Representaciones historicas



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LA GUERRA DE ARAUCO: SIGLOS XVII Y XVIII.
Guerra ofensiva, frontera y ejército permanente:
Correspondió al gobernador Alonso de Ribera, a principios del siglo XVII, planteaba defender la línea de Frontera en el Biobío. Para ello el gobernador ideó una estrategia que consistía en la construcción de numerosos fuertes en dicha línea, quedando claro que se avanzaría en el caso de que las reducciones cercanas fuesen sometidas.

Alonso de Ribera junto con esta estrategia pidió la creación de un ejército profesional permanente, en reemplazo del ejército creado por vecinos. Dicho ejército fue financiado desde el virreinato del Perú con el envío del Real Situado, aporte consistente en dinero y especies.


Guerra defensiva
En 1608 Felipe III dictó una cédula real que permitió la esclavitud de los indígenas de guerra para satisfacer la necesidad de mano de obra que reclamaban los españoles. Esto se tradujo en incursiones de españoles en territorio araucano provocando el consiguiente abuso y maltrato hacia los indígenas. Frente a esta realidad, el sacerdote Luís de Valdivia luchó y consiguió que se aprobara la denominada Guerra Defensiva, que consistía en suspender toda incursión tras la línea del Biobío dejando incursionar a los sacerdotes en territorio mapuche para evangelizar a los indígenas de manera persuasiva; este plan buscaba la supresión del servicio personal a los que eran sometidos los indígenas para utilizarlos en las encomiendas. Este sistema que legalmente tuvo vigencia entre 1612 y 1624, fue impracticable por diversas razones, especialmente por la incomprensión de los indígenas y la necesidad de mano de obra argumentada por los españoles. Diversas razones, entre ellas la muerte de tres jesuitas, hizo fracasar la guerra defensiva; se volvió a las incursiones violentas y además la esclavitud se siguió practicando hasta la segunda mitad del siglo XVII.
Sistema de parlamentos
La necesidad de proveer de mano de obra indígena para trabajar en la región central, determinó la búsqueda de prisioneros en la Araucanía. Los españoles comenzaron a internarse en tierras aborígenes para hacer esclavos a los indígenas que presentaran resistencia.

También se abusó capturando a indígenas que estaban en paz, incluyendo a veces a mujeres y niños. Estas capturas se transformaron en un gran incentivo económico lucrativo que dinamizó las campeadas (incursiones militares) del ejército. La crueldad de estos procedimientos solía desatar la venganza de los araucanos transformando la lucha en algo interminable.

La Corona, considerando que la esclavitud indígena no solucionaba las rebeliones, y debido a que un nuevo tipo de mano de obra (mestiza) se incorporó al trabajo en reemplazo de la mano de obra aborigen, decide poner término definitivo a la esclavitud de los indígenas en Chile a través de una real cédula en 1683.

En la línea de frontera también se dio un fuerte intercambio comercial entre indígenas y españoles. Era común encontrar en este comercio fronterizo productos como vino, aguardiente, géneros, baratijas, alimentos, ponchos y animales. Ese contacto condujo, obviamente, al aumento de la mezcla racial. La actividad comercial, el mestizaje, y la incipiente evangelización en la frontera, constituyeron aspectos importantes en el precario entendimiento y la paulatina comprensión de ambas culturas. Es en este sentido que hay que entender el surgimiento de Los Parlamentos.



Los Parlamentos fueron creados con el propósito de acordar periodos sin hostilidades con los caciques mapuches negociando la paz. El primer parlamento fue celebrado, en Quilín en el año 1641.

En el transcurso del último siglo colonial la intensidad de la Guerra de Arauco disminuyó notoriamente. Influyó en ello el espíritu ilustrado de los borbones, más cercano a la economía que a la guerra, el reemplazo de la mano de obra indígena por los mestizos que se ocupaban de la labor agrícola en calidad de inquilinos.



El último Parlamento fue el de Negrete convocado en 1793 por Ambrosio O'Higgins.
LA ECONOMÍA COLONIAL.
Economía del siglo XVI
Chile en el siglo XVI giró en torno a la minería del oro. A partir del estero del Marga-marga, se explotaron lavaderos en el sur, como los de Valdivia, La Imperial, Villarrica y Osorno, más el de Quilacoya de gran producción. Hacia 1580 los recursos comienzan a agotarse y la economía del oro termina con el desastre de Curalaba que destruyó las ciudades de la zona donde estaban situados los más ricos lavaderos y la más abundante mano de obra.


La encomienda de indios, provisión de mano de obra indígena
Los trabajos que demandaba la explotación de los lavaderos de oro eran enormes y éstos sólo podían ser realizados por los aborígenes. Para obtener la mano de obra necesaria, el español se valió de una antigua institución española y la aplicó con variantes en América: la encomienda. Esta consistía en entregar un grupo de indios a un español, el cual percibía el tributo que el aborigen como súbdito del monarca debía pagar a éste. Era pues la encomienda una entrega que el Rey hacía a un español para que cobrara, en su nombre los tributos de los indígenas y como el indio era pobre y no tenía posibilidad de pagar en dinero tal tributo, debía pagar en trabajo. Así, la encomienda que había nacido como tributo, se transformó luego en una institución de servicio personal. De ese modo, el español no pagaba salario por el trabajo realizado y sólo debía dar al indio lo que la legislación consignaba.

Así, el titular de una encomienda estaba obligado a dar a los indios vestidos y alimentar cuando trabajaban en sus minas. En los pueblos debía tener un clérigo para que adoctrinara y enseñara el catecismo a los aborígenes, cumpliendo de ese modo el afán evangelizador de España; estaba obligado además a defender el territorio donde estaban sus pueblos, reparar puentes, construir caminos y por último debía concurrir, cuando fuera necesario, a la guerra en defensa de su Rey.

Pero los arduos trabajos ejecutados en las minas, el poco descanso, la mala alimentación que se les proporcionaba, enfermedades, el desarraigo que les producían los frecuentes traslados de que eran objeto por el encomendero, terminaron por diezmarlos. La caída demográfica fue acelerándose cada vez más y más; el proceso de mestizaje que absorbió a muchos de ellos, y la poca importancia de la minería en los siglos que vienen, terminarán por dejar reducidas las antiguas y grandes encomiendas.
La regulación de las encomiendas: Las tasas.
El trabajo del aborigen en las minas era difícil y las más de las veces se prestó para que el encomendero abusase de él. La Corona, consciente de esa realidad que a menudo le representaban los curas y misioneros, ordenó desde el primer momento protegerlos, surgiendo de ese modo una gran cantidad de normas legales que trataron de regular el trabajo de los naturales. Las tasas fueron los cuerpos legales destinados a regular el trabajo de los indígenas en las minas, fueron dictadas por Pedro de Valdivia, y aunque éstas prescribían el servicio personal, regulaban la edad y normas del trabajo. El cuerpo jurídico más importante dictado durante este período fue, como ya se ha dicho, la “Tasa de Santillán”, puesta en ejecución en 1559. El cuerpo legal sancionado reguló el servicio personal, dándole una dimensión más humana. En reemplazo de la Tasa de Santillán se dictó una nueva ordenanza, conocida ésta como la “Tasa de Gamboa”. En mayo de 1580, promulgaba la tasa que pretendía abolir definitivamente el servicio personal. Cada indígena debía pagar un tributo de 8 pesos anuales deducido de un trabajo de libre.

