Significado y contexto: de la semántica a la pragmática



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Significado oracional y significado proferencial

Una de las razones de la carencia del esquema II a que nos hemos referido es que no repara en la diferencia existente entre una oración y una proferencia de una oración. Como indicamos en el primer capítulo, las oraciones son entidades teóricas, abstractas de la teoría lingüística, entidades cuya representación semántica (o algo que se le asemeje) y fonética ha de proporcionar la gramática propuesta por la teoría. En contraste, las proferencias son acciones concretas realizadas por los hablantes de una lengua cuando la utilizan. Como tales acciones, están localizadas espacio-temporalmente y son literalmente irrepetibles. La diferencia entre uno y otro tipo de entidades lingüísticas se suele expresar diciendo que las oraciones son expresiones-tipo y las proferencias ejemplares o muestras de expresiones.

Pues bien, mientras que una expresión oracional tipo y un ejemplar de la misma comparten las propiedades estructurales que busca describir y explicar la gramática (su configuración interna, su forma lógica, su clase distributiva, etc.), no tienen por qué compartir necesariamente su significado. Habitualmente el significado de una expresión tipo se puede identificar con la representación semántica que a esa expresión permite asignarle la gramática, si es que permite asignarle alguna, lo que hemos denominado significado sistémico. En cambio, el significado de una proferencia concreta de esa oración puede no coincidir con la información contenida en la representación semántica de ésta. Para darse cuenta de ello, basta considerar cualquier expresión que remita a características extralingüísticas (en realidad, en un sentido u otro, todas las expresiones remiten a ese tipo de características):

(1) Hoy es miércoles



En ella, la expresión `hoy', considerada en cuanto expresión-tipo, esto es, abstracta entidad lingüística, tiene una representación semántica que contiene la información de que refiere al día en que se profiera la expresión. Pero en cuanto ejemplar i-ésimo de esa expresión tipo puede contener la información de que refiere al 11 de Julio de 1990. Quien profiera (1) puede transmitir la información de que ese día en particular es miércoles, lo cual forma parte del significado de la proferencia de (1), aunque no de la expresión-tipo.

Una distinción estrechamente relacionada con ésta, y que se ha utilizado, en lingüística y en filosofía del lenguaje, como criterio para distinguir entre los objetos propios de la semántica y de la pragmática, es la que separa al significado oracional del significado del hablante. Veamos cómo explica esta dicotomía uno de los últimos manuales de semántica (en la variedad de Massachussetts, M.I.T. R.M. Martin, 1987, pág. 19): "Supóngase que Pepita quiere decirte que Juan se ha ido, pero es una hablante del español no muy competente y no ha captado bien los significados de `llegar' e `irse'. Dice entonces: `Juan ha llegado', pero lo que realmente quiere decir es que se ha ido. Sin embargo, podríamos desear decir que la oración que profiere, a pesar de sus deseos, no significa que Juan se ha ido, sino que realmente significa que Juan ha llegado. Lo que aquí tenemos es una especie de ambigüedad: en un cierto sentido, lo que Pepita dice significa que Juan se ha ido y, en otro, que Juan ha llegado. Más precisamente, podemos afirmar que lo que Pepita quiso decir con su oración es que Juan se había ido, pero que lo que la oración realmente significa en español es que Juan ha llegado /.../ Distingo estas dos clases de significado llamando al primero significado del hablante y al segundo significado oracional" (Cfr. la Unidad 19). El significado oracional es pues equivalente a lo que hemos venido llamando significado sistémico de la expresión oracional - que se aplica tanto a las oraciones como a otras clases de expresiones - y puede no coincidir con lo que el hablante pretende decir. Ahora bien, ¿cuál es el significado de la proferencia de Pepita: "Juan ha llegado"? Por una parte, parece evidente que no es que Juan ha llegado, puesto que Pepita parece querer decir justamente todo lo contrario y es posible que el destinatario capte esa intención, sabiendo que Pepita tiende a trabucar los términos antónimos en español. El oyente entendería entonces que Pepita quiere decir que Juan ha llegado y así es como interpretaría su proferencia. Su interpretación de la información transmitida mediante la proferencia de Pepita coincidiría en este caso con el significado que Pepita pretende dar a su uso de la oración, coincidiría con su significado del hablante. Pero, por otro lado, supóngase que el auditorio no tiene conocimiento de la incompetencia lingüística de Pepita: entonces puede interpretar que Pepita quiere decir lo que realmente dice, esto es, que Juan ha llegado. En este caso, la información que llega al destinatario, por medio de la proferencia de Pepita, es precisamente la información contenida en la representación semántica de la oración, esto es, su significado sistémico oracional y, desde el punto de vista de la descripción de la comunicación entre hablante y auditorio, ese es el significado de la proferencia. Por el momento, llamaremos a este significado el significado comunicativo de la proferencia, en contraste tanto con el significado sistémico como con el significado del hablante.
La función de la pragmática en el análisis del significado comunicativo y el modelo inferencial de la comunicación lingüística.
Resulta pues que, a veces, el significado comunicativo de una proferencia equivale a su significado sistémico y a veces resulta que no, que coincide con el significado del hablante, o con otras cosas. Aunque en ocasiones se ha tratado de confinar el análisis pragmático a los casos en que el significado de la proferencia no coincide con el significado sistémico, en realidad su ámbito va más allá del que estos casos determinan. Para empezar, ya hemos visto que, incluso en el nivel del significado sistémico o semántico, es necesaria la consideración pragmática para dar cuenta de los aspectos deícticos o indéxicos de la oración (los que remiten a características extralingüísticas). Por otro lado, la pragmática es una disciplina cuyos análisis cubren en realidad ambos casos: 1) cuando lo que se comunica es la información contenida en la representación semántica - determinada con ayuda de una teoría pragmática de la deixis, y 2) cuando se comunica algo más, o algo diferente, como el significado del hablante.

