Robert charroux



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CAPÍTULO IX



EL GENERADOR DE AZARES


Numerosas veces hemos dado nuestro punto de vista sobre la inteligencia de los animales, de las plantas, del mineral y de los «universos» que pueblan el infinito.

Todo tiene una inteligencia, desde el grano de arena hasta el cerebro de un ingeniero, porque todo es vida y la vida es inteligencia.

El Universo es un gran organismo del cual todas las parcelas son las células interdependientes.

Entonces, como en el cuerpo humano, como en el mecanismo de fagocitosis de los glóbulos enfermos, como en la teoría de los cuantos de Planck, ¡se producen unas señales, unos mensajes, unos efectos, unas incomprensiones a los que los sabios, de grado o por fuerza, han de acomodarse!

El efecto Girard es extraordinario.

¡Más fantástico es todavía el efecto generador aleatorio!


EL GENERADOR ALEATORIO Y EL GATO


Un generador aleatorio es un dispositivo que emite unas señales aleatorias (emitidas según las leyes del azar) a partir de un componente electrónico «ruidoso», el cual es generalmente de diodo Zener o de transistor montado en diodo.

De hecho, nuestra mano, cuando lanzamos al aire una moneda, es un generador aleatorio que nos dará unas veces cara y otras veces cruz, o bien diez veces cruz y siete veces cara, etc.

Pero si lanzamos un millón o millones de veces la moneda, tendríamos como resultado tantas veces caras como cruces o, por lo menos, una diferencia muy pequeña.

Un generador electrónico jugando sobre unos millones de frecuencias y de posibilidades (hasta 40.000 vibraciones por segundo) permite prácticamente obtener tantas caras como cruces, lo cual confirma el cálculo de las probabilidades.

Ahora que hemos, mal que bien, explicado el aparato, vamos a hacerlo funcionar.

Alternativamente, el generador de azar va a enviar una impulsión a la derecha y una impulsión a la izquierda y dar una luz calentadora a dos lámparas de infrarrojos.

Unas veces a una, otras veces a la otra. Supongamos: 10' veces a la derecha, 10 veces a la izquierda, 10-10 y siempre 10-10.

Coloquemos un frigorífico delante de la lámpara de la izquierda.

El generador dará siempre 10-10, 10 veces de un lado, 10 veces del otro. Coloquemos un gato dentro del frigorífico.

Situación poco confortable para este friolento amigo del hombre, pero entonces se produce un fenómeno extraño, inexplicable: en lugar de 10-10, el generador va a dar 11 impulsiones a la izquierda y 10 a la derecha: 11-10, 11-10, 11-10...

Es decir, once veces para el gato y diez veces al otro lado.

Quitemos al gato: el ritmo vuelve a ser de 10-10, 10-10.

Volvamos a meter al gato: 11-10, 11-10.

En lugar del gato, coloquemos una zanahoria cruda.

El ritmo vuelve a ser: 11-10, 11-10.

Con una zanahoria cocida: 10-10, 10-10.

Con un huevo incubado: 11-10, 11-10.

Si se hace cocer el huevo: 10-10, 10-10 indefinidamente.

Salvo error posible de apreciación, se comprende fácilmente que la materia viviente encerrada en el frigorífico —el gato, la zanahoria cruda, el huevo incubado— tiene necesidad de calor para sobrevivir.

Pero, ¿quién da al aparato la orden de atribuir un privilegio, un calor suplementario a la materia orgánica?


¿INTELIGENCIA DEL ACERO, DE LA VIDA O DEL PENSAMIENTO?


De un modo escueto, diremos que un generador aleatorio es un conjunto de piezas metálicas, de hilos, de conexiones, de transistores, de condensadores, en resumen, de materiales de acero, de tungsteno, de germanio, de carbono, etc., a los cuales no se les concede generalmente ni vida, ni inteligencia, ni espíritu de decisión.

¿La luz eléctrica de nuestro dormitorio es capaz de aminorarse a media luz o de apagarse por ella misma cuando nos dormimos? Sería difícil de creer. Y, sin embargo, con el generador aleatorio todo parece tener lugar según una de las hipótesis siguientes:

— el experimentador influye en el aparato por su voluntad, su pensamiento;

— el aparato por su propia voluntad, decide dar más calor a la materia viviente;

— el gato, la zanahoria, el huevo influyen en el juego del azar y le obligan a dar más calor.

O también: con la intervención de una voluntad y de una inteligencia, quizá superiores a nuestro universo.

Cabe imaginar una especie de A R N (ácido ribonucleico) mensajero cósmico, que daría unos poderes supranormales a unos seres de excepción dotados de complejos cerebrales particulares y capaces de solicitar este A R N.

La transmisión de los poderes no procedería, sin duda, de un más allá hipotético, sino más bien, de un universo paralelo donde la continuidad espacio-tiempo no recurre ni al pasado ni al futuro.

Pueden también exponerse otras hipótesis, pero todas las explicaciones son de orden fantástico, increíble, sobre todo si se elimina la primera suposición al hacer funcionar el generador fuera de toda presencia humana, un contador que sirve de arbitro.

Ünica deducción positiva: todo ocurre como si la materia orgánica viviente, al tener necesidad de calor influyese en el cálculo de las probabilidades, es decir, el azar, y le obligase a darle un privilegio.

