Reflexiones sobre el estudio de los derechos humanos y su fundamentacióN por Marline Maxine Harrison


LA POLARIZACIÓN DE LOS ASPECTOS TEÓRICO Y PRÁCTICO RELACIONADOS CON LOS DERECHOS HUMANOS Y SU FUNDAMENTACIÓN



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3. LA POLARIZACIÓN DE LOS ASPECTOS TEÓRICO Y PRÁCTICO RELACIONADOS CON LOS DERECHOS HUMANOS Y SU FUNDAMENTACIÓN
Otro factor que resulta problemático en el contexto del estudio de los derechos humanos y su fundamentación, es la polarización por parte de algunos analíticos, de los aspectos teórico y práctico relevantes. Generalmente, el fenómeno de polarización se manifiesta como una falta de relacionar suficientemente los ámbitos de concepto y fundamento con los ámbitos de reconocimiento y protección de los derechos. Dentro de este marco general, se nota el alejamiento particular del ámbito de fundamentación con respecto a los ámbitos de reconocimiento y protección.
Cierta crítica lanzada contra el ya famoso postulado de Bobbio (indicado al comienzo de este ensayo), parece reflejar la polarización señalada. Junquera, alineándose con Robles, sostiene que “la tesis de Bobbio habría que reformularla en estos términos: «el problema práctico de los derechos humanos no es el de su fundamentación, sino el de su realización; pero el problema teórico de los derechos humanos no es el de su realización, sino el de su fundamentación» (énfasis añadido).31
Esta postura plantea la separación total de los denominados ‘problema práctico’ y ‘problema teórico’ de los derechos humanos, mientras sugerir que la teoría (‘fundamentación’) y la práctica (‘realización’) de los derechos humanos no se mezclan. Además, se podría dar a entender la idea de que los teóricos no tuvieran que ocuparse de la cuestión de la realización -en términos concretos- de los derechos humanos, y al revés, los ‘practitioners’ [practicantes] de los derechos humanos no tuvieran que ocuparse de la cuestión de su fundamentación.
De hecho, del mismo postulado de Bobbio surge otro ejemplo de la polarización de los ámbitos relevantes. La afirmación que el problema hoy no es tanto justificar como proteger los derechos humanos, se expone a la crítica de implicar que las dos actividades de fundamentación y protección fuesen polos opuestos que no tuvieran que ver la una con la otra. Es un resultado un tanto paradójico porque, además de expresar una preocupación profunda con la cuestión de la protección de los derechos humanos,32 Bobbio deja claro que no rechaza la posibilidad que la fundamentación de los derechos humanos pudiera promover la causa de su mayor reconocimiento y protección.33
La ya mencionada ‘fórmula básica’, frecuentemente empleada en el contexto filosófico-jurídico para expresar el sentido del concepto y fundamento de los derechos, constituye otro instrumento de la polarización que se viene señalando en este apartado. A continuación, se plantea el postulado que la fórmula contribuye a la polarización entre el ámbito de fundamentación y los de reconocimiento y protección de los derechos.
La fórmula se dirige a destacar los distintos sentidos de ‘concepto’ y ‘fundamentación’ de los derechos. Según ella, el concepto quiere decir: ¿Qué son los derechos? mientras que el fundamento quiere decir ¿Por qué hay/existen/tenemos derechos? Pero, como ya señalado, la pregunta ¿Por qué hay/existen/tenemos derechos? puede recibir una respuesta que no se dirige a la justificación de los derechos, sino al examen de la fuente (el origen) e incluso, el propósito de los derechos.
También, se puede demostrar que la fuente (el origen) y el propósito de un derecho dado constituyen aspectos importantes de fundamentación que se vinculan simultáneamente a los ámbitos de reconocimiento y protección de los derechos. La cuestión de la fuente (el origen) guarda relación tanto con la fundamentación como con el reconocimiento de los derechos. A la vez, el propósito se relaciona igualmente con los ámbitos de fundamentación y protección de los derechos.34
Se ve patente que la pregunta ¿Por qué hay/existen/tenemos derechos? se relaciona por igual con el ámbito de fundamentación y los del reconocimiento y la protección de los derechos. Por lo tanto, al promover un significado demasiado restringido de la pregunta ¿Por qué hay/existen/tenemos derechos? que limita su relevancia exclusivamente a la cuestión de fundamentación -en efecto, a un aspecto solo de la cuestión de fundamentación (justificación), la fórmula contribuye a un distanciamiento entre el ámbito de fundamentación y los de reconocimiento y protección de los derechos.
