Sir james george frazer la rama dorada



Descargar 10,97 Mb.
Página100/123
Fecha de conversión06.01.2017
Tamaño10,97 Mb.
1   ...   96   97   98   99   100   101   102   103   ...   123


696 LOS FESTIVALES ÍGNICOS EN EUROPA

suponen protegen sus rebaños y ganados o a algún animal en particular gran destructor de ellos. Cada persona vuelve entonces su rostro hacia el fuego, arranca una de las pellas cuadradas y la tira hacia atrás por encima del hombro diciendo: 'Ésta te la doy, protege mis caballos; ésta otra a ti, consérvame las ovejas', y así sucesivamente. Hecho esto, gastan la misma ceremonia para los animales nocivos: 'Ésta te la doy ¡oh zorra!, para que dispenses a mis corderos; ésta para ti, ¡oh cuervo encaperuzado!; ésta para tí, ¡oh águila!' Cuando termina la ceremonia, se come el refrigerio y, después que el festín ha terminado, guardan lo que queda dos personas designadas al efecto, y el próximo domingo se vuelven a reunir y terminan los restos de la primera merienda".

Otro escritor del siglo XVIII ha descrito el festival de Beltane como se realizaba en la parroquia de Logicrait en Perthshire. Dice: "El 19 de mayo (cómputo antiguo) tienen aquí un festival anual llamado Bel-tan. Lo celebran principalmente los vaqueros, que se reúnen en grandes grupos por los campos y se aderezan una comida de leche cocida y hue­vos. Este plato lo comen con una especie de bollos o tortas horneadas para estas ocasiones que tienen pequeñas pellas en forma de pezones elevándose en la superficie". En este relato no se hace mención de las hogueras, mas probablemente las había, pues un escritor de la misma época nos informa de que en la parroquia de Kirkmichael, que está al este y junto a la parroquia de Logierait, la costumbre de encender ho-güeras en los campos y cocer una torta consagrada el 19 de mayo no era del todo desusada en su tiempo. Podemos conjeturar que la torta con las pellas encima fue primeramente usada con el propósito de deter­minar quién iba a ser el carline de Beltane o víctima destinada a las llamas. Una huella de esta costumbre sobrevivió quizá en la costumbre de panificar tortas de harina de avena de una clase especial y echarlas a rodar hacia el mediodía del 1o1111I1ooopo00 de mayo por la colina abajo, pues se pensaba que la persona cuya torta se rompiera mientras rodaba, moriría o sería desgraciada aquel año. Estas tortas, o bannokcs,1 como las llaman en Escocia, son panificadas del modo corriente, pero después las revis­ten de un baño delgado de huevo batido, leche o nata y un poco de harina de avena. Esta costumbre parece haberse conservado también en Kingussie en Inverness-shire o cerca de allí.

En el noroeste de Escocia, todavía se encendían los fuegos de Bel­tane en las postrimerías del siglo XVIII; los pastores de varias granjas acostumbraban a reunir leña seca, encenderla y bailar tres veces mirando al sur alrededor de la pira llameante. Pero en esta región, según una autoridad posterior, los fuegos de Beltane se encendían, no el 1o de mayo sino el día 2 de mayo (cómputo antiguo), y los llamaban "fuegos de huesos".2 El pueblo creía que al anochecer y durante la noche salían las brujas para hacer sortilegios contra el ganado y robar la leche de las vacas. Para contrarrestar estas maquinaciones, colocaban sobre las puer-

1 Bannock deriva del gaélico bannach, pan sin levadura.

2 En inglés bone-fires (bone, hueso y fire, fuego); en inglés moderno, bon-fires.

LOS FUEGOS DE BELTANE 697

tas de los establos ramas de fresno y madreselvas, pero especialmente de fresno, y cada agricultor y aldeano encendía una hoguera, amonto­nando viejas bardas, paja, tojo, aliagas, retama y espartos, a lo que pren­dían fuego poco después de la puesta del sol. Mientras unos circunstantes removían el montón de combustible, otros, cogiendo un poco de lo encendido con sus bieldos u horcas, corrían de un lado para otro, lle­vándolo lo más alto posible. Mientras tanto la gente moza bailaba alrededor del fuego o corría por entre el humo gritando: "¡Fuego! ¡Que ardan y se quemen las brujas! ¡Fuego, fuego! ¡Quemar a las bru­jas!" En algunos distritos rodaban por las cenizas un gran bizcocho redondo de harina de avena o de cebada. Cuando se había consumido, la gente esparcía las cenizas por todas partes y hasta que la noche estaba muy obscura continuaban corriendo y gritando: "¡Fuego, quemar a las brujas!"

