Robert charroux



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CAPÍTULO III



NAZCAS DE AMÉRICA DEL NORTE Y DE EUROPA


Apenas ese bípedo molesto, vanidoso e inteligente que es el hombre tuvo la idea de expresarse de otro modo que con la danza, la voz, los dientes y los puños, empezó a garrapatear sobre la tierra y sobre la roca.

Su primera escuela fue la Naturaleza, su primer maestro, el cielo y su primera pizarra, el suelo.

Las escrituras más antiguas que se conocen son unos trazos, unas espirales y unos círculos grabados sobre las paredes lisas de las cavernas.

Hubo seguramente otras muestras, pero no nos han llegado.

Estos testimonios antiguos, primarios o a veces muy elaborados, se encuentran por todas partes en el mundo allá donde la civilización no ha lacerado, arrasado, asesinado el pasado.

LOS MIMBRES DE BLYTHE


En homenaje a la Naturaleza y para agradecerle de sus bondades que le eran beneficiosas: animales, plantas, ríos, miel, etc., los indios prehistóricos mimbres, de Nuevo México (Estados Unidos) representaban sobre obras de alfarería, peces, flores, pájaros.

Para dirigirse más directamente a los dioses, o tal vez para dejar una rúbrica, una huella de su paso, o una marca de pertenencia del terreno, tuvieron, como los pueblos de Nazca, y del mismo modo, la idea de grabar sobre la arena.

En el desierto, cerca de Blythe, en California, se puede ver, sobre todo al sobrevolarla, una efigie humana de más de 56 metros de longitud y unas representaciones animales de estilo muy tosco.

Como en Nazca y sobre el Candelabro de los Andes, unos vándalos montados en jeep o en moto, han dejado las huellas de su paso y han asolado el lugar..

El «Mimbre de Blythe» ha sido dibujado barriendo las oxidaciones del suelo y eliminando las piedras de color oscuro de modo a hacer resaltar el personaje.

LOS GEOGLIFOS COLOREADOS DE LOS NAVAJOS


En la misma región, los indios navajos, aislados en sus tierras áridas, trazaron seguramente, antaño, unos geoglifos de grandes dimensiones que han desaparecido, barridos por los vientos. No obstante, la costumbre se ha perpetuado a una escala menor, pero según una técnica más artística.

Cuando un navajo está enfermo, su familia va a ver al brujo de la tribu para que conjure los maleficios y expulse los malos espíritus del cuerpo del paciente.

Entonces son trazados sobre el suelo unos dibujos, no mediante barrido o acumulación de piedras, sino al modo de un cuadro pintado, disponiendo sobre el suelo unos colores minerales y vegetales finamente pulverizados.

El motivo es realizado por varias personas, de modo muy diestro, como un mándala hindú.

Este mándala, tanto si es redondo, cuadrado u ovalado, está pintado en el sentido del curso del sol, y los colores quedan dispuestos en un orden ritual.

Colocados en un cuenco de corteza, son distribuidos con arte y pueden representar unas líneas, unas figuraciones animales, unas geometrías o unos signos de exorcismo.

Cuando el mándala está terminado, se coloca al enfermo en el centro, y el brujo y los asistentes se entregan a unos encantamientos rituales a base de cánticos y danzas mágicas.

Seguidamente, el enfermo es regresado a su hogan (choza de tierra resecada) y el brujo dispersa el dibujo en las arenas.

Si ha sido reproducido en un hogan, la habitación es destruida y sus vestigios enterrados.

Ciertos geoglifos pintados son dedicados a las fuerzas naturales, a las plantas; a los animales o a los dioses. Entonces, se les deja perdurar por tanto tiempo como los respeten el viento y las intemperies.


LA RUEDA MÁGICA DE BIGHORN MOUNTAIN


En los Estados Unidos, en el Estado de Wyoming, y en el Canadá, principalmente en las provincias del Alberta y del Saskatchewan, unos pueblos antiguos, al no disponer de desierto de arena para grabar en él unos verdaderos geoglifos, han utilizado la técnica de las piedras transportadas.

