Sir james george frazer la rama dorada



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Sentemos, pues, primero, la creencia de que los árboles o espíritus arbóreos otorgan la lluvia y el buen tiempo. Cuando el misionero Jeró­nimo de Praga estaba persuadiendo a los paganos lituanos para que derribasen sus bosquecillos sagrados, una multitud de mujeres rogó al príncipe de Lituania le detuviera, diciendo que con los bosques destruía también la casa del dios por quien habían sido favorecidos con la lluvia y el buen tiempo. Los mundaris, en Asam, piensan que al derribar un árbol del bosque sagrado, los dioses silvanos demuestran su disgusto rete­niendo las lluvias. Con objeto de procurarse lluvia, los habitantes de Monyo, pueblecito del distrito de Sagaing en la Birmania alta, escogieron el tamarindo más grande de los cercanos al pueblo y lo señalaron como escondite del espíritu (nat) que ordena las lluvias. 'Ofrendaron después pan, cocos, plátanos y aves al espíritu guardián del pueblo y al espíritu que concede las lluvias, rezándole además: "¡Oh Señor Nat. ten piedad

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de nosotros, pobres mortales, y no detengas la lluvia. Considerando que te hemos dado nuestras ofrendas de buena gana, permite que caiga día y noche la lluvia". Después se hicieron libaciones en honor del espíritu del tamarindo y más tarde, tres mujeres de edad madura, vestidas con trajes de fiesta y adornadas con gargantillas y pendientes en las orejas, entonaron el "canto a la lluvia".

También los espíritus arbóreos hacen prosperar las cosechas. Entre los mundaris, hay un bosque sagrado en cada aldea y "las deidades del bosque tienen la responsabilidad de las cosechas, siendo especialmente festejadas en todas las grandes fiestas agrícolas". Los negros de la Costa de Oro tienen el hábito de sacrificar al pie de ciertos árboles grandes e imaginan que si derriban alguno de ellos se pudrirían todos los frutos de la tierra. Los gallas bailan en parejas alrededor de estos árboles sagrados, orando para tener una buena cosecha. Las parejas están formadas por hombre y mujer unidos mediante un palo que tienen cogido por las dos puntas. Debajo de los brazos llevan espigas o manojos de hierba verde. Los campesinos de Suecia clavan una rama con follaje en cada surco de sus sembrados, creyendo que hacerlo así les asegura una buena cosecha. La misma idea se desprende de las costumbres alemana y francesa del "mayo de la siega"; éste, es una rama grande o un árbol entero que, adornado de panojas o espigas, traen a casa en la última carretada de mies y que después cuelgan del techo de la granja o del granero que­dando allí todo el año. Mannhardt ha demostrado que esta rama o árbol personaliza al espíritu arbóreo concebido como el espíritu de ¡a vegetación en general y cuya influencia vivificante y fructificante es atraí­da así especialmente sobre el grano. Por esto en Suabia, el "mayo de la siega" es atado entre las últimas cañas de mies que quedan erguidas en el sembrado; en otros lugares lo plantan en el campo de siega y atan a su tronco el último haz que cortan.

También el espíritu del árbol hace que se multipliquen los rebaños y bendice a las mujeres con hijos. En la India septentrional, el emblica officinalis1 es un árbol sagrado. El día onceno del mes Falgum (febrero) derraman libaciones al pie del árbol, atan a su tronco cuerdas rojas o amarillas y le ofrecen oraciones por la fertilidad de mujeres, animales y cosechas. También en la India septentrional, el coco es considerado como uno de los frutos más sagrados y al que llaman Sriphala o fruta de Sri, diosa de la prosperidad: es el símbolo de la fertilidad y por toda la India alta se guarda en capillas y los sacerdotes lo presentan a las mu­jeres que desean ser madres. En la ciudad de Qua, cerca del antiguo Calabar, crecía una palmera que aseguraba la preñez a cualquier mujer estéril que comiera uno de sus frutos. En Europa se supone que el "árbol mayo" o "mayo" posee evidentemente virtudes parecidas sobre las mujeres y también sobre el ganado. Así, en algunas partes de Alemania

i Parece ser el Phyllanthus emblica officinalis, en sánscrito amalaca: tiene un fruto que se empleó como curtiente y de él se extraía el aceite de mirabolano o aceite dulce: hay también otros árboles mirabolanos.

