Revista de Ciencias Sociales Nº 30 Primer Semestre 2013



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A MODO DE CONCLUSIÓN

Este recurso de recoger, en una ciudad como Madrid, experiencias de lucha no es nuevo en el campo del teatro. Teóricos como el citado Schechner (2000) se refiere a ello como “Teatro Intercultural”. Este tipo de teatro nace en los años 70 por parte de estudiosos como Grotowski o Barba, que se encargan de recoger experiencias de Kathakali en la India, o de teatro Kabuki en Japón, para incorporarlo en sus centros de estudios teatrales de Polonia y Dinamarca, pero nunca se han recogido con el fin de realizar performances subalternos o de matiz política.

En “Teatro de la Escucha”, a su vez, no sólo se van recogiendo estas prácticas sino que además va manteniendo una alta actividad con una media de tres actos por semana en los cuales se va gestando una conciencia grupal bastante fuerte. Podríamos incluso comprender esta consciencia grupal como la gestación de un “para sí”, que opera solidificando un auto-reconocimiento de los participantes del grupo teatral a partir de la noción de “hermandad”, más que la categoría económico-social de clase. El “Teatro de la Escucha” es una escuela de teatro social y político que en palabras de su fundador, Moisés Mato, pretende crear una corriente teatral nueva que genere una cultura de lucha.

A partir de las performances que analicé en el presente texto, sostengo que ésta “corriente” reúne algunas de las características necesarias para constituirse como una praxis social contra-hegemónica. Alcanzar esta realidad, sin embargo, es sumamente complejo. Como he mencionado con anterioridad, la condición de subalternidad se constituye a partir de la denegación a algunos grupos de su derecho de hacer valer una concepción del mundo propia. Para crear un grupo de intelectuales independientes que logren desde la subalternidad constituir discursos críticos, se requiere un proceso largo con acciones y reacciones, convergencias y divergencias. Este sería el proyecto del movimiento del “Teatro de la Escucha”. Para alcanzar esta meta se organiza bajo un código teatral común y por ende, para el caso que nos toca, bajo una movilización colectiva, cuyo éxito depende de una concordancia entre el habitus de los agentes movilizadores o “referente faro” (Bourdieu, 2007:96) –en este caso Moisés Mato, líder del movimiento en Madrid– y las disposiciones de aquellos que se reconocen en sus prácticas. Este apunte bourdeliano nos ayuda a comprender a su vez que no estamos hablando de espacios neutrales sino de espacios de poder, que sirven tanto para disciplinar, como para formular patrones de resistencia.

Como toda escuela de teatro se intenta crear un mapa de emociones nuevas que vayan contra los sentimientos naturalizados que cada individuo trae inserto en su habitus. Si tuviéramos que definir el sentimiento subalterno por antonomasia por parte de este grupo sería la solidaridad grupal, sentimiento que se trabaja para alimentar al grupo constantemente. En el lado opuesto de la balanza el sentimiento contra el que más se lucha es el miedo. A tenor de lo visto las preguntas que lanzo de cara a futuras investigaciones sobre el tema serían: ¿Se puede transformar una sociedad desde el teatro? ¿Si se hacen performances sin público se puede hablar de eficacia? ¿Es el teatro una herramienta transformadora para el público, el actor o ambos?

El teatro hasta el momento ha sido el ejemplo claro de una herramienta de apoyo usada tanto por la derecha totalitaria (ver los tabeaux vivents en época hitleriana) como para las experiencias de izquierda. Su fuerza reside en la transformación humana, desde la experiencia labrada sujeto a sujeto, ciudadano a ciudadano, aunque hasta el momento no se hayan encontrado investigaciones que analicen dichos procesos de transformación. Sólo una investigación continuada a lo largo del tiempo, y en la dirección adecuada, nos puede dar una respuesta a su papel como herramienta transformadora, a su misión de devolver el protagonismo a los márgenes desde la gestación de la performance.



