Representaciones historicas



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El nuevo modelo económico neoliberal
¿Qué es el neoliberalismo?
El neoliberalismo es comprendido como una doctrina a través de la cual se expresa el antiguo liberalismo económico decimonónico, virtualmente extinguido intelectual y políticamente hasta los “80” en el mundo, como doctrina se expresa a través de una forma de organizar la vida, que consiste en una concepción del capitalismo radical que absolutiza el mercado y lo convierte en el medio, el método y el fin de todo comportamiento humano. El “mercado absoluto” exige una libertad total, es decir que no haya restricciones financieras, laborales, tecnológicas o administrativas de ninguna institución, ni mucho menos de un Estado. El neoliberalismo se expresa en políticas de ajustes y apertura económica que con diversas connotaciones pueden aplicarse en países tanto desarrollados como subdesarrollados.

Actualmente, el neoliberalismo al oponerse a la intervención redistributiva del Estado, perpetúa la desigualdad socioeconómica tradicional y la acrecienta. Este sistema introduce el criterio de que solamente el mercado posee la virtud de asignar eficientemente los recursos y fijar a los diversos actores sociales los niveles de ingresos. Se abandonan así los esfuerzos por alcanzar la justicia social mediante una estructura progresiva de impuestos y una asignación del gasto público que privilegie a los más desfavorecidos.

El neoliberalismo se encuentra asociada al desarrollo de una cultura que radicaliza la ambición por poseer, acumular y consumir, y que sustituye la realización de todas las personas en comunidades participativas y solidarias por el éxito individual en los mercados. Exacerba esta crisis al llevar a la desaparición el bien común como objeto central de la política y la economía. El bien común es sustituido por la búsqueda de equilibrio de las fuerzas del mercado.

Algunas características sobresalientes del neoliberalismo económico son conocidas por:





  • Expresar políticas de ajuste y apertura económica.

  • Restringir la intervención del Estado hasta despojarlo de la posibilidad de garantizar los bienes mínimos a todo ciudadano.

  • Privatizar empresas bajo la premisa de que la administración privada es mejor que la pública.

  • Eliminar programas sociales que generan mayores oportunidades y calidad de vida, sustituyéndolo por apoyos ocasionales a grupos focalizados.

  • Abrir los mercados para mercancías, capitales y flujos financieros y deja sin suficiente protección a los pequeños productores.

  • Eliminar obstáculos que podrían imponer las legislaciones sobre protección a los obreros. (Leyes antisindicales)

  • Liberar de impuestos y de obligaciones a grupos sociales que concentran la riqueza.

  • Una concepción del ser humano valioso únicamente por su capacidad de generar ingresos y tener éxito en los mercados.

  • Incentivar la carrera por poseer y consumir.

  • Exacerbar el individualismo y la competencia llevando al olvido el sentido de comunidad, logrando cierta deshumanización de la sociedad, basada ahora eminentemente en el consumo y el éxito.


La vuelta del liberalismo acérrimo
A principios de los “80” se vivió en el mundo entero la vuelta del liberalismo como doctrina económica. Será sin dudas en Sudamérica y en particular Chile, el lugar donde se comenzarán la aplicación de las primeras reformas neoliberales a nivel mundial hacia 1975.

Sin embargo el epicentro de todo este proceso serán Inglaterra y los EE.UU., que mediante una serie de reformas instalarán este modelo o paradigma.

El concepto de Neoliberalismo suele ser explicado por varios autores como “un rescate o vuelta de los principios del liberalismo económico decimonónico, por ello recibe el nombre de Neoliberalismo”

La resurrección de esta doctrina reconoce como líder intelectual al filósofo y economista austriaco Friedrich Von Hayek en Europa y Milton Friedman en los Estados Unidos.


La experiencia chilena
Mientras en el ámbito político el gobierno militar tomó medidas rápidas, en la economía no tuvo un proyecto claro ni una planificación; es por ello que durante los primeros los primeros años, las medidas tomadas tuvieron escasos efectos para controlar la inflación, el desempleo y el índice de salarios. En un principio los militares fueron partidarios del modelo basado en la intervención del Estado en la economía, sin embargo, poco a poco se impuso dentro de las Fuerzas Armadas el proyecto económico neoliberal. Esta propuesta fue presentada por un grupo de Jóvenes economistas conocidos como los “Chicago Boys”, dado que la mayoría de ellos había estudiado sus posgrados en la escuela de economía en la Universidad de Chicago, en Estados Unidos, lugar donde impartía clases Milton Friedman.

Para llevar adelante la profunda reforma de la economía, presentaron un plan económico conocido como el “plan ladrillo”. El que será parte de un movimiento de reforma a la economía chilena, de un marcado corte "neoliberal", basado en tres pilares centrales;



  • en la apertura de la economía a los mercados externos,

  • la privatización de empresas estatales,

  • y un menor control gubernamental sobre la actividad privada o más bien la desregularización de los mercados.

El modelo que se proponía significaba evaluar la política económica de los últimos 30 años, asegurando que los males que habían provocado el subdesarrollo del país se relacionaba con la excesiva participación del Estado en la economía y que esta situación debía sustituirse con la implementación de una economía de libre mercado.




  1. El proceso de privatización

En la perspectiva neoliberal, uno de los obstáculos para el crecimiento del país los constituía el Estado benefactor, ya que argumentaba que las empresas en manos en manos del Estado eran menos productivas que en manos de los privados. Por eso las privatizaciones se iniciaron en 1975 y consistieron en la venta de empresas que eran de propiedad estatal a privados, las mismas que habían sido expropiadas por la Unidad Popular. Así, los bancos, propiedades agrícolas y las principales empresas del país volvieron a manos privadas, pero como la venta se hizo en un periodo de recesión, el precio de venta fue en alrededor de un 30% menos que el precio real. Entre estas se encontraba Chilectra, IANSA y Endesa.

Las privatizaciones también se dio en el ámbito de la seguridad social y la educación. Entre fines de los 70 y principios de los 80 se diseñaron planes orientados a crear instituciones que en la actualidad siguen vigentes, entre ellas se encuentran:


  • AFP (Administradora de Fondos de Pensiones). Orientadas a la creación de fondos de pensión con el fin de ofrecer la mejor rentabilidad a los trabajadores.

