Revista internacional de derecho romano



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www.ridrom.uclm.es Abril - 2012

REVISTA INTERNACIONAL DE DERECHO ROMANO

EL DERECHO MUSULMÁN EN LA ESPAÑA MEDIEVAL

THE MUSLIM LAW IN MEDIEVAL SPAIN
Armando Torrent

Catedrático de Derecho Romano

Universidad Rey Juan Carlos de Madrid

La aplicación en España del derecho musulmán durante ocho siglos, único país europeo que experimentó una fuerte presencia musulmana en su territorio en el que se aplicó un derecho distinto del romano-visigótico que encontraron los musulmanes al invadir España en el 711, significó un acontecimiento que pudo haber cambiado el rumbo de su derecho no sólo en España sino también en Europa, donde la presencia musulmana no pudo ser mas profunda al ser vencidos en la batalla de Poitiers en el año 732. Pero si fueron expulsados los musulmanes de Francia, su estancia en España duró hasta 1492 en que fue abatido el último reino musulmán de Granada por obra de los Reyes Católicos. Se debe a la monarquía católica en ese mismo año la expulsión de los judíos de la España cristiana, aunque está documentado que Isabel la Católica tenía algunos asesores de religión sionista. Todavía hubo una segunda penetración musulmana en Europa, esta vez por el este cuando abatido el Imperio bizantino en 1453 sustituído por el otomano, los musulmanes avanzaron rápidamente llegando hasta Viena. Sin duda la invasión musulmana representó un hecho fundamental en la historia de España –y de Europa- con cierto reflejo en la evolución del derecho en los territorios ibéricos dominados por los musulmanes hasta que fue eliminada la presencia política islámica en España en 1492, y consumado en 1609 el apartamiento musulmán de España con la expulsión de los moriscos. Pero si el islamismo fue alejado de España, el Imperio otomano a mediados del s. XV abatido el último emperador bizantino volvió a adquirir relieve político implantándose en los Balcanes, cuyas últimas consecuencias las hemos vivido recientemente con nuevas guerras étnicas y religiosas entre cristianos y musulmanes en Servia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, que han requerido tropas de la OTAN para mantener pacificados esos territorios.

También es una experiencia trágica en nuestros días la difusión del islamismo radical con gran incidencia en el mundo occidental, no sólo porque a nivel mundial el número de musulmantes (mil doscientos millones) ha sobrepasado al de católicos que hasta ahora había sido la religión con mayor número de adeptos, sino por la creciente presencia de musulmanes en el mundo occidental, y especialmente en Europa donde se han asentado preferentemente buscando oportunidades de trabajo que no encuentran en sus países de origen, inmigrantes que tienen perfecto derecho a ir donde encuentren mejores condiciones de vida. En España hay más de un millón de inmigrantes musulmanes norteafricanos y subsaharianos (en Francia más de cinco millones), además de otra numerosísima colonia de inmigrantes latinoamericanos y más recientemente de europeos del Este procedentes de países hasta hace poco en la órbita de la extinta Unión Soviética. Es cierto que todos estos inmigrantes han contribuído notablemente al espectacular crecimiento económico español desde el último treintenio del pasado siglo hasta el 2007, año en que se desató la gran crisis económica y financiera mundial que está haciendo muy difícil la recuperación.

