Revista internacional de derecho romano



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No había transcurrido ni un siglo de la predicación de Mahoma cuando España queda en poder de los musulmanes que atravesando los Pirineos entran en la Francia meridional llegando hasta Narbona, siendo detenidos por Carlos Martel en la batalla de Poitiers en el año 732. En España Tarik se apodera del tesoro de la monarquía visigoda, entra pronto en Toledo y consigue un gran botín de objetos valiosos y fabulosos como la llamada mesa de Salomón, que se supone de oro y probablemente procedía de Jerusalén. Con gran audacia Tarik no sólo se limitó a ayudar a una facción de la nobleza visigoda, sino que aprovechándose de la derrota del ejército rodriguista inicia una guerra rapidísima de expansión con sus 17.000 soldados bereberes norteafricanos ampliando considerablemente el control territorial musulmán.

En el 712 Muza desembarca en España con tropas compuestas por árabes y sirios, emprende una campaña relámpago deteniéndose ante Mérida que ofrece una denodada resistencia siendo conquistada en el 713. Muza ocupa Carmona, Alcalá de Guadaira y Sevilla, plazas que Tarik en su desenfenada campaña hacia el norte había dejado atrás, y junto con Tarik se hacen los amos de España en una campaña que antes que ordenada y planificada llevaron a cabo mediante audaces incursiones. Muza por el norte conquista Zaragoza en el 714 y por el noroeste llega a Asturias quedando sometida toda España. En los territorios que se habían resistido al dominio de los musulmanes éstos imponían un suhl, un pacto según el cual los cristianos quedaban en situación de dimmíes o protegidos dependientes políticamente de las autoridades musulmanas; si no había habido resistencia violenta se capitulaba un ahd que aparentemente concedía cierta autonomía política a los cristianos a quienes reconocían la propiedad de las tierras, respeto a las personas y libertad de cultos quedando en situación de protegidos aliados10. De este tipo de pactos se conoce el estipulado entre Abd-el-Aziz y el duque visigodo Teodomiro al que sucedió su hijo Atanagildo, que gobernaron con cierta independencia la región de Murcia siendo anulado el pacto por Abd-el-Rahman I en el 779. Es de advertir que en la conquista musulmana de España influyó la actitud de los witizanos que se sometieron enseguida a los árabes de quienes obtuvieron el reintegro del patrimonio regio de la corte visigoda de Witiza consistente en unas tres mil alquerías; quizá se vieron defraudados porque los árabes no decidieran la restauración de los witizanos en el poder aunque materialmente quedaron satisfechos por los beneficios recibidos. Mas adelante los hijos de Witiza irían a parlamentar con el califa de Damasco obteniendo la seguridad de retener lo que les concedieron. Al ser llamados Tarik y Muza por el califa se encarga Abd-el-Aziz, hijo de Muza, del mando de las tropas invasoras completando la conquista de España al someter la Lusitania, Pamplona y Cataluña llegando hastas las antiguas Galias romanas que no fueron ocupadas hasta el 720. Sólo cuando se enfrentaron con ejércitos sólidos y disciplinados fueron derrotados por Carlos Martel en la batalla de Poitiers en el 732; de nuevo en el 738 Carlos Martel los vence en Narbona, y finalmente Pipino el Breve, hijo de Carlos Martel. los expulsa de la Septimania en el 759 incoporándala a los dominios francos.

Aunque su religión era el fundamento de su fuerza conquistadora11, los musulmantes tenían gran tolerancia con cristianos y judíos12 que caracterizó los primeros tiempos del dominio musulmán en España, lo que no quiere decir que siempre fuera perfecta la convivencia entre las tres grandes religiones monoteístas del momento13. Los califas de Damasco no exigían de los españoles su conversión al islamismo sino sólo que vivieran en paz, estando documentada la conclusión de frecuentes pactos con los españoles que explica de alguna manera la rapidez y el carácter no excesivamente violento de la capitulación hispano-visigótica ante las fuerzas invasoras. Mahoma muere en el 632 y en el 634 los creyentes de aquella nueva religión que se había ido extendiendo rapidísimamente desde Arabia por todo el norte de Africa, inician una guerra de conquista invadiendo el sur de Europa en el 711. Su victoria sobre el ejército de don Rodrigo en la batalla de Guadalete puso fin al reino visigodo de Toledo14 iniciando un período de dominación que durará hasta 1492 con grandes consecuencias en el campo político, económico, cultural, religioso, no tantas en el jurídico aunque los musulmanes de al-Andalus se regían obviamente por la ley islámica.