Resumiendo de forma esquemática, la teoría pragmática interviene en los siguientes momentos de la computación del significado comunicativo :


III. Intervención de la pragmática en la computación del significado comunicativo


Representación

Lógico-semántica


Pragmática

(teoría de

la deixis)

Representación del significado proposicoinal


Pragmática

(teoría intencional

del significado)

Representación del significado comunicativo

(de la proferencia)


El resultado es pues que la teoría pragmática, en su acepción general, es la teoría que determina el significado comunicativo de las proferencias, utilizando como entrada información recogida en la representación semántica de las expresiones-tipo, pero incorporando en el proceso ingredientes no lingüísticos, esenciales no obstante para la determinación de la salida del proceso, el significado comunicativo.

Ahora bien, en la noción de proferencia subsiste una indeterminación. Desde el punto de vista de la descripción de la comunicación, las proferencias pueden ser consideradas como acciones o productos de acciones. Hemos propuesto deshacer esa indeterminación denominando a los resultados de las proferencias prolata, inscripciones verbales o escritas de entidades lingüísticas, y reservando el término `proferencia' para el acontecimiento mismo. Las proferencias son pues acciones, acciones verbales, por más señas. Y la comprensión de las acciones verbales, la captación de su significado, sigue un proceso muy diferente al de la descodificación de un mensaje. Por ello, es necesario abandonar el marco teórico de la concepción semiótica de la lengua y utilizar nuevos instrumentos para comprender y reproducir la forma en que algunas de nuestras acciones son comunicativas, esto es, constituyen instrumentos adecuados para transmitir información a nuestros semejantes.

El modelo inferencial de la comunicación lingüística aspira precisamente a la sustitución del modelo semiótico. Pretende dar cuenta de la forma en que los pertenecientes a una comunidad epistémicamente pertinente - que comparte los conocimientos relevantes para la coordinación de sus acciones, por ejemplo, la competencia lingüística, asignan significado a sus acciones verbales, en cuanto agentes, y son capaces de interpretar esas acciones, en cuanto destinatarios o receptores de dichas acciones.

