Sir james george frazer la rama dorada



Descargar 10,97 Mb.
Página38/123
Fecha de conversión06.01.2017
Tamaño10,97 Mb.
1   ...   34   35   36   37   38   39   40   41   ...   123

1 En España, es muy eficiente "tocar hierro", contra la magia de las palabras y para evitar la mala "sombra", la mala suerte, etc.

270 OBJETOS TABUADOS

a casa de noche, asegúrese clavando una navaja en la pieza cazada a fin de impedir que los duendes añadan su propio peso al cadáver. Los clavos en la cabecera de la cama defienden de los duendes a las mujeres parturientas y a sus criaturas, mas para asegurarse mejor del todo, se debe poner una plancha bajo la cama y la hoz en la ventana. Si un toro se cae desde una roca y se mata, se le mete un clavo, preservando así su carne de los duendes. La música interpretada por un birimbao mantiene alejados del cazador a los duendes femeninos, a causa de la lengüeta de acero del instrumento. En Marruecos se considera al hierro como una gran protección contra los demonios y por eso es corriente dejar un cuchillo o daga bajo la almohada de la persona enferma. Los cingaleses creen que están siempre rodeados de malos espíritus acechan­tes para hacer algún daño. Un indígena de allí no se arriesgará a tras­ladar de un sitio a otro suculencias tales como bizcochos o carne asada sin ponerles un clavo de hierro para prevenir que algún demonio tome posesión de las viandas y enferme al que las coma. Ninguna persona enferma, sea hombre o mujer, se aventurará fuera de casa sin un pu­ñado de llaves o una navaja en su mano, pues sin tal talismán tendría miedo de que algún demonio se aprovechase de su débil estado para deslizarse dentro de su cuerpo. Y si un hombre tiene alguna úlcera grande en el cuerpo, coloca un pedazo de hierro sobre ella como pro­tección contra los demonios. En la Costa de los Esclavos, cuando una madre observa que su hijo va gradualmente debilitándose, deduce que un demonio ha entrado en su cuerpecito y en vista de esto, toma sus me­didas; para atraer al demonio fuera del cuerpo del niño, le hace una ofrenda de comida y mientras el demonio está tragándola, ata anillos de hierro y campanillas a los tobillos de su criatura y cuelga cadenillas de hierro alrededor de su cuello. El retintín de los hierros y el tintineo de las campanillas se supone que impiden que el diablo, cuando ha con­cluido su comilona, pueda volver al cuerpo del pequeño paciente. Por ello se puede ver en esta parte de África a muchos niños abrumados con ornamentos de hierro.

3. TABÚ DE LAS ARMAS BLANCAS

Hay un rey sacerdotal en el norte de Zengiwh, en Birmania, reveren­ciado por los sotih como la autoridad temporal y espiritual más alta, en cuya casa no puede entrar ningún arma o instrumento cortante. Esta regla quizá puede explicarse por una costumbre que varios pueblos tie- nen después de una muerte; evitan el uso de instrumentos cortantes tanto tiempo como al espíritu del difunto se le supone cercano, por miedo a herirle. Así, también entre los esquimales del estrecho de Bering, el día en que ha muerto una persona en la aldea a nadie le está permitido trabajar, ni a los parientes durante los tres días siguientes. Está especial­mente prohibido durante este término cortar con ninguna herramienta

TABO DE LA SANGRE 271

ta1 como navaja o hacha y también está prohibido el uso de utensilios

agudos como agujas y pasadores de jareta.1 Dicen que lo hacen para no cortar o herir a "la sombra" que puede estar presente en cualquier mo-mento durante esos días y si accidentalmente se hiere con algunos de estos útiles se encolerizaría mucho y atraería enfermedades o la muerte