A decir verdad, esta técnica es también practicada en el Perú sobre las colinas que bordean la carretera Panamericana, de Lima a Paracas, y se relaciona con los procedimientos precélticos: crómlechs, menhires, alineamientos, recintos megalíticos.

Los dibujos representan unos personajes muy estilizados, unos círculos, unas tortugas, unos túmulos de piedras (cairns) o, con mayor frecuencia, unos círculos dobles con radios. Los arqueólogos han dado a estos últimos el nombre de medicine wheels (ruedas mágicas) o cosmic wheels (ruedas cósmicas).

Sin gran certeza, se les atribuye a los antiguos indios cheyenes, shoshones, arapajos, crows, etc., pero las tradiciones quieren que antaño un «pueblo pequeño» habitase en unas grutas, bajo esas ruedas de piedras.

Los indios crows de la comarca dicen que las cosmic wheels existen desde hace tiempos inmemoriales y que siempre las han visto.

Los que las edificaron no conocían el fuego, aseguran, y las ruedas son a la imagen del sol y de los astros.

La rueda mágica de la montaña Bighorn, en Wyoming, es una de las más bonitas. Está construida sobre una meseta rocosa a casi 3.000 metros de altura, lo cual la coloca, relativamente, al amparo del vandalismo turístico.

Tiene 24 metros de diámetro y cuenta 28 radios y seis cairns dispuestos desigualmente alrededor de su circunferencia.

Se piensa que el conjunto podría ser un calendario astronómico, o bien una especie de centro cósmico donde se producirían unos intercambios benéficos entre el cielo y la tierra.

Sería una «clínica prehistórica», como opinan los esotéricos sobre los alineamientos megalíticos de Bretaña, y de ahí su nombre de medicine wheels, ruedas mágicas, que se les da con un sentido y un poder terapéuticos presuntos.

Es una explicación posible pero, sin duda, hay que pensar que este «calendario» servía también para fijar las horas y los días favorables para determinadas ceremonias rituales.

El templo de Stonehenge, en Inglaterra, tenía unos destinos idénticos y, como las ruedas mágicas, estaba orientado con unas piedras aisladas o unas disposiciones de monolitos para indicar los solsticios y los lugares por donde se asoman las estrellas más brillantes del cielo: Venus, Sirio, Rigel, Aldebarán.


¿UNA COPIA DE STONEHENGE?


Las coincidencias con Stonehenge son tan numerosas, pues la rueda de Bighorn Mountain es, en cierto modo, una proyección plana del monumento de Inglaterra, que unos arqueólogos han considerado la posibilidad de una migración de los celtas a América del Norte.

Es una hipótesis revolucionaria, pero que ya nos era familiar puesto que desde hacía ya mucho tiempo tenemos la casi certeza de que los antiguos pueblos de América procedían en su mayoría de Europa, y que eran unos preceltas y, más tarde, unos celtas.

Es lo que asegura el Popol Vuh de los mayas quichés en unos términos sin ambigüedad y lo que permite suponer la invasión de los Tuatha Dé Danann en Irlanda hace más de dos mil años.

Las tradiciones de los iroqueses, de los hurones y de los leni-lenapés, recogidas en los Ármales de los jesuita, dicen igualmente que los antiguos Iniciadores en América del Norte eran unos hombres blancos, barbudos, de ojos azules, procedentes del lado por donde se levanta el sol, atravesaron el océano «en unos barcos de piedra sobre los cuales crecían unos árboles» (unos barcos con mástiles).

Serían esos migradores europeos los que habrían jalonado su marcha de nómadas con miles de círculos de piedras teniendo de 5 a 30 pies de diámetro.

Esos crómlechs son llamados por los americanos los «círculos de tepees» (tiendas o viviendas de los indios) y se les encuentra en todas las Grandes Planicies y sobre las estribaciones de las montañas desde el Canadá hasta Texas.