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Recibido: Noviembre 2012
Aceptado: Febrero 2013

DESCENTRALIZACIÓN, EXPANSIÓN Y FORMACIÓN DE NUEVAS LÓGICAS TERRITORIALES EN LOS CIRCUITOS DE INMIGRANTES INTERNACIONALES. UNA APROXIMACIÓN A ITALIA Y LA PROVINCIA DE BOLOGNA
Gino Bailey Bergamin0
Para la realidad italiana, los circuitos de inmigrantes internacionales son contemporáneos respecto al resto del continente europeo. Se aprecia una descentralización de la capital regional, metropolitana y provincial, como punto de referencia y acogida reconocido del inmigrado. Consecutivamente, la activación de circuitos de inmigración internacional se produce en conglomerados territoriales a escala reducida, donde las ciudades medianas y pequeñas son protagonistas. La Provincia de Bolonia es ejemplar, ya que allí se evidencia el dinamismo que adquieren las distintas comunas como activadoras de flujos de inmigrantes, las que, a su vez, se vuelven heterogéneas, generando territorios globales, que evidencian nuevas interrogantes sobre la construcción identitaria, la inclusión e integración social.

Palabras Claves: inmigrantes, territorio, Bolonia, integración, inclusión, ciudadanía.



International migrants within the Italian reality, are the rest of contemporary Europe. A decentralization of the regional capital, metropolitan and provincial, benchmark and recognized the immigrant reception. Consecutively, the activation circuit of international immigration, territorial clusters produced in small scale, where small and medium towns are protagonists. The province of Bologna is exemplary, there is evidence dynamism acquired by activating different districts as immigrant flows, which in turn become heterogeneous, generating global territories, which put new questions about the construction of identity, inclusion and integration social.

Keywords: inmigrant, territory, Bologna, integration, inclusion, citizenship.

PRESENTACIÓN GENERAL Y APROXIMACIÓN METODOLÓGICA AL ESTUDIO

A continuación, presentaremos parte de los resultados de una investigación sobre los inmigrantes internacionales, llevada a cabo entre los meses de junio y diciembre del año 2011 en la comuna de Baricella, Provincia de Bolonia, con el patrocinio de UNIBO (Università di Bologna), en la Laurea magistrale di geografia e processi territoriali.

Este estudio consideró en su conformación original una estrategia metodológica de carácter mixto, hecha a partir de la revisión de datos administrativos secundarios, y de la posterior profundización cualitativa a través de entrevistas a distintos actores y ciudadanos de la realidad local. Por una parte, indagamos en la base de datos a nivel provincial respecto a la población inmigrante, y posteriormente se concretó una segunda fase de aproximación y profundización cualitativa realizada sobre los residentes “nativos” respecto al ciudadano inmigrado o extracomunitario.

El levantamiento de datos secundarios se hizo en base a la consulta, organización y procesamiento de datos censales a nivel provincial, impartidos en distintos documentos oficiales, los que fueron evaluados por el departamento de Servicio a la Persona al interior del municipio de Baricella0, y, posteriormente, reportados mediante la misma entidad. Gran parte del estudio que aquí se expone se ha nutrido por el análisis y procesamiento de dicha información secundaria.

Una segunda parte de la investigación, que aquí no abordaremos, considera la revisión de distintas prácticas políticas dentro del municipio respecto a los inmigrantes, así como también un estudio cualitativo sobre la construcción de la imagen del inmigrante, a partir de la población italiana autóctona residente en el municipio. Esta parte del estudio vendría a complementar la planificación comunal en base a la idea de una ciudadanía multicultural, y al esmero por reevaluar el rol de ciertas organizaciones sociales y culturales, la colaboración de una ciudadanía local residente, junto con el desempeño de los distintos servicios y lugares comunes que se encuentran en las pequeñas comunas de un conglomerado provincial.