a la gente. Los parientes del muerto, además, deben ser muy cuidado-sos en ese período y no hacer estruendo ni sonidos desagradables que puedan alarmar o enfadar a "la sombra". Hemos visto ya que, de modo análogo, estos esquimales, después de matar una ballena blanca, se abs­tienen del uso de utensilios incisopunzantcs por cuatro días, temiendo cortar o pinchar inconscientemente al espíritu de la ballena. Se observa el mismo tabú en ocasiones cuando hay algún esquimal enfermo en el poblado, probablemente por miedo de dañar a su "sombra" que puede estar revoloteando fuera de su cuerpo. Los rumanos de Transilvania cui­dan no dejar una navaja con el filo hacia arriba mientras el cadáver esté de cuerpo presente en la casa "o si no el alma se verá forzada a cortarse". Los chinos tienen en su casa durante un septenario el cadáver y en ese tiempo se abstienen del uso de navajas, agujas y hasta de palillos para comer, haciéndolo con los dedos. En el tercero, sexto, noveno y cuadra­gésimo días después del funeral, los antiguos lituanos y prusianos acos­tumbraban a preparar una comida con la que, colocándose en el dintel de la casa, invitaban al alma del difunto. En estas comidas, sentados alrededor de la mesa y silenciosos, no usaban cuchillos y las mujeres que la servían tampoco. Si alguna vianda caía al suelo, allí se quedaba espe­rando a las almas solitarias que en vida no habían tenido familia o ami­gos para comer con ellos. Cuando terminaba el banquete, el sacerdote cogía una escoba y barría de la casa a las almas diciendo: "Queridas almas, ya han comido y bebido. Márchense ya, salgan". Ahora pode­mos explicarnos por qué no puede llevarse ninguna herramienta o útil cortante a la casa del pontífice birmano; al igual que otros muchos re­yes sacerdotales, está probablemente considerado como.divino y por eso está en su derecho no exponiendo su espíritu sacro al riesgo de cortarse o herirse, siempre que abandone su cuerpo temporalmente, para flotar invisible en el aire o volar hacia algún lejano asunto que lo requiere.

4. TABÚ DE LA SANGRE

Hemos visto que el Flamen Dialis tenía prohibido tocar ni aun nom­brar la carne cruda. En cierta época un maestro brahmán no puede mirar a la carne cruda, sangre o personas cuyas manos hayan sido cor­tadas. En Uganda, el padre de unos mellizos queda en estado de tabú por algún tiempo después del parto de su esposa; entre otras reglas tiene prohibido matar nada ni ver sangre. En las islas Palaos, cuando

1 Que se usan para abrir los cordones de los cabos cuando hay que hacer un empalme en una cuerda, cabo, driza, etc.

272 OBJETOS TABUADOS

en alguna aldea se había sufrido una incursión y se habían llevado los enemigos alguna cabeza cortada, los familiares del muerto mutilado que-daban tabuados y tenían que someterse a ciertas observancias con objeto de escapar a la cólera de su espíritu; eran encerrados en la casa, no podían tocar carne cruda y debían mascar betel del que un exorcista ha- bía conjurado previamente. Después de esto, el espíritu del descabezado se marchaba a la comarca enemiga en persecución de su matador. El tabú está basado, probablemente, en la creencia corriente de estar en la sangre el alma o espíritu del animal. Como se cree que las personas tabuadas están en una situación peligrosa (por ejemplo, los familiares del descabezado corren el riesgo de ser atacados por el indignado espí­ritu), es especialmente necesario aislarlos del contacto de los espíritus; además se prescribe la prohibición de tocar carne cruda y sangrante. Como suele suceder, el tabú es sólo un refuerzo especial de un precepto general; dicho de otro modo, su observancia se prescribe particularmente en circunstancias que parecen apremiantes, mas fuera de tales circuns­tancias también se observaba la prohibición, un tanto menos estricta, como regla general de la vida ordinaria. Así, hay estonios que no gus­tan de beber sangre porque creen que contiene el alma del animal, que de ese modo entraría en su cuerpo. Algunas tribus amerindias ''por un principio religioso fuerte, se abstienen en absoluto de beber sangre de nin­gún animal, porque contiene la vida y el espíritu del mismo". Los ca­zadores judíos dejan exangüe la caza cuando la matan, cubriendo con polvo el charco de sangre. Ellos no la catarán siquiera, creyendo que el alma o vida del animal estaba en su sangre o era la sangre misma.

Es una regla corriente que la sangre regia no debe verterse en el suelo. Por esto, cuando un rey o alguno de su familia es condenado a muerte se ha ideado un modo de ejecución para que la sangre real no pueda derramarse en el suelo. Hacia el año de 1688, el generalísimo del ejército se rebeló contra el rey de Siam y le condenó a muerte "a la manera como son tratados los criminales regios o los príncipes de la san­gre cuando están convictos de crímenes capitales, que es poniéndolos dentro de un gran caldero de hierro y majándolos hasta hacerlos papilla con una pisones de madera, para que nada de su sangre real pueda verterse en la tierra, pues por su religión piensan que es gran impiedad contaminar la sangre divina mezclándola con tierra". Cuando Kublai Kan 1 derrotó y aprisionó a su tío Nayan, que se había rebelado contra él, sentenció a Nayan a morir envuelto en un tapiz lanzado de un lado a otro hasta que muriera, "porque no quería que la sangre de su linaje imperial se esparciera por el suelo o se mostrase ante el ojo del cielo y ante el sol". El fraile Ricold menciona la máxima tártara: "Un Kan condenará a muerte a otro para tomar posesión de su trono, pero tendrá cuidado de que la sangre no se derrame"; pues ellos dicen que es muy indecoroso el que la sangre del gran Kan se vierta por el suelo. Así que

