Sir james george frazer la rama dorada



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En todos estos casos vemos claramente que la costumbre era, y aún es, traer un "árbol mayo" nuevo todos los años. Sin embargo, en Ingla­terra, por regla general, al menos en estos últimos tiempos, el árbol mayo municipal quedaba establecido permanentemente y no se renovaba cada año. En las aldehuelas de la Baviera Alta renuevan su palo mayo cada tres, cuatro o cinco años; es un abeto traído del bosque, y entre todas las guirnaldas, banderolas y leyendas con que es ataviado, uno de sus rasgos esenciales es la rama de hojas verde obscuro que se deja en la rama guía "como recuerdo del hecho de ser, no un palo seco, sino un árbol verde del bosque". Difícilmente podemos poner en duda que en su origen, la costumbre era erigir un árbol mayo nuevo cada año. Como el objeto de esta usanza fue atraer al espíritu fructificante de la vegeta­ción emergiendo nuevamente en primavera, tal propósito fracasaría si en lugar de un árbol vivo, verde y jugoso se erigiera un árbol viejo y seco

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año tras año o se le dejase permanentemente. Pero no es así; cuando el significado de la costumbre se olvida y el "árbol mayo" se considera tan sólo como un centro de reunión o motivo para las diversiones domingueras el pueblo no encuentra razón para traer un árbol nuevo todos los años y prefiere dejar en su sitio permanentemente al antiguo y sola­mente le renuevan sus adornos de flores el día de mayo. Mas, aun cuando el "palo mayo" haya llegado a ser así cosa permanente, se siente algunas veces la necesidad de darle apariencia de árbol vivo a un palo muerto Por ejemplo, en Weverham, en el Cheshire, "son dos palos mayos los que se decoran en este día (día mayo) con toda la atención debida a esta antigua solemnidad; de los lados cuelgan guirnaldas y en la punta del palo atan un abedul u otro árbol alto y delgado con sus hojas pero descortezado y con el tallo sujeto al palo mayo para darle así apariencia de ser un solo árbol vernal". Así, la renovación del "árbol mayo" es semejante a la reposición del "mayo de la siega o cosecha"; cada uno se las arregla para asegurar una porción nueva del fertilizador espíritu de la vegetación y conservarle durante todo el año, pero mientras la eficacia del "mayo de la cosecha" está restringida a promover el cre­cimiento de las mieses, el "árbol mayo" o "rama mayo" se extiende tam­bién, como hecho comprobado, a las mujeres y a los rebaños. Por último, conviene fijar que el "árbol mayo" viejo, en algunos sitios es quemado al final del año. Así, en el distrito de Praga, los jóvenes rom­pen el "árbol mayo" público, en astillas, trozos que ponen después detrás de las pinturas de santos e imágenes que tienen en sus alcobas, donde quedan hasta el próximo día mayo, en que los queman en el hogar. En Wurtemberg, los ramos colocados en las casas el Domingo de Ramos a veces permanecen allí todo el año y después los queman.

Esto es en tanto que al espíritu arbóreo se le considera como incor­porado o inmanente en el árbol. Vamos ahora a mostrar cómo el espíritu del árbol es frecuentemente concebido y representado separado del árbol y revestido de forma humana y, aún más, encarnado en hombres y mujeres vivientes. La prueba de esta representación antropomórfico del espíritu se encuentra las más de las veces en las costumbres populares de los aldeanos europeos.

Hay una serie de casos instructivos en los que el espíritu del árbol está representado simultáneamente bajo las formas vegetal y humana, colocadas una al lado de la otra, como si fuera con el expreso propósito de explicarlas recíprocamente. En esta serie, la representación humana del espíritu del árbol es a veces un muñeco o efigie y otras, una persona viva; mas sea muñeco o persona, está colocada al lado del árbol o rama, de tal modo que, juntas la persona o muñeco y el árbol o rama, forman una especie de inscripción bilingüe, en la que, por decirlo así, cada una es la traducción de la otra. Aquí, por esta razón, no puede haber nin­guna duda de que el espíritu del árbol está en realidad representado en forma humana. Así, en Bohemia, el cuarto día de Cuaresma, la mocedad tira al río un muñeco que llaman la muerte; después las mozas van al

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bosque, cortan un árbol tierno y le atan una muñeca vestida de blanco. Con este arbolito y la muñeca recorren las casas, colectando propinas y cantando coplas con el estribillo:

Echamos a la Muerte de la aldea traemos el Verano a la aldea.