Si se reconoce que el concepto y el fundamento tienen un impacto importante en lo que se refiere al reconocimiento y la protección de los derechos humanos, es también inevitable la conclusión de que el análisis teórico enfatice la relación entre fundamento y concepto, a coste del otro vínculo crucial entre concepto y fundamento, por un lado, y reconocimiento y protección por otro.
El análisis precedente de la polarización de distintos aspectos de los derechos humanos que se encuentran en realidad estrechamente interrelacionados, conduce a uno a opinar que hiciera falta un mejor entendimiento del “desafío” que el concepto de derechos humanos representa para el análisis conceptual.35 Este desafío surge del hecho de que los conceptos son, en general, abstractos, y el ejercicio del análisis conceptual suele caracterizarse precisamente por este rasgo de abstracción. Al contrario, el concepto de derechos humanos se encuentra vinculado inescindiblemente a la experiencia y la realidad humanas.

La polarización de los ámbitos teórico y práctico relevantes tiene un impacto profundo. Conlleva peligros inherentes en tanto que puede favorecer la desprotección de los derechos humanos. Vale destacar el ejemplo del derecho universalmente reconocido de salir de cualquier país, incluso del propio. Este derecho ha sido consagrado en dos de los instrumentos constitutivos de la Carta Internacional de Derechos Humanos.36


La legislación promulgada por varios Estados, reveladora de cierto concepto subyacente del derecho, ha convertido paulatinamente un derecho consagrado a nivel internacional como un derecho de todo ser humano, en la variedad de facultades selectivamente concedidas por la legislación nacional de distintos países, a veces bajo la nomenclatura de “derechos de los extranjeros”. Por supuesto, una conceptuación restringida que convierte al derecho universal en un derecho del extranjero respecto de un determinado país de entrada, tiene la consecuencia importante de facilitar mejor el desarrollo de políticas y legislación nacionales discriminatorias en distintas medidas a distintos extranjeros.
Pero hay otra consideración clave respecto de la fundamentación de los derechos de los extranjeros. Como ha sido indicado, un solo factor – la nacionalidad- parece predominar como el fundamento de estos derechos.37 Este factor suele definir las características de los derechos concedidos a distintas categorías de extranjeros, y se presenta como la base preponderante tanto del reconocimiento de tales derechos concedidos como de la denegación de varios derechos. En efecto, se puede sostener que este factor singular principalmente condiciona el grado de protección o desprotección a nivel nacional, del derecho universal de cada ser humano de salir de cualquier país, incluso del propio.
Además, todo esto resulta a pesar de que la nacionalidad no implica intrínsecamente ninguna consideración moral ni ética.38 El problema que surge del hecho de fundamentar esta categoría de derechos en un factor que no conlleva consideraciones morales o éticas como componente innato, se halla agravado por otro factor crítico: las disposiciones relevantes de la Declaración Universal y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos han sido elaboradas -con una aparente astucia sin par- para excluir la concesión de un derecho del ser humano a ser admitido en un país, no siendo el propio.
La anomalía así creada no es fortuita. Tiene la consecuencia -patentemente previsible- de dar a los Estados casi carta blanca para desarrollar las políticas y la legislación pertinentes que cada uno escoja, y para aplicar selectivamente distintas políticas y leyes a distintos extranjeros, teniendo en cuenta, sobre todo, el país de origen o la nacionalidad. Apoyándose en este régimen general que admite sólo unas pocas excepciones, los Estados y los relevantes bloques de Estados, diseñan políticas y leyes para discriminar positivamente a favor de algunos extranjeros selectos, y negativamente contra los demás.