  • ISAPRE (Instituciones de Salud Previsional). Orientadas a crear un sistema de salud alternativo al servicio público (FONASA), se accede a ellos mediante planes de salud que contrata la persona de manera individual o familiar de acuerdo con los ingresos del cotizante.

  • Sistema subvencionado de educación pública. El objetivo era establecer una red de establecimientos escolares financiados por privados con apoyos de subvenciones públicas.

  • Sistema privado de educación superior. Su fin era crear un sistema privado de universidades, alternativos a las entidades financiadas por el Estado, estas funcionaban como empresas privadas, por ende no eran reguladas por organismos públicos.




  1. La desregulación de los mercados

Esta medida significó el fin de las políticas que permitían al Estado intervenir en algunas áreas de la economía. Por eso, se puso fin a la fijación de precios de productos básicos y se liberalizó el mercado laboral. Esto último implico la pérdida de una serie de garantías que beneficiaban a obreros y empleados, y que facilitaron la posibilidad de ser despedidos, este plan laboral terminó con antiguas conquistas sindicales como la negociación colectiva por rama de actividades e impuso el despido sin expresión de causa, como derecho de los empleadores, además condicionaron la realización de las huelgas y traspasaron gran parte de los gastos previsionales a los propios trabajadores.




  1. La apertura de la economía

La liberación del comercio exterior aspiraba a la integración de Chile en la economía mundial, a través de la exportación de sus recursos naturales. Esta política significaba la apertura de la economía a la producción manufacturera producida en el extranjero, lo que se realizó bajando progresivamente los aranceles a los productos importados, los que se habían aumentado en el período anterior para proteger la industria nacional. De esta forma, de a poco se fue eliminando el modelo industrializador de la economía.


Los resultados de la nueva economía
Las diversas reformas realizadas en el periodo 1975-1982 (año de la crisis económica) tuvieron resultados muy dispares. Las políticas iníciales lograron disminuir la inflación y el déficit fiscal, también se diversificaron y se iniciaron las exportaciones no tradicionales (madera, pesca, fruta), e incluso hasta 1979 se triplicaron. Esta situación produjo que desde 1977 se comenzara a hablar del “milagro económico” chileno, reflejado tanto en los índices económicos como en la realidad de vida de los chilenos, que tuvieron mayor acceso a los créditos y a bienes de consumo importados.

Sin embargo, el modelo neoliberal se puso en jaque ante la crisis económica que estalló en 1982 y que asoló al país hasta 1984, la que desencadenó fuertes críticas hacia el nuevo sistema económico. Si bien el neoliberalismo siguió imperando, el Ministro de Hacienda Hernán Büchi (1985) impuso ciertas regulaciones, como la aplicación de aranceles específicos para proteger el producto nacional de la competencia externa. De esta forma, hacia el fin del régimen militar, la economía había recuperado su ritmo de crecimiento, pero se presentaba el problema de la distribución de la riqueza.

Las reformas también implicaron un alto costo social, debido a la disminución en el gasto social (vivienda y educación) y en los salarios de los trabajadores, aumentando el desempleo. Frente a las altas tasas de cesantía, el gobierno se vio obligado a crear planes de empleo mínimo para paliar sus efectos. Entre ellos estaban el Plan de Empleo Mínimo (PEM) y el Programa Ocupacional para jefes de Hogar (POJH). Si bien los planes buscaron reabsorber el número de cesantes, especialmente después de la crisis después de 1982, lo cierto es que los trabajadores no gozaban de derechos laborales y los salarios eran muy bajos. Los magros resultados significaron que los planes de emergencia duraran alrededor de 13 años (1975-1988), lo que agravó el problema de la concentración de la riqueza, pues el proceso de privatización agudizó las diferencias entre ricos y pobres, lo que significó que hacia 1978 cinco grupos económicos controlaran casi el 40% de las 250 empresas del país y que amplios sectores quedaran marginados. Ello llevó a que las personas se tuvieran que organizar para salvarse de la crisis, creando, con la ayuda de instituciones como la Iglesia Católica, comedores populares y ollas comunes.
La Constitución de 1980
Para que el régimen militar pudiera continuar en el poder y seguir con su proyecto refundacional, era necesario crear un cuerpo jurídico que legalizara un gobierno que no había llegado al poder a través de las votaciones populares. En 1976 comenzó a materializarse el interés por redactar una nueva Constitución que derogara la de 1925. Su ideólogo fue Jaime Guzmán Errázuriz, quien consideraba que la mejor manera de asegurar la proyección de los cambios efectuados por el gobierno era creando un cuerpo legal basado en una promesa de democracia futura, junto con asegurar a Pinochet que gobernara, por lo menos, hasta 1990.
Aspectos centrales de la Constitución de 1980

En 1978 se creó una Comisión de Estudios Constitucionales encargada de proponer la nueva carta fundamental del país. Tras arduos debates internos, en 1980 la Constitución estuvo lista para ser aprobada o rechazada en un plebiscito. La propuesta consistía en los siguientes puntos:




  • Poderes del Estado: creación de un sistema político de una “democracia protegida”, con un Poder Ejecutivo fuerte, donde el Presidente era elegido mediante votación popular por ocho años. El Poder Legislativo era elegido solo en parte, pues se nombraban senadores que no eran nombrados por la ciudadanía, más bien conocidos como senadores designados.

  • Tutela militar: se establecía el Consejo de Seguridad Militar y se dispuso la inamovilidad de los comandantes en jefes de las FF.AA. con el fin de garantizar la tutela de estas sobre la institucionalidad.

  • Economía: se consolidó el modelo neoliberal, al reforzar el derecho de la propiedad privada, la restricción de los derechos laborales y la autonomía del Banco Central.

  • Artículo Transitorio: hasta 1990 el país sería gobernado de la misma forma, bajo el mando del general Pinochet hasta 1988; con la mantención de la restricción de las libertades públicas. Dicho año se realizaría un plebiscito para determinar el nombre del candidato propuesto por el órgano legislativo, compuesto por los cuatro miembros de la Junta Militar. Si este candidato era respaldado por la mayoría, gobernaría hasta 1997, si no, habría elecciones libres.



