Siglo XX periodos de historia literaria española



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SIGLO XX


PERIODOS DE HISTORIA LITERARIA ESPAÑOLA

1895-1936

Movimientos, ideas y tendencias del cambio de siglo
Las ideas. El pensamiento "oficial" es a finales del XIX la versión divulgativa del positivismo de Comte, Taine, Darwin, etc.: autosatisfacción por la situación científica y material, fe en un progreso ilimitado, preeminencia del "Orden" social. Evidentemente, los aspectos que pudiera haber en este positivismo, o en la teoría de la evolución de las especies, contrarios a la corrección de las "buenas costumbres", no se reflejan en la "prensa seria" de la burguesía biempensante.

Se intentan aplicar los métodos científicos al hombre y a la sociedad, con resultados a veces nefastos a medio plazo (teorías de las razas humanas, "higiene social"—eugenesis—), etc.) y a veces "chuscos" vistos desde la distancia de un siglo (fisiognomía aplicada a la criminología, teorías pedagógicas "infalibles", p.ej.). A naciones y estados se les aplican nociones de biología: naciones —léase organismos— “viejas” y “enfermas” (Rusia, Imperio Austro-Húngaro, China, España…) frente a naciones “jóvenes” (Japón, Estados Unidos…). Por ello se habla de la regeneración necesaria del cuerpo social, del cirujano que debe gobernar, etc.


La reacción contra la cultura oficial y contra la estrechez de horizontes de la sociedad burguesa finisecular se manifiesta, por ejemplo, en las novelas "de anticipación" (H.G.Wells), en los intentos por revalorizar el cuerpo y lo natural (Coubertain, primeros movimientos de naturistas), en el gusto creciente por lo distinto, lo exótico, lo sobrenatural (teosofía, culturas orientales, grupos esotéricos, espiritistas...).

Se recuperan y difunden las obras de pensadores de la primera mitad del siglo, como Schopenhauer —el yo es la "voluntad de vivir", y, como todo "querer", es continua insatisfacción y sufrimiento; caben dos posturas ante el mundo: la voluntad y el "abandono"—, y Kierkegaard —problemática íntima de la creencia, el hombre se siente a sí mismo como ser angustiado; rechazo de "la muchedumbre"—.

Las versiones vulgarizadas de las ideas de Nietzsche y Freud se difunden con bastante rapidez —duda, e incluso negación, de la posición preponderante de la razón; crítica de la moral, desde sus fundamentos; insuficiencia del lenguaje; exaltación de lo no racional: instintos, cuerpo, subconsciente; ateísmo—.

Paralelamente, a través de los movimientos obreros se difunden las ideas de Marx (socialistas, comunistas), o Kropotkin y Bakunin (anarquistas). La literatura española de esta época (excepto algunos melodramas obreros como Juan José de Dicenta) no refleja los ambientes obreros. Se describen ambientes burgueses, funcionariles, campesinos o del lumpen urbano. La razón quizás hay que buscarla en el hecho de que Madrid no tiene apenas industrias, y la mayoría de los escritores viven allí.

En los primeros años del siglo XX, la filosofía analítica (Russell, Witgenstein) constituye otro ataque, desde otro ángulo, a la capacidad descriptiva y expresiva del lenguaje y de la filosofía.
Los intelectuales. El aumento del número de periódicos y de lectores, la a veces difícil situación de la clase media, y la inconformidad con esquemas culturales y sociales que a finales de siglo ya no responden a sus demandas, hace que algunos científicos y artistas adopten el papel de intelectuales. Es decir, que se sientan obligados a expresarse públicamente acerca de asuntos de justicia social, desarrollo del país, orientaciones de la política, etc.

Es el caso de E. Zola en Francia que irrumpe en el affaire Dreyfus con su “J’accuse” (L’Aurore, 1898). En España, los escritores del 98, algunos científicos, como Cajal, y sobre todo, posteriormente, Ortega y Gasset, desempeñarán esta función.


La posición del artista en la sociedad ya había experimentado un cambio con los románticos. En el último tercio del siglo XIX va a aparecer la figura del artista "bohemio", asocial, que rechaza las normas de la sociedad y se dedica al arte "por el arte".

En España, según los contemporáneos, había más "golfemios" que "bohemios". Uno de los más señalados, y que aparece aludido en Luces de bohemia y en El árbol de la ciencia, es Alejandro Sawa.