EL PODER BENÉFICO DE LOS ESPÍRITUS DE LOS ÁRBOLES 155

el día 1° de mayo los campesinos erigen un "árbol o palo mayo" y tam-

bién un "ramo mayo" ante la puerta de los establos y cuadras, uno por

cada vaca o caballo; piensan que así darán las vacas más leche. De los irlandeses sabemos que "se figuran que si sujetan contra la casa el día de mayo una gran rama de árbol, aumentará la producción de leche aquel verano”.

Algunos wendas1 acostumbraban el día 2 de julio a clavar en medio de la aldea un roble con un gallo de hierro en lo alto y bailar después alrededor, obligando al ganado a dar vueltas al árbol con la idea de que prosperase. Los circasianos estiman al peral como el protector de los rebaños; así, cortan un peral joven de la floresta, le quitan las ramas y lo traen a casa, donde le prestan adoración como una deidad. En la mayoría de las casas hay uno de esos perales. En otoño, el día de la fiesta, el árbol es conducido a la casa con gran ceremonia y músicas y gritos' de júbilo de todos los moradores que felicitan al árbol por su lle­gada afortunada. Le cubren de bujías encendidas y en la parte más alta de la copa colocan un queso. Alrededor del huésped arbóreo comen, be­ben y cantan. Al fin, le dan las buenas noches y le ponen en el patio o corral de la casa, donde queda arrimado al muro todo el año y sin recibir ninguna otra muestra de respeto.



En la tribu maorí de Tuhou, "la virtud de fertilizar a las mujeres se achaca a los árboles. Éstos están relacionados con los cordones umbili­cales de ciertos antecesores míticos, pues los cordones umbilicales de todas las criaturas que nacían eran colgados en ellos hasta tiempos muy recientes. Una mujer estéril que abrazase a uno de estos árboles, tendría un niño o niña según abrazase al árbol por el lado de levante o de po­niente". La costumbre corriente en Europa de poner una rama verde el día primero de mayo o "día mayo", ante la casa o sobre la casa de la doncella amada, se originó probablemente de la creencia en el poder fer-tilizador del espíritu del árbol. En algunas partes de Baviera también ponen ramas en las casas de los recién casados y la costumbre solamente se omite si la esposa está cercana a su trance maternal, pues en este caso dicen que el marido ha "erigido la rama mayor por sí mismo". En­tre los eslavos meridionales, una mujer que desee ser madre, siendo estéril, coloca una camisa nueva sobre un árbol con fruta la víspera de San Jorge! A la mañana siguiente y antes de que amanezca examina la prenda: si encuentra que algún bichejo ha trepado por ella, su deseo se cumplirá en el año. Entonces se pone la camisa confiando en que será fructífera como el árbol sobre el que ha pasado la noche. Entre los kara-kirguicios, las mujeres estériles ruedan por el suelo bajo un manzano solitario con objeto de tener prole. Por último, la virtud de conceder un parto fácil a las mujeres se adscribe a los árboles lo mismo en África que en Suecia. En algunos distritos de Suecia había antiguamente un bardträd o árbol guardián (limonero, fresno u olmo) en las cercanías de cada hacienda. Nadie podía arrancar una sola hoja del árbol sagrado, delito castigado

1 Pueblos de lenguaje eslavo, el sorbiano, que viven a orillas del río Spree.

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con desgracias y enfermedades. Las mujeres grávidas solían abrazarse al árbol con la idea de tener un parto fácil. En algunas tribus negras de la región del Congo, las embarazadas se hacen vestiduras con la corteza de un árbol sagrado especial, porque creen que este árbol las libra de los peligros que acompañan al parto. La leyenda que muestra a Leto agarra­da a una palmera y un olivo o a dos laureles cuando estaba dando a luz a los divinos mellizos Apolo y Artemisa, señala quizá una idea griega parecida: la creencia en la eficacia de ciertos árboles para facilitar el parto.

