Silicona, LÁtex y revolucióN. Algunas consideraciones críticas para el debate actual del género y sus disputa



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SILICONA, LÁTEX Y REVOLUCIÓN.

ALGUNAS CONSIDERACIONES CRÍTICAS PARA EL DEBATE ACTUAL DEL GÉNERO Y SUS DISPUTAS.1
Pablo Silva Chavalos

La tolerancia es la pasión de los inquisidores, el buen ladrón quisiera no tener que robar”.



Silvio Rodríguez

Marx, al inicio de “El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte”, plantea una de sus frases más célebres: La historia se repite dos veces. La primera como tragedia, la segunda como farsa2. La relación de esta cita con la sexualidad, el dispositivo científico-político que la ha definido e instrumentalizado y el activismo disidente o institucional que históricamente ha devenido en un activismo pseudo democrático, pese a un primer escepticismo y sus improbabilidades, tiene su lógica.


La idea base a exponer será tratar de esbozar un análisis con cierto alcance marxista respecto al contexto actual del sexo/género, tanto en el debate teórico de la izquierda académica, expresada en la radicalización democrática posmoderna, como en el activismo concreto de sus representantes, con el fin de aportar una crítica a estas formas de concebir la política con la cual se alzan las actuales banderas de lucha del sexo/género respecto al poder científico-institucional que en gran parte las domina (incluida la psicología), pero por sobre todo, y esto es clave, las ha comenzado ya a dominar “democráticamente”.

Pero vamos por parte. Analicemos y démosle una interpretación concreta a la frase de Marx citada al comienzo. Argumentemos, en un primer análisis, la historia como Tragedia. Primer momento (sólo para situarme desde una perspectiva histórica quizás restringida y hasta arbitraria). El fascismo clerical, o cristianismo (disculpando las generalidades), condena a la hoguera a millares de maricones sodomitas por traidores al Imperio; por pecadores y herejes al dogma cristiano. Inquisición y Monarquía indisolubles en un período donde aquellos dos poderes eran sólo uno, en un período político atroz donde Dios y sus hordas lamentablemente gobernaban en el cielo y en la tierra. Es sin duda un período trágico, donde la Ilustración aún no hacía de las suyas respecto a definir, normalizar y patologizar la subjetividad y los cuerpos en un inventario humano sin precedentes en la Historia.


