¿QUÉ es el mlnv? (2) 6) Ensayo de breve historia del mlnv



Descargar 158,6 Kb.
Página1/3
Fecha de conversión03.02.2017
Tamaño158,6 Kb.
  1   2   3

¿QUÉ ES EL MLNV? (2)


1. 6) Ensayo de breve historia del MLNV




En este apartado pretendemos plantear una visión panorámica del MLNV desde sus comienzos hasta nuestros días. Su contenido sumario debe juzgarse, pues, desde el esfuerzo de sintetizar tanta materia en tan poco espacio. Queremos resaltar la coherencia y la racionalidad del MLNV a lo largo de toda su existencia como movimiento político: ese es el objetivo fundamental. Para ello iremos describiendo las diferentes etapas de su desarrollo, las aportaciones que va asumiendo, la adaptación a los diversos ciclos sociopolíticos y la fidelidad a sus orígenes. Hemos subdividido el devenir del MLNV en 7 etapas temporales diferente: 1) El desencadenamiento de la espiral (1967-1971); 2) La fase insurreccional (1971-1976); 3) La ofensiva contra la reforma (1977-1981); 4) La estrategia negociadora (1981-1988); 5) Los años de reflujo (1988-1993); 6) La socialización del sufrimiento (1993-1999); 7) Lizarra-Garazi 1 y 2 (1999-). Existen solapamientos y premoniciones por las cuales en cada una de las etapas pueden atisbarse rasgos que llevan a la siguiente, pero nos hemos querido centrar en los rasgos esenciales que caracterizan a cada una. También aparecerán pocos nombres propios, pero es que sólo unos pocos cada vez han llevado las riendas del MLNV. Cabe matizar infinitamente más, pero no es el caso que atañe a este ensayo de síntesis. Empecemos:



El desencadenamiento de la espiral (1967-1971). Dentro de esta etapa el fin fundamental es el de hacer que la metodología de reproducción de la violencia acción-represión-acción tome cuerpo. La acción revolucionaria de ETA tiene que presuponer una reacción por parte del estado que sirva como acicate a una nueva acción, más legitimada y más fuerte, con mayor apoyo popular. Se trata de plantear un ciclo de acciones y respuestas con miras a poner los pilares del movimiento en marcha. El caldo de cultivo de la organización armada, dentro de un contexto como el de la dictadura franquista, es precisamente la respuesta indiscriminada que el régimen pueda ejercer y que, finalmente, ejerció. La espiral es el componente inicial del mecanismo de la Guerra Popular, su detonante. Tengamos en cuenta que ETA inicia su andadura sobre una página en blanco: sobre un País Vasco donde las fuerzas antifranquistas ni se plantean el uso de la lucha armada y donde el trauma de la guerra civil ha creado una predisposición contraria a toda acción violenta. Es la respuesta del régimen, una respuesta que afectó al conjunto de las fuerzas antifranquistas y al conjunto de la población vasca, la que hace que ETA, una organización pequeña, de el salto para convertirse en la fuerza político-militar determinante que ahora conocemos.
El mecanismo de la espiral, que, como ya dijimos, fue aprobado durante la V Asamblea, es un mecanismo básico dentro de la acción de los grupos armados revolucionarios. Sirvió a ETA, en esta etapa, para descender a un nivel de base y reclutar la gente necesaria no sólo para la lucha armada sino para implementar los militantes necesarios en las otras áreas (en la cultural, en la política, en la obrera). Así describe K. De Zunbeltz en un texto clásico esta técnica: “La represión y la acción revolucionaria crecen juntas y se condicionan mutuamente (...) a partir de ciertas nuevas condiciones, las medidas de represión engendran mayores acciones revolucionarias; y como las acciones revolucionarias son a su vez contestadas con aún más espectaculares medidas de represión, se produce un proceso en espiral donde la actividad revolucionaria y la represión se empujan a niveles más altos cada vez. En este proceso acción-represión-acción el principal perjudicado es el Estado opresor, o sea, la clase dominante que se encuentra tras él. En efecto, los medios de que dispone un Estado para reprimir a las masas, aunque grandes, son limitados1”.