CAPITULO X

VESTIGIOS DEL CULTO DEL ÁRBOL EN LA EUROPA MODERNA

De lo revisado anteriormente respecto a las cualidades benéficas que comúnmente se achacan a los espíritus arbóreos, se desprende fácil­mente la explicación de que costumbres semejantes al "árbol mayo" o "palo mayo" hayan estado en boga en tantos sitios y figurado tan promi­nentemente en las fiestas populares de los campesinos europeos. Ya en primavera, a principios de verano o aun el día de San Juan (solsticio del 24 de junio), era la costumbre, y todavía lo sigue siendo en muchas partes de Europa, salir a los bosques, cortar un árbol y traerlo a la aldea e hincarlo erguido en el suelo entre la alegría y el bullicio de las gentes, o bien cortar ramas en el bosque y ponerlas atadas en las casas. La in­tención de estas costumbres es atraer a la aldea y a cada casa en parti­cular las bendiciones que el espíritu del árbol puede otorgar. Por esto acostumbran en algunos lugares a plantar un "árbol mayo" ante cada casa o a llenar el "árbol mayo" comunal de puerta en puerta para que sus moradores reciban su participación en el beneficio. De entre la gran cantidad de testimonios podemos entresacar algunos ejemplos.

Sir Henry Piers, en su Descripción de Westmeath,1 escrita el año de 1862, dice: "En la víspera de mayo, todas las familias ponen un arbusto verde salpicado de flores amarillas de las que producen abundan­temente los campos. En las comarcas de mucha madera, hincan árboles muy altos y delgados que dejan erguidos casi todo el año, así que un forastero que pase por allí, imaginará que todos ellos son anuncios de cerveceros y que todas las casas son cervecerías". En el Northampton-shire, ponían un árbol joven y verde de tres o cuatro metros de alto delante de cada casa la víspera del día primero de mayo, de modo que parecía estar creciendo allí. Esparcían flores sobre ellos y alrededor de la puerta. "Entre las costumbres antiguas que conservan todavía los de Cornualles puede enumerarse la de adornar sus puertas y porches el día de mayo con árboles o ramaje verde de sicómoro y acerolo y la de

1 Provincia de Leinster, en Irlanda.

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hincar los árboles o mejor aún poner tocones y cepas delante de sus casas " En el norte de Inglaterra fue costumbre antigua que la juventud levantara poco después de la medianoche para ir con acompañamiento de músicas y toques de cuerno a las arboledas, donde derribaban ramas de los árboles, las que adornaban con ramilletes y coronas de flores; cuando volvían, aproximadamente al amanecer del "día mayo", colgaban las ramas adornadas con flores sobre las puertas y ventanas de las casas. En Abingdon, en el Berkshire, antiguamente la gente joven marchaba en grupos la mañana del "día mayo" cantando unos villancicos, dos de cuyas estrofas son las siguientes:

Hemos estado vagando toda la noche y parte del día, y ahora volvemos trayendo nuestras guirnaldas con alegría.

Le traemos una guirnalda aíegre y ante su puerta ya estamos; es un brote bien florido, del Señor, obra de sus manos.

En las aldeas de Saffron, Walden y Debden, en Essex, el día 19 de mayo van las niñas en grupos, de puerta en puerta, cantando unos versos en su mayor parte idénticos a los transcritos y llevando guirnaldas, siendo usual que en el centro de cada guirnalda pongan una muñequita vestida de blanco. Costumbres similares a éstas han sido y realmente siguen siendo efectuadas en diversas partes de Inglaterra. Las guirnaldas tienen, por lo general, la forma de aros encajados uno dentro del otro y cruzados en ángulo recto. También parece que los aldeanos de algunas partes de Irlanda todavía llevan el "día mayo" un aro entrelazado con varas de fresno y yerba centella, que tienen suspendidas por dentro dos pelotas en ocasiones recubiertas con papel dorado y plateado, de las que se cuenta que al principio representaban al Sol y la Luna.

En algunos pueblecitos de los Vosgos, van las mozas en bandadas de casa en casa el primer domingo de mayo, cantando unas coplas en alabanza a mayo y en las que se menciona "el pan y la harina que llegan en mayo". Cuando se les da alguna moneda, atan una rama verde en la puerta de la casa y si rehusan darles nada, desean a la familia muchos hijos y ningún pan que darles. En el departamento francés de Mayena, los muchachos con el nombre genérico de maillotins acostumbraban a ir de granja en granja en el día 19 de mayo, cantando villancicos; a los que les ofrecían de beber y les daban algunas monedas les plantaban una rama de árbol o arbolillo. Cerca de Saverne, en la Alsacia, grupos de gente llevan "árboles mayos"; al frente de cada grupo va a modo de guión un gran "árbol mayo" y detrás marcha un hombre que lleva la cara tiznada y va vestido con un camisón blanco. Cada uno de los del

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grupo lleva también su árbol, aunque pequeño, y hay otro compañero que porta un cesto grande donde va colocando jamón, huevos y todo lo que colectan.