Del análisis anterior, será patente el efecto negativo que conlleva un concepto y fundamento injustamente limitados del derecho de salir de cualquier país, incluso del propio, en las esferas del reconocimiento y la protección de este derecho humano. Se ha ofrecido así uno de los muchos ejemplos del impacto profundo de los aspectos de concepto y fundamento sobre el reconocimiento y la protección de los derechos, mientras demostrar lo indeseable de la polarización indebida de los aspectos diferentes.

También, se puede considerar que entre las cuestiones sobre los derechos humanos merecedoras de un examen crítico y comprensivo se halla la de las implicaciones graves y la legitimidad - tanto ética-moral como legal - de la aplicación de distintos tipos de fundamentos de los derechos. Esta cuestión asume una gran importancia a la luz de la conceptuación justificada de los derechos humanos como propiedades de todos los seres humanos en igual titularidad.




4. EL PROBLEMA DE LA ORIENTACIÓN ACADÉMICA
Este trabajo sostiene que la polarización de los aspectos teórico y práctico relacionados con los derechos humanos y su fundamentación es, en realidad, una dimensión de otra crisis más generalizada de la orientación académica. Varios académicos todavía no se demuestran suficientemente dispuestos a “mirar hacia fuera”. Es decir, o rechazan, no reconocen, o no enfatizan el papel importante que una perspectiva amplia y/o una aproximación interdisciplinaria pudieran desempeñar en el análisis de varias cuestiones relacionadas con los derechos humanos.
Ésta crítica da por supuesto la inevitabilidad -en efecto, la necesidad- de la especialización académica, y los beneficios que derivan de ella. Tampoco debe ser entendida lanzar un llamamiento al académico a convertirse en “a jack of all trades” (uno que le mete mano a todo). Además de no parecer factible intentar alcanzar tal meta, se tendría que reconocer los peligros inherentes en la condición de ser a jack of all trades and master of none (aprendiz de mucho y maestro de nada). No obstante, el de pasar al otro extremo para abrazar la especialización de tal manera que impidiera el análisis adecuado de cuestiones relevantes, no es de buen augurio para el discurso académico en general.
A continuación, se señalan algunos indicadores del problema de la orientación académica, provinientes de los comentarios de unos filósofos e internacionalistas. El análisis intenta mostrar el vínculo entre el problema de la orientación académica y el fenómeno de polarización, además de las implicaciones tanto para el ejercicio de fundamentación, como en las esferas del reconocimiento y la protección internacionales de los derechos humanos.
4.1 Los filósofos y el problema de la orientación académica
La polarización que se ve en cierto análisis filosófico entre el aspecto “teórico” relacionado con el concepto y el fundamento, por un lado, y por otro, el aspecto “práctico” - sobre todo, en lo que se refiere al reconocimiento y la protección internacional de los derechos, se refleja en una aproximación al sistema jurídico internacional en general. Se puede justificar esta conclusión, recurriendo a las observaciones de unos filósofos mismos.
En primer lugar, se lo destaca el comentario de Buchanan y Golove quienes opinan que los filósofos en gran medida proceden como si no existiera un sistema jurídico internacional sobre el cual había algo merecedor del análisis crítico.39 Habrá quienes rechazan esta crítica como una exageración del estado verdadero de las cosas. No obstante, la queja le conduce a uno a cuestionar hasta que punto el análisis teórico sobre un tema como la fundamentación de los derechos toma debida cuenta de, a la vez que intenta aplicarse a la realidad práctica del sistema jurídico internacional.
Vale mencionar la alusión del internacionalista Alston a la denegación por parte de unos filósofos de la fundamentación jurídica del derecho al alimento, y las consecuencias negativas de esta postura en cuanto a la protección internacional del derecho.40 El derecho a un nivel de vida adecuado, que incluye un derecho al alimento ha sido ampliamente reconocido a nivel internacional. Se deriva principalmente del artículo 25 de la Declaración Universal y del artículo 11 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.41 El derecho conlleva obligaciones jurídicas indiscutibles para los Estados Partes contratantes en el Pacto.