Existen a centenares sobre la vertiente oriental de las Montañas Rocosas, más bien en forma de cairns (túmulos de piedras) rodeados por unos círculos de 30 a 60 metros de diámetro, que, como en el caso de la rueda de Bighorn, tienen 28 radíos que corresponden al número de días de un mes lunar.

LA RUEDA DE MAJORVILLE


La rueda mágica de Majorville en Alberta, Canadá, es más grande que la de Bighorn Mountain y su centro es un cairn de tamaño imponente. Su construcción se remontaría a unos 4.000 ó 5.000 años, lo cual nos llevaría al período en que los preceltas de Europa descubrieron América.

La rueda de Moose Mountain en las montañas del Saskatchewan, con un diámetro de 60 metros, está sobre una cumbre, al modo de un puesto de observación.

Se piensa que antaño, las ruedas mágicas ocupaban todas las cimas importantes y jalonaban una vía que permite ser localizada desde muy lejos.

Cuando los radios eran poco numerosos, estaban dirigidos hacia otras ruedas, como para señalar la ruta a seguir por las tribus migradoras.

La rueda de Moose Mountain no tiene más que cuatro grandes radios aparentes terminados en unos pequeños cairns en forma de pozos, pero debía de tener seis en su origen.

Su eje central es un importante túmulo de piedra rodeado por un círculo de piedras.

El radio más largo está orientado hacia el Este y el solsticio de verano; otros radios indican el lugar de Sirio, de Rigel, o de Aldebarán, lo cual demuestra claramente el destino astronómico del monumento.

No obstante, en América del Norte abundan tanto los dibujos antropomorfos y zoomorfos trazados con piedras que estamos obligados a creer que estos geoglifos eran también unas mándalas mágicas y unas evocaciones de las fuerzas de la Naturaleza.


AVEBURY Y EL TEMPLO ALADO DE BARROW


Hemos denominado «geoglifos» todo lo que está dibujado sobre el suelo, ya sea en hueco o en relieve, habiéndose adoptado esta denominación a propósito de Nazca.

En realidad, Nazca es más bien un dibujo que un glifo, y las ruedas mágicas de América no son grabadas, sino construidas.

El hombre es un arquitecto y un geómetra y su civilización está principalmente representada por lo que dibuja o edifica sobre el suelo. En resumen: ¡lo que queda cuando casi todo ha desaparecido! Nuestros antecesores han tenido siempre la preocupación de expresarse excavando líneas de fosos o, por el contrario, alzando taludes.

Avebury, el gran centro céltico de Inglaterra, está delimitado por un vallado circular de 470 metros de diámetro que es un inmenso y profundo foso (glifo).

El «templo alado» de Barrow en el Lincolnshire es, a la vez, un jeroglífico y un geoglifo formado por taludes y fosos, con un círculo central de 70 m de diámetro y unas alas de un centenar de metros de largo.

Estos geoglifos —y existen bastantes más— son parientes cercanos, con sus alamedas en forma de serpientes, de las antiguas construcciones tumulares de los mound builders.

Por otra parte, la edificación de un talud o de un túmulo implica, como contrapartida, la excavación de un foso, tanto es así que el estudio de las diferentes Nazcas no podría disociarse de la de los cerros funerarios, de los «mounds», de los salientes y voladizos.

Stonehenge, como casi todos los monumentos megalíticos, es un templo en relieve inscrito en un geoglifo.


FOSO, TERTRE, CROMLECH, PIRÁMIDE Y GEOGLIFO


La Nazca de Inglaterra, que está representada por unos fosos, unas efigies de gigantes y unas imágenes de animales, parece constituir el eslabón de una cadena que, comenzando en la antigua Celtia de Europa, se prolonga a través del océano, hasta el Canadá primero, los Estados Unidos después, México, Colombia, Perú y Chile.