La creciente amenaza del terrorismo islamista radical impulsado por al Qaeda que cuenta con importantísimas bases de financiación, y aunque el dos de mayo del 2011 fuerzas norteameridanas de élite han eliminado a su máximo líder Osama Bin Laden y es de esperar que se atenúe la amenaza terrorista contra Occidente, ha llevado a resposicionar las relaciones entre Occidente y el Islam. Los nuevos fenómenos de globalización y multiculturalismo con los intentos de integración cultural, religiosa y jurídica, las marcha fatigosa hacia una constitución europea y el deseo de Turquía con mayoría islámica de integrarse en la Unión Europea, aportan nuevos problemas a la integración por los diferentes modelos culturales, políticos y religiosos a lo que nada ayuda el terrorismo anclado en un fanático fundamentalismo religioso1. Ciertamente el modelo económico y político occidental está lejos de los valores religiosos y políticos del Islam, y ha suscitado reacciones por parte de los fundamentalistas islámicos2 que condenan el sistemas liberal-capitalista occidental concentrado en Europa y Estados Unidos de América. Los musulmanes confían más en la umma, en la comunidad de creyentes que es en primer lugar religiosa y abraza a todos los musulmanes en cualquier lugar en que se encuentren cualquiera que sea su nacionalidad. Los musulmanes partidarios de la yihad no creen que igualdad, libertad y democracia sean valores fundamentales del Estado , lo que dificulta un proceso de integración3 (aunque las recientes revueltas de la población contra sus gobiernos autoritarios en Túnez, Egipto, Libia, Siria, Yemen y los movimientos populares de protesta en Marruecos, parecen defender valores políticos y económicos mas cercanos al mundo occidental), y es de esperar que cese la oleada da atentados provocados en el mundo libre por la minoría de fundamentalistas islámicos que ha causado acontecimientos tan devastadores como el atentado contra las Twin Towers de Nueva York el 11 de septiembre del 2011 causando miles de muertos y desaparecidos, el atentado en una discoteca de Bali en el 2002 que causó mas de doscientos muertos, el atentado de Madrid el 11 de de maro del 2004 con 192 muertos y más de mil heridos (a mi modo de ver aún no están debidamente aclarados todos los extremos de su inspiración islamista declarada judicialmente), y el atentado en el metro de Londres en julio del 2005 con cincuenta y seis muertos y setecientos heridos.

Da la impresión que se está impulsando una nueva yihad (guerra santa) que si desde mediados del s. XX se dirigía contra los judíos después de la creación del Estado de Israel en 1947, en los últimos tiempos se ha extendido contra todos los no creyentes en la fe de Mahoma. Desde el último cuarto del siglo XX a partir de los atentados terroristas que secuestraron y asesinaron al equipo judío durante las Olimpiadas de Munich de 1972, y poco mas tarde (1970) cuando el ayatollah Jomeini desplazó al sha del Irán, ciertos sectores musulmanes están intentado imponer una nueva guerra de religión mantenida por los fundamentalistas islámicos que consideran a los occidentales infieles inmersos en un materialismo que los aleja de toda idea de sumisión a su Dios, a un Dios que sin duda tiene muchas notas comunes en las grandes religiones monoteístas: judíos, cristianos y musulmanes que aceptan el Antiguo Testamento. La misma genealogía de Mahoma (570-632) según narra la tradición de profeta en el Islam: sunna y hadith4 puede interpretrse como un intento de incluirlo en la tradición profética judeo-cristiana, y Mahoma (sura 96) no duda de la revelación que le hizo el arcángel Gabriel que repite y recita (qar’a). En esto consiste el libro sagrado musulmán: qur’an (“recitación”). Mahoma se considera un enviado de Dios, pero el Corán como dice Bodzin5 no debe entenderse desde el principio el libro completo en su forma actual, sino en primer término la “recitación” de revelaciones concretas que Mahoma recibió de Dios; su contenido fundamental está íntimamente ligado al llamamiento a la penitencia, a la advertencia de un jucio en el que el Dios único juzgará a los seres humanos exclusivamente por sus actos. Si se contempla el Corán en su forma actual el mensaje que contiene es mucho mas amplio de la que se atribuye al período primitivo en la Meca, porque en realidad la confección del Corán en su forma actual no se compiló hasta el reinado del tercer califa: Utman (644-656).

Los actuales recelos y desconfianzas (mutuas) entre Occidente y el Islam contrastan con la situación en España durante los primeros siglos de la dominación árabe, que se había caracterizado por una gran tolerancia de los dominadores musulmanes con los judíos y cristianos hispanos, al menos hasta la llegada de los almohades a principios del s. XII. También es cierto que los musulmanes crearon en España una estructura política independiente, y que la cohesión entre los musulmanes no era la que se está viviendo en nuestros días en que los musulmanes de cualquier parte del mundo se sienten unidos por la fuerza de su religión, aunque también hay grandes desencuentros entre los seguidores de cada una de las grandes corrientes musulmanaw: chíies, suníes, salafitas, que van desde un gran radicalismo a corrientes mas moderadas.

