¿Que es el sexismo y como nos afecta?



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CAPITULO I

¿QUE ES EL SEXISMO Y COMO NOS AFECTA?

Fuente: www.fempres.cl


En un foro sobre la mujer en la historia, durante la sesión de preguntas, una joven universitaria se levantó y con indignación dijo: "Yo quiero saber por qué a mí nunca me enseñaron en la escuela ni en la universidad que esas mujeres existieron y lo que hicieron. Quiero que me lo expliquen". Los ponentes se miraron unos a otras. Era difícil empezar a explicar en un foro que ya había agotado sus 60 minutos la subordinación milenaria de la mujer. La joven volvió a levantarse y exclamó: "Me siento traicionada. Por mi educación, por mis maestros, por mis libros".
Este incidente sucedió más de 20 años después de iniciada la segunda etapa del movimiento feminista organizado de la década de los '70. Es decir, después de la obtención del sufragio, de la aprobación de leyes de acción afirmativa en favor de las mujeres, de la apertura de la educación superior a la entrada de mujeres en carreras no tradicionales, de que se lograra una mayor participación de la mujer en la vida pública... La joven universitaria, en su gesto de incredulidad mezclado con una ira angustiosa, evidenciaba una vez más la forma en que se logra el triunfo de la subordinación de la mujer: el desconocimiento de las luchas ya milenarias de las mujeres por desarrollarse como seres humanos y ser visibilizadas en la historia de la humanidad.
Nosotras mismas, las mujeres de esta generación adulta, hemos luchado con ahínco por la igualdad de la mujer en numerosos frentes: la educación, la situación jurídica, el empleo; contra la violencia doméstica, por los derechos reproductivos, por el rescate de la obra precursora de los movimientos emancipadores que nos precedieron. Pero estas luchas y sus resultados o logros, que datan de los últimos 25 ó 30 años, tampoco están integrados a las disciplinas del saber humano: la filosofía, la teología, la literatura, la ciencia, la historia. Por lo tanto, cuando esa joven universitaria crecía, en su hogar oyó refranes y consejos que le inculcaron que el hombre manda en la casa y en el gobierno. En sus libros de escuela no encontró referencias ni a la historia de la mujer ni de la mujer en la historia. Cuando rezó o aprendió de Dios, no encontró la participación igualitaria de la mujer en la iglesia. Cuando leyó, escuchó y vio los medios de comunicación, éstos le mostraron un rostro de mujer como objeto sexual, y cuando sí la ponderaba era más en relación a su papel de madre que de persona. Pero, más aún, cuando la joven universitaria pensaba, sus propias palabras, las definiciones de su mundo y la expresión de su íntimo sentir estaban y están todavía matizadas por el lenguaje; un lenguaje que la discrimina como ser humano y no le permite desarrollar plenamente la conciencia de su género. Su género femenino.
Para contestarle a la joven universitaria y a nosotras y nosotros mismos, tendríamos que afirmar entonces que las mujeres hemos participado siempre del acontecer del mundo. Hemos participado en el mundo de las ideas, pero nuestra participación no ha sido registrada, no ha sido contada como parte de la historia de la humanidad. Tampoco el pensamiento de la mujer ni sus ideas han sido registrados y transmitidos de generación en generación. Es por esta razón que, a través de los siglos, las mujeres han tenido que repetir las investigaciones, desarrollar de nuevo las ideas sobre las razones de la subordinación y las formas de erradicarla, sin tener el aliciente para tomar como punto de partida las ideas y conceptos de las generaciones anteriores de científicas, filósofas, teólogas, matemáticas, historiadoras y literatas. La ausencia de modelos concretos y de paradigmas teóricos ha retardado y en ocasiones impedido la emulación y el desarrollo de otras mujeres para que participen y desarrollen conceptos teóricos; para que escriban y describan mundos de ficción. La historiadora norteamericana Gerda Lerner, en su libro "The creation of feminist consciousness" (La creación de la conciencia feminista), editado en 1993, explica exhaustivamente la forma cómo, en países como Inglaterra, Alemania, Francia y Estados Unidos, las mujeres dieron batallas aisladas por su emancipación, a las que nunca se les dio seguimiento. Los hombres sabios las ignoraron porque no le adjudicaron importancia a las ideas de las mujeres; las mujeres sabias desconocían a sus antecesoras.
