Representaciones historicas



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Ilustración de Guaman Poma de Ayala sobre la ciudad de Santiago de Chile.

Durante el proceso de conquista, cuando los españoles hicieron esfuerzos por establecerse en el territorio, la fundación de ciudades jugó un rol fundamental, pues estas eran el centro del dominio español en una determinada región, desde donde se partía dominar los territorios cercanos. Es así que la ciudad se convertirá como símbolo de poder y permanencia, el lugar donde estará preservado el poder político que no dudará en aplicarse por medio de la fuerza, pero también se encontrará el poder de la escritura, soporte necesario para la implementación de dicho poder y la transmisión de los valores de la cultura hispana.




Las dificultades de los primeros años
En un comienzo, los conquistadores recibieron la ayuda de los indígenas, que colaboraron en la construcción de la ciudad, las tareas agrícolas y enseñaron a los españoles el lugar donde sacaban oro (el estero Margamarga). Pues ese panorama alentador pronto comenzó a cambiar, pues los indígenas, liderados por Michimalonko, cacique principal del valle de Aconcagua, se alzaron en contra de los invasores con la clara intensión de expulsarlos del territorio. En este alzamiento asesinaron a españoles que construían una nave con el objeto de tener contacto con el Perú, asaltaron los lavaderos de oro del Margamarga y, finalmente, atacaron la ciudad de Santiago el 11 de Septiembre de 1541. En este combate, la ciudad fue incendiada, lo que significó la perdida de todo lo construido hasta ese instante.

Después del asalto los indígenas se replegaron y mantuvieron la ciudad sitiada por casi dos años. Con la intención de terminar con esta situación, Valdivia envió al norte a Alonso de Monroy en busca de ayuda. En su regreso Monroy, consiguieron los pertrechos necesarios y trajeron además a un nuevo contingente humano para enfrentar la situación.

Para no sufrir nuevamente el aislamiento al que habían sido sometidos, Pedro de Valdivia planificó la fundación de la segunda ciudad que permitiera mantener contacto entre Santiago y Perú. Es así que en 1544 se funda La Serena.
Valdivia intenta conquistar la zona sur
A partir de ese momento, dos fueron las principales preocupaciones de Pedro de Valdivia: explorar los territorios que se encontraban hacia el sur y asegurar la condición de gobernador de Chile ante el rey.

Varias fueron las expediciones que, por mar y tierra, comenzaron a explorar el territorio habitado por el pueblo mapuche. El hallazgo de lavaderos de oro, la cantidad de tierras cultivables y la mano de obra disponible en estas zonas –que se encontraban cuantitativamente más pobladas-, llevaron a los españoles a insistir en la conquista del territorio, a pesar de la fuerte resistencia de los indígenas.

Hacia fines de 1547, Valdivia decidió viajar a Perú dado que la guerra civil que allá ocurría ponía en riesgo su calidad de Gobernador. Llegando a la capital virreinal se puso bajo las ordenes del representante del rey, quien intentaba sofocar la sublevación de liderada por Gonzalo Pizarro y someter a los conquistadores al poder real. El importante papel jugado por Valdivia en la victoria de las huestes reales por sobre los conquistadores leales a Pizarro le permitió recibir la confirmación real de su título de Gobernador de Chile.

De vuelta a Santiago, Valdivia llevó adelante una política de fundación de fuertes y ciudades en la zona sur, que dio origen, en pocos años, a las ciudades de Concepción, La imperial, Angol, Valdivia y Villarrica, más los fuertes de Tucapel, Arauco y Purén. La creciente presencia hispana en territorio mapuche intensificó que estos oponían a la conquista. Numerosas batallas se sucedieron a partir de 1550, muriendo muchos españoles. A fines de 1553, el propio Valdivia encontró la muerte en la batalla de Tucapel.