La tasa fue, como es natural, fuertemente resistida por los encomenderos, que veían en ella su completa ruina. Poco después de iniciada la “Guerra Defensiva”. La última reglamentación conocida surge debido al fracaso definitivo de la guerra defensiva y se dicta en 1635. Esta nueva ordenanza, conocida como “Tasa de Laso de la Vega”, suprimía el trabajo obligatorio y lo reemplazaba por un tributo pagable en especies ó en jornadas de trabajo.



Las mercedes de tierra, propiedad privada del suelo
Las encomiendas no constituían derecho de propiedad sobre la tierra; ésta dependía de otra institución que se llamó la Merced de tierra, que consistía en que el gobernador, el cabildo o el propio Rey entregaba a un español la propiedad de una porción de tierra, para gozo y dominio de él y sus descendientes. La merced de tierras, se expresó en las ciudades y sus alrededores en forma de solares y chacras, después de ello se encontraban las estancias o haciendas.

Algunas de éstas alcanzaron considerable extensión y en ellas el agraciado tenía pleno derecho de propiedad, podía trasmitirlas indefinidamente a sus herederos, enajenarlas o donarlas.


La agricultura y la ganadería en el siglo XVI en Chile
La agricultura chilena nace antes de la llegada de los españoles, pues los incas, que habitaban o tenían sometida a la parte norte del país, habían creado una agricultura bastante avanzada asociada al maíz, la papa y la quínoa, el ají y otros productos. El español introdujo en el país cultivos como el trigo y árboles frutales europeos, que se adaptaron con gran facilidad, constituyendo algunos de ellos verdaderos bosques en el sur, como es el caso de las manzanas.

Además trajeron al país numerosos animales domésticos y ellos dieron origen a una importante cantidad de ganado en el país. Importancia tuvo la introducción de especies como: caballos, vacas, ovejas, cerdos, cabras y gallinas, todos los cuales se adaptaron y reprodujeron rápidamente. Así el caballo, elemento fundamental en la expansión de la Conquista, ya en 1545 existía en abundancia. El vacuno fue otro producto vital por la alimentación que su carne proporcionaba al español. A fines del siglo tendrá un aumento tan considerable que su explotación llegará a ser fundamental en el siglo XVII.


Comercio y economía de sebo y cueros en el siglo XVII
Ya se ha señalado que el Real Situado en el siglo XVII permitió dinamizar la economía, al aumentar el poder adquisitivo y liberar por otra parte a los agricultores de obligaciones defensivas, lo que aumentó la producción en los campos. También a fines del siglo XVI y principios del siglo XVII, la aparición de plata en las minas de Potosí, transformó la economía del sur de América, y el Virreinato del Perú se convirtió en un gran productor de metales preciosos y consumidor de productos de reinos vecinos. Chile exporto hasta el Perú diversas especies que constituyeron rubros de ingresos económicos de mayor importancia. La demanda de Potosí, que trató de cubrir Chile, consistía en alimentos como cereales y frutas secas, vino y aguardiente, pero principalmente fueron los productos de la ganadería los más favorecidos: cueros, charqui, sebo (para jabones y velas), vellones (cuero curtido de carnero u oveja, con su lana) y cordobanes (cueros curtidos de cabra). La industria del cuero fue durante todo el siglo una industria en alza. Las curtiembres aparecieron por todas partes y cada hacienda, villa o lugar contaba con pequeños establecimientos en los cuales se procesaba el cuero, para convertirlo en cordobanes, badanas y suelas. Por último, debemos decir que el charqui constituía el alimento fundamental en los distritos mineros alejados de las regiones agrícolas y con escasa fertilidad en sus suelos. Se les enviaba paquetes que incluían además de las clásicas tiras secas de charqui, costillares, piernas y lomos salados. El comercio de productos ganaderos sirvió de base a las primeras grandes fortunas del Reino.

Siglo XVIII: El siglo del trigo en Chile
Un inesperado acontecimiento cambió completamente la fisonomía agrícola de Chile a fines del siglo XVII. En 1687, ocurrió en Lima un fuerte terremoto, que destruyó esa ciudad y la vecina del Callao, junto a ello un polvillo negro apareció en los campos de trigo peruano que termino con la producción de trigo produciendo una fuerte crisis. Chile asumió la tarea de satisfacer el creciente mercado limeño.

Al iniciarse el siglo XVIII, entonces, Chile aparece como gran productor y exportador de trigo. Los dineros ingresados por el comercio de exportación de trigo se invertían en la adquisición de productos de consumo general que vendían los comerciantes limeños y en menor escala los chilenos, aunque el contrabando del siglo XVIII, permitió invertir en otra serie de artículos y en obras de infraestructura importante. El fenómeno de la exportación de trigo produjo en Chile otro tipo de consecuencia: fortaleció la propiedad. La extensión del cultivo a todo tipo de tierras, hizo apreciables a los ojos del agricultor hasta el más empinado cerro o la más rocosa y arenosa ribera del río.


La hacienda
La hacienda es una forma de organización económica típica del sistema colonial español, y se utiliza para describir un sistema de grandes latifundios (extensiones territoriales) que constituían un fin en sí mismo como símbolos del status social. En términos productivos se caracterizó por el autoabastecimiento, excepto en artículos de lujo, de ostentación, que se destinaban para el grupo de gente en el círculo de confianza del patrón.

Las haciendas tienen su origen en concesiones, territoriales (mercedes de tierra) realizadas por la corona a los conquistadores. Durante siglos la hacienda fue uno de los pilares fundamentales en los que descansó la estructura social chilena, producto del orden jerárquico (por clases) imperante en el campo, con los patrones, mayordomos, inquilinos y peones, reflejó de manera patente el ordenamiento semiestamental que caracterizó a nuestro país durante los siglos XVII y XVIII.

Durante la primera mitad del siglo XVII, la transformación del virreinato del Perú en un gran productor de minerales preciosos –cuyo símbolo más patente fue el riquísimo yacimiento de plata de Potosí-, actuó como una poderosa fuerza que dinamizó las economías vecinas. En ese contexto, la economía chilena respondió con el envío de productos ganaderos al virreinato peruano; en especial, cueros, vellones, sebo y charqui. El estímulo de la demanda peruana significó un cambio en el modelo de asentamiento, que llevó al desarrollo de la gran propiedad territorial en el valle central del país y a la búsqueda de nuevos sistemas laborales que complementaran el decaído sistema de encomiendas. Esto se llevó a cabo mediante la esclavitud de los indígenas capturados en la guerra de Arauco.
La estancias ganaderas fueron dando paso progresivamente a haciendas cerealeras, especialmente en la región del centro del país, y la exportación de cereales se convirtió en el rubro más importante de la economía chilena. La precaria estructura laboral del siglo XVII dio paso a un nuevo sistema de relaciones sociales de corte señorial (en base a la figura del patrón de hacienda y el inquilino), centrado en grandes haciendas que absorbían la mayor parte de los recursos y la mano de obra.

La necesidad de cuidar los terrenos hizo posible el desarrollo de un tipo especial de trabajador agrario, el inquilino, que era un arrendatario puesto por el dueño de un fundo para resguardo de sus linderos o límites de la hacienda.