Segundo momento trágico. El Humanismo reformula el dogma. S. XIX. La historia de la sexualidad, parafraseando a Foucault, adquiere un matiz perversamente científico. Filosofía, Sociología, Demografía y Psiquiatría configuran un discurso de verdad sobre el sexo. La sexualidad se disecciona en todas sus partes en un laboratorio medico-social para determinar su esencia, sus relaciones internas, sus directas causalidades con el porvenir social y moral de la cultura3. Es el episodio trágico del Humanismo en su afán pseudo progresista de iluminar el conocimiento respecto al cuerpo, el género, su deseo y sus prácticas concretas.
S. XX. Aportando a la tragedia en un nuevo acto. Psicoanálisis, (en sus mil y una interpretaciones), planteará en teoría y praxis clínica concreta las causas originarias de la homosexualidad (obviamente, sin ningún atisbo de humildad o crítica) y su cura para vivir armoniosamente una heterosexualidad acorde a una funcionalidad capitalista ya pasada de moda (¿o acaso hoy en día la gran industria gay no tiene al capitalismo en el paroxismo de la tolerancia y la multiculturalidad mercantil?)
Sin duda la psicología, y las ciencias sociales en general tengan mucho que lamentar de este último período trágico comentado (aunque en pleno 2010 muchos de sus profesionales no lo hagan. Particulares son los casos locales y a la chilena de una psicóloga que anda promocionando terapias para curar la homosexualidad4 y otra Sórdida que anda eufórica gritando a viva voz ¡Viva la Diferencia!5). Qué podemos ya criticar de la psicología. Antiguos test de personalidad, MMPI específicamente, que “científicamente” determinaban supuesta homosexualidad porque teníamos, como “hombres”, inclinaciones a actividades, prácticas o fantasías respecto a nuestro género/sexo vecino (decir opuesto ya huele a evangélico). Teorías perversamente biológicas que determinaban nuestra diferencia sexual por nuestra lateralidad cerebral. Hetero-horrendas fases del desarrollo que nos prometían una medalla de oro en el cuadro de la fama de una heterosexualidad funcional y suicida. Coqueteos eternos con el DSM, donde el orgullo científico chorrea sangre, silicona y otros fluidos en el diagnóstico que condenaba y sigue condenando la transexualidad, como inhumanidad, como una eterna inteligibilidad cultural imposible de ser vivida. Y un largo etc.
Es a partir de estos hechos históricos desde donde ya podemos configurar y delimitar un período trágico concreto con respecto a un contexto histórico determinado en el cual la relación de la sexualidad con los planos socio-institucionales (instituciones autoritarias de la sociedad civil, disciplinas científico-políticas como la psicología entre otras) devinieron problemáticas y hasta antagónicas en un plano antropológico que atañó a una cultura claramente pre-consumista o en otras palabras en un contexto donde la cultura capitalista, para reforzarse en su configuración global requería hacer para sí los antiguos valores clerical-fascistas que afianzaran una subjetividad acorde a reforzar la familia heterosexual como dispositivo político de producción de proletariado, entendiendo la sexualidad como reproducción y esta reproducción como mera reproducción de fuerza de trabajo. Esto en una lógica económica fordista, básicamente, producción serial de mercancías sin un mercado social diversificado. La Tragedia estaba en su clímax, su final era, sin embargo, improbable.
Podemos ya a partir de este primer planteamiento argumentar nuestro segundo momento histórico. La Farsa. Claro es que estos dos momentos no son mutuamente excluyentes en todos sus aspectos. Es preferible obrar con cautela en esta argumentación, señalando que si bien las lógicas han cambiando en muchos de sus aspectos, existen otros que no se han desembarazado de sus viejos fantasmas. Existen hoy en día, con lo que respecta al sexo/género, algunos sepultureros que osan reivindicar la vieja moral respecto a aquellos cuerpos, a aquella humanidad que se vuelve incoherente para un viejo sistema heterosexual que ya se cae a pedazos (en esto me refiero explícitamente por ejemplo a la transexualidad como imposibilidad de significarse como humanidad plena y reconocida en el ámbito social en contraste a una “homosexualidad” falsa e hipócritamente aceptada en muchos ámbitos, aunque claramente, no en todos). Es por esto que quiero argumentar este segundo momento con cautela, concibiendo este devenir histórico como contradictorio, como una farsa que se refleja en múltiples espejos de tolerancia, de estereotipos, de discursos y de actos concretos en un sistema social que claramente se va despojando paulatinamente de los antiguos verdugos que auguraban su destino trágico precedente.
Desenmascaremos la Farsa. Durante la segunda mitad del siglo XX se producen cambios relevantes en el plano económico-político-social que atañen a diversos grupos sociales, otrora radicalmente excluidos de la legitimidad socio-institucional, “minorías” sexuales incluidas. Eliminación de la homosexualidad como patología mental, inclusión progresiva aunque desigual de las mujeres en el plano laboral, visibilidad y activismo de gays y lesbianas que se hacen de fondos públicos y no gubernamentales para dar cabida y poner en marcha políticas que promuevan mejoras en el ámbito de la salud, lo jurídico y diversas áreas de la esfera cívica, sólo por citar algunos cambios concretos.
