Sábado 1 de noviembre de 2008 Todos los Santos



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«LEPROSO» DISCIPULO QUE SIGUE CREYENDO

EN LA VALIDEZ DE LA LEY

Todos esos trazos que hemos aducido sólo tienen una expli­cación plausible: los 'diez leprosos' que, a pesar de comulgar con la mentalidad de la 'aldea', son considerados 'impuros', representan el grupo de los discípulos de Jesús. Estos, por más que le hayan prestado su adhesión personal, siguen creyendo en la validez de la Ley de lo puro e impuro y, en el fondo, en las prerrogativas de Israel, apoyadas por la Ley, a manera de Cons­titución de un pueblo teocrático. El hecho de sentirse 'leprosos' hace que puedan convivir juntos en la marginación judíos y samaritanos. Tienen una Ley común (el Pentateuco), si bien no la observan al pie de la letra, a diferencia de los judíos ortodoxos. La mayoría («nueve») seguirá aferrada a la mentalidad naciona­lista de Israel; pero una pequeña parte («uno», «samaritano», «extranjero») se ha distanciado definitivamente de ella y ha com­prendido cuál era el alcance de su compromiso con Jesús al saltarse olímpicamente la Ley a la que hasta ahora se sentía obligado, pero que, al no poder observarla, lo declaraba impuro, «leproso».

Los discípulos israelitas han quedado puros por el mero hecho de haberse reintegrado a la institución, convencidos de que Jesús compartía aún los principios constitutivos de Israel (lo han visto entrar en la 'aldea' y les ha ordenado 'presentarse a los sacerdotes') Como quiera que suspiraban por ser recono­cidos, lo han interpretado como mejor les convenía. Jesús preten­día que se liberasen ellos mismos de las ataduras que los retenían, como 'leprosos', dentro de la 'aldea'; que no viviesen divididos, dándole la adhesión a él y compartiendo al mismo tiempo la mentalidad de la institución que él iba a denunciar. Pero en vano. No pudieron seguir en el camino que lo conducía al fracaso en Jerusalén y se quedaron atrapados en la aldea. Ahora bien: los judíos ortodoxos les pasaron factura y los marginaron. Mo­mentáneamente han quedado limpios, pero volverán a las anda­das. Hasta que no se den cuenta, como el samaritano, de que la única forma de evitar toda clase de 'lepra' es dejar de creer en la Ley que divide el mundo en sagrado y profano, puro e impuro, buenos y malos, observantes y pecadores, no se zafarán de la poderosa y omnipresente influencia de la institución judía.


EL «LEPROSO» SE HA CURADO EL SOLO

La última frase de la pequeña secuencia no hace sino re­machar el clavo. Esta secuencia tiene dos partes: en la primera (vv. 12- 14a) son presentados los diez leprosos como un conjunto; en la segunda (vv. 14b- 19) se centra la atención en el de origen samaritano. Este representa, dentro del grupo de discípulos, la fracción de creyentes que, por su pasado, no ha comulgado nunca del todo con la institución y que, por tanto, a pesar de las presiones ambientales, conseguirá distanciarse de ella: «Le­vántate, vete; tu fe te ha salvado» (17,19). Estaba postrado en la 'aldea', por haber creído por unos momentos en la validez de la Ley: Jesús lo invita a levantarse; permanecía allí inmovilizado, incapaz de seguir a Jesús hacia Jerusalén: Jesús lo invita a salir, a hacer también él su éxodo personal; estaba enfermo, con el corazón dividido por su doble adhesión, a Jesús y a su pasado nacional: su adhesión total a Jesús lo ha salvado ahora definiti­vamente.