En su arranque, se encuentra el foso (geoglifo) y su contrapartida, el talud o tertre (túmulo funerario), por todas partes donde han habitado los celtas y sus predecesores arios.

Con Stonehenge, Avebury y los fosos prehistóricos, se encuentra la construcción emergente: templos, túmulos, dólmenes y la escritura en relieve: alamedas de piedras, alineamientos de menhires, recintos megalíticos, crómlechs, cairns y, más tarde, recintos galos.

Pasado el Atlántico, se entra en el «País de los Tertres» de donde eran originarios los tuatha dé danann, invasores y civilizadores de los celtas.

De hecho, el «País de los Tertres» se extiende hasta México e incluso hasta el Perú.

El foso en América del Norte adquiere una importancia considerable y el túmulo se multiplica convirtiéndose en mound y pedestal de tierra soportando un templo.

Robert Claiborne en Les Premiers Américains presenta el plano de una ciudad fortificada del Illinois (Estado norteamericano): Cahokia, que prosperaba al este de Saint-Louis, entre los años 900 y 1100 de nuestra Era.

Ahora bien, Cahokia, reconstituida con ayuda de documentos y comprobaciones arqueológicas es, muy exactamente, Chichén Itzá o cualquier otro centro maya de México.

Además de las casas, se ve, construido en la cima de un tertre de grava, el templo al que se accede por una escalera monumental, como en Palenque, en Chichén Itzá, en Kaaba, en Uchmal.

El tertre construido en pisos sobre una superficie de 6 hectáreas, precisa la leyenda de la ilustración que da aún los detalles siguientes a propósito de un entierro:

«La procesión franquea otros mounds de ceremonias que poseen la forma de un terraplén, de una plataforma, de una serie de terrazas. El cortejo se detiene ante el. tertre de los sacrificios. Allí, la esposa y los familiares del jefe serán inmolados y después sepultados con el difunto en el mound funerario de forma cónica que está al otro lado de la avenida.

»Detrás del tertre funerario...»

Añadamos que el texto habla también de cuatro otros mounds situados al exterior de las murallas y por último de un observatorio «utilizado para calcular la fecha más favorable para las siembras».

¡Muy curioso! ¡Y cuántas coincidencias!

En efecto, esos tertres pululaban antaño en Europa; esos templos sobre pedestales (impropiamente denominado pirámides), se les encuentra igualmente por miles, en México, al mismo tiempo que las construcciones piramidales típicas, idénticas casi, de: Plouezoch (Finisterre), Cahokia (EE.UU.), Monte Albán, Teotihuacán (México), Rumicucho (Ecuador), Moche, Machu-Picchu, Kenko (Perú) y en los poblados incas de la región de Nazca (y en la propia Nazca).

Y, en estos mismos lugares, empadronamos también nuestros misteriosos geoglifos grabados o —perdón por el barbarismo— trazados en relieve, unos dólmenes (en México, en Colombia), unos menhires, unos recintos megalíticos (en La Venta, en Yucatán...); en resumen: toda una continuidad coherente, todos los eslabones de una cadena que estaríamos tentados en calificar de precéltica.

Esta similitud de caracteres es la que puede ayudarnos a comprender Nazca, puesto que los geoglifos están entrelazados al conjunto.

En Inglaterra hay cerca de cien geoglifos..


LA NAZCA DE INGLATERRA


Aproximadamente sobre unos 200 km, desde el condado del Sussex al Devon, pero principalmente sobre las colinas del Dorset, al sur de Inglaterra está jalonado de geoglifos con representaciones diversas, sobre todo animales y humanas.

Los geoglifos antropomorfos comienzan cerca de Eastbourne con el «Gran Hombre de Wilmington» (80 metros) y se terminan al norte de Dorchester con el «Gigante de la Maza» de Cerne Abbas (55 metros).