La instalación de los musulmanes en la Europa meridional implicó una de las mayores novedades en la historia de Europa; su asentamiento en España durante más de ocho siglos hizo que éste fuera el único país de la Unión Europea que en su día desarrolló un derecho musulmán propio6 en cuanto entró en España un pueblo semítico de estructura política y religiosa muy especial que había realizado una rapídisima expansión movido por su religión, pueblo que tenía como nota característica que lo político y lo religioso estaba unido indisolublemente. Hay que pensar que pudieron (y no lograron) tener mayor influencia en la Europa meridional altomedieval, pues el 23 de agosto del año 846 desembarcaron en las bocas del Tíber saqueando las ciudades d Centumcellae (la actual Civittavecchia), Portus y Ostia, llegando hasta Roma asolando la basílica de San Pedro y San Pablo violando el centro mismo de la cristiandad7. Ya en el 830 piratas musulmanes habian asolado las zonas habitadas de la Campania penetrando hasta Subiaco destruyendo la ciudad y el monasterio. En el 846 la construcción basilical defendida por soldados francos, lombardos, sajones y frisones fue totalmente exterminada, sustraídos de las iglesias todos los ornamentos litúrgic os, y profanados los altares. El pillaje de los templos mas importantes de la cristiandad hizo que el papa León IV entre los años 848 al 852 ordenara el levantamiento de las murallas leoninas que aún en nuestros días rodean la actual basílica de S. Pedro, y en cierta manera constituyen las fronteras del actual Estado de Ciudad del Vaticano acordadas en los Pactos de Letrán entre Italia y la Santa Sede de 1929. Destruída por una tormenta la flota árabe, en el 849 hubo noticias de la preparación de otra flota que desde las costas de Cerdeña pretendía acacar Roma, ataque abortado cuando la flota combinada de Gaeta, Nápoles, Amalfi y Sorrento comandada por Cesario, hijo de Sergio, duque de Nápoles, se colocó entre Ostia y la desembocadura del Tíber venciendo a la flota árabe y tomando numerosos prisioneros. Finalmente los musulmanes se establecieron en Sicilia. La amenaza al papado convulsionó a la cristiandad y el emperador Ludovico II declaró la guerra a los sarracenos obteniendo algunos éxitos, volviendo de nuevo en el 886 a organizar otra expedición para arrebatarles Bari. Ante la insuficiencia de la flota franca se alió con los bizantinos de la dinastía macedónica, y en el 871 los musulmanes fueron expulsados definitivamente de Bari siendo muy efímera la presencia musulmana en la Italia peninsular, no tanto en Sicilia donde fue mas duradera, pero realmente fue en España donde se frenó la potencia musulmana en Europa, aunque costó muchos siglos su alejamiento material del territorio sudeuropeo.

Las estructuras políticas de los musulmanes estaban absolutamente basadas sobre ideas religiosas; los árabes vivían de las creencias religiosas, y sus concepciones del Estado y de las relaciones sociales y económicas eran consecuencia de la religión; la sharia (ley religiosa) era la fuente única que regía la vida de los creyentes prevaleciendo siempre sobre la ley civil, que por ello mismo es muy escasa entre los musulmanes. En realidad hubo de pasar un siglo desde la muerte de Mahoma en el 632 para encontrar establecidos por primera vez por el influyente jurista As-Safi’i los fundamentos teóricos del derecho islámico colocando la sunna (praxis vital del profeta, costumbres del profera de la que existen diferentes versiones) como segunda fuente del derecho después del Corán. Esta sunna trasnsmitida de forma oral, igual que los versos del Corán, se transformaron en texto escrito mas tarde a través de miles de historias que en un primer momento se transmitían de forma oral, mas tarde fijadas por escrito y reunidas en grandes compilaciones8; cada una de esas historias se llama hadith (en turco hadit) que en principio solo significaba una narración o un comunicado de Mahoma; ejemplo de ello lo tenemos en la sura 20,9 del Corán que contiene el hadit Musa (narración de Moisés). Los hadit con el tiempo significaron específicamente narración de un acontecimiento de la vida del profeta, o bien informe sobre una declaración suya. Se conocen algunos pocos hadit con contenido jurídico: sobre el matrimonio (nikah), divorcio (talaq), normas penales, derecho sucesorio y poco más, porque la sharía en cuanto ley religiosa era suficiente para regir toda la vida y relaciones de los musulmanes. El eje de la expansión árabe se debió a la rapidísima difusión de la fe de Mahoma, y su acicate fundamental era la idea de salvación personal del guerrero si moría defendiendo su fe: la muerte por Alá era la máxima aspiración del guerrero, y de ahí el carácter santo de las guerras musulmanas (yihad) que desde Mahora fue el modo mas eficaz para unir a los musulmanes contra los infieles.



