Sir james george frazer la rama dorada



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a la construcción buscando una puerta; como no la encuentra, dice: "Ah, quizá es esto un castillo encantado; los brujos se deslizan entre las pare­des y no necesitan puertas". Por fin, manejando su espada se abre paso al interior de la choza, donde hay una silla que aprovecha para sentarse y desde ella procede a criticar en coplas a las mozas, labradores y labrie­gos sirvientes de la vecindad. Cuando ha terminado, el "mata-ranas" se adelanta y enseñando un cajón que lleva ranas dentro, pone su cadalso y ahorca a las ranas puestas en fila. En la vecindad de Pías, la ceremonia difiere en algunos detalles; el rey y sus soldados van completamente cu­biertos de cortezas de abedul adornadas con flores y cintajos; todos llevan espadas y montan caballos engalanados con ramas verdes y flores. Mientras critican a las señoras y muchachas en la alameda, el pregonero pellizca y hurga a una rana hasta que croa y entonces el rey la condena a muerte, el mata-ranas le corta la cabeza y tira el cuerpo ensangrentado entre los espectadores. Por último, el rey es arrojado de la choza y per­seguido por los soldados. El pellizcamiento y degollamiento de la rana son indudablemente un conjuro de lluvia, como observa Mannhardt. Ya hemos visto que indios del Orinoco pegan a las ranas con el propósito expreso de producir lluvias, y que matar una rana es un encantamiento europeo de lluvia.

Es frecuente que la representación del espíritu de la vegetación en primavera se realice por medio de una reina en lugar de un rey. Entre el vecindario de Libchowic (Bohemia), el cuarto domingo de cuaresma, las jóvenes, vestidas de blanco y llevando las primeras flores primaverales como violetas y margaritas en sus cabellos, acompañan a una muchacha que va coronada de flores y a quien llaman la reina. Durante la proce­sión, que hacen con gran solemnidad, ninguna de las jóvenes puede estar quieta en pie, sino que deberán estar dando vueltas continuamente como peonzas, y cantando. Ante cada casa, la reina anuncia la llegada de la primavera y desea a sus moradores felicidades y bendiciones, por lo que recibe obsequios. En la Hungría alemana, las muchachas eligen a la más bonita para que sea la reina de la Pascua de Pentecostés, sujetan una corona alta a sus sienes y la acompañan por las calles cantando. Ante cada casa hacen un alto, cantan viejas baladas y reciben regalitos. En el sureste de Irlanda, el día de mayo, escogían a la muchacha más bella para que fuera la reina del distrito durante doce meses. La coro­naban con flores silvestres; meriendas, bailes y juegos rústicos se seguían hasta terminar la fiesta con una gran procesión al anochecer. Durante el año de "su reinado" presidía todas las reuniones rurales de la gente joven, los bailes y las demás diversiones. Si se casaba antes del día mayo siguiente, su autoridad terminaba, pero no se elegía sucesora para el pueblo hasta que llegaba ese día. La reina mayo o de mayo es corriente en Francia y muy conocida en Inglaterra.

También el espíritu de la vegetación está representado en ocasio­nes por rey y reina, un señor y una señora o un novio y novia. Otra vez aparece el paralelismo entre las representaciones antropomórficas y vege-