II
Jesús había esperado que volvieran todos los ex-leprosos y dieran gloria a Dios por él. Porque por él vienen las gracias de Dios, por él se da gloria a Dios. Sin embargo, sólo el extranjero regresa; el samaritano, que como extranjero no cuenta entre los hijos de Israel, no osa formular exigencias a Dios. Lo que recibe lo toma como presente de la gracia, y da gracias. Los judíos no dan gracias, porque consideran como debidos los dones de Dios. Reciben del enviado de Dios lo que, según ellos les corresponde. Les falta la actitud fundamental necesaria para recibir la salvación. En el extranjero se hallan actitudes que facilitan el acceso a ella: gratitud, alabanza, confesión de la propia pobreza delante de Dios. El camino de la salvación está abierto a todos, incluso a los extranjeros, a los pecadores, a los gentiles. Lo que salva es la fe, la decisión y entrega a la Palabra de Jesús y a la acción salvífica de Dios a través de El.

El sanado que vuelve a Jesús es un samaritano. Como aquel samaritano compasivo estaba en el camino del Evangelio y del reino de Dios con sus buenos servicios llenos de compasión, así también lo está este samaritano por medio de su gratitud. La sencillez y los nobles sentimientos humanos son un camino hacía la salvación si van unidos a la fe en la Palabra de Jesús, en la que se encierran la ley y los profetas.

Jueves 13 de noviembre de 2008

Diego de Sevilla – Estanislao – Leandro


EVANGELIO

Lucas 17, 20-25


20A los fariseos, que le preguntaban cuándo iba a llegar el reinado de Dios, les contestó:

-La llegada del reinado de Dios no está sujeta a cál­culos, 21ni podrán decir: "Míralo aquí o allí"; porque el reinado de Dios está a vuestro alcance.

22Y a sus discípulos les dijo:

-Llegará un tiempo en que desearéis ver el primero de los días del Hombre y no lo veréis. 23Entonces os dirán:

"Míralo aquí, míralo allí"; no vayáis ni corráis detrás; 24porque, igual que el fulgor del relámpago brilla de un extremo al otro del horizonte, así ocurrirá con el Hombre. 25Pero antes tiene que padecer mucho y ser rechazado por esta generación.

COMENTARIOS


I
EL REINADO DE DIOS ESTA A VUESTRO ALCANCE

Esta breve secuencia gira toda ella en torno a la pregunta formulada por los fariseos sobre el momento de la llegada del reinado de Dios (17,20a). La presencia de los fariseos dentro de la 'aldea', símbolo de cerrazón, donde entró Jesús en la secuencia anterior (v. 12), no había sido detectada hasta aho­ra. Tampoco la de los discípulos, que aparecerán a continuación (v. 22). Allí se hablaba simplemente de «leprosos», de margina­dos por la institución religiosa de Israel. Ya hemos visto que estos «leprosos» eran precisamente los discípulos. Por eso nunca se dice de ellos que «entraran en la «"aldea"», puesto que siempre han estado allí, si bien como unos perfectos marginados. Al mencionar, ahora, a los fariseos, nos enteramos de quiénes son los causantes de la marginación. «Los que se tienen por justos», una especie de definición descriptiva del grupo fariseo, están profundamente preocupados por el momento de la llegada del reino. Ellos pretendían que éste no llegaría mientras no se obser­vase la Ley en sus mínimas prescripciones por parte de todo el pueblo. Hacían ostentación de ello delante de todo el mundo, y por este motivo eran muy bien considerados. Pero Jesús, por lo que se ve, no hablaba nunca de este «momento». Ahora pretenden que se defina.

Jesús no cree en una venida súbita, desde fuera: «La llegada del reinado de Dios no está sujeta a cálculos, ni podrán decir: "Míralo, está aquí", o: "Está allí"; porque, mirad, el reinado de Dios está a vuestro alcance» (17,20b-21). Por culpa de una mala traducción, «el reino de Dios está dentro de vosotros», se diluye la respuesta de Jesús. ¿Cómo puede decir a los fariseos que tienen el reino de Dios dentro de ellos? Los zelotas, fanáticos nacionalistas, querían provocar su llegada mediante la violencia; los fariseos, por medio de la observancia. Jesús no acepta ni una ni otra solución. Está al alcance de todos, les dice: depende de la colaboración del hombre. Ya está presente, pero sólo en aque­llos que han optado por los valores del reino y han enfocado su vida en función de estos valores.
LAS FALSAS EXPECTATIVAS DE LOS DISCÍPULOS,