La queja de Alston es que ciertos filósofos se aproximan al tema del derecho al alimento como si fuera principalmente una cuestión exclusivamente para la reflexión filosófica. Esto, a pesar del hecho de que el derecho forma parte del Derecho Internacional positivizado, y es de cumplimiento obligatorio para al menos la mitad de los Estados soberanos integrantes de la Comunidad Internacional.42 Según Alston, muy pocos filósofos intentan relacionar los argumentos sobre las obligaciones morales de los Estados y sus ciudadanos respecto de quienes sufren del hambre y la desnutrición, a las obligaciones jurídicas existentes que la mayoría de los Estados han asumido.
En esta coyuntura, es preciso destacar algunos elementos específicos del argumento de Alston que apoyan a la postura sostenida en este discurso sobre el impacto de la polarización de los ámbitos teórico y práctico, tanto como el problema de la orientación académica. Alston considera que la aproximación filosófica despreciada surge a raíz de un fenómeno que él denomina “pigeonholing” filosófico. La noción ésta comprende el acto de encasillar los temas según disciplinas demasiado rigurosamente.43 El internacionalista opina que el mencionado fenómeno, a su turno, refleja otra tendencia más generalizada por parte de los académicos en conjunto hacia “disciplinary purity” (la pureza disciplinaria), o “resistance to even limited inter-disciplinarity” (la resistencia aún a una interdisciplinariedad limitada).
Alston sostiene que pigeonholing y la “pureza disciplinaria” encuentran su expresión última en una insistencia en que se separan las consideraciones morales y éticas que envuelven la cuestión del derecho al alimento, de las consideraciones jurídicas también relevantes. Además, postula que la resistencia aún a una interdisciplinariedad limitada, encuentra su homólogo en, y probablemente anima a: “comparable narrow-mindedness on the part of economists, nutritionists, development planners and others who insist that moral or ethical considerations are well outside their professional brief” (una comparable estrechez de miras por parte de los economistas, los nutricionistas, los planificadores del desarrollo y otros, quienes insisten en que las obligaciones morales o éticas se hallan muy fuera de su ámbito profesional).44
La postura de Alston es totalmente compatible con el argumento que se puede siempre cuestionar si un derecho humano –ya existente o no- debería existir. Pero, en mi opinión, el hecho de oponerse a la existencia de un derecho que cuenta con reconocimiento jurídico, no debe inducir la denegación de un hecho jurídico y las consecuencias reales que derivan.
Existe entonces el peligro de que aquellas aproximaciones teóricas que todavía nieguen la fundamentación jurídica de varios derechos consagrados en la Carta Internacional de Derechos Humanos y los instrumentos jurídicos nacionales e internacionales de fuerza jurídica obligatoria, no ayudaran en suficiente medida a la causa del mayor reconocimiento y protección de estos derechos, mientras contribuyan a la polarización de los aspectos teórico y práctico relevantes a su estudio.
El comentario de Buchanan y Golove no se encuentra aislado. Otros comentarios de filósofos mismos le conducen a uno a cuestionar si los problemas asociados con el análisis teórico de los derechos humanos y su fundamentación, son sintomáticos de una aflicción más grave que padece la disciplina de la filosofía en sí misma. Esto sería, incluso, otra manifestación de una crisis de la orientación académica.
Al opinar que existe una crisis de fundamentos en relación a los derechos, Bobbio va más allá al sostener que la crisis es sólo un aspecto de otra crisis más generalizada que sufre la filosofía en sí misma.45 Por su parte, la afirmación de Rorty que, hoy en día, la filosofía moral en general ha llegado a ser “an inconspicuous part of our culture46 (una parte de nuestra cultura que no llama la atención) tiende a apoyar a la aseveración de Bobbio de una crisis de la filosofía. Estos puntos de vista son indudablemente muy polémicos, y encontrarán muchos detractores dentro de la esfera de la filosofía.
