Robert charroux



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CAPITULO IV



LOS ARGUMENTOS DE LOS DETRACTORES


¡La Conjura se desencadenó con rabia contra el maravilloso descubrimiento de lea!

¡Tenía que vengarse del humillante reconocimiento por su parte de la autenticidad de Glozel!

¡La iban a gozar con lea!

Por consiguiente, era necesario «demostrar» que el doctor Cabrera era un ingenuo, Charroux un falso arqueólogo ¡y las piedras de lea eran el reciente resultado de una engañifa monumental!

Sí, monumental porque, con 20.000 piedras grabadas ¡se podía casi construir una iglesia!

La Prensa del Perú, entró en liza la primera.

Oh, pero no La Prensa, no El Dominical, no El Comercio, sino las revistas del tipo de las que, en Francia, decretan cada semana que tal jefe de Estado va a morir de un cáncer, que tal princesa va a casarse con un vaquero de Texas...

LA CONJURA DE LOS IMPOSTORES


El acta de acusación puede ser resumida en estos términos: «Todas las piedras del doctor Cabrera han sido fabricadas por los huaqueros de Ocucaje y, principalmente, por el señor Basilio Uchuya y la señora Irma de Aparcana.»

En la revista Correo de Lima, un incierto señor Ravines inicia una guerra sin cuartel contra el descubrimiento, haciendo ostentación de sus conocimientos de arqueología.

Para mejor apuntalar su impugnación y demostrar su cultura, el «periodista» extrae del fondo de sus archivos «La superchería arqueológica de don Juan Bartolomé Beringer» y establece un paralelo con las piedras de lea.

He aquí lo que escribe en Correo n.9 4.267:

«Los tres primeros capítulos donde, con una deliciosa ingenuidad que, de inocente se convierte en exasperante, ese señor Charroux nos cuenta la historia de las piedras, son el mejor ejemplo.

»E1 error es tan manifiesto y las conclusiones tan ridículas que no es difícil encontrar en las piedras del doctor Cabrera, una vulgar parodia de otras piedras: las del doctor Beringer. Este don Juan Bartolomé Beringer, catedrático de historia natural en la Universidad de Wurzburgo, acometido por la fiebre del "coleccionismo", dedicó cuarenta años de su vida a recoger unos fósiles por las canteras de su país y logró reunir un número considerable, en los que figuraban las formas más raras: ranas copulando, arañas atrapando moscas, pájaros insólitos, insectos estrafalarios, animales de especies desconocidas y también el sol, la luna y las estrellas.

»El entusiasmo de Beringer fue tal que perdió todo sentido común. Y sin asimilar que muchas de estas piedras no tenían ninguna justificación, publicó sus hallazgos en un precioso infolio, y descubriendo más tarde que había sido engañado por sus alumnos que fabricaban esas piezas, cubierto de ridículo, intentó recuperar todos los ejemplares de su libro para destruirlos.»

¡Qué cultura tiene el señor Ravines!

¡Grande es su competencia en el tema de los fraudes en arqueología y de las supercherías en literatura!

Pues bien, con lo que expone hay más que suficiente para mandarlo ante los tribunales por difamación... ¡si el doctor Beringer no hubiese muerto desde hace ya unos doscientos años!

El señor Ravines es un ignorante.

La prueba, hela aquí: el doctor Beringer nunca coleccionó piedras, ni verdaderas ni falsas!


¡COGIDOS CON LAS MANOS EN LA MASA!


De hecho, señor Ravines, ha tenido usted razón al exhumar el asunto de Wurzburgo, porque esto explicará parcialmente el de lea.

Vamos a evocarlo brevemente, y nuestro relato será muy distinto al suyo, lo cual significa que habrá entre ambos la diferencia que separa a la verdad de la mentira.

Es verdad que hubo, en 1725, un asunto de fraude arqueológico en Wurzburgo, ciudad de Bavíera, pero ni de cerca ni de lejos, estuvo mezclado el profesor Beringer: el profesor Beringer era el decano de la Facultad de Medicina de la Universidad franconiana de Wurzburgo donde fue presentada la tesis del coleccionista de piedras.

El protagonista —el falsario según Ravines— se llamaba Georges Louis Hueber, de Herbinópolis, bachiller en filosofía, estudiante de Medicina, y el asunto se sitúa bajo el reinado del príncipe-obispo Cristóbal Francisco, duque de Franconia.

Hueber no era un revolucionario de tomo y lomo, pero quedó subyugado por sus hallazgos y, sin duda, no se mostró demasiado severo en el sentido crítico, ya que se asegura que tres hermanos, de los cuales el mayor no tenía más que diecisiete años, le engañaron reiteradas veces fabricando otros falsos, ayudados y estimulados, todo hay que decirlo, por los propios colegas del arqueólogo,

Pero, y hemos de concretarlo, la buena fe de Hueber de Herbinópolis no fue puesta nunca en duda.

Cándido, pero honesto, acabó por reconocer que había sido engañado y retiró su tesis de la circulación.

