Reformar la justicia ¿de qué se trata?1



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Reformar la justicia ¿de qué se trata?1
(Explicaciones jurídicas sobre el amor, para reformadores entusiastas, jueces valientes, legisladores responsables, juristas perceptivos y abogados empeñosos)
Roberto G. MacLean U.

Sumario

I).La meta en las reformas de la justicia 2

II).Justicia y leyes en perspectiva 3

III).Conflictos e intereses: apariencias y realidades 5

a)La justicia como servicio 8

b)Gobernabilidad y sistema judicial 15

c)La eficiencia social de las leyes: cómo ganar credibilidad y prestigio entre albañiles, mecánicos, carniceros, coreógrafos, oculistas, físicos nucleares, etc. 16

d)El papel de los jueces en hacer que las leyes sean eficientes. 19

IV).Resistencias culturales a las reformas: confusiones entre conocimientos y cultura, y entre prejuicios y opiniones 21

aLa cultura del recelo y de la desconfianza 21

e)La cultura y las leyes de la ilusión: cómo percibimos la realidad 22

(i).De origen político y económico: la cultura de la autoridad y la del privilegio 23

(ii).De origen ético: el bien y el mal, y la cultura autoritaria del pecado 25

(iii).De origen jurídico académico: la cultura de casilleros como sustitutos de la disciplina y rigor científicos 26

(iv).De origen religioso: los personajes bíblicos como clichés transfigurados 28

(v).De origen literario: la cultura de las ilusiones manipuladas 29

(vi).De origen en el cancionero popular como testimonio y cultura 31

(vii).De origen en el habla popular: las frases hechas como expresión del subconsciente colectivo 31

(viii).De origen en el protocolo, la urbanidad y las buenas maneras con la autoridad: la cultura de la cautela y la prudencia 32

(ix).De origen en la cultura sexual: el placer egoísta 32



f)La cultura como respuesta a los desafíos: la globalización como un ejemplo 34

V).Postulados básicos de la justicia como servicio 36

VI).Horóscopo para años venideros 37



A César Polack, Guillermo García Montúfar,

José Samanez, Guillermo Figallo, Federico Gutiérrez,

José Ignacio Tello, Fermín Chunga,y Luis Felipe Almenara,

con quienes, hace unos años, comencé estas aventuras

de amor, de sueños, de esfuerzos, de empeños y de locuras.


  1. La meta en las reformas de la justicia

La única meta que puede tener algún sentido político, económico o social en una reforma de la justicia, es la de mejorar el servicio que presta el sistema a los usuarios. No se trata de una mejora en términos generales, vagos, conceptuales y teóricos, sino una mejora concreta y específica, que se pueda medir con indicadores precisos de cantidad y calidad. Todas las otras metas, como las de autonomía, independencia, aumento de recursos, erradicación de la corrupción, capacitación, tecnología e infraestructura física, encomiables y hasta indispensables como son, sólo nos llevan hasta la mitad del camino; se quedan ostensiblemente cortas. Cuando se llega a estas metas sólo se enteran, con gran satisfacción, las autoridades y los especialistas. Pero aquéllos que recurren al sistema de justicia para cobrar una deuda, pedir protección contra un abuso de la autoridad, solicitar una compensación por un daño sufrido, o buscar refugio contra la violencia sexual –para no poner más ejemplos–, ni se enteran de que hubo alguna vez una reforma o siquiera un intento que se congeló en el tiempo. Es como iniciar un programa de nutrición, y trazarse como meta comprar platos, tazas, cubiertos y servilletas. Estas aparentes metas sólo son medios o herramientas, que únicamente cobran sentido cuando se llega a prestar efectivamente el servicio al usuario –en un caso– o cuando se alimenta y nutre a la persona, en el ejemplo que se ha usado como comparación.


En el mundo abundan ejemplos de proyectos de reforma de la justicia que han causado endeudamiento, gastos bordeando en el despilfarro, rumas de papeles con informes y notas, esfuerzos que desgastan y desilusionan, expectativas no satisfechas, y frustración general en la población que lee los titulares de los medios de comunicación, pero no percibe resultados concretos.
La cultura de servicio en la administración de justicia consiste en medirlo y traducirlo todo en resultados que puedan ser fácilmente medidos cuantitativa y cualitativamente por el usuario. Hay ya en América Latina los medios y el conocimiento técnico disponibles para llegar a esta meta. Las dificultades consisten en que se debe trabajar con intensidad y perseverancia, –principalmente con los jueces que son los líderes naturales de este proyecto– y que este trabajo durará varios años. Además debe contarse con la participación, como colaboradores y suministradores de información, de los diversos grupos de intereses de la sociedad civil. No hay todavía sustitutos para unos ni otros; ni, desgraciadamente, el equivalente judicial al café instantáneo. Sin embargo, si por añadidura existen algunos recursos económicos disponibles, el trabajo de equipo podrá ser más intenso, mayor el número de personal que participa, y podrán multiplicarse los proyectos piloto por todo el país. Aún así, tenemos que seguir pensando en plazos de varios años.
Lo esencial de este enfoque es que el sistema de justicia es parte capital en la gobernabilidad del país; y lo que interesa al ciudadano común y corriente es, por ejemplo, cómo reaccionan nuestros sistemas judiciales frente a fenómenos específicos como la inflación, o cuál sería la respuesta del sistema frente a una quiebra concreta del régimen constitucional, o qué compensación pueden esperar, siendo realistas, los familiares de la víctima de un accidente, de parte de los responsables.
Hay un éxodo importante de litigantes de los sistemas de justicia oficiales hacia el arbitraje, la negociación, la mediación, los foros internacionales y extranjeros, e incluso hacia los linchamientos y otras formas de violencia. Muchos juristas, a pesar de todo esto, todavía viven con la ilusión óptica de que la justicia es un monopolio, y no quieren mirar alrededor, más allá de los códigos y leyes.
Hay que percibir, entonces, que el verdadero acceso a la justicia no consiste sólo en medidas para brindar facilidades lingüísticas, de gratuidad de la justicia, proximidad geográfica, movilidad y acceso para discapacitados, patrocinio gratuito de abogados, y otras por el estilo, si al final del largo camino, el sistema de justicia no está preparado para responder eficientemente y prestar el servicio que los miembros de la comunidad requieren. Eso es lo que hay que buscar en una reforma y lo que hay que ofrecer al usuario.

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