Aquí, como veremos más tarde, el "verano" es el espíritu de la vegetación retornando o reviviendo en primavera. En algunos lugares de Inglaterra los niños van pidiendo monedas, con unas pequeñas imitaciones de "palos mayos" y con una muñeca primorosamente vestida que llaman la "señora de mayo". En estos casos, el árbol y el muñeco están claramente considerados como equivalentes.

En Thann, Alsacia, una muchacha llamada la "rosita de mayo" ves­tida de blanco, lleva un árbol mayo pequeñito que está adornado con cintas y guirnaldas. Sus compañeros recogen obsequios de puerta en puerta, cantando mientras:



Rosita de mayo, da tres vueltas.

¡Deja que te admiremos por todos lados!

Rosita de mayo, ven al verde bosque;

todos nos divertimos

y del mayo a las rosas así iremos.

En el curso de la canción, les dicen a los que no han dado ningún obse­quio, que la raposa se llevará a sus gallinas y que su viña no tendrá racimos, ni sus nogales nueces, ni sus sembrados grano. Los productos del campo aquel año, suponen que dependen de los obsequios que se ofrecen a estos cantares de "mayo". Aquí, como en los casos ya mencio­nados, cuando los muchachos van con ramas verdes o guirnaldas el "día mayo" cantando y recogiendo monedas, ello significa que el espí­ritu de la vegetación trae la abundancia y la buena suerte a la casa, por lo que esperan el pago del servicio. En la Lituania rusa, el 1o de mayo acostumbraban a poner un árbol verde en la entrada del pueblo; después los rústicos enamorados elegían a la muchacha más bonita, la coronaban y después la envolvían en ramitas de abedul, colocándola acto seguido junto al "árbol de mayo", donde bailaban y cantaban a su alrededor con aclamaciones de "¡Oh mayo!, ¡oh mayo!". En Brie (Île de France) erigen un árbol de mayo en medio de la aldea; adornan su copa con flores, más abajo entrelazan ramitas y hojas y más abajo aún ponen grandes ramas verdes. Las mozas bailan alrededor y al mismo tiempo pasean por allí a un mancebo vestido con una envoltura de hojas, al que llaman "padre mayo". En las pequeñas ciudades de las montañas Fran-ken Wald, en la parte norte de Baviera, el día 2 de mayo ponen en el suelo, erguido, ante una cervecería, un árbol Walber y un hombre baila a su alrededor, envuelto en paja de pies a cabeza, de tal manera que las

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espigas de la mies quedan unidas y juntas sobre su cabeza formando una corona. Le llaman a este hombre como al árbol, Walber, y acostum­braban en otro tiempo a conducirle en procesión por las calles adornadas con ramitas tiernas de abedul.

Entre los eslavos de Carintia, el día de San Jorge (23 de abril) la gente joven adorna un árbol, cortado la víspera de la fiesta, con flores y guirnaldas; le llevan en procesión con acompañamiento de música y aclamaciones de alegría, siendo el personaje principal de esta procesión "Jorge el Verde", muchacho revestido de pies a cabeza con ramas verdes de abedul. Al terminarse la ceremonia, una efigie de "Jorge el Verde" es arrojada al agua. La pretensión del muchacho que representa a "Jorge el Verde" es poder despojarse de su hojosa envoltura y hacer su substi­tución con la efigie tan diestramente que nadie se dé cuenta del cambio. Sin embargo, en muchos lugares, el propio mozo que hace de "Jorge el Verde" es el que zambullen en el río o estanque, con la expresa inten­ción de asegurar así la lluvia para que los campos y praderas verdeen en verano. En otros sitios sacan fuera de los establos a los rebaños y ador­nados de flores los pasean mientras cantan:

A Jorge el Verde traemos, a Jorge el Verde llevamos, que alimenta al ganado bien, y si no, al agua con él.

Aquí comprobamos que la misma virtud para hacer la lluvia y reproducir el ganado que atribuían al espíritu arbóreo considerándole incorporado al árbol, también se atribuye al espíritu arbóreo como hombre vivo.