La espiral es un medio de totalización de la guerra, de implicación, al modo que describe John Keegan la acción guerrillera de Tito y Mao. El éxito de la espiral fue evidente. El proceso de Burgos (1971) representa la culminación de ese proceso. Dentro de ese proceso, José Antonio Etxebarrieta, una de las figuras claves de la V Asamblea de ETA, lanza en cara al tribunal militar el éxito de tal estrategia: “¿Cómo puede explicarnos el hecho de que en el año 1969 (...) se hayan producido en el País Vasco 3 muertos por disparos de la fuerza pública (señores Urteaga, Murueta, Fernández), 4 heridos por disparos de la misma fuerza (señores Arana Bilbao, Miguel Echevarría, Francisco Javier Izco y Enrique Guesalaga), casi 2000 detenciones (según datos incompletos, pues las detenciones gubernativas del estado de excepción no han sido publicadas), un número aproximado de 250 exilados (conforme al número de requisitorias conocidas), un total de 93 condenas por el Tribunal de Orden Público (excluyendo absoluciones y acusaciones retiradas) y 62 condenados por tribunales militares de esta misma región militar, que totalizan 1000 años de condena?”. El sarcasmo es evidente. Esta era la reacción que ETA quería desencadenar por parte del estado franquista.
La fase insurreccional (1971-1976). Nos encontramos en otras circunstancias. La organización armada sale del juicio de Burgos con una fuerza y con un prestigio sin igual. Aunque existan algunos tropiezos internos (como la escisión de la VI Asamblea) ETA se recompone y persiste en los principios de la V Asamblea. Las acciones armadas empiezan a abundar: asesinatos, secuestros de empresarios, cobro del impuesto revolucionario. Todo ello culmina con el asesinato del presidente del Gobierno español Carrero Blanco (1973). Esta acción demuestra que, más allá de la capacidad probada de ETA de hacer reaccionar al Estado como quería, que la violencia sirve también para agitar las contradicciones de un régimen que se encontraba en un proceso de descomposición. Tras esta acción ETA se divide, por propia decisión de la dirección, en ETA militar y ETA político-militar (1974). Así explicaba ETAm esta escisión:
sabemos que a todo el pueblo le ha dolido esta escisión, difícil de comprender entre dos organizaciones sin ninguna diferencia ideológica, ni de objetivos a largo plazo. Ambos grupos buscamos el desarrollo de una revolución popular vasca dirigida por la clase obrera (...) La diferencia estriba en los ritmos del progreso de este proceso revolucionario, lo que nos ha llevado a adoptar estructuras excluyentes2”. (nuestro subrayado).
Las diferencias se referían a que los miembros de ETApm, en contacto directo con aquellos militantes políticos que querían organizar los frentes civiles del movimiento, veían la posibilidad de un alzamiento generalizado no sólo de Euskadi sino de España para acabar con el régimen y, entonces, se trataba de hacer agitar sus contradicciones, en conjunción con la acción del movimiento obrero vasco y español y con los partidos revolucionarios de la extrema izquierda española. Se planteaba una estrategia basada en la insurrección armada a corto plazo. Por ello decía Moreno Bergareche, “Pertur”, uno de los líderes de ETApm: “la situación política actual (primavera 1975), caracterizada por un enorme auge de las luchas de masas en todo el Estado y por una profunda crisis en el seno de la oligarquía, es francamente pre-revolucionaria3”. Son estos momentos en los que ETApm trata de extender la lucha armada a Galicia y Catalunya, creando ex profeso grupos armados al estilo de ETA, y toma contacto con militantes de la izquierda del Partido Comunista español para llevar a cabo algunas acciones, como la voladura del la Cafetería Rolando. Según una declaración contemporánea de ETApm Euskadi “es la punta de lanza en la lucha de los pueblos del Estado Español4”.
En cambio, ETAm no era tan optimista y pretendía alejar lo máximo posible la acción armada de la acción política en tanto la represión que se cebaba contra la organización podía arrasar con las estructuras políticas que se estaban montando. En 1975 se crea KAS, como organismo de coordinación donde tomaban parte tanto las estructuras militares como las civiles (se habían formado EHAS, como derivación del frente cultural, LAIA, como derivación del frente obrero, y otros organismos que se adherían a la trayectoria histórica y política que representaba ETA). Este sería el núcleo de todo el entramado del MLNV durante la transición.