Conclusión de inmenso alcance si se piensa que la evolución universal no es lo que opinaban Darwin y Jacques Monod, sino un fenómeno en el que la materia orgánica se beneficia de una plusvalía con relación a la materia denominada inerte.

Lo cual daría al desarrollo de lo Viviente una oportunidad más que a lo Inerte.

De ahí una evolución de la Vida, tranquilizadora, protegida, permitiéndole no sumirse en alguna nada y no permanecer estancada.

Por supuesto, no se trata aquí más que de hipótesis, pero que permiten rozar las infinitas profundidades de lo desconocido, de la vida y del Dios-universo.

Los experimentos del generador aleatorio con el gato y los huevos han sido realizados por el físico alemán Helmut Schmidt y el profesor Rhine, de la Duke Uni-versity, en los Estados Unidos.

EL AMOR QUE HACE FLORECER, EL ODIO QUE HACE MORIR


«En la física clásica o antigua —no vacila en escribir Rémy Chauvin—, la identidad del experimentador no tenía incidencia alguna sobre el objeto del experimento.»

FeS + 2 HC1 - FeCF + H2S (sulfuro de hierro + ácido clorhídrico = cloruro ferroso + hidrógeno sulfuroso), ya sea Durand, Dupont, Martin o Gaultier quien proceda a la combinación.

Pues bien, según Helmut Schmidt, no es así, ya que existe una interacción entre el experimentador y el objeto de la experiencia.

Su pensamiento puede perturbar y perturba el proceso normal.

De donde, expone Rémy Chauvin, la existencia de un denominador común entre el nivel atómico y las emisiones del cerebro.

Y henos aquí en plena parapsicología donde va a desempeñar su papel el poder psi.

Por ejemplo, se sabe que el' hecho de cultivar unas plantas con amor determina un florecimiento más esplendoroso, más vivaz y más oloroso.

En Escocia, una secta, por este procedimiento, obtiene unas rosas de 12 cm de diámetro, unos pepinos enormes, unas zanahorias de un peso inusitado.

Se sabe también que determinados jardineros poseen unos «dedos verdes» y no solamente tienen éxito en todas sus siembras, en todos sus injertos, sino que cosechan urias hortalizas excepcionalmente grandes y sabrosas.

Cierto es que, en estos logros, hay también una parte de tino, pero también, y sobre todo, una interacción de sentimientos o de fe entre los jardineros y las plantas.

El doctor Jean Barry, de Burdeos, que estudia el misterio de la «mano verde» en el Instituto nacional agronómico, obtuvo unos resultados, más demostrativos todavía, con unas cajas de Petri donde se desarrollan unos hongos parásitos.

En su laboratorio, los experimentadores tenían como instrucción la de detener, mediante el poder del pensamiento, una cuarentena de cajas. Otras cajas-testigo no eran objeto de ningún cuidado particular y los cultivos debían desarrollarse en ellas normalmente.

Nadie debía acercarse a las cajas a menos de 1,50 m, pues el fenómeno psi debía manifestarse a distancia.

Sobre treinta y nueve cajas sometidas al psi, informa Rémy Chauvin, treinta y tres tuvieron un crecimiento ralentizado, tres un crecimiento acelerado y tres un desarrollo idéntico al de las cajas-testigo. Este experimento, repetido varias veces, dio unos resultados igualmente convincentes.

Con amor, con odio, se puede, pues, alterar la evolución de un experimento, de una germinación, pero el misterio es mayor al tener en cuenta unas declaraciones de Jean-Pierre Girard: no es una cuestión de voluntad, de amor o de aojamiento, sino de certidumbre interior, es decir, de fe.

AOJAMIENTO, «JETTATURA» Y DEDOS VERDES


Rémy Chauvin y los físicos no nos lo perdonarán y nos acusarán de sumirnos en el empirismo, pero ¿cómo no evocar el misterio de los brujos y de los jettatori (echadores de maleficios)? ¿Vulgares y bajas supersticiones? ¡Se dice muy pronto!

Antes de los experimentos del doctor Barry y de Helmut Schmidt se podía creer que «el mal de ojo, el aoja-miento», el maleficio echado ¡eran imaginaciones y que su efecto nefasto no dependía más que del autohechizo!

Pero sabiendo que un ayudante de laboratorio de Burdeos, que un químico, que un simple aparato electrónico quizá, perturban unos experimentos, modifican la regularidad de la evolución natural, ¿cómo no admitir unas interferencias telepáticas, electromagnéticas, o químicas entre estas computadoras ultraperfeccionadas que son los hombres?

—¡Te amo! Y te bañas en un baño de amor. Y te sientes totalmente pleno de bienestar.

Es absolutamente cierto: la mujer amada irradia, refleja las ondas de amor que se proyectan sobre ella, y las que asimila contribuyen milagrosamente al sustento de su belleza, de su carne, de su lozanía, de su salud, y del buen funcionamiento de su organismo:

—¡Te detesto! Te bañas en una cloaca de odio, de malos pensamientos. Y vas a resecarte y la buena fortuna se apartará de tu camino.