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tales del espíritu del árbol, pues ya hemos visto anteriormente que los árboles son casados, algunas veces, unos con otros. En Halford, sur de Warwickshire, la chiquillería va el 1o de mayo de casa en casa, andando de dos en dos procesionalmente y dirigidos por un rey y una reina. Dos muchachos conducen el "palo de mayo", de unos dos o tres metros de alto cubierto de flores y follaje. Atados cerca de la punta van dos palos cruzados en ángulo recto, también adornados con flores, y de sus extre­mos cuelgan aros adornados de igual modo. Cantan los chicos ante las casas canciones de mayo y reciben monedas con las que acostumbran a proveerse de té para tomarlo en la escuela después de mediodía En un pueblo bohemio cercano a Königgrätz, el Lunes de Pentecostés se entretienen las criaturas con el "juego del rey", en el que van bajo palio un rey y una reina; ésta lleva una guirnalda y la niña más pequeña de todas va detrás de ella llevando en una bandeja dos guirnaldas más. Son acompañadas por muchachos de ambos sexos llamados novios y novias y todos juntos van de casa en casa recibiendo regalitos. Un rasgo corriente en la celebración popular de la Pascua de Pentecostés en Silesia, que todavía subsiste algo, era el concurso para el "reinado"; tomaba varias formas este concurso, pero la meta u objetivo era generalmente el árbol mayo o palo mayo. Unas veces el muchacho que conseguía trepar por la cucaña ensebada hasta alcanzar el premio era proclamado el rey de Pascua, y su novia, la novia de Pascua; después el rey, llevando el ramo de mayo, se metía en una cervecería con su acompañamiento, ter­minando su diversión entre bailes y festines. Otras veces era frecuente que los labriegos jóvenes corrieran a caballo hasta el palo mayo, que estaba adornado de flores, cintas y una corona. El primero que llegaba al palo mayo era el rey de Pascua, y los demás tenían que obedecerle durante todo el día. El que llegaba al último quedaba convertido en el payaso. Junto al "mayo" desmontaban todos y levantaban en hombros al rey. Después éste trepaba ágilmente por el palo y bajaba el ramo de mayo y la corona que habían estado sujetos en la punta. Mientras tanto el payaso corría a la cervecería y se apresuraba a tragar treinta panecillos y a beber cuatro botellas de aguardiente1 con la mayor velocidad posible. Después llegaba el rey a la cabeza de los compañeros, llevando el ramo mayo y la corona. Si al entrar en la taberna el bufón había despachado los panecillos y el aguardiente, daba la bienvenida al rey con un discurso y un vaso de cerveza y su deuda tenía que pagarla el rey; en otro caso la pagaba él mismo. Después de la hora de la iglesia, la imponente proce­sión marchaba por el pueblo. Al frente cabalgaba el rey adornado de flores y llevando el ramo mayo; tras él marchaba el bufón con su traje puesto del revés, con una gran barba de lino y con la corona de Pascua en la cabeza. Dos jinetes haciendo de guardias iban detrás. La pro­cesión desfilaba por todos los patios de las granjas; los dos guardias des­montaban, encerraban al bufón dentro de la casa y reclamaban uní con-

1 El original dice: four quart bottles of brandy, pero debe tratarse de cerveza o de vino.

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tribución del ama para comprar jabón con que lavar las barbas del bufón. La costumbre les permitía llevarse toda vitualla que encontrasen, y que no estuviese guardada bajo llave. Por último, llegaban a la casa de la novia del rey, que estaba adornada como reina de Pentecostés y recibía obsequios apropiados, a saber, un cinturón de muchos colores, tela y un delantal. El rey entregaba como premio un vestido, un pañizuelo y cosas parecidas. Tenía el derecho de plantar el ramo mayo o árbol de Pentecostés ante el patio de su patrón, donde permanecía como prenda de honor hasta el siguiente aniversario. Para terminar, la procesión to­maba rumbo a la taberna, donde el rey y la reina abrían el baile. Otras veces el rey y la reina de Pentecostés lograban su rango de modo distinto. Un muñeco de tamaño natural, hecho de paja y coronado con un gorro rojo, era conducido en un carreta, custodiado por dos hombres disfraza­dos de guardias armados, a un sitio donde le estaba esperando un tribu­nal de burlas para enjuiciarlo. Seguía al carromato una gran muchedum­bre. Después de un juicio ceremonioso, el hombre de paja era condenado a muerte sujetándole a un poste en el lugar de la ejecución y la gente joven, con los ojos vendados, procuraba alancearlo; el que lo lograba era hecho rey y reina su prometida. Al muñeco de paja le denominaban el Goliath.



En una parroquia de Dinamarca, en Pascua de Pentecostés era cos­tumbre vestir de novia de Pentecostés a una muchachita y a un pequeño como su novio. A ella la adornaban con todas las preseas de una novia adulta y con una corona de las frescas y nuevas flores de primavera sobre la cabeza. Al novio le engalanaban profusamente con flores, lazos y cintas. Las demás criaturas se adornaban como podían con las flores amarillas de calta y "corona de rey".1 Marchaban así gravemente, de granja en granja, yendo a la cabeza dos muchachitas en calidad de doncellas de la novia y seis u ocho batidores montados en caballitos de cartón, anun­ciando su llegada. Recibían dádivas de huevos, mantequilla, nata, hoga­zas de pan, café, azúcar y velas de sebo, que ponían en cestas. Cuando habían dado la vuelta por todas las granjas y casas de labor algunas mu­jeres de los labradores les ayudaban a preparar el banquete nupcial y la chiquillería bailaba bulliciosamente marcando el suelo de arcilla con sus zuecos hasta que amanecía y los pájaros empezaban a cantar. Todo esto es ahora una antigualla y sólo la gente vieja recuerda a la pequeña novia de Pascua de Pentecostés y su mimética pompa.