La muerte de Valdivia no significó un cambio en la política de conquista de los españoles; éstos mantuvieron su decisión de dominar la zona sur, pese a que los levantamientos indígenas se hicieron cada vez más difíciles de contener.
Fin del proceso de conquista
Distintos gobernadores intentaron, sin éxito, consolidar la conquista de la zona sur. Fundaron nuevas ciudades y fuertes, aumentando los contingentes de españoles asentados en la zona.

Sin embargo, hacia fines del siglo XVI, y luego de casi 50 años de lucha frontal con el pueblo mapuche, los conquistadores sufrieron la más importante de las derrotas. Los indígenas liderados por Pelantaru, vencieron al gobernador Martín García Óñez de Loyola en la batalla de Curalaba en 1598 y murieron en ella el propio gobernador y la casi totalidad del contingente que los acompañaba. Luego de tan importante victoria, Pelantaru y sus hombres lograron destruir todas las ciudades que habían sido fundadas al sur del rio Biobío.

Como resultado de este alzamiento, los españoles debieron replegarse al espacio que dominaban realmente, es decir, entre La Serena y el río Biobío, finalizando así el periodo de conquista.
LA COLONIA; INSTALACIÓN DE CONTROLES Y SU MANIFESTACIÓN EN LA CULTURA
Tradicionalmente se ha denominado Colonia al período que se extiende entre el fin de la Conquista (Desastre de Curalaba 1598), y el inicio de la Independencia (1810).

En América este período se denominará “Colonia”1 y en Chile se iniciará arrancando el siglo XVII, y estará caracterizado a su vez por la Guerra de Arauco, la que modifica su manera de operar, puesto que el sistema bélico privado fracasa (representa un gasto excesivo para los conquistadores), para lo cual se hace necesaria la intervención del Estado, el que destinará un ejército profesional y permanente, que será financiado por un impuesto especial, el Real Situado. Junto con ello se define una frontera, el río Biobío, por lo que en propiedad el proceso de conquista se detiene.

La Colonia en Chile se va a caracterizar por su dependencia política y cultural del Virreinato peruano.

La actividad económica tendrá también sus características propias, la agricultura será la fuente generadora de recursos en el territorio, en reemplazo de los agotados lavaderos de oro que funcionaron durante la Conquista. La ganadería en el siglo XVII, y más tarde la producción triguera, que se impondrá durante el siglo XVIII, tendrán activas a las grandes propiedades o Haciendas, mientras, en la zona de Copiapó y Coquimbo prevalecerá la minería. Para muchos historiadores, todos estos antecedentes, junto con el mestizaje étnico y cultural, permitirán dibujar los rasgos de una futura nación, Chile.


El mestizaje, resultado del encuentro de dos culturas
Desde la llegada de los españoles a nuestro territorio se inició un fenómeno de unión con los grupos indígenas de la zona, situación que se mantuvo durante toda la época colonial. Si bien es cierto que la corona española intentó prohibir que los españoles tuvieran hijos con los naturales, no pudieron evitar esta situación. Los mestizos, grupo y cultura que surgió de la fusión entre españoles e indígenas.

En el territorio americano no solo se desarrolló un proceso de mestizaje biológico sino que también se produjeron transformaciones en todos los ámbitos del quehacer humano. A pesar de que las sociedades indígenas fueron sometidas a un nuevo sistema cultural, la mayor parte de ellas mantuvo una resistencia abierta o soterrada que les permitió conservar muchos de sus elementos culturales. Por otra parte, los españoles debieron adaptarse a las nuevas condiciones que presentaba América, modificando su propio sistema cultural. Con el paso del tiempo se generaron nuevas manifestaciones culturales que fueron productos de la síntesis de ambas culturas, una fusión que implicó la imposición de muchos elementos por parte de los españoles, pero que mantuvo el sustrato indígena.