Entre las consecuencias polìticas hay que destacar que con la invasión musulmana desapareció la unidad política y territorial de España trabajosamente consolidada por la monarquía visigótica desde la caída del Imperio Romano de Occidente hasta el primer tercio del s. VII, una vez reducidas las últimas guarniciones bizantinas en la costa mediterránea española sovbrevivientes de los intentos de reunificar el Imperio Romano llevados a cabo por Justiniano en el s. VI, induciendo en aquella zona una brevísima presencia de la legislación justinianea que no volverá a resurgir hasta el renacimiento jurídico medieval iniciado a finales del s. XI producido por el redescubrimiento de las Pandectas de Justiniano y la poderosísima labor emprendida en las nacientes Universidades europeas y especialmente en la Universidad de Bolonia15 a partir de Irnerio que tendrá un impulso magistral con la labor de los Glosadores que sitúan una vez más el derecho romano como instrumento unificador y de cohesión en Europa.

Muy pronto se inicia la Reconquista y fue precisamente España el bastión que pudo aislar la presencia árabe en el Occidente cristiano, que volverá a reintroducirse desde Oriente cuando cae el Imperio bizantino en 1453 llegando los musulmanes hasta Viena. Todavía hoy amplias zonas balcánicas siguen siendo de religión musulmana, cuyas última consecuencias –como ya he dicho- ha sido la atroz represión de musulmanes en la recentísima guerra de los Balcanes, mal resuelta por los ejércitos de la OTAN. Hay que lamentar que hayan vuelto a resurgir las guerras de religión envueltas en la impía cobertura de la limpieza étnica, porque una vez arrumbadas afortunadamente las contiendas entre europeos cristianos (católicos contra protestantes como ocurría en los s. XVI y XVII), en nuestros días volvemos a vivir otra contienda ahora entre un neofundamentalismo islámico y la cultura occidental (Europa, USA). Tengo la convicción que no habrá paz entre los pueblos hasta que no haya paz entre las religiones.

Los ocho siglos de permanencia de los musulmanes en España16 presentan desde todos los puntos de vista (aunque en esta sede interesan sobre todo los histórico-jurídicos), una temática interesantísima que se prolonga hasta 1492 cuando los Reyes Católicos toman Granada, último reducto en poder de los musulmanes, imponiendo en toda España la fe católica que sería salvaguardada a sangre y fuego por el Tribunal de la Inquisición, fenómeno no sólo español porque también existió en otros países europeos salvo que en España llegó en fechas mas tardías y asimismso fue suprimida mas tarde. Con los musulmanes llegaba a Europa una cultura y una religión también monoteista, pero diferente a la seguida por la Iglesia católica fuertemente romanizada que había sido un gran factor cohesionador en el Mundo Antiguo y en el altomedieval, penetrando en la cultura de los pueblos latinizados y también en los germánicos, al menos en los mas cercanos al limes la mítica y cambiante frontera entre el Imperio Romano y los pueblos al norte del alto Rhin y del Danubio. De ahí que desde el s. VIII frente a la cultura latina que se había ido imponiendo en gran medida por la perfección del ius Romanum configurando una cultura jurídica europea común perfilada en el llamado Derecho romano vulgar de Occidente, se va a oponer una contracultura árabe islámica17.