Acá, en nuestra América Latina, conocemos de los esfuerzos tempranos y aislados de mujeres como sor Juana Inés de la Cruz, cuyos sacrificios por obtener y retener el poder sobre su pensamiento y su palabra sólo hoy reconocemos y emulamos. LOS ORIGENES Los orígenes de nuestra actual situación pueden trazarse a la creación del patriarcado. El patriarcado lo entendemos como la manifestación y la institucionalización del dominio masculino sobre las mujeres y los niños de la familia y la ampliación de ese dominio masculino sobre las mujeres a la sociedad en general. El sexismo, entonces, lo entendemos como la ideología de la supremacía masculina. Esa supremacía la refleja nuestro lenguaje. Ahora, ¿cómo se desarrolló y concretó esa supremacía en la vida de millones de personas a través de cinco milenios?
Lo primero que ocurrió fue la exclusión de la mitad de la humanidad, la mujer, como sujeto de discurso. Esto significa, según la historiadora Gerda Lerner (1986), que se elimina nuestra participación en la formación de los sistemas de ideas. En disciplinas como la filosofía, la teología, la ciencia, la literatura, el derecho, esa mitad de la población del mundo está ausente en el nivel abstracto y, por ende, en el concreto. Entonces, se excluye a la mujer de la creación de símbolos y de la trascendental función de elaborar definiciones; de las definiciones que nos dicen a nosotras mismas qué es el mundo y cómo debemos pensarlo y vivirlo. Nos dicen quiénes somos y cómo debemos actuar.
Esta exclusión a nivel de ideas, de conceptualización del mundo, hace que se invisibilice a la mujer en la historia, ignorándose así su participación en los eventos más trascendentales que han cambiado al mundo o que lo han explicado.
Por ejemplo, veamos el mundo de la ciencia: microbiólogas de Europa y Estados Unidos han analizado la forma en que se han definido las células y explicado su funcionamiento. Las células que, valga remacharlo, no tienen sexo han sido catalogadas de activas y pasivas. Las activas fueron definidas por los científicos como masculinas y las pasivas como femeninas. En filosofía, los padres más importantes de la cultura occidental, como Aristóteles, Platón, Nietzsche y Schoppenhauer, definen a la mujer como un ente de ideas cortas y cabellos largos, es decir, incapaz de crear sistemas de ideas, de pensar profundamente, de definir.
La profesora e investigadora española Amparo Moreno analiza, en su obra, el pensamiento aristotélico como androcéntrico y fundamental a la jerarquización de la sociedad. Dice: "Este análisis nos permite advertir, en primer lugar, los rasgos básicos de una explicación claramente androcéntrica, que es la que elaboró el filósofo griego, y su manifestación en el discurso académico actual, que aparece teñido de un androcentrismo opaco que encubre los prejuicios de que se parte y, en consecuencia, empaña y restringe nuestra capacidad cognitiva" (en Mujeres y Sociedad, 1991). Moreno hace una lectura crítica no androcéntrica de la Política de Aristóteles y la compara con las veinte obras principales que forman el discurso académico, ya que son parte de la disciplina Historia del Pensamiento. Cita a Aristóteles "Para hacer grandes cosas es preciso ser tan superior como es el hombre a la mujer, el padre a los hijos, y el amo a los esclavos", para luego comentar: "En esta frase podemos ver que la superioridad que Aristóteles atribuye al varón adulto griego (aner, -dros) no es un simple esquema sexista; ésta es una de las variables que, en relación con otras, generan un sistema de clasificación social complejo y cuyo fin es establecer relaciones jerarquizadas".
Análisis como el de la profesora Moreno en filosofía, han sido realizados por investigadores e investigadoras durante los últimos 25 años en todas las disciplinas del saber. Estos análisis, y la reinvestigación y reinterpretación de la historia de la humanidad, han revelado cómo la mentira más grande se ha tendido durante milenios sobre las mujeres: la invisibilización y exclusión de la mujer en todos los sistemas de ideas. Vale ahora preguntar, ¿qué efecto tiene en las mujeres la exclusión de la participación en la formación de sistemas de ideas y la invisibilidad de la mujer en la historia?