Manifestaciones de esta cultura mestiza surgen abiertamente en el siglo XVIII con el estilo barroco. Esta tendencia artística originaria de Europa fue aplicada en nuestro continente, pero desde la perspectiva y necesidades americanas. Se combinaron las creencias, las formas decorativas y los símbolos de la cultura occidental e indígena creando obras de gran originalidad. En esta dirección se destaco la pintura cuzqueña, producción artística anónima realizada en torno a la ciudad del Cuzco, desde finales del siglo XVII hasta finales del siglo XVIII.

Ciertamente las mujeres jugaron un papel preponderante en forjar esta nueva cultura, por dos razones fundamentales: los conquistadores que arribaron al territorio americano fueron principalmente hombres, lo que propulso el proceso de mestizaje con el establecimiento de lazos con las mujeres indígenas y, siendo ellas quienes se dedican al cuidado de los niños, educando, enseñando las bases de la cultura, sus costumbres y su manera de hablar, pasaron a las nuevas generaciones de hispanocriollos y de mestizos sin que ningún sometimiento pudiera evitar la supervivencia de elementos de origen indígena.

Los rastros de “lo mestizo”, lo encontramos en la cotidianeidad de nuestra vida y entorno. El lenguaje esta cargado de palabras y significados de origen indígena. Del quechua hemos heredado vocablos como alpaca, callampa, poto, chala, chacra, choclo, huacho, guagua y copucha, entre otras.
LA CONFORMACIÓN DEL ESPACIO Y EL ETHOS COLONIAL: FRICCIONES Y DOMINACIONES
En la construcción cultural del sujeto histórico colonial, será parte de la puesta en marcha de diversos dispositivos de control tanto político, cultural como ideológico, uno de ellos será; la cristiandad, la cual operará como la puesta en marcha de un sistema de valores, desde la óptica europea, en la que ante el argumento de la evangelización, será un deber de todo cristiano el convertir al catolicismo aquellos pueblos que se encontrasen fuera de la religión, ergo de la civilización, lo cual se articuló como un elemento central de la moralidad colonial, a pesar de ello, no la única. La imposición del cristianismo tuvo como efecto en el plano de instalación de saberes y representaciones, sobretodo en la sobreposición de distintos niveles de interpretación que permitiesen desarrollar expresiones religiosas del cristianismo con distintos significados para al mundo hispánico como el indígena.

Sin embargo, la instauración de las representaciones y saberes coloniales es posible observarla en diversas manifestaciones, como el arte, la música, el baile, la religión y también la arquitectura como manifestación de uno de los máximos espacios para generar la acción de la representación con una finalidad ideológica y a su vez de resistirla por las culturas que habitan en una de las máximas fuentes de control: La ciudad. Esta representación vista como una metáfora no sólo de constante construcción e imposición de representaciones, sino que es a su vez la manifestación de un espacio que permita la disputa de aquellos significados.

El aniquilamiento de las viejas culturas -primitivas o desarrolladas- y la deliberada ignorancia de su significación constituía el paso imprescindible para el designio fundamental de la conquista y colonización del nuevo territorio: instaurar sobre una naturaleza vacía una nueva Europa, a cuyos montes, ríos y provincias ordenaba una real cédula que se le pusieran nombres como si nunca los hubiera tenido.2

En el contexto del mundo indígena las características de sus representaciones, presentaron parámetros propios de múltiples dimensiones. Si bien estas representaciones propias de una cosmovisión, manifestaron altos niveles de contacto con la naturaleza y ritualidad, como medios de manifestación de una religiosidad vivida con una racionalidad comunitaria, tolerante e integradora.

La contradicción de los registros, en el caso de las culturas prehispánicas, mostraron una racionalidad que manifestó características que la diferenciaron de fondo con la racionalidad europea. Por ende la problemática de los indígenas al intentar comprender o ingresar por medio de la fuerza al proyecto hispano, manifiesta no sólo una contradicción en los registros, sino en la lógica de existencia de su cultura. El hecho de digerir esa experiencia, quizás es una de las problemáticas que aún perduran.