En síntesis, durante el último siglo colonial se sentaron las bases del gran latifundio que caracterizó el paisaje rural durante siglo y medio a partir de la Independencia, y que dejó profundas huellas en el carácter de la sociedad chilena hasta nuestros días.

La vida chilena de fines del siglo XVIII girará en torno a la hacienda y el trigo, que serán básicamente los elementos que más ganancias aportarán a los habitantes del territorio. En el campo se refugió la mayor parte de la población, encabezada naturalmente por el hacendado, que vivía y se preocupaba de todos los sectores que convivían en la hacienda. La hacienda colonial llevó una existencia semi aislada con muy pocos contactos con el mundo exterior. Dentro de sus límites estaba todo lo que el hombre necesitaba; el alimento se producía allí y el vestuario para los campesinos era hilado y tejido en ella.


Los impuestos
La Corona española recurrió a los impuestos para financiar los gastos de la administración colonial. Lo formaban más de cuarenta impuestos diversos. Entre los principales encontramos:

  • El Quinto Real: Consistía en la percepción por parte del Rey de la quinta parte de los metales y de las piedras preciosas.

  • El almojarifazgo: Contribución aduanera sobre las mercaderías internadas al país o extraídas de él. La tasa de este impuesto varió a lo largo del período colonial.

  • La alcabala: Impuesto que se aplicaba sobre el valor de los bienes muebles o inmuebles que se transferían.

  • El Diezmo: La décima parte de los productos agrícolas y ganaderos de cada año. Era cobrado por el Estado con la obligación de dedicar su producto al sustento de la iglesia.

  • Las Anatas y Medias Anatas: El 100% o el 50% de un primer sueldo anual que debían pagar los empleados públicos, la mitad antes y la mitad después de su nombramiento.

  • Derramas: Contribución extraordinaria solicitada por el Rey o los Gobernadores ante guerras o rebeliones.


El comercio colonial: El sistema de flotas y galeones
El comercio de España en América se estableció sobre la base de un fuerte “Monopolio comercial” (América podía comerciar productos, tanto en su compra como en su venta, solamente con España). Desde la metrópoli se despachaban al Nuevo Mundo todas las mercaderías que los habitantes de él consumían y sólo los españoles podían hacer ese comercio. Uno de los primeros pasos dados por la Corona para asegurar el monopolio, fue la creación en 1503 de la Casa de Contratación, organismo que estaba destinado a centralizar todas las actividades relacionadas con el comercio americano. El otro paso fue la prohibición de que los barcos españoles de comercio navegaran solos; en adelante debían hacerlo en flotas, protegidas por grandes convoyes de naves de guerra como forma de cuidar los bienes.

A principios del siglo XVIII, y como consecuencia de las interminables guerras europeas en que España tomó parte, el sistema de flotas y galeones estaba en completa decadencia. España no tenía barcos de guerra que pudieran proteger a los navíos y éstos eran presa de los osados corsarios y piratas del Caribe.


Las reformas borbónicas
En 1701 se produce un cambio de dinastía en la corona española, llegando a esta la familia de origen francés denominada Borbones.

Los nuevos monarcas Felipe V, primero, y Carlos III, luego, imbuidos por el “Despotismo Ilustrado” impondrán en sus reinos una serie de cambios que tenían por objetivo superar la crisis económica y política en la que estaba sumida España. Los borbones se rodearon de eficientes ministros que implementaron nuevas ideas de y métodos de gobierno relacionados con los postulados de la emergente ilustración.

Dichas reformas instalaron un nuevo sello de gestión política y económica caracterizado por la centralización administrativa e implementaran una serie de reformas tanto económicas como administrativas que buscaban asegurar y recuperar el control de sus dominios en América.

Estas transformaciones, sin embargo, no lograron revertir el proceso de decadencia española, la que se agravó a comienzos del siglo XIX con la invasión napoleónica y las guerras de independencia que se iniciaron en sus colonias americanas.


Reformas administrativas:


  • Se crean dos nuevos virreinatos, el de Nueva Granada (1717) y el de Río de la Plata (1776).

  • Se fortaleció el poder sobre la iglesia, llegando a expulsar a la orden religiosa de los Jesuitas.


Reformas económicas:


  • En 1739 se crean los navíos de registro que pone fin al sistema de Flotas y Galeones.

  • En 1778 se dicta la “Libertad de Comercio” que facilita el comercio directo entre América y los puertos de la metrópolis (España).


Reformas en Chile:


  • Se crearon nuevas subdivisiones administrativas denominadas intendencias (Santiago y Concepción).

  • Se crean nuevos organismos educacionales como la real Universidad de San Felipe.

  • Se crean organismos que impulsan el comercio como la Casa de Moneda y el Tribunal del Consulado.



UNIDAD III: LA CREACIÓN DE UNA NACIÓN





EL PROCESO DE INDEPENDENCIA EN CHILE
La situación colonial
El siglo XVIII representa el epílogo de la dominación hispánica y también su apogeo, hecho que se deriva de diversas causas y factores.

La paz relativa de la Guerra de Arauco con la celebración de los parlamentos, se tradujo en prosperidad económica, particularmente la agricultura alcanzó un auge sin precedentes, a modo de ejemplo el siglo XVIII ha sido denominado “el siglo del trigo”.

El orden político, el despotismo ilustrado constituyó una verdadera revolución desde arriba, pues los soberanos, déspotas ilustrados, se propusieron mejorar las condiciones de vida de sus súbditos bajo el lema “todo para el pueblo, pero sin el pueblo. América y Chile experimentaron las consecuencias benéficas de esta política implantada por la dinastía de los borbones.
Antecedentes externos del proceso de Independencia
1. La Independencia de Estados Unidos (1776): Este proceso fue visto por algunas personas de la época como un ejemplo de lo que podría ocurrir en los dominios de España.

Muchas de las nuevas ideas políticas sobre derechos de los ciudadanos, libertades públicas y régimen representativo fueron puestas en práctica en los Estados Unidos y demostraron de una manera clara la posibilidad del sistema republicano.


2. La Revolución Francesa (1789): constituye otro ejemplo de la puesta en práctica de las nuevas ideas políticas. El término de la monarquía y de todo el régimen que la sustentaba, y la participación del pueblo en asuntos público, llamó la atención del mundo. El súbdito se transformó en ciudadano, y el dogma del origen divino del poder real fue reemplazado por el principio de la soberanía popular.
3. La crisis de la monarquía española: al comenzar el siglo XIX gobernaba en España el rey Carlos IV, que por su avanzada edad e ineptitud dejó entregados los asuntos de gobierno al favorito de la reina, Manuel Godoy.

Los abusos, la deshonestidad y las intrigas de la corte, habían creado un gran descontento que se agravó con la entrada de las tropas francesas, despachadas por Napoleón para invadir Portugal. Esta situación provocó un motín popular en Aranjuez, que obligó al monarca a despojar a Godoy de sus cargos, y ante la continuación de tumultos y saqueos, abdicar a favor de su hijo Fernando VII.

En tales circunstancias, en 1808, Napoleón convocó a la familia real a una entrevista en Bayona y logró que Fernando VII devolviese la corona a su padre y que éste se la entregase a él. Desde ese momento la familia real quedó prisionera y Napoleón designó a su hermano José Bonaparte como “Rey de España e Indias”.