CONFUNDE EL PÍREO CON UN HOMBRE


No obstante, se encontraron algunos ejemplares redactados en latín y reproducimos el prólogo:

«Primera disertación físico-histórica seguida de corolarios médicos, presentados bajo la autoridad y con el consentimiento de la ilustre Facultad de Medicina de la Universidad Franconiana de Wurzburgo, bajo la presidencia del muy noble, muy ilustre, y muy sabio Maestro Jean Barthélémy Beringer, doctor en Filosofía, doctor en Medicina, decano, etc. Tesis sometida, después de los exámenes ordinarios, por Georges Louis Hueber de Herbinópolis, Bachiller en Filosofía, estudiante de Medicina.

»En el paraninfo acostumbrado de la Facultad, en el año 1726, el... del mes de mayo.»

La tesis no fue aprobada por la Facultad de Wurzburgo. El doctor Beringer y sus asesores le hicieron comprender al buen Hueber que había sido víctima de un engaño.

El tal Ravines ha confundido El Pireo con un hombre... y al juez del tribunal con el acusado.

MALA FE E IGNORANCIA


Desgraciadamente, la Prensa llamada sensacionalista de Lima, supo atraer en su círculo a otros despreciado-res de mayor o menor envergadura.

Fue primero un propalador de buenas noticias —un tal B. L.— quien se encargó de sembrar aquí y acullá, en Francia, ¡las traducciones desfavorables a la biblioteca prehistórica de lea!

La señora W... declaró en el periódico 24 HEBDO de Suiza: «Las piedras de lea son falsas, y dispongo de la prueba escrita... el doctor Cabrera es buscado por la Policía...»

Y en una rectificación publicada el 9 de junio, ella explica con embarazo que «las personas buscadas e interrogadas por la Policía eran unos mestizos y no el doctor Cabrera», ¡ como había dicho ella misma!

Estas elucubraciones hubieran carecido de importancia si no hubiesen obtenido calidad de juicio por personalidades aparentemente más dignas de crédito.

La señora Maria Reiche, que tuvo el mérito después de Paul Kosok y antes de nosotros mismos de «descubrir» las pistas de Nazca, sin duda enojada por.haber pasado diez veces ante la gliptoteca de lea sin haber, ni olfateado, ni visto las maravillosas piedras, habría declarado según Mundial, n.s 6, del 23-1-75, que «lo que escribe Charróux es ciencia-ficción y no merece crédito ante los científicos».

El caso de la señora Rosa Fung, directora del Museo de Arqueología de la Universidad de San Marcos, de Lima, está más matizado:

«La teoría de Charróux sobre las piedras grabadas de lea no tiene ningún fundamento científico y ningún valor.»

La señora Fung tiene perfecto derecho a emitir este juicio y tal vez tenga razón, pero lo que nos desconcierta es la continuación de estas declaraciones, también reproducidas por Mundial, n." 6.

LA INSÓLITA ARQUEOLOGÍA DE LA SEÑORA FUNG


«No existen —habría dicho la directora del Museo San Marcos— "unas asociaciones" (?) sobre los sitios en los que se dice haber descubierto las piedras grabadas. No se sabe siquiera cuáles son estos sitios, ni de qué están compuestos geológicamente, lo cual es muy importante para establecer la antigüedad de un descubrimiento arqueológico, cuando se puede utilizar el C-14 como es el caso con las piedras grabadas... Todo esto no es más que leyenda y fantasía.»

Todos los alumnos de sexto curso en el instituto saben, o deberían saberlo, que el peritaje de fechado por el procedimiento del carbono (hoy en día en desuso, ya que es extremadamente sospechoso) no puede hacerse más que sobre unos organismos vivos o que lo han estado, sobre los cuales se calcula el fenómeno de pérdida de C-14 (la mitad en 5.568 años), y ¡no se hace en absoluto sobre unas piedras!

¡ Eso es arqueología de primer año!

La señora Fung incluso añade: «No se sabe siquiera cuáles son estos sitios...»



Usted, señora... usted no lo sabe, pero cincuenta, cien arqueólogos saben dónde están situados, puesto que han efectuado registros y excavaciones ¡y que han publicado libros y tesis sobre sus hallazgos, los cuales precisamente eran piedras grabadas! Y es necesario que usted lo sepa ahora, por mediación nuestra, el no científico inconsciente: ¡estas piedras de las cuales usted ignoraba la existencia en 1975, eran halladas, coleccionadas, conocidas desde hace siglos!

¡NO CONOCER NI POR ASOMO!


Más adelante volveremos a tratar del jesuita que efectuó el peritaje de las piedras en 1926, pero, ¿cómo la señora Fung ha podido ignorar el Museo Arqueológico de Carlos Belli, miembro correspondiente de varias sociedades científicas de América y profesor en el Colegio nacional?

¡Este museo fue abierto en lea el 7 de diciembre de 1940 y se podían ver en él numerosas piedras descubiertas en Ocucaje en 1909!

Querida señora Fung, usted ignoraba las excavaciones de Carlos Belli y, como otros, nunca había ido a lea ni a la pampa de Nazca, ¡y también ignoraba usted el libro de Hans Dietrich-Disselhof y de Sigwald Linné: L'Amérique précolombienne donde se habla abundantemente de las tumbas y los guijarros grabados de Ocucaje!