Sin embargo, la historicidad del proyecto español afirmaba una misión que sobrepasaba el objetivo personal de enriquecimiento y la existencia personal del encomendero. Debían cumplirla todos, y el instrumento que se puso en funcionamiento para lograrlo fue la ciudad.



“Desde su fundación misma tenia asignado la ciudad ese papel. La fundación, más que erigir la ciudad física, creaba una sociedad. Y a esa sociedad compacta, homogénea y militante, correspondíale conformar la realidad circundante, adecuar sus elementos –naturales y sociales, autóctonos y exógenos- al designio preestablecido, forzarlos y constreñirlos, si fuera necesario. La sociedad urbana se constituía conformada por una ideología y era invitada a defenderla e imponerla sobre una realidad que se juzgaba inerte y amorfa”.3

Por ello la ciudad como espacio de configuración de culturas, es una eficaz metáfora para explicar la necesidad de ideologización de la construcción social colonial buscando como objetivo último la legitimidad de un orden. O como lo plantea Ángel Rama “La fuente máxima de las ideologías procede del esfuerzo de legitimación del poder”. La traslación del orden social a una realidad física, en el caso de la fundación de las ciudades, implicaba un previo diseño urbanístico mediante los lenguajes simbólicos de la cultura sujetos a una concepción racional4. Sin embargo, ante de la existencia de la ciudad, Rama propone que era necesario establecer el soporte que da base ideológica a la ciudad: La escritura.

La importancia ideológica de la cultura, será impuesta al interior de la ciudad ante aquellas culturas que habitaban en ésta y que eran parte de la otra esfera de la conformación cultural: la ruralidad, caracterizada como un elemento premoderno, ergo iletrado.

La importancia de la escritura en la conformación de los sujetos coloniales es que sienta las bases de las contradicciones de las representaciones de los objetos y procesos del mundo colonial, en el sentido que la instauración del signo como fuente de las representaciones simbólica con una intención de permanencia, de normar y organizar ante lo diluido de los espacios y cultura colonial. La instauración de dicho orden dice relación directa justamente con el ordenamiento social en torno a las representaciones, un orden que desde principios del siglo XVI se articula preferentemente en base a lo racial y que va decantando en otro de carácter estamental o de casta.

La instalación de la dominación española que se impone desde la cultura, se hará por medio del saber letrado como elemento de registro y control del imperio. Aquí, aparece en conjunto con la evangelización otra dimensión que busca imponer uno de los aspectos centrales de la cultura occidental: el registro escrito que permita representar históricamente. Acá la historia, por medio de la crónica colonial, permite la elaboración de un registro que indique la realidad imperante ante la llegada de los españoles al territorio, registro que buscó la aspiración de veracidad y de establecimiento de un orden de registro que ante los letrados españoles se carecía completamente de él, por ello había que crear sus historia, registrarlos en los annales de la cultura occidental.
El estado colonizador exigía escritos para sus archivos y los pueblos subordinados quedaran debidamente representados en ellos; pero el sujeto colonial se encontraba dividido entre lo público y lo privado, entre lo canónico y los clandestino”.5

En el contexto del mundo indígena las características de sus saberes, presentó (an) parámetros propios de múltiples dimensiones. Si bien estas representaciones son propias de una cosmovisión que manifiesta altos niveles de contacto con la naturaleza y ritualidad, como medios de manifestación de una religiosidad vivida con una racionalidad comunitaria, tolerante e integradora.

La descripción de estos saberes, manifiestan una relación directa a los espacios geográficos en los cuales se ubican. En el caso de las culturas prehispánicas, dicha racionalidad cobró características que la diferenciaron de fondo con la racionalidad europea: la memoria, oralidad y la ritualidad.

Uno de los casos más connotados que se presentó en la colonia y se manifiesto esta problemática, la evidenció el efecto generado por la colonización a través de la escritura, ligada desde sus inicios a lo que plantea Ángel Rama, donde la implantación de la escritura como mecanismo de registro se encuentra íntimamente ligada a la instalación de dispositivos ideológicos-valóricos con la finalidad de instaurar normas u órdenes para representar el mundo físico.