Son unos dibujos inmensos subrayados por unos fosos que se extienden sobre cerca de una hectárea. Se les puede comparar, salvo en la capa de hierba verde, a los surcos de Siguas, cerca de Arequipa.

El gigante de Cerne Abbas esgrime una maza; el de Wilmington, más pacífico, tiene un bastón en la mano.

Su origen es casi desconocido, pero se supone que Cerne Abbas ilustra la leyenda de un Hércules local, mientras que en Wilmington, se trataría de un pastor vigilando los prados donde pastan unos rebaños de ovejas y unas manadas de vacas.

¿Qué razón oscura ha impulsado a los antiguos grandes bretones a grabar estos personajes? ¿Quizás el deseo de perpetuar una leyenda, en el Dorset; quizás una cierta magia protectora, en el Sussex?

Pero los dibujos más numerosos y más interesantes, ya que se identifican con las pistas de Nazca, son las representaciones de ciervos, de caballos y de motivos heráldicos que abundan sobre las colinas del Dorset.

Su técnica es sencilla: el sustrato, como en las pampas del Perú, siendo de calcáreo muy blanco bajo una delgada capa de hierba, ha bastado con desbrozar el suelo para obtener un trazado.

Al oxidarse o ensuciarse el suelo, se han fijado, desde hace unos años, determinados dibujos filtrando hormigón sobre las superficies puestas en evidencia.

Los geoglifos de' caballos, en Uffington, en Westbury, en Hambledon, son los mensajes de admiración y de respeto dejados por los pueblos antiguos, aunque también se dice que se remontarían a la época del rey Alfredo él Grande {siglo IX) que expulsó a los daneses de Gran Bretaña.

Los ciervos parecen más recientes, algunos son incluso de este siglo; simbolizan a la vez la pasión de los ingleses por la caza y la creencia en la virtud redentora atribuida al animal-imagen del Cristo y a su poder redentor.

Existen una decena de geoglifos de caballos y muchos más de ciervos y de motivos diversos y recientes que llegan hasta el eslogan, como sobre las colinas del Perú.

Aquí y allí un recuerdo atávico ha impulsado a los autóctonos a escribir mensajes grabados, pero sería necesario hurgar en las profundidades del inconsciente para discernir los móviles que les han hecho actuar.

Debe dejarse constancia de un dato, sin duda, de gran importancia: la Nazca de Inglaterra está, «exactamente, sobre la misma latitud que la Nazca del Canadá; la línea inglesa de los geoglifos parece jalonar la ruta tomada hace ya de 5.000 a 10.000 años por las tribus de nuestra Europa para ir a poblar América.


LAS NAZCAS DE FRANCIA


El hombre evolucionado es un escritor-arquitecto que confía a los geoglifos la expresión de su cultura, de su trabajo, de sus ocupaciones y de los hechos más importantes de su existencia.

Visto desde el cielo, en avión, su trabajo es un admirable mosaico de bosques, de labranzas y de pastos en el agricultor; de cubos, de paralepípedos, de círculos, de rectas, de curvas o de líneas sinuosas en el caso del arquitecto; de ciudades, de pueblos, de monumentos, de jardines o de humildes casitas para aquellos que laboran para construir, darse albergue o hacer agradables los sitios donde habitan.

Porque, de hecho, nuestros fosos, nuestros surcos, nuestros caminos y nuestros ríos son unos geoglifos naturales o artificiales que expresan un mensaje del hombre o de la Naturaleza.

LA RUEDA DE ENSERUNE


Muy conocida por los habitantes del Hérault, pero ignorada por la mayoría de los franceses, la rueda de Enserune es, probablemente, el único geoglifo de Francia.

Vista desde un avión o desde el mirador situado sobre una colina antigua, se presenta como una inmensa y perfecta rueda, cuyos veinte radios se reúnen en el centro.

Nuestro amigo Max Seguy, de Béziers, que conoce bien el lugar, dice que este dibujo se parece a una tarta partida geométricamente.