Hemos visto cómo las ceremonias asociadas en muchas otras partes con el día mayo o Pascua de Pentecostés tenían lugar generalmente en "Suecia en el solsticio estival. Por esto encontramos que en algunos sitios de la provincia sueca de Blekinge, todavía escogen una novia solsticial de verano a la que suelen prestar "la corona de la iglesia". La muchacha elige por sí misma al novio y hacen una colecta para los dos; con el .tiempo se les considera como marido y mujer. Los demás jóvenes tam-

1 Calta y trollius corona de rey son ranunculáceas.

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bién escogen cada cual su novia. Creemos que una ceremonia parecida se verifica todavía en Noruega.

Entre el vecindario de Briançon (Delfinado), el día mayo los mozos envuelven en hojas verdes a un compañero cuya novia le haya dejado o se haya casado con otro; él se tumba en el suelo y finge dormir. Enton­ces una moza que gusta del muchacho y desea casarse con él, se acerca, le despierta y levantándole le ofrece el brazo y una bandera. Así, van juntos a una taberna donde la pareja dirige el baile; pero si no se casan aquel año serán tratados como solterones, quedando excluidos de los grupos de la gente moza. El mozo es llamado el "novio del mes de mayo". Dentro de la taberna quitan sus ornamentos de hojas, parte de las cuales, mezcladas con flores, sirven para que su pareja de baile haga un ramillete que lleva al pecho el día siguiente, en que él la conduce otra vez a la taberna. Semejante a ésta, hay una costumbre en el distrito ruso de Nerechta, que se realiza el jueves antes del Domingo de Pente­costés; las mozas van al bosque, enrollan con una banda o cinturón un abedul majestuoso, entrelazan las ramas bajas formando un arco y se besan unas a otras por parejas a través del aro así formado. Las parejas que se besan se llaman unas a otras comadres. Después, una de las jó­venes camina imitando la marcha de un borracho y se cae rodando por el suelo y haciéndose después la dormida. Otra joven despierta a la su­puesta dormilona y la besa; finalmente, toda la banda marcha cantando por el bosque de abedules, entretejiendo guirnaldas que van arrojando al agua. En la suerte que corran las guirnaldas flotantes en la corriente, leen ellas su sino. En esta costumbre el papel de durmiente fue proba­blemente hecho en algún tiempo por un muchacho. En estas usanzas, rusa y francesa, encontramos un novio y una novia desairados. El Martes de Carnaval, los eslovenos de Oberkrain, Alta Carniola, arrastran arriba y abajo por el pueblo, entre gritos de alegría, un muñeco de paja que después arrojan al río o queman y por la altura de las llamas juzgan de la abundancia de la cosecha próxima. La ruidosa multitud es seguida por una máscara femenina que arrastra un gran tablón con una cuerda y pro­clama que ella es una novia desairada.

Examinando a la luz de lo anterior el despertar del desdeñado dur­miente en estas ceremonias, suponemos que probablemente representa la reviviscencia de la vegetación en primavera. Pero no es tan fácil asig­nar su respectiva parte a la novia desdeñada y a la muchacha que la despierta en su dormir. ¿Es el durmiente el bosque sin hojas o la tierra desnuda en invierno? ¿La muchacha que le despierta es el nuevo verdor o el confortante sol primaveral? Es muy difícil, ante estos ejemplos tan parcos, responder a estas preguntas.



En las serranías de Escocia, el renacimiento de la vegetación en primavera se representa usualmente de un modo gráfico en el día de Santa Brígida el 19 de febrero. Así, en las islas Hébridas "la señora y sirvientas de cada familia cogen un haz de avena y la revisten con ropas de mujer, poniéndolo en una gran cesta y teniendo a su lado una garrota