Esto no es casual en el plano ideológico. No hablamos acá precisamente en un sentido netamente moral, en un sentido “humanitario” de tolerancia donde la historia se ha ido perfeccionando en su lógica de reconocimiento. Existe aquí una verdadera mutación, si se me permite llamarla así, antropológica, del neocapitalismo. Y tiene que ver, soy terco en esto, con el plano económico.
Se debe rescatar en este punto y como referente explicativo, el concepto de “tolerancia represiva”, formulado ya por el viejo Marcuse, y que ha sido un elemento clave de reflexión y crítica por diversos intelectuales actuales; desde Carlos Pérez en un caso local, a Slavoj Zizek en un plano internacional que han tratado de abordar el estado actual de la cultura en el contexto neocapitalista.
Existe una tendencia global del capitalismo, que ya Marcuse veía en los años 60, de integrar la diferencia bajo un contexto de pluralismo democrático. El giro capitalista permitió una asimilación de las clases sociales en la esfera del consumo6. Aunque las diferencias de clase se han mantenido, grandes masas de trabajadores fueron “integradas”, sus estandares de vida mejoraron, en parte, aunque grandes segmentos de la población siguen en la miseria absoluta, disfuncionales totales, sin ninguna posibilidad de “integrarse”. Por otro las demandas de diversos grupos sociales (negros, gays, lesbianas, etc.) comenzaron a asimilarse progresivamente. Sin embargo como señala Pérez, esto obedece a la forma actual de dominación. La tolerancia es represiva en la medida que deja de ser el contrario de la opresión en una sociedad capaz de manipular la diversidad en sus intereses de mercado7.
Hoy en día el mercado ha impuesto sus lógicas de explotación concreta hacia los trabajadores, como siempre lo ha hecho, pero además ha desarrollado sofisticadas formas de dominación de la subjetividad, que obedece a una cierta ideología “tolerante”. Obviamente el concepto de clase ha mutado. Obviamente la explotación industrial capitalista del S. XIX, y la subjetivación de su sujeto de explotación, no es la misma que la explotación neoliberal burguesa-burócrata del S. XXI. Aquí la vieja y famosa frase de Marx, aparecida en el Manifiesto Comunista: “Los proletarios no tienen nada que perder en ella (aludiendo a la revolución comunista), más que sus cadenas8 podría actualmente ser interpelada por una travesti, (¿por qué no?), eufórica y políticamente radicalizada: “No, tonto leso! Estamos peor. Tenemos un mundo por consumir, barbuda estúpida!”. El cuerpo posmoderno post-identitario se vuelve necesariamente un cuerpo territorializado, en términos deleuzeanos, por la economía política.
La Farsa en marcha…En este punto quisiera exponer muy brevemente los argumentos posmodernos que postula un grupo amplio de la izquierda, cuyo horizonte político sería una “radicalización de la democracia”9. Este corpus teórico ha tenido una fuerte influencia del multiculturalismo, que ha llevado ha considerar las posibles alternativas políticas al capitalismo, esgrimidas desde esta visión teórico-política. El sentido será contrastar los argumentos posmodernos, y sus limitaciones, respecto al análisis político-económico que emerge, en este caso, como necesario a esta postura que se basa en la subversión identitaria multiculturalista, donde el sexo/género ha sido uno de los pilares del análisis crítico de aquellos autores posmodernos que abogan por esta llamada “radicalización de la democracia”.
Para contextualizar la visión posmoderna, será necesario remitirnos nuevamente a estos cambios económico-culturales que se empezaron a gestar desde la segunda mitad del siglo XX. Ya a fines de los ochenta se comienza a perfilar una crítica a la “integración” de los diferentes grupos sociales otrora “excluidos”. La crítica fundamental del posmodernismo a esta “integración” se enfoca en el sujeto político-identitario de esta integración. En este sentido las feministas plantearán que el “sujeto mujer universal” integrado, esto es mujer blanca, occidental, heterosexual, etc., violenta y excluye las diversas posibilidades identitarias de ser mujer. En este caso las mujeres lesbianas, negras, etc., serían el Otro impensado del Universal integracionista. Lo mismo pasa en diferentes intersecciones identitarias, ya sea el gay latino, pobre, seropositivo, frente al gay occidental, blanco, sano, consumista, etc. Dentro de esta crítica el posmodernismo, basado en diferentes aproximaciones filosóficas, que van desde la genealogía nietzscheana a la performatividad del lenguaje, postulará que no existe una “identidad fundante” del sujeto. De esta forma si el lenguaje se formula como universal y por lo tanto, normativo y excluyente, debe considerarse como un arma necesariamente política. Hablar de un sujeto universal para la política implicaría necesariamente excluir otras posiciones identitarias, lingüísticamente performadas, del terreno político. Así el argumento identitario crítico posmoderno considerará, en términos deleuzeanos, el devenir de lo minoritario, el acto político en el cual la diferencia se postula como emergente subversivo y activo contra la hegemonía universalista.