Voces críticas sobre la Constitución
La Constitución de 1980, es sin duda, el texto constitucional chileno más controvertido, a la par que inmodificable, atendida su vigencia pétrea, en sus aspectos esenciales. A pesar de su vigor, una sombra oscura empaña su origen. Si bien fue aprobada por el 67,04% contra el 30,19% de los votos, el plebiscito fue catalogado por sus opositores como espurio (sucio). No se contó con los registros electorales, y tanto la campaña de treinta días como los comicios se efectuaron bajo estado de Emergencia, estado facultado todo el tiempo el régimen militar para relegar, detener y exiliar; el acceso a los medios de diarios fue parcial al oficialismo, y en cuanto a la televisión les fue absolutamente vedada a los opositores.

Desde entonces se ha ido configurando un largo listado de objeciones que cuestionan el sentido medular de la Constitución. Estas dicen relación con la “protección” de la democracia se ve reflejada en distintos ámbitos, por ejemplo; en u presidente con vastísimas facultades y un Congreso reducido a las más mínima expresión; una Cámara Alta con un tercio de sus componentes no elegidos (senadores designados); un Consejo de Seguridad Nacional de mayoría militar y con grandes atribuciones respecto a los demás organismos políticos; la proscripción de los partidos cuyo pensamiento se declarase totalitario; se les conferían como garantes de la institucionalidad a las FF.AA. y Carabineros; existía la inamovilidad de sus cargos a los comandantes en jefes de las Fuerzas Armadas (no podían ser destituidos de su cargo por el Presidente de la República) y que los quórum establecidos por la Constitución dificulten su reforma (3/5) de los votos.

Esa situación de bloqueo era la resultante del “encierro institucional” (protección), de haber negociado la entrada en una “jaula de hierro”, lo que restringía absolutamente el campo de la historicidad. Como no había otra opción que la reproductibilidad era necesario organizar esa operación de simulación que fue el consenso. Digo simulación porque la noción de consenso estaba destinada a conseguir, por parte de los trabajadores y de la izquierda, la aceptación de la política de cambios mínimos como si fueran un sacrificio de la reinauguración democrática, como una especie de tributo temporal. Pero no era así. En el futuro, todo hace presagiar, tampoco será posible negociar reestructuraciones de las relaciones capital/trabajo. Operará la ley de hierro de la disputa por la competitividad, tal como es interpretada por los empresarios, el nuevo sujeto de la historia.
En realidad tras la noción de consenso, extraída de las teorías contractualistas, se quiere opacar una realidad, la ausencia de historicidad, mientras no se haga trizas o caduque el marco institucional. En verdad se está ocultando el futuro petrificado, la historia como repetición marginalmente mejorada del sistema socioeconómico del capitalismo globalizado. La historia como repetición de Pinochet, una sociedad cuya forma idiosincrásica (no pasajera) mezcla inserción en el mercado-mundo, acceso a tecnologías de punta, pobreza y precarización del empleo compensada por la masificación crediticia.
Plebiscito de 1980
Para darle legitimidad a la nueva Constitución, y mientras regí el estado de excepción, el gobierno convocó a un plebiscito el 11 de septiembre de 1980. La derecha acogió el llamado al plebiscito para ratificar la Constitución, mientras que la oposición se debatió entre abstenerse o votar, pues su participación, si ganaba Pinochet, significaba legitimar el régimen. Finalmente la Democracia Cristiana aceptó participar y llamó a votar NO a la Constitución. Los resultados del plebiscito arrojaron un 67,04% de los votos por el sí y el 30, 19% por el NO, sin demostrar grandes sorpresas, dada la falta de Registros Electorales y de un Tribunal Calificador de Elecciones. Así, el gobierno lograba su objetivo central, legitimar su institucionalidad y prolongarse en el tiempo.
El camino hacia la democracia
La Constitución de 1980 estableció el marco legal del gobierno militar, pero las reformas, políticas, económicas y sociales fueron enfrentadas públicamente por la oposición a partir de las secuelas de la crisis económica de 1982-1983. La bonanza de años anteriores se hizo humo frente a la grave crisis producto de factores internos y externos, como el alza de precios de las importaciones, baja en los precios de las materias primas, incluyendo el cobre, excesiva concentración del poder económico y falta de control de las actividades financieras.

La crisis se tradujo en el cierre de fábricas, el aumento del desempleo y una enorme inflación. Los “Chicago Boys” fueron perdiendo el prestigio ganado, ante lo cual el régimen de Pinochet tuvo que tomar medidas para paliar la crisis, entre ellas, se decretó el fin de de la fijación del cambio y la intervención de algunos bancos. Ante esta situación los sectores populares fueron los más afectados, por lo que iniciaron diferentes movilizaciones o protestas, que se extendieron hasta 1986. En mayo de 1983 los trabajadores del cobre iniciaron una movilización en contra del régimen, las que se extendieron por todo el país, hacían sonar las cacerolas y los pobladores se enfrentaban a las fuerzas de orden con barricadas.

La agitación social llevó a la activación sindical, especialmente la de los mineros, industriales y profesionales, que junto con la Democracia Cristiana y los partidos de izquierda conformaron el Comando Nacional de Trabajadores (CNT), pero que por diferencias políticas tuvo escasa eficacia, aunque favoreció el desarrollo de las nuevas fuerzas políticas de oposición. La primera, el Movimiento Democrático Popular (MDP), conformado por el Partido Comunista, el MIR, y los sectores socialistas más radicales, promovían la movilización de las masas y una confrontación más violenta. A diferencia de este grupo, existió la Alianza Democrática (AD), compuesta por la Democracia Cristiana y la Izquierda moderada, es decir los socialistas moderados, rechazaba la acción violenta a favor de la negociación pacífica. La derecha también se reestructuró, creando en 1984 y por iniciativa de Jaime Guzmán, la Unión Demócrata Independiente (UDI), que apoyo al gobierno ante los nuevos grupos políticos.

La agitación política motivó a la iglesia a buscar un acuerdo. El Cardenal Juan Francisco Fresno llamó en 1985 a una comisión de diversas tendencias políticas a discutir un Acuerdo Nacional, sin embargo, las divergencias entre las tendencias políticas desembocaron en que el proyecto no prosperara. El escenario de movilizaciones continuó cada vez con más fuerza, lo que insistió al régimen a reestablecer el estado de sitio en noviembre de 1984. Además, ante la negativa de a negociar, el Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) asumió la lucha violenta, y en septiembre de 1986 atentaron contra la vida de Pinochet, quien salió ileso, pero a raíz de esto el gobierno militar intensificó la represión.