El jueves anterior al Domingo de Pentecostés, los aldeanos rusos van a los bosques, cantan, llevan guirnaldas y derriban un abedul joven que revisten con ropas de mujer o le adornan con cintas y retazos de telas multicolores. Después celebran un festín y cuando terminan vuel­ven a cargar con el abedul vestido y lo meten en casa entre cantos ale­gres y bailoteo, depositándolo dentro de cierta caja donde queda como huésped de honor hasta el Domingo de Pentecostés. En los días inter­medios, visitan la casa donde está "su huésped", pero al tercer día, Día de Pentecostés, le llevan a un río donde lo tiran y tras el árbol, sus guir­naldas. En esta costumbre rusa se muestra claramente la personificación del árbol vestido con ropas de mujer y el arrojarlo a la corriente de agua es, muy probablemente, un conjuro para la lluvia.

En algunas partes de Suecia, la víspera del "día mayo" cada mu­chacho lleva un brazado de ramitas de abedul verde con todas o parte de sus hojas; marchan llevando a la cabeza del grupo al violinista de la aldea y hacen la ronda de las casas cantando coplas de mayo cuyo tema más importante es una oración para el buen tiempo, una cosecha opima y bendiciones espirituales para todos. Uno de los rondadores lleva una cesta en la que le van echando obsequios de huevos y cosas semejantes. Si los muchachos son bien recibidos, clavan una ranura con hojas en el tejadillo de la puerta de la casa. Mas generalmente, es en Suecia, en el solsticio de verano cuando celebran estas costumbres; la víspera de San Juan (23 de junio) hacen una limpieza general en las casas y después las adornan con ramaje verde y flores. Ponen a lo largo del sendero o paso que conduce a la puerta de la casa solariega abetos jóvenes y otros más alrededor de la finca, construyendo muy frecuentemente en el jardín arbolados umbríos, cenadores y glorietas, todo de ramaje. En Estocolmo este día se celebra un mercado de ramaje en el que se exhiben para la venta millares de "palos mayos" (maj stanger) de dos a cuatro metros de alto, decorados con hojas, flores, tiras de papeles de colores, cáscaras de huevos doradas- y ensartadas en junquillos y demás cosas por el estilo. Encienden fogatas en las lomas y colinas y la gente baila a su alrededor y saltan por encima. Mas el acontecimiento principal del día es la erección del "palo mayo"; suele ser éste un abeto alto y robusto al que cortan todas sus ramas. A veces le ponen aros y otros pedazos de madera cruzados y atados a distintas alturas del árbol, mientras otros están provistos de arcos que representan, según dicen, a un hombre con los brazos en jarras. Desde la punta a la base, no sólo el mismo maj stanger (palo mayo), sino también los aros, arcos, etc., están adornados con hojarasca, trozos de telas de colorines, doradas cáscaras de huevo y demás cosas similares, y arriba en la punta una veleta o grímpola, o también una bandera nacional. La erección del "árbol mayo", de cuya decoración y adorno están encargadas las mozas del lugar, es un motivo

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de gran ceremonia: el pueblo acude y baila formando un gran círculo a su alrededor. Costumbres solsticiales estivales de la misma especie son usuales en muchas partes de Alemania; así, en las montañas del Alto Harz pintaban en las plazas de los pueblos abetos muy altos descorte­zados y adornados con flores y cáscaras de huevo pintadas de rojo y amarillo. Alrededor de estos árboles bailaba la gente moza durante el día y la gente formal al anochecer. También se ponían "mayos" en el día de San Juan o solsticio en algunos lugares de Bohemia. Los mozos traían del bosque un abeto esbelto clavándolo en un altozano y las mozas lo adornaban con ramilletes, guirnaldas y cintas encarnadas. Por último, lo quemaban.