Entre los gitanos de Transilvania y Rumania, la fiesta de "Jorge el Verde" es la principal celebración de primavera. Unos la tienen el Lunes de Pascua y otros el día de San Jorge (23 de abril). La víspera de la fiesta cortan un sauce joven que decoran con guirnaldas y follaje, plan­tándolo derecho en el suelo. Las mujeres embarazadas colocan uno de sus vestidos bajo el árbol y lo dejan allí toda la noche; si a la mañana si­guiente encuentran una hoja del árbol sobre la ropa, comprenden que su parto será feliz. Enfermos y viejos van al árbol al anochecer, le escupen tres veces y dicen: "Morirás pronto, pero déjame vivir". Al día siguien­te los gitanos se reúnen alrededor del sauce. La figura principal de la fiesta es "Jorge el Verde", mancebo cubierto de arriba abajo con hojas verdes y capullos desflores, que va tirando puñados de hierba a los ani­males de la tribu para que no carezcan de alimento en todo el año. Después coge tres clavos de hierro que han permanecido bajo el agua tres días con sus noches y los clava en el sauce, arrancándolos después para tirarlos al río, propiciando así a los espíritus de las aguas. Final­mente, fingen que arrojan al río a "Jorge el Verde", aunque en realidad es sólo un muñeco hecho de ramaje el que sumergen en la corriente. En esta versión de la costumbre, la virtud de conseguir partos fáciles a

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las mujeres y de comunicar energía vital a los enfermos y ancianos está claramente adscrita al sauce; mientras, Jorge el Verde, el "doble" hu- mano del árbol, procura alimentos al ganado y además asegura la bene- volencia de los espíritus acuáticos, poniéndolos en comunicación indirecta con el árbol.

Sin citar más ejemplos y al mismo efecto, podemos resumir las pre. cedentes páginas con las palabras de Mannhardt: "Las costumbres ci-tadas son suficientes para establecer con certeza la conclusión de que en las procesiones primaverales es representado a menudo el espíritu de la vegetación por el árbol mayo y además por un hombre revestido de verde hojarasca y flores, o por una muchacha adornada de la misma guisa. El espíritu que vivifica los árboles y está activo en las plantas inferiores es el mismo que hemos reconocido en el árbol mayo y en el mayo de la cosecha. Bastante consecuentemente se supone que el espí­ritu también manifiesta su presencia en la primera floración primaveral y se revela a sí mismo ya como una muchacha representando la rosa de mayo o también como donador de mieses en la persona de Walber. La procesión con este representante de la divinidad, se suponía que pro­ducía sobre las aves de corral, los árboles frutales y las mieses los mis­mos benéficos efectos que la presencia de la deidad misma; en otras palabras, la persona disfrazada se consideraba no como ligamen, sino como el representante personal y verdadero del espíritu de la vegetación; de ahí el deseo, que los acompañantes de la rosa de mayo y del árbol mayo expresan a los qué les rehusan regalos de huevos, tocino y demás comestibles, de que no tengan participación en las venturas que puede conceder el espíritu visitante. Deducimos la conclusión de que estas andanzas pedigüeñas con árboles mayos o ramos mayos de puerta en puerta (trayendo el mayo o el verano) tenían una significación origi­nalmente importante y, por decirlo así, sacramental; la gente creía verda­deramente que el dios del crecimiento estaba presente e invisible en las ramas; por eso la procesión era conducida de casa en casa para dar sus bendiciones. Los nombres mayo, padre mayo, señora mayo y reina de mayo, con que se denominaba al espíritu antropomórfico de la vegetación, muestran que la idea del espíritu de la vegetación está mezclada con una personificación de la estación del año en la que sus poderes se ma­nifiestan con más viveza".

Hasta aquí hemos visto que el espíritu arbóreo o espíritu de la vege­tación está representado en general, ya en forma vegetal y humana como un árbol, rama o flor, ora en formas simultáneas vegetal y humana como un árbol, rama o flor en combinación con un muñeco o una per­sona viva. Nos queda por mostrar que su representación por el árbol, rama o flor es completamente abandonada en ocasiones, conservándose su representación por una persona viva. En este caso el carácter repre­sentativo de la persona está señalado generalmente por el revestimiento de hojas o flores de él o de ella y algunas veces, además, está indicado por el nombre de él o de ella.

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Así en algunas partes de Rusia, el día de San Jorge (23 de abril) ,. disfrazan a un muchacho como a nuestro "Juanito en el Verde" con hojarasca y flores. Los eslovenos le llaman "Jorge el Verde". Teniendo una mano una antorcha encendida y en la otra una torta, marcha por los sembrados seguido de muchachas que van cantando cosas apropiadas. Encienden una hoguera con matojos y en medio de ella ponen la torta. Todos los que toman parte en la ceremonia se sientan en círculo alre­dedor de la hoguera y participan de la torta. En esta costumbre, Jorge el Verde vestido de hojas y flores es sencillamente idéntico al igualmente disfrazado Jorge Verde, que está asociado con un árbol en las costumbres carintias, transilvanas y rumanas que se celebran en el mismo día. Otra vez hemos visto que en Rusia, durante la Pascua de Pentecostés, visten con ropas de mujer a un abedul y le ponen dentro de la casa. Un claro equivalente de esto es la costumbre que guardan las muchachas rusas del distrito de Pinsk el Lunes de Pentecostés; eligen a la más bonita de entre ellas, la envuelven en una balumba de hojas cogidas de los abedules y arces y la pasean por el pueblo.