Los circuitos migratorios internacionales para la realidad Italiana. Circuitos globales: desafíos transversales

Italia vive desde hace algún tiempo un momento inédito en la atracción de población inmigrante, que la distingue respecto de sus pares europeos. Un país que, desde la formación de su estado unitario se caracterizó por ser un punto de partida de población autóctona hacia distintas latitudes de América, pasa hoy a ser uno de acogida, asimilándose cada vez más a realidades experimentadas por España, Francia e Inglaterra, entre otros.

En el periodo de la posguerra y, principalmente, durante la segunda mitad del siglo XX, la reactivación económica proyectó a Italia como un país estable y como una nación donde la seguridad social era una realidad producto de la fuerza que adquirió el sistema público del Estado (Welfare)0. Esta herencia, sumada a la mixtura y multilocalidad interna de la nación italiana, vuelve a Italia un punto de referencia dentro de los sistemas migratorios internacionales en Europa de cara al siglo XXI.

Los casos más ejemplares, tal vez por ser los primeros en activar circuitos migratorios en la segunda mitad del siglo XX, son los de Inglaterra, Francia y Alemania. Estos países aportan cifras porcentuales considerables, fenómeno que produce un descuido científico y político de lo que ya ocurría en Italia, además de la modificación en la estructura sociodemográfica de la población en general. Si bien es cierto que solamente desde 1980 en adelante Italia tomaría real apreciación y percepción de una población inmigrante extraeuropea, los flujos de llegada tienen antecedentes previos a dicho periodo.

Entre 1930 y 1940, se registran los primeros movimientos migratorios de consideración, con los refugiados rusos, albaneses, armenios y húngaros, que por razones principalmente políticas y de extradición, llegaron a Italia como medida de supervivencia (Colombo y Sciortino, 2004: 23). Dentro de este periodo se considera también aquella población que vuelve de la experiencia en Libia, señalada por muchos como una característica postcolonial0 atingente al fascismo italiano. También podemos mencionar un grueso importante de personas que vienen desde toda América (alrededor de 8 mil personas) y de distintos profesionales, clérigos y personas ligadas a la industria, que se encontraban repartidos por el resto de Europa, y que tenían a su vez una afinidad con la nación italiana (Colombo y Sciortino, 2004: 23-24).

La isla de Sicilia fue emblemática como punto de partida de emigrantes italianos hacia toda América. En 1960, se activan los circuitos de inmigrantes provenientes principalmente de Túnez. Las regiones más septentrionales y limítrofes como Friuli Venezia Giulia, acogen dentro del mismo periodo a yugoslavos y distintos residentes de los Balcanes. Las ciudades de Roma y Milán albergan una población de profesionales, emprendedores y dirigentes, que venían principalmente desde Europa del Este. Dentro de esta cohorte de tiempo, encontramos también otro subsistema que se desarrolló como retorno de las expediciones misioneras religiosas en Isla del Cabo Verde y Filipinas, entre otras (Colombo y Sciortino, 2004: 24-25). Hasta aquel entonces, existe una tendencia marcada por circuitos de inmigrantes generados a partir de la inmigración de retorno italiana, aquella postcolonial, una profesional y dirigente intraeuropea, otra promovida por la política intraeuropea, y otra emergente inmigración extraeuropea que hasta el momento era fundamentalmente africana y asiática.

Hacia 1980, algunos de estos circuitos se extendieron por toda la península, otros se intensificaron, y aquellos de retorno, políticos o misioneros, se debilitaron0. Entre el flujo que se intensifica encontramos aquel meridional, que se había desencadenado en Sicilia con la inmigración extraeuropea africana. Ahora ya no sería solamente gente proveniente de Túnez, sino también egipcia y argelina. El marroquí llega a ser el inmigrado más visible e identificable a la fecha por los italianos. De las 1000 presencias registradas en 1980, se incrementan a 80 mil en 1990, para constituir alrededor de 170 mil en el 2002 (Colombo y Sciortino, 2004: 25-27). Los marroquíes, a diferencia de los egipcios, ocupan puestos de trabajos más visibles y homogéneos entre ellos. En cambio los últimos, además de dirigirse hacia las grandes ciudades, logran emplearse en puestos de trabajos de emprendimiento económico, concerniente a la cocina y la limpieza, entre algunos de los más representativos.