En las islas Hébridas "el bannock de Beltane es más pequeño que el que hacen los de San Miguel pero elaborado del mismo modo; hace tiempo que no se hace en Uist, pero el Padre Alian recuerda cuando vio a su abuela hornear uno hace 25 años. También allí cuajaban un queso, generalmente el 19 de mayo, que guardaban hasta el siguiente Beltane como una especie de talismán contra el embrujamiento de los productos de la leche. Las costumbres del Beltane parecen haber sido iguales aquí que en otras partes. Todas las lumbres se extinguían y en . las cimas de los montes encendían una grande y hacían dar vueltas a los rebaños a su alrededor y en la dirección del sol (dessil) para guardarlos de la morriña todo el año. Todos los hombres cogían ascuas y las lle­vaban a casa para encender el hogar con ellas."

También en Gales se acostumbraba encender fuegos de Beltane a principios de mayo, pero el día que se encendía variaba desde la víspera del día 1o al 3 de mayo. En ocasiones conseguían la llama por fric­ción de dos trozos de roble como aparece en la descripción siguiente. "El fuego se hacía de este modo: nueve hombres ponían los forros de los bolsillos por fuera para demostrar que no tenían encima ninguna clase de metales ni monedas. Después iban a las arboledas más cerca­nas y recogían palos de nueve clases distintas de árboles y los llevaban al sitio donde iban a hacer el fuego. Cavaban un círculo en el césped y colocaban los palos a modo de cruces. Toda la gente quedaba alrededor del círculo esperando. Uno de los hombres tomaba dos trozos de roble y los frotaba hasta que ardían y se aplicaba a los palos, formándose pronto un gran fuego; algunas veces hacían dos fuegos, uno junto a otro. Estos fuegos, fuesen dos o uno, se llamaban coelcerth u hoguera (bon-fire). Ponían tortas de harina de avena y de harina morena1 cortadas

1 Estas dos clases de pan blanco y obscuro, ¿podrán corresponder a las dos clases de comunión que los indios del Perú usaban con tortas de maíz propiciatorias y tortas de maíz con sangre (obscuras) expiatorias y contra maleficios? (supra, p. 625). En este caso, las tortas morenas (obscuras) de los galeses serían reminiscencia' de masa de harina con sangre humana.
698 LOS FESTIVALES ÍGNICOS EN EUROPA

en cuartos en un saco pequeño para harina y todos los presentes tenían que sacar un trozo. El último trozo correspondía al que sostenía el saco. A todas las personas a quienes tocaba un trozo de la torta morena, se las obligaba a saltar tres veces sobre las llamas o a pasar corriendo por entre los dos fuegos, lo que significaba asegurar una cosecha abundante, según se creía. Desde bien lejos se podían oír los 'gritos y chillidos de los que tenían que afrontar la ordalía, y los que acertaron a coger trozos hechos con la harina de avena blanca cantaban y bailaban batiendo pal­mas para mostrar su aprobación a los poseedores de trozos de harina cuando brincaban tres veces sobre las llamas o corrían, también tres veces, entre las dos fogatas".

Merece observarse la creencia de las gentes en que por saltar tres veces sobre las hogueras o correr tres veces por entre dos fuegos se ase­guran cosechas óptimas. Cómo suponían conseguir este resultado nos lo indica otro folklorista galés, según el cual anteriormente creían que "las hogueras encendidas en mayo o en el solsticio estival protegían los cam­pos de hechicerías para que hubiera buenas cosechas. Las cenizas eran consideradas también como valiosos talismanes". De esto deducimos que creían que el calor de las hogueras fertilizaba los campos, no directa­mente acelerando las simientes en la tierra, sino indirectamente, frus­trando la influencia malévola de la brujería o quizá quemando a las propias brujas.