En Ruhla, tan pronto como los árboles en primavera empiezan a verdear, se reúnen los chiquillos en domingo y marchan al bosque, don­de escogen a uno de sus compañeros para que haga de "hombrecito hoja"; rompen ramas de árbol y las entrelazan sobre el chiquillo hasta que sólo pueda asomar los pies por su vestimenta de hojas, en la que dejan unos orificios para que pueda ver a través de ellos. Dos de los niños conducen con cuidado al "hombrecito hoja" para que no tropiece y caiga. Cantando y bailando le llevan de casa en casa, pidiendo obse­quios de comida, huevo, nata, embutidos y bollos. Por último, asperjan con agua al hombrecito hoja y meriendan lo recogido. En el Fricktal, Suiza, durante la Pascua de Pentecostés, los muchachos van a un bosque y envuelven a uno de ellos con ramas frondosas. Le denominan el "Rústico de Pentecostés" y montándole sobre un caballo y llevando en una mano una rama verde, vuelven al pueblo todos; en la fuente del pueblo hacen un alto y al zafio vestido de hojas le desmontan y le echan al pilón; con esto, él adquiere el derecho de remojar a todo el mundo, lo que aprovecha especialmente en mozas y rapaces. Los chiquillos mar­chan en bandadas delante de él pidiendo les dé una remojada de Pascua.

En Inglaterra, el ejemplo mejor conocido de estos enmascarados de hojas es "Juanito en el Verde", un deshollinador l que camina encajado en una obra de cestería cubierta con acebo y yedra y sobre ello una corona de flores y cintas. Así ataviado bailaba en el día mayo a la cabeza de un grupo de deshollinadores que colectaban centavos. A un trabajo de cestería parecido se le llama en Fricktal, el "Cesto de Pascua de Pen­tecostés"; tan pronto como los árboles empiezan a tener brotes, se elige un sitio del bosque donde los mancebos aldeanos hacen su cesto con todo secreto por temor a que otros se anticipen. Trenzan ramajes

1 En el viejo Londres, un niño, generalmente italiano, que por su desmedro podría entrar por el cañón de las chimeneas para limpiarlas.

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alrededor de dos aros, uno que se apoya sobre los hombros del portador y el otro que circunda sus pantorrillas. Hacen unos orificios para ]0s ojos y la boca y coronan el conjunto con un ramillete grande. En esta guisa aparece de repente en el pueblo a la hora de vísperas precedido por tres chicos tocando cuernos hechos de corteza de sauce. El gran desig- nio de sus partidarios es plantar en la fuente del pueblo el "Cesto de Pentecostés" y mantenerlo allí a pesar de los esfuerzos de los mozos de los pueblos vecinos que intentan arrebatarles el Cesto' de Pascua y ponerlo en sus fuentes respectivas.

En esta clase de casos precedentes es obvio que la persona que pasean vestida de follaje es equivalente del árbol mayo, ramo de mayo o muñeco mayo llevado de puerta en puerta por la chiquillería pedigüeña. Ambos son representantes del bienhechor espíritu de la vegetación, cuya visita a las casas es recompensada con obsequios de dinero y golosinas.

Con frecuencia la persona cubierta de hojas que representa al espí­ritu de la vegetación es conocida como rey o reina; así, por ejemplo, él o ella son llamados "rey mayo", "rey de Pentecostés", "reina de mayo", y demás sinónimos. Estos títulos, como observa Mannhardt, implican que el espíritu incorporado en la vegetación es un gobernante cuya virtud cread-ora se extiende a lo ancho y a lo largo.