COMO LAS DE LOS FARISEOS

No basta haber hecho una opción radical por Jesús, de una vez por todas. Es necesario renunciar poco a poco a los falsos valores que nos atenazan y que continúan vigentes, no obstante la opción. Es lo que les sucedió a los discípulos. Pensaban que Jesús se movía también dentro de los parámetros judíos. Por eso Jesús, al ampliar ahora la respuesta a sus discípulos, viene a decirles lo mismo que había dicho a los fariseos: «Llegarán días en que desearéis ver aunque sea el primero de los días del Hom­bre (es decir, el día de su parusía), y no lo veréis. Y os dirán: "Míralo, es allí", o: "Míralo, es aquí ; no vayáis, no corráis detrás» (17,22-23). El reinado de Dios no se implantará de ma­nera triunfalista ni se podrá localizar en un lugar determinado, en el desierto o en determinado pueblo o nación. Lo mismo que ha dicho a los fariseos. Observad la perfecta inversión en forma de cruz: «aquí / allí // allí / aquí». Todos los que viven en esta «aldea» participan de la misma mentalidad, aunque unos sean los marginados y otros los que marginan. Jesús quiere desvincular a sus discípulos de la mentalidad hipócrita de los fariseos.
DEL LENGUAJE ASTROLOGICO AL METEOROLOGICO

Los cálculos astronómicos sobre el gran Día del Mesías esta­ban al orden del día. Todo el mundo hacía sus apuestas. Se tenían que verificar escrupulosamente. Jesús, en cambio, se sirve de la observación de los fenómenos atmosféricos: «Porque, igual que el relámpago relampagueando resplandece de un extremo al otro del cielo, así será también el Hombre en su día» (17,24). Cuando se manifieste, será evidente a todos. Sin embargo, pun­tualiza: «Pero antes tiene que padecer mucho y ser rechazado por esta generación» (17,25). El designio divino, sobrentendido en el impersonal «tiene que/es inevitable», no determina la his­toria, sino que padece sus consecuencias. El Mesías ha de ser rechazado precisamente por aquellos que esperan la manifesta­ción religiosa para su provecho. Antes de su venida manifiesta, ha de ser rechazado por los dirigentes judíos.

II
Jesús camina hacia Jerusalén. Cuando llegue al término de su camino, ¿establecerá poderosamente el reino de Dios y se revelará en gloria como el Hijo del Hombre? Así habían creído los discípulos. Cuando ya estaba cerca de Jerusalén, pensaban ellos que el reino de Dios iba a manifestarse inmediatamente. Es designio y voluntad de Dios que Jesús llegue a la gloria pasando por la reprobación y la muerte. Tiene que sufrir mucho de parte de sus contemporáneos y ser condenado en juicio. El Hijo del Hombre experimentará la suerte del “siervo de Dios”, que fue despreciado y abandonado por los hombres, varón de dolores y familiarizado con la enfermedad, como uno ante quien hay que cubrirse el rostro (Is 52,13—53,12). En el camino de Jesús se diseña también el camino de sus discípulos, el camino de la Iglesia. Esta experimenta el sufrimiento y la tribulación necesarios por designio divino, antes de alcanzar su gloria.

La Palabra de Jesús habla sólo de la presencia del reino de Dios en medio de sus contemporáneos, pero no de que él mismo lo trae, de que está presente en él. Jesús desempeña la función de profeta de la salvación de los últimos tiempos, de pregonero de la misma, que conoce el misterio del reino de Dios. Sin embargo, él es más que esto. Él expulsa los demonios con el dedo de Dios. Dios le ha dado su poder; por él reina Dios. Los fariseos debían de quedarse pensativos al oír las palabras de Jesús

Viernes 14 de noviembre de 2008

Humberto – Eugenio de Toledo


EVANGELIO

Lucas 17, 26-37


26Lo que pasó en los días de Noé pasará también en los del Hombre: 27comían, bebían y se casaban ellos y ellas, hasta el día en que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos. 28Lo mismo sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban y construían; 29pero el día que Lot salió de So­doma llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos. 30Así sucederá el día que el Hombre se manifieste.

