Representación de estructuras argumentativas mediante el análisis de redes sociales



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REDES- Revista hispana para el análisis de redes sociales

Vol.10, #4, Junio 2006

http://revista-redes.rediris.es


Representación de estructuras argumentativas mediante el análisis de redes sociales

Joel Martí – Departament de Sociología- UAB 1



Resumen

Bajo el nombre de Análisis Reticular del Discurso (ARD) podemos englobar un conjunto muy amplio y diverso de técnicas que pretenden representar los discursos como una red de significados. La idea es bien sencilla: las palabras, acciones, proposiciones… son nodos de un entramado lingüístico que las relaciona, y que puede ser estudiado mediante el análisis de redes sociales (Lozares y otros, 2003). El artículo aborda una aproximación al ARD desde la teoría de la argumentación en la lengua (Anscombre y Ducrot, 1983), que introduce la noción relacional de topos (plural, topoi). Es posible representar la superposición de todos los topoi identificados en una red discursiva que esquematiza sistemas cognitivo-ideológicos, potencial que contemplan ya los mismos autores de la teoría, aunque no llegan a desarrollar. El texto se presenta una propuesta metodológica en este sentido, y muestra los resultados de una aplicación empírica al estudio de los discursos sobre la formación y el empleo.



Palabras clave: Análisis Reticular del Discurso – Argumentación – Cognición - Análisis de Redes Sociales.

Abstract

Reticular Analysis of Discourse (ARD) refers to a large range of techniques that intend to represent the discourse as a network of meanings. The idea is well simple: the words and/or propositions are nodes of a linguistic network that relates them, and that can be studied by Social Network Analysis (Lozares et al, 2003). This text focus on ARD from theory of argumentation within language (Anscombre and Ducrot, 1983), which introduces the relational notion of topos (plural, topoi). It is possible to represent the globally of all the topoi identifed in a discursive network that schematizes cognitive/ideological systems, a possibility already contemplated, by authors, although not developed. This text presents a methodological proposal in this direction, and samples the results from an empirical application at the study of the discourses about formation employment.



Key words: Network-based discourse analysis – Argumentation - Cognition – Social network analysis.


La aproximación socio-cognitiva al discurso y las estructuras discursivas como objeto de estudio

En los últimos años, una perspectiva destacada en los estudios del discurso es el enfoque socio-cognitivo, en el que podemos situar en un lugar central los trabajos de Teun Van Dijk (1995, 1998). La idea básica de esta aproximación es la necesidad de considerar una interfaz entre un nivel macro del lenguaje (las ideologías) y un nivel micro (los discursos): la cognición social. Esta propuesta es especialmente clarificadora en un contexto en el que nociones como las de discurso, creencias o ideología se usan recurrentemente de forma confusa y polisémica, frecuentemente sin explicitarlas, y restándoles, por lo tanto, su potencial explicativo. Concretamente, y con relación a los objetivos de este trabajo, la introducción de una perspectiva socio-cognitiva permite distinguir el discurso como proceso/acto comunicativo, entendido como la manifestación específica de determinadas creencias en el marco de una situación de interacción concreta, de un "espacio" de creencias socialmente construidas, abstractas y relativamente estables en el tiempo y, por lo tanto, diferenciar lo que sería la dimensión más situacional y dinámica de una enunciación (objeto de estudio de la pragmática) de aquella otra dimensión en la que se centran frecuentemente las ciencias sociales: los posicionamientos y cosmovisiones que hay "más allá" de una producción discursiva concreta2.

Esta clarificación conceptual permite plantear mejor estrategias metodológicas de análisis del discurso: cuando se estudia la práctica discursiva en si misma, se necesitarán técnicas para el análisis de procesos (como las que se han desarrollado ampliamente en análisis conversacional), que muestren cómo la relación de poder condiciona/construye la dinámica de la interacción; en cambio, cuando se estudian las estructuras discursivas (las creencias e ideologías sobre las que se apoyan estas prácticas discursivas), se deberán utilizar fundamentalmente técnicas estructurales que muestren las reglas que guían la producción discursiva (la red de creencias que le da soporte) y vincular estas reglas con el proceso social estudiado y su estructura de poder/dominación. El desarrollo metodológico aquí presentado se centra en esta segunda dimensión del discurso.