El derecho musulmán en España ha sido poco estudiado por los historiadores del derecho, con la excepción del holandés Dozy18, el francés Levi-Provençal19 que se había formado en el norte de Africa sirviendo en el ejército francés en los primeros decenios del s. XX, y en España López Ortiz y últimamente Aguilera Barchet20 y Magdalena Martínez (esta útima con estudios específicos sobre instituciones singulares del derecho musulmán en España). En general puede decirse que todavía debe profundizarse más en la historia jurídica de la España musulmana21. Y no es que falten buenos arabistas en España donde ha habido y siguen habiendo magníficos especialistas como Codera, don Julián Rivera, Asín Pacios (es muy relevante su célebre Escatología musulmana de la Divina comedia), García Gómez, Galmés, Bosch Vila, Martínez Montávez, sólo que fundamentalmente dirigen su atención a la narrativa y poesía arábiga22, y por otro lado los historiadores de la Edad Media se dedican esencialmente a la España cristiana23. Este hecho hace que todavía falte por estudiar muchos problemas de la España bajo dominación árabe, e igualmente es poco conocido el derecho árabe-hispánico, dejando a salvo los estudios de López Ortiz24 (desgraciadamente incompletos por la destrucción de su biblioteca durante la Guerra Civil española de 1936-39), y los trabajos recientes de Magdalena Martínez25, por lo que se hace difícil calibrar la huella que el derecho musulmán dejó en el derecho español la influencia que en algunos usos jurídicos españoles pudieran haber dejado las costumbres árabes.

Respecto al asentamiento de masas musulmanas en España hay que decir que no fueron muy numerosos al principio. Con Tarik algunos calculan que vinieron unos 17.000 bereberes (probablemente menos), y con Muza acaso 30.000 más (ya con fuerte presencia árabe). Este distinto origen étnico provocaría fricciones entre árabes y bereberes a propósito del reparto de tierras en al-Andalus, aparte de que los berereberes no estaban conformes con el sometimiento a una autoridad central; mas cohesionados venían los árabes con fuertes estructuras tribales (qaysíes, kalbíes). La mayoría de los que vinieron con Tarik eran bereberes recientemente convertidos al Islam que habían estado en contacto con la cultura latina, tanto por proceder de antiguas provinciae romanas como por su contacto con los vándalos germánicos que habían hecho suyo el norte de Africa desde principios del s. V que asimismo habían estado en contacto con la cultura romana; en cambio los que vinieron con Muza eran árabes auténticos de Oriente. No se sabe en qué medida realizaron o no inmediatamente repartos de tierras, porque en principio los árabes no querían recibir tierras por mor de mermar su impulso conquistador; sólo podían recibir botín del que se reservaba una parte para el califa de Damasco, pero no se repartían tierras. No obstante Sánchez Albornoz y Valdeavellano suponen que desde que los árabes se asentaron establemente en España hubo reparto de tierras, siempre reservándose una parte para el califa.

El gobierno musulmán en España se ejercitaba por un walí en nombre del califa de Damasco, y después de Muza el verdadero walí fue su hijo Abd-el-Aziz que conquistó Pamplona26 en el norte de España llegando hasta Narbona en el sudeste de Francia. Muza tuvo mala fortuna personal porque fue llamado a Damasco donde después de una serie de deliberaciones y discusiones con el califa fue condenado a muerte, al parecer en desacuerdo con sus actividades como conquistador, permaneciendo en España sus dos hijos a quienes se dejó gobernar durante un cierto tiempo. Abd-el-Aziz es un personaje típicamente árabe que inicia desde Sevilla el primer gobierno musulmán estable de la España conquistada, entrecruzándose en su biografía un episodio que acaba destruyéndole: el hecho que aparece casado en Sevilla con Hegilona (o Egidona) viuda del rey don Rodrigo, último rey visigodo. Suelen decir los hsitoriadores, aunque en este aspecto las crónicas tanto árabes como cristianas son relatos de poca consistencia histórica, que Hegilona sugirió a Abd-el-Aziz tomar un camino de independencia política. Hegilona nunca abandonó el cristianismo por lo que Abd-el-Aziz pudo ser acusado de conversión a esta fe y acaba asesinado por una conjura de los árabes, lo que pone de manifiesto que tanto Abd-el-Aziz, como Muza intentaban probablemente gobernar con cierta independencia del califa de Damasco.