El pueblo español no aceptó esta imposición y se levantó en armas contra las fuerzas francesas, anunciando su voluntad de no admitir otro gobierno que el del “bien amado” Fernando VII, en quien la nación española había puesto sus esperanzas de reformas y nueva grandeza, para lo cual formaron gobiernos locales conocidos como Juntas Provinciales.

Posteriormente, la inconveniencia de dispersar los esfuerzos obligó a unificar la acción en una sola Junta, La Junta Central de Sevilla. Y luego en un Consejo de Regencia en el puerto de Cádiz.

4. La crisis política en América: a raíz de los sucesos de España en las colonias se formaron dos bandos que plantearon soluciones.




  1. Los españoles que luchaban por mantener a los virreyes y gobernadores y obedecer al Consejo de Regencia, aceptando las órdenes que despachase este gobierno, la mayor parte del clero y de los comerciantes y también algunos americanos.

  2. Los criollos, en cambio, se negaban a reconocer al Consejo de Regencia, que sólo representaba al pueblo español, y estimaba que los virreyes y gobernadores debían cesar en sus cargos. El mando de cada región debía corresponder a una junta de gobierno.

Los fundamentos teóricos que tenían los criollos para formar juntas eran los siguientes:



  1. Las colonias americanas pertenecían a la corona española y no al pueblo español, por lo tanto, no tenían por qué obedecer al Consejo de Regencia.

  2. Por el cautiverio del Rey, el poder había vuelto al pueblo y éste podía formar el gobierno provisional que durase hasta el regreso del monarca.

  3. Las viejas leyes españolas indicaban la forma de crear organismos de gobierno en ausencia del rey y las mismas provincias de España habían dado el ejemplo estableciendo juntas.

  4. Los americanos eran súbditos del Rey y no del pueblo español, por lo cual estaban en condiciones de adoptar las soluciones que estimasen convenientes.

5. La influencia de las ideas de la Ilustración: este movimiento intelectual que plantea el uso de la razón, el espíritu crítico y reformista, influyó en numerosos americanos; debe considerarse como un factor externo que ayudó a socavar la legitimidad monárquica. Las obras de Voltaire, Rousseau y Montesquieu, pese a la prohibición de las autoridades españoles, llegaron hasta América con frecuencia y con ella los principios de fraternidad, libertad y soberanía popular.

Las ideas de limitar el poder absoluto y los derechos del pueblo frente a la monarquía, como el nuevo principio de legitimidad basado en la soberanía popular abrieron los ojos a los criollos y los prepararon para una gradual pero definitiva ruptura con el orden monárquico.
Antecedentes internos del proceso de Independencia
1. Reformas Borbónicas: los nuevos cambios propugnados por el gobierno Borbón que imbuidos por el “Despotismo Ilustrado” impondrán en sus reinos un nuevo sello e implementaran una serie de reformas económicas y administrativas que buscaban asegurar el control de sus dominios a fin de obtener una mayor centralización política, administrativa y económica de América.
Reformas administrativas (Reformas Borbónicas):


  • Creación de dos nuevos virreinatos, el de Nueva Granada (1717) y el de Río de la Plata (1776)

  • Se fortaleció el poder sobre la iglesia, llegando a expulsar a la orden religiosa de los Jesuitas.

Reformas económicas:



  • En 1739 se crean los navíos de registro que pone fin al sistema de Flotas y Galeones.

  • En 1778 se dicta la “Libertad de Comercio” que facilita el comercio directo entre América y los puertos de la metrópolis.

Reformas en Chile:

  • Se crearon nuevas subdivisiones administrativas denominadas intendencias (Santiago y Concepción)


2. Problemas entre españoles y criollos: entre ambos sectores se generó una constante pugna por los cargos políticos.

El crecimiento del grupo criollo y su influencia dentro de la sociedad corrió a la par con el deseo y la necesidad de ocupar puestos, especialmente en los niveles superiores. Estos propósitos chocaban con la preferencia otorgada a los españoles. De esta manera, a pesar del nombramiento de criollos en diversos cargos, la proporción era mucho mayor a favor de los peninsulares, causando resquemores, como en el caso del cargo de gobernador, éste estuvo invariablemente en manos de españoles, lo que hacía más clara la desigualdad y desconfianza hacia el elemento criollo.


3. La conciencia criolla: el transcurso de los siglos produjo el surgimiento de una conciencia y sentimientos por la tierra natal. La fe de los criollos en su país se manifestó en planes e ideas de desarrollo económico y educacional. También se origina una identidad con la colonia y un sentido de pertenencia al lugar que se habita.

Los planes reformistas de los criollos y sus deseos de participar en el gobierno, eran la manifestación de una conciencia americana que pugnaba por alcanzar un destino propio, que chocaba inevitablemente con los intereses españoles.


4. El gobierno de Francisco Antonio García Carrasco, precipita los acontecimientos.Debido a algunos problemas internos García Carrasco asumió el gobierno con una fuerte oposición entre los poderes de gobierno. Además, poco a poco fue ganándose la enemistad de los criollos debido a su carácter terco y a sus costumbres.

La llegada de José Bonaparte al trono español, fue otro hecho que vino a complicar más aún la gestión del nuevo gobernador pues, mientras la población de Chile declaró su fidelidad al rey Fernando VII, el gobernador eludía el pronunciarse lo que hizo recaer en él sospechas sobre su fidelidad.

Algunos incidentes internos acentúan las manifestaciones en contra de García Carrasco, llegando al punto de pedir su renuncia. Ante la gravedad de los sucesos la Real Audiencia intervino para solicitar la renuncia al gobernador, el que accedió a la petición el 16 de julio de 1810.

El mando recayó entonces en la persona del Conde de la Conquista, Don Mateo de Toro y Zambrano, que era el militar de más alta graduación.

Los criollos vieron en él al hombre indicado para dar un paso importante en la realización de las anheladas reformas, constituyendo una Junta de Gobierno que las hiciera efectivas.

Poco después de asumir el Conde de la Conquista, se recibieron noticias de España que señalaban que la Junta Central de Sevilla había sido reemplazada por el Consejo de regencia de Cádiz. Se pedía, por consiguiente, el reconocimiento del Consejo de Regencia y se comunicaba a la vez que había sido designado como gobernador de Chile, Francisco Javier Elío, de quien se tenían noticias en Chile por cuanto había sido un tenaz adversario de la formación de una Junta en Río de la Plata.


5. El antagonismo económico colonia-metrópoli: La incipiente industria chilena había sufrido duras pérdidas en este período, debido a que se intensifica la navegación con España y se toma contacto con las potencias industriales. Los productos chilenos manufacturados no podían competir con las importaciones extranjeras.

El negativo cuadro económico de la colonia hizo aparecer los primeros anhelos de reformas. El deseo de desarrollar la economía del país fue un tema central en los hombres cultos y en ese sentido el pensamiento reformista implicaba un antagonismo con las prácticas económicas de la metrópoli. Paradójicamente, fueron los ideales del mercantilismo los que conformaban el pensamiento renovador, pero los criollos que pensaban en un mercantilismo a favor de Chile y no de la metrópoli, cuya industria no podía admitir una competencia en el mercado colonial.

El afán de consolidar la economía chilena tenía entre sus metas la retención de los metales preciosos, lo que sería posible mediante una balanza comercial favorable respaldada por la producción general intensificada. El cumplimiento de este ideal no podía realizarse sin disminuir, o cortar el paso, de la plata y el oro a España y las colonias vecinas y por esta razón el propósito redundaba en una mayor incompatibilidad entre los deseos de los criollos y la situación de Chile como colonia.