En un pueblecito cercano a Salzwedel yerguen un árbol "mayo" en Pentecostés y los muchachos hacen un concurso de carrera; al que llega primero al árbol le nombran rey y le ponen una guirnalda de flores al cuello y según va marchando en la procesión que forman, va barriendo el rocío con el ramo mayo que lleva en la mano. Ante cada casa cantan una copla, deseando a sus moradores felicidades y aludiendo a "la vaca negra en el pesebre dando leche blanca, la gallina negra en el nido po­niendo huevos blancos" y piden una propina de huevos, tocino y demás. En el pueblo de Ellgoth, en Silesia, tienen una ceremonia denominada "Carrera del rey en la Pascua de Pentecostés"; en la pradera ponen er­guida una pértiga que lleva atada una tela y los mozos a caballo galopan intentando arrebatarla. El que lo consigue sumerge la tela en el cercano río Oder y es proclamado "rey". Aquí, la pértiga es evidentemente el substituto del árbol mayo. En algunas aldeas de Brunswick, durante la Pascua de Pentecostés, envuelven enteramente a un rey mayo con un ramo mayo. En algunas partes de Turingia tienen también un rey mayo en Pascua de Pentecostés, pero le visten distintamente; construyen una armadura de madera en la que quepa un hombre, la cubren completa­mente con ramaje de abedul y le ponen en la cabeza una corona de ramitas de abedul y flores con una campanilla. Trasladan este armazón al bosque y el rey entra en él. Los demás le buscan y cuando le han encontrado le traen al pueblo ante el juez, el cura y demás conspicuos personajes que tienen que adivinar quién es el que está dentro del arma­zón de verdura. Cuando no aciertan, el rey mayo toca la campanilla moviendo la cabeza y el adivinador fracasado tiene que pagar una multa en cerveza o cosa parecida. En Wahrstedt, en Pascua de Pentecostés, los

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muchachos echan suertes para nombrar un "rey" y un "gran mayordo-mo" Este último va completamente oculto en un "matorral de mayo" y lleva una corona de madera entrelazada con flores sobre la cabeza y espada de madera en la mano. Al rey, en cambio, solamente se le distingue por un ramillete de flores en el gorro y una caña con una cinta roja atada en su mano. Van pidiendo huevos por las casas, amenazando, cuando no se los dan, con que las gallinas no pondrán huevos en todo el año En esta costumbre parece que, por alguna razón, el gran mayor­domo ha usurpado la insignia del rey. En Hildesheim, cinco o seis muchachos van después del mediodía, el Lunes de Pascua de Pentecos­tés restallando a compás látigos muy largos y colectando huevos de las casas. El jefe de la banda es el "rey hoja", un chico tan completamente envuelto en ramas de abedul que no se le ven más que los pies. Un enor­me cubrecabeza de ramas de abedul aumenta su aparente estatura. En la mano lleva un garfio largo con el que intenta enganchar los perros calle­jeros y los niños. En algunas partes de Bohemia, el Lunes de Pentecostés, la gente joven se disfraza con sombreros altos hechos de ramas de abedul adornados de flores. A uno de ellos le visten de rey y le arrastran sobre una narria al prado del pueblo y si hay en el camino una alberca, vuelcan el trineo siempre en el agua. Llegados al prado, se congregan alrededor del rey; el pregonero sube a una piedra o se encarama en un árbol y desde allí canta todas las historietas de cada casa y de sus habitantes. Después le quitan sus atavíos de corteza y vuelven al pueblo con sus trajes domingueros, llevando un árbol mayo y pidiendo: huevos, maíz y tortas es lo que suelen recoger. En Grosvargula, cerca de Langensalza, se usaba en el siglo xviii llevar un "rey de la hierba" en procesión solem­ne durante la Pascua de Pentecostés; iba metido en una pirámide de ramas de álamo cuyo ápice estaba decorado con una corona real de ramas y flores. Montado el rey en su caballo y con una pirámide de hojas encima que llegaba hasta tocar el suelo, teniendo una abertura que le dejaba libre solamente la cara y rodeado por una cabalgata de jinetes amigos, marchaba en procesión al Ayuntamiento, la casa rectoral, etc., donde les obsequiaban con sendos tragos de cerveza. Después, bajo los siete tilos del vecino Sommerberg, el rey de la hierba era desvestido de su verde estuche, entregaba la corona al alcalde y las ramas se clavaban en los campos de lino para que éste creciera mucho. En este último rasgo se muestra claramente la fe puesta en la fertilizante influencia del espíritu del árbol. En los alrededores de Pilsen (Bohemia) y para Pascua de Pentecostés, levantan una choza cónica construyéndola con grandes ramas y sin puerta alguna, emplazada en medio de la aldea. Hacia esta cabaña cabalga un tropel de muchachos con un rey a la cabeza; éste lleva una espada al costado y un sombrero de enea con la forma de un pilón de azúcar. En su séquito van un juez, un pregonero y un personaje llamado "mata-ranas", o verdugo. Éste es un bufón andrajoso, que Mande una espada vieja y oxidada y monta atravesado sobre un rocín escuálido. Cuando llegan a la choza, el pregonero desmonta y da vueltas

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