Siguiendo el argumento posmoderno, si ya no es factible pensar en la mujer universal, en términos de género, ni mucho menos concebir, en la mutación actual del concepto de clase, siguiendo un referente muy machista aunque ejemplificador para el caso, al “hombre nuevo revolucionario”, es necesario centrarse en la micropolítica, en todas las microluchas que emergen de la proliferación contingente y múltiple de la identidad. Esto se basa en una “lógica de equivalencias” donde el género, la etnia, la clase, etc. adquieren una sumatoria contingente y local de la identidad y de la lucha política.10


En esta línea, Judith Butler, nombrada teórica en el debate actual del post-feminismo y la llamada “teoría queer”, argumenta que si ya la identidad no posee un carácter ontológico, la lucha política debe considerar como elemento central el reconocimiento de las múltiples identidades, que en sí se constituyen performativamente como parodias a una supuesta identidad estable y fundante11. El carácter subversivo de su propuesta apunta a desestabilizar un orden simbólico que opera en un marco de heterosexualidad obligatoria que regula, naturaliza, estabiliza e integra aquellos cuerpos que, en palabras de la autora, importan, excluyendo las abyecciones que se materializan en aquellos cuerpos marginales a la economía heterosexual.
Me interesa, sin embargo posicionar una crítica a las implicaciones políticas que implica esta postura respecto a un horizonte de cambio social radical. Siguiendo a Zizek, las nuevas propuestas posmodernas de radicalización de la democracia (problematización de los universales, reivindicaciones intercruzadas y específicas, etc.) no son necesariamente, por un lado, opuestas a un sistema que opera de modo global, integrando las diferencias y que en segundo lugar invisibiliza, o en palabras del autor, despolitiza la economía12.
En su libro “En defensa de la intolerancia”, Zizek plantea, para dar un contexto a su crítica, que actualmente, respecto a la filosofía política, vivimos en una era post-política en la cual se han abandonado las visiones ideológicas globales, existiendo una alianza entre los llamados tecnócratas ilustrados (economistas, psicólogos, etc.) con el actual multiculturalismo en el contexto de la globalización13 Si el multiculturalismo y su proliferación e integración de las diferencias, incluso de las más subversivas, considera que la identidad debe basarse en una lógica de equivalencias donde la economía ya no juega un papel clave, es perfectamente posible que estas nuevas diferencias, otrora abyectas, se integren como nuevos consumidores en un paroxismo democrático nunca antes visto. La política de izquierda que plantea “cadenas de equivalencias” entre las diversas luchas tiene absoluta correlación con el abandono silencioso del análisis del capitalismo en tanto sistema de economía global.
Andrea D´ Atri, feminista marxista argentina, formula de la siguiente manera este atolladero posmoderno con la economía:
“Que las determinaciones de clase se ubiquen en un plano de igualdad con las demás equivale a ocultar el papel clave que desempeña la economía en la estructuración de la sociedad; es decir, difumina en un plano de equivalencias el uso primordial que el capitalismo hace de las diferencias… para sostener el status quo de su dominación sistémica”14.
En este sentido existe un debate teórico-político claro entre la lucha económica y lo cultural. Respecto a esto, y situándome en el tema queer, Judith Butler se ha hecho presente en lo que ha sido uno de los temas, si no el crucial para el horizonte político, del género y sus disputas en el terreno económico.
Para Butler la desestabilización de la matriz heterosexual traería en sí la desestabilización del sistema capitalista, dado que la heterosexualidad cumpliría un rol clave en la economía. Zizek planteará este argumento y su posterior crítica de la siguiente manera:
“Judith Butler ha arremetido con fuerza contra la oposición abstracta y políticamente reductora entre lucha económica y lucha “simplemente cultural” de los queers por su reconocimiento. Lejos de ser “simplemente cultural”, la forma social de la reproducción sexual está radicada en el centro mismo de las relaciones sociales de producción: la familia nuclear heterosexual es un componente clave y una condición esencial de las relaciones capitalistas de propiedad, intercambio, etc. De ahí que el modo en que la práctica política de los queers contesta y socava la normativizada heterosexualidad represente una amenaza potencial al modo de producción capitalista…Sin duda (señala ahora Zizek), habría que apoyar la acción política queer en la medida en que “metaforice” su lucha hasta llegar-de alcanzar sus objetivos- a minar el potencial mismo del capitalismo. El problema, sin embargo, está en que, con su continuada transformación hacia un régimen “postpolítico”, tolerante y multicultural, el sistema capitalista es capaz de neutralizar las reivindicaciones queers, integrarlas como “estilos de vida”. ¿No es acaso la historia del capitalismo una larga historia de cómo el contexto ideológico político dominante fue dando cabida (limitando el potencial subversivo) a los movimientos y reivindicaciones que parecían amenazar su misma supervivencia? Durante mucho tiempo, los defensores de la libertad sexual pensaron que la represión sexual monogámica era necesaria para asegurar la pervivencia del capitalismo; ahora sabemos que el capitalismo no sólo tolera sino que incluso promueve y aprovecha las formas “perversas” de sexualidad, por no hablar de su complaciente permisividad con los varios placeres del sexo. ¿Conocerán las reivindicaciones queers ese mismo fin?”15
Es así como el problema de la politización posmoderna, pese a los nuevos horizontes políticos que ha planteado, radica en no cuestionar o al menos poner en un nivel subalterno, la dominación actual del capitalismo global. La integración o problematización de las identidades subversivas no basta sin una critica radical a la economía. En este caso, si mantenemos el estado actual de las cosas, no sería psicótico pensar, y de hecho algunos ejemplos ya son completamente “racionales”, en transexuales vestidos de Armani y a pelo suelto transando su última acción en la bolsa de valores de Wall Street, hoteles gays de lujo exclusivamente para hombres negros o el triste y mediocre ejemplo chilensis de nuestra “mujer presidenta”.
Será necesario por lo tanto reanalizar el contexto actual y el alcance de nuestras luchas políticas contra el sistema. Creo que se debe, y es mi visión, darle un énfasis clave al factor económico que domina en esta era de capitalismo global. En palabras de Zizek, debemos asumir una radical repolitización de la economía que destruya la lógica inexorable del capital, ese gran Otro que sigue operando más allá de toda deconstrucción16. Esto no implica deslegitimar o marginalizar las luchas políticas de los diversos grupos sociales e imponer únicamente como factor relevante la lucha económica. Con una postura terca a concebir la legitimidad real de muchas reivindicaciones no sería difícil repetir los mismos errores del pasado. Terroríficamente, el estalinismo, en este caso, podría estar a la vuelta de la esquina. En palabras de Carlos Pérez, hay que romper la dicotomía de reforma o revolución17. El movimiento social debe a lo menos ser reformista, pero con un horizonte revolucionario18. Muchas izquierdas en un campo de batalla diverso, pero con un horizonte común: Destruir el Capital.
Cabe preguntarse, y volviendo tangencialmente a ella, ¿qué será de la psicología? Si su actual operar se basa en gran parte en administrar y apoyar un sistema, en diagnosticar la desviación, hacer pruebas que seleccionan a los mejores burócratas, guardar silencio respecto a terapias lisa y llanamente nazis, hacerle la pega al Estado, dejar en la inercia y en el gozo frustrante a los trabajadores por “motivos de la empresa”, levantarse por sobre la opinión común en su imaginario de experticia y tantos etcéteras, la pregunta que cabe hacerse es ¿podrá sobrevivir a una revolución social?.
Sólo una apuesta radical y con cierto horizonte en común, podrá quizás ver su destino. Es posible salir del conformismo a nivel global. Es necesario y posible crear nuestra historia. La culpa de una vida mediocre ha sido transmitida ya a muchas generaciones; o como decía Pasolini, a mediados de los 70: “nuestra culpa de padres consiste en creer que la historia no es ni puede ser más que la historia burguesa”19.
Es el momento ya que la tolerancia deje de ser la pasión de los inquisidores.