Sin embargo, unos seres particularmente fuertes, dinámicos, pueden conjurar el maleficio, es decir, la influencia psicofísica de los malos pensamientos que se les envía, y constituir una coraza de protección sobre la cual se rompen los influjos maléficos.

Se asegura incluso, y es muy posible, que las series de ondas malas emitidas por un «jettatore» o un brujo, pueden volverse contra él y afectarle peligrosamente.

Es el choque en retorno, muy conocido por los magos.

¿Existe verdaderamente este choque? Cabe pensarlo, porque los que se entregan a la magia negra, los que emiten malos pensamientos no recogidos, tienen generalmente un destino dramático.

Y, sin embargo, ¿no se dice que «la malignidad conserva»?

iQuizá! Pero al modo del vinagre en un bocal de pepinillos; sin vida ni felicidad.

Sea lo que fuere, parece cierto que los embrujamientos del doctor Barry -—porque actúa verdaderamente como jettatore— resulten positivos tanto en el amor como en la hostilidad porque las plantas, al contrario de los hombres, no conocen ni la coraza preservadora de los maleficios, ni el sentido de la maldad voluntaria.

Si no, las montañas despanzurradas, las selvas destruidas, las tierras emponzoñadas, los mares mortalmente contaminados, hubiesen, desde hace tiempo, yugulado el nefasto reinado humano.

La única particularidad cierta del hombre es que es capaz de odiar.

LO IMPOSIBLE DEBE, A VECES, SER POSIBLE


¡He aquí pues la ciencia oficial obligada a comprometerse en las vías inseguras de lo «Misterioso Ignoto» del que tanto se ha burlado desde hace un siglo!

A decir verdad, hemos quedado más sensibilizados por el generador aleatorio de Helmut Schmidt que por la psicoquinesia o el efecto psi que no han suscitado en nosotros ningún verdadero asombro.

Pero que un instrumento de metal sienta compasión por un huevo incubado o por una zanahoria, ¡esto sí que es nuevo!

Sí, desde luego, la sombra es propicia a los enamorados, a los granujas, el mar y el abismo a los desesperados, la hierba al rumiante y el nitrógeno a las plantas, pero queda por demostrar que este favor procede de una inteligencia voluntaria y propia de la sombra, del mar, de la hierba, etc.

Aunque no dudábamos nada de esta inteligencia voluntaria, difundida en el inmenso océano de la conciencia cósmica.

Pero, ¿puede pedírsele a un clavo que no perfore el neumático de la bicicleta? ¿Podemos, acariciando las llantas de un vagón de ferrocarril, hacerlo rodar sin locomotora y quizá sin raíles, hacia un destino de nuestra elección?

Al punto en que se halla la ciencia nueva y la incer-tidumbre de las mentes, se puede contestar:

—¡Decir que es posible sería aventurado, pero se puede anticipar que no es imposible!

En todo caso, todo debe ser posible en un cierto universo e incluso en el nuestro debe suceder, de vez en cuando, que lo imposible se realice.

¡Una especie de antifisica a lo Costa de Beauregard, y que tendría una relación con las «ondas avanzadas»!

¡Mágicos e incomprensibles encantamientos de esos brujos del Verbo y del conocimiento que son los sabios!

Pero si un generador aleatorio piensa y si su pensamiento se convierte en creador, entonces ¿en qué se convierten las certidumbres en geología, en biología, en matemáticas, etc.?

Una cifra tiene, tal vez, su individualidad, su pensamiento; en ciertos casos ¿un 5 podría convertirse en un 6 del mismo modo que 1 = 3 en el misterio de la Trinidad?

¡Si el generador, el gato, o una potencia desconocida, influye en el azar, le obliga a dar un privilegio del Viviente organizado, es decir, a la materia orgánica, es todo el concepto darviniano de la evolución el que está en tela de juicio!

Para resumir, digamos que la evolución de lo Viviente se ha hecho beneficiándose de favores y complacencias misteriosas que darían, al parecer, más oportunidades a la vida, al ritmo, al movimiento que al estancamiento o a la involución.

EL AZAR ESTA TRUCADO EN SU ARRANQUE


Por consiguiente, nos es necesario acostumbrarnos a admitir que todo acontecimiento que se desarrolla en un medio de materia orgánica es diferente del que se produce en un lugar esterilizado.

El ácido no ataca al cobre en la selva del mismo modo que en el desierto; el plátano es más sabroso si la platanera está en las proximidades de la casa habitada; la tisana es más benéfica si la tila ha crecido en Vuestro jardín y bajo vuestras miradas amistosas.

A esto habría que añadir que un observador presente puede cambiar, mejorar el acontecimiento mediante el efecto de su pensamiento consciente.

De ello puede deducirse que la naturaleza orgánica viviente sobre el Globo debe modificar completamente todos los acontecimientos que se producen.

La vida, en principio, está contra la entropía y la degradación de la energía, y el comportamiento de los individuos (pecado o virtud) repercute en todo el cosmos hasta el nivel del electrón más rudimentario, el cual, finalmente, tendría él también su infraconsciencia.

De todo ello dimana que el Universo es una vasta conciencia capaz de catalizar la evolución, de condicionar si no de crear los acontecimientos, quizás incluso, por ejemplo, a favor de entornos particularmente favorables, de prefabricar unas creaciones elaboradas que, en otro entorno, exigirían millones de años para manifestarse.