De hecho, los radios de la rueda, cuyo diámetro debe de aproximarse a los cuatro o cinco kilómetros, son unos fosos de drenaje separando los viñedos y los campos de diversos propietarios.

El conjunto, llamado rueda de Enserune o de Montady, se extiende a unos seis kilómetros de Béziers, entre las carreteras que van, de una parte a Capestan y de otra parte a Narbona.

Nuestra documentación, que nos ha sido facilitada por Henry Nohet, secretario de la alcaldía de Montady, puntualiza los detalles sobre la historia del geoglifo, que la tradición hacia remontar a la época de los romanos.

El abate Ginieis ha descubierto en los archivos de su parroquia la carta constitutiva otorgada el 13 de febrero de 1247 por el arzobispo de Narbona, concediendo a tres señores de los contornos y a un notario de Béziers «el poder y las facilidades para desecar el estanque de Montady y de trasvasar sus aguas en el de Capestang que pertenecía al mencionado arzobispo».

El estanque no era por entonces sino un lago infecto cuyas aguas estancadas eran muy malsanas.

El acta menciona las disposiciones siguientes:

«Le doy a usted y a los suyos presentes y por venir, la facultad de hacer manar las aguas del estanque por la tierra de Monseñor, por los terrenos de Nissan y de Pohilhes perteneciendo a mi mencionado Señor. Le permito también construir túneles, calzadas, fosos, pozos, y hacerlas pasar por las tierras, honoes, posesiones de los hombres, caballeros u otros que las detentan a título de enfiteusis (arriendo a largo plazo) del mencionado Monseñor...»

La obra fue empezada hacia el año 1250 y terminada antes de 1270.

Sigue una larga descripción del túnel en acueducto de 1.364,33 m que pasa a 29,10 m por debajo de la cresta de la montaña y a 16 m por debajo del cauce del canal.


LAS MISTERIOSAS ESTRELLAS DE CLOYES


En 1957, el Instituto geográfico nacional tomó unas fotos aéreas en la región situada a unos sesenta kilómetros de Chartres, hacia Cloyes-sur-Loire.

Con estupefacción, los geógrafos comprobaron sobre los clisés unas manchas claras en forma de estrella de 9 brazos, alineados sobre un eje Norte-Sur y distantes de 300 a 400 metros las unas de las otras.

Cada brazo tenía 4 puntos y las estrellas de un diámetro de 35 metros tenían, tras examen, una luminosidad muy variable.

Fenómeno todavía más intrigante: los levantamientos anteriores a 1957 no revelaban ninguna huella de los dibujos.

Unos empíricos dedujeron inmediatamente que se trataba de «mensajes» impresos por los extraterrestres; más racionalistas, unos físicos se pronunciaron por unos residuos radiactivos.

Pero, ¿quién habría podido divertirse en disponerlos así y en aquel lugar?

El misterio perdura sobre el origen de estos geoglifos blancos e irradiantes, pero la tesis que prevalece es la de unos sondeos efectuados por una compañía de geofísica (CGG), no se sabe con qué finalidad.

¡Un enigma que queda por esclarecer!


LOS TRAZADOS DE ECKWERSHEIM


Al margen de los geoglifos pero, tal vez en relación su misterioso ignoto, es interesante señalar los «enigmáticos trazados de Eckwersheim, pequeño pueblo de 800 habitantes, en el bajo Rin.

Durante la noche de Navidades de 1975, cae la nieve y a la mañana siguiente alguien observó, con estupefacción, un surco continuo, con una anchura aproximada de unos 10 cm, que comenzaba en la puerta del jardín de su casa, bifurcaba hacia el huerto contorneando los árboles y los setos, prosiguiendo encima de una pequeña tapia de 50 cm y se perdía repentinamente.

Los bordes del surco estaban cortados netamente, como con un instrumento cortante.

Otros trazados idénticos atravesaban las calles, con una gran rectitud o se convertían en circunferencias perfectas.