El plebiscito de 1988
Cumpliendo con lo decretado en la Constitución de 1980, el año 88 se llamó a un plebiscito, en que la opción Sí significaba la permanencia de Pinochet por ocho años más, mientras que la opción NO representaba el fin del régimen militar y el llamado a elecciones libres. El gobierno hacia cálculos optimistas, ya que a su juicio el país había progresado, el éxito y la modernización de la economía eran visibles, las diferencias con los países vecinos habían sido resueltas y la clase media se había consolidado. Sin embargo, la oposición que había visto fracasar las luchas mediante acciones violentas y movilizaciones sociales, basó su estrategia en la participación política tradicional, inscribiendo a la mayor parte de la población en los registros electorales y convenciéndolos de que su voto sería absolutamente secreto. Simultáneamente, la oposición logró levantar un eficiente sistema de conteo de votos paralelo al oficial, lo que permitió denunciar cualquier intento de fraude.

El 30 de agosto de 1988, Pinochet formalizó su candidatura única al plebiscito. La oposición de centro izquierda convocó a inscribirse en los registros electorales para el día del plebiscito votar NO a la continuidad de Pinochet. Quince partidos y movimientos expresaron su intención de derrotarlo “en su propia cancha”, se unificaron y crearon, en febrero de 1988, la Concertación de Partidos por la Democracia. El partido Comunista no integró este grupo.



La campaña política se realizó a través de distintos medios, como la radio y, sobre todo, la televisión, que tuvo un rol protagónico. La opción NO, haciendo uso de 15 minutos que legalmente le correspondían, envió un mensaje optimista y no confrontacional al país, resumido en el slogan “Chile, la alegría ya viene”. Por su, parte la opción SI utilizó la estrategia de la descalificación de su oponente. El formato novedoso de la campaña del NO, junto con el ofrecimiento de una nueva propuesta, favorecieron la toma de una conciencia de la población y el deseo de un cambio. Además, los 15 años de gobierno autoritario y el consecuente desgaste que esto desgaste que esto implicó, sumado a la represión de las protestas de 1983-1986, las crisis económicas y especialmente las violaciones a los derechos humanos, llevaron a un triunfo del NO. El 5 de octubre de 1988, en un clima de tensión, pero de forma pacífica, se desarrollaron las votaciones. Pinochet se vio derrotado con un 43% para la opción SI, mientras que la opción NO ganó con el 54% de los votos.






Cientos de miles de chilenas y chilenos participaron en las calles para apoyar la campaña por el NO en Chile en el año 1988 para poner fin a la Dictadura Militar.
La recuperación de la democracia
El régimen militar admitió su derrota y comenzó a prepara su salida del poder. La derecha, en tanto, apostó por la elección presidencial y parlamentaria en 1989. En ella presentó a Hernán Büchi, quien había sido Ministro de Hacienda de Pinochet. Por su parte, La Concertación de Partidos por la Democracia presentó como candidato presidencial a Patricio Aylwin Azocar, y el centro-centro postuló a Francisco Javier Errázuriz. En diciembre de 1989 Aylwin resultó electo Presidente con el 55% de los votos, con lo que se puso fin a 16 años de un régimen autoritario y se recuperó la democracia en el país. Además en la elección parlamentaria la Concertación también resultó favorecida: de 120 diputados eligió 72 y de 38 de los senadores por los cuales se podía votar, obtuvo 22 para su conglomerado.

La Literatura chilena en dictadura
Los poetas más relevantes del 60, Jaime Quezada, Gonzalo Millán, Floridor Pérez, Waldo Rojas, Manuel Silva, Omar Lara, Oscar Hahn, mantuvieron una actitud receptiva hacia los aportes de la lírica internacional, pero al mismo tiempo declararon expresamente su condición de continuadores de una tradición nacional, según palabras de Quezada en el prólogo a Poesía Joven de Chile. Aunque mantuvieron su aprecio por escritores antiguos y modernos, su afinidad más profunda fue con su tradición local. Ellos constituyeron la «generación diezmada», que debió marcharse al exilio con el golpe militar del 11 de septiembre de 1973, que transformó hasta sus cimientos la institucionalidad y la convivencia del país.

El golpe de estado provocó dos cambios sustantivos en el panorama poético: una breve, violenta y profunda discontinuidad del proceso de la poesía chilena (se habló de «apagón cultural» en el país, producto de la represión, la censura y el control de la actividad de artistas y pensadores) y una nueva, forzada y dual relación con los medios literarios de Europa y del país. Esta generó una «poesía del exilio exterior» escrita por autores y militantes políticos expulsados o fugados de Chile, acogidos y apoyados en el extranjero, por ello, inevitablemente vinculada con las tendencias y artistas del mundo, aunque temáticamente siguiera ligada a la situación chilena. También, una poesía de la contingencia sociopolitica orientada a la resistencia al régimen de Pinochet dentro del país, llamada también «poesía del exilio interior» por las particulares condiciones de vida de sus autores, de producción y, sobre todo, de circulación y lectura de sus obras: escritas en la clandestinidad o la marginalidad, difundidas en lecturas privadas, en espacios de la Iglesia Católica, en algunos ámbitos culturales e ideológicos reducidos, impresas a mimeógrafo, en tiradas pequeñas, guardadas por mucho tiempo para editarlas en otros países o a la vuelta de la democracia.

En la lírica chilena actual se percibe una pluralidad de tendencias que coexisten e interactúan entre sí y con tendencias europeas, derivadas del papel protagónico asumido por grupos y escritores sureños, la presencia de escritores mapuche, de mujeres y de niños provenientes de los talleres literarios escolares de la Región de Los Lagos.