El antagonismo económico entre la colonia y su metrópoli estaba latente, y tarde o temprano llegaría a una confrontación.


ETAPAS DE LA INDEPENDENCIA:
La Patria Vieja (1810-1814)

El período se inicia con la formación de la Primera Junta de Gobierno, el 18 de septiembre de 1810 y concluye con el desastre de Rancagua que tuvo lugar el 1 y 2 de octubre en 1814.


a) La formación de la Primera Junta de Gobierno.
Cuando se conocieron en Chile los sucesos de España, surgieron los bandos español y criollo, que lucharon por imponer sus puntos de vista.

La aristocracia criolla, por su riqueza y prestigio social, era más importante que el grupo español, e impuso la celebración de un Cabildo Abierto para discutir la situación política y establecer una Junta de Gobierno.

El Conde de la Conquista, mateo de Toro y Zambrano, puso el mando a disposición de la asamblea y luego el procurador de la ciudad, don José Miguel Infante respaldó sus ideas y al finalizar su discurso la concurrencia pidió a voces la formación de una Junta.

Esta quedó integrada por el Conde de la Conquista como Presidente, el Obispo de Santiago, José Antonio Martínez de Aldunate como vicepresidente, y los vocales Juan Martínez de Rozas, Fernando Márquez de la Plata, Juan Enrique Rosales, Ignacio de la Carrera y Francisco Javier Reina. Además fueron designados secretarios José Gregorio Argomedo y Gaspar Marín. Era el 18 de septiembre de 1810.

En los días siguientes la Junta fue reconocida en las diversas ciudades y guarniciones del país.

El espíritu de la Junta de Gobierno no fue independentista, sino de lealtad y reforma. Al proponer el establecimiento de una Junta de Gobierno de criollos perseguían dos fines fundamentales: defender los derechos del rey legítimo mientras durase su prisión y realizar reformas que pusiesen término a los abusos y problemas que aquejaban a la colonia. El movimiento juntista en consecuencia, tenía un sentido tradicional de fidelidad al monarca y un sentido reformista. Los criollos que pensaban en la Independencia eran aún muy pocos y no atrevían a expresar claramente sus ideas.

Entre las principales acciones llevadas a cabo por la Junta se destaca la creación de cuerpos militares y el aumento de los ya existentes. Decretó la apertura de los puertos de Coquimbo, Valparaíso y Talcahuano al comercio libre. También se estrecharon relaciones con la Junta de Buenos Aires, en el ámbito de la defensa y de las reformas emprendidas. Por último, la Junta se reservaba el derecho de restringir la entrada al país de cualquier mercadería cuando la protección y fomento de la industria local lo reclamase.

En materia política, convocó a elecciones para un Congreso Nacional que representase a todo el país y que fuese el continuador de la labor iniciada por la Junta.

Cuando se debían realizar las elecciones para el Congreso nacional, el primero que se elegía en Chile, el jefe español, don Tomás de Figueroa, protagonizó el famoso “Motín de Figueroa”, en donde al frente de un grupo de soldados trató de disolver la Junta y restablecer el antiguo sistema de gobierno colonial. A pesar de ello, don Juan Martínez de rozas disolvió el Motín y condenó a Figueroa a Muerte.
b) El primer Congreso Nacional:
A pesar del motín de Figueroa, las elecciones del congreso se realizaron y sus sesiones se iniciaron el 4 de julio de 1811. Los que lo componían en su mayoría eran patriotas de ideas moderadas, es decir, querían cambios graduales, y por otra parte estaban en minoría los exaltados que aspiraban a una rápida separación de España, dirigidos por los hermanos Carrera.

Entre las reformas llevadas a cabo por el Congreso se encuentran: la creación de la provincia de Coquimbo; creó un Tribunal Supremo de justicia; declaró la libertad de cultivar tabaco; mandó realizar un censo general de la población; eligió una comisión de diputados para que se redactara un proyecto de Constitución política; aumentó los impuestos y disminuyó los gastos públicos; promulgó la ley de libertad de vientre el 11 de octubre de 1811, iniciativa de don Manuel de salas, que consistía en dejar libre a todo aquel que naciera en Chile, cualquiera fuera la condición de sus padres y prohibió la introducción de esclavos.

El Congreso no tuvo un período largo de duración. Don José Miguel Carrera, hijo de un miembro de la Junta, que al saber el cargo de su padre llega a Chile de España para participar en el movimiento revolucionario, va a cambiar el curso de los acontecimientos. Una vez en Santiago, da un Golpe de Estado (4 de septiembre de 1811) apoyado por las tropas al mando de los hermanos Juan y José Luís con el objetivo de reestructurar la composición del Congreso y permitir el predominio de los patriotas.


  1. El gobierno de José Miguel Carrera (1811–1813)

No quedando satisfecho con el golpe de Estado que provocó y su deseo de ser protagonista del proceso, lo llevó a dirigir dos nuevos golpes militares, que condujeron a la disolución del Congreso en diciembre de 1811, que llevaron al poder a Carrera.

Una vez al mando de la situación, llevó a la práctica iniciativas que impulsaron la Independencia. Sobresalen entre ellas la edición de la Aurora de Chile, redactada por Camilo Henríquez, a través de la cual se divulgaron ideas republicanas; la creación de una bandera y un escudo nacional, que reemplazaba la española y buscaba reafirmar la conciencia nacional; y finalmente promulgó el Reglamento Constitucional de 1812, que proclamaba la Independencia.
d) La Junta de gobierno de 1813.
El Virrey del Perú don Fernando Abascal, siempre miró con malos ojos el movimiento criollo, y más aún cuando Carrera actuaba como si Chile fuese independiente, realizando reformas, por lo que decide atacarlo por las armas.

A comienzos de 1813 el virrey mando al brigadier Antonio Pareja a Chile para sofocar la revolución chilena. Frente a esta situación, el Senado designa a Carrera como Jefe del Ejército, teniendo que abandonar el gobierno y en su lugar quedó una Junta provisoria integrada por José Miguel infante, Agustín Eyzaguirre y Francisco Antonio Pérez, que continúan la obra renovadora creando el Instituto Nacional y la Biblioteca Nacional.


e) Campañas de la Patria Vieja.
La primera expedición española enviada Chile fue dirigida por Antonio Pareja, quien en Chiloé y Valdivia logra formar un ejército que desenmascara posteriormente en San Vicente, mientras las fuerzas patriotas al mando de carrera, y formadas en su mayoría por hombres sin experiencia militar, se movilizaron hacia el sur.

Fue así como ambos bandos tuvieron su primer encuentro en Yerbas Buenas, posteriormente, los patriotas lograron sitiar a los españoles (realistas) en Chillán, pero Carrera no se decidió a atacar en forma inmediata, siendo sorprendido en El Roble (octubre de 1813), quien iba siendo una derrota segura para los patriotas, hasta que gracias a la intervención de Bernardo O´Higgins le da el triunfo a los patriotas.

La segunda expedición española estuvo al mando de Gabino Gaínza, que ha su entrada a Chile en 1814, causa alarma entre los patriotas. Los dos bandos iniciaron una lucha. Los acontecimientos demostraron a ambos bandos la necesidad de algún arreglo. Así se llegó a dictar el Tratado de Lircay (3 de mayo de 1814), que exigía a los patriotas el reconocimiento de la autoridad de Fernando VII y a los realistas, respetar a las autoridades criollas del país. Sin embargo, este tratado sólo constituyó una tregua, mientras ambos bandos se organizaban para continuar la guerra.