31Aquel día, quien esté en la azotea y tenga sus cosas en la casa, que no baje por ellas; y quien esté en el campo, lo mismo, que no se vuelva para atrás. 32Acordaos de la mujer de Lot. 33El que trate de poner su vida al seguro, la perderá; en cambio, el que la pierda la conservará. 34Esto os digo: Aquella noche estarán dos en una cama; a uno se lo llevarán y al otro lo dejaran; 35estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán.

37Entonces le preguntaron:

-¿Dónde será, Señor?

Él les contesto:

-Allí donde esté el cuerpo, se reunirán los buitres.

COMENTARIOS


I
LA MANIFESTACION DEL HOMBRE SERA UN DESASTRE

PARA LOS «PASOTAS»

Mediante dos comparaciones, los discípulos son invitados a la vigilancia: a los vividores, a los que solamente viven al día y pasan de todo, a los que pueden llegar a creer que el hecho de rechazar a Jesús no tendrá consecuencias, les sucederá como a los contemporáneos de Noé y de Lot: «Y de la misma manera que sucedió en los días de Noé, así sucederá también en los días del Hombre: comían, bebían y se casaban ellos y ellas hasta el día en que Noé entró en el arca: entonces llegó el diluvio y los exterminó a todos. Igualmente, de la misma manera que sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, sembra­ban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y los exterminó a todos: esto mismo sucederá el día que el Hombre se manifieste» (17,26-30). La situación se convertirá en catastrófica para todos los que no han hecho la opción por este Mesías rechazado y humillado.

La llegada del Hombre será tan imprevista como el fulgor del relámpago: nadie podrá preverla. Como en tiempos de Noé y de Lot, los cálculos y las cábalas de los fariseos son completa­mente inútiles; los que se pasan a la clandestinidad, con el fin de organizar un levantamiento en el desierto, son unos farsantes. Jesús invita a no hacer caso de nadie. Sólo la vigilancia tiene sentido.


PERSEVERANCIA EN LA OPCION POR JESUS

EN EL MOMENTO DEL DESASTRE FINAL

Lucas compara la situación descrita hasta ahora con el desas­tre de Jerusalén durante los sucesos de los años 66-70 y con la condición en que quedó la mujer de Lot (Gn 19,26). El aferra­miento a las cosas terrenales, a los valores del pasado, conducirá al desastre. La caída de Jerusalén fue la consecuencia histórica de haber rechazado al Mesías; el desastre final, la de haber rechazado a Jesús y los valores que él encarnaba (vv. 31-33). Compartir un mismo reposo o un mismo trabajo no asegura la misma suerte a los hombres. El fin de los que serán abandonados a su suerte es la de los cadáveres después del asedio (17,34-37).

II
La pregunta por el “cuándo” abre el discurso sobre el tiempo final; la pregunta por el “dónde”, lo cierra. Preguntas curiosas, superficiales, que distraen de lo esencial: el reino de Dios está presente; viene el Hijo del Hombre; la promesa está ya cumplida, pero todavía no en forma acabada. ¿Qué se desprende de esto? Los cadáveres atraen a los buitres. Esto lo saben todos. Como los buitres son atraídos por los cadáveres, así será atraído por los hombres pecadores el juicio que condena. Lo importante no es la pregunta por el lugar del juicio, sino la cuestión de la liberación del pecado, de la conversión. Cuando Jesús anuncia el tiempo final, exhorta a la conversión y a la penitencia. Proclama el reino del Dios de la misericordia, a fin de que la venida del Hijo del Hombre no redunde en perdición.

Jesús nos invita a dejarlo todo. La actitud de la mujer de Lot, que vuelve la vista hacia atrás, deja entrever la actitud de posesión. Jesús nos invita al desprendimiento. Sodoma y los habitantes de tiempos de Noé perecieron por su indiferencia y apego a lo material, olvidándose de Dios y de los demás. El juicio del Hijo del Hombre comienza por revisar nuestra actitud ante lo material, proyectos, ideas y cómo pensamos que por nuestra voluntad podemos lograr lo que queremos.