Hemos evocado estas posibilidades a propósito del «petrimundo» de Fontainebleau, de sus dos elefantes, de sus leones marinos, del búho y de sus monstruos de piedra, de las serpientes y de los otarios de Marcahuassi, de los personajes, de los objetos, de los castillos en la roca natural de Montpellier-le-Vieux y del Valle de la Luna, en La Paz.

De ese modo, se puede pensar que la o las conciencias de, la Naturaleza no dejarán al hombre volverse demasiado peligroso.

Los influjos emisores misteriosos de lo Viviente natural deben de tener en su total un impacto fantástico, lo cual explicaría de modo racional que la Naturaleza pueda vengarse y destruir las civilizaciones.

En este sentido, lo Viviente supone y, sin duda, exige un privilegio de lo orgánico y de la materia más organizada sobre la materia que lo es menos.

La Vida supone igualmente un plan preconcebido que obliga al azar a dar una preferencia al bebé sobre el anciano, a la planta vigorosa sobre la que languidece.

Si es así, el agua que mana de un tubo perfectamente vertical y que puede desparramarse igual por un lado que por otro sobre una superficie perfectamente plana, debería elegir extenderse sobre el lado habitado por la materia viviente orgánica de los hombres, de los prados, de los bosques, más que sobre el lado constituido por un desierto de arena o de materia viviente débilmente organizada e inteligente.

La propia vida supone este privilegio, este desequilibrio requerido que asegura el movimiento, la evolución. Si las oportunidades fueran iguales para el equilibrio y el desequilibrio, la vida acabaría por cesar por la supresión del movimiento. El azar estaría, pues, trucado desde su arranque.

HACER HABLAR A LO MISTERIOSO DESCONOCIDO


No resulta fácil para un profano fabricar un generador aleatorio.

Sin embargo, según el profesor Yves Lignon, jefe del laboratorio de parapsicología de la Universidad de Toulouse, el generador con el que experimenta cuesta menos de 100 francos.

Unos empíricos, anticipándose una vez más a los sabios, han intentado ya comprobar los influjos del azar y de lo Misterioso Desconocido que emana de personajes importantes o de objetos denominados «cargados».

Sería interesante, y nos proponemos hacerlo, llegar más lejos que Rhine y que el profesor Schmidt, aplicando el experimento efectuado con el gato sobre unas personalidades diversas o en un entorno impregnado de sonidos, de colores, etc.

Por ejemplo:

— Sobre un físico, un vagabundo, un sacerdote, un ateo, un ignorante, un superdotado, un enfermo mental, sobre una virgen, una puta, una persona de carácter, sobre un blanco, un negro, un amarillo, etc.

— En una iglesia, en una cripta pagana, en Lourdes, en el Folies-Bergére, en el Poitou calcáreo, en la Bretaña granítica, cerca de una fuente, sobre el mar, etc.

— Con, por un lado, un ambiente perfumado, y, por el otro, una letrina, una planta venenosa y una planta medicinal, un ambiente musical o de ruido, Granados y Vincent Scotto, Chopin y el estruendo de una máquina de tronzar, un poema de Villon y una página de la Biblia, con una reliquia y una representación del Diablo, con Buda y Jesús, etc.

¿Sería acaso posible que una determinada nota de música, que un color, que una palabra, que una impregnación soliciten el privilegio del azar tanto como lo hace la materia orgánica?

Solamente unos experimentos pueden responder de forma racional a esta pregunta sobre la cual los esoteristas se han pronunciado ya de modo positivo con la «carga» que impregna el entorno, y los objetos familiares o mágicos.



CAPÍTULO X



LO MISTERIOSO DESCONOCIDO Y LA DUDA


Paralelamente a lo Misterioso Desconocido, cuya autenticidad está comprobada por los experimentos, existe otro sobre el cual es prudente mantener unas reservas, ya sea porque faltan los elementos de apreciación, o bien porque los que se poseen estén sujetos a cautela.

Y, además, es necesario decirlo: lo supranormal ha sido mancillado, desacreditado por unos médiums truquistas, unos falsos milagreados y por la credulidad, desgraciadamente muy extendida en los ambientes del espiritualismo.

Podría añadirse también: por la habilidad de los charlatanes y la ignorancia de los profanos.

Ha sucedido además, con frecuencia, que unos ilusionistas de profesión, muy honestos, se hayan visto obligados por necesidad profesional a encubrir el carácter muy natural de sus trucos y magias y dejar creer en una actuación de lo supranormal en un espectáculo por el cual sentimos admiración y estima, pero que ha falseado el problema.


LA VIDENCIA DE LOS HERMANOS ISOLA


A fines del siglo pasado y a principios del nuestro, dos ilusionistas y prestidigitadores franceses, los hermanos Isola, conocieron una gloria inmensa que, durante mucho tiempo, fue relacionada con el poder psi.

Por supuesto, Émile y Vincent Isola (cuyo verdadero apellido era Blida) eran unos ciudadanos muy honestos cuya única preocupación era hacer honor a su oficio de comediantes y nunca intentaron engañar a los científicos sobre unos pretendidos poderes sobrenaturales.