Desgraciadamente, si usted solamente posee rudimentos apagados de arqueología, consuélese pensando que algunos «prehistoriadores» del CNRS no están más empollados que usted.

Uno de ellos, el más ignorante, el más presuntuoso, ha dicho que nuestros descubrimientos de lea, que nuestros relatos sobre Nazca eran como en el caso Glozel, una clásica impostura!

¿Impostor cuando se dice, según las dataciones por termoluminiscencia efectuados por la Comisaría francesa de la energía atómica, que Glozel es perfectamente auténtico?

¿Impostor cuando, después de cincuenta, cien arqueólogos, calificados, después de cuatro siglos de excavaciones y de decenas de libros publicados, se presentan las piedras de lea al gran público?

EL LIBRO DEL PROFESOR PEZZIA ASSERETO


En 1961, el profesor Alejandro Pezzia Assereto, conservador del museo de lea, escribía las siguientes líneas en un libro editado en 1968:

«En el Valle de lea, desde el año 1961, vienen apareciendo en el mercado gran número de piedras grabadas que se manifiestan como un nuevo vestigio artístico elaborado por los artistas precolombinos inqueños» (página 95. Título: Piedras grabadas de Ocucaje y Callango).

El señor Alejandro Pezzia prosigue exponiendo:

«Es interesante hacer notar que las piedras de las que hablamos intrigan a los arqueólogos; hicieron su aparición por vez primera en 1960. Se las encuentra... particularmente en los yacimientos ocultos bajo la vertiente de las colinas de las haciendas Ocucaje y Callango, en el valle del río lea (a la entrada de las pistas).

»La importancia de estas piedras queda subrayada por la riqueza de sus dibujos y de su simbolismo, remontándose a la época del progreso cultural precolombino de lea.»

¡He aquí lo que pone punto final a los extravíos increíbles de la mafia de contestación, de ignorancia y de mala fe!


LOS HUAQUEROS ATERRORIZADOS


Resulta evidente que los periodistas de Mundial, cuyo talento es más que dudoso, no quedaron halagados en su amor propio profesional cuando, después de haber puesto a la luz las pistas de Nazca y el Candelabro de los Andes, hemos revelado un descubrimiento, de inmenso alcance, incalculable que, una vez más, había estado ante sus narices sin que lo advirtieran.

Por despecho, y guiándose por las indicaciones de nuestro libro, se dirigieron a Ocucaje, donde fueron solicitados desde todas las casas para venderles piedras.

Un testigo peruano al que no podemos nombrar para evitarle graves molestias, represalias y tal vez la cárcel, nos ha informado sobre los métodos utilizados.

—¿De dónde proceden estas piedras? —preguntaron los investigadores.

—Las encontramos en las colmas...

—Las encuentran también en unas tumbas. Son ustedes unos ¡maqueros [saqueadores de tumbas], ¿y saben que este delito es severamente castigado por la ley?

Y tuvo lugar el juego sutil de las amenazas y de las promesas entre los periodistas astutos, sin escrúpulos, y los pobres campesinos asustados.

Se les persuadió para declarar que todas las piedras procedentes de Ocucaje habían sido grabadas por ellos. Pero se insistió mucho sobre este punto: ¡todas las piedras!

Si una sola fuese auténtica, es decir, «encontrada»... ¡el sistema de defensa ya no servía! ¡Era entonces un comercio ilícito y malversación de patrimonio prehistórico!

¡La cárcel, vamos! Y las cárceles de Perú no son particularmente atractivas.

Un obrero agrícola, Basilio Uchuya, y una campesina, Irma de Aparcana, por un puñado de soles reconocieron y admitieron todo lo que se quiso: ¡habían grabado todas las piedras del doctor Cabrera, incluso las que había encontrado el propio doctor Cabrera, incluso aquéllas encontradas antes de que nacieran ellos dos, Basilio e Irma!

Los periodistas se mostraron magnánimos: ¡prometieron la impunidad a Basilio con la condición de que aceptase grabar ante ellos iuna piedra falsa!



Mundial ha publicado nueve fotos que muestran el semblante ansioso y asustado del pobre diablo. Nueve fotos «camelo», como se dice en el estilo periodístico, ya que Basilio no tenía ni taller de grabado, ni piedras de reserva, ni herramientas de grabador, nada que pudiera atestiguar su actividad verdadera de grabador!

Ni siquiera el montón de residuos de piedras, de desperdicios, restos de fallos y otras evidencias que hubiesen demostrado que, efectivamente, había trabajado sobre centenares de piedras..

¡Y las nueve fotos, reproducían siempre la misma piedra!.

Aquel día, en Ocucaje, ¡n había dos piedras supuestamente falsas!


BASILIO, EL HOMBRE QUE DEVORA EL TIEMPO


En la asombrosa «confesé 3n» que le forzaron a escribir, Basilio declara que en diez años ha grabado todas las piedras que componen el museo del doctor Cabrera, que se le había presentado bajo la identidad de doctor Sotil. Resultaba pues, matemáticamente, que el huaquero había grabado durante diez años, mil piedras por año, o sea tres piedras por día o, con mayor exactitud: cuatro o cinco, si descontamos los domingos, días de fiesta y de descanso obligado.