Un circuito que se activa pero bajo otros parámetros, es aquel encabezado por los asiáticos y filipinos. A esto se agrega la nueva presencia de distintos inmigrantes del sudeste asiático y de Asia en general. Los pakistaníes, población de la India, Sri Lanka, y Bangladesh, se caracterizan por aumentar el porcentaje debido a la transferencia de todo el núcleo familiar, y por consecuencia, de una acelerada contribución al crecimiento sociodemográfico.

Por otra parte, el sistema intraeuropeo se reactiva, pero bajo otra lógica distinta del periodo de posguerra. Las exnaciones soviéticas, producto de su transformación en la estructura sociopolítica y económica, sufren una fuga constante de población en dirección hacia distintas naciones del norte europeo y de algunas ciudades italianas. Dentro de estas naciones, encontramos, entre las más representativas, segmentos de población provenientes de Albania, Polonia, Rusia, Moldavia, y Rumania.

En conjunto al sistema intraeuropeo del este, se activan también los circuitos latinoamericanos, que vienen fundamentalmente desde Perú, Ecuador, Brasil y Argentina.

América y el Caribe define más de un 4% de su población como emigrante, algunas naciones caribeñas aportan cerca de un 20% de su población en el extranjero, concentrándose fundamentalmente en Estados Unidos (CEPAL, 2006). De ahí que la colectividad de latinoamericanos en el globo y, principalmente, en el continente europeo se vuelve significativa en la era global.

La situación de la colectividad latinoamericana en Europa tiene características singularmente contemporáneas de fin de siglo, siendo España el segundo país de destinación luego de Estados Unidos (CEPAL, 2006). Se destaca una fuerte presencia de la comunidad andina en el viejo continente desde 1980 hasta la actualidad (Neira Orjuela, 2009). El destino más reconocido ha sido el de España, lugar donde se llega a triplicar (3,8) la cifra de inmigrantes latinoamericanos, pasando de 74 mil a 283 mil en el decenio 1992-2001, para el año 2002 conformar un total de 388 mil (Neira Orjuela, 2009: 84).

En otras realidades, como la de Suiza, se registra alrededor de un 2% de población latinoamericana del total extranjero. El número de extranjeros tiene un incremento que va de las 15 a 31 mil personas en el transcurso de los años noventa, siendo los colombianos, peruanos y bolivianos los más representativos (Neira Orjuela, 2009: 85). En el Reino Unido, la presencia es notoriamente colombiana, y en Alemania el fenómeno es gradualmente femenino, ya que de los 92 mil latinoamericanos residentes hacia el año 2005, 63 mil eran mujeres (Neira Orjuela, 2009: 85). Portugal, por una definición lógica, pasó a ser el punto de referencia más próximo para los brasileños. De los 75 mil inmigrantes latinoamericanos, cerca de los 2/3 eran de dicho país y un 29% venían desde Venezuela (Neira Orjuela, 2009: 85).

En la realidad italiana, se identifica una concentración de población inmigrante latinoamericana solo desde 1990 en adelante. En esto coinciden Colombo y Sciortino, así como también Pipa y Verdera (2004), quienes sitúan este fenómeno específicamente entre el año 1996 y 2001. Los peruanos se perfilan como aquellos más visibles y representativos, con 80.070 presencias, siguiéndolos detrás los ecuatorianos con 77.629 personas (Pipa y Verdera, 2004; Piperno y Boccagni, 2010).

En el año 1993, los ciudadanos provenientes de América centro-meridional con residencia en Italia eran 45 mil 735 habitantes. Esta cifra incrementa a 298 mil 860 para el 2008, constituyendo así un total de un 8,7% de la población extranjera residente en la península (Piperno y Boccagni, 2010: 4). Además, al igual que para la realidad de la comunidad latinoamericana en Alemania, y aquella que identifica la CEPAL, aquí también la inmigración peruana-ecuatoriana, tiene rostro femenino.