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de madera, para 'ella'; esto lo llaman la 'cama de Brígida'. Seguidamente, la señora y sirvientes gritan tres veces: '¡Brígida está llegando, sea bien­venida Brígida'!" "Esto lo hacen en el mismo momento en que todas van a acostarse y cuando se levantan por la mañana, miran entre las ceni­zas del hogar esperando ver en ellas la huella de la garrota de Brígida; si la reconocen, es un presagio cierto de cosecha abundante y un año próspero, siendo tomado lo contrario como mal agüero". Otro testigo describe la misma costumbre como sigue: "La noche antes de la Can­delaria es usual hacer una cama en una parte cercana a la puerta de entrada con hojas de maíz, granzas y heno; sobre ella extienden unas mantas. Cuando ya está lista, sale una persona y grita afuera: ¡Brígida, Brígida, entra; tu cama está dispuesta! Toda la noche quedan encen­didas una o varias velas". De un modo parecido, en la Isla de Man, "la víspera del 19 de febrero tenían antes una fiesta llamada en el len­guaje mank Laa'l Breeshey, en honor de la señora irlandesa que vino a la Isla de Man para tomar el velo de manos de San Manghold. La cos­tumbre consistía en reunir un manojo de junquillos verdes y poniéndose en el umbral de la puerta con ellos en la mano, invitar a Santa Brígida a venir y alojarse con ellos esa noche. En la lengua mank 1 la invita­ción dice así: Brede, Brede, tar gys my thie tar dyn ayms noght Foshil jee yn dorrys da Brede, as Ihíg da Brede e heet staigh. En español es: "Brígida, Brígida, ven a mi casa, ven a mi casa esta noche. Abrid la puerta para Brígida y dejad que Brígida entre". Después de repetir estas frases, extendían los junquillos en el suelo a modo de alfombra o cama para Santa Brígida. "Costumbre muy parecida a ésta se observaba también en algunas de las Islas de Afuera del antiguo reino de Man". En estas ceremonias de Man y de las serranías escocesas es palmario que Santa Bride o Santa Bridget es una diosa pagana de la fertilidad enmascarada en un raído manto cristiano.2 Probablemente no es otra que Brigit, la diosa céltica del fuego del hogar y al parecer de las cosechas.



Con frecuencia, la boda del espíritu de la vegetación en primavera,

1 Lenguaje gaélico, de estirpe céltica.

2 Santa Brígida, patrona de Irlanda, fue, según los hagiógrafos, hija de un prín­
cipe del Ulster y se retiró a vivir al hueco que dejaban las raíces de un gran roble
en Kildare (años 453-523). Fue enterrada con San Patricio y Santa Columba en
Downpatrick. La Nueva Enciclopedia Americana identifica a Bridget, Erigid o Bride
con esta santa. El Webster dice de Brigid que era la diosa del fuego y de la fertilidad
y que "muchos de sus atributos pasaron a la santa cristiana del mismo nombre, tam­
bién llamada María de los Gaélicos y Patrona de Irlanda". Quizá la santa puede con­
fundirse, en su vida a los pies de un roble, con una sacerdotisa de la diosa del roble
o con la diosa misma, culto céltico de los paganos irlandeses. Su fiesta conmemorativa
a principios de febrero, día de la Candelaria (fiesta del fuego) y purificación de la
Virgen, coincide con la fiesta del fuego y de la fertilidad en la pagana Roma a finales
del siglo v, en que el papa Gelasio, no pudiendo suprimirla, la sustituyó; la purificación
virginal (y material) y las candelas son el antídoto de la impura fertilidad pagana y
antorchas de la Lupercalia, en honor de Pan, Fauno, Luperco, la Loba, etc.. en la
misma fecha, y la coincidencia de haber vivido la santa durante el papado de Gelasio
(492-496) es quizá casualidad.

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aunque no representada directamente, va implícita en la denominación del representante humano del espíritu, "la novia", que viste atavíos nupciales. Así, en algunas aldeas de Altmark, en Whitsuntide, durante la Pascua de Pentecostés, mientras los muchachos van llevando un árbol mayo o conduciendo a un chico envuelto en hojas y flores, las muchachas conducen a la novia mayo, muchacha vestida de novia con un gran rami­llete en sus cabellos. Van de casa en casa, cantando la novia mayo unas coplas en las que pide un obsequio y dice a los moradores de cada casa que si le dan alguna cosilla, ellos tendrán también algo durante todo el año; pero nada tendrán si no le dan nada. En algunas partes de Westfalia, dos muchachas sirven de guías a otra joven coronada de flores, llamada novia de Pascua de Pentecostés y la conducen de puerta en puerta, cantando unas estrofas en las que piden huevos.