Pero, incluso en el discurso de un filósofo quien es poco probable que compartiera estas opiniones polémicas, se puede deducir -de la percepción de un intento a “subvertir” la filosofía- cierta preocupación sobre el futuro de la disciplina ésta. De un comentario de Ruiz Miguel sobre el análisis teórico de Bobbio, se puede extraer el siguiente postulado: la “filosofía positiva” de Bobbio se ofrece como una reacción contra, inter alia, la metafísica y la “abstracción generalizadora”, a la vez que convierte la filosofía en algo más parecido al “positivismo lógico” o una “filosofía analítica” y resulta ser una pretensión de “superar la filosofía”.47
En mí opinión, la aproximación de Bobbio al análisis teórico de los derechos humanos no se aproxima a una pretensión de “superar la filosofía”. Ha de afirmar, en su favor, que la aproximación se distancia de muchas que prefieren un análisis teórico de los derechos humanos en el abstracto. Conlleva también el elemento positivo de contribuir en cierto modo al fomento de la interdisciplinariedad académica. Vale recordar, en este contexto, el vínculo importante que el teórico establece entre el concepto, el fundamento y la historia de los derechos humanos.48 Este aspecto de la aproximación de Bobbio encaja con y refuerza el argumento sostenido en este estudio sobre la importancia del examen del conjunto de aspectos de fundamentación identificados.
La sugerencia de Ruiz Miguel que la aproximación teórica atribuida a Bobbio conlleva la devaluación y posible demise (perdición/extinción) de la filosofía parece más reveladora de las propias inquietudes del mismo Ruiz Miguel sobre el futuro de la filosofía. En mí opinión, el factor con mayor propensión a contribuir a una “crisis de la filosofía” y a impulsar la temida devaluación o perdición de la disciplina, en lo que se refiere a su relevancia al análisis de cuestiones relacionadas con los derechos humanos, es precisamente la persecución desenfrenada de la abstracción teórica y el distanciamiento de los ámbitos de “teoría” y “práctica” de los derechos.
Si parece no guardar una relación concreta y estrecha con los sistemas actuales de reconocimiento y protección de los derechos a niveles nacional e internacional, y no ser un instrumento suficientemente útil para ayudar en los procesos imprescindibles del entendimiento adecuado y el mejoramiento continuo de estos sistemas, la filosofía de los derechos humanos puede condenarse al estado percibido por Bobbio y Rorty, y, por último, a la suerte temida por Ruiz Miguel.
El análisis de varios aspectos “olvidados” de la cuestión de fundamentación (la fuente, el origen, y los objetivos de los derechos) implica necesariamente el análisis de cuestiones también relacionadas con otras esferas académicas, tales como la Historia, la Política, el Derecho Internacional, y los sub-aspectos o ramas pertinentes de estas disciplinas.49 Por lo tanto, el estudio de los derechos humanos y su fundamentación exige generalmente aproximaciones sumamente receptivas al conocimiento y a la investigación amplios, tanto como a la contribución analítica que provenga de otras esferas y especializaciones académicas, fuera del ámbito filosófico.
4.2 Los internacionalistas y el problema de la orientación académica
Se podría sostener, de modo algo irónico, que los filósofos y los internacionalistas compartieran más rasgos en común de lo que suelen contemplar. Esto dado que, entre los internacionalistas, se encuentran problemas que se derivan de la especialización, cuyo impacto da la sensación de un problema de la orientación académica que se aproxima a la “crisis” asociada por algunos con la esfera de la filosofía. Como veremos, es una situación que también tiene consecuencias para el análisis de cuestiones relacionadas con el ejercicio de fundamentación, tanto como para el alcance del reconocimiento y la protección óptimos de los derechos humanos.
Hace más de veinte años, Sir Ian Brownlie, de manera casi profética, advirtió de ciertos problemas que conllevaban la especialización disciplinaria dentro de la esfera del Derecho Internacional.50 Vale señalar el argumento que avanzó entonces por dos razones importantes. En primer lugar, aludió al problema sustancial que conllevaba el fenómeno de especialización dentro del ámbito particular del Derecho Internacional de los Derechos Humanos. En segundo lugar, expresó una preocupación semejante a la de la autora del presente estudio, sobre los efectos negativos que puedan emanar de la orientación académica.