Mahoma había nacido en la Meca hacia el 570 en el seno de la poderosa tribu Quraysh que controlaba la ciudad, por entonces un centro floreciente de comercio y transporte de mercancías, y fue en la Meca donde Mahoma comenzó su predicación. Hijo póstumo de Abd Allah ibn Agd al-Muttalib, rponto fue confiado a ani S’ad a una tribu beduina pues parece ser costumbre frecuente entre los Quraysh confiar sus hijos a los beduinos para que crecieran saludables en el desierto y fortificaran su carácter aprendiendo de los beduinos afamados por su honradez y ausencia de vicios (lo que de alguna manera recuerda la educación espartana en el alto helenismo), mas tarde acogido por su tío paterno Abu Talib, padre de su primo Alí, futuro califa. La tradición musulmana informa que teniendo doce años fue con su tío a Basora donde se produjo un encuentro con un momje cristiano, Bahira (otros lo llaman Sergio) donde tuvo la oportunidad de aprender los libros sagrados (el antiguo Testamento). Trabajó com pastor para su tío Beni S’ad, y mas tarde como asalariado en la Meca, hasta que con 25 años se hizo mercader a los órdenes de Jadiya, una rica viudad con la que se casó y tuvo seis hijos, dos varones y cuatro mujeres, todos nacidos antes de la revelación. La tradición islámica presenta a Mahoma como hombre reflexivo que se retiraba a meditar a una cueva cercana a la Meca, y que en torno al 610 tuvo la visión de la aparición del arcángel Gabriel que le ordenó memorizar y recitar los versos enviados por Dios (probablemente Mahoma era analfabeto), siendo Jadiya la primera conversa a la nueva religión.