Como ven, tanto ETApm como ETAm disienten no en cuanto a sus diferencias respecto a tal o cual reivindicación nacionalista, como tendemos a creer actualmente, sino que disienten en función de la efectividad a conseguir en términos netamente marxista-leninistas. Este es el caso respecto a la ETA de los 70 como para la ETA de hoy día, como veremos a continuación....
La ofensiva contra la Reforma (1976-1981). ETAm, de la mano de su jefe político José María Beñaran Ordeñana, Argala, jefe también del comando que mató a Carrero Blanco, ya había advertido en su Agiri de 1974 que la deriva del régimen no iba hacia una insurrección popular en contra del franquismo, sino hacia un régimen de democracia burguesa, y que, por tanto, había que reorganizarse y utilizar los aspectos legales del nuevo régimen que pudieran coadyuvar en la lucha revolucionaria:
(...) el desarrollo de la estrategia aceptada en la V Asamblea, no nos ha llevado a una situación de guerra popular de liberación, sino que, junto a la lucha del resto de los pueblos del Estado Español, nos ha conducido a las puertas de un proceso democrático burgués (...) El pueblo vasco no ha conseguido crear un ejército popular de liberación, pero su lucha junto a la de los pueblos vecinos, y los límites que el desarrollo económico impone la estructura dictatorial del Estado, impiden a la oligarquía continuar sosteniendo el sistema fascista5”.
Son las luces y las sombras de una eficacia probada de la acción de ETA. No se contemplaba evidentemente la dejación de la lucha armada, ya que no existía renuncia alguna a los objetivos revolucionarios de destruir el régimen burgués:
(...) tampoco podemos jugarnos todas las cartas a la democracia (que de ningún modo puede considerarse el marco político donde los trabajadores vascos puedan ser libres) porque ello significa liquidar el único elemento verdaderamente inasimilable por la burguesía, la única garantía de conseguir nuestros objetivos finales: la lucha armada6.
Por tanto, ETA tenía que adaptar su metodología político-militar a la nueva situación:
no es presumible que vaya a tener posibilidades de éxito tomar una posición ilegal dentro del marco democrático. Es decir, que será preciso ocupar un lugar en las instituciones democráticas: partidos políticos, sindicatos, etc7”.
ETApm asumió este diagnóstico en 1976 y decidió plantear dos objetivos: 1) “agudizar en el campo opresor las contradicciones entre los intereses de amplios sectores de la burguesía y los ultras del aparato estatal, a través de las acciones violentas”; y 2) “a nivel del campo popular, constituir una serie de plataformas en los diversos niveles de lucha y lanzar un programa mínimo agrupando a las fuerzas políticas abertzales y populares8. No nos vamos a extender en la enrevesada historia política del MLNV durante este periodo. Sólo apuntar que preveía la existencia de un régimen de democracia representativa, que planteaba la organización de una serie de organismos legales dentro del nuevo régimen, que proponía un “programa mínimo” con el objetivo de agrupar “a las fuerzas abertzales y populares” y que persistía en el uso combinado de la lucha armada con la lucha política y la lucha de masas en las nuevas circunstancias.
Vale la pena que nos refresquemos la memoria frente a las declaraciones de tantos ex miembros de ETA que afirmaban que la voluntad de esta organización durante el franquismo era propiciar el advenimiento de la democracia, tras la cual el uso de la lucha armada sería inconcebible. En todo caso, se celebra una asamblea conjunta de ambas ETAs (la VII en 1976) donde se decide reagrupar a las organizaciones armadas, crear un partido comunista dirigente vasco y crear una Unidad Popular. De esta manera, se quiso formalizar el esquema maoísta mediante el cual, como decía Mario Onaindia quien fuera luego secretario general de EIA, se podría “combinar desde una organización política la lucha armada, la participación parlamentaria y la movilización hacia el poder popular9. Este esquema ternario tendrá diferentes readaptaciones a lo largo de la historia del MLNV pero permanecerá incólume.