Desde un plano más genérico y específico en la actualidad italiana, casi todos los datos anagráficos coinciden en que para el 1 de enero del 2010, la población inmigrante definida por su fuerte presión migratoria residente en Italia, es de un poco más de 5 millones, con un incremento de casi 500 mil personas respecto al año 2009, siendo 4 millones residentes, 497 mil en proceso de algún título válido y 544 mil irregulares (Blangiardo, 2010: 27).

Del conjunto ya reconocido como extraeuropeo, vemos la importancia en la población presente de Rumanos y Albanos (1112 y 586 mil para el 2010), quienes desde el año 2005 hasta la fecha son los que más presencias representan en Italia junto a los flujos migratorios de países extraeuropeos, principalmente del norte africano y Asia en general (Blangiardo, 2010: 28).

Si bien es cierto que Italia no atrae una gran cantidad de población inmigrante sino hasta fines del siglo XX, de cara al siglo XXI, no afronta un fenómeno consistentemente nuevo desde un punto de vista cualitativo. Probablemente, lo novedoso se experimenta con la activación global de los flujos migratorios que se expanden por todo el mundo, y que tiene una expresión cuantitativamente importante para este contexto. Se aprecia un origen sociohistórico de la inmigración en la península, acompañado eventualmente por los nuevos circuitos del sistema global, donde latinoamericanos, africanos, europeos del este y asiáticos, se expresan como las comunidades más representativas.

Esto hace del lenguaje de la inmigración algo más bien común que inédito y extraño, como usualmente se entendía en el siglo pasado. Sin embargo, este pasaje no deriva de un proceso automatizado y de aceptación en todos sus niveles. Los fenómenos de extrañeza y falta de asimilación para la construcción de identidad y desenvolvimiento de políticas públicas locales, aún no se asumen, presentándose como una de las principales problemáticas en niveles territoriales de características provinciales y comunales.

La expansión de los circuitos de inmigrantes internacionales es progresiva en todos los niveles de la realidad territorial, pero el recorrido de la ciencia, la política pública y los servicios sociales a escala local, son aún precarios y muchas veces nacen en un marco de alta conflictividad.

Un panorama similar se evidencia hoy en el contexto latinoamericano de cara a los procesos globales y a los circuitos migratorios que se activan dentro de la región. Podemos reconocer claramente cómo, en muchos de los casos, el inmigrado ha sido fundamental para el proceso de constitución de algunos estados nacionales, asumiendo desde ahí una valoración lógica desde el mundo historiográfico y político (Arriagada, 2011). Pero hoy la CEPAL o la FLACSO, entre algunas entidades connotadas, centran su preocupación en la dimensión contemporánea de la inmigración dentro de Latinoamérica, y en cómo los circuitos de inmigrantes internacionales van modificando ciertas estructuras sociales para diversos contextos nacionales latinoamericanos. Esto ha llevado a replantear la pregunta y preocupación sobre el inmigrado, ya no sobre lo beneficioso o pernicioso de su llegada, sino en cómo asumir su arribo desde la apuesta de la integración de los servicios sociales, y el mejoramiento de las políticas públicas, que se enraízan al unísono a las demandas de una población nativa (Arriagada, 2011: 7).

De esta manera, se ha intentado, mediante distintos foros y congresos proteger los derechos de los inmigrados dentro de la región latinoamericana. La innovación de estas medidas, pasa por promover políticas que no restrinjan la movilidad humana dentro del continente, así como también reconocer el aporte cultural, financiero, comercial y de información con el que cuentan los inmigrantes, a fin de alcanzar los propósitos de integración, inclusión y movilidad social en un contexto global emergente (CEPAL, 2006 y Arriagada, 2011).

Sea la región latinoamericana, o para nuestro caso Italia en su generalidad, existe una coincidencia en los desafíos derivados del oleaje de las migraciones internacionales en la era global. Nuevas redes y flujos, nuevas configuraciones y reestructuraciones sobre el territorio, le asigna centralidad al fenómeno más allá del orden constitutivo de las naciones. Las ciudades aparecen en esta centralidad. Grandes, medianas y pequeñas ciudades son las que actualmente activan los circuitos y flujos migratorios del sistema global.