' Nieto de Gengis-Kan. Fue el primer emperador de la dinastía mongola en China (siglo xiii).

TABÚ DE LA SANGRE 273

obligan a la víctima a morir asfixiada de algún modo. Semejante senti- miento prevalece en la corte de Birmania, donde emplean un modo peculiar de ejecución, sin efusión de sangre, reservado para los miembros de la familia real.

Creemos que la repugnancia a verter sangre regia es tan solo un

caso particular de la renuencia general a verter sangre o al menos a de­jar que caiga al suelo. Marco Polo nos cuenta que en su tiempo las per-sonas cogidas en las calles de Cambaluc (Pekin) a horas intempestivas eran arrestadas y si las encontraban culpables de mala conducta las apa­leaban. "Bajo este castigo alguna gente muere, pero ellos lo aceptan así con el objeto de evadir la efusión de sangre, pues su Bacsis dice que es mala cosa verter sangre humana." En Sussex occidental hay gentes que creen que el terreno donde se ha derramado sangre humana queda mal­dito y permanecerá estéril para siempre. En algunos pueblos primitivos, cuando la sangre de uno de la tribu tiene que ser derramada, no se consiente que caiga al suelo, por lo que se recibe sobre los cuerpos de sus compañeros de tribu. Así, en algunas tribus australianas, los mucha­chos que van a ser circuncidados se tienden sabré una plataforma hecha por los cuerpos de los hombres vivos de la tribu y cuando se le va a extraer un diente a un muchacho en una ceremonia de iniciación, se sienta sobre los hombros de un hombre por cuyo pecho corre la sangre, que no debe limpiarse, a los golpes que hacen saltar al diente. También "los galos acostumbraban a beber la sangre de sus enemigos y se emba­rraban el cuerpo con ella. Se lee de los antiguos irlandeses que hacían lo mismo; nosotros lo hemos visto entre los irlandeses, pero no con la de sus enemigos, sino de sus amigos, como en la ejecución de un cono­cido traidor de Limerick, limado Murrogh O'Brien; vi a una vieja que había sido su madrastra, coger la cabeza mientras lo estaban descuarti­zando y tragar toda la sangre que salía de ella, diciendo que la tierra no era digna de bebería, y con la sangre se embadurnó la cara y el pe­cho, mesándose el pelo, llorando y gritando horriblemente." Entre los latuka del África central, la tierra donde ha caído una sola gota de san­gre durante un parto es raspada cuidadosamente con una paleta de hierro y la ponen en un pote alejado de la fachada de la casa y al lado iz­quierdo de ella. En el África Occidental, si cae una sola gota de sangre al suelo, tendrá uno muy buen cuidado de taparla, restregando y pa­teando hasta que quede enterrada, y si cae en el costado de una canoa o de un árbol, hay que cortar el pedazo de madera y destruirlo. Un motivo de estas costumbres africanas puede ser el deseo de evitar que la sangre caiga en manos de los magos, que puedan hacer de ella mal uso. Ésta es la razón reconocida de por qué las gentes del África Occidental borran cualquier mancha de sangre del suelo o cortan el trozo de ma­dera que se haya manchado de ella. Por igual ilusoria hechicería, los nativos de Nueva Guinea tienen sumo cuidado en quemar cualquier palo, hojas o andrajos que estén teñidos de sangre; y si la sangre ha goteado en el suelo, remueven la tierra para taparla e incluso encienden después