Uno de los supuestos fundamentales en que se basa el modelo inferencial es de carácter negativo o crítico: los procesos de codificación y descodificación no desempeñan ningún papel significativo en la descripción y explicación de la comunicación lingüística. Según D. Sperber y D. Wilson (1986, 32), autores de una de las versiones más completas y conocidas de este modelo, "los humanos no se comunican codificando y descodificando pensamientos". Dicho de otro modo (en términos vagamente cognitivos), los procesos psicológicos que se desarrollan en la mente de los que participan en un intercambio comunicativo, cuando producen o interpretan acciones, no consisten en la aplicación de un código mental subyacente que permita la expresión y comprensión de lo que las acciones significan. La operación básica es otra y el proceso es mucho más sutil y complejo. Lo fundamental es la operación de inferencia, que consiste esencialmente en la producción o captación de una información a partir de un conjunto de informaciones antecedentes. Desde el punto de vista cognitivo - no lógico ni lingüístico-, la inferencia es, por una parte, una operación consistente en la manipulación de representaciones mentales, que J. Fodor imagina en términos de un lenguaje mental. Por otra, tiene como resultado el acceso a una información nueva a partir de un conjunto de afirmaciones ya poseídas por aquél que practica la inferencia.

Descrito en una forma macroscópica, que más adelante trataremos de detallar, el modelo consiste básicamente en lo siguiente: 1) un conjunto de premisas que expresan el conocimiento que el agente/receptor pone en juego para la producción/comprensión de la acción verbal, y 2) una conclusión, que enuncia el contenido significativo de la acción verbal realizada; la conclusión ha de representar el significado de la acción verbal, al menos en la acepción de significado comunicativo, que es la que nos interesa.



El proceso postulado en el caso de la producción de una acción verbal o proferencia significativa consta de lo siguiente - descrito también de una forma muy general - : 1) el agente tiene como objetivo transmitir una cierta información a un receptor o auditorio1, 2) para ello pone en juego su conocimiento del conjunto de convenciones o procedimientos que, compartidos por la comunidad comunicativa a que pertenecen tanto él como el receptor, permiten expresar ese significado, 3) utiliza esos procedimientos de forma relativa a una representación de la situación en que va a realizar la acción; esa representación constituye básicamente lo que se conoce como contexto de la acción verbal y, determina, al menos en parte, el significado de la acción llevada a cabo. La forma general que tendría la inferencia llevada a cabo por el agente es pues la siguiente:

i) Si quiero decir (significar, transmitir, hacer saber...) x, entonces, dado C1 he de hacer z

donde x representa al objeto de la intención comunicativa del agente, es decir, lo que anteriormente denominamos el significado del hablante, C el contexto pertinente para la expresión de esa intención y z la acción verbal que constituye el medio apropiado tanto para su expresión como para su comprensión.

Desde el punto de vista de la recepción, el proceso es básicamente el inverso, esto es, consiste esencialmente en la reconstrucción de la intención comunicativa del agente:

(ii) Si A ha hecho z, entonces, dado C1 ha querido decir x

Esto es, para la comprensión del significado de la acción verbal, el auditorio ha de partir igualmente de una representación del contexto, que puede coincidir o no con la del agente, y de su conocimiento de las convenciones sociales y comunicativas que restringen el ámbito de las posibles interpretaciones de z. Utilizando ambos tipos de conocimiento como parte de la información movilizada en sus conjeturas sobre el sentido de la acción de A, puede llegar a una conclusión sobre el objeto de su intención comunicativa, esto es , acerca del significado de al acción verbal.


La naturaleza de la inferencia del significado comunicativo
Una vez establecido este marco general de lo que es la inferencia comunicativa, vamos a caracterizar algunas de sus propiedades más generales, antes de pasar a analizar más detalladamente su funcionamiento.

Generalmente, se concibe la computación del significado como un proceso determinista, esto es, que alcanza un resultado neto como término del proceso de cálculo. Pero quizás sería más útil considerar la computación del significado lingüístico como una especie de computación de una función de probabilidad, de tal modo que el resultado fuera obtenido con un cierto grado de plausibilidad. Algunos "movimientos" en el discurso así lo sugieren, como la petición de precisiones, informaciones adicionales, aclaraciones de sentido, explicitación de relaciones de relevancia, etc. De tal modo que la computación del significado no sería algo instantáneo, en la mayoría de las ocasiones, sino que se operaría por etapas sucesivas. Incluso así, también resultaría ilusorio pensar que el significado constituye una entidad perfectamente definida o fija, y que la comunicación requiere como condición necesaria su completo análisis. Lo que sucede más bien es que, independientemente de que exista algo así como un significado completo y determinado, la comunicación y el discurso pueden progresar alimentándose únicamente de cálculos parciales de la información que se pretende transmitir.