No había un claro inicio, ni ningún final detectable... ¿qué animal podía haber sido el autor? ¿Qué fenómeno podía explicarlo?

Al igual que en Nazca, ¡tampoco los naturales de Eckwersheim han podido adivinar el enigma de estos geoglifos!


INTENTO DE EXPLICACIÓN DEL MISTERIO DE NAZCA


Parece muy difícil, si no imposible, dar una explicación de las pistas y de las líneas de Nazca.

Las conocemos bien: las de Villacuri (las menos frecuentadas), de Los Castillos, de Huayrui y (las más densas)-las de la pampa Colorada, por haberlas sobrevolado con frecuencia y haber desgastado en ellas nuestras alpargatas durante cerca de diez años.


NAZCA DE UN POLO AL OTRO


Además, reunimos una documentación importante sobre los geoglifos o trazados de naturaleza análoga que se pueden encontrar en el Canadá (Medicine Wheels, Indian Boulder effigies), en los Estados Unidos (geoglifos de los desiertos del Colorado y de Nuevo México), en el Perú (Nazca, naturalmente, pero también: geoglifos de Toro Muerto y de Siguas, hacia Arequipa), en Inglaterra (geoglifos de las colinas del Dorset y dibujos trazados en surcos en el sur y el sudoeste de Londres, etcétera).

Hemos realizado unas películas (personales) de estos modos de expresión, en el Perú y en Inglaterra, y poseemos en nuestra fototeca unas fotos de todos los geoglifos arriba mencionados.

Pese a todo ello, no podemos presentar sobre el tema más que una hipótesis.

Algunas observaciones adquieren certidumbre:

La Nazca del Perú no es obra de un solo hombre o de algunos pastores ociosos.

Hay miles de dibujos; su conformación, con frecuencia perfecta, su superficie, su longitud implican un trabajo de masa o, por lo menos, la tarea de una etnia o de un pueblo.

Su alejamiento de las zonas habitables (25 a 40 km) parece demostrar el carácter necesario o sagrado de esos geoglifos.

Ha sido necesario que una etnia venga a habitar en la pampa desértica, lo cual supone un desplazamiento considerable de hombres y de medios de subsistencia.

Los geoglifos han sido ejecutados con un gran esmero.

De lo que se deduce una impresión de respeto y de algo sagrado.


UNOS CEREBROS ORGANIZADOS DE OTRA MANERA


Su ejecución exigía una gran destreza en geometría y en técnica.

Al darse la circunstancia de que las montañas y los cerros están demasiado alejadas para haber servido de observatorios o de centros de mando, hay que admitir que los dibujantes utilizaban:

— o bien unos planos con escala de reproducción de los dibujos,

— o bien unas posibilidades fantásticas de visión y de memoria que les permitían proseguir un dibujo sin olvidar la escala de proporción y las partes ya trazadas.

En resumen, esta gente habría tenido un condicionamiento mental permitiéndoles situar siempre exactamente el momento presente de su trazado.

El tiempo para los amerindios tenía un significado, un valor y una densidad que escapan a nuestros conceptos cerebrales, como se les escapa el sistema de los dibujos prodigiosamente enmarañados grabados sobre los guijarros de la gruta de Lussac-les-Cháteaux (Vienne) por los hombres del período magdaleniense.

Nosotros eliminamos la primera hipótesis, reproducción a gran escala, y retenemos, para una parte de explicación, el condicionamiento cerebral particular.

— La pampa de Nazca es un inmenso cuadro blanco yesoso, recubierto de oxidaciones y de piedras de color pardo. El paso de un hombre deja una huella grisácea; varios pasos en el mismo sitio rompen la delgada capa parda y descubren el substrato blanco.

Este fenómeno ha debido solicitar imperiosamente la atención de los habitantes de la región y darles el deseo de escribir sobre este cuadro blanco-pardo.