Las manifestaciones poéticas posteriores al 11 de septiembre fueron expresiones de rechazo a la dictadura militar muy distintas entre sí. La neo vanguardia se inició hacia 1970 en el grupo del Café Cinema de Valparaíso, destacando Juan Luis Martínez, Raúl Zurita y Juan Cameron. Su postura era antitradicionalista, polémica, experimental, crítica, como la lírica vanguardista, de la cual adoptaron rasgos textuales como la ruptura de las normas convencionales en la construcción del poema mediante la incorporación de elementos no verbales de índole gráfica y objetal, de un sujeto despersonalizado, múltiple o escindido, víctima de las alienaciones, torturas y anormalidades de la época, de la expansión del significante fuera del espacio de la página; lo último se puede ver en La nueva novela de Martínez, donde el texto comienza en la portada, se desenvuelve a través del volumen por medio de fotografias, páginas transparentes, ejercicios lógicos y matemáticos, un anzuelo, banderitas chilenas de papel, etc., o en Anteparaiso de Zurita, en que el poema se completa con la escritura en el cielo de Nueva York de versos realizados con el humo de aviones, y tiempo después, con la escritura en el desierto de Atacama (en el norte de Chile), de la frase «Ni pena ni olvido».

La poesía neo vanguardista se asemeja a su modelo vanguardista en la actitud rebelde y provocativa ante los valores y discursos de la tradición y el afán de transformar la sociedad mediante la interacción arte-vida. Pero, se diferencia en la radicalización de diversas estrategias y figuras, como la parodia, la distorsión de citas y tópicos, la transtextualidad en sus variadas formas, el uso constante de la alusión referencial de tipo histórico y biográfico, la ampliación de la capacidad expresiva del verso, la frase y también del libro y del macrotexto, concebidos como significantes globales de la reflexión poética y la experiencia del mundo. También, en su decidido compromiso con la situación histórica de Chile bajo la dictadura militar, mediatizando su remisión al extratexto por medio de alegorías, símbolos, ironías, correlatos históricos y bíblicos y las posibilidades de las presuposiciones y lo no dicho.

La neo vanguardia chilena ha sido una expresión de minorías intelectuales vinculadas a artistas y pensadores de avanzada en el extranjero, respondiendo a la necesidad de hacer sentir la crisis del hombre y de la sociedad, mediante el uso de voces compulsivas, sujetos llagados, esquizofrénicos, conflictivos. Como uno de los lenguajes de resistencia a la dictadura, la poesía neo vanguardista ha usado la figura de la rebeldía contra la literatura como imagen de la rebelión contra la dictadura y la sociedad neoliberal que se había empezado a implantar en Chile.



La lírica testimonial de la contingencia sociopolítica es la más característica de los 70 y los 80, poesía realista fundada en la perspectiva de un sujeto vinculado de modo efectivo, ideológico o emotivo con personajes, hechos, situaciones, espacios, instituciones, valores, etc., propios de la sociedad chilena durante el gobierno de la Junta Militar Poesía que busca ser una expresión inmediata, combativa o elegíaca, de los aspectos dolorosos, deprimentes, heroicos o cotidianos derivados del 11 de septiembre, y vividos en el país, en el exilio o en el tránsito entre ambos espacios: la resistencia, la pobreza, la represión, el consumismo, la nostalgia, etc. El sujeto adopta la actitud de un hablante testimonial, es decir, de un testigo participante y comprometido con las situaciones que expresa o refiere, que asume la defensa de las personas y valores de los sectores involucrados en el rechazo del régimen autoritario.

Esta poesía es un elemento más de la lucha de liberación del país, por lo cual construye sus textos a partir de un repertorio limitado de posibilidades de textualización: la función de denuncia y testimonio de una realidad cruel, la frecuente incorporación del no texto histórico mediante la alusión referencial, la ironía, la alegoría o la mención directa de personajes, ideas, discursos, documentos, el uso de una estructuración simple y de un lenguaje fundado en la experiencia del ciudadano medio. Su función global es la de intervenir en el espacio no textual del lector, con el fin de sensibilizarlo, comprometerlo con una detenida posición ideológica, motivarlo a actuar para cambiar el curso de la contingencia. Pero, más que literatura de tesis o doctrinaría, escritura abierta a la variabilidad de las circunstancias y que enfatiza conscientemente su condición de tributaria de los factores no textuales referidos a la situación sociopolítica del país.

Los poetas testimoniales de la contingencia se ubican en dos sectores: los de la generación del 60, que debieron exiliarse y escribir una parte de su obra en el extranjero y en relación a una cultura doble: la presente ajena que se va haciendo propia y la ausente propia que se va haciendo ajena, tales como Gonzalo Millán, Omar Lara, Oscar Hahn, Waldo Rojas, Raúl Barrientos, Jorge Montealegre. El otro sector, los que se quedaron en el país, reaccionando desde dentro contra la situación opresiva, sufriendo en su propia vida las consecuencias: Mario Contreras, José Maria Memet, Bruno Serrano, Elvira Hernández, Carmen Berenguer. Los casos más sobrecogedores son los libros de Floridor Pérez y de Aristóteles España. Pérez publicó Cartas de prisionero, texto que manifiesta en forma sobria y sugerente la dignidad y la emotividad con que un poeta soporta el cautiverio, además de reproducir icónicamente la situación de presidio a través de los signos que lo identifican como tal: los documentos intercambiados con la mujer que lo espera en un espacio diferente, caracterizado por el amor, la valentía y la fidelidad. Por su parte, España, a través de poemas y fotografías en Dawson, atestigua la veracidad de los hechos y personas confinadas en esa isla de reclusión. Las distintas secuencias de encarcelamiento, interrogatorio, tortura, frustración, de los presos políticos, son una crónica del espanto y la indefensión en un infierno desconocido e inevitable:
Hay disparos, ruidos de máquinas de escribir,

me aplican corriente eléctrica en el cuerpo.

Soy un extraño pasajero en viaje a lo desconocido,

arden mis uñas y los poros, los tranvías,

en la sala contigua golpean a una mujer embarazada,

las flores del amor y la justicia crecerán más adelante...