Este carácter progresivo y parcial de la computación del significado quizás explique algunas de sus propiedades computacionales más sobresalientes, como es la de su rapidez. En este sentido, no se diferencia de otras tareas cognitivas, cuya característica más sobresaliente es "cómo puede ser tan fácil en presencia de un número tan amplio de creencias potencialmente relevantes"2 El proceso inferencial ha de disponer en cualquier caso de dispositivos que posibiliten, y expliquen desde el punto de vista cognitivo, esta familiaridad y rapidez con que sucede la comprensión del significado comunicativo. Dicho de otro modo, el mecanismo inferencial ha de ser de tal naturaleza que permita descartar, entre toda la información de que dispone el sujeto, potencialmente utilizable en la inferencia correspondiente, toda la información no relevante para el procesamiento del significado comunicativo.

Existen razones para creer que hay problemas para concebir el proceso en términos de inferencia lógica, esto es, demostrativa. Pero, además, es que nada indica ni nos autoriza a pensar que ésta es la única clase de inferencia en que se basa el proceso de comprensión lingüística. Es posible que tal proceso implique otras formas inferenciales no estríctamente lógicas, como las inductivas o analógicas, con lo que la necesidad de mecanismos que limiten el tamaño del input es, si cabe, aún más perentoria.

Entendiendo por inferencia demostrativa la estrictamente reducible a los sistemas de lógica estándar que conocemos, dos son las fuentes de tales inferencias en las expresiones lingüísticas. En primer lugar, las basadas en la representación lógica de las oraciones. Todas las teorías lingüísticas modernas, y en particular la teoría chomskiana generativa reconocen un nivel de representación lógica, en el que, entre otras cosas, se incluye información acerca del alcance de los cuantificadores, abarque de la ligadura de las variables, etc. Ese nivel de representación es fuente o motor de inferencias de tipo lógico, como la que relaciona las oraciones

(2) si los precios suben, la inflación aumenta

(3) si la inflación no aumenta, los precios no suben

Tales inferencias se fundamentan en el contenido lógico de ciertas expresiones conectoras en las lenguas naturales, como `si...entonces', `y', `no', `todos'. Ese contenido lógico nos permite efectuar inferencias y razonamientos la verdad supuesta de los enunciados tomados como premisas, y seguramente desempeñan algún papel en ciertos contextos de la comunicación lingüística (por ejemplo, en el razonamiento científico).



Sin embargo, parece que su papel en la computación del significado comunicativo es más bien escaso3. Supóngase que alguien significa algo que no coincide con lo que hemos denominado significado oracional o proposicional, sino que más bien se identifica con un cierto significado del hablante. Las relaciones entre los significados de uno y otro tipo son de tal naturaleza que nada obliga a que el significado oracional de la expresión utilizada y su significado del hablante tengan la misma forma lógica. En consecuencia, la inferencia que permite pasar de la forma lógica del significado proposicional a la del significado comunicativo (del hablante, por ejemplo) no es una inferencia lógica, sino basada en mecanismos diferentes. Dicho de otro modo, la computación de la forma lógica de una expresión lingüística no es una condición suficiente para la averiguación de la forma lógica de aquello que significa comunicativamente dicha expresión.

Existe otro tipo de inferencias que comparte ciertas propiedades con las inferencias lógicas. Entre ellas se encuentran las inferencias léxicas, las inferencias basadas en el conocimiento de la estructura conceptual de los términos empleados en expresiones oracionales. Son inferencias que permiten concluir de (4) la oración (5):

(4) El terrorista asesinó a un inocente

(5) El terrorista dio muerte a un inocente

Del significado de una pieza léxica se pueden extraer conclusiones que incluyen información representada en el significado atribuido a esas piezas léxicas en un diccionario. Con los adecuados instrumentos y procedimientos lógicos, tal tipo de inferencias se pueden reducir a las inferencias lógicas y, por tanto, les son aplicables las mismas consideraciones ya expuestas: son de escasa utilidad para averiguar el significado comunicativo en los casos en que éste no coincide con el significado oracional.