- Si se admite que la existencia del cuadro ha motivado el deseo de escritura, debemos pensar que el tema por tratar: dibujos geométricos, zoomorfos, antropomorfos, etc., ha ocupado un lugar de importancia secundaria.



¿CALENDARIO ASTRONÓMICO? ¡NO!

A partir de estas consideraciones, aleatorias, pero aceptables, nos es preciso imaginar las razones, las ideas que han podido germinar en el cerebro de los hombres de Nazca.

¿Hacer un calendario astronómico?

Hemos estudiado bien Nazca: las líneas y las pistas van en todas las direcciones posibles ¡y sobre donde escoger para decidir un enfoque de Sirio, de Venus, de Marte o de Aldebarán!

¿Y un calendario sirviendo para qué? ¿Y para quién, en una región deshabitada?

Consideremos, pues, otras explicaciones. ¿Obra gratuita? ¿Fórmulas mágicas para guiar el alma o la vida del otro mundo de los muertos? ¿Mensaje destinado a ser visto desde el cielo por los dioses? ¿Exvoto? ¿Captación, representación del cielo?

A estas hipótesis ya demasiado numerosas, hay que añadir otra: ¿realización pictórica de inspiración en masa, sin ningún espíritu individual, como lo es el vuelo oscilante de determinados grupos de pájaros? ¿Obra maestra de un inconsciente colectivo realizando una oscura tarea geométrica, como las arañas tejiendo sus admirables telas?

¡Es probable que uno de los términos de esta nomenclatura roce o represente la verdadera intención!


TÉCNICA DE LOS TRAZADOS


Los dibujos y los «graffiti» están generalmente formados, ya sea con piedras, o bien con manojos de la planta itchu.

En Chile, se quita la oxidación parda del suelo para dejar aparecer unas zonas blancas, o bien, por el contrario, se apilan guijarros pardos sobre una colina de color claro (informe de Hans Niemeyer F.).

En los Estados Unidos, se trata del mismo procedimiento que en Nazca.

En el Canadá, los geoglifos están trazados con piedras de color claro dispuestas sobre un fondo más oscuro.

En Inglaterra, se quita la capa verde herbácea o de las colinas para dejar aparecer el substrato cretáceo.

En Chile, se encuentran unos geoglifos representando unas cruces de Malta, unas estrellas, unos soles, lo cual permite suponer una preocupación por lo sagrado, por el culto.

Estos dibujos son probablemente posteriores a los geoglifos de Nazca. Posiblemente son incluso relativamente recientes, lo cual presenta, por este mismo hecho, un gran interés, ya que aclarando la intención reciente, se tiene una posibilidad de captar la intención antigua.

TIEMPOS CÓSMICOS Y CARTA A PAPA NOEL


Por nuestra parte, tenemos muy en cuenta el carácter cósmico de las antiguas civilizaciones y la pertenencia supuesta o real de cada individuo a la continuidad universal.

Tenemos una tendencia a propender hacia un llamamiento a los pueblos del espacio (los dioses de nuestros antecesores, los extraterrestres de nuestros contemporáneos), entidades reales o supuestas en las cuales, como los cristianos del siglo xx, tenían fe todos los pueblos del mundo antiguo.

Para resumir y concluir este estudio, retenemos cuatro puntos que nos parecen deben entrar en línea de cuentas para esclarecer el enigma de Nazca:

— Tentación del substrato de la pampa: pizarra de aula colegial.

— Encaminamientos mentales particulares.

— Espíritu de masa e inconsciente colectivo.



  • Exvoto y llamamiento a los dioses.


LA BATALLA DE ICA


Después de publicar en El enigma de los Andes, en 1974, unas revelaciones aportadas por las piedras grabadas del doctor Cabrera, de lea, unos periódicos, la Televisión y unos seudoarqueólogos pusieron en tela de juicio la autenticidad del descubrimiento y nos involucraron en la controversia.

Los capítulos que siguen son una respuesta a esos detractores.
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