Pues tiene el efecto más oneroso que pueda orquestarse contra cualquier grupo, pueblo o segmento de la sociedad: evita que se desarrolle una conciencia de género, una conciencia de nosotras mismas, como un grupo en particular. De ahí la frustración y la rabia de la joven que se menciona al principio de este capítulo. PATRIARCADO Y SEXISMO El patriarcado es una ideología, una construcción cultural, cuya práctica divide al mundo en dos: la esfera pública y la esfera privada. En esta partición, a cada sexo se le asigna un ámbito determinado. Lo público -es decir, lo laboral, lo político, lo económico, etc.- es de dominio masculino; mientras, lo privado, los doméstico, los hijos, los afectos primarios, etc.-, corresponden al mundo femenino.
Para las estudiosas argentinas Graciela Maglie y Mónica Frinchaboy (Situación Educativa..., 1988), el sexismo se manifiesta como "un ejercicio discriminatorio por el cual se adscriben características psicológicas y formas de comportamiento y se asignan roles sociales fijos a las personas, por el sólo hecho de pertenecer a determinado sexo, restringiendo y condicionando de este modo la posibilidad de un desarrollo pleno para todos los sujetos sociales, sean éstos hombres o mujeres".
Por supuesto, toda la jerarquización de la sociedad está conceptualizada por el sistema de ideas, que es el patriarcado, y las ideas se manifiestan en palabras, que son construcciones culturales. Estas palabras, en cualquier idioma, las hablamos hombres y mujeres y las enseñamos a nuestra descendencia.
Entonces, ¿qué debemos hacer las personas con conciencia de género que creemos en la igualdad entre los sexos? No creemos que la solución adecuada sea despachar y desdeñar este lenguaje sexista, para inventarnos otro. Tenemos que afrontar varios retos; entre éstos, realizar definiciones correctas, derrumbar la teoría existente, rescatar la historia y el saber de la mujer desarrollados durante los milenios pasados y construir nuevos paradigmas. Es cierto que no disponemos del lenguaje adecuado, pero tenemos que rescatarlo del patriarcado y adecuarlo a un nuevo milenio, enriquecerlo, cambiándolo, transformándolo, redefiniéndolo, para que refleje una nueva forma de pensar y de ser más igualitaria. DISCURSO Y PALABRA DE MUJER A partir de la Edad Media, en diferentes países y de forma aislada, las mujeres comenzaron a cuestionar su subordinación en un plano teórico. Conocemos ejemplos de textos publicados en Alemania, Francia e Inglaterra (aunque no se excluya que existan en otros países, pues todavía no se ha reconstruido totalmente la historia del pensamiento de las mujeres), en los que se lanzan interrogantes, se contestan desde diferentes marcos teóricos y se ofrecen estrategias de resistencia. Estos textos, sin embargo, nunca fueron divulgados ampliamente, por lo que, cada cierto tiempo, alguna mujer llegaba a disquisiciones similares a las que hicieron sus antecesoras. Ya para finales del siglo XVIII, en Europa, comienzan a plasmarse las teorías feministas propiamente. Los y las socialistas utópicos/as y las revolucionarias francesas escribieron y publicaron textos que fueron divulgados con mayor amplitud. Tuvieron repercusión.
Hoy podemos hablar de numerosas posiciones teóricas feministas que han pretendido explicar el fenómeno de la subordinación de la mujer para ofrecer un sistema de ideas que integre el pensamiento de la mujer, contrarreste el marco teórico del patriarcado y, por supuesto, redunde en una práctica política que promueva la equidad entre los géneros.
En el siglo XIX y XX, el pensamiento feminista no fue ajeno a las distintas ideas y concepciones sobre el mundo y la historia. De este modo, se gestaron un feminismo anarquista, un feminismo socialista, un feminismo liberal, entre otros. En un esfuerzo por sintetizar este complejo proceso de reflexión feminista a lo largo de las últimas décadas, podríamos decir que todas estas distintas corrientes de pensamiento confluyen en los llamados feminismo "de la igualdad" y feminismo "de la diferencia". El primero plantea la igualdad de derechos para las mujeres en todos los planos, tanto de la vida pública como de la privada: las prácticas apuntan, por lo tanto, a reivindicar la equidad de hombres y mujeres en los planos jurídicos, legales, políticos, económicos, etc. El feminismo "de la diferencia", por su parte, privilegia fortalecer aquellas características específicamente femeninas y que han sido no valoradas (o negativamente valoradas) por la cultura patriarcal.