CAPITULO XI

LA INFLUENCIA DE LOS SEXOS EN LA VEGETACIÓN

Del precedente examen de las fiestas primaverales y estivales de Europa podemos inferir que nuestros rudos antepasados personificaron las po­tencias de la vegetación como macho y hembra e intentaron, dado el principio de la magia homeopática o imitativa, acelerar el crecimiento de los árboles y plantas, representando las bodas de las deidades sil­vestres con personas como rey y reina de mayo, novio y novia de Pente­costés, etc. Estas representaciones fueron de consiguiente no meros sim­bolismos o dramas alegóricos y bucólicos destinados a divertir o instruir a una audiencia rústica; fueron conjuros destinados al objeto de que bro­tase el verdor en los bosques, la hierba renaciese, los cereales germinasen y salieran y las flores aparecieran. Y era natural suponer que, cuanto más se acercara a la boda el fingido casamiento de los enmascarados de hojas y flores, es decir, el casamiento realmente efectuado de los espíritus del boscaje, tendría más eficacia el conjuro. En consecuencia podemos presumir, con grandes probabilidades de acierto, que el libertinaje que notoriamente se daba en estás ceremonias fue en algún tiempo no un exceso accidental, sino una parte esencial de los ritos y que, en opinión de los que lo hacían entonces, no sería fértil el casamiento de los árboles y las plantas sin la unión verdadera de los sexos humanos. En el pre­sente, quizá fuera inútil buscar en la civilizada Europa costumbres de esta clase con el explícito propósito de promover el desarrollo de la vegetación, pero en otras partes del mundo las razas más rudas emplean conscientemente la cópula sexual como medio de asegurar la fertilidad de la tierra; algunos ritos que todavía subsisten o subsistían hasta hace muy poco tiempo en Europa pueden explicarse razonablemente tan sólo como atrofiadas reliquias de una práctica parecida. Los siguientes hechos lo demostrarán.

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Cuatro días antes de confiar la simiente a la tierra, los indios pipiles; de América Central se mantenían apartados de sus mujeres "con el designio de que en la noche antes de sembrar pudieran entregarse a las pasiones en toda su extensión; se dice que algunas personas eran nombra­das para ejecutar el acto sexual en el mismo instante en que las primeras semillas se depositaban en tierra". Gozar a sus mujeres en estos mo­mentos fue realmente prescrito como un deber religioso a las gentes por los sacerdotes, y su negligencia ocasionaba la ilegalidad de la siembra. Creemos que la única explicación posible de esta costumbre es que los indios confundían el proceso por el que los seres humanos reproducen su especie con el proceso mediante el cual las plantas cumplen la misma-función, e imaginaban que recurriendo al primero, activarían simultá­neamente el segundo. En algunas partes de Java, durante la época en que está a punto la florescencia del arroz, el labrador y su mujer visitan el arrozal por la noche y allí mismo se entregan al coito con la idea de promover el desarrollo de las mieses. En las islas Leti, Sermata y algunos otros grupos de ellas situadas entre la punta occidental de Nueva Guinea y la septentrional de Australia, la población pagana considera al sol como el principio masculino que fertiliza a la tierra o principio femenino. Le llaman Upulera o señor sol y le representan bajo la forma de una lámpara hecha de hojas de cocotero que puede verse colgando por todas partes, en las casas y en la higuera sagrada. Bajo el árbol colocan una plancha de piedra grande y plana que sirve de mesa de sacrificios. Sobre ella se colocaban y todavía se colocan en algunas islas, las cabezas de los enemigos muertos. Una vez al año, al comienzo de la estación de las lluvias, el señor sol baja al interior de la higuera sagrada para fertilizar la tierra, y para facilitar su descenso ponen discretamente a su dispo­sición una escala de siete travesaños. Colocada bajo el árbol, está deco­rada con figuras grabadas de pájaros cuyo penetrante clarín es diana que anuncia la llegaba del sol por Oriente. En esta ocasión sacrifican pro­fusamente cerdos y perros; hombres y mujeres gustan entregarse a una saturnalia y la unión mística del sol y la tierra se representa teatralmente entre cánticos, danzas y cópulas realizadas bajo el árbol. El designio de esta fiesta sabemos que es el de procurarse lluvia, abundancia de alimen­tos, bebidas, rebaños, criaturas y riquezas del abuelo sol. Ellos le ruegan que cada cabra tenga dos o tres cabritillos, que el pueblo aumente, que los cerdos muertos sean reemplazados por vivos, que las cestas vacías de arroz se llenen, y cosas por el estilo. Y para inducirle a que acceda a sus peticiones le hacen ofrendas de arroz, puerco y aguardiente y le invitan a que caiga sobre ello. En las islas Babar izan una bandera especial del festival como símbolo de la energía creadora del sol; es de algodón blanco, de unos tres metros de tamaño y consiste en la figura de un hombre en "actitud apropiada". Sería injusto enjuiciar estas orgías como meras explosiones de incontenida pasión; no cabe duda alguna de que están organizadas deliberada y solemnemente como esenciales para la fertilidad de la tierra y el bienestar del hombre.
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