La tercera expedición fue enviada a Chile al mando de Mariano Osorio, con quién se enfrentan los patriotas en Rancagua (octubre de 1814), obteniendo los españoles una victoria aplastante. Los patriotas se vieron obligados a refugiarse en Mendoza. Era el fin de la Patria vieja, pero no el fin de la aspiración a la independencia.


La Reconquista (1814-1817)
El triunfo de Mariano Osorio inauguró el período durante el cual el país volvió a estar sometido a la dominación española. Este período coincide con la derrota de napoleón Bonaparte en Europa, provocando la liberación del territorio español y la liberación – restitución de Fernando VII en el trono.

En Chile, Mariano Osorio (jefe realista) se hizo cargo del gobierno en 1814, abolió todas las reformas patriotas y restableció los organismos o instituciones coloniales. Por órdenes recibidas desde el Perú inició persecuciones en contra de todos aquellos que habían participado o reconocido los gobiernos de la Patria Vieja, siendo tomados prisioneros y llevados a la isla de Juan Fernández al mando de Vicente San Bruno.


Medidas represivas aplicadas por Osorio

  • Creación del Tribunal de Vindicación. El organismo sancionó el compromiso patriota en el período de la Patria Vieja.

  • Creación de la Junta de Vigilancia destinada a desempeñar funciones policiales.

  • Los criollos más comprometidos con la causa patriota fueron confinados a lugares alejados del país llegando en situación extrema al destierro en Juan Fernández. Manuel de Salas fue uno de los desterrados.

  • Establecimiento de una Junta de Secuestros que pretendía apoderarse de los bienes inmuebles de los patriotas. Unido a esto funcionaron los empréstitos forzosos.

Supresión y restitución de las Instituciones



  • Se suprime el Instituto Nacional.

  • Se reabre la Real Audiencia

  • Se restablece la Real Universidad de San Felipe

  • Se elimina la libertad de comercio

  • Se reinstala el Tribunal de la Inquisición.

Como sucesor de Osorio, gobernó Casimiro Marcó del Pont. Su gobierno se le conoce como el “régimen del terror”. Al asumir el cargo de gobernador anunció: “No dejaré a los chilenos ni siquiera lágrimas para llorar…”. Creó el Batallón de Talavera; restringió la libertad personal y creó un tribunal de vigilancia y seguridad pública, del cual formaba parte Vicente San Bruno, que tenía como objetivo evitar todo intento revolucionario.

La dura actitud de las autoridades españolas recibió pronta respuesta a través de:


  • Manuel Rodríguez, secretario de Carrera que estaba en contra del gobierno español. Emigró a Mendoza después del desastre de Rancagua, donde se puso bajo las órdenes de José de San Martín. Sin embargo, recibió la misión de volver a Chile y convertirse en “correo entre Chile y Mendoza, para llevar noticias de la situación del país y fomentar el espíritu de independencia. Por otro lado, cuando supo que el ejército libertador estaba próximo a cruzar los Andes, comenzó a distraer al ejército español a través de la formación de montoneras.




  • Por otro lado, cada vez crece más el resentimiento de los chilenos hacia los españoles, extendiéndose hasta los grupos más modestos de la sociedad, por lo que se generaliza la “idea de independencia”.

Los miembros de la pequeña elite local no estaban acostumbrados a situaciones de fuerza como éstas. Los atropellos y despojos que sufrieron despertaron en ellos profundos sentimientos de antipatía hacia España el rey; y las ideas separatistas, antes patrimonio de unos pocos, se extendieron a buena parte de la sociedad.


La Patria Nueva (1817-1823)
A comienzos de 1817 cruzó los Andes un ejército comandado por José de San Martín. El general argentino había planificado una liberación por etapas del cono sur. Primeros los argentinos apoyarían el proceso de recuperación de Chile, luego se organizaría desde allí, la fuerza que liberaría el Perú. Entre los 4.000 hombres que componían esta fuerza, participaban chilenos que se habían exiliado tras el triunfo de Osorio. El más importante de ellos era Bernardo O´Higgins.

Las fuerzas realistas y las patriotas se enfrentaron por primera vez en la batalla de Chacabuco, el 12 de octubre de 1817. El triunfo obtenido por O´Higgins libero al centro del país, pero nada estaba resuelto todavía. El grueso de las fuerzas adversarias se encontraba en el sur del territorio, y se tenía noticias de que nuevas tropas comenzaban a llegar desde el Perú a Talcahuano.

Chile necesitaba un gobierno y resolvió designar a O´Higgins como Director Supremo. La nueva autoridad, decidida a avanzar en la liberación del país, proclamó solemnemente la independencia de Chile el 12 de febrero de 1818. Medida arriesgada, porque las tropas adversarias habían logrado avanzar nuevamente hasta las cercanías de Santiago. Finalmente el triunfo definitivo para los patriotas vino en los llanos del Maipo, con la batalla de Maipú en 5 de abril de 1818.

Salvo pequeños contingentes establecidos en la Araucanía, Valdivia y Chiloé, el resto del país se encontraba libre de fuerzas realistas. Tocaba ahora dar una organización a la nueva república y afianzar la independencia del Territorio.

O´Higgins fue un reformador social muchas veces incomprendido. Aunque los aristócratas veían con simpatía sus ideas progresistas, no pensaron lo mismo cuando se sintieron tocados por las medidas decretadas en su gobierno como Director Supremo. Así, la elite local, que había aceptado su personalismo y autoritarismo cuando existieron peligros serios, le resto completamente su apoyo una vez que el tema militar perdió importancia. Sobre todo al constatar los afanes autocráticos de O´Higgins se hacían manifiestos en la Constitución de 1822, en la que intentaba perpetuarse en el poder. El 28 de enero de 1823 la gente más importante e influyente de Santiago se reunió en un Cabildo Abierto, y O´Higgins fue conminado a abdicar. Sin ofrecer resistencia y pensando evitar una guerra civil, el Director Supremo partió al exilio a Perú, con lo que comenzó una nueva etapa en la tarea de dar a la institucionalidad chilena un rostro definitivo.


Principales realizaciones de O´Higgins

  • Creo la Escuela Militar y la Armada Nacional.

  • Organizó y participó en la expedición libertadora del Perú.

  • Creó el Cementerio General.

  • Abolió los títulos de nobleza y el uso de escudos de armas.

  • Prohibió entretenciones públicas como los juegos de azar y las peleas de gallos.



Organización de la República (1823-1830)
El lapso de siete años que transcurrió entre la abdicación de O´Higgins (1823) y la batalla de Lircay (1830), que significó el fin de una guerra civil, fue un periodo difícil, donde un grupo de ciudadanos en las labores de gobierno se vio en la obligación de administrar un país y de dotarlo de un nuevo ordenamiento. Todos estaban de acuerdo en rechazar el pasado colonial y en crear y organizar nuevas instituciones republicanas. Las opiniones en estas materias eran diversas y, por lo tanto, los puntos en común difíciles de conseguir. Sin embargo, quienes en esos años participaban de la política tenían a su favor el comulgar en gran medida con un mismo marco ideológico. Salvo un pequeño grupo de partidarios del orden y las formulas autoritarias, la mayoría creía en las bondades del liberalismo.