Estos enunciados, quizás demasiado generales, pero no pretenden ser definiciones acabadas de lo que cada una de estas grandes corrientes representa. Cada una de ellas tiene maneras muy diversas de manifestarse de acuerdo a los países y sus sociedades. Cada posición, a la vez, genera simpatizantes y detractoras, pero en la mayoría de los casos suelen tomarse elementos de ambas para conformar una teoría y una práctica feminista . En este recorrido, las mujeres han hecho un esfuerzo profundo de reflexión para crear su propio sistema de ideas con el cual combatir el sexismo. EL FEMINISMO SE HACE PRACTICO Y LUCIDO Muchas de las poetisas que escribieron durante el siglo XIX creyeron necesario explicar por qué escribían sus versos. Las periodistas pioneras también trataron de reivindicar la palabra de la mujer, menospreciada por quienes consideraban que sólo la palabra del hombre, tenía credibilidad. Las feministas, desde que se organiza el movimiento de mujeres, han expresado su preocupación por el lenguaje (ver anexo de artículos que han sido publicados en mujer/fempress).
Los estudiosos ingleses David Graddol y Joan Swann (Gender Voices, 1993) definen al lenguaje como personal, porque habita nuestro mundo privado; es el instrumento de nuestros pensamientos íntimos y de nuestros deseos. El lenguaje también es social, porque lo usamos en público y es el vehículo para comunicarnos con los demás. Y el lenguaje es además cultural porque, de acuerdo con el acercamiento semiótico, juega un papel importante en la construcción y reproducción de la cultura. De esta manera, consideramos el lenguaje como reflejo del sexismo ancestral, así como creador y reproductor de patrones sexistas de comportamiento humano.
La manifestación del sexismo en el lenguaje es evidente y varios análisis se han hecho ya al respecto en el refranero popular, en la canción y en las tirillas cómicas. En Puerto Rico, por ejemplo, también se ha investigado el lenguaje común que se usa con respecto a la tarea doméstica y al hogar (ver mujer/fempress, El lenguaje que discrimina, febrero-marzo 1989).
A nivel popular, se presenta a la mujer como chismosa, que habla sin parar, que no sabe lo que dice. El hombre, por el contrario, se presenta como hablando poco, de forma racional y ponderada y, por lo tanto, con credibilidad. Las expresiones populares reflejadas en el refranero y en la canción popular, y las que se plasman en la literatura, se convirtieron en uno de los primeros blancos de ataque del feminismo. Palabras que discriminan, frases que discriminan, porque reflejan la cultura.
El sexismo también se evidencia, de múltiples maneras, en los medios de comunicación, en general, y en el periodismo, en particular, lo que se discutirá en profundidad en el próximo capítulo. El análisis, comprensión y revisión del sexismo en el lenguaje y en los medios de comunicación es una tarea impostergable. ALGUNAS ESTRATEGIAS En 1975, la Conferencia Mundial de las Naciones Unidas para el Año Internacional de la Mujer, realizada en Ciudad de México, aprobó un Plan de Acción Mundial para el Decenio de la Mujer, que fue suscrito por cien países. El Plan, en su artículo sobre los medios de comunicación, recomienda a los países el estudio del impacto de los mismos en la población y la inclusión de mujeres en los diferentes estratos de empleo de las compañías de medios de comunicación.
Por su parte, las mujeres cineastas en el Encuentro de Utrecht de 1977 redactaron un Manifiesto por un Cine No Sexista del cual se pueden extraer varias definiciones de lo que podríamos llamar el antisexismo. A continuación esbozamos algunas de éstas, que todavía guardan extraordinaria vigencia.