Brownlie hizo nota de la apariencia en la esfera del Derecho Internacional de un número cada vez mayor de “asignaturas especializadas” como el Derecho Internacional de los Derechos Humanos y el Derecho Marítimo. Advirtió del posible peligro de que ciertos “especialistas” como the human rights lawyer [el abogado especialista en los derechos humanos], sucumbieran a la “enfermedad” que denominó “category blindness”. Según la descripción de Brownlie, este término comprende “fundamental insensitivity to connections between different, or apparently different, areas of enquiry, connections which are justified by principles and policy” [una falta fundamental de sensibilidad ante las relaciones entre distintos, o aparentemente distintos, ámbitos de investigación, relaciones que son justificadas por los principios y la política”].
Se ve que las inquietudes expresadas por Alston sobre el problema percibido al que lleva ciertas aproximaciones filosóficas –pigeonholing, disciplinary purity [la pureza disciplinaria] y resistance to even limited inter-disciplinarity [la resistencia aún a una interdisciplinariedad limitada]) - se hacen algo de eco del problema de category blindness identificado respecto de los internacionalistas en aquél entonces por Brownlie. Asimismo, Sir Robert Jennings, Ex-Presidente del Tribunal Internacional de Justicia, ha aludido a un problema relativo a la orientación académica, que afecta incluso a los internacionalistas.
Jennings hace referencia a lo que percibe como “a damaging contemporary tendency to narrowness” [una tendencia contemporánea perjudicial hacia la estrechez de miras] a la que “the study and practice of public international law provide no exception” [el estudio y la práctica del Derecho internacional público no constituye una excepción].51 Se acuerda con el punto de vista del Juez Weeramantry que: “Unfortunately, the sheer weight of black letter law is pushing away from popular consciousness an appreciation of some of the broader perspectives which legal studies should inculcate.” [Desgraciadamente, el puro peso de la ley escrita está apartando de la conciencia popular, una apreciación de algunas de las perspectivas más amplias que los estudios jurídicos deberían inculcar.]52
Este comentarista sigue por recalcar la necesidad de promover los estudios interdisciplinarios entre los abogados especialistas en el Derecho Internacional, al considerar que lo que se concebía como una disciplina independiente se convierte cada vez más en una asignatura interdisciplinaria.53 La postura de Jennings se acuerda con la posición sostenida en este discurso sobre el problema de la orientación académica.
La orientación académica internacionalista puede conllevar problemas en tanto que no pareciera suficientemente contemplar ni favorecer una interrelación adecuada entre el análisis teórico de muchos temas relevantes y el reconocimiento y la protección internacionales de los derechos humanos. Más bien, temas como el de la fundamentación de los derechos son descartados como “the stuff of philosophers” [las preocupaciones de los filósofos sólos], que carecen de una relevancia real y no merecen ninguna consideración sustancial -si acaso necesitaran consideración alguna- en el ámbito académico del Derecho Internacional.
Salcedo se refiere a la afirmación de Pastor Ridruejo sobre la relevancia actual de la fundamentación filosófica del Derecho Internacional en sí mismo: «ya no interesa tanto la fundamentación filosófica del Derecho internacional como sus condicionantes histórico-sociológicos y las limitaciones que éstos ponen a la validez y eficacia de aquél»54. Se entiende que los términos “validez” y “eficacia” se relacionan con las esferas del reconocimiento y la aplicación práctica del Derecho Internacional. Efectivamente, esta proposición de Pastor Ridruejo nos recuerda la postura de Bobbio sobre la relevancia actual de la fundamentación filosófica de los derechos humanos.
Varios internacionalistas ponen de manifiesto un concepto de los derechos humanos que patentiza la noción de que son derechos legales que exigen una fundamentación juridica expresada a la hora de su positivación. Se destaca, en este contexto, la afirmación de Hersch Lauterpacht que los derechos humanos “largely remain in the realm of theory unless they are made secure in the firm anchorage of the international legal order55 [quedan en gran parte en el reino de la teoría a menos que sean anclados firmemente en el orden jurídico internacional].