Como, por otra parte, declara a Mundial que había grabado las piedras durante ocho o nueve años solamente, como además se pasa la mayor parte de su tiempo trabajando como campesino, hemos de calcular en las condiciones más favorables a la mentira, que Basilio iba a buscar las piedras en el río de lea, trabajaba en los cultivos camperos, observaba los descansos y fiestas acostumbradas, y pese a todo ello ¡encontraba, no obstante, el tiempo necesario para grabar cada día de cinco a diez piedras (calculamos sobre ocho años)!

Ahora bien, colocado ante la tesitura de grabar una sola, de treinta centímetros de diámetro, con un dibujo fácil, primario, ¡tardó dos días en realizarlo!

Y lo que produjo era tan ridículo, estaba tan alejado de los magníficos temas de las piedras de lea ¡que él mismo expresó públicamente su vergüenza!

—Me han obligado —dijo.

Se estiman en 50.000 aproximadamente los cantos rodados diseminados por el mundo entero, recogidos por los arqueólogos, ocultos en los museos particulares, principalmente en los Estados Unidos, donde Hamilton C. Foreman posee 2.000.



Si Basilio ha grabado las 11.000 piedras del doctor Cabrera, ¿quién ha grabado las 39.000 restantes?

¡Queda bien claro, para toda mente honrada, que Basilio e Irma han mentido!

Esta historia fantástica, elaborada por unos periodistas sin escrúpulos, de los cuales algunos son unos viles plagiarios, procede de una maquinación pura y simple, y lo habíamos previsto en el prólogo de nuestro libro, El enigma de los Andes:

«Hoy certificamos que las declaraciones de Basilio Uchuya y de Irma de Aparcana son embustes, que la revista Mundial ha publicado falsos documentos y trucado la verdad para desacreditar un descubrimiento que sus periodistas no consiguieron por falta de talento y buena vista.»


LA SEÑORA UCHUYA CANTA DE PLANO


Creemos que el lector está ya impuesto sobre las características de esta sombría historia y, sin embargo, no hemos expuesto todavía los argumentos contundentes que harán estallar la verdad sobre el caso de lea.

Uno de ellos es, sin embargo, publicado por el propio Mundial, pero no hay peor ciego que el que no quiere ver.

Reproducimos textualmente la declaración efectuada en la página 43 de la revista, por la señora Uchuya, la propia esposa del principal falsario:

«Hace algunos días, mi marido y la señora de Apar1 cana fueron trasladados por la Policía, para que declarasen si las piedras eran falsas o auténticas, es decir, si las habían grabado o bien encontrado.

«Entonces mi esposo ha dicho a la Policía que todas las piedras que le había vendido al doctor Cabrera habían sido hechas por él. Que en modo alguno las había desenterrado de ningún lugar. La señora Irma de Aparcana ha dicho igualmente lo mismo.»

La cosa ya quedaba resuelta: o bien las piedras habían sido halladas en las tumbas y entonces Irma y Basilio iban a la cárcel; o bien habían sido grabadas por ellos... ¡y el caso quedaba concluso!

¿Qué hubiera usted contestado de haberse hallado en su situación?

El gobernador civil de lea, el ingeniero Enrique Egoaguirre, caballero culto, bueno, humano, había comprendido perfectamente la situación, y a pesar de presiones oficiosas de gente mal intencionada, decretó un sobreseimiento.

—Los campesinos de Ocucaje —dijo— son gente humilde que se ganan la vida vendiendo objetos.

Nosotros nos hemos limitado a sus declaraciones, sin más.


LA EMISIÓN «APOSTROFES»


Así estaban las cosas cuando apareció El enigma de los Andes, en noviembre de 1974.

Lo decimos con orgullo y gratitud: la totalidad, sin una sola excepción, de nuestros lectores y amigos, ha creído siempre y con razón en la autenticidad de las piedras de lea y en la garantía que nosotros representábamos para ellos.

Sobre todo después de la emisión «Apostrofes», en la Cadena 2, el 28 de noviembre de 1975, en cuyo transcurso, J. P. Adam, autor de un libro sobre la impostura en arqueología, declaró que su obra estaba sobre todo dirigida «contra Robert Charroux».

A los que se extrañaban de nuestra ausencia en el debate, Bernard Pivot declaró que habíamos sido invitados, pero «que no habíamos querido acudir».

Eso era tan inexacto como los extravíos de J. P. Adam sobre Nazca, las piedras de lea, Glozel, la isla de Pascua, etc.

Este asombroso «arqueólogo», desfacedor de entuertos, acorralado en sus atrincheramientos, tuvo que admitir ante millones de telespectadores que él emitía juicios sobre cosas que jamás había visto, ¡puesto que no había ido a Nazca, ni a lea, ni a Glozel, ni a la isla de Pascua!

—¡Ni siquiera a Montignac-Lascaux, a ver las célebres grutas, porque están prohibidas al público!

Marcel Julien, director de Antena 2, nos había prometido en cinco cartas con membretes de la Televisión francesa publicar una rectificación. Sin duda por entonces hizo esta promesa con buena fe... pero finalmente no ha publicado nada en absoluto...