Muchos hombres y mujeres de la prensa, numerosos creadores y creadoras de imágenes e historias en la TV, en el cine, y en el mundo publicitario, reflejan una actitud antisexista en los respectivos medios donde trabajan cuando condenan, implícita o explícitamente, el reparto tradicional de roles masculinos y femeninos en la sociedad.
Es posible hacer un listado, que no es exhaustivo, de estas pautas antisexistas. Al recorrerlas, tal vez podamos ubicar a qué distancia nos situamos, desde nuestros propios trabajos y producciones, cualquiera que éstos sean:
Es antisexista la denuncia de la opresión particular de las mujeres en los diferentes espacios profesionales: salarios inferiores a los de sus compañeros varones, desempleo encubierto a partir de trabajos muy precarios en Latinoamérica, dificultad de acceso a espacios de decisión (política, empresarial, etc.).
Es antisexista poner en evidencia y denunciar aquello que les es adjudicado a las mujeres desde el estereotipo o la convención: terrorismo de la moda y de la belleza, terror al envejecimiento, rivalidad entre mujeres, tabú del lesbianismo, pasividad sexual, embarazos no deseados o abortos practicados en malas condiciones, violaciones u otras violencias psíquicas, tareas domésticas y/o educativas adjudicadas sólo a las mujeres y por eso desvalorizadas, autodenigramiento y a menudo odio por las mujeres mismas, mitología del sacrificio y la abnegación.
Es antisexista la crítica de la virilidad reducida a la capacidad eyaculatoria o al gusto por el poder; en este sentido, suele considerarse legítima la imagen de un hombre devorado por la necesidad de hacer carrera, del éxito, y de la obligación de abastecer solito a toda su familia. Por esto mismo, y a pesar de los privilegios que le reserva la cultura, muchos de los mandatos que recibe desde niño coartan su sensibilidad.
Es antisexista mostrar la participación masculina en cada intersticio de lo cotidiano, en el corazón de la vida, para cuidar de los niños y para asumir las tareas domésticas, de las cuales conviene reevaluar el costo económico y analizar su verdadero valor; no consisten en una sucesión de gestos robotizados sino implican una multiplicidad de competencias así como una verdadera administración.
Es antisexista dignificar las imágenes que ponen en escena de manera destacada (con imágenes, con relatos) a mujeres adultas, mujeres viejas, aquellas que, desde sus arrugas o desde sus cabellos blancos, puedan hablar con una inteligencia y experiencia de la cual nos podemos beneficiar.
Es antisexista toda tentativa para salir de esta situación, desde una actitud individual vigilante y puntual hasta la asunción de compromisos colectivos en algún frente profesional, sexual, político e ideológico que se preocupe por sostener la igualdad entre varones y mujeres.
Es antisexista toda búsqueda que tienda a la mutación de roles masculinos y femeninos; por ejemplo, son antisexistas las imágenes que reproducen las relaciones tiernas y cómplices entre un hombre y un niño, la hermandad que nace entre mujeres, etc. También aquellas imágenes que muestran a hombres capaces de dulzura, sensibilidad, miedo, inseguridad, o mujeres capaces de fuerza, de eficacia, creadoras, no solamente de vida sino de obras.
Es importante mostrar, subrayar, en algunos casos, la participación de las mujeres en los reclamos obreros, campesinos, estudiantiles, ecológicos, de derechos humanos, y todos aquellos movimientos desde los que expresan su compromiso activo con su sociedad.
Si se invierte el conocido slogan, "lo que el hombre hace puede hacerlo también una mujer", y se alterna o complementa su uso con esta otra forma de enunciar, "esto que una mujer hace, puede hacerlo igualmente un hombre", se agregan matices a un sentido construido unilateralmente. SE UNE EL CONSEJO DE EUROPA Para 1988, el Consejo de Ministros de Europa aprobó el Plan para la Igualdad de Oportunidades de las Mujeres (1988-1990) y, en febrero de 1990, incluyó una recomendación para la eliminación del sexismo en el lenguaje. Esta recomendación debe aplicarse, según el Consejo, en todas las áreas de la vida pública y privada, a saber: a) las prácticas lingüísticas actuales; b) el lenguaje y la terminología de los textos jurídicos, la administración pública y la educación; c) los medios de comunicación (este aspecto se amplía en el Capítulo V).