Tomuschat es aún más explícito: “To be sure, any legal regime has its intellectual and ideological foundations. Human rights, in particular, do not come out of the blue. But ideas and concepts have to materialize as elements of a legal system, according to the applicable secondary rules, before being capable of being recognized as human rights.” 56 [Seguramente, cualquier régimen jurídico tiene sus fundamentos intelectuales e ideológicos. Los derechos humanos, en particular, no vienen como cosa llovida del cielo. Al contrario, antes de que sean capaces de ser reconocidos como derechos humanos, las ideas y los conceptos tienen que materializarse como elementos de un sistema jurídico, y según las normas secundarias aplicables.]
Estos planteamientos enfatizan el hecho – subrayado también en el presente trabajo – que la fundamentación jurídica y la positivación son factores imprescindibles para la existencia concreta de los derechos humanos. Pero, a veces, la perspectiva internacionalista parece ir más allá hasta sugerir una subordinación indebida de la importancia del aspecto teórico en comparación a la importancia atribuída a la fundamentación jurídica/positivización de los derechos. Es particularmente notable cierta devaluación de la justificación ética o moral de los derechos.
El mismo Alston parece rechazar cualquier necesidad de una fundamentación ética o moral de los derechos, al lanzar el argumento que la validez normativa de un derecho humano sólo requiere el reconocimiento formal y la positivización: “the normative validity of rights recognized by the General Assembly cannot be made dependent upon their validity in terms of philosophical or any other supposedly «objective» criteria”.57 [la validez normativa de derechos reconocidos por la Asamblea General no puede depender de su validez en términos filosóficos ni en ningún otro criterio supuestamente «objetivo»]. Acto seguido, indica que considera apropiada, “la conclusión pragmática de Bilder que una pretensión es un derecho humano si la Asamblea General (de las Naciones Unidas) dice que lo es.58
Esta postura se expone a varias críticas. En primer lugar, Alston funda su apoyo del postulado de Bilder en el “papel autoritario” de la Asamblea General, además de expresar su presentimiento del peligro grave de que este papel autoritario sea socavado. La ironía que implica este planteamiento es que se ve como una especie de “positivismo extremista” que por fin llega a parecerse mucho al iusnaturalismo clásico, al elevar a la Asamblea General a un rango semejante a una fuente de derechos omnipotente, incuestionable, y según parece, deificada.

En segundo lugar, no se puede defender la postura implícita en la aseveración de Alston de que la fundamentación ética o moral de los derechos humanos es un factor irrelevante. Como se ha recalcado en este estudio, la ausencia del elemento ético/moral - o sea, un énfasis insuficiente sobre ello en el proceso de concreción de los derechos – conlleva, como resultado inevitable, el desencadenamiento de un proceso paralelo de no-reconocimiento y desprotección de varios derechos humanos de distintas categorías de seres humanos. Así, puede conducir a graves injusticias.


El artículo en que Alston rechaza todo papel de la fundamentación filosófica de los derechos, versa sobre los problemas presentados por el fenómeno de rights inflation [la “inflación” de los derechos]. El tema ha sido planteado por Alston y Freeman desde una perspectiva internacionalista y política, respectivamente.59 Rights inflation comprende la extensión del concepto de derechos humanos a un gran número de causas todavía poco definidas, y en algunos casos, poco adecuadas.60
Parece irónico el rechazo de todo papel de la fundamentación filosófica u otro criterio “supuestamente objetivo”, en la determinación de la validez de los derechos, cuando tal fundamentación es capaz de ofrecer uno de los medios de solucionar el problema de rights inflation de que Alston queja. A través del ejercicio de fundamentación filosófica se puede asegurar que nuevos derechos conformen a ciertos criterios y valores comunes, y así delimitar mejor las posibles pretensiones al estatus de “derecho humano”.
Finalmente, la denegación de Alston de cualquier valor de la fundamentación filosófica de los derechos, se expone a la crítica de manifestar el mismo mal de “la resistancia aún a una interdisciplinariedad limitada”, que él atribuye a algunos filósofos.


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