Sin embargo, hubiesen podido hacerlo, tan genial era su hallazgo que se fundaba sobre un fenómeno científico por entonces escasamente conocido por el gran público.

Los hermanos Isola se presentaban en el escenario de un teatro o, mejor aún, sobre la pista de un circo, por consiguiente, en pleno centro del público.

Uno de los dos tenía los ojos vendados por un grueso pañuelo que le impedía por completo la visión y ni siquiera oír claramente. Era el «médium».

El otro, el presentador «parlanchín», tenía por misión guiarle, servirle de intermediario ante el público y hablar a la multitud entre la cual se hacían circular varios listines telefónicos o bien la Biblia; o también, un grueso volumen de un autor conocido: Los Miserables, de Victor Hugo, o Eugénie Grandet, de Balzac.

El juego consistía, para el público, en preguntar el nombre, la dirección y el número de teléfono del abonado que figuraba, por ejemplo, en la página 574 de la guía, segunda columna, línea 51,

—Página quinientas setenta y cuatro, columna dos, línea cincuenta y una —repetía el médium—. Veamos... veamos... hay toda una lista de Chauvet. En la línea cincuenta y una figura Chauvet L. Sin duda Chauvet, Louis. Eso es todo.

—La dirección y el número del teléfono —reclamaba la multitud.

—No figuran en la línea cincuenta y Una, sino en la línea cincuenta y dos y son: veintiséis bis, calle La Tour-d'Auvergne, distrito nueve, teléfono Trudaine ochenta y ocho, ochenta y ocho.

La multitud controlaba. Todo era exacto y una ovación premiaba a los hermanos Isola.

—¿Puede usted leer a partir de la línea dos del versículo nueve, del capítulo cincuenta y cuatro de Isaías?

—¡Perfectamente! Esperen que me concentre. Ah, ya está: «Tiempos de Noé. Como he jurado a Noé no desparramar más sobre la tierra las aguas del diluvio, del mismo modo he jurado no montar ya en cólera contra vosotros, y no haceros más recriminaciones.»

Y el Isola-compadre comentaba:

—Por consiguiente, no temáis, no pereceréis ahogados. ¡Sobre todo los que están en el anfiteatro y gallinero!

¡A veces, el ISbla-médium colocaba los puntos sobre las íes!

—¿La línea catorce de tal libro? Empieza por: «Puede usted... etc.», pero la P mayúscula ha sido mal impresa ¡y parece una K!

Caminando aquí y allí por la pista, siempre frente al público para que oyese mejor las respuestas, los Isola, lo mismo que Uri Geller y J.-P. Girard, ilusionistas como ellos (aunque aficionados), pasaban entre las multitudes por realizar unos milagros parapsicológicos.

—¡Y ocurre lo mismo en nuestros días! —aseguran los «Racionalistas» rabiosos—. ¡Un día desenmascararemos a J.-P. Girard, descubriremos su truco!

Nada es imposible en ciertos universos, incluyendo que la verdad sea una mentira ¡pero, de todos modos, hay que penetrar en el mundo donde lo imposible es posible!

¿El truco de los hermanos Isola?

Muy sencillo y no discernible por el público: la venda cegadora ocultaba un casco de escucha telefónica desde donde un hilo muy delgado bajaba hasta los zapatos, cuyas suelas estaban provistas de una ancha placa de cobre.

En cuatro o cinco lugares de la alfombra felpuda de la pista (o del escenario), se habían dispuesto unos transmisores electrónicos sobre los cuales el compadre conducía al médium de modo que transmisores y placas de las suelas entrasen en contacto.

Los transmisores estaban conectados por cables con los bastidores donde un tercer compadre, según las peticiones del público, telefoneaba tranquilamente las respuestas al seudomédium.


EL EFECTO KIRLIAN


Todo no es verdad en parapsicología ni todo es falso en ilusionismo.

De hecho, nada es sencillo, y sabemos por unos experimentos personales (algunos de los cuales fueron efectuados con el profesor Tocquet) que un buen ilusionista, para tener éxito, debe ser también un poco médium.

Era, por ejemplo, el caso de Tugan's, un virtuoso del cumberlandismo que, bien «calentando», entraba de lleno en lo supranormal y hacia videncia y verdadera adivinación.

Por lo que concierne al «efecto Kirlian», los argumentos son diversos y contradictorios.

EN FAVOR:

El aparato funciona como un campo intenso de alta frecuencia y permite comprobar:

1. La intensidad y la dimensión de los halos bio-plásticos.

2. El estado físico de la persona o del objeto sometido a prueba.

3. Los centros del miedo, del dolor, la localización de los centros nerviosos de la acupuntura.

Sería un verdadero detector de la vida reconocido por la doctora Telma Moss, de la Universidad de Los Ángeles (L'autre monde, 7, rué Decres, 75014, París).

El aparato Kirlian produce unos curiosos airones luminosos, principalmente en torno a las manos, a las orejas, a la cabeza. Nos convierte como en un matorral ardiente. El efecto se parece a las descargas luminosas de los fuegos de San Telmo, y los espectros y auras obtenidos serían de naturaleza electroestática. (Lucien Barnier, Nostra, 162, Faubourg Saint-Honoré, París.)