Para la erradicación del sexismo en el lenguaje de la administración pública, en España se hizo un estudio de 302 documentos que arrojan luz sobre el uso del lenguaje en general. "En ocasiones, la desigualdad radica en el orden de palabras, otras en el contenido semántico de ciertos vocablos. No obstante, el principal escollo para una utilización lo más neutra posible del lenguaje deriva de la pertenencia del castellano a las lenguas con género, categoría gramatical que afecta no sólo a la determinación de los nombres sino a la de los artículos, adjetivos o participios en régimen de concordancia con el sustantivo. Fenómeno de naturaleza sistemática y, por lo tanto, muy enraizado en el idioma normativamente se considera al masculino como término no marcado, genérico y válido, en consecuencia, para uno y otro sexo, que tiene, desde el punto de vista social, un claro efecto de exclusión, de reforzamiento de estereotipos: la administración aparece como un mundo del varón, en el que no sólo los que autorizan, certifican, adjudican... son hombres (la incorporación de mujeres irá modificando esta vertiente), sino también los que declaran o solicitan, los denunciados, los propietarios de inmuebles, los infractores de tráfico, etc." (Uso no sexista del lenguaje administrativo, 1990).
Como podemos observar en la vida cotidiana, no sólo el mundo de la administración aparece como un mundo de varones, por su lenguaje, sino también el mundo de las noticias, de la cobertura periodística y de los medios. Son numerosos los manifiestos, declaraciones y documentos que se han aprobado durante las últimas dos décadas por grupos de presión en los diferentes países del mundo para mandatar el cambio. Sin embargo, sólo ahora comienzan tímidamente a plasmarse en lo concreto. En la Cuarta Conferencia Mundial de la Mujer, realizada entre el 4 y 15 de septiembre de 1995 en Beijing, China, 180 países suscribieron en la Plataforma de Acción un conjunto de acuerdos que apuntan en esa dirección (ver Anexo: Los Acuerdos sobre Mujer y Medios de Comunicación). El sexismo y el sistema que le da origen, el patriarcado, tiene que ser vulnerado desde múltiples vertientes. Una de éstas es combatirlo, hasta su total erradicación, en el lenguaje y en los medios de comunicación. SUGERENCIAS Y EJERCICIOS 1). La escritora boliviana Gaby Vallejo de Bolívar compartió la siguiente anécdota en una actividad reciente: "en un homenaje que nos rindiera una editorial boliviana a varios escritores y escritoras de mi país, a las mujeres nos regalaron flores y a los hombres libros. Cuando me llamaron, les dije que a las mujeres también nos gustaba leer... Las demás escritoras siguieron mi reclamo. ¡Esto ocurrió en el 1995!" Reflexiona sobre la anécdota de Gaby Vallejo y piensa en incidentes que tú has vivido que reflejan sexismo. En tu vida cotidiana, familiar o profesional.
2). Una periodista de la sección urbana de un diario nacional solicitó que se le asignara la fuente de la casa de gobierno (Presidencia, o Ministerio principal) cuando quedó vacante. El director del diario denegó su petición alegando que a una mujer no se le daría credibilidad. ¿Conoces algún incidente de este tipo en el medio en el cual trabajas?
3). Contesta las primeras seis preguntas del TEST DE SEXISMO, que se incluye en este texto. TEST DE SEXISMO
Instrucciones: Evalúa durante dos o tres días los ejemplares de un periódico de circulación general y contesta las preguntas que se incluyen a continuación. Obtendrás así parámetros para considerar el medio como sexista o no sexista.
1) En las páginas principales del diario (5 ó 10, dependiendo del tamaño del periódico) compara las entrevistas hechas a hombres, y las que se hacen a mujeres de alto rango en el gobierno o la empresa privada, como parte de las noticias principales del día. Contabilízalos. Por ejemplo, x noticias incluyen entrevistas con funcionarios, x con funcionarias.
2) Las noticias relacionadas con mujeres de alta jerarquía en gobierno o industria privada van acompañadas de fotos de las entrevistadas. Compáralas con las noticias relacionadas con hombres que se acompañan con fotografías.
3) En la sección de negocios compara las entrevistas con consultoras en finanzas, gerencia, economía, etc. y las que se hacen a consultores, gerentes, economistas.