Es verdad que el movimiento se bifurca: que no hay fusión de las organizaciones armadas; que no se constituye conjuntamente un “partido comunista vasco dirigente”; que, finalmente, EIA, el partido que iba a serlo, se niega a formar parte de la Unidad Popular HB como partido dirigente (propuesta que le hizo ETAm a EIA y que rechazó, aunque, como Mario Onaindia no deja de decir “resultaba bastante tentadora”). Las diferencias que se dan son diferencias de enfoque: mientras que para EIA y ETApm la etapa “neodemocrática” de transición al socialismo la constituía el Estatuto de Gernika (que era, en aquellos momentos, el “objetivo táctico” desde el cual se tenía que dar el salto revolucionario, bajo la hegemonía de una organización que abarcara a la izquierda de Euskadi frente al PNV), para HASI (derivación de EHAS) y para ETAm ese escalón táctico lo constituía la Alternativa KAS. El umbral lo ponían más alto y fuera del proceso de institucionalización que se que gestaba en Euskadi. La conformación de ambos movimientos es paralela y se deriva de las conclusiones ideológicas y organizativas de la VII Asamblea: en un caso EIA (partido dirigente) ETApm (organización armada) y Euskadiko Ezkerra (movimiento de masas y unidad popular); en el otro KAS (Bloque dirigente) ETAm (organización armada) y HB (Unidad popular).
Esta tríada constituye lo que Mao Zedong apunta como “las tres armas mágicas” para lograr la revolución, y es expresión concreta del esquema de “guerra popular”. La continuidad con la V Asamblea se mantiene, con el avance de superar el esquema abstracto de frentes que no había dado resultados prácticos10. Una vez adaptados a las nuevas circunstancias políticas, tras el fracaso electoral cobrado por parte de la izquierda derivada de ETA, dividida ante las elecciones de junio de 1977, y la amnistía que se dio en el mismo año (mediante la cual sale hasta el último preso de ETA) ambas organizaciones armadas lanzan una ofensiva militar sin parangón con cualquiera de las que se dieron en el franquismo, matando a decenas de policías y militares y, en plena crisis económica, atacando duramente al empresariado vasco; y consiguen retomar el efecto retroalimentador de la espiral, al propiciar respuestas represivas muy fuertes por parte del nuevo gobierno democrático de UCD, con muertos por la fuerza pública y la persistencia masiva de la tortura y de la guerra sucia (por parte de la organización parapolicial el Batallón Vasco Español).
En este panorama, la sensación de prolongación del franquismo por parte de la población vasca es evidente hasta 1981, fecha en la que, una vez constituido tras la aprobación del Estatuto de Gernika (1979), el Gobierno Vasco empieza a poseer una entidad ejecutiva cada vez mayor. El espacio de tiempo que abarca este apartado fue el caldo de cultivo ideal para que una nueva generación de militantes, que esta vez habían trabajado en las luchas obreras y sectoriales de fines del franquismo, engrosen las filas de la organización armada y sus organismos adyacentes.
Hacia la negociación (1981-1988). Una vez resueltos los dos problemas fundamentales, el de la organización de movimientos políticos y sociales “legales” actuando en connivencia estratégica con ETA pero desligados orgánicamente de la organización armada, y el de activar la espiral retroalimentadora bajo las nuevas circunstancias, surge la cuestión de cómo graduar esta política dentro del nuevo contexto de lo que definen –y siguen definiendo- como “democracia burguesa”. Y cómo graduar, también, los ritmos de la lucha armada. Para ello se crea la Alternativa KAS como “programa mínimo”:
este programa configura, a través de unas exigencias mínimas de libertades democráticas y nacionales, el único marco que consideramos válido para el desarrollo de una dinámica de tipo democrático”. La función de tal programa sería aglutinar “las clases populares vascas para obligar a la oligarquía... a ceder en sus posiciones actuales11.
La Alternativa KAS representaba un “programa mínimo” que actuaba de escalón hacia el “programa máximo” -la abolición lisa y llana del régimen de democracia representativa- y como tal programa mínimo era y sigue siendo, en sus diversas modalidades, una alternativa “táctica”, es decir, una alternativa que debía y debe atraer a sectores no revolucionarios de la sociedad vasca y española.
