de Carnaval, no la llaman carnaval sino espíritu del bosque (metsik), lo que indica claramente la identidad de la efigie con el espíritu del bosque, que es fijada en la punta de un árbol en el bosque, donde queda todo el año, y a la que imploran diariamente con oraciones y ofrendas para que proteja los rebaños, pues, como un verdadero espíritu del bosque, el metsik es patrono protector del ganado. A veces el metsik está construido con gavillas de cereal.

Podemos, pues, conjeturar con razón que los nombres de carnaval, muerte y verano son comparativamente expresiones tardías e inadecuadas para los seres personificados o representados en estas costumbres de que nos hemos estado ocupando. Lo muy abstracto de los nombres demues­tra un origen moderno, pues la personificación de estaciones y épocas del año o de una noción abstracta como la muerte, no es primitiva. Las mismas ceremonias llevan el sello de una antigüedad indefinida; por eso no podemos menos de suponer que en su origen las ideas que materiali­zaron fueron de un orden más sencillo y concreto. La noción de un árbol, quizá de una clase particular de árbol (algunos salvajes no tienen palabra para designar árbol en general) y aun de cierto árbol, es sufi-



368 OCCISIÓN DEL ESPÍRITU DEL ÁRBOL

cientemente concreta para servir como base de lo que, por un proceso gradual de generalización, llegase a ser la idea más amplia de un espíritu de la vegetación, y como esta idea general de la vegetación podría ser confundida en su origen con la época del año en la que se manifiesta la sustitución de primavera, verano o mayo en lugar del espíritu del árbol o espíritu de la vegetación podría ser fácil y natural. También la noticia concreta de un árbol secándose o de la vegetación moribunda podría por un proceso análogo de generalización, deslizarse en una noción de muerte en general. Así pues, la práctica de expulsar en primavera a la vegetación agónica o muerta, como preliminar para su reviviscencia podría haberse extendido con el tiempo como intento de expulsar a la muerte en general. El concepto de que en estas ceremonias primaverales la muerte representara en su origen a la moribunda o muerta vegetación del invierno, tiene el relevante apoyo de W. Mannhardt, que lo confirma por la analogía del nombre muerte aplicado al espíritu del cereal maduro. Comúnmente se concibe el espíritu del grano maduro, no como muerto, sino como viejo, y por ello lleva el nombre de viejo o vieja. Inclusive en algunos lugares, a la última gavilla cortada en la siega y que es donde se cree se ha refugiado el espíritu del grano, se la llama "el muerto". A la chiquillería se le advierte que no entre por las mieses, pues la muerte está en la mies, y en un juego de los niños sajones de Transilvania, en la siega del maíz, la muerte está representada por un niño completa­mente cubierto de hojas de maíz.

5. batalla del verano y el invierno

Con frecuencia, en las costumbres populares de los campesinos, el con­traste entre los adormecidos poderes de la vegetación en invierno y su renaciente vitalidad en primavera toma la forma de una contienda dramática entre actores que representan los papeles respectivos de in­vierno y verano. Así, en las villas de Suecia, el "día mayo" (primero del mes), dos grupos de gente moza a caballo chocaban como si fuera un combate mortal. Un grupo iba capitaneado por un representante del invierno, envuelto en pieles y tirando pelotas de nieve y hielo para pro­longar la estación fría. El otro grupo iba mandado por un representante del verano, cubierto de hojas verdes y flores. En el subsiguiente simula­cro de pelea, salía victorioso el grupo veraniego y la ceremonia terminaba con un banquete. También en la región media del Rin, un represen­tante del invierno con capa de paja o musgos combate contra un repre­sentante del verano cubierto de yedra, que gana finalmente la victoria contra aquél. El enemigo vencido es echado al suelo y despojado de su vestimenta de paja, que hacen mil pedazos y esparcen alrededor mien­tras los juveniles camaradas de los dos campeones cantan una conmemo­ración de la derrota del invierno por el verano. Después todos se ponen guirnaldas veraniegas o ramitas y yendo de casa en casa, colectan obse­quios de huevos y tocino de jamón. Algunas veces, al campeón que fun-



BATALLA DEL VERANO Y DEL INVIERNO 369

ge de verano le revisten de hojas y flores y le coronan de flores. En el

Palatinado, el simulado conflicto se verificaba el cuarto domingo de

Cuaresma. En toda la Bavíera se acostumbraba a ejecutar este drama en

el mismo día, representándose en algunos sitios hasta mediados del siglo



XIX y aun más recientemente. Mientras el verano aparecía todo cubierto

de verde, adornado de cintas volanderas y llevando una rama florida o

un arbolito con manzanas y peras atadas, el invierno iba muy abrigado,

gorro y capa de pieles y en su mano una pala para la nieve o un

mayal. Acompañados por sus respectivos séquitos, vestidos con atavíos

correspondientes, iban por las calles de la población, parando ante las

puertas de las casas para cantar estrofas de cantos antiguos, por lo que

recibían obsequios de huevos, pan y frutas. Por último, después de una

corta lucha, el invierno era derrotado por el verano y sumergido en el

pilón de la fuente del pueblo o ahuyentado al boscaje entre gritos y

mofas.