274 OBJETOS TABUADOS

una hoguera en aquel mismo sitio. Este mismo temor implica los cu­riosos deberes que cumplen una clase de hombres llamados ramanga o "sangre azul" entre los betsileos de Madagascar; su ocupación es comerse todos los recortes de uñas y toda la sangre vertida de los nobles. Cuando éstos arreglan sus uñas, guardan las recortaduras, hasta el más pequeño trocito, para que se las traguen estos ramangas, que, si los recortes son demasiado grandes, los desmenuzan y así los engullen. También puede herirse un noble al arreglarse las uñas o pisando alguna cosa, y el ra­manga chupará la sangre tan rápidamente como pueda. Los nobles de alto rango difícilmente van a ninguna parte sin estos humildes asistentes "sangre azul", mas si aconteciera que no hubiera ninguno de ellos pre­sente, son cuidadosamente recogidos los recortes de uñas y la sangre derramada para que después se los engulla el ramanga. No es fácil en­contrar un noble que no observe estrictamente esta costumbre, cuya intención' probable es evitar que estas partes de su persona caigan en poder de hechiceros que, por los principios de la magia contagiosa o contaminante, pudieran perjudicarlos.

La explicación general de la repugnancia a que la sangre empape el suelo es probable que se encuentre en la creencia de estar el alma en la sangre y de este modo, todo sitio donde caiga se convierte en lugar sagrado o tabuado. En Nueva Zelandia, cualquier cosa sobre la que caiga por casualidad no más que una gota de sangre de un jefe impor­tante, queda tabuada o sagrada. Por ejemplo, un grupo de indígenas llegaron en una canoa nueva y buena a visitar a un jefe. Éste fue a la canoa y al entrar en ella se clavó una astilla en el pie y la sangre goteó en la canoa, por lo que en aquel mismo instante quedó consagrada a él. El propietario saltó de la canoa, la arrastró varándola en la orilla de­lante de la casa del jefe y la dejó allí. Otra vez, un jefe al entrar en la casa de un misionero se golpeó la cabeza en una viga y corrió su sangre. Los indígenas decían que en otros tiempos la casa hubiera pertenecido desde aquel momento al jefe.1 Como acontece, por lo general, con los tabús de aplicación universal, la prohibición de derramar la sangre de uno de la tribu sobre el suelo se aplica con fuerza particular a los jefes y reyes y queda como reminiscente su caso particular cuando desde hace tiempo ha cesado de observarse y cumplirse en los casos generales y corrientes.

5. TABÚ DE LA CABEZA

Muchos pueblos consideran a la cabeza particularmente sagrada; la san­tidad especial que se le atribuye se explica en 'ocasiones por creer que contiene un espíritu muy sensible al daño o irrespetuosidad. Así, los yoruba piensan que todas las personas tienen tres moradores espirituales cada una, de los cuales el primero llamado Olori tiene su residencia en la cabeza y es el protector, guardián y guía del hombre en que se hos-

1 No es dudoso que la santidad del misionero fuera mayor y su tabú más fuerte.

TABÚ DE LA CABEZA 275

peda. A este espíritu le hacen ofrendas principalmente de aves y se fro-tan después la frente con un poco de su sangre mezclada con aceite de

palma. Los karenes suponen que un ser llamado el tso reside en la parte más alta de la cabeza y mientras conserva su lugar, ningún daño puede acaecer a la persona, a pesar de los esfuerzos de los siete Kelahs o pasiones personificadas. "Pero si el tso se muestra descuidado o débil, seguro que el resultado será malo para la persona. Por esto, atienden cuidadosamente a la cabeza y se toman muchos quebraderos de la mis­ma para proveerla de atavíos y tocados que gusten al tso". Los siameses creen que reside en la cabeza humana un espíritu llamado khuan o kwun, que es el espíritu guardián. Este espíritu debe ser cuidadosa­mente protegido de toda clase de daños; por ello el acto de afeitarse o cortarse el pelo va acompañado de grandes ceremonias. El kwun es muy sensible en puntillo de honra y se sentiría insultado mortalmente si la cabeza donde él reside fuese tocada por un extraño. Los cambodianos estiman ofensa grave que les toquen la cabeza; algunos no en­trarán en un sitio donde haya cualquier cosa, la que sea, suspendida so­bre su cabeza y el cambodiano más humilde nunca consentiría vivir en el piso bajo de una casa. Ésta es la causa de construir las casas de un solo piso; hasta el gobierno respeta el prejuicio y nunca pone a un preso en el cepo bajo el piso de una casa, aunque éstas se eleven mucho del suelo. La misma superstición existe entre los malayos. Un antiguo viajero comunica que en Java la gente "no lleva nada sobre la cabeza y dicen que nada debe haber sobre sus cabezas ... y si alguno pusiera su mano sobre su cabeza, le matarían; no edifican casas de pisos para que nadie pueda caminar sobre las cabezas de otros."