Huelga decir que todavía, hoy y ahora mismo, no hemos salido de este paradigma, de hecho, la estrategia actual del MLNV tiene como finalidad evitar toda propuesta política que no se adapte, palabra por palabra, a la eternamente “nueva” Alternativa Democrática. Constatamos la curiosa similitud entre la propuesta del “mágico Folio” o –programa mínimo- de Elkarri y el también programa mínimo de la Alternativa Democrática. Es así que a pesar de que hablamos en pasado de la Alternativa KAS del MLNV es la predecesora de la Alternativa Democrática de ETA de 1995, de la declaración de Lizarra-Garazi de 1999 y de la propuesta de paz de Batasuna del 2002. El resto de los textos son adaptaciones del “programa mínimo”, cuya función es la de aglutinar fuerzas en contra de un enemigo concreto (generalmente el representante en el poder del Gobierno español) y poseen el mismo carácter táctico. ¿Qué significa esto?
Significa que ninguna de esas propuestas es una propuesta para finalizar el conflicto. Decía HASI (partido dirigente del MLNV durante este periodo): “entendemos que la lucha política debe orientarse al logro de una ruptura escalonada de los muros de la reforma. Entendida así la lucha, el logro de los puntos contenidos de la Alternativa debemos tener preparados los siguientes12”. Y eso es así porque “mientras haya capitalismo no habrá paz” “la guerra es consustancial al capitalismo13. Y es que ninguna de estas propuestas garantizan, en ningún momento, el fin del conflicto. Por eso dice la Alternativa Democrática de ETA de 1995:
en la medida en que haya condiciones nuevas y medios democráticos, ETA adecuará su actividad a la nueva situación del conflicto, sin abandonar sus objetivos políticos últimos14”. Consideración que no deja de repetir: “en la medida de que surjan nuevas condiciones y medios democráticos, ETA sin cejar en sus últimos objetivos políticos (...) adaptará su actuación a la nueva coyuntura del conflicto15”.
En caso de aceptación o de negociación de tal alternativa o de la alternativa que venga (véase la Propuesta de Paz de Batasuna o el “folio” de Elkarri) hay una adaptación “a la nueva coyuntura del conflicto” a “la nueva situación del conflicto”, es decir, se plantea una etapa de avance, de cesión del enemigo, frente a la que el MLNV debe tener “preparados los siguientes” puntos de la siguiente alternativa y la consiguiente adaptación de ETA a la “nueva situación del conflicto”. Durante esta etapa, pues, se da el esquema de la propuesta de negociación en base a la Alternativa KAS y, mientras tanto, sigue en marcha la estrategia de “presión” político-militar desencadenada por los agentes armados, políticos y sociales del MLNV.
La escisión del PNV en 1985 es recibida como algo muy positivo y se abre la posibilidad, para el MLNV, de hegemonizar el espacio nacionalista. Las expectativas no pueden ser mejores. En 1988 se consigue, finalmente, la tan ansiada negociación con el PSOE en el gobierno. Mientras tanto, el MLNV se constituye como tal hacia 1987 y consta de un Bloque Dirigente (KAS), un “partido el pueblo, socialista revolucionario” (HASI), la organización armada (ETA), el sindicato (LAB) y organismos populares y de masas como las Gestoras Pro-Amnistía, AEK, Comités Antinucleares, etc16. El proceso de formalización del MLNV ha terminado, aunque no obsta para que, en el futuro, hayan más adaptaciones. Son tiempos de euforia, como reflejan las palabras del conocido dirigente de LAB Joselu Cereceda: “sólo se mantiene, y con fuerza, el MVLN. Y ello ocurre por su coherencia, por mantenerse firme en la defensa de unos sencillos puntos perfectamente entendibles y que su no aceptación por los poderes reales muestra a las claras la irracionalidad de los mismos. Se trata, como es sabido, de los puntos de la alternativa KAS, defendidos por ETA, el bloque KAS y HB. La acentuada represión a la que está sometido el pueblo vasco no es sino síntoma de que pronto se aceptarán sus irrenunciables propuestas. Y como se está respondiendo a la misma significa que este pueblo jamás será vencido. O que la partida no terminará en tablas17”.