Desde este punto de vista, se hace necesario cambiar la escala de aproximación e indagación empírica. Los movimientos migratorios son cada vez más dinámicos, y la centralidad –al menos para un contexto italiano– eventualmente no la ostentaría la capital regional, ni el centro neurálgico, como observaremos posteriormente.

Ya avanzados en el siglo XXI podríamos plantear la hipótesis de que no existe una centralidad, o una ciudad que concentre el asentamiento de la población foránea. Los circuitos se activan cada día más de forma transversal, en ciudades medianas y pequeñas, en pequeñas comunas aledañas a la capital provincial, acelerando la composición demográfica, y haciendo de los circuitos migratorios más dinámicos e imposibles de individuar bajo un solo criterio.

La contemporaneidad de los movimientos migratorios hace un llamado a un cambio de perspectiva. Así como la centralidad no la ostenta la ciudad capital, tampoco el problema de los circuitos migratorios se resuelve de modo aislado, separando al sujeto inmigrado. Si considerásemos al inmigrado como un ser cada día más global y participativo en los niveles socioeconómicos y sociopolíticos de la realidad italiana, desde luego debiéramos aceptar la idea de que involucra al territorio en su conjunto.

Esto quiere decir que sea una grande o mediana ciudad, los servicios, la política y la economía desarrollada no se pueden entender de un modo separado para una población inmigrada presente y para aquella residente autóctona italiana. Igualmente, la inclusión e integración no respecta solo al inmigrante, sino más bien al conjunto, incluido el residente nativo. Este último desafío, como bien hemos visto, se constituye a escala local pero tiene una preponderancia global, ya que se expresa como algo más bien transversal a los nuevos circuitos de inmigrantes internacionales en todo el globo, incluyendo al continente americano.

La dinámica de los movimientos de inmigrantes internacionales hace ruido hoy sobre todos los niveles de las ciudades italianas. Conviene, por lo tanto, involucrarse con las pequeñas y medianas ciudades observando el problema de la inclusividad e integración.

Pero para ello no basta solo con estudiar al inmigrado, ya que existe un territorio en transformación. Es el habitante local, el residente, en quien recae un rol importante en la construcción identitaria del territorio global respecto a la inclusividad del inmigrado. Sobre todo, si se considera que están en juego servicios sociales, económicos y políticos, los cuales involucran un “nosotros” y sufren al mismo tiempo una alteración respecto a lo que tradicionalmente acontecía en las pequeñas comunas italianas, caracterizadas por un fuerte localismo y sentido del arraigo.

La descentralización de los flujos migratorios: aproximación sobre la Provincia de Bolonia

Uno de los procesos más significativos de asentamiento en los circuitos inmigrantes, es el de la transversalidad del fenómeno en distintas escalas territoriales. En la mayoría de las metrópolis italianas, y en especial al interior de cada provincia, se está produciendo una descentralización de habitantes. Ya no son las capitales regionales ni provinciales las más representativas en el incremento de las tasas de crecimiento de población inmigrante.



Para nuestro caso, considerando la Provincia de Bologna0, en la zona septentrional de la península, encontramos que el incremento de la población extranjera, si bien es representativa por el nivel o escala provincial hace al menos 10 años, no es la ciudad capital de Bolonia la que concentra ni potencia este incremento, sino las ciudades medianas y pequeñas que conforman el total de la provincia (gráfico 1).

Hasta hace al menos 20 años la situación del inmigrado alcanzaba una representatividad regional y provincial, que se identificaba fácilmente en la ciudad de Bolonia como único punto de referencia. Ahora tal aseveración pierde sentido, y la expansión se perpetúa en todas direcciones, desde la capital regional, provincial, hasta la pequeña ciudad o pequeño asentamiento con características más precarias. Este dinamismo lo podríamos considerar como una característica propia de los ritmos acelerados del modelo global.