Se cree que los fuegos de Beltane se encendían también en Irlanda, pues Cormac, "o alguien en su nombre, dice que Belltaine,1 día-mayo, era llamado así del 'fuego venturoso' o de los 'dos fuegos' que hacían los druidas de Erin en ese día con grandes conjuros imprecatorios. Y añade que se acostumbraba a traer los rebaños a estos fuegos o hacerlos pasar por entre ellos, como salvaguardia contra las enfermedades durante el año".



La costumbre de hacer pasar por el fuego o entre los dos fue-

1 Siguiendo la teoría del autor, resumimos las costumbres así: trazan un círculo mágico y dentro de él encienden el fuego divino, nuevo, etc. (tíne-tein-tane, etc.) con un aparato (eigi, tein eigin) y comen sacramentalmente pan ázimo (bonnach o bannock; pan sin levadura) que tiene una piedrecita, un haba, un carbonato que predestina, una pella que señala al espíritu de la vegetación encarnado en un circunstante (cailleach, carline, brujo, cuando evolucione de espíritu consagrado animista a víctima expiatoria de un dios, del Señor). El espíritu encarnado es muerto; su sangre se amasa formando la torta morena que servirá para transmitir la vida a los granos que se van a sembrar, a los animales para que procreen, etc. Su carne es el festín caníbal o sacramental (los irlandeses en el siglo I eran caníbales según Estrabón) y los huesos son calcinados en la pira (coelcerth, fuego de huesos), sirviendo después contra los rayos, enfermedades, etc. Esta ceremonia Beltane parece tener una etimología curiosa; la que dan corrien­temente es negativa (indirecta del gaélico Bael, fuego y fyr, pira). Bel-tein, Bel-tane, Bal-thein, Beal-tine, como dice el Párroco de Callander (supra, p. 695), es el fuego de Baal o de Bel, del dios babilónico y semítico. Fuego de Baal o Bal o Bel, y hasta el dios nórdico Balder, cuya etimología del antiguo sajón Bealder, príncipe, muy bien puede ser algo más, Señor, es decir Bal o Baal; sí tenemos en cuenta que su esposa Nanna (Ninna, Anait, etc.) tiene probable filiación mediterránea y babilónica, no cree­mos descaminado al ministro parroquial de Callender.

FUEGOS DEL SOLSTICIO ESTIVAL 699

gos al ganado en el día-mayo o en su víspera persistió en Irlanda hasta tiempos que todavía se recuerdan.

El 1o de mayo es una fiesta popular en la mayor parte de Suecia central y meridional. La víspera del festival, en todas las colinas y cum­bres brillan grandes hogueras que deberán encenderse golpeando dos pe­dernales. Cada aldea grande tiene su propia hoguera, a cuyo alrededor baila en ronda la mocedad. Los mayores observan qué dirección toman las llamas, si al norte o al sur; en el primer caso la primavera será fría y retrasada y en el segundo, será suave y confortante. En Bohemia, la víspera del 19 de mayo la gente joven enciende fogatas en cumbres y montes, en encrucijadas y en dehesas y danzan alrededor, brincando so­bre las ascuas y aun pasando a través de las llamas. La ceremonia es lla­mada "quemar las brujas". En algunos lugares acostumbran a quemar en la hoguera una efigie que representa a una bruja. Recordaremos que en la víspera del 19 de mayo es la conocida Noche de Walpurgis, cuando las brujas pululan por todas partes y marchan invisibles por el aire en sus vagabundeos infernales. En esta noche embrujada, los niños de Voigtland también encienden hogueras en las eminencias del terreno y saltan por entre las llamas. Además agitan o lanzan al aire escobas encendidas. Hasta donde alcance la luz de la hoguera llegará la bendi­ción a los campos. Se llama el encender estas fogatas en la Noche de Walpurgis -"ahuyentar a las brujas". La costumbre de hacer fuegos la víspera del 1o de mayo (Noche de Walpurgis), con el propósito de achi­charrar brujas, está o estaba muy extendida en el Tirol, Moravia, Sajo-nia y Silesia.