El estudio de las creencias y, particularmente, su “forma” o representación es un aspecto relativamente poco trabajado en sociología y disciplinas afines con las únicas excepciones, seguramente, de los modelos estructurales de Barthes, Greimas o Lévi-Strauss y las aplicaciones de modelos cognitivos que en la sociología han hecho Goffman (1974) y, evidentemente, Cicourel (por ejemplo, Cicourel y Carley 1990)3. Una perspectiva que sí que ha trabajado plenamente en este campo a lo largo de los últimos años ha sido la cognitiva, especialmente en su corriente norteamericana que, en contraste con la teoría de las representaciones sociales, de origen europeo y de orientación más teórica, se caracteriza por una dirección mucho más empírica.

Distinguiré, basándome en Searle (1984), dos programas de investigación en ciencia cognitiva: el “programa fuerte” y el “programa débil”; la primera versión es la más 'asocial' del cognitivismo y, por tanto, la de menor interés en sociología, mientras que la segunda introduce elementos pertinentes para el análisis del discurso desde las ciencias sociales y que han sido aplicados en campos como la antropología (Holland y Quinn 1997) o la misma aproximación socio cognitiva al discurso de Van Dijk (1998). Ambas líneas comparten el principio de que la actividad mental consiste en el procesamiento de información simbólica, aunque divergen en cuanto a su concreción. El “programa fuerte” está protagonizado por la inteligencia artificial y parte de la base de que el procesamiento mental de la información se basa en procedimientos lógicos y lineales. Para el “programa débil”, en cambio, el pensamiento humano es más complejo e impredecible: se considera la capacidad humana para reflexionar, modificar o actuar contingentemente sobre estas lógicas, y se considera también que la incorporación de nueva información no implica la necesidad de tener que ordenarla globalmente cada vez (Cicourel 1989, 40).

La representación de esta segunda forma de pensamiento se ha englobado generalmente bajo el concepto de 'esquemas' que, aunque se han desarrollado de formas diversas, vienen a corresponder al uso cotidiano del término (por ejemplo, cuando decimos “esto que has hecho me ha roto los esquemas”)4. Brewer y Nakamura (1984, 140-1) han definido los esquemas como estructuras mentales que contienen conocimiento abstracto. Son modulares (diferentes dominios cognitivos tienen esquemas con diferentes características estructurales) y se adaptan a las situaciones concretas como modelos de situación.

Una de las concreciones operativas más clásicas de los esquemas han sido los guiones (scripts) propuestos en 1977 por Schank y Abelson (1977) y revisados posteriormente (Schank 1982). Los guiones son secuencias de acciones estereotipadas respecto a determinados tipos de actividades que responden a finalidades (planes) orientadas a una tarea específica y que contienen informaciones sobre el tipo de marco (setting) en el cual se desarrolla la interacción, sobre los/las participantes que intervienen y sobre los roles y posiciones que ocupan. Abelson los define como:

Secuencia de acontecimientos esperados por el individuo, que lo implican a él mismo como participante o como observador. (Abelson 1976, 33)

Así, los autores muestran cómo ir a un restaurante, por ejemplo, supone seguir un conjunto de acciones que se asumen por defecto (entrar, sentarse, pedir, comer, pagar, etcétera). Estos detalles o guiones, socialmente compartidos a partir de la experiencia cotidiana, son, para Schank y Abelson, los que permiten crear expectativas o predicciones sobre una interacción y por tanto planificar acciones, así como inferir informaciones que “faltan” en los discursos y comprenderlos globalmente5.

Los guiones y otros tipos de esquemas han sido aplicados en ciencias sociales para representar creencias socialmente construidas. Para Goffman (1974), los marcos de actividad son esquemas de interpretación socialmente construidos mediante los cuales uno/a da sentido a una interacción: en una determinada situación y a partir de determinados indicios que de ella se desprenden, los/las participantes “buscan” inconscientemente esquemas que contengan pautas de actividad que se correspondan. En otro sentido, Linde (1997) propone un tipo de modelo cognitivo que llama 'sistema explicativo' como forma de representación social de la propia trayectoria, a medio camino entre la vida cotidiana y los sistemas teóricos, que permiten dar consistencia al discurso. Linde restringe los sistemas explicativos a aquel tipo de explicaciones que aluden a algún tipo de teoría “experta” socialmente compartida (por ejemplo, explicaciones psicoanalíticas, astrológicas o religiosas sobre los hechos), frente a aquellas explicaciones basadas en intenciones (Linde 1997, 351).

Un sistema explicativo es un sistema de creencias y relaciones entre creencias que configura un entorno en el cual una proposición puede ser tomada o no como causa de otra proposición. (Linde 1997, 343)

De esta forma, los sistemas explicativos pueden ser interpretados como “guiones sociales” que contienen sistemas de aseveraciones, declaraciones y de relaciones entre ellas que permiten que una proposición o expresión pertinente a su ámbito pueda implicar otra. Y, en el mismo sentido, pueden plantearse guiones de alcance más amplio con claras propiedades ideológicas que no pasen por situaciones con una secuencialidad tan local como el ejemplo del restaurante sino que abarquen trayectorias sociales entendidas globalmente, como por ejemplo los guiones de género o de clase.