No será necesario aducir muchos ejemplos, dada la extensión de la costumbre, tradicional en varios países de Europa, tales como Inglaterra, Francia, España y Alemania, de erigir el "árbol mayo" o "palo mayo" el día 1° de mayo. Nos bastarán solamente algunos. El escritor Phillip Stubbes, de la secta de los puritanos, en su Anatomía de las Ofensas (o Contumelia), cuya primera edición londinense está fechada en el año 1583, describe con aversión manifiesta cómo acostumbraban a traer su "árbol mayo" en los días de la buena reina Isabel. Su descripción nos .proporciona una visión animada de la alegre Inglaterra de antaño. "En mayo, Pentecostés o fechas parecidas, todos los jóvenes y muchachas, viejos y casados, corretean por la noche en los bosques, umbrías, lomas y montañas, donde pasan toda la velada en alegres pasatiempos: y por la mañana, cuando vuelven, traen consigo abedules y ramas de árboles para adornar sus reuniones. Y no hay que asombrarse, pues allí está un gran señor presente entre ellos como superintendente de todos sus pasa­tiempos y juegos, a saber, Satán, príncipe del infierno. Pero el objeto más precioso que traen entonces es su árbol mayo para llevar a casa con gran reverencia, como verán. Tiene veinte o cuarenta yuntas de bueyes y cada uno de ellos en las puntas de sus cuernos un ramillete de flores bonitas. Estos bueyes son los que acarrean para casa el árbol mayo (este ídolo hediondo, mejor aún), cubierto todo él de flores y yerbas atadas con cuerdas alrededor desde el tope hasta el pie y en ocasiones le pintan de diversos colores; con un acompañamiento de doscientos o trescientos hombres, mujeres y niños van tras él con gran devoción. Cuando le plantan en el suelo, con su revoloteo de pañuelos y banderolas echan paja al pie del árbol mayo, así como ramas verdes, e instalan case­tas, pérgolas y cenadores en torno. Después bailan a su alrededor a modo de paganos en la instalación de sus ídolos, de los cuales es una copia perfecta y, mejor aún, la misma cosa. He oído noticias dignas de crédito (y en viva voce), dadas por hombres de reputación y gran seriedad, según las cuales, de cuarenta, sesenta o un centenar de doncellas que van al bosque esa noche, escasamente la tercera parte de ellas vuelven inma­culadas a sus casas".

El día 19 de mayo, en Suabia,. acostumbran llevar a la aldea un abeto muy alto que decoran con cintas y colocan clavado y erguido en

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el suelo, y después baila la gente en torno suyo alegremente y con acom­pañamiento de músicas. El árbol queda allí en la aldea todo el año hasta que en el siguiente traen otro nuevo. En Sajonia, "las gentes no se contentaban trayendo el verano simbólicamente (como rey o reina) a la aldea; acarreaban el verdor nuevo de los propios bosques hasta dentro de sus casas; esto es, 'el mayo' o 'Árbol de Pascua de Pentecostés', que se menciona en los documentos del siglo xiii en adelante. La busca de un 'árbol mayo' era también una fiesta: marchaban a las espesuras para buscar 'el mayo' (majum quaerere], traían árboles jóvenes, especialmente abedules y abetos, al pueblo y los hincaban derechos ante las puertas de las casas o de los establos y aun dentro de las habitaciones. La gente moza colocaba los 'árboles mayos' como acabamos de decir, frente a las alcobas de sus novias. Junto a estos mayos caseros, traían también el gran 'árbol mayo' o 'palo mayo' en procesión solemne al pueblo y le colocaban en medio de la aldea o de la plaza del mercado de la ciudad; era escogido entre todos y lo vigilaban cuidadosamente. Por lo general, le despojaban de sus ramas y hojas dejando solamente las de la guía que se exhibían adornadas de cintas y telas multicolores y una variedad de vituallas, como embutidos, tortas y huevos. La mocedad se esforzaba en obtener estos premios. En las cucañas (palos ensebados), que todavía se ven por nuestras ferias, tenemos un vestigio de estos palos mayos. No eran raras las carreras a pie o a caballo en dirección al 'mayo', entrete­nimiento del Día de Pentecostés que en el transcurso del tiempo ha sido desposeído de su objeto, sobreviviendo como una costumbre popular del día en muchas partes de Alemania". En Burdeos, el día 1o de mayo los muchachos de cada calle acostumbraban erigir un árbol mayo que adornaban con guirnaldas y una corona grande; todas las tardes del mes entero los jóvenes de ambas sexos bailaban y cantaban en derredor del palo mayo. Hasta los tiempos presentes se siguen poniendo árboles ma­yos engalanados con flores y cintas en todos los pueblos y villorrios de la alegre Provenza. A su lado los jóvenes se divierten y la gente madura descansa.
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