5. fuegos del solsticio estival

La época del año en que estas fiestas de fuego se han celebrado más generalmente en Europa es el solsticio de verano, en la víspera (23 de junio) o el día del solsticio (24 de junio). Se le ha dado un ligero tinte de cristianismo llamándole día de San Juan Bautista, pero no puede dudarse de que esta celebración data de una época muy anterior al co­mienzo de nuestra era. El solsticio estival, o el día solsticio, es el gran momento del curso solar en el que, tras de ir subiendo día tras día por el cielo, el luminar se para y desde entonces retrocede sobre sus pasos en el camino celeste. Este momento no pudo menos de ser considerado con ansiedad por el hombre primitivo tan pronto como comenzó a ob­servar y ponderar las carreras de las grandes luminarias por la bóveda celeste; teniendo todavía que aprender a darse cuenta de su impotencia ante los inmensos cambios cíclicos de la naturaleza, pudo soñar en ayudar al sol en su aparente decaimiento; que podría sostenerle en sus desfa­llecientes pasos y reencender la llama moribunda de la rojiza lámpara en sus manos débiles. Algo así debieron ser los pensamientos que quizá dieron origen a estos festivales solsticiales de nuestros campesinos euro­peos. Cualquiera que haya sido su origen, han prevalecido sobre esta

700 LOS FESTIVALES IGNICOS EN EUROPA

cuarta parte del mundo, desde Irlanda al occidente, hasta Rusia al oriente y desde Noruega y Suecia al septentrión, hasta España y Grecia al me­diodía. Según un escritor medieval, los tres grandes rasgos de la cele­bración del solsticio estival fueron las hogueras, la procesión de antor­chas por los campos y la costumbre de echar a rodar una rueda. Nos cuentan que los muchachos quemaban huesos y basuras de varias clases para hacer un humo hediondo y que el humo ahuyentaba ciertos dra­gones perniciosos que en esta época del año, excitados por el calor del verano, copulaban en el aire y envenenaban los pozos y los ríos al caer en ellos su semen; también explican la costumbre de rodar una rueda, para significar que el sol tras de alcanzar su altura máxima en la eclíp­tica empezaba a descender de allí en adelante.

Los rasgos principales del festival de fuego del solsticio estival re­cuerdan los que hemos encontrado que caracterizan los festivales vernales de fuego. La semejanza de estos dos grupos de ceremonias se muestra evidente en los siguientes ejemplos.

Un escritor de la primera mitad del siglo xvi nos cuenta que en la mayoría de los pueblos y ciudades pequeñas de Alemania se encendían hogueras la víspera de San Juan y jóvenes y viejos de ambos sexos, reu­nidos a su alrededor, gastaban el tiempo cantando y bailando. En tales ocasiones, la gente llevaba guirnaldas de artemisa y verbena y miraban al fuego a través de manojos de "espuelas de caballero"1 que tenían en las manos en la creencia de que haciendo esto mantendrían durante todo el año sus ojos en saludable estado. Todo el que se marchaba, arro­jaba la artemisa y la verbena2 al fuego diciendo: "Que toda la mala suerte me deje y se queme aquí con esto". En el Bajo Konz, pueblo situado sobre un collado que mira al río Mosela, el festival del solsticio de estío se celebraba como sigue. Reunían una cantidad de paja en la cumbre del collado de Stromberg. Todos los habitantes o por lo menos todos los cabezas de familia tenían que contribuir con su parte de paja para la pira. Al anochecer, la población masculina entera, hombres y muchachos, se reunían en la cumbre del collado; a las mujeres y joven-citas no se les permitía reunirse allí con ellos, pero tenían que colocarse en cierto manantial a mitad del camino, en la cuesta. En la cima había una rueda grande completamente forrada de paja de la que se reunió por contribución entre el vecindario, y con el resto de la paja se habían hecho antorchas. De cada lado 'de la rueda sobresalía como un metro de eje que serviría de mango a los muchachos que la guiarían en su descenso. El alcalde de la vecina ciudad de Sierck, que recibía siempre un cesto de cerezas por este servicio, daba la señal; aplicaban una an­torcha encendida a la rueda, que empezaba a arder y dos mozos fuertes de brazos y ligeros de pies cogían los dos extremos del eje y comenzaban a correr cuesta abajo. Se elevaba un gran griterío; todos los hombres y