Por su parte, France-Soir y Le Monde han prestado oídos sordos para publicar una respuesta que solamente podíamos imponer por vía judicial.

El más virulento, Le Canard Enchainé, no ha aceptado nuestro reto —reto de cincuenta millones de francos antiguos— ¡de que aportase la sombra de una prueba a sus afirmaciones!

No nos queda otro remedio que sonreír, aunque sea algo acremente.

CAPÍTULO V



LA CONJURA HA MENTIDO: HE AQUÍ LAS PRUEBAS


Hemos tenido empeño en presentar, en su totalidad, los reproches expresados por la Conjura de la malignidad.

He aquí ahora la otra vertiente del problema, aquella en la que, como respuesta a los Ravines, Lelong, Adam, a los periodistas de Mundial y a sus alegatos falaces, trucados, presentamos unas opiniones, unos peritajes y unas declaraciones efectuadas por personas honradas y habilitadas para juzgar.


1626: ¡PIEDRAS GRABADAS DEL RIO ICA!


Esta ridicula controversia no se hubiera producido jamás si los contestatarios hubiesen estado provistos de una cultura, siquiera superficial.

Es lastimoso comprobar que la señora María Reiche y que la señora Rosa Fung hayan ignorado que las piedras grabadas de lea eran conocidas, por lo menos, desde 1626.

Fue, en efecto, en esta fecha, cuando el jesuita español Pedro Simón menciona en su libro Noticias Historiales (noticias 4 y 5) lo que él llama «las piedras grabadas del lea». El texto está en la Biblioteca nacional donde todo el mundo puede consultarlo.

Incluso, una tradición afirma que Fray Pedro Simón ha grabado él mismo algunas piedras introduciendo en ellas temas religiosos.

Desde hace cerca de un siglo, unas personalidades peruanas poseen unas piedras procedentes del valle del río lea y varios museos tienen en sus colecciones unas ochocientas piedras.

Las del museo de lea y del museo de la Aeronáutica del Perú son las más importantes, pero las más numerosas son propiedad de arqueólogos que han efectuado excavaciones fructuosas con los huaqueros de Ocucaje.


MUY CONOCIDAS EN EL SIGLO XIX


La existencia y el descubrimiento de estas piedras se remonta, pues, a 1626 y, sin duda, a mucho antes.

He aquí cómo, a nuestro entendimiento, puede trazarse el inventario cronológico de su hallazgo, lo cual pondrá fuera de la cuestión al bueno de Basilio Uchuya, puesto que no había nacido cuando, ya, eran halladas en las tumbas de Ocucaje.

Desde principios de este siglo, unos arqueólogos y coleccionistas peruanos hacen excavaciones que no tienen ningún carácter oficial, puesto que la ley peruana que proteje los emplazamientos arqueológicos no ha sido todavía votada o bien, si lo ha sido, es absolutamente inoperante.

De ese modo, en 1909, el arqueólogo Carlos Belli, en colaboración con unos huaqueros (el hecho es atestado por su propio hijo) efectúa una larga serie de sondeos en el valle de Nazca y del río lea.

El doctor peruano Julio C. Tello afirma que conoce la existencia de las piedras por su padre, que tenía esta información por haberla oído de su abuelo, ¡lo cual hace remontar el asunto a mediados del siglo XIX!

He aquí los nombres de personalidades de la región de lea, que, de 1960 a 1966, encuentran piedras grabadas: el profesor Hermán Buse, Carlos Soldi, doctor Santiago Qüiroz, doctor César Almeida, Jaime del Solar, etc.

El arqueólogo William Duncan Strong, descubre, en 1933, cerca de Ocucaje, en el valle del lea, unas tumbas llamadas «Paracas», de fosas sencillas y estrechas que están recubiertas por guijarros fluviales redondos o por motas de tierra.

En 1961 y en agosto de 1966, el profesor Agurto Calvo, rector de la Universidad nacional de Ingeniería hace unas excavaciones en Ocucaje y descubre en unas tumbas precolombinas numerosas piedras grabadas de las que empieza a hacer colección. Prosigue en sus exploraciones por el sector de Toma Luz, de la hacienda Callango, en el valle de lea.

1966: los profesores Alejandro Pezzia Assereto y Agusto Calvo excavan en el cerro Uhle, del sector de la Banda, de la hacienda Ocucaje y encuentran unas piedras grabadas.

«Este descubrimiento, escribe el profesor Pezzia, aportó la afirmación de la autenticidad de estos vestigios y el honor de ser el primer descubridor le pertenece al señor Agusto Calvo, que relató este acontecimiento en el suplemento del periódico El Comercio, de Lima, el 11 de diciembre de 1966, bajo el título "Las piedras mágicas de Ocucaje"... Esta tumba, a la que ya hemos hecho referencia, del cementerio Max-Uhle, fue totalmente destruida por los huaqueros clandestinos (saqueadores de tumbas).»

1968: el profesor Pezzia Assereto, que es director del museo de lea, publica las líneas mencionadas anteriormente y la relación de las numerosas excavaciones y descubrimientos efectuados en Ocucaje y en Callango, en un libro titulado lea y el Perú precolombino, tomo I, «Arqueología de la provincia de lea», editado por la «Imprenta Ojeda, S. A.», lea, Perú, el 12 de marzo de 1968.