Con todo, en aquellos años se vivió una continua lucha de bandos, frecuentes cambios de gobierno y una sucesión de ensayos constitucionales, debido a que cada uno de los grupos que logró controlar el gobierno intentó promover su propia formula de organización institucional a través de la promulgación de nuevas constituciones.




Gobierno

Constitución

Principales Características

Ramón Freire

Constitución Moralista de 1823, escrita por Juan Egaña.

Idea fuerza: Creencia de que las leyes por sí solas educan y aseguran el funcionamiento y el orden del estado.

Propósito: Reglamentar la vida privada para así moralizar a los ciudadanos.

Aportes: Organización de los tribunales de justicia. Establecimiento de las garantías o derechos individuales que se conservan hasta hoy.

Deficiencias: Muy difícil de poner en práctica, llena de innumerables reglas extravagantes e irreales.

Manuel Blanco Encalada

Leyes Federales de 1826, escrita por José Miguel Infante.

Idea fuerza: Descentralización y participación democrática. Admiración e imitación del modelo de organización estadounidense.

Propósito: Establecimiento de un sistema federal, donde cada provincia se gobernara de forma autónoma.

Aportes: Intento de descentralización política y económica de cada provincia, instauración de una mayor participación ciudadana.

Deficiencias: No considerar las características propias de la realidad chilena, como la rivalidad entre las provincia. Falta de recursos y fondos públicos en las distintas provincias y falta de preparación de las autoridades provinciales.

Francisco Antonio Pinto

Constitución liberal de 1828, escrita por José Joaquín de Mora.

Idea fuerza: Consagrar las libertades esenciales de cada ser humano.

Propósito: Establecimiento de una república liberal, manteniendo gran autonomía en las provincias y una disminución de la autoridad del Presidente de la República.

Aportes: Consagración de los derechos del ser humano como imprescindibles e inviolables. Se permite el ejercicio público de otra religión que no sea la Católica, Apostólica y romana.

Deficiencias: Debilitaba en extremo el poder del Presidente de la República, en una época en que era necesario. Daba mucha autonomía alas provincias, todavía sin capacidad para ejercerlas.



La situación económica del país
En las décadas siguientes a la independencia, la economía chilena, tradicionalmente agropecuaria, vio incrementar su producción minera y fortalecer su actividad comercial. Sin embargo, en lo inmediato, el panorama económico no era auspicioso: la agricultura estaba en crisis y el Estado desfinanciado.

Las administraciones que se sucedieron entre 1823 y 1830debieron hacerse cargo de de esta grave situación en un momento en que los ingresos regulares no eran suficiente para compensar los gastos. Entonces se llevaron adelante medidas drásticas, como el secuestro y enajenación de bienes del clero regular o la venta de la mayor parte de la Escuadra Nacional. Lo más importante de estas medidas, fue en sus aspectos políticos, la transferencia del monopolio de la importación y la venta del tabaco, más conocido como “estanco del tabaco”, a la firma Portales, Cea y Cía. Este monopolio constituía la principal fuente de ingresos del Estado y se entregó a la firma a cambio del pago de la deuda externa del país. Si bien el negocio no prosperó y la firma quebró, la situación llevó a que Diego Portales y un grupo de comerciantes, conocidos como los estanqueros, decidieran intervenir en la actividad política, dado en que la inestabilidad que se vivía impedía el buen funcionamiento de sus actividades comerciales.


El fin de un periodo
A fines de la década de 1820 el país se hallaba dividido en dos bloques políticos que sustentaban posturas, a esas alturas, irreconciliables. Por una parte estaban los conservadores, grupo compuesto por los antiguos seguidores de O´Higgins, conocido como pelucones, y por otra parte el grupo de comerciantes liderado por Portales, portalianos o estanqueros, quienes miraban con gran simpatía y nostalgia los gobiernos autoritarios y promotores del progreso de fines del periodo colonial. Frente a ellos estaban los pipiolos o liberales, dispuestos a perseverar en sus experimentos políticos cuanto fuera necesario para lograr implantar los modelos políticos que se inspiraban en las doctrinas liberales.

Entre 1829 y 1830 las diferencias entre grupos llegaron a su punto más alto, estallando una breve pero decisiva guerra civil. Luego de las batallas de Ochagavía en diciembre de 1829 y de Lircay en abril de 1830, los conservadores lograron imponerse militarmente sobre los liberales, para luego, bajo la tutela de Diego Portales, imponer un sistema de gobierno que marcó un hito en el proceso de organización de la república.


EL PROYECTO POLÍTICO CONSERVADOR
El triunfo de la batalla de Lircay, marcó el inicio de una nueva etapa de la historia de Chile. Los sectores conservadores se impusieron de manera definitiva sobre los liberales, y una vez en el poder, se empeñaron en dar estabilidad al país y en diseñar las instituciones que rigieron durante gran parte del siglo XIX.

Los conservadores eran un grupo muy variado de ciudadanos que encontraron en el pragmatismo de Diego Portales una buena interpretación de lo que entendían por orden institucional, basado en la administración centralizada del poder.


¿Quién fue Diego Portales y que aspectos caracterizaron su pensamiento político?
La figura de Diego Portales aún hoy sigue siendo polémica. Por muchos historiadores ha sido considerado el creador de la República; otros los postulan como un dictador que sólo actúo en una coyuntura, sin ser el creador del llamado régimen Portaliano

Portales nació en el seno de una familia tradicional. Desde muy temprano se dedico a los negocios, experimentando en ese mundo las consecuencias nefastas de la anarquía. Hacia 1929 asumió un protagonismo político, cuando a raíz de la guerra civil entre pelucones y liberales se le pidió que asumiera como ministro del Interior, Relaciones Exteriores, Guerra y Marina, por el recién elegido presidente Joaquín Prieto.

Hombre esencialmente práctico, desechaba las teorías políticas. Era profundamente pragmático y su inspiración era realidad misma; de ella extrajo las ideas centrales de su pensamiento político, entre ellas destacan:


  • La base de cualquier sistema político debía ser el orden.

  • Una sociedad como la chilena, en la que había un pequeño grupo dirigente y grandes masa de población poco instruida, no estaban preparadas para un gobierno democrático.

  • Mientras no existiera una institucionalidad sólida y una cultura cívica bien cimentada, lo más conveniente era imponer una autoridad fuerte.

  • La autoridad debía ser sobria, con vocación de servicio público y sin ánimo de personalizar las funciones del estado (impersonalidad del poder)

Aunque Portales tuvo una breve participación directa en las actividades de gobierno, cuando participo en la administración de naciente Estado entre 1830 y 1831, tomó una serie de medidas tendientes a ordenar la actividad política y combatir diversos problemas sociales, y otras con el fin de eliminar a sus adversarios políticos.




  • Sometió a los bandidos y cuatreros que asolaban los campos.