4) Los artículos que incluyen entrevistas con ejecutivas o funcionarias tienen descripción física de las entrevistadas, como, por ejemplo, `la elegante ejecutiva', `la funcionaria vestía un conjunto de punto crema', `alta y delgada' o `de aspecto maternal'. A los ejecutivos, ¿se les describe de la misma manera?
5) ¿Cuando se entrevista a una mujer se le identifica como `la señora de Pérez' o la `señorita Pérez', en vez de Pérez o su título profesional.
6) En la sección de cultura se incluyen comentarios críticos de obras escritas por mujeres y se incluyen artículos de expertas en este renglón. Compáralos con los que hacen a obras escritas por hombres.
7) En la sección de opinión/editorial se publican columnas escritas por mujeres sobre todo los temas. ¿Cuántos son escritos por hombres y cuántos por mujeres?
8) ¿Entre los anuncios incluyen algunos que explotan la sexualidad de la mujer; por ejemplo, modelos en traje de baño para vender losas de piso, lavadoras, autos y otros artículos?
9) ¿En las páginas principales del diario se incluyen artículos sobre violencia doméstica, adelantos de la mujer en la sociedad, temas relacionados con la lucha por mayor equidad y otros?
10) ¿El diario tiene una sección dedicada a la mujer y en ésta incluye sólo artículos de moda, comida y sociales?
11) ¿La sección de deportes tiene una o más reporteras?, ¿se cubre el deporte femenino?
12) Si el periódico tiene mujeres en su gerencia editorial, compara con cuántos hombres.
13) ¿El periódico utiliza lenguaje inclusivo? Por ejemplo, ellas y ellos, los niños y las niñas, mujeres y hombres, además de utilizar los títulos de juezas, ingenieras, médicas, arquitectas, ministras, etc.
14) ¿El periódico publicó artículos serios alusivos al 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, y a la IV Conferencia Mundial de la Mujer en Beijing?
15) Analiza los artículos de casos de violencia doméstica, ¿Cómo se cubre el caso? ¿Se dice que `él la mató porque la quería...' o `ésta es una historia de amor no correspondido', en vez de identificar el crimen como uno de violencia, sexismo y posesividad?
BIBLIOGRAFIA MINIMA Calvo, Yadira, A la mujer por la palabra, Editorial de la UNA, San José, Costa Rica, 1990. Coates, Jennifer, Women, men and language (Las mujeres, los hombres y el lenguaje), Longman, New York, 1993. Díaz-Diocaretz, Myriam, y Zavala, Iris, coords., Breve historia feminista de la literatura española (en lengua castellana), Editorial de la Universidad de Puerto Rico, San Juan, 1993. Ecker, Gisela, Estética feminista, Icaria Editorial, S.A., Barcelona, 1986. Especial fempress Violencia en los medios. Graddol, David, y Swann, Joan, Gender voices (Voces de género), Blackwell Publishers, Oxford, Inglaterra, 1993. Lerner, Gerda, La creación del patriarcado, Editorial Crítica, Barcelona, 1990. Lerner, Gerda, The creation of feminist consciousness (La creación de la conciencia feminista), Oxford University Press, New York, 1993. Maglie, Graciela, y Frinchaboy, Mónica, Situación educativa de las mujeres en la Argentina, Subsecretaría de la Mujer/UNICEF, Buenos Aires, 1988. Moreno, Amparo, La realidad imaginaria de las divisiones sociales: una aproximación no androcéntrica, en Mujeres y Sociedad, Lola G. Luna, Seminario Interdisciplinar `Mujeres y Sociedad', Universidad de Barcelona, 1991. Moreno, Amparo, Pensar la historia a ras de piel, Ediciones de la Tempestad, Barcelona, 1991. Oranich, Magda, ¿Qué es el feminismo?, Editorial La Gaya Ciencia, Barcelona, 1976. Picó, Isabel, y Alegría, Idsa, El texto libre: de prejuicios raciales y sexuales, Centro de Investigaciones Sociales, Universidad de Puerto Rico, Río Piedras, 1983. Woolf, Virginia, Un cuarto propio, ensayo, varias editoriales.


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