Poco a poco el arte va liberándose de las "trabas" impuestas por las reglas académicas, pero también de las generadas por su público. Nacen las vanguardias (futurismo, cubismo, dadaísmo…). Ya no se pretende docere (ya no lo pretendían los románticos), ni movere, ni delectare. La obra ya no pretenderá enseñar, ni tampoco conmover ni agradar a un público burgués al que el artista desprecia. En todo caso, se busca "épater le bourgeois". Por este camino se llegará hasta la negación del propio contenido de la obra (arte abstracto, dadaísmo). En general, se huye de lo melodramático, de lo académico, de lo sentimental, de lo imitativo.
Periodos de historia literaria:

a) CRISIS DE FIN DE SIGLO (1895-1910)1

Las características sociales y políticas de la Restauración hacen que en el seno de la clase pequeñoburguesa se produzca, en este período la aparición de un grupo de escritores que intentarán, de una u otra forma, la innovación de la vida literaria y social: oposición al positivismo y al realismo y el naturalismo artísticos, a los valores burgueses decimonónicos, búsqueda de estilos personales, búsqueda de la esencia de lo español, soluciones al “problema de España”, interés por el paisaje castellano.

Tradicionalmente se ha dividido a estos autores en dos movi­mientos: Generación del 98 (prosistas, preocupados por los proble­mas de España, austeridad) y Modernismo (renovación formal, exotismo, influencias francesas, valores musicales). Hay que encuandrarlos dentro de los movimientos simbolistas (de Baudelaire a Mallarmé, pasando por Verlaine y Rimbaud), parnasianistas (Leconte de Lisle, Heredia) o decadentistas, que son similares a los de los países europeos y americanos y coinciden parcialmente con las caracte­rísticas del Modernismo. Las tomas de posición política, filosófica o social de los “noventayochistas” pueden relacionarse con movimientos análogos europeos aun guardando su originalidad.

Con los autores del 98, por primera vez, los escritores toman conciencia de su responsabilidad ante la sociedad y la política, a través de manifiestos, prensa, obras, etc. Aparece, pues, en España, la figura del intelectual.



Generación del 98:

Prosistas: Unamuno, Pío Baroja, Ramiro de Maeztu y José Martínez Ruiz, “Azorín”

Poetas: Antonio Machado

Modernistas:

Poetas: Rubén Darío (nicaragüense, introductor de la corriente), Eduardo Marquina, Francisco Villaespesa y Manuel Machado.

Dramaturgos: Ramón María del Valle Inclán (modernista y vanguardista, creador del esperpento y también poeta y novelista), Marquina, Villaespesa, Jacinto Benavente (alta comedia) y Carlos Arniches (costumbrista, sainetes, tragedia grotesca).
b) SUPERACIÓN DE LA CRISIS (1910-23)

A esta época corresponde el llamado Novecentismo, segunda generación del siglo XX: disponen de una serie de Instituciones (prensa, Centro de Estudios Históricos…) desde las que ejercer su labor de intelectuales buscando la reforma del país, que ahora ya es posible. Pertenecen a clases burguesas medias-altas. Se carac­terizan por su rigor intelectual y critico, su apertura al exterior, y por estar presididos por grandes figuras: José Ortega y Gasset para los intelectuales, Ramón Menéndez Pidal y Gregorio Marañón para los científicos humanistas, Juan Ramón Jiménez para los poetas.



Narradores: Ramón Pérez de Ayala, Gabriel Miró, Ramón Gómez de la Serna, Eugenio D’Ors, Manuel Azaña

Prosa erudita: José Ortega, Menéndez Pidal, Américo Castro, Claudio Sánchez Albornoz y Gregorio Marañón.

Poetas: Juan Ramón Jiménez (comienzos modernistas; desde 1917, con su Diario de un poeta reciencasado, ejerce el magisterio sobre los poetas jóvenes españoles). León Felipe.

Dramaturgos: Jacinto Grau.

Entran en España las vanguardias, muchas de ellas de la mano de Ramón Gómez de la Serna. Se trata de movimientos artísticos “revolucionarios” de corta duración, que se agrupan en torno a revistas propias que acogen también a algunos de los jóvenes poetas de la siguiente generación. Las principales internacionalmente son el futurismo (Marinetti), el cubismo (Apollinaire), el dadaísmo (Tristan Tzara) y el surrealismo (André Bréton). Los movimientos más importantes en España son ultraísmo, creacionismo y surrealismo.


c) VANGUARDISMO Y LITERATURA NACIONAL (1923-31)2

Sobre las bases creadas por los movimientos anteriores, los nuevos autores van a desarrollar en todos los terrenos una obra que hace que a esta época se la conozca como la Edad de Plata de la lite­ratura española. Los del 98 siguen publicando, y algunos (Unamuno, Valle, Antonio Machado) siguen plenamente vigentes; la generación anterior (Generación de 1914) está en su madurez, y aparecen jóvenes autores que comienzan a asombrar por la calidad de sus obras primeras.