Para el periodista Jacquer Bergier, el efecto Kirlian, descubierto hacia 1950 por el técnico electrónico ruso Sermión Kirlian, «demuestra de modo científico la existencia de las auras».

Ya, en el siglo XIV, Paracelso enseñaba que la fuerza vital no está prisionera del cuerpo, sino que irradia en torno a él como una esfera luminosa que algunas personas sensibles pueden distinguir.

EN CONTRA:

Los físicos conocen desde hace tiempo «el efecto Kirlian» cuya explicación no ofrece ningún misterio, según la revista Science et Vie, números 619 y 678.

He aquí cómo cualquier persona puede obtenerlo con pocos gastos:

Disponer de dos placas de metal y unirlas mediante un transformador a unas baterías de 6 voltios. El transformador dará un voltaje de 25 a 30.000 voltios.

En un cuarto oscuro, colocar una película sensible entre placas de metal.

Colocar la mano sobre el aparato (o bien una hoja, una raíz de árbol o cualquier materia orgánica viviente); se produce en torno a los dedos una irradiación débil, pero visible a simple vista, registrable por la emulsión sensible y que basta revelar como una película de máquina fotográfica. Las diferencias de intensidad de radiación son producidas por los diferentes efectos de sudor, de humedad, de presión, etc.

Pero, este «etcétera» no está muy claro, ya que no explica todos los efectos registrados. ¡Ni mucho menos!

En resumen, el objeto probado con un aparato llamado Kirlian es un electrodo que recibirá un flujo de electrones denominado en física efecto Corona.

Este efecto fue descubierto en 1777 por el físico alemán Georg Christoph Lichtenberg, fijado sobre daguerrotipo en 1851 y estudiado en 1930 por el gran físico Nicolás Tesla.


LA MUJER QUE ENCOGE


El periódico La Prensa, de Lima, añade al expediente de lo Ignoto increíble el caso de la señora Balbina Villa-nueva Contreras, nacida en el pueblo de Huacabamba, distrito de Parcoy, provincia de Pataz, de treinta y cuatro años de edad, que, atendida en el hospital León Prado de Huamachuco está afectada por una dolencia que reduce de modo insólito la estatura de su cuerpo, mientras que su desarrollo mental permanece normal.

En medicina se conoce bastante bien la acondroplasia, enfermedad caracterizada por el alargamiento de los huesos (en el sentido del gigantismo), pero, en cambio, no se había nunca hasta entonces, registrado un fenómeno a la inversa.

¿Cómo, por ejemplo, explicar que el perímetro óseo del cráneo se aminore, que una tibia o un fémur se convierta en menos largo?

Sin embargo, La Prensa, especie de Le Fígaro de Lima, es un periódico serio y los detalles que proporciona son turbadores.

La reducción física de Balbina sería evidente, principalmente en la cabeza y en las manos que se parecen ahora, dice la información, a las de un niño de siete años.

Se ha notado también que el timbre de voz de la enferma se convertía en infantil y dificultoso.

Tras solicitar información a nuestros corresponsales peruanos, hemos comprobado que esta increíble historia es verdadera.

LOS TÚMULOS DE WIDDEN HILL


El periódico inglés The Sunday, del 4 de mayo de 1975 relata una extraña historia que tampoco incluye ni permite ninguna explicación.

El granjero Peter Lippiatt, de Widden Hill Farm, en Horton, cerca de Chipping Sodbury (Glocester), notó un día en un gran campo de 100 acres donde había sembrado cebada, una multitud —varios centenares— de minúsculos túmulos de piedras.

Algunas piedras tenían el tamaño de una avellana, otras de una nuez.

Las piedras cónicas medían aproximadamente 15 cm de diámetro y 5 cm de altura, no implicaban perjuicio para la siembra, pero Lippiatt, no logrando hallarles una explicación lógica, consultó a unos especialistas.

Richard Maslen, oficial regional de la Información Southwest, dijo:

«Unos pájaros o unos animales son quizá responsables de este fenómeno, pero no he visto hasta ahora nada semejante.»

Opinión de Trings Herts, del Museo de historia natural:

«Ningún pájaro conocido dispone así unas piedras sin finalidad comprensible.»

Los investigadores de Houth Kensington emitieron el mismo juicio por lo que concierne a los mamíferos —topos, ratas— y los insectos o arañas que construyen túmulos, pero que no sobrepasan, habitualmente, de 4 a 5 cm de diámetro y 2 cm de altura.

LA CULEBRA MILENARIA DE LOS INICIADOS


En unos manuscritos dejados por el químico Jean Hellot (16854766), miembro de la Academia de Ciencias de París, de la Sociedad Real de Londres, y conservados por la biblioteca municipal de Caen, se encuentran dos extraños relatos.

He aquí el primero:

«Un ingeniero dedicado a preparar el emplazamiento de un nuevo puente, no lejos de París, en 1760, ordenó que se desplazase un peñasco prominente de más de treinta pies de diámetro y de forma ovalada. Resultó más fácil romperlo que hacerle abandonar su sitio.