Hemos reproducido más arriba dos páginas del libro con dibujos de los descubrimientos y de algunas piedras.

Las tumbas de Ocucaje y de Callango y las piedras grabadas que se han encontrado en ellas, según las estimaciones oficiales, tendrían 2.300 años de antigüedad (época de Paracas). Las piedras grabadas del cerro de lea son probablemente mucho más antiguas.

EL DOCTOR CABRERA ENTRA EN JUEGO


1966-1973: el doctor Cabrera comprende la importancia de las piedras y amasa una colección que llega a reunir aproximadamente las 11.000 piedras. Sin duda encuentra bastantes en las tumbas de Ocucaje (¡no lo dirá nunca! No es prudente confesar que se violan unas sepulturas, aunque sean del año 2000 antes de nuestra Era), pero compra muchas a los huaqueros.

Ultima Hora, del 2-9-71, declara que el descubrimiento de las piedras de lea ha dado la vuelta al mundo, pero que todavía no es conocido en el Perú.

El artículo del periódico, titulado «En lea hay unas piedras raras que son un enigma», señala la existencia de grabados representando secuencias de intervenciones quirúrgicas y de trasplantes de órganos, que él doctor Cabrera tiene la intención de presentar con motivo de un Congreso internacional de medicina.

Se trata evidentemente del injerto de corazón y del injerto de cerebro, de los cuales hemos publicado las fotos en El enigma de los Andes.

Es importante poner de relieve que en aquella fecha: 2 de setiembre de 1971, hubiese sido posible considerar, para evitar el fenómeno del rechace, la transfusión de sangre de mujer encinta, procedimiento del que los cirujanos no hicieron mención más que a principios del año 1975, después de la aparición de nuestro libro.

De El Dominical, del 27-8-71, bajo el título «El secreto de las 11.000 piedras. ¿Posibilidad de un cataclismo arqueológico?»:

«Es difícil admitir tales cosas que sobrepasan nuestra imaginación. Pero esto es posible, puesto que aquí, delante de nuestros ojos, están las piedras y porque se pueden fabricar una, dos, tres, cuarenta, ¡pero no once mil!»

1973: Entrevista de Robert Charroux y el doctor Cabrera.

El asunto es todavía ignorado, salvo por los iniciados. Es cierto que algunos arqueólogos conocen las piedras de Ocucaje y de lea, pero solamente cuatro hombres captan el carácter fantástico, único, del hallazgo: el doctor Cabrera, Robert Charroux y el coronel Ornar Chioino Carranza y el ingeniero Borit. Nadie más.

El doctor Cabrera y Robert Charroux deciden dar a conocer las piedras de lea, primero en Francia y en Europa.

De El Comercio, del 17-3-74:

«Por ello, después de haber analizado detalladamente los argumentos en pro y en contra de la autenticidad de las piedras, hemos llegado a la conclusión de que, efectivamente, toda la historia es extraña o ilógica, pero que ninguno de los argumentos opuestos a la autenticidad de las piedras resulta convincente.

«Consideramos que el ilógico (por lo menos aparente) del contenido de las piedras es más bien una prueba en favor de la autenticidad que de lo contrario.»

12 de marzo de 1974: Robert Charroux va al Perú, en compañía de su editor Robert Laffont y de su director de colección Francis Maziére para que sean los testigos de la realidad de la existencia de las piedras.

Robert Charroux y el doctor Cabrera saben que habrá una fuerte oposición por parte de la Conjura de la malignidad.

Francis Maziére queda fascinado y convencido.

Robert Laffont está muy interesado, pero el problema de la autenticidad no es, declara, de su incumbencia.

En La Prensa del 4 de enero de 1975, con una cierta mala voluntad, la doctora Maria Reiche modifica sus precedentes declaraciones:

«No dudo que haya unas piedras auténticas y que merecen un estudio, pero la mayor parte es confusa. Hay unas cosas embrolladas que no corresponden a la realidad.»


ATESTADOS OFICIALES DE ANTIGÜEDAD


Se lee en La Prensa del 5-2-75:

«La primera conclusión, tras el examen de estas piedras y la confrontación de los objetos considerados como auténticos con aquellos hechos por los Uchuya, fue que la comparación no era posible. Los símbolos de las primeras son extremadamente complicados con relación al carácter tosco de aquellos que se graban actualmente.

«Numerosas personas han coleccionado desde hace mucho tiempo unas piedras grabadas de lea y dan fe de su autenticidad.

»El doctor Hércules Bendezú, adhiriéndose a las apreciaciones del doctor Nimio Antezana, de lea, asegura que, si bien existen piedras falsas, no se puede negar la autenticidad milenaria de la mayor parte. El abogado iqueño afirma que tuvo la oportunidad de ver los mencionados glifos por vez primera, en Nazca, hace más de quince años (por consiguiente hacia 1958).

«Declara igualmente no conocer personalmente al señor Cabrera Darquea. Pero que las tareas de investigación del doctor deben ser objeto de respeto...»