Bibliografía:
-Butler, J.: “El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad”, Paidós, Barcelona, 2007.
- D´Atri, A.: “Igualdad y Diferencia. El feminismo y la democracia radical…mente liberal”, en Lucha de Clases. Revista Marxista de Teoría y Política, Bs. As, 2002.
- Foucault, M.: “Historia de la sexualidad 1: La voluntad de saber”, Siglo XXI, Bs. As, 2002.
- Laclau, E. y Mouffe, Ch.: “Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia”, Fondo de Cultura Económica, Bs. As, 2006.
-Luxemburgo, R.: “Reforma o Revolución”, Longseller, Bs. As, 2001.
- Marcuse, H.: “Las perspectivas del socialismo en las sociedades industriales avanzadas” en “La sociedad industrial y el marxismo”, Editorial Quintaria, Bs. As, 1969.
- Marx, K.: “El 18 Brumario de Luis Bonaparte”, Longseller, Bs.As, 2005.
- Marx, K.: “Manifiesto Comunista”, Centro Gráfico, Santiago, 2003.
- Pasolini, P.: “Cartas Luteranas”, Trotta, Madrid, 1997.
- Pérez, C.: “Para una crítica del poder burocrático: Comunistas otra vez”, LOM Ediciones, Santiago, 2001.
- Zizek, S.: “En defensa de la intolerancia”, Sequitur, Madrid, 2008.