A estas expresiones, se sumó luego una poesía religiosa apocalíptica de acentuada crítica sociopolítica, variante de la faceta religiosa que ha mostrado la lírica chilena desde sus comienzos y que ha ido evolucionando según los cambios de la iglesia en sus vínculos con la sociedad global. Esta religiosidad de identidad cristiana, en las últimas décadas ha producido textos que muestran dos diferencias básicas con respecto a la tradicional. La primera, que el cristianismo se erige en base ideológica de interpretación de la vida nacional como un estado de opresión y esclavitud, expresado a través de distintos pasajes y personajes de la Biblia que alegorizan aspectos de la dictadura, como en Poemas crucificados de Memet, «Éramos los elegidos», de Rosabetty Muñoz, «De estos Tiempos» de Carlos Trujillo, «Las utopías» de Zurita. La figura de Cristo se presenta en su dimensión humana y divina como paradigma del sufrimiento de quienes proponen valores de vida liberadores y opuestos a los establecidos, por lo cual son perseguidos, reprimidos y martirizados. La segunda, es la incorporación del antiguo discurso apocalíptico como código poético.

El sujeto de la poesía apocalíptico se presenta como profeta, es decir, intérprete de la realidad de su tiempo y su sociedad, para denunciar los males y anunciar un futuro utópico. Poesía creyente y violenta, solidaria y ascética, encuentra su correlato más definido en el pensamiento y conducta de la Iglesia Católica que supo hacerse «voz de los que no tienen voz» durante la dictadura y de la Teología de la Liberación. Esta perspectiva ha sido la base de Huerfanías de Quezada, quien ha reescrito textos bíblicos y contemplativos para representar existencialmente el mundo como lugar de orfandad, duelo y cenizas; la orfandad no es sólo ontológica, sino también el estado de ánimo de la sociedad chilena bajo el control de una autoridad cruel, inclemente, sin amor:


Soy el no liberto hombre

Que escribe lo que el mismo hombre

Escribió en el siglo quinto antes del hombre

Pensando que en futuros siglos

Otro no liberto hombre

Escribirá lo mismo que escribe este hombre.


Los poemas de este libro son los gemidos dolientes y lúcidos de quien asume la visión de Job para hablar de la sociedad chilena. Su función es dar testimonio del desastre que amenaza destruir la sociedad:
Cultiva la idea de que el mundo se apaga

Cuán verde era mi valle

mirad los lirios que fueron!

Y yo hombre moral lloro en este monte

sin sombra de olivos como simple moral

(Salid de mi con duelo lágrimas corriendo)

Aunque de nada sirven mis lágrimas en esta tierra seca

Si hasta el cielo se cae ahora a pedazos.

Fenómenos semejantes se pueden observar en poemas de Miguel Arteche, Hahn, Zurita, Ibáñez, como asimismo de escritores más jóvenes como Juan Jorge Faundes y Claudio León, entre otros. Este modo de poetizar encuentra su legalidad en los vínculos entre la Biblia y la historia y forma parte de una larga tradición universal, adaptada a la situación de la poesía chilena.

Más tarde, ha aparecido un conjunto de voces que han desarrollado un Discurso feminista de género contra la dominación masculina y también contra el gobierno militar en su dimensión autoritaria. Esta poesía surge en el contexto de la toma de conciencia de las relaciones e identidades de género y de la lucha de las mujeres por sus derechos en la sociedad global, de acuerdo a la motivación, el liderazgo, la teoría y la literatura de las mujeres de Europa y Estados Unidos.

En la poesía chilena hay valiosos antecedentes, como Mercedes Marín del Solar, primera escritora propiamente chilena, y Gabriela Mistral, quien incluyó en su escritura no sólo figuras femeninas de alto relieve (como en sus «Poemas de la madre más triste» o la protagonista del Poema de Chile), sino también la problemática del género y la mujer. En la actualidad, diversas poetas están empeñadas en la conformación de un discurso feminista, para lo cual han enfatizado distintos aspectos vinculados con las zonas de dominio por parte del machismo, tales como la propia corporalidad y en especial sus zonas erógenas y el lenguaje, aspecto explorado sobre todo por Carmen Berenguer de manera muy personal y creativa, lo mismo que Cecilia Vicuña; la vida doméstica, como lo hace Teresa Calderón entre otras; la maternidad en sus relaciones con el erotismo y la historia, destacada en la poesía de Rosabetty Muñoz y Verónica Zondeck; las relaciones conyugales y sociales en relación con la identidad de mujer, en que destaca Heddy Navarro:
Me declaro ingobernable

y establezco mi propio gobierno.

Inicio un paro indefinido

y que el país reviente de basura

esperando mis escobas.

Soy mujer de flor en pecho

y hasta que se desplomen los muros de esta cárcel

Me declaro termita, abeja asesina y marabunta

Agárrense los pantalones

las faldas ya están echadas.


El sujeto femenino adopta diversas actitudes y tonos para dirigirse a los hombres o a las mujeres, empleando a veces un tono irónico, otras agresivo, furibundo, cansado, tierno, juguetón. Del mismo modo, hace suyos códigos poéticos vigentes, como el antipoético, el testimonial, el neo vanguardista, o bien los asume para luego contradecirlos, como Sonia Caicheo en su poema «Mujeres», que responde al anti poema homónimo de Nicanor Parra. La variante homosexual de género se ha cultivado poco en Chile, pero muestra interesantes posibilidades en la escritura de Pedro Lemebel y Francisco Casas.