Los años negros: (1988-1993). Esta es la etapa más negra de la historia del MLNV: los partidos políticos democráticos, constitucionalistas y nacionalistas, firman el Pacto de Ajuria Enea, -auténtica Bestia Negra para el MLNV- que lo deja aislado políticamente; las organizaciones pacifistas toman la calle y movilizan a miles de personas, haciendo perder al MLNV un espacio que se creía exclusivo; la ruptura de la tregua y de conversaciones con el PSOE y el Gobierno español sume a parte de la base social del MLNV –que había interiorizado la negociación como sinónimo de paz- en el desánimo y la desmovilización; ETA empieza a tener problemas para reclutar a más gente; la represión del estado se hace más selectiva, y la dispersión de los presos lleva ese desánimo a las propias cárceles; en 1988 acaba la guerra sucia y se terminan las acciones del GAL, con lo que la población vasca comienza a ver al MLNV como más violento que el propio estado; en 1992 cae la cúpula de ETA en Bidart y sus sustitutos (con lo cual tiene que ser el brazo civil, KAS, quien reorganice la depauperada organización armada), mientras que la oportunidad desestabilizadora de las olimpiadas del mismo año se escapa de las manos; y last but not least la crisis del socialismo real y la caída de los regímenes del Este, corta de cuajo el aliento de ofensiva y la posibilidad, real, de desestabilización del sistema, que antes se contemplaba y deja a la luz los crímenes del totalitarismo comunista, desprestigiando en general el proyecto revolucionario del que forma parte el MLNV...
La misma crisis burocrática y administrativa de los partidos comunistas afecta al movimiento, que se encuentra ante estructuras ingentes que ha construido, estructuras que no puede llenar y que son poco operativas a un nivel de trabajo de base. En fin: toda una acumulación de desgracias que se reflejan en importantes retrocesos electorales y en una perdida de moral generalizada. La ponencia Oldartzen (1994), trabajo de reflexión y programa político que elabora el MLNV para poder superar esta situación, es suficientemente clara acerca de todos estos puntos. Respecto a la situación internacional dice:

no cabe duda de que el mundo actual no es el de hace diez años. Tras la desaparición del enfrentamiento entre los bloques que lideraban EEUU y la antigua URSS, el imperalismo se ha impuesto a muchos niveles, de tal manera que tanto las fuerzas de izquierda como los movimientos de liberación nacional progresistas se encuentran en una situación muy difícil18.


Se acusa de haber puesto excesiva confianza en la victoria electoral y, consiguientemente, en la lucha electoral (“tras la escisión del PNV se extendió la idea de una acumulación de fuerzas inevitable, y la errónea impresión de una victoria electoral comenzó a imponerse” p. 55; “el trabajo en torno a las elecciones y los medios de comunicación ha sido desproporcionado” p. 58); de que “desde que se rompieron las conversaciones de Argel, la estrategia de la Izquierda Abertzale se ha articulado en función de la Negociación (...) el Estado volvió dicho proceso en contra nuestro” (p. 55); también se acusan de cortoplacismo: “debemos situar el desarrollo de las diversas formas de lucha y el de la lucha armada y su evolución (...) en el contexto del inmediatismo y del síndrome del reloj” (p. 60).
En definitiva, el MLNV admite que no se han visto resultados concretos para la estrategia que se estaba llevando y que el hundimiento de la burbuja negociadora, por falta de una perspectiva a largo plazo como corresponde a todo intento revolucionario de transformación social, ha provocado la desbandada. La ponencia Oldarzen constituye un ejercicio exhaustivo de autocrítica. Pero no desde la perspectiva de que el MLNV se plantee renunciar su naturaleza revolucionaria, a la lucha armada o a la destrucción del estado de cosas vigentes; todo lo contrario. Oldartzen, como su propia denominación euskérica propone, es una llamada a la ofensiva, al apuntalamiento y a la renovación de los viejos principios y –sobre todo- a dar una vuelta de tuerca más a la estrategia de la violencia. Una vuelta sangrienta y remozada a los orígenes.
  1   2   3


La base de datos está protegida por derechos de autor ©absta.info 2016
enviar mensaje

    Página principal