Es España todavía permanecían activos de un lado los partidarios de Witiza, de otro los del último rey don Rodrigo. Hegilona significaba la presencia de los rodriguistas en la corte árabe en antagonismo con los witizanos, pero los rodriguistas se retiran al norte de la península mientras los witizanos se quedaron en el sur. Entre los rodriguistas del norte emerge la figura de don Pelayo, iniciador de la Reconquista, que ya había tenido cierto protagonismo en la corte de Witiza cuando éste antes de ser rey gobernaba en Tuy como delegado de su padre; allí tuvo un episodio con don Pelayo a consecuencia del cual murió Favila, padre de don Pelayo, que había sido espadario de don Rodrigo en Toledo. Tanto el norte de la cordillera cantábrica como los Pirineos nunca fueron ocupados totalmente por los musulmanes que optaron por establecer guarniciones en el llano para prevenir eventuales ataques y exigir el pago de tributos. Por el lado cantábrico las poblaciones de montaña astures, cántabras y vasconas, quizá por el escaso número de sus habitantes y las dificultades del terreno fueron relativamente poco hostigadas por los musulmanes, del mismo modo que aquel aislamiento habìa hecho que no fueran tan romanizadas como otros terrritorios hispanos, por lo que no es extraño que los astures poco habituados a aceptar un fuerte poder central, con el refuerzo de algunos nobles visigodos que dieron cohesión unificando aquellas tribus del norte frente al invasor musulmán, presentaran la primera resistencia frente al invasor musulmán. Al Este tampoco los Pirineos atlánticos y por las mismas razones fueron ocupados por los musulmanes, y a finales del s. VIII frente al invasor va a ir sugiendo con fuerza y relativo aislamiento el reino de Navarra. Respecto a los Pirineos mediterráneos una vez expulsados los musulmanes de la Provenza, las poblaciones pirenaicas hispanas quedaban relativamente alejadas de las presiones musulmanas dando lugar a los primeros condados catalanes en cierto modo unificados bajo la influencia franca de la Marca Hispánica, y posteriormente bajo la corona de Aragón.

Lo relevante de todos estos hechos es que en el norte se refugió la nobleza goda y el mismo don Pelayo era un cortesano de la corte visigoda, lo que ha dado pié a algunos historiadores modernos para predicar el neogoticismo de la Reconquista destacando el hecho que sus primeros momentos parecen impulsados por el ideal de restauración del Estado visigodo, que es lo que llaman negoticismo en el sentido que los primeros reinos cristianos tendrían como ideal político restaurar el Estado visigodo, tesis negada vigorosamente por Américo Castro. Lo significativo es que desde el norte de España se inicia contra los árabes una resistencia que tiene su punto de arranque en las montañas astures, muy exaltada por la historiografía española que presenta la batalla de Covadonga como el primer levantamiento frente a los árabes. Hoy se sabe –sobre todo debido a Sánchez Albornoz- que la batalla de Conadonga fue una simple escaramuza sin mayor relieve hasta el punto que los mismos árabes le dieron poca importancia, pues la dirección de la conquista árabe se dirigía en aquellos momentos a entrar por el sur de Francia donde fueron derrotados por Carlos Martel no logrando pasar mas allá de Poitiers.