»En consecuencia, se procedió a desmenuzarlo. Exactamente en el centro del bloque de piedra se descubrió un habitáculo y dentro una culebra muy grande. Tenía el grosor de un puño y estaba replegada nueve veces sobre ella misma, en espirales. Puesta al aire, el animal no pudo soportarlo y murió en un plazo de cinco minutos.

»El contorno y el fondo de su refugio eran perfectamente lisos; su color difería solamente del resto de la piedra.

»A pesar del examen más meticuloso fue imposible hallar el menor agujero.

»No cabe imaginarse por dónde la culebra había penetrado en la cavidad que ocupaba, ni por dónde respiraba, ni cómo su cuerpo había podido crecer en una cavidad tan reducida.»

Segundo relato:

«Jean Hellot cuenta también el caso de un ciudadano de Ruán, llamado Le Fére, quien en el siglo XVII respondía durmiendo a todas las preguntas que se le hacían y esto en todas las lenguas, incluso en griego y en hindi.»

La historia de la gran culebra parece increíble en nuestros días, y sin embargo, cuando se sabe que unos sapos pueden vivir durante años por lo menos, y quizá decenios como la culebra de Hellot, en la opacidad de un bloque calcáreo, debemos tener más reserva en el juicio.

Después de los experimentos realizados y logrados por el geólogo inglés Buckland, en 1825, se sabe que unos sapos pueden vivir o sobrevivir durante años, en unos bloques de calcáreo o de arenisca silícea herméticamente cerrados, por consiguiente sin aire, salvo el que podría segregar la piedra, pero gracias al agua-madre producida, según creemos, por la transmutación del calcáreo o bajo la acción de las pústulas acidificantes del batracio.

LA INICIACIÓN DE LA CULEBRA


Estos experimentos, estas observaciones, parecen extrañas a un geólogo, a un físico y a un biólogo, pero para un esoterista están impregnados de una riqueza trastornadora que lleva lejos, muy lejos, en el laberinto de la iniciación.

El agua-madre que nutre, decimos, al sapo y a la culebra, buscada desde hace siglos por los alquimistas, ha quedado puesta en evidencia por los químicos rusos y norteamericanos con el nombre de polywater.

Sería un agua de inmortalidad, que hierve hacia los 600° y se hiela a —40'-'.

Opinamos que los aminoácidos genitores de la materia orgánica tuvieron su nacimiento en el «agua-madre» de la tierra original.

Esta agua de la vida es muy particularmente necesaria al niño en el vientre de su madre, como es indispensable para la aparición y el mantenimiento de toda vida organizada.

Brahma neutro —el Señor que existe por sí mismo en la cosmogonía india— comenzó la creación haciendo emanar las aguas de su pensamiento.

Incluso en la Biblia de los judeocristianos, «el espíritu de Dios era llevado sobre las aguas» (Génesis I, 2), como el huevo primordial en las otras mitologías, y en todas partes, también aquí entra en juego una, historia de serpiente.

En todos los tiempos, los hombres han buscado el agua de inmortalidad, los de la prehistoria en las grutas rezumantes de Saint-Privat (Gard) o en los refugios bajo roca de las Eyzies, y, más tarde, en la India con Alejandro Magno, en América con Cristóbal Colón y Ponce de León.

Jesús comenzó a vivir como Cristo cuando Juan le vertió el agua del Jordán sobre la cabeza.

El bautismo, esotéricamente, tiene este significado magistral.

Vida, inmortalidad = agua, serpiente.

Los antiguos creían que la serpiente no moría nunca.

—¡Porque cambia de piel! —dijeron los escritores profanos.

Hoy, nos permitimos rectificar:

—Los antiguos no eran ignorantes hasta este punto. Sabían que la serpiente cambia de piel, ciertamente, pero también sabían que, como el sapo, podía vivir largo tiempo desafiando la experiencia vivida de los hombres.

Es a la luz de esta creencia esotérica como hay que juzgar el relato del químico Jean Hellot.


LA NIÑA MÁGICA Y EL PSI ELÉCTRICO PROPIO DEL CARÁCTER


No pensamos, ni por un segundo, que J.-P. Girard pueda hacer trampas en sus experimentos.

No tenemos derecho alguno a sospechar ni de su buena fe ni de la inteligencia y la sagacidad de quienes los controlan.

Ahora bien, si el poder psi existe verdaderamente, y si es puesto en evidencia y autentificado en nuestro siglo de materialismo a ultranza, entonces la ciencia se inclinará hacia otros horizontes y hacia otras esperanzas que no sean las de ver la Humanidad destruida por una explosión atómica.

Con esta expectativa, nos es necesario inventariar lo Misterioso Ignoto rehabilitado, pero evitando caer en una credulidad que sería negativa para nuestros objetivos.

¿Hay que creer que Rita Celadin, la «niña mágica» de Pavía, de diez años de edad, cuando cruza los brazos en el salón de su mamá, hace brillar repentinamente la luz eléctrica en las lámparas del salón?

En otras salas, mira fijamente el interruptor durante algunos segundos y las bombillas se encienden.

Mediante la misma magia desconocida, hace bailar el piano, brincar el aparador, ocasiona averías de electricidad y cortes del agua corriente.

Es necesario tener en cuenta los diez años de Rita y, sin duda, el inicio de su pubertad, dos condiciones que desempeñan un papel determinante en la mayor parte de los fenómenos supranormales.