El arcángel le señaló como el último de los profetas elegidos por el dios supremo ordenándole predicar una religión rigurosamente monoteísta que en parte recogía reglas de la antigua tradición profética judeo-cristiana y en parte la solidaridad entre los beduinos que era su regla esencial de convivencia: la comunidad de musulmanes debía atender las necesidades de los mas débiles entregando para ello al jefe del grupo la cuarta parte de lo conseguido en el saqueo de las caravanas que atravesaban Arabia, despreciando el Islam el ansia de obtener riquezas y honores, de modo que solo alcanzarían el paraíso las personas generosas que hacían partícipes de sus bienes a los mas necesitados, y de ahí la animadversión contra los mercaderes codiciosos que opusieron resistencia a la predicación de Mahoma que además oponía un dios único a los diversos dioses que adoraban las tribus de la época que se veneraban en la Kaaba, santuario situado en la Meca precisamente custodiada por la tribu Quraish que aún siendo la de Mahora rechazaba su revelación por entender que el dios único privaría a la Meca de la riqueza que proporcionaban los peregrinos a la Kaaba politeísta, lo que obligó a los primeros musulmanes a abandonar la Meca. Muerto su tío Abu Talib, defensor del Islam, y Jadiya (en el 619), Mahoma se instaló en Yatrib (Medina) el 16 de julio del 622, fecha en la que comienza para los musulmanes la hégira (primer año del calendario musulmán), que en marzo del 624 asaltan una caravana que se dirigía a La Meca logrando los transportistas rechazar el ataque enviando los de La Meca un pequeño ejército a invadir Medina encontrándose ambos bandos en Badr, y a pesar de ser los mahometanos inferior en número logran una victoria que significó para los musulmanes que Mahoma era un auténtico profeta, a la que siguieron otras victorias posteriores. A partir de entonces es expulsado de Medina el clan judío de los Banu Qainuz, toda Medina abraza la fe musulmana y de hecho Mahoma queda como jefe de la ciudad. En el 628 y suficientemente robustecida la posición de Mahoma, marcha a La Meca como peregrino con 1.600 hombres; ese año no se le permitió entrar en La Meca estableciendose una precaria paz entre musulmanes y los árabes de La Meca, que al año siguiente permitieron a los primeros acceder a la ciudad. LA Meca rompió aquella situación de paz relativa en el 630 y Mahoma marcha sobre la ciudad con un numeroso ejércico rindiéndose La Meca sin oferecer resistencia Mahoma proclamó una amnistía para sus pobladores que en gran número se convirtieron al Islam, y ordenó la destrucción de los ídolos de la Kaaba que desde entonces se convirtió en lugar sagrado del Islam y su centro esencial de peregrinación, ordenándose en el Corán que al menos una vez en su vida todo musulmán debía ir en peregrinación a La Meca, además de la obligaciòn de ayudar a los desfavorecidos (en cierto modo limosna legal), e imponiendo fuertes tributos a los no musulmanes. Unificados religiosamente los pobladores de Arabia, y muerto Mahorma en el 632, pronto surgirían disensiones entre sus seguidores entre los suníes o sunitas y chiíes o chiítas (que siguen siendo en nuestros días muy virulentas, por ejemplo en Irak, sobre todo después de la retirada de las tropas norteamericanas en diciembre del 2011); mientras los suníes (término derivado de la sunna) entendieron que los sucesores de Mahoma debían ser de la tribu Quraish de la que procedía el profeta, los chiíes defendían que Alí, primo de Mahoma debía iniciar esta línea sucesoria, y de ahí que consideraran como usurpadores a los califas posteriores a la muerte de Alí.

El pueblo árabe convertido al islamismo se organizó con un sistema en que están unidas la autoridad religiosa y la política, idea que de alguna manera y con una óptica cristiana se seguía en Europa en el Imperio Bizantino (cesaropaismo iniciado con Constantino; es significativo el concilio de Nicea del 325 convocado y presidido por él), mientras que en Occidente empezaban a alumbrarse nuevas formas políticas que cristalizarán en el a. 800 cuando Carlomagno fue coronado emperador de lo que mas tarde (con Otón el Grande) se llamará Sacro Imperio Romano Germánico.

Los árabes aparecen en España como representantes del califato de la familia Omeya que gobernaba en Damasco, centro de la expansión musulmana, siendo el califa el jefe supremo religioso y político del mundo musulmán que por entonces dominaba todo el norte de Africa llegando al Atlántico. Las poblaciones sedentarias no ofrecieron resistencia, mientras que las poblaciones bereberes nómadas del interior seguían sin someterse; igualmente estas tribus nómadas del interior, muy belicosas ya habían creado problemas a los romanos que tuvieron que replegar el limes, a los vándalos que habían conquistado el norte de Africa en el 410, y de nuevo a los bizantinos cuando Justiniano pretendió reconquistar el Norte de Africa. Los árabes en el 698 toman Cartago y la costa tunecina y en el 702 vencen a una coalición de bereberes llegando hasta el Atlántico el gobernador árabe Muza ibn-Musayr cuyas victorias trajeron como consecuencia la islamización de las tribus bereberes.

Aprovechándose de las disensiones entre los partidarios de D. Rodrigo, último rey visigodo, y los partidarios de Witiza que le disputaba el trono, un noble norteafricano que la leyenda identifica como el conde D. Julián, gobernador de Ceuta, estimula a los bereberes a desembarcar en España y en el 710 se produce el primer desembarco bereber en España derrotando en el 711 a los partidarios de don Rodrigo en la batalla de Guadalete llegando Tarik hasta Toledo. Las grandes riquezas de España que ya habían sido exaltadas en el 180 a. C. por el historiador Flavio Josefo mueve a los árabes al mando de Muza a desembarcar en España especialmente para lograr botín, no contentándose con permanecer en el norte de Africa ante la seguridad de una empresa que ofrecía grandes beneficios con poco riesgo dirigiendo personalmente las campañas contra Medina Sidonia, Sevilla y Mérida, y confiando a su hijo Abd-el-Aziz la ocupación de Málaga, Granada y Murcia. Unidos en tierras de Toledo los ejércitos de Tarik y Muza se dirigen hacia el valle del Ebro y el Cantábrico que conquistaron sin encontrar resistencia que le pudiera haber opuesto lo que quedaba del Estado visigótico, dominando casi toda España en el 714.