  • Llamó a retiro a la mayor parte de la oficialidad del ejército que defendió las ideas liberales,

  • Apresó y exilió a muchos de los líderes pipiolos. (liberales)

Dentro de su praxis política se le conoce por haber acuñado una frase que caracterizo por la forma de gobernar de la época que se le denomino como “el peso de la noche”, el cual consiste en:

El orden social se mantiene en Chile por el peso de la noche y porque no tenemos hombres sutiles, hábiles y quisquillosos: la tendencia casi general de la masa al reposo es la garantía de la tranquilidad pública. Si ella faltase nos encontraríamos a obscuras y sin poder contener a los díscolos más que con medidas dictadas por la razón, o que la experiencia ha enseñado ser útiles.8
De este modo, los consensos políticos construidos durante el siglo XIX en relación a la formación del estado, sirvió de manera instrumental para direccionar las necesidades de los grupos que se hicieron del estado para implementar la tranquilidad social necesaria como fundamento para la inserción de Chile en la modernidad. Dicho consenso excluía justamente aquellos sectores que dentro del discurso de la época eran considerados no merecedores, por sus condiciones socioculturales, de participar del proyecto modernizador, encontrando en este sector a grupos populares, campesinos, indígenas y la incipiente clase media en la medida en que se va gestando. El historiador Alfredo Jocelyn-Holt trabajó esté concepto utilizado por Portales durante el Chile decimonónico que estuvo presente en el ideario político de la conformación de la nacionalidad: el peso de la noche, el cual hace referencia a que el orden del país se mantenía justamente por la mentalidad popular tradicional, una de carácter pre moderna, pre política, analfabeta, ignorante, bárbara y no civilizada, que en el fondo empantanaba el hecho de instalar los ideales del proyecto de la modernidad. La mentalidad popular era vista como un elemento que impedían los cambios.
La Constitución de 1833; praxis de los ideales portalianos
Uno de los pilares fundamentales del orden conservador, fue la dictación de la Constitución de 1833, marcó jurídico que permitió dar respuestas al problema de la inestabilidad. La Constitución de 1833, fue redactada por Mariano Egaña, promulgada por iniciativa de Diego Portales, la cual legalizó el orden autoritario que de hecho imperaba en Chile desde 1830, reforzando el poder Ejecutivo con instrumentos de excepción altamente eficaces (estado de sitio, facultades extraordinarias y consejos de guerras), legalizó además el predominio oligárquico-conservador, anulando la posibilidad de una rearticulación liberal por casi 20 años.

La Constitución de 1833 instauró un orden, por medio de la creación de un régimen republicano y autoritario que estuvo dominado durante tres décadas por presidentes fuertes (Prieto, Bulnes y Montt), que controlaban las elecciones mediantes intendentes, gobernadores y el sistema de registro electoral. En la práctica, la separación de los poderes fue ilusoria. Además de controlar el Ejército y el Congreso, los conservadores censuraron la prensa opositora y prohibió la exhibición o anuncio, por compañías dramáticas o líricas, de pieza alguna que no fuera revisada previamente por el censor del teatro que y haya obtenido su aprobación.

Con todas sus limitaciones, la Constitución de 1833 legitimó un orden autoritario bajo parámetros republicanos, que aunque con importantes reformas a partir de la década de 1870, fue un marco institucional que rigió a Chile por casi 100 años.
Los desafíos de los gobiernos conservadores
Llevadas a la práctica las ideas de Portales, los conservadores se abocaron a gobernar el país bajo condiciones iniciales desfavorables, dada la difícil situación económica que se vivía y las incertidumbres propias que existían luego de años de proyectos frustrados. Todo estaba por hacerse, desde una Constitución hasta las políticas educacionales, desde el fomento de la economía hasta ocupación efectiva del territorio.

A pesar de esto, entre 1831 y 1861 los conservadores lograron llevar adelante su proyecto político y sentaron las bases del progreso que alcanzaría Chile durante el siglo XIX.

La época de los decenios (1831-1861), conocida así por la reelección para un segundo periodo de cinco años de cada uno de los presidentes de aquellos años, fue el periodo en que se establecieron las bases institucionales del país, además de realizarse una serie de importantes adelantos y proyectos que permitieron dar a Chile un nuevo rostro que lo diferenció notablemente del que existió durante la época colonial. Junto a la labor del gobierno, otros factores fueron importantes en este proceso de consolidación, como la llegada de extranjeros y la iniciativa empresarial.

Aunque el país progresaba, por esos años surgió una nueva generación de políticos opositores al gobierno conservador que reivindicaban las libertades públicas y se oponían al autoritarismo. Estos nuevos grupos opositores fueron consiguiendo importantes cuotas de adhesión, en especial durante el gobierno de Manuel Montt, período en el que se produjeron las revoluciones de 1851 y 1859.


La guerra contra la confederación Perú-Boliviana
Con la división de Latinoamérica en naciones independientes, surgieron en el continente conflictos limítrofes que hasta entonces eran desconocidos. A los naturales sentimientos nacionalistas que aparecieron en cada nuevo país independiente, se sumaron rivalidades comerciales entre ellos por la necesidad de competir dentro de un sistema de libre comercio.

Las relaciones entre Perú y Chile sufrieron un deterioro por estos motivos y por otros más específicos, como la deuda que Chile reclamaba a Perú por los gastos en que incurrió al formar la escuadra libertadora para aquel país, y porque en 1836 se creó la Confederación Perú-boliviana, que significó una amenaza para los intereses chilenos, debido a su proyecto expansionista para re articular el antiguo territorio que perteneció a la civilización Inca.

Portales, preocupado por esta situación, volvió a formar parte del gobierno. Exigiéndole al presidente de Bolivia y dirigente de la confederación Andrés de Santa Cruz, lo siguiente:


  • La disolución de la Confederación.

  • El reconocimiento de la deuda que Perú tenía con Chile.

  • Garantías comerciales para los exportadores de trigo chileno.

Pero Santa Cruz no aceptó. Entonces, a fines de 1836, fue enviada al norte la escuadra chilena, bajo el mando de Manuel Blanco Encalada y con el diplomático Mariano Egaña, que debía declarar la guerra si Santa Cruz se negaba aceptar las exigencias chilenas.

Inicialmente, el conflicto no tuvo aceptación, pero un acontecimiento lo convirtió en una causa nacional: cuando se ultimaban los detalles para la partida de las tropas chilenas, Portales fue tomado prisionero por un grupo de oficiales que quería impedir la guerra. Los sublevados no encontraron el respaldo que esperaban y dieron muerte al ministro el 7 de junio de 1837.

El asesinato de Portales produjo el efecto contrario al que buscaba ese grupo de militares. La población chilena reaccionó airada, bajo la sospecha de que esto había sido parte de un complot peruano; así, la guerra gozó del apoyo popular.

Después de una primera expedición fracasada, en agosto de 1838, las tropas chilenas, al mando de Manuel Bulnes, lograron la victoria sobre la Confederación Perú-Boliviana en la batalla de Yungay (enero de 1839)

Con este triunfo, Chile logro disolver la Confederación Perú-boliviana. Además de fortalecer la posición de Chile en la región, se reforzará la hegemonía comercial de Valparaíso.



Sin embargo, dentro de la principal consecuencia fue la de consolidar el sentido de la nacionalidad chilena. En muchas ciudades surgieron verdaderos ídolos populares y se crearon himnos de homenaje a los vencedores de Yungay. En diciembre de 1839 se celebró masivamente la victoria. Por primera vez, los sectores populares, expresaron abiertamente sentimientos de nación y patria, sintiéndose participes de esta victoria. El general Manuel Bulnes fue considerado héroe nacional, como también lo fue el simple soldado que dio origen al concepto popular del Roto chileno.


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