En Goepfritz, en la Austria Baja, dos hombres, personificando al verano y al invierno, acostumbraban a ir el Martes de Carnaval de casa en casa, donde los chiquillos, contentos por la visita, siempre los recibían muy bien. El que representaba al verano vestía de blanco y llevaba una hoz; su camarada, que hacía de invierno, se tocaba con gorro de piel, llevaba los brazos y piernas envueltos en paja y empuñaba un mayal. En cada casa, cantaban coplas alternativamente. En Drömling, Brunswick, aun hoy, el combate entre verano e invierno se celebra cada año en la Pascua de Pentecostés por un tropel de niños y otro de niñas; los niños corren de casa en casa, cantando, gritando y tañendo esquilas, para alejar al invierno, y después de ellos llegan las niñas cantando suavemente y llevando al frente una novia mayo; todas con vestidos claros y adornadas con flores y guirnaldas para representar el advenimiento de la amable primavera. Antiguamente el papel de invierno lo representaba un mu­ñeco de paja que llevaban los chicos, mas ahora lo representa un hom­bre disfrazado.

Entre los esquimales centrales de América del Norte, la lucha entre los representantes del invierno y el verano, que en Europa ha degenerado en una simple ficción dramática, se considera todavía como una cere­monia mágica cuya explícita finalidad es influir sobre el clima. En otoño, cuando las tormentas anuncian la aproximación del lúgubre in­vierno ártico, los esquimales se dividen en dos partidas que se denominan los Patos y las Chochas, comprendiendo entre "los patos" a todas las personas nacidas en verano y entre las "chochas" a las nacidas en invierno. Atesada una larga tira de piel de foca, cada partida agarra de un extremo y procuran, tirando con fuerza, conseguir arrastrar a la par­tida contraria hacia su lado. Si las "chochas" son las que llevan la peor parte, el verano ha vencido en la lucha y esperan que el buen tiempo domine durante el invierno.

370 OCCISIÓN DEL ESPÍRITU DEL ÁRBOL

6. muerte y resurrección de kostrubonko

En Rusia se celebran ceremonias funerales semejantes a la del "en­tierro del Carnaval" y la "expulsión de la Muerte", pero no bajo el nombre de Muerte o Carnaval, sino de los de ciertas figuras míticas Kostrubonko, Kostroma, Kupalo, Lada y Yarilo. Estas ceremonias rusas se celebran en primavera y a mitad de verano. Así en la Pequeña Rusia1 era costumbre, en la pascua florida o de Resurrección, hacer el funeral de un ser llamado Kostrubonko, deidad de la primavera. Se formaba un coro de cantantes que iban girando despacio alrededor de una muchacha tendida en el suelo como muerta, y según daban vueltas, cantaban:

¡Muerto, muerto está nuestro Kostrubonko; muerto, muerto está nuestro querido!

hasta que la muchacha se levantaba de repente y entonces el coro cantaba gozoso:

¡Vuelve a vivir, vuelve a la vida nuestro Kostrubonko; vuelve a la vida, vuelve a vivir nuestro querido.!

En la víspera de San Juan (solsticio estival) hacen la figura de Kupalo de paja, y "la visten con ropas femeninas, una gargantilla o collar y una corona floral. Después derriban un árbol que decoran con cintas y le hincan erguido en algún lugar a propósito. Cerca de este árbol, al que dan el nombre de Marena [invierno o muerte], colocan la figura de paja y a su lado también una mesa en la que hay viandas y aguardientes. Encienden una hoguera y los jóvenes y doncellas saltan en parejas sobre el fuego, llevando con ellos al muñeco de paja. Al día siguiente quitan sus adornos al árbol y a la figura y tiran a los dos al río". El día de San Pedro, 29 de junio, o en el siguiente domingo, celebran en Rusia el "funeral de Kostroma" o de Lada o de Yarilo. En los gobiernos de Penza y Simbirsk, el funeral que acostumbraban a hacer es como sigue. Encendían una hoguera el día 28 de junio y al siguiente las doncellas escogían de entre ellas a una que hiciera el papel de Kostroma. Sus com­pañeras la saludaban con profundas reverencias, la ponían sobre una tabla y la llevaban hasta la orilla de un río. Allí la bañaban en la co­rriente mientras la mayor de las jóvenes tejía una cesta de corteza de tilo que después golpeaba redoblando como un tambor. Finalmente vol­vían al pueblo y terminaba el día con procesiones, juegos y danzas. En el distrito de Murom se representaba a Kostroma por una figura de paja vestida con ropas femeniles y flores, la que tendían en un dornajo y la llevaban entre cánticos a la orilla de un lago o río. Allí formaban dos

1 Parte de la Ucrania lingüística y sur de Polonia. Todas las regiones, distritos, gobiernos, etc., de Rusia, son nomenclatura política del tiempo de los Zares.