1 Planta ranunculácea (Delphínium); en catalán matapoll hierba piojera, etc.

2 Recordamos al lector que las fiestas estivales nocturnas se llaman verbenas en
España y otras partes.

FUEGOS DEL SOLSTICIO ESTIVAL 701

muchachos blandían al aire una antorcha llameante, teniendo cuidado de mantenerlas encendidas en tanto estuviera la rueda bajando la colina. El gran proyecto de los mozos que guiaban la rueda era llegar a sumer­girla ardiendo en las aguas del Mosela; pero muy rara vez tenían éxito sus esfuerzos, porque los viñedos, que cubrían la mayor parte de la cuesta, impedían su marcha y el fuego de la rueda se apagaba antes de alcanzar el río. Cuando pasaba rodando por el manantial donde estaban las mujeres, gritaban éstas con alborozo y sus chillidos eran respondidos por los hombres desde la cumbre. La gritería de éstos era coreada por las gentes de las aldeas vecinas, que contemplaban el espectáculo desde sus alturas de la orilla opuesta del Mosela. Si la rueda llameante lle­gaba conducida con éxito a la orilla del río y su fuego se extinguía en el agua, la gente preveía una vendimia abundante aquel año y los habi­tantes de Konz tenían el derecho de exigir una carretada de vino blanco de las viñas de los contornos. Por el contrario, si dejaban de ejecutar la ceremonia, los rebaños serían atacados de "modorra" y de convulsiones y estarían inquietos en los establos.

Por lo menos hasta mediados del siglo pasado, los fuegos del sols­ticio estival solían brillar por toda la Alta Baviera. Los encendían espe­cialmente en las montañas, pero también por todos lados en las tierras bajas, y se nos dice que, en la obscuridad y la calma de la noche, los grupos que iban de acá para allá, iluminados por los vacilantes resplan­dores de las llamas, presentaban un espectáculo impresionante. Los re­baños eran pasados a través de las llamas para curar a los animales en­fermos y guardar a los sanos de la peste y de cualquier otro mal durante el año. Muchos labradores en ese día apagaban la lumbre de su hogar y lo volvían a encender por medio de tizones y brasas cogidos de la hoguera del solsticio de verano. La gente juzgaba de la altura a que crecería el lino aquel año por la altura a que se elevasen las llamas de la hoguera; y todo el que saltase por encima de la pira en llamas no pa­decería de los ríñones cuando segase la mies en la recolección. En mu­chas partes de Baviera se creía que el lino crecería tan alto como saltasen los jóvenes sobre el fuego. En otros sitios, la gente madura plantaba los tizones de la pira en las tierras, creyendo que así crecería mucho el lino. En otros lugares ponían debajo del tejado de la casa un tizón apagado para protegerla contra el incendio. En los pueblos cercanos a Würzburgo solían encender hogueras en la plaza del mercado y la gente moza brin­caba sobre ellas llevando guirnaldas de flores, especialmente de artemisas y verbena, y empuñando brotes de "espuelas de caballero"; creían que si miraban al fuego teniendo un ramillete de "espuelas de caballero" ante la cara, no serían inquietados durante el año por ninguna enfermedad de la vista. Además, en Würzburgo, en el siglo xvi, se acostumbraba que los familiares del obispo tirasen al aire discos de madera incendia­dos, desde una montaña que sobremira a la ciudad. Los discos eran lanzados por catapultas de varas flexibles y en su vuelo por la obscuridad parecían dragones llameantes.

702 LOS FESTIVALES ÍGNICOS EN EUROPA

Similarmente en Suabia, los jóvenes de ambos sexos agarrados de la mano saltaban sobre las hogueras del solsticio de estío,1 orando para que el cáñamo creciese tres anas2 de alto y prendían fuego a ruedas de paja que echaban a rodar cuesta abajo. Algunas veces, cuando saltaban sobre las hogueras solsticiales, gritaban: "¡Lino, Lino! Que crezca este año siete anas de alto". En Rottenburgo, a una figura humana tosca­mente trabajada y llamada el hombre ángel, la envolvían en flores y la quemaban los muchachos en la lumbre del solsticio de verano, saltando después sobre los rescoldos.
1   ...   96   97   98   99   100   101   102   103   ...   123


La base de datos está protegida por derechos de autor ©absta.info 2016
enviar mensaje

    Página principal