1


Psicólogo, Universidad de Valparaíso.
 Este ensayo fue presentado en Diciembre del 2010 en un encuentro de Contrapsicología realizado en la escuela de psicología de la Universidad de Valparaíso (Chile). La mesa de la cual formé parte como expositor tenía como temática el género. El tema fue abordado desde diferentes enfoques: posmodernos y marxistas, como también se hizo alusión a diferentes experiencias prácticas en relación al tema por parte de los diferentes expositores. Respecto al título del ensayo hago alusión a “El género en disputa” (Gender Trouble), obra central de Judith Butler, autora posestructuralista cuya influencia en el debate teórico actual acerca del género ha sido de gran relevancia.





2 Marx, K.: “El 18 Brumario de Luis Bonaparte”, Longseller, Bs.As, 2005, p. 17. La frase original de Marx, aparecida al comienzo del libro señala: “Hegel dice, en alguna parte, que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal se repiten, para decirlo de alguna manera, dos veces. Pero se olvidó de agregar: la primera, como tragedia, y la segunda, como farsa”.

3 Foucault, M.: “Historia de la sexualidad 1: La voluntad de saber”, Siglo XXI, Bs. As, 2002.


4 Me refiero particularmente a Marcela Ferrer, psicóloga chilena que promueve terapias “reparativas” o “curativas” de la homosexualidad. Sus prácticas han ocasionado una fuerte reacción crítica principalmente de organizaciones estudiantiles. Sin embargo el colegio de psicólogos no ha condenado explícitamente esta práctica que viola los DD.HH.