En general, se puede observar que la riqueza del mecanismo inferencial demostrativo utilizado por los humanos (o por cualquier otro sistema que compute información) depende de la riqueza de la información representada tanto en el análisis lógico como en el léxico. Lo que es evidente, en cualquier caso, es que los sistemas formales de representación de ese tipo de información aún no son lo suficientemente ricos como para dar cuenta de muchas inferencias que operamos automática o semi-automáticamente. Para poner este punto de relieve, bastan dos ejemplos sencillos. En primer lugar, en cuanto al nivel lógico, no existe, en mi opinión, un tratamiento adecuado de la subordinación completiva. A todos nos parece natural el hecho de que la verdad de (6) se siga de la de (7)

(6) Tenía que despertarme a las ocho

(7) Olvidé que tenía que despertarme a las ocho


y, sin embargo, carecemos de una forma relativamente natural de expresar la forma lógica de (7) de modo que implique la de (6). Este tipo de fenómenos se han agrupado bajo el rótulo de implicaturas convencionales,para indicar que no son idénticas a las implicaciones lógicas, pero que no obstante están asimiladas al sistema de la lengua. De tal modo que resulta preciso representar de una forma u otra la información lógica o léxica que da pie a tales tipos de inferencias.

En segundo lugar, es evidente la necesidad de representar de alguna forma el núcleo convencionalizado de los usos de ciertas expresiones lingüísticas. Por poner un ejemplo: la conjunción `pero' tiene un contenido lógico en español (y en otras lenguas) idéntico al de la expresión `y', pero con unas condiciones de uso diferentes. `Pero' expresa una contraposición entre la información conllevada por dos expresiones lingüísticas entre las que se coloca. Su uso está indicado cuando se da tal contraposición y , de su uso, se puede inferir que, quien la utiliza, establece esa contraposición. El hecho de que entre dos informaciones exista o se conciba una contraposición es extralingüístico, psicológico si se quiere. Pero el hecho de que tal contraposición pueda expresarse mediante la utilización de `pero' es un hecho lingüístico, comunicativo, que exige una representación en uno u otro nivel de la teoría.

De todos modos, volviendo a las consideraciones generales de representación del significado comunicativo, existe una característica general de la forma en que se ha de efectuar esa representación, en la medida en que contribuya a la determinación del significado de manera demostrativa. Me refiero a que, desde la perspectiva inferencialista que mantenemos, la información lógica o léxica no puede tener el carácter estático o codificado de un diccionario estándar. En su representación, la información ha de estar orientada hacia la generación de inferencias convencionalmente sancionadas por el uso de la lengua. Si se quiere traducir esto a una terminología más familiar en IA, la información lógica o léxica ha de representarse en forma procedimental, no declarativa.

He mencionado la opinión de que la inferencia demostrativa desempeña un escaso papel en la computación del significado comunicativo. A la luz de lo dicho habría que matizar esa opinión, pero quizás nos llevaría ello demasiado lejos. Es preferible considerar ahora la naturaleza y la función de la inferencia no demostrativa en la computación del significado.

Según D. Sperber y D. Wilson (1986) el proceso de comprensión inferencial no es demostrativo: esto quiere decir que no existe un procedimiento computatorio determinista en el proceso de comprensión del significado, un conjunto de reglas precisamente definidas y de aplicación unívoca que permita construir una prueba de lo que X significa al proferir p , aunque pueda existir una comprobación a posteriori, esto es, una confirmación de la corrección de la inferencia realizada por el receptor.

¿Qué implicaciones tiene esto para un enfoque cognitivo de la lingüística computatoria? Parece que no resultaría adecuada ninguna modelización tal que impidiera que la comunicación pudiera fallar, en la cual el ordenador se comportara como un interlocutor ideal que, dado un mínimo de competencia comunicativa por parte del usuario, siempre entendiera lo que significara, que siempre fuera capaz de captar las intenciones comunicativas del emisor. La comunicación natural falla de hecho, seguramente por la naturaleza no determinista del proceso comunicativo.