Sábado 15 de noviembre de 2008

Alberto Magno - Leopoldo
EVANGELIO

Lucas 18, 1-8


18 1Para explicarles que tenían que orar siempre y no de­sanimarse, les propuso esta parábola:

2-En una ciudad había un juez que ni temía a Dios ni respetaba a hombre. 3En la misma ciudad había una viuda que iba a decirle: "Hazme justicia frente a mi adversario". 4Por bastante tiempo no quiso, pero después pensó: "Yo no temo a Dios ni respeto a hombre, 5pero esa viuda me está amargando la vida; le voy a hacer justicia, para que no venga continuamente a darme esta paliza".

6Y el Señor añadió:

-Fijaos en lo que dice el juez injusto; 7pues Dios ¿no reivindicará a sus elegidos, si ellos le gritan día y noche, o les dará largas? 8Os digo que los reivindicará sin tardar. Pero cuando llegue el Hombre, ¿qué?, ¿va a encontrar esa fe en la tierra?

COMENTARIOS


I
DIOS ESCUCHA EL GRITO DE LOS OPRIMIDOS

En este pasaje, Lucas trata nuevamente del tema de la oración, subrayando la insistencia en ella a base de la analogía del juez y la viuda. Esta es figura del estamento más desamparado, describe la situa­ción límite del pueblo que exige justicia a sus dirigentes, a pesar de que éstos, representados por el juez injusto, se la hayan negado sistemáticamente. No obstante, el pueblo no ceja en la petición, referida en esta ocasión a la justicia/reivindicación, en conexión con la llegada del reinado de Dios. La insistencia vence la resis­tencia del juez injusto.

Jesús se sirve de esta analogía para invitar a los discípulos a afrontar la situación presente. Si la oración insistente de la viuda ha acorralado al juez y lo ha obligado a dictar una sentencia justa, con cuanta más razón «Dios ¿no hará justicia a sus elegidos si ellos le gritan día y noche?» (18,7). «Los elegidos» son el Israel mesiánico; hoy día, la comunidad cristiana. «Gritar día y noche» es el grito de los oprimidos por el sistema injusto, que claman por un cambio radical de las estructuras. La oración hace tomar conciencia de las propias posibilidades y de la acción liberadora de Dios en la historia. Si bien las circunstancias históricas han cambiado, la injusticia sigue estando presente en nuestra socie­dad. El cambio social es posible..., siempre que contemos con la acción del Espíritu Santo (cf. 11,13). Jesús duda de que los suyos, los Doce, sientan este deseo de justicia (18,7b). La «llegada del Hombre» (18,8) constituía para Jesús el momento de la reivindicación, la destrucción de Jerusalén (cf. 17,30). Los Doce no tendrán «esta fe», puesto que no han roto todavía radicalmen­te con la institución judía. ¿La tenemos nosotros hoy? ¿Hemos hecho esta ruptura radical con los falsos valores de la sociedad injusta, que malgasta todo en armamentos y dilapida los bienes de la creación?

II
La Iglesia oprimida puede esperar con toda seguridad que su oración será escuchada. Ella es, en efecto, la comunidad de los elegidos de Dios. Acerca de ellos ha demostrado ya Dios su misericordia, pues precisamente eligió a los que menos títulos podían invocar al efecto. En ellos ama la imagen de su Hijo, El Elegido, el Ungido de Dios. Aunque la oración de los elegidos no sea escuchada inmediatamente y ellos tengan que perseverar soportando la opresión y el sufrimiento, pueden cobrar nuevos ánimos pensando en la suerte del Elegido, del Hijo y Ungido de Dios. Jesús no recibe sin la cruz el título de Elegido. Es manifestado como Elegido cuando en la Transfiguración se proclama su camino de la gloria a través de la cruz; con éste título es indicado Cristo en la cruz, porque a los judíos les parece imposible que el Elegido sea un crucificado. Jesús es el Elegido porque por la salvación va a la gloria. El camino del Elegido deben seguirlo también los elegidos.