Covadonga desde luego significó una cierta resistencia pero no una gran batalla en la que triunfaran los cristianos rotundamente; solo se trató que don Pelayo refugiado en el norte con otros godos se reunió con un grupo de campesinos y gentes montañesas, y en una pequeña escaramuza frente a algunas patrullas musulmanas enviadas para cobrar impuestos venció a unas escasas mesnadas árabes en el 722, batalla que hace que don Pelayo aparezca como un caudillo de las fuerzas cristianas, porque mientras tanto a no muchos kms. de Covadonga seguía gobernando en Gijón el musulmán Muza que no dió importancia a aquella batalla. En realidad en aquellos primerísimos decenios del s. VIII por el sur ya estaban los musulmanes enfrentados entre sí, mas preocupados los beréberes de arrebatar a los árabes las fértiles tierras hispánicas de las que se habían adueñado; de ahí el desinterés de los musulmanes por la batalla de Covadonga, por el contrario muy exaltada por los cronistas cristianos, especialmente los redactores de la crónica de Alfonso III de León que poniendo en planos similares la batalla del Guadalete por parte árabe, y la de Covadonga por parte cristiana, presentan la sublevación de don Pelayo como un movimiento patriótico-religioso con la pretensión de restaurar la fe cristiana y la reunificación de los territorios hispanos tal como se había logrado con el Estado visigótico, ideal acaso magnificado al contacto con los mozárabes que ante los hostigamientos que sufrían tuvieron que huir desde territorios musulmanes hacia el norte cristiano a mediados del s. IX. Con el tiempo fue tomando fuerza la resistencia asentada en Asturias y se estableció una pequeña corte con capital en Cangas de Onís, inicándose el primer núcleo de resistencia frente al Islam que reflejaba la lucha entre los romano-visigodos y los españoles del norte contra los witizanos en primer lugar, y mas tarde contra los musulmanes, muy enfrentados entre sí a lo largo del s. VIII: los del norte contra los del sur, los beréberes contra los árabes.

La detención de la expansión musulmana en la batalla de Poitiers del 732 tuvo grandes consecuencias para el mundo cristiano-occidental, en primer lugar porque aunque los invasores árabes no habían dejado de avanzar con gran rapidez, carecían de instituciones políticas fuertes para organizar los territorios conquistados; ademas porque la idiosincracia árabe era tan proclive al enfrentamiento entre facciones como lo era tambiéni la nobleza visigoda27; en el 740 se rebelaron los bereberes contra la supremacía que pretendían imponr los árabes que se habían reservado las tierras mas ricas de Andalucía y Levante; entre los años 741 al 756 se suceden diversas contiendas entre las facciones musulmanas, y esto permitió a Alfonso I, rey de Asturias (739-757), consolidar su reino en el norte cristiano. A su vez por parte de los árabes ocurrió un fenómeno nuevo: depuesto en el a. 750 el califa de Damasco Marwan II por Abu-l.-Abbas con el apoyo de los chiíies y musulmanes no árabes, fue postergada la dinastía de los Omeya asumiendo los Abbasidas el califato que asientan en Bagdad influyendo el cambio de dinastía en todo el mundo musulmán.

En este contexto, un joven procedente de la familia Omeya, Abd-al-Rahman I castellanizado como Abdelrahmán (756-788) huyendo de la persecusión abasí viene a España, y tras luchar contra los musulmanes asentados en los antiguos territorios visigóticos (luchó durante seis años contra los bereberes de los valles del Tajo y del Guadiana), y en la decisiva batalla de Musara (15 de mayo del 756) en que venció al gobernador musulman de Zaragoza, se desprende de la tutela del califato de Bagdad fundando en Córdoba un emirato independiente (aunque seguía dirigiendo la oración del viernes en nombre del califa), emirato que pervivió desde el 756 al 929 extendiendo su control sobre la España sometida al dominio musulmán, aunque no pudo contrarrestar la presión de los francos en los Pirineos mediterráneos. Los francos liberaron Gerona de los árabes en el 785 asentándose en amplias zonas de la actual Cataluña durante el s. IX, territorio que sería conocido mas tarde como Marca Hispánica; por el noroeste el emir tampoco pudo recuperar las tierras que los cristianos iban ocupando en la submeseta norte española, donde la monarquìa asturiana trayendo ventaja de las luchas intestinas entre musulmanes iba consolidando su poder. Las crónicas dan pocas noticias de la vida de don Pelayo (salvo que lo mató un oso), ni tampoco de su hijo Favila (737-739); tenemos mas noticias de su sucesor Alfonso I (739-757) que de hecho fue el fundador del reino astur uniendo a cántabros y astures (era hijo del duque Pedo de Cantabria y estaba casado con una hija de don Pelayo) aprovechándose de las luchas entre bereberes y árabes de las que resultó vencedor el emir Abd-el-Rahman I con lo que fue extendiendo su reino cristiano hasta Galicia por el oeste y el valle alto del Ebro por el este. A Alfonso I se incorporaron los hispano-visigodos del norte, los reyes asturianos se consideraban sucesores de la monarquía visigoda, y desde Asturias comienza la reconquista del destruído reino visigodo (de ahí la polémica sobre el neogoticismo de los primeros tiempos de la contienda cristiano-musulmana).