La contribución de la teoría de la argumentación. El topos como herramienta

Desde la tradición estructural también se han desarrollado herramientas de análisis de las estructuras lingüísticas, aunque, como afirma Johnson-Laird (1990: 27), frecuentemente basadas en oposiciones binarias excesivamente simples como para representar muchos tipos de pensamiento. Pero desde esta misma tradición se ha desarrollado también la teoría de la argumentación (Anscombre y Ducrot, 1983), que, a pesar de las distancias teóricas y epistemológicas existentes con el enfoque tratado en el apartado anterior, presenta puntos de encuentro de notable interés al articular el uso del lenguaje en situación (pragmática) con su construcción histórica (estructural).

El concepto central de la teoría de la argumentación es el topos (pl. topoi). Para Anscombre y Ducrot, un topos es una relación discursiva entre dos proposiciones interdependientes, P y Q, que puede ser vista como una estructura argumento-conclusión que da soporte a un enunciado (por ejemplo, si alguien dice "he encontrado trabajo porque tenía buenos contactos", desde la teoría de la argumentación se diría que este argumento es comprensible no tanto por la presencia de la preposición "porque", sino debido al hecho de que existe un topos, una creencia o lógica socialmente compartida, de que tener buenos contactos facilita la inserción laboral). Para Anscombre y Ducrot, el uso de topoi tiene como finalidad la construcción de representaciones ideológicas que dan legitimidad a un enunciado en el marco de una interacción particular.

Como se muestra en el cuadro adjunto, sobre cada esquema tópico (relación entre dos proposiciones P y Q) se pueden establecer dos topoi, uno en positivo y el otro en negativo, y cada uno de ellos se puede manifestar en dos formas tópicas distintas (en el ejemplo, si asumimos que P es “tener dinero” y Q “ser feliz”, los dos topoi son pragmáticamente aceptables –materialismo en positivo, y voto de pobreza en negativo).





Fuente: Adaptado de Portolés (1998, 89).

Ilustración 1. Esquema tópico

Hay, evidentemente, una analogía entre los topoi y los implícitos trabajados en las tradiciones anglosajonas de la pragmática, especialmente con la noción de implícito conversacional de Grice (1975). Sin embargo, mientras que en la tradición anglosajona los implícitos se derivan del significado global del acto comunicativo en concreto (al nivel del discurso), los topoi se plantean como un principio previo a la interacción (al nivel de las creencias sociales). Es justamente a partir del discurso que estas creencias se evocan:

De manera general, el uso de estos topoi tiene como finalidad la construcción de representaciones ideológicas que no se declaran como tales, y su grande poder persuasivo procede del hecho que, si bien el locutor los convoca libremente, estos topoi se presentan como si fueran exteriores a él y, consecuentemente, objetivos. (Anscombre y Ducrot 1994, 249).

El topos, pues, permite dar sentido a un discurso concreto, y constituye un mecanismo cognitivo básico a partir del cual interpretamos la realidad e interaccionamos. Para Anscombre y Ducrot, tiene tres propiedades fundamentales:



  • En primer lugar, es un vínculo socialmente compartido, como mínimo por parte de algún grupo social.

  • En segundo lugar, es una regla general (en el plano de la cognición social) que posibilita una argumentación particular, y por lo tanto tiene un carácter relativamente estable.

  • En tercer lugar, es una regla gradual, de forma que se puede expresar como "a más A, más B".

A estas propiedades se puede añadir una cuarta, que de hecho contemplan ya los mismos autores de la teoría, aunque no llegan a desarrollar: un discurso se apoya en un conjunto de topoi que esquematiza sistemas cognitivos representables en una estructura o red de relaciones tópicas. Se trata de una representación que conserva, por lo tanto, la unidad del discurso sin fragmentarlo en categorías u otro tipo de clasificaciones preestablecidas, que sin duda son muy útiles como abstracción analítica, pero que no se corresponden con una compartimentación de ámbitos aislados y coherentes que las personas establezcan en sus vidas cotidianas o en sus discursos.