Por otro lado, como podemos observar en el gráfico 2, la presencia extranjera se condice con el relato a escala nacional, el cual establece una importante presencia de residentes extraeuropeos, y un incremento del aporte de las exnaciones soviéticas como Rumania o Albania. Son las poblaciones extraeuropea e intraeuropea del Este, las que se disputan la mayor participación entre 1992 y 2007 dentro de la Provincia de Bolonia.

Usualmente, la notoriedad y la exposición pública la alcanzan los marroquíes, pakistaníes y los emigrados de Bangladesh, pero como podemos observar en el gráfico 2, son las exnaciones soviéticas las que siguen al inmigrado marroquí. La explicación del estereotipo de inmigrante es más próxima al relato de carácter discursivo, y su debida intensidad en el modo en que se le trata, que supera al aspecto cuantitativo y su inferencia real en la conformación territorial.



Esto indica que el nivel de percepción, apreciación y asignación no se condice con el alcance estadístico y las cifras verídicas de la real representatividad de determinado grupo de inmigrantes. De igual modo, como señalaban los datos del año 2010 a nivel nacional, países como Rumania y Albania llegan a ser fuertemente representativos en la activación de nuevos flujos de inmigrantes que arriban a Italia hoy. Bolonia no se encuentra ajena a esta tendencia (gráfico 2).

Con el propósito de verificar la tendencia que nos mostraba la serie histórica hacia el 2007, observamos en el gráfico 3 cómo el incremento que potencia Bolonia es representativo, aunque ello no nos señale qué sucede al interior, ni qué tipo de territorio o conglomerado es el que se presenta como más atractivo.



Sabemos que el nivel provincial es representativo como activador de flujos migratorios, aunque en el presente no depende solamente de la ciudad de Bolonia, como sí ocurría antaño. Es el conjunto provincial el que ostenta los ritmos de crecimiento más acelerados. No obstante, Bolonia (gráfico 4) y las comunas asociadas a su distrito siguen siendo representativas en la atracción de la población inmigrante. Observando el comportamiento en el trienio 2008-2010, nos percatamos de un saldo positivo exponencial de población extranjera que se agrega como residente. Siendo la cifra del 2009 una superación neta respecto a la del 2008, y repitiéndose el mismo fenómeno en el 2010, respecto al año 2009.



Este acontecimiento, que pudiera parecer un detalle, se expresa solamente en dos conglomerados territoriales0 al interior de la Provincia de Bolonia: Terre di Pianura y Bologna. Esto quiere decir que en todos los demás conglomerados territoriales –a excepción de estos dos– el crecimiento no se presenta de manera exponencial y progresiva, caracterizándose en casi todos ellos una población extranjera nueva siempre inferior a la del año anterior (2009-2010).

Por consecuencia, se puede ratificar la idea de una pérdida de centralidad en la capital provincial como único dinamizador de circuitos migratorios internacionales. Así también podemos estar de acuerdo en la presencia de una expansión de los distintos niveles territoriales de la población inmigrante, entre aquella residente, y su posicionamiento en el interior de cada complejo territorial. Son los niveles territoriales más pequeños como las comunas, los que presentan las tasas de crecimiento más aceleradas en agregación de población de inmigrantes (Osservatorio, 2008).

Dicho esto, averiguaremos lo que sucede al interior de la Provincia de Bolonia, tomando como referencia el conglomerado territorial Terre di Pianura (imagen 1), representativo por ser uno de los más dinámicos, de crecimiento positivo y exponencial en la acogida y activación de flujos.

Allí intentaremos indagar cómo es la dinámica que se experimenta en la activación de circuitos de inmigrantes internacionales, qué explicaciones se pueden inferir al respecto, apuntando finalmente sobre las principales consecuencias que podría conllevar el incremento de estos circuitos, en conglomerados territoriales de ciudades pequeñas.



Activación de los flujos migratorios en ciudades pequeñas: conglomerado territorial Terre di Pianura
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