Abdelrahman I creó un Estado musulmán pujante que significó un gran foco de la cultura árabe28. Este Estado disponía de una corte brillante en la que el emir consolidó y pacificó la zona sometida a su influencia después de aplastar varias revueltas de bereberes y seguidores de los Omeya, de modo que cuando le sucede su hijo Hisham I (788-796) encontró una amplia zona pacificada y pudo iniciar una ofensiva contra los cristianos del norte. Desde Córdoba los emires gobiernan la España musulmana, pero ésta perderá su antigua unidad tan trabajosamente lograda para desangrarse en discordias civiles, muchas veces sustentadas en las diversas interpretaciones coránicas, achaque politico del mundo árabe (que se sigue perpetuando en nuestros días) y en general de los pueblos semíticos. Los árabes luchan entre sí en estériles luchas civiles, y la descomposición política se convirtió en una característica de los musulmanes en España que muy pocas veces constituyeron una auténtica unidad política; la misma heterogénea composición étnica de los musulmanes establecidos en Al-Andalus, término con el que los invasores denominaron a Hispania, hizo que con frecuencia y desde el principio surgieran rivalidades y tensiones entre los distintos grupos que llegan a su cenit con la sublevación bereber contra árabes y sirios. Tampoco el califa de Bagdad podía controlar el inmenso imperio musulmán, y especialmente España por la lejanía y dificultad de comunicaciones donde no podían seguirse puntualmente las órdenes del califa, por lo que el emirato de Córdoba pudo llevar adelante una vida bastante independiente sin grandes complicaciones, y lo mismo fue sucediendo en el norte de Africa donde surgieron nuevos reinos musulmanes cada vez mas independientes de Bagdad.

El emirato cordobés dura hasta el 929 en que Aldelrahman III (muerto en el 961) toma el título de califa además de príncipe de los creyentes por su autoproclamación de sucesor del Profeta con todo el inmenso prestigio que tenía entre los musulmanes este título; de opinión absolutamente contraria eran los cristianos medievales que consideraban a Mahoma un hereje, un falso profeta, y por ello condenado por Dante (1265-132129), y antes por Juan Damasceno, nacido hacia el 650 y muerto aproximadamente un siglo mas tarde, por tanto conocedor de las primeras fases de la predicación islámica. Juan Damasceno fue un teólogo cristiano ortodoxo nacido en el seno de una familia árabe cristiana, y él mismo servía en la administración financiera en la corte de los califas omeyas de Damasco cuando se vió obligado a renunciar a su puesto por la política anticristiana del califa Abdelmalik (685 -705), acabando su vida como monje en el monasterio cristiano de Mar Saba en Jerusalén. A él se debe la primera obra importante contra el islamismo. Escribió una obra monumental, Fuente del conocimiento (originariamente en griego) que ejerció gran influencia en el Occidente cristiano, y entre otros temas dedicó gran atención a las herejías del cristianismo por lo que acabó denominándose Libro de las herejías donde incorpora una sucinta descripción del Islam (aún no llamado de esta forma) entendido por Damasceno como una doctrina cristiana errónea. Juan Damasceno llama ismaelitas a los seguidores de aquella nueva fe por Ismael, el hijo de Abraham nacido de Agar, que desde el historiador griego Sozomenos (siglo VI d. C.) solía ser considerado como el ancestro común de los árabes30- Damasceno considera a Mahoma un falso profeta (πσέυδοπροφἠτής), y en el Libro de las Herejías lo presenta como precursor del Anticristo, tesis que tendría consecuencias mas tarde. En realidad esta doctrina se basaba en la idea de los cuatro imperios del profeta Daniel, siendo el cuarto imperio el romano-bizantino cuya caída se interpretaba como equivalente al fin del mundo.

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