La oración perseverante de los elegidos oprimidos no deja de ser escuchada. Dios les hace justicia prontamente, sin dilación. No se demora en prestar ayuda a sus elegidos. Llega la acción salvadora de Dios, la cual consiste en la nueva presencia de Jesús.

Domingo 16 de noviembre de 2008

33º Ordinario

Margarita de Escocia - Gertrudis


TRIGESIMO TERCER DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO

Primera lectura: Proverbios 31, 10-13. 19-20. 29-31

Salmo responsorial: 127, 1-5

Segunda lectura: 1 Tes 5, 1-6


EVANGELIO

Mateo 25, 14-30


14Es como un hombre que, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: 15a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, según sus capacidades; luego se marchó.

16E1 que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco; 17e1 que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos; 18en cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.

19A1 cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a saldar cuentas con ellos. 20Se acercó al que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo:

-Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco..

21Su señor le respondió:

-¡Muy bien, empleado bueno y fiel! Has sido fiel en lo poco, te pondré al frente de mucho; pasa a la fiesta de tu señor.

22Se acercó luego el que había recibido dos talentos, y dijo:

-Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos.

23Su señor le respondió:

-¡Muy bien, empleado bueno y fiel! Has sido fiel en lo poco, te pondré al frente de mucho; pasa a la fiesta de tu señor.

24Finalmente se acercó al que había recibido un talento y dijo:

-Señor, supe que eres hombre duro, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces; 25me asusté y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo.

26El señor le replicó:

-¡Empleado malvado y holgazán! ¿Sabías qué siego donde no siembro y recojo donde no esparzo?. 27Pues en­tonces debías haber puesto mi dinero en el banco, para que al volver yo pudiera recobrar lo mío con los intereses.

28Quitadle el talento de plata y dádselo al que tiene diez; 29porque al que produce se le dará hasta que le so­bre, mientras al que no produce se le quitará hasta lo que había recibido. 30Y a ese empleado inútil, echadlo fuera, a las tinieblas: allá será el llanto y el rechinar de dientes.

COMENTARIOS


I

TALENTOS PARA LA PAZ



Pandora fue la primera mujer. Cuenta la mitología griega que Zeus, tras haber sido engañado por Prometeo, decidió vengarse de la raza humana. Para ello trazó un maquiavélico plan: "Encargó a su hijo Hefesto que modelara con barro una bella figura de mujer. Atenea la vistió, las tres Gracias la engalanaron de joyas, las Horas la cubrieron de flores, Afrodita le dio su belleza. Por último, Hermes le confirió la maldad y la falta de inteligencia. Realizada la obra, Zeus animó la figura y la envió como regalo a Prometeo". Negativa imagen de la mujer transmitida por la mitología griega.
Se asemeja nuestro mundo -es mi impresión- a esta mujer. Los humanos lo tenemos todo, pero parece que, al igual que Pandora, andamos sobrados de maldad y faltos de talento y sensatez.
El mundo que, por etimología, significa limpio, se ha vuelto turbio. La fraterna humanidad, salida de manos de Dios, está dividida en bloques antagónicos; pacificadora de vocación, se ha armado hasta los dientes: su arsenal de guerra es ya suficiente para autodestruirse por dos o tres veces; los presupuestos militares, con planes de defensa y ataque a posibles enemigos reales, desbordan con creces las inversiones en paz y desarrollo; los magnates del poder político hablan de guerra nuclear limitada; la refinada y sádica bomba de neutrones amenaza con acabar con la vida, respetando -¡qué horror!- lo inanimado e inerme. En un instante, la historia de siglos, la virtud de la humanidad nacida de sudores, sus esfuerzos y conquistas pueden llegar a su término. Parece como si, de pronto, todos nos hubiéramos vuelto locos, llegando al extremo de elogiar la locura como ideal humano de vida.


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