MUERTE Y REVIVISCENCIA DE LA VEGETACIÓN 371

bandos entre los reunidos, uno que atacaba la figura y otro que la de­fendía. Al fin, los asaltantes ganaban la partida y despojaban a la figura de sus vestidos y ornamentos, la despedazaban, pisoteaban la paja de nue estaba hecha y todo lo tiraban al agua. Mientras, los vencidos ocul­taban entre sus manos la cara y simulaban llorar la muerte de Kostroma. En el distrito de Kostroma, el entierro de Yarilo se celebraba el 29 o el 30 de junio; la gente escogía a un viejo y le entregaban un pequeño féretro que contenía un "figura priápica" representando a Yarilo y que é1 llevaba fuera del pueblo seguido por mujeres cantando responsos y expresando con sus ademanes la pena y desesperanza. En el campero, cavaban una fosa en la que metían a la figura entre lloros y gemidos; después del entierro comenzaban los juegos y bailes, "que recordaban los juegos funerales celebrados en tiempos antiguos por los eslavos paganos". En la Pequeña Rusia tendían en un féretro una figura de Yarilo y la paseaban por las calles después de la puesta del sol, rodeada de mujeres borrachas que repetían lastimeramente: "¡Ha muerto, está muerto!" Los hombres soliviaban y removían la figura como si intentaran volverla a la vida y decían después a las mujeres: "No lloréis, mujeres. Yo sé una cosa que es más dulce que la miel". Pero las mujeres seguían con sus lamentos y canturreos como plañideras en los entierros. "¿De qué era culpable? ¡Era tan bueno! ¡No se levantará más! ¿Cómo podremos abandonarte? Qué es la vida sin ti? ¡Levántate aunque no sea más que una hora! ¡Pero no se levanta, no se levanta!" Por fin, el Yarilo era en­terrado en la fosa.

7. muerte y reviviscencia de la vegetación

Estas costumbres rusas son evidentemente de la misma naturaleza que las que en Austria y Alemania se conocen como "expulsión de la Muer­te". Por eso, si es lógica la interpretación de la última aquí adoptada, el ruso Kostrubonko, Yarilo y los demás también deben haber sido en sus orígenes personalizaciones del espíritu de la vegetación y su muerte deberá considerarse como un preliminar necesario a su revivificación. Ésta, como una consecuencia de la muerte, se dramatiza en la primera de las ceremonias descritas, la "muerte y resurrección de Kostrubon­ko". La causa de celebrarse en algunas de estas ceremonias rusas la muerte del espíritu de la vegetación en el día del solsticio estival, puede ser que el descaecimiento del verano principia entonces, comenzando después a acortarse los días y el sol inicia el camino de su jornada descendente:

A las sombrías oquedades

donde los hielos del invierno están.

Este momento crítico del año, cuando puede pensarse que la vegetación comparte la incipiente, aunque todavía imperceptible, decadencia del

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verano, puede muy bien haberlo escogido el hombre primitivo como un momento adecuado 1 para recurrir a los ritos mágicos con los que espera parar el descaecimiento o al menos asegurar la resurrección de la vida de las plantas.

Mas, aun cuando la muerte de la vegetación parece haber sido re­presentada en todas estas ceremonias primaverales y estivales y su revi­viscencia en algunas, hay rasgos en parte de ellas que difícilmente pueden explicarse sólo con esta hipótesis. El solemne funeral, las lamentaciones y el atavío enlutado que caracterizan muchas veces estos ritos, son en verdad propios de la muerte del bienhechor espíritu de la vegetación. Pero qué diremos del gozo que frecuentemente tienen al expulsar la imagen, del apaleamiento y pedrea con que la acometen y de los dicterios y maldiciones que la lanzan? ¿Qué podremos decir del miedo a la efigie, evidenciado en la presteza de sus porteadores huyendo precipitadamente a casa tan pronto como la han arrojado, y por qué creen que morirá pronto alguien de la casa adonde la asomen por la ventana? Este miedo quizá puede explicarse por creer que hay alguna causa infectante especial en el espíritu muerto de la vegetación que hace peligrosa su proximidad. Pero esta explicación, además de ser tal vez forzada, no abarca los rego­cijos que a menudo concurren en la expulsión de la Muerte. Debemos reconocer, pues, dos clases distintas de rasgos aparentemente opuestos en estas ceremonias. De un lado, la tristeza por la muerte y el afecto y respeto por el muerto; de otro lado, el regocijo por su muerte y el miedo y odio al muerto. Cómo puede explicarse el primero de estos rasgos, ya lo hemos intentado demostrar, y cómo el segundo rasgo puede estar asociado tan estrechamente al primero, es cuestión a la que inten­taremos responder más adelante.

8. RlTOS ANÁLOGOS EN LA INDIA

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