En Rosenheim, Baviera, una niña de la misma edad que Rita, perturbaba, sin tocarla, la red de las líneas telefónicas de su casa. Miles de manifestaciones, en unas condiciones análogas o idénticas, han sido registradas en el mundo entero.

Los fenómenos de antifísica no se producen, al parecer, sino con un catalizador o, más bien, con una fuente de energía transcendente que, por lo general, es una muchacha en crisis de pubertad o un chico irritable, hipernervioso o que padece acumulaciones fantásticas del poder psi, o, si se prefiere: de energía eléctrica con supervoltaje generador de descarga «psi-eléctrica».

Esta energía consciente, susceptible de ser dirigida, mandada a distancia, es la que explicaría la psicoquinesia.

EL PROFETA DE LA CATÁSTROFE DE TENERIFE


¿Y qué pensar del joven profeta norteamericano Lee Fried, de diecinueve años de edad, que predijo con seis días de anticipación la terrible catástrofe de Tenerife?

Lee Fried, estudiante de la Universidad de Durham, en Carolina del Norte, había redactado el 21 de marzo de 1977, en presencia de sus profesores el siguiente texto:

—El lunes próximo, en primera plana del News and Observer Times, de Raleigh, se leerá:

583 MUERTOS EN LA COLISIÓN DE DOS «747». LA MAYOR CATÁSTROFE DE LA HISTORIA DE LA AVIACIÓN.

Y todo fue exacto: fecha, modelo de los aviones y naturaleza del accidente (colisión, lo cual es muy poco frecuente), salvo un pequeño detalle: en lugar de 583, hubo 579 víctimas, cifra oficializada en abril, pero que, desgraciadamente, fue sin duda sobrepasada después.

A propósito de la premonición y de lo supranormal, André Bretón declaraba, hace medio siglo:

«Todo induce a creer que existe un cierto punto del espíritu desde el cual la vida y la muerte, lo real y lo imaginario, el pasado y el futuro, lo comunicable y lo incomunicable, lo alto y lo bajo, cesan de ser percibidos como contradictorios.»

Y, en su Letter aux voyantes (Carta a las videntes), escrita en 1925, el sumo pontífice del surrealismo escribía estas líneas increíblemente proféticas:

«Hay gentes que pretenden que la guerra les ha enseñado algo. Están de todos modos menos adelantados que yo que sé lo que nos reserva el año 1939...»

¡LEVÁNTATE Y ANDA!


Cuando el espíritu se equivoca de universo, entonces debe suceder que el cuerpo escapa también, parcialmente, a las leyes de la física clásica con el fenómeno de rebasamiento de las facultades normales.

Imaginemos una casa al borde de un río sobre el cual ha sido tendida una viga de madera que puede soportar un peso de 50 kg.

¡Y no diez gramos de más!

Imaginemos que habiendo franqueado este puente, una hiña corre peligro de ahogarse al otro lado del río.

La madre asiste al drama que está a punto de desencadenarse.

Como pesa 55 kg, nunca ha intentado pasar sobre la viga. Sabe que se rompería bajo un peso excedente de 5 kilogramos.

Pero impulsada por el intenso deseo de salvar a su hijita, galvanizada, puesta en trance por la intensidad de su angustia pero también de su fe (¡es necesario que yo la salve! ¡Estoy segura de salvarla!), la madre se abalanza sobre la viga, la atraviesa sin que se rompa y libra a la niña de perecer ahogada.

¿Cree usted que sea posible este milagro:

— la viga que soporta 55 kg en vez de 50, o:

— la madre en un determinado estado de ingravidez no pesando más que 50 kg en vez de 55?

¿Cree usted que otra madre —tratamos sobre lo Misterioso Ignoto del sentimiento maternal— impotente, inmovilizada sobre un sillón por el reuma, y viendo de pronto aparecer a algunos pasos de ella, al hijo bienamado, desaparecido en la última guerra, esta madre llevada a las cumbres de una felicidad indecible, insensata, inesperada, pueda, de repente, levantarse, abandonar su sillón, olvidar su invalidez y precipitarse hacia el aparecido?

En 1975, en un garaje, para salvar a su hijo al que iba a aplastar el peso de un automóvil, una madre levantó el pesado vehículo... ¡y cayó seguidamente en síncope!

En un acceso de furor, los dementes pueden enarbolar objetos que en tiempo normal no podrían siquiera despegar del suelo.

Las «poseídas del diablo» están igualmente en este caso y es sabido que las convulsionarias del cementerio Saint-Médard, en 1727, se entregaron cerca de la tumba del diácono París a unas escenas en las que el milagro corría pareja con los insensatos.

Unas mujeres se hacían crucificar sin sufrir, otras pedían que las vapuleasen a golpes de leño, lo más reciamente posible... ¡y, aparte algunos chichones (¡y no siempre!) salían intactas de estas mortificaciones!

Fuera de trance, una simple bofetada las hubiese enviado al hospital; pero ¡ni los leñazos ni el martirio nada pueden contra la fe!

¿Cree usted que sea necesario creer a aquellos que creen intensamente?

Los universos paralelos aportan cierta respuesta a esta pregunta.



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