En cualquier caso, la situación, como se puede suponer, es más bien la contraria: la preocupación del teórico es encontrar un modelo que se desempeñe de forma correcta alguna vez, o en un conjunto relevante de situaciones. `Relevante' desde el punto de vista empírico, lo que quiere decir ni más ni menos que tenga una tasa alta de éxitos cuando la conducta comunicativa del usuario es correcta.

Otra característica destacada por Sperber y Wilson es el carácter global de la inferencia comunicativa. En su sentido, `global' quiere decir que la información utilizada como premisa en la inferencia es recuperada de cualquier modelo de la memoria y/o sistema procesador central en el transcurso del proceso de la comprensión. Se opone a la característica de localidad, que tienen los procesos inferenciales basados en información independiente del contexto (activable en cualquier situación?) - inferencias lógica, semántica, lingüística - o contextual, pero acotada (por ejemplo, información co-textual).

Las dos características unidas proporcionan una imagen global acerca de la arquitectura del sistema en su conjunto: "un proceso de inferencia no demostrativa con acceso libre a la memoria conceptual: esto suena en realidad como un proceso cognitivo central normal/.../ Mantenemos que la comprensión inferencial no entraña mecanismos especializados. En particular, argumentaremos que el aspecto inferencial de la comprensión verbal entraña la aplicación de proceso inferenciales centrales no especializados, al resultado (output) de procesos lingüísticos no inferenciales, especializados" (págs. 65-66). Esta tesis se basa en una presunta posibilidad de separar lo que es información estrictamente lingüística, almacenada en un sistema periférico modular, y lo que es información extralingüística, impresa en la memoria de un sistema central. La motivación de Sperber y Wilson es que comparten el modelo Chomsky-Fodor de lo que es la competencia lingüística: un módulo genéticamente controlado que impone estructura en los inputs lingüísticos y es impenetrable a información procedente del sistema central (esto es, lo que los científicos cognitivos denominan el encapsulamiento del sistema). Aunque existen argumentos serios en favor de esta forma de concebir la arquitectura cognitiva del cerebro humano, no es preciso suponer que ésta sea la única forma de realizar la tarea computatoria de la comprensión del significado, ya sea en el cerebro humano o en otro sistema computatorio. En particular, resulta problemática la suposición de la impenetrabilidad a la información central del módulo lingüístico. Los que han argumentado en contra de esta concepción, han indicado casos en que la asignación de estructura (puramente lógica o sintáctica) depende directamente de la posibilidad de recuperar información del sistema central. Esto es aun más cierto a medida que se asciende en el nivel de la representación: mientras que la representación morfosintáctica parece menos influida por información ajena al módulo lingüístico, no parece suceder lo mismo en otros niveles.

En cualquier caso, el problema principal no consiste tanto en de dónde procede la información manejada en el proceso inferencial, como de qué modo se maneja ésta. Si, como parece cierto, la inferencia sobre la intención comunicativa de un hablante no es demostrativa, ¿cuál es el procedimiento utilizado por el auditorio para computarla? El problema reside en que, mientras que disponemos de un buen modelo de la inferencia demostrativa - la lógica - no sucede lo mismo con la inferencia no demostrativa. Tal y como afirman Sperber y Wilson: "aunque se supone que la inferencia no demostrativa se ha de basar en reglas inductivas de alguna clase, no existe ningún sistema bien elaborado de lógica inductiva que nos proporcione un modelo plausible de los procesos cognitivos centrales" (op. cit. pág. 67).




1     Según Sperber y Wilson, es preciso diferenciar entre esta intención puramete informativa y la intencion comunicativa propiamente dicha, que consiste en la intención de hacer comprensible al auditorio la acción. La disitnción es un tanto artificiosa, por lo que la ignoraré.

2     H. Levesque, "Logic and the complexity of reasoning", en R.H. Thomason, ed., Philospohical logic and artificial intelligence, pág. 83, 1989, Kluwer.

3     Dejando de lado el diferente contenido semánticode las expresiones de la lengua natural y las contrapartes lógicas. Piénsese que la mayoría de los sistemas lógicos estándar son incapaces de validar la inferencia siguiente:

(i) Todos mis alumnos han aprobado



(ii) Algunos de mis alumnos han aprobado

La validación de tal inferencia requiere la introducción del supuesto existencial de la expresión `todos'.
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