La misma superstición respecto a la cabeza se encuentra en plena fuerza por toda la Polinesia, Así, en Gattanewa, una de las islas Mar­quesas, se dice de un jefe que "tocar la coronilla de su cabeza o alguna cosa que hubiera estado sobre ella, era sacrílego. Pasar sobre su cabeza era una indignidad que jamás podría olvidarse". Al hijo de un gran sacerdote de las islas Marquesas se le ha visto rodar por el suelo en un paroxismo de rabia y desesperación pidiendo la muerte, porque alguien había profanado su cabeza privándole de la divinidad por haberle arro­jado unas pocas gotas de agua sobre el cabello. Pero no son solamente los jefes de las islas Marquesas los que tienen la cabeza como sagrada; la cabeza de cada indígena de esas islas era tabú y nadie podía tocarla ni brincar sobre ella, ni aun el padre podía pasar sobre la cabeza de su hijo dormido. Las mujeres tenían prohibido llevar o tocar algo que hubiera estado en contacto, o solamente colgado sobre la cabeza de su padre o marido. No se permitía que hubiera nada sobre la cabeza del rey de Tonga. En Tahití cualquiera que se colocara por encima del rey o de la reina, y también el que pasara su mano por encima de sus cabe­zas, podía ser condenado a muerte. Un niño tahitiano era tabú especia-lísimo hasta que se verificasen ciertos ritos sobre él: todo lo que tocase la cabeza de la criatura mientras estuviera en ese estado se volvía sa-

276 OBJETOS TABUADOS

grado y quedaba depositado en un lugar consagrado y con una baran- dula a propósito en la casa del niño. Si una rama de árbol tocaba la cabeza del niño, cortaban el árbol y si en su caída dañaba a otro árbol por ejemplo la corteza, este otro árbol también se cortaba como impuro e impropio para usarlo. Después de ejecutados los ritos, estos tabús especiales cesaban; pero la cabeza de un tahitiano era siempre sagrada nunca llevaba nada en ella y tocarla era un crimen. Tan sagrada era la cabeza de un jefe maorí que "si él mismo la tocaba con sus dedos, es­taba obligado a aplicarlos a la nariz y absorber la santidad que los dedos habían recogido con el tocamiento para devolverla así a la parte de la que fue tomada." En consideración a la santidad de su cabeza, un jefe maorí "no podía soplar el fuego con la boca, pues, siendo el aliento sagrado, le comunicaba su santidad y cualquier esclavo u hombre de otra tribu podría coger un tizón encendido o usar el fuego para otras cosas tales como cocinar, causando así su muerte".

6. tabú del pelo

Si se considera la cabeza tan sagrada que no podía ni tocarse sin grave pecado, obvio es decir que el corte del pelo fuese una operación difícil y delicada. Las dificultades y peligros que desde el punto de vista pri­mitivo rodeaban la operación eran de dos clases: la primera era el peligro de inquietar al espíritu de la cabeza, que podía dañarse en el acto del corte y vengarse de la persona que le molestaba, y la segunda era la dificultad de disponer de los mechones esquilados. Porque el salvaje cree que la conexión simpátética que existe entre él y cada una de las partes de su cuerpo continúa existiendo después de romperse la conexión física y, por consiguiente, él sufrirá cualquier daño que pueda sobre­venir a las partes separadas de su cuerpo, como los recortes de uñas y pelo. De acuerdo con esto, toma precauciones para que estas partes separadas de sí mismo no sean abandonadas en sitios donde queden ex­puestas a un daño accidental o a caer en manos de personas malvadas que hagan hechicería con ellas para perjudicarle o matarle. Tales peli­gros son comunes a todos, pero las personas sagradas, sobre todo, tienen que temerlos más que el vulgo, así que las precauciones que tornen serán proporcionalmente más severas. Él camino más sencillo para evi­tar los peligros del corte del pelo es no cortarlo; éste es el expediente a que se acogen cuando piensan que el riesgo es máximo respecto al usual. A los reyes francos no se les permitía cortarse el pelo; desde su niñez tenían que atenerse a esta .regla y rapar los largos rizos que les caían por la espalda hubiera sido tanto como renunciar a sus dere­chos al trono.1 Cuando los malvados hermanos Clotario y Childiberto

1   ...   34   35   36   37   38   39   40   41   ...   123


La base de datos está protegida por derechos de autor ©absta.info 2016
enviar mensaje

    Página principal