De estas bases teóricas se deriva, según Anscombre y Ducrot, que los topoi tienen como finalidad la construcción de representaciones cognitivas que dan legitimidad a un enunciado en el marco de una interacción particular y, por lo tanto, podemos mostrar los referentes ideológicos de la argumentación identificando qué topoi se utilizan y enfatizan en una argumentación, y poniéndolos en relación con la estructura/proceso social del que forman parte. Además, estas estructuras de topoi (o tópicas) no sólo permiten dar sentido al discurso, sino que también constituyen sistemas cognitivos mediante los cuales interpretamos el mundo y que, en última instancia, nos proporcionan esquemas y secuencias lógicas entre distintos acontecimientos; o, dicho de otra forma: la práctica social cotidiana se apoya en la forma en que distintos topoi se relacionen y articulen en estas estructuras discursivas.

De lo que se ha venido diciendo hasta aquí, se pueden deducir ya los elementos fundamentales del enfoque metodológico que se presenta en este artículo: la identificación, en discursos, de relaciones —explícitas o implícitas, manifiestas o latentes— entre creencias sociales que, movilizadas en determinadas situaciones de interacción, pueden concretarse en guiones y, con ello, mostrar los esquemas cognitivos que dan soporte a determinadas prácticas sociales.

Aplicación empírica del instrumento metodológico

En este apartado se presenta una aplicación empírica de este instrumento al análisis de los discursos sobre la formación y el empleo que se mantienen desde trabajadores/as que ocupan empleos no cualificados, análisis desarrollado más ampliamente en Martí (2000). Corresponde a un trabajo realizado en el marco del Grup d'Estudis Sociològics sobre la Vida Quotidiana i el Treball de la Universidad Autónoma de Barcelona, en el que se profundizó en el Análisis Reticular del Discurso (Lozares y otros, 2003) mediante el desarrollo de distintos métodos e instrumentos de análisis.

Muy sintéticamente, el objetivo sustantivo del estudio realizado era analizar, en primer lugar, la incidencia que tenía entre los colectivos de trabajadores descualificados el topos dominante "a más formación, más y mejor empleo" y, en segundo lugar, se trataba de ver los efectos de este discurso en distintas trayectorias de clase y de género.

A partir de este planteamiento se analizaron ocho entrevistas procedentes de un estudio de caso (selección de entrevistados según edad, género y categoría laboral); se trataba de entrevistas centradas en las biografías, con especial incidencia en los aspectos formativos y laborales y también con algunas preguntas de tipo general referidas a percepciones de la formación.

El diseño de análisis aplicado, aun partiendo de un modelo previo y de criterios de interpretación vinculados a los objetivos sustantivos de la investigación (descartando, por lo tanto, la falsa ilusión de interpretación inductiva 'en el vacío'), se basó en la indexación de los topoi identificados en la interpetación del discurso de los sujetos entrevistados.

La sistematización de este trabajo de indexación se realizó mediante la creación de una sociomatriz de relaciones tópicas, positivas o negativas, entre pares de significados, dirigidas y valoradas mediante su frecuencia de aparición, y su posterior análisis mediante el álgebra de redes sociales.

a) Proceso de identificación de relaciones tópicas

Antes de exponer los resultados se presenta un pequeño ejemplo de cómo se ha hecho el proceso de interpretación y análisis. El proceso de interpretación es básicamente cualitativo puesto que en última instancia el establecimiento de relaciones tópicas se basa en criterios contextuales (condicionantes y efectos del discurso). La cita que sigue corresponde a un fragmento de una de las entrevistas a una cajera de hipermercado 26 años:



...en qué medida te has sentido tú que participabas, en ese tipo de acontecimientos pues cuando te has puesto a trabajar, cuando has decidido casarte, cuando estabas estudiando. Y en qué medida te encontrabas tú como que... Hombre, yo cuando empecé a trabajar, pues con más libertad porque en mi casa, siempre era del instituto a mi casa, no. No tenía amigos, no salía apenas. Y te cambia mucho la vida porque ya salía, disponía de mi dinero que cambia. Luego enseguida ya..., empecé a salir con mi marido. Ya empecé a salir y me cambió la vida en ese año, a partir de los dieciocho años, para acá, sí, me ha cambiado la vida, es lo que más. Pero al principio era una cría, no tengo muchos recuerdos de..., hombre, la etapa del instituto que tampoco fue muy buena, porque no tenía amigos y no, lo pasé... Es que yo no soy muy comunicativa y lo pasé mal. Luego aquí ya me fui abriendo con la gente, también estaba de cara al público, te abres más, te haces más sociable. Pero poca cosa más. Es que no sé qué contarte...

Y este sería el grafo resultante de la interpretación (es decir, la plasmación gráfica de las relaciones tópicas establecidas en el proceso de interpretación). No es el único grafo posible, puesto que en última instancia la identificación de estas relaciones depende de los criterios interpretativos utilizados.




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