Tales elementos (escritura) ordenan al mundo físico, normativizan la vida de la comunidad y se oponen al desperdigamiento y al particularismo de cualquier invención invisible. Es una red producida por la inteligencia razonante que, a través de la mecanicidad de las leyes, instituye el orden. Es el testimonio de la ciudad letrada”.6

Sin embargo, la relevancia de los soportes de la escritura es justamente el intento de mutilar la oralidad como forma de representación de la sociedad colonial.

Lo esencial es, que la escritura ingresa en los Andes no tanto como un sistema de comunicación sino dentro del horizonte del orden y la autoridad, casi como si su único significado posible fuera el poder. El libro en concreto, como queda dicho, es mucho más fetiche que texto y mucho más gesto de dominio que acto de lenguaje. Como tal deja fuera del juego a la oralidad indígena, huérfana de una materialidad que pueda confirmar sin atenuantes su propia verdad y como diluida en voces que la memoria recoge sin interés. En otras palabras: el triunfo de la letra es en los Andes la primera derrota de la voz”.7
LA SOCIEDAD COLONIAL.
Durante la Colonia se desarrollan y asientan las características esenciales de la sociedad chilena, algunas de las cuales se mantienen actualmente. En relación al número de habitantes se ha estimado que a mediados del siglo XVII la población del reino alcanzaba a 600.000 habitantes; los criterios de selección empleados en la época obedecían a apreciaciones de carácter físico y cultural. A pesar de todo queda claro que el proceso de mestizaje alcanzó un gran desarrollo.

La sociedad colonial se caracterizo por ser una sociedad profundamente estamental, por dividirse en distintas clases sociales.


La aristocracia
Durante el siglo XVII y XVIII se produce la criollización de la sociedad colonial. Los españoles o peninsulares se mantenían en un número reducido, porque eran gente de paso recién llegados a América. Sus descendientes fueron nacidos en Chile por lo cual serían conocidos como americanos o criollos. A pesar de todo mantenían los altos cargos, detentando autoridad e influencia social. Por otro lado, los criollos no sólo aumentaban en número, sino que heredaban las tierras, las grandes casas y las encomiendas; constituyéndose, desde el punto de vista económico y social en el grupo rector.

La actividad eminentemente agrícola de la economía dio forma al latifundio (grandes extensiones de terrenos) y al terrateniente aristócrata; la posesión de la tierra significaba seguridad económica y poder enorme sobre el campesinado. La aristocracia, buscando los instrumentos para consolidar su posición, consiguió de la Corona la concesión de Mayorazgos, que consistían en el derecho del hijo mayor de heredar bienes y recursos de la familia.


El Bajo pueblo
Durante los primeros años de la Colonia, la sociedad se estructuró en grupos claramente diferenciados, acercándose bastante a los estamentos, la movilidad social podía ocurrir sólo dentro del grupo y la permeabilidad era casi nula. Los indígenas eran considerados “menores de edad” y estaban sujetos al régimen de encomienda. Desde la conquista sufren la drástica disminución de una etnia castigada por la guerra, las enfermedades y los trabajos forzosos; además, su disminución se asocia directamente con el mestizaje. Mientras tanto los esclavos negros, que nunca constituyeron un número importante, eran considerados bienes económicos y poseían escasos derechos civiles.

El mestizo, a pesar de ser hombre libre, sufría el menosprecio de los blancos y no tenían acceso a cargos públicos, al ejército o al sacerdocio. Constituyen el pueblo pobre y sin educación con dificultades para insertarse socialmente y cuyos contenidos de vida muchas veces pasan por la obediencia a las clases privilegiadas. Son la mano de obra agrícola y minera, inquilinos y peones, desarrollan también trabajos esporádicos y muchos de ellos tienen tendencia al vicio y a los juegos ilegales. El bajo pueblo entonces conformaba el grupo mayoritario en la sociedad y en éste se fundían las razas blancas, indígena y negra reuniendo así a mestizos, zambos y mulatos.