En España los delegados del califa eran los walíes, y sobre territorio hispánico se establecieron dos tipos de guerreros: de un lado árabes procedentes de Oriente, incluso de Siria; de otro, bereberes, los auténticos moros (mauri en latín, habitantes de los antiguos territorios dominados por Roma en el norte de Africa: Mauretania Tingitana y Mauretania Caesariensis), que fueron los primeros que se establecieron con el ejército del bereber Tarik lugarteniente del gobernador omeya del norte de Africa Muza Ibn Nusayr; ya con Muza vinieron árabes procedentes del Oriente próximo.

La batalla del Guadalete en el 711 abrió la puerta a la conquista de España por los musulmanes que se realizó con extroardinaria rapidez, característica guerrera árabe que se aprovechó del inestable sistema de sucesión en la monarquía visigótica, pues desde el IV Concilio de Toledo en el 633 (canon 75) se estableció que defuncto in pace principe los nobles visigodos junto con los obispos debían designar al nuevo rey. A pesar de esta norma cada rey trataba de imponer la sucesión dinástica, y de ahí las confrontaciones internas atenuadas durante el reinado de Chindasvinto (642-649) que aunque accedió al trono mediante el procedimiento del Concilio toledano, trajo una cierta estabilización al imponer la sucesión de sus hijos Recesvinto (muerto en el 672), y Wamba (672-680). La lucha civil resurge con la elección de Ervigio (680-687), de la facción contraria a Wamba, siendo elegido finalmente Egica (687-702) que logró imponer en el trono a su hijo Witiza (702-709) provocando la reacción contraria de algunos nobles visigodos, entre ellos el conde Urbano, llamado don Julián en los poemas épicas castellanos, que en el 709 entrega a los musulmanes la fortaleza de Ceuta en el norte de Africa, al otro lado del estrecho de Gibraltar.

Las disensiones entre los visigodos a veces tenían carácter violento descuidando las fronteras marítimas, lo que puede explicar la rapidísima penetración árabe en España. Ciertamente que la invasión se vió favorecida por las disensiones entre los visigodos, pues Tarik había sido llamado por los witizanos que reclamaron su ayuda en las luchas internas por acceder al trono visigótico, y el 28 de abril del 711 las tropas musulmanas de Tarik desembarcan definitivamente en Gibraltar (en árabe Djebel Tarik, “la roca de Tarik”). La pretensión de los witizanos de imponer en el trono a Akhila, hijo de Witiza, frente al rey don Rodrigo que había sido elegido conforme al procedimiento del IV Concelio toledano, había desatado una lucha dinástica solicitando la facción witizana ayuda de los musulmanes para derrocar a don Rodrigo, que es derrotado y muerto en combate en la batalla del río Guadalete9 (en la laguna de la Janda, Medina Sidonia, cerca de Sevilla) en el 711. Con su derrota quedó abierta la puerta a la conquista musulmana de España. Que esa batalla fuera una victoria exclusivamente musulmana no está claro, pues según los cronistas árabes don Rodrigo fue traicionado por los últimos partidarios witizanos. Está documentado que una vez derrotado el ejército rodriguista, Akhila y Ardobasto, hijos de Witiza, se repartieron el cuantioso patrimonio real visigodo (se calculan en unas tres mil heredades). Vencido don Rodrigo los musulmanes en vez de retirarse de España inician su total conquista territorial desplazando los últimos restos de la nobleza visigoda, quedando subordinados los hijos de Witiza a los gobernadores árabes delegados del califa de Bagdad, y en apenas tres años los musulmanes lograro nconquistar la mayor parte de las tierras hispánicas sin encontrar gran resistencia.

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