La señora Zenaida Gallegos, profesora y arqueóloga, comparte la misma opinión. Dice: «Actualmente, a través de todo lea, se habla y se especula sobre las piedras y más particularmente sobre la inmensa colección del doctor Cabrera Darquea quien, por haberse dedicado a ello por completo, es víctima de numerosos comentarios desfavorables... Es casi una tradición humana el tratar de locos a los hombres que mantienen unas tesis revolucionarias.»

El doctor Julio C. Tello afirma que las piedras son conocidas desde tiempos inmemoriales. Sus padres y sus abuelos ya le habían hablado de ellas.

Es un hecho bien conocido que, desde hace muchos años, los doctores Nimio Antezana, Hércules Bendezú, los profesores Edda Flores, Yolanda Velázquez, Gonzalo Maurial y los universitarios Absalón Díaz, Paulino Pallu-qui y Octavio Elias, han encontrado piedras grabadas en Ocucaje, las conservan en sus colecciones y las consideran como perfectamente auténticas.

Por último, conviene, sobre todo, retener la opinión altamente autorizada del coronel Ornar Chioino Carranza, conservador del museo de la Aeronáutica del Perú, quien declara en sustancia que la confusión no es posible entre las elucubraciones torpes y grotescas de Basilio y de Irma y los magníficos grabados de las piedras del doctor Cabrera.

«La colección —dice— es incontestablemente auténtica, con la excepción, tal vez pero no está demostrado, de algunas escasas piedras que hubiesen podido deslizarse en el conjunto.»


UNA SITUACIÓN COMPLICADA






Todo lo que antecede resuelve el problema de la autenticidad de las piedras. Pero, ¿por qué el doctor Cabrera no ataca judicialmente a los habitantes de Ocucaje por difamación?

Podría decir: ¡Estas personas mienten! ¡Saben pertinentemente que las piedras son verdaderas, puesto que las han recogido o encontrado en unas tumbas!

Si lo dijese, pondría de nuevo sobre el tapete el caso: un proceso sería abierto, el conjunto de las piedras sería reconocido como auténtico, los huaqueros irían a la cárcel, pero no dejarían de denunciar al doctor Cabrera como cómplice: ¡él también había excavado en las necrópolis! Y además, ¿no ha comprado objetos... robados?

Entonces, ¿qué hacer? ¿Optar por la verdad, la autenticidad y la cárcel? ¿O bien dejar triunfar, por el momento, a los energúmenos de la impugnación, dejar desacreditar las piedras y dormir tranquilamente en la cama propia?

Ésta es, a nuestro entender, la situación en la que se debate el doctor Cabrera, infortunado gran descubridor. Como Schliemann, como Émile Fradin, como Waldemar Julsrud.

¡Quede muy evidente que la participación en las excavaciones que colocamos en el activo del doctor Cabrera no es más que una simple hipótesis! Bajo ningún precio, incluso al de la verdad, ¡quisiéramos enviar a la cárcel de Lima a nuestro amigo Javier Cabrera Darquea, ni tampoco a la buena gente de Ocucaje!

Es una situación complicada también para nosotros.

La verdad desnuda, plena y entera, es a veces muy difícil y peligrosa exponerla.

Dentro de algunos años... quizá. Por el momento, solamente podemos rogar encarecidamente al lector que nos crea: las piedras de lea son auténticas (con exclusión de los varios horrores grabados por Irma y Basilio), y la señora Fung así como señor Adam mienten o ignoran los rudimentos de la prehistoria.

Para los demás, no conviene siquiera recordar sus nombres ni sus acusaciones. Sería hacerles un honor demasiado grande.


¡OTRA GLIPTOTECA EN BOGOTÁ!


EL DISCO GENÉTICO
DE JAIME GUTIÉRREZ LEGA

Ha sido necesario que se encuentren centenares de celacantos, ha sido necesario que se descubra Lascaux después de Altamira para convencer a unos prehistoriadores retrasados de la fragilidad de sus ukases.

Ocurrirá lo mismo con los «Antecesores Superiores»: han legado a nuestro siglo la gliptoteca del doctor Cabrera y he aquí que un arqueólogo —salvaje, por supuesto, ya que es un auténtico descubridor— ¡encuentre otra en Colombia!

¿Adivinan lo que dice la conjura?

¡Que es falsa, por supuesto!

¡Esto equivale casi a un certificado de autenticidad!

EL AMERICANO HABRÍA TENIDO LA RANA COMO ANTEPASADO


Jaime Gutiérrez Lega, delineante industrial diplomado, es físicamente todo lo contrario del doctor Cabrera: los ojos claros y tímidos, la frente alta y ligeramente despoblada, el rostro casi oculto por una espesa barba negra.

Pero, al igual que nuestro amigo de lea, es un arqueólogo culto; tiene cinco hijos y una esposa tan asombrosamente bonita como la señora Cabrera.

Lo suficiente para hacerle olvidar muchas injusticias y decepciones.

Su casa, en el K-9 B, 12648 en Bogotá, verdadero retiro campero, oculta un santuario: el despacho, con una biblioteca «que parece una cordillera de volúmenes».