El apodo más significativo al proceso poético actual es la poesía etno-cultural, que ha incluido actitudes críticas hacia el gobierno militar y el patriarcalismo, la expresión de una especial conciencia ecológica y religiosa y, sobre todo, la expresión de las voces étnicas que sobreviven en el territorio. Esta tendencia fue iniciada en 1963 por un descendiente de colonos suizo-franceses, Luis Vulliamy, de la región de la Frontera, con Los rayos no caen sobre la yerba. En breves textos escritos como collages de español y mapudungun, un hablante mapuche le canta su amor a una joven en una situación de culturas en contacto. El mismo año el poeta mapuche Sebastián Queupul publicó un poema en doble registro en una revista cultural y tres años después, un folleto con cuatro textos del mismo tipo, Poemas mapuches en castellano, que deja al descubierto la identidad en crisis de un sujeto asediado por la interculturalidad. A partir de 1975, año en que Carlos Trujillo y Renato Cárdenas fundaron el grupo de poesía Aumen, en Chiloé se inició una escritura preocupada por la identidad chilota concebida fuera de los límites de la visión folklórica que había marcado su producción artística anterior. Más adelante, autores como Clemente Riedeman, con su texto canónico Karra Maw‘n, Juan Pablo Riveros, Rosabetty Muñoz, Elicura Chihuailaf, Leonel Lienlaf, Sergio Mansilla, Sonia Caicheo, Nelson Torres, Mario Contreras, Cecilia Vicuña, Mario Volantines, han escrito poemas caracterizados por la singularidad de un lenguaje afincado en las tradiciones, historia, arte, dialectos, propios de las comunidades étnicas y socioculturales del país, sobre todo de la zona sur austral (desde Concepción hasta Chiloé) y al realce de las problemáticas interetnicas e interculturales de las zonas de mayor contacto entre grupos indígenas, españoles, colonizadores, criollos, mestizos. Son textos codificados en forma plural, que integran enunciados o frases en distintas lenguas, fragmentos discursivos de carácter etnográfico, testimonial, folklórico, cartográfico, cronístico, literario, mediante técnicas de montaje, superposición o alusión. Su enunciación hace resaltar las voces de variados sujetos, portadores de un conocimiento sociocultural y lingüístico sincrético e intercultural, que remite a los temas del mestizaje, la identidad, la discriminación, la explotación etnosocial, la aculturación forzada, el genocidio, la re-etnización.

El fundamento de esta discursividad poética es la particular conformación socioétnica de la sociedad chilena, común a la de otros países americanos, provocada por la ocupación de los territorios indígenas por parte de los conquistadores y los colonos europeos: una superposición de sociedades y culturas integradas en forma parcial e inestable, que permanecen hasta hoy en un estado de conflicto latente o manifestado en forma ocasional o encubierta. Para expresar en forma consecuente esta situación, los poetas han necesitado recordar, aprender, modificar y mezclar distintos lenguajes, códigos y tipos de discurso, tales como las lenguas indígenas, sobre todo el mapudungun, el español estándar y sus dialectos, en particular el de Chiloé, los discursos de la crónica y la historia, las ciencias sociales, la comunicación de masas, etc. Los elementos lingüísticos han sido modificados y coordinados como textos poéticos mediante estrategias discursivas específicas, la codificación plural, la intertextualidad transliteraría, la enunciación plural o sincrética, el collage etnolingüístico, que incluyen diversas técnicas de reescritura, superposición, representación, y se encauzan especialmente en las formas de la elegía, como en los versos de Pedro Alonzo Retamal sobre el anhelo de diálogo etnocultural:
Tú me vas a enseñar «mapudungun», Ignacio Huechapán
Yo quiero saber, de nuevo,

lo que dices cuando estás borracho

Tú me enseñaste a jugar la chueca

y a «pifilcatún»

desde siempre nos llamábamos «peñi»,

y, cada vez que el tiempo nos juntaba;

«ña cuifi, peñi Ignacio, chumuleimi...?»

tú, palabra a palabra,

me vas a recordar el «mapu-dungun»

que los años han llenado de olvido.


¿Qué sucede después en la poesía chilena?... Hay poetas jóvenes que se incorporan a las tendencias dominantes, como Huenún, Velásquez, Colipán y otros que buscan su identidad en la lírica etnocultural, Navarro y Véjar que siguen la senda del larismo, Mardones, Cárcamo, que buscan variantes a la neo vanguardia, Kira, Malú y otras, en el feminismo, y muchos que escriben sin todavía sentir que forman parte de tejidos mayores. Entre la variedad de búsquedas aún confusas y dispersas, resalta la que hace suyas las voces del suburbio, la marginalidad del barrio pobre, la generación de «reventados» por la droga, la pobreza, el libre mercado, el absurdo de un mundo sin ética ni fe heredado de la dictadura. Poesía violenta, sarcástica, incrédula, que por ahora es el horizonte de un mundo sin esperanza que busca en el placer fácil del alcohol o las drogas, el cine, la pornografía o los juegos electrónicos, la plenitud de vida que no le puede ofrecer una existencia opaca, uniforme, agotada por el consumismo, el endeudamiento fácil, la ambigüedad, la desocupación, la falta de esperanzas y expectativas. Sergio Parra, Alexis Figueroa, Yanko González, ocupan este espacio, variante singular del criollismo y el naturalismo de comienzos de siglo. Y también la antropología poética, de cientístas sociales fascinados por el descubrimiento de su propio yo entre los otros, que intentan transformar en escritura poética.

La escena de arte de avanzada en dictadura: Colectivo Acciones de Arte (CADA)
Tras el Golpe de Estado de 1973, la actividad artística en Chile vivió quizás un quiebre tan dramático como el sufrido por la vida republicana de nuestro país, no tan solo por las consecuencias directas que muchos actores de la escena creativa sufrieron en carne propia –cárcel, exilio, exoneración de sus puestos de trabajo, sino por la profunda ruptura que se desarrollo de las diversas expresiones culturales que hasta ese momento convivían en Chile.

La instalación de un régimen autoritario, limitó no solo las posibilidades de continuar los caminos abiertos anteriormente, sino que operó como un factor que inhibió las nuevas manifestaciones expresivas, sumiendo a gran parte del campo artístico nacional en prácticas y lógicas de resistencias en las que el elemento predominante era la funcionalidad del discurso artístico en el contexto de las políticas opositoras al régimen militar.

Marcadas por estas condiciones, surgió en 1979 el Colectivo Acciones de Arte (CADA), situado por Nelly Richard como parte de la “escena de avanzada”. Formado por el sociólogo Fernando Balcells, la escritora Diamela Eltit, el poeta Raúl Zurita y los artistas visuales Lotty Rosenfeld y Juan Castillo, el CADA es tal vez la más nítida expresión de las contradicciones experimentadas al interior del campo artístico chileno, constituyéndose en el principal síntoma de la dislocación producida por el Golpe de Estado en el carácter modernizador y modernizante que caracterizó, hasta 1973, el desarrollo del arte chileno.

En el accionar del CADA confluyeron dos elementos centrales: la necesidad de renovación teórica y práctica del quehacer artístico nacional, vinculadas a las corrientes neo vanguardistas mundiales; y la urgencia de resucitar este quehacer sobre la fusión de arte y vida, entendida como sustento de arte programático que se expresaba en las acciones realizadas por el colectivo.