5Aludo irónicamente a Pilar Sordo, psicóloga chilena de fuerte presencia mediática quien ha popularizado su libro “¡Viva la Diferencia!”, donde establece dicotomías rígidas y conservadoras respecto a la diferencia sexual. Es de particular interés el considerar las alusiones heteronormativas y conservadoras que plantea la autora en la portada del libro. En el título “Viva la Diferencia” se observa a continuación un paréntesis “(…y el complemento también)”. En este caso se puede leer una complementariedad ideal y restrictiva entre lo que implicaría ser hombre y ser mujer, lo masculino y lo femenino como dos ámbitos ontológicos que se requieren exclusiva y mutuamente. Más abajo en la portada se observa la siguiente frase: “La magia en el ser mujer. La realidad en el ser hombre”. Podemos inferir las preconcepciones de la autora respecto a lo que considera como “mujer” y “hombre”. Así la “magia” como atributo esencial de la categoría mujer configura un ideal de mujer: la mujer como lo otro insustancial, infantil, abstracto, irreal; al contrario el hombre se plantea como lo concreto, lo REAL, lo productivo, el dominador y productor de mundo contra la “otra” que sólo es capaz de “ensoñarlo”.

6 Marcuse, H.: “Las perspectivas del socialismo en las sociedades industriales avanzadas” en “La sociedad industrial y el marxismo”, Editorial Quintaria, Bs. As, 1969, p. 52-58


7 Pérez, C.: “Para una crítica del poder burocrático: Comunistas otra vez”, LOM Ediciones, Santiago, 2001, p. 172.


8 Marx, K.: “Manifiesto Comunista”, Centro Gráfico, Santiago, 2003, p. 70.

9 Con este término aludo al título de una de las obras más influyentes del denominado “posmarxismo”: “Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia” de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe.

10 Laclau, E. y Mouffe, Ch.: “Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia”, Fondo de Cultura Económica, Bs. As, 2006, p. 25-26.


11 Butler, J.: “El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad”, Paidós, Barcelona, 2007.


12 Zizek, S.: “En defensa de la intolerancia”, Sequitur, Madrid, 2008, p. 59.

13 Ibid., p. 31-32.


14 D´Atri, A.: “Igualdad y Diferencia. El feminismo y la democracia radical…mente liberal”, en Lucha de Clases. Revista Marxista de Teoría y Política, Bs. As, 2002, p. 13.

15 Zizek, S., Op. Cit., p. 68-69

16 Ibid., p. 111.


17 Rosa Luxemburgo hizo famosa esta dicotomía en su libro “Reforma o Revolución”. El argumento luxemburgueano que se nutre de una crítica hacia el revisionismo del teórico socialdemócrata Eduard Bernstein planteará que las reformas laborales-sindicales ganadas por la clase obrera tenderían a perfeccionar el capitalismo más que a empoderar a la clase trabajadora. En esta línea critica la postura de Bernstein quien sostenía la tesis “El objetivo final no es nada; el movimiento lo es todo”, cuyos efectos políticos implicaban el abandono del fin socialista para centrarse exclusivamente en los cambios graduales-reformistas que debería obtener el movimiento obrero sin necesariamente impactar en la estructura del sistema capitalista. En este sentido Rosa Luxemburgo no negará una dicotomización radical entre Reforma o Revolución, pero sostendrá que un movimiento de masas centrado exclusivamente en meras reformas sociales -modificando las “formas” de explotación, “humanizándolas”, pero sin cambiar el contenido de ésta expresada en la explotación innata del sistema capitalista- no tiene sentido sin un objetivo-o fin- revolucionario. Pese a más de un siglo que nos separa de la publicación de “Reforma o Revolución” considero que la crítica luxemburgueana al reformismo cobra pleno sentido en el momento actual, particularmente en el debate que mantengo con los efectos políticos que se derivan en el contexto posmoderno, a nivel teórico como práctico.


18 La referencia a Carlos Pérez se basa en un documento audiovisual. Al no tener en este momento la referencia concreta de éste me es imposible especificar la cita.


19 Pasolini, P.: “Cartas Luteranas”, Trotta, Madrid, 1997, p.16.


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