Sector medio:
Este grupo social, antecesor de la clase media, con un fuerte vínculo con la aristocracia, tiene su fuente en variadas actividades. En la ciudad, empleados, funcionarios menores y pequeños negociantes; en el campo, arrendatarios y pequeños propietarios y en el norte chico mineros que conformaban un sector medio inestable. Finalmente, mirada en su conjunto la población era esencialmente rural donde encontraba satisfacción a sus necesidades básicas, las ciudades albergaban un bajo número de habitantes, cosa que no mejoró cuando la corona promovió en el siglo XVIII, la fundación de villas y ciudades. Santiago, lejos la más grande y habitada de éstas, no albergaba más de 30.000 habitantes a fines de la Colonia.

LA RELIGIÓN Y LA CULTURA
El sincretismo religioso: una nueva religiosidad
La imposición y la aceptación de la religión Católica por parte de los indígenas en Chile tuvo diferentes respuestas. Muchos de los naturales asumieron una actitud rebelde y de resistencia activa en la que se negaron abandonar sus creencias y reivindicaron sus divinidades, como ocurrió en la mayoría de las parcialidades de los pueblos indígenas en América. Otros, en cambio, se sometieron a la evangelización sin resistencia manifiesta, especialmente los que estaban incorporados a las encomiendas ubicadas preferentemente en la zona central del país. Finalmente, estaban los naturales que asumieron en forma parcial la religión católica, manteniendo en parte sus creencias ancestrales, pero integrándolas con los principios cristianos. Esta última variante se ha denominado sincretismo religioso y se ha consolidado como la manifestación popular de mayor presencia, tanto en Chile como en el resto de América.

En el sincretismo se acepto el rito cristiano, dándole un significado indígena; bien se mantuvo el rito indígena, dándole un significado cristiano. Esta mezcla facilitó el mantenimiento de una actitud de aceptación del cristianismo junto a la pervivencia del culto de divinidades de los indígenas. Un ejemplo de este fenómeno lo constituye la incorporación de la cruz como objeto de culto por parte de los mapuches, los que la relacionaron a la veneración de su árbol sagrado y su vinculación con la naturaleza. Entre ambos símbolos se produjo una asimilación y ya a inicios del siglo XVIII el uso de las cruces estaba extendido.

Otra expresión del sincretismo cultural fue es el rol que se le asignó a la Virgen, la que reemplazó a las divinidades femeninas precolombinas, vinculándola con un acción protectora frente a los abusos de los blancos. En América los ejemplos son múltiples: la de Guadalupe en México, la de Copacabana, en Bolivia y la virgen de Andacollo en Chile. Pero en nuestro país, una de las expresiones de sincretismo cultural más típicos la festividad de la Virgen de la Tirana.

La iglesia
Desde los primeros años de la Conquista se contó con diversas órdenes religiosas que se dedicaron a la predicación y a la educación.

A los mercedarios que acompañaban a Valdivia siguieron congregaciones religiosas como la de los franciscanos, dominicos, jesuitas y agustinos. Los jesuitas sobresalieron por la preparación de sus miembros, la práctica de las virtudes cristianas y su riqueza. Su labor civilizadora fue notable, del mismo modo destacó su acción misionera y de defensa del indígena (el padre Luis de Valdivia se esforzó por aplicar el sistema de guerra defensiva)

Por otra parte, perdió la Iglesia a un grupo importante de sacerdotes escogidos y se produjo una gran alteración económica al perderse por parte de la Compañía, la administración de sus tierras y las industrias derivadas de la explotación agropecuaria.
La educación:
En los primeros tiempos de la colonización, los Cabildos se responsabilizaron por la enseñanza velando por la idoneidad y el buen nivel de los estudios. Algunos conventos mantuvieron también enseñanza, primaria y escuelas de gramática. Los jesuitas, como se señaló, regentaron el Convictorio San Francisco Javier donde también se impartió educación superior el que, luego de ser expulsada la Compañía, pasó a ser mantenido por el Estado con el nombre de Convictorio Carolino.