Asimismo, el carácter político del CADA queda de manifiesto en la doble negación de las muchas de sus intervenciones, que buscan simultáneamente operar como disidencia al interior de los discursos artísticos y como expresión opositora en el campo político nacional. Junto con negar la institucionalidad artística preexistente, el CADA rechaza la rechaza la institucionalidad sistemática del régimen militar y, más profundamente, las bases económicas y sociales que lo sustentan.

A pesar de su corta vida, el CADA marca un punto de inflexión en el desarrollo del arte chileno, ya que en su accionar se materializa –aun cuando sea con ambivalencias- no solo el viejo reclamo que busca derribar los muros que separan el quehacer del artista del quehacer del cuerpo social, como queda en evidencia cuando señalan, en uno de sus escritos “cada hombre que trabaja por la ampliación, aunque sea mental, de sus espacios de vida, es un artista”



También marca el momento en que se intenta pasar de la simple lógica de resistencia –como estrategia artística imperante en ese momento- a la reivindicación político-programática, propia de las vanguardias.



CADA, inversión de escena, 1979



Bibliografía


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3) Berman, Marshall; Todo lo sólido se desvanece en el aire: la experiencia de la modernidad, Editorial Siglo Veintiuno, año 2006, México.
4) Bengoa, José; La comunidad perdida; Ensayos sobre la identidad y cultura: los desafíos de la modernización en Chile. Ediciones Sur, Stgo. De Chile, 1996.

5) Cembrano Perasso, Dina; Cisternas Lara, Luz; Historia y Ciencias Sociales II ° Medio, Editorial Zig-Zag, año 2005, Stgo. de Chile.


5) Correa Sutil, Sofía (Compiladora); Historia del siglo XX chileno, Editorial sudamericana, año 2000, Stgo. de Chile.

6) Garcés Mario; Memoria para un nuevo siglo: Chile, miradas a la segunda mitad del siglo XX, Editorial LOM, año 2000, Stgo. de Chile.


7) Galaz Gaspar, Ivelic Milan; Chile, Arte actual. Ediciones universitarias de Valparaíso, año 2008, Valparaíso.
8) Góngora, Mario; Ensayo histórico sobre la noción de Estado en Chile, Editorial Universitaria, año 2003, Santiago de Chile.
9) Grez, Sergio; La "cuestión social" en Chile: ideas y debates precursores (1804-1902), Editorial DIBAM, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, año 1995, Santiago de Chile.
10) Jocelyn-Holt, Alfredo; El peso de la noche: nuestra frágil fortaleza histórica. Editorial Planeta, año 1998, Santiago de Chile.
11) Müller Blanco, Javiera; Valdés Díaz, Magdalena; Caracci Cheyre, María Soledad: Historia y Ciencias Sociales II ° Medio, Editorial Santillana, año 2009, Santiago de Chile.
12) Pinto, Aníbal; Chile, un caso de desarrollo frustrado, Editorial Universidad de Santiago de Chile, año 1996, Stgo. de Chile.
13) Rama, Ángel; La ciudad letrada, Ediciones del norte, Buenos Aires, 1984.
14) Romero, José Luis; Latinoamérica: Las ciudades y las ideas, Editorial siglo XXI, Argentina, 1984.

Página de Internet


www.memoriachilena.cl

1 Palabra de origen latino, coloniam, y que sirve para designar a un territorio ocupado y administrado por una potencia extranjera de la que se depende en los planos político, económico, cultural.

2 Romero, José Luis; Latinoamérica: Las ciudades y las ideas. pp. 12

3 Ibíd. pp. 13

4 Rama, Ángel; La ciudad Letrada, pp., 40.

5 Abercorombie, Th.; Caminos de la memoria y el poder, pp. 513

6 Rama, Ángel; La ciudad letrada, pp. 67.

7 Ibid. pp. 41.

8 Cembrano, Dina; Historia y Cs. Sociales II Medio, pp 106

9 Discurso inaugural de la Universidad de Chile, pp. 23.

10 Pinto, Aníbal; Chile, un caso de desarrollo frustrado, pp. 31

11 Ibíd., pp. 32.

12 Berman, Marshall; Todo lo sólido…, op. Cit. pp. 5

13 Góngora, Mario; Ensayo histórico sobre la noción de Estado en Chile. pp. 12

14 Palabras del Presidente Balmaceda en la Sociedad de Fomento Fabril. Citado de Historia y Ciencias Sociales de II Medio, editorial Santillana, pp. 209.

15 James O. Morris, Las elites, los intelectuales y el consenso. Estudio de la cuestión social y el sistema de relaciones industriales en Chile, (Santiago, Editorial del pacifico, 1967) pág.80.

16 Sergio Grez, (compilación y estudio crítico) La cuestión social en Chile. Ideas y debates precursores (1804-1902), (Santiago, Dirección de Archivos, Bibliotecas y Museos, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, 1995) págs.9-10

17 Ibíd.

18 Forma de gobierno donde el hombre justo y fuerte es el capaz de resolver los problemas del país por sí solo, mediante el establecimiento de una autoridad obedecida y respetada.

19 Extraído del libro de José Bengoa; La comunidad perdida; Ensayos sobre identidad y cultura: Los desafíos de la modernización en Chile.

20 Estas apuntan a dar un giro sustancial en las políticas que hasta entonces se habían adoptado, a manera de transformar radicalmente el escenario político, social y económico de un país.

21 El Informalismo es una corriente esencialmente pictórica, surgida con posterioridad de la Segunda Guerra Mundial. Sus formas se encuentran enraizadas en el arte abstracto, el cual no posee voluntad de figuración.

22 Testimonio de José Balmes

23 Bianchi, Soledad; La memoria: un modelo para armar, pp 238.

24 Entrevista a Jaime Silva, citada en La memoria… pp 99

25 Entrevista a Jaime Silva, citado de La memoria… pp. 103.

26 Entrevista a Nain Nómez, citado de La memoria…, pp. 115.

27 Entrevista a Alfonso Alcalde, citado de La memoria… pp. 155.

28 Víctimas de crímenes de desaparición forzada, generalmente opositores políticos, cometidos por regímenes militares autoritarios, en este caso el chileno.
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