En pintura, tras las figuras de Picasso o Juan Gris, surgen ahora las de Salvador Dalí o Joan Miró. En escultura se descubren los valores de Victorio Macho y de Pablo Gargallo. En música Albéniz, Turina, Manuel de Falla son ya valores reconocidos. Comienzan Joaquín Rodrigo y Ernesto Halffter.

La “Generación de 1927” podría llamarse igualmente “del 25” o incluso “de la República”. Lo cierto es que muchos de estos artistas y de los poetas y prosistas que citaremos a continuación se encuentran reunidos y unidos generalmente por actividades comunes o amistad entre 1924 y 1928.



Prosistas: Benjamín Jarnés, César Arconada, Joaquín Arderius, Raúl J. Sender, Max Aub, Benjamín Jarnés, Rosa Chacel. En Filosofía destacan Xavier Zubiri y María Zambrano.

Poetas: “Popularistas”: F. García Lorca y R. Alberti. “Del sentimiento”: Luis Cernuda y Vicente Aleixandre. “Poetas puros”: Jorge Guillén y Pedro Salinas. “Jóvenes”: Dámaso Alonso, Manuel Altolaguirre, Emilio Prados. Larrea y Guillermo de Torre siguen trayectorias algo particulares. Miguel Hernández es más joven aún pero se puede incluir aquí por su temprana muerte.

Dramaturgos: F. García Lorca, Alejandro Casona

En todos estos autores se aúnan dos aspectos, por primera vez: asimilación de las técnicas vanguardistas, de la modernidad literaria, y al mismo tiempo entronque con la poesía popular tradicional y con la literatura clásica española.

Cronológicamente se encuadran en esta generación los poetas Vicente Huidobro y Pablo Neruda (chilenos), César Vallejo (peruano) y los poetas y prosistas Jorge Luis Borges (argentino) y Octavio Paz (mexicano).
d) PERIODO REPUBLICANO (1931-36)

En el mundo de los intelectuales, sobre todo de los jóvenes, se produce el mismo proceso que en toda la sociedad española: la división por las ideas políticas y la radicalización progresiva de éstas. Al mismo tiempo los gobiernos de la República gozan del respaldo de muchos intelectuales, algunos de los cuales participan en la realización de proyectos culturales (Misiones Pedagógicas: Teatro de la Barraca, Teatro Popular…).

Consecuencias: literatura “humanizada”(se abandonan las vanguardias, excepto las técnicas surrealistas), que luego será política y de guerra, ruptura de los lazos afectivos de intelectuales, artistas y escritores; muerte (Unamuno, Valle, Machado, Lorca, M. Hernández, P. Muñoz Seca…), exilio (J. R. Jiménez, A. Castro, Marañón, Picasso, Sender, Arconada, Arderius, Jarnés, J. R. Jiménez, Gómez de la Serna, Alberti, Guillén, Salinas, Cernuda, Altolaguirre, Prados, Casona…) y prohibición o “exilio interior” (Diego, Aleixandre…) tras la Guerra Civil. Y como consecuencia de lo anterior, ruptura en el proceso literario que había llevado a las letras españolas hasta este punto.

Las generaciones de posguerra se encontrarán casi huérfanas de magisterio intelectual.



1 En literatura en otras lenguas, en el periodo que va de la Belle Époque a la Grande Guerre podemos citar:

En Escandinavia a lo dramaturgos Ibsen y Strindberg; en Rusia, Chéjov y Gorki; en Italia los poetas D’Annunzio e Italo Svevo; en Grecia al poeta K. Kavafis. En lengua inglesa los narradores H. James, J. Conrad, O. Wilde y R. Kipling; el poeta W. B. Yeats y el dramaturgo G. B. Shaw. En alemán los narradores T. Mann, o H. Hesse y el poeta R. M. Rilke.

En Francia destacan los narradores A. France, A. Gide o M. Proust y el poeta P. Valéry.


2 En literatura en otras lenguas, en el periodo de entreguerras destacan:

En francés, los poetas G. Apollinaire, M. Jacob, B. Cendrars, T. Tzara, A. Bréton, J. Cocteau, R. Char, L. Aragon, St John Perse, P. Éluard, J. Prévert o L. S. Senghor. En narrativa, Maurois, Mauriac, Bernanos, Céline o Queneau. En teatro, Giraudoux.

En inglés los poetas E. Pound, T. S. Eliot y W. H. Auden; los narradores J. Joyce, V. Wolf, D. H. Lawrence, Scott Fitzgerald, Hemingway, Dos Passos y Faulkner.

En alemán escriben F. Kafka, Döblin y Musil (narradores) y B. Brecht (dramaturgo). En italiano el poeta Marinetti y los narradores Moravia y Montale. En ruso el poeta Maiakovski.










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