Los estudios superiores contaron con dos “Universidades Pontificias”, las que por especial concesión podían conferir grados de doctor en teología, una era de los frailes dominicos y otra de los jesuitas. Gracias a las gestiones del Cabildo de Santiago se obtuvo en 1738 la dictación de la Real Cédula de fundación de la Real Universidad de San Felipe que comenzó a funcionar en 1747 y que podía otorgar los grados de bachiller y doctor. Se enseñó en ella derecho, teología, filosofía, matemática y medicina. De carácter técnico y a fin de formar personas aptas para las labores productivas, gracias a la iniciativa de Manuel de Salas se abrió en Santiago, la Academia de San Luis en 1779. En ella se enseñaba, entre otros ramos, geometría, aritmética, dibujo y química.


ORGANISMOS DE ADMINISTRACIÓN Y GOBIERNO.
Durante el siglo XVI la Corona española comenzó a sentar las bases del sistema administrativo colonial que imperaría durante los siglos XVII y XVIII.

Al sentirse amenazada por el creciente poder que estaban concentrando los conquistadores en los nuevos dominios, la corona reaccionó implantando un sistema político administrativo que conjugó sus intereses con los derechos que los conquistadores creían merecer, dado el esfuerzo personal que habían realizado.

El gobierno de España era una monarquía absoluta en donde todo poder recaía en la apersona del rey; por tanto, éste no podía aceptar que en América fueran los conquistadores quienes asumieran el poder político, aunque lo hicieran en su representación. Por tal motivo los reyes de España comenzaron a enviar funcionarios a América para que se hicieran cargo de la administración de sus dominios. Esto provocó el rechazo de los conquistadores, pues no estaban dispuestos aceptar las imposiciones provenientes de la Corona, sobre todo aquellas que regulaban la libre utilización de los indígenas como mano de obra.

Si bien los conquistadores y sus descendientes terminaron aceptando la implantación de este sistema administrativo que les arrebataba buena parte del poder político, lograron mantener para sí gran parte del poder económico y social. Las mercedes obtenidas los convirtieron en los dueños de la tierra y, gracias a las encomiendas de indios, tuvieron el control de la mano de obra disponible. Situación que les permitirá ejercer ciertas presiones sobre la autoridad.

El sistema administrativo instalado en América se caracterizó por estar compuesto por distintas instituciones y cargos, entre ellos encontramos:
Los Reyes:
Son absolutos (tienen todo el poder en sus manos: Gobernaban, administraban justicia y creaban las leyes) y fundan su autoridad en el cristianismo. El período Colonial con dos dinastías (familias) gobernantes: la de los Habsburgo o Casa de Austria, en los siglos XVI y XVII y la de los Borbones de origen francés que se hacen cargo de España a partir de 1701 acentuando el absolutismo y el reformismo racionalista representado por el Despotismo Ilustrado.
ORGANISMOS ESTABLECIDOS EN ESPAÑA.
El Consejo de Indias:
Fue creado en 1524 con sede en Madrid. Fue el máximo órgano asesor del monarca. Se encargaba en conjunto con el rey de la designación de las autoridades políticas, judiciales, militares y eclesiásticas que ocuparían cargos en América, decidía respecto de la defensa de las colonias, las relaciones y trato de los indios y se desempeñaba como máximo tribunal de justicia para América. Evaluaba el comportamiento y desempeño en sus funciones de todos los representantes del rey en las Indias.
La Casa de Contratación:
Era un órgano subordinado al Consejo de indias y le correspondía todo lo relacionado con la actividad comercial y la navegación de ultramar.