Es ahí donde Jaime Gutiérrez prosigue sus trabajos, sobre el origen del hombre, a partir de las excavaciones que ha efectuado en la región Muizca, a 120 km al noroeste y nordeste de Bogotá en las provincias de Cundinamarca y de Boyacá.

Sin embargo, como al doctor Cabrera, son los huaqueros quienes le han vendido la mayor parte de las piedras que constituyen su maravilloso museo secreto.

Las que él ha exhumado estaban a 0,40-0,60 cm de profundidad bajo la capa vegetal, las otras proceden de tumbas, como en Ocucaje, y acompañaban sepulturas humanas.

Son los dibujos de estas piedras las que han permitido a Jaime Gutiérrez establecer una extraña teoría sobre la filiación animal del hombre o, por lo menos sobre el filo vinculando una determinada raza humana con la rana.

Es una tesis extraordinaria, ciertamente, pero que no extraña a los biólogos, dados los muchos denominadores comunes que se hallan en las dos especies.

Se sabe, por ejemplo, por el test de Brouha, que por la afinidad genética entre ella y la rana es posible determinar si una mujer está encinta; por añadidura, existe una notable analogía de forma y de evolución en el feto de una y otra.

Por último, recordemos que la tesis oficialmente admitida sobre la larga historia, tan compleja, de los seres vivientes, hace derivar a los vertebrados, por consiguiente al hombre, de los crosopterigios que vivían hace 300 millones de años, con, como único superviviente conocido, el celacanto.

Que descendamos de un batracio no es, pues, más fantástico en sí que descender de un pez.


EL LEGADO DE UNA CIVILIZACIÓN DESCONOCIDA


En resumen, los grabados de estas piedras tenderían a demostrar que, según los antiguos indios de América, su origen, por mutaciones sucesivas, arrancaría de la rana.

J. Gutiérrez ha llegado a esta conclusión estudiando el maravilloso «disco genético» que ha descubierto y que describe, paralelamente, la metamorfosis del renacuajo y del espermatozoide humano.

Descifrar el documento no es tan fácil como el del injerto del corazón que aparece en las piedras de lea, aunque parece ser cierto, en efecto, como lo asegura el joven sabio colombiano, que una civilización desconocida, del norte de Bogotá, haya tenido la intención de legarnos sus conocimientos —o sus tradiciones— sobre la evolución biológica de su raza.

También en este caso, incumbe a los biólogos el pronunciarse pero, lo mismo que los prehistoriadores del Perú, los «pontífices» de Colombia han juzgado más cómodo no estudiar nada y poner en tela de juicio la enseñanza del disco genético.

Sin embargo, algunos, menos obstinados, conceden un cierto crédito a la tesis de Jaime Gutiérrez.

LA CIENCIA FANTÁSTICA DE LOS ANTECESORES SUPERIORES


El disco genético es de piedra «lidita» y mide 22 cm de diámetro, las otras piedras grabadas tienen de 1 a 50 cm, con una densidad de 3 gramos por centímetro cúbico.

La colección asciende actualmente a 76 ejemplares y ciertos museos colombianos poseen algunos.

Según Jaime Gutiérrez, el diluvio universal (llamado de Bochica) se produjo en la zona Cundinamarca-Boyacá y obligó a los descendientes del filo rana (la raza amarilla) a emigrar hacia la actual China.

Su fusión con el filo mono (la raza negra) esparcido por el mundo, habría producido la raza blanca.

Jaime Gutiérrez expondrá su teoría en el libro que escribe y que será prologado por un monje benedictino.

«Las primeras manifestaciones de la vida —explica—, tuvieron lugar en el agua original de la tierra recién nacida.

»Si debiéramos escoger entre los anfibios el que era más sensible a las mutaciones, la rana es la que ofrece las mejores oportunidades de éxito, ya que soporta unas metamorfosis excepcionales en su ciclo vital.»

No es esta nueva visión de la evolución de lo Viviente lo que choca a los científicos, sino las consecuencias mismas del descubrimiento.

Implica, en efecto, que los antiguos habitantes de Colombia, como los del cercano Perú, para conocer el espermatozoide, el óvulo y el proceso de desarrollo del embrión tenían que disponer de instrumentos análogos al microscopio electrónico. Y, además, poseer increíbles conocimientos de genética, ya que, salvo posible error, ¡el disco genético reproduciría también imágenes de genes y de cromosomas!

Y he aquí que vuelve a ponerse sobre el tapete la cuestión del misterio de los Antecesores Superiores que nos habrían precedido sobre la Tierra y que, antes de desaparecer, procuraron dejarnos un testimonio de su ciencia.

El arqueólogo holandés Van Derhamen, por el procedimiento del carbono 14, experimentado sobre las osamentas halladas en las tumbas, ha determinado una antigüedad de 10.000 a 12.000 años.

Hace 30.000 años, la sabana de Bogotá era un lago; el material arqueológico hallado se sitúa más arriba que el nivel de las aguas.

La gliptoteca de Jaime Gutiérrez, de cualquier modo, valoriza la del doctor Cabrera, así como las 35.000 figurillas halladas en México por Waldemar Julsrud, sea cual sea la explicación que los prehistoriadores del futuro den a estos descubrimientos.

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