Fue creada en 1503 y suprimido en 1790. Controlaba y regulaba todas las relaciones comerciales con América, percibía los derechos de aduana y otros gravámenes, concedía las licencias o permisos para pasar al Nuevo Mundo, ejercía las funciones judiciales sobre los delitos cometidos durante las travesías y autorizaba todo lo relacionado con la navegación.


AUTORIDADES AMERICANAS.
El Virrey:
Era el representante directo del Rey. Hubo cuatro virreinatos: los de Nueva España y Del Perú creados en el siglo XVI, y los Nueva Granada y De la Plata en el siglo XVIII.



Grabado colonial sobre la Real Audiencia


El Gobernador:
Fue la máxima autoridad de la Gobernación. Presidía la Real Audiencia y era Capitán General del Ejército. A partir de 1786 Chile fue independiente del Virreinato del Perú. Administraba el Reino, velaba por la seguridad del territorio y la Real Hacienda.
Corregidor:
Nombrado por el Gobernador para administrar los Corregimientos (especies de Provincias). Se preocupaba entre otras cosas de los asuntos civiles y criminales.

Intendencias:
En 1786, debido al proceso de centralización iniciado por los Borbones se introdujeron reformas para robustecer la autoridad, pero sujetándola a la vez a mayores controles. Así nacieron las Intendencias. Chile se dividió en dos, la de Santiago y la de Concepción. En ellas el Intendente tenía responsabilidades amplias de orden administrativo, militar, judicial y de hacienda.
La real audiencia:
Como ya se ha dicho, fue creada para Chile en 1565 con sede en Concepción, con la finalidad principal era la de actuar como de tribunal de justicia en América y velar por el cumplimiento de las leyes de protección a los indígenas y de fiscalizar los intereses de la Real Hacienda. Se la suprimió en 1575 para restablecerla definitivamente en 1606, en Santiago.

Estaba integrada por el Gobernador, que la presidía, cuatro oidores y un fiscal. Entre sus atribuciones se contaban servir de Tribunal de Apelaciones, aconsejar al Gobernador, velar por el patronato y las leyes de protección a los indígenas.


Los cabildos:
Eran los gobiernos municipales durante la edad media, son transplantados en América, fue un organismo que representaba los intereses de la vecinos y cumplió funciones de administración y gobierno de las ciudades, como ocuparse del aseo y ornato, de las obras públicas, velar por la instrucción primaria, el cuidado de la salud pública, el abastecimiento de alimentos, el control de precios, aranceles, pesos y medidas, ejercer control sobre el agua de riego y regular la exportación de los excedentes de producción.

El Cabildo de Santiago instituido el 7 de marzo de 1541, estaba integrado por dos alcaldes que servían de jueces de primera instancia, 6 Regidores y otros funcionarios que eran:




  • El Procurador: Representaba legalmente a la comunidad.

  • El Alguacil Mayor: Jefe de la policía urbana.

  • El Fiel Ejecutor: Controlaba el cumplimiento de precios, aranceles, pesos y medidas.

  • El Escribano: Notario público que se ocupaba de las actas y de la correspondencia.

  • El Alarife: Urbanista de la ciudad, tenía que trazar las calles, las acequias y demás obras.

Para ocupar un cargo del Cabildo era necesario ser vecino, (tener una propiedad en la ciudad), el tiempo del cargo duraba un año, era gratuito (no era remunerado) y obligatorio.

En esta institución hidalgos, vecinos y conquistadores tenían derecho a manifestar sus opiniones y necesidades: una expresión aristocrática dentro de un orden absolutista ya que los criollos no podían acceder a cargos políticos, solo podían participar en este organismo. A veces intervinieron en la designación de un gobernador.

Aparte de los cabildos cerrados que congregaban sólo a sus miembros, en ocasiones se convocaba a Asambleas Públicas con los principales vecinos para tratar materias de importancia, eran los cabildos abiertos, como el que designó a la Primera Junta de Gobierno en 1810.

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