Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe



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Puestos sus ojos en Jesús

William Reid

1814 - 1896

Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe.”
Hebreos 12:2

Curso LTJs Lecciónes 1-4 (File LTJs 1-4)



(4 lessons in total)

Tabla de contenido
Página



Preguntas para studio Lección 1: Nuestra necesidad de Jesús 6

Preguntas para studio Lección 2: Con sus ojos puestos en Jesús 10

Preguntas para studio Lección 3: La cercanía de Jesús 14

Preguntas para studio Lección 4: Descanso para el cansado 19

www.MountZion.org


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Chapel Library; 2603 West Wright St.; Pensacola, FL 32505 USA



chapel@mountzion.org (en inglés únicamente)

Sugerencias
Este curso usa el libro Puestos sus ojos en Jesús como texto de lectura, el cual se incluye aquí. Antes de comenzar las preguntas, por favor lea el texto al comienzo de la lección que está tomando.
Porque se abarcan varios capítulos del libro en una lección, no es necesario completar una lección entera de una sola vez. No obstante, sugerimos completar una lección de una sola vez, por ejemplo: todas las preguntas relacionadas con un capítulo del texto.


Por favor lea con la lentitud suficiente como para comprender lo que lee. También es bueno orar antes de cada lección, pidiendo al SEÑOR sabiduría para aplicar a su vida lo que aprende --y pidiendo que haga posible amarlo con todo su corazón, toda su mente, toda su alma y todas sus fuerzas... porque éste es el primer mandamiento (Marcos 12:30).
La mayoría de las preguntas piden sencillamente su respuesta en base a la información en el libro de texto, y tienen el propósito de apoyar la comprensión básica de lo que se está presentando. Para éstas, debe usted usar sus propias palabras, describiendo lo que el libro de texto dice, no necesariamente citando directamente del texto.
Algunas preguntas son mucho más profundas al pedirle que reflexione acerca de los principios presentados, y que analice su propio corazón a fin de logar una aplicación práctica. Por favor haga lo mejor que pueda al contestarlas,pero tenga en cuenta que no hay respuestas correctas o incorrectas. Sólo esperamos que haga lo mejor que pueda.


Lección 1 Nuestra necesidad de Jesús


Porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” – Lucas 19:10

¿Es usted pecador?

Querido amigo, ¿le ha mostrado el Espíritu Santo que usted es pecador?

¡Qué!” puede preguntar usted, “¿Acaso no puedo descubrir que soy pecador excepto a la luz del Espíritu Santo?” Le digo franca e inmediatamente que no puede.



Sin el Espíritu Santo, puede fácilmente aprender por la Palabra de Dios que es usted pecador, o confesarse en oración como pecador. Pero verse como pecador a la luz de la divina enseñanza, sentirlo con una conciencia divinamente iluminada y tener plena certidumbre de la terrible realidad, como si estuviera en la presencia misma del Dios de santidad infinita y en vista de las serias realidades de la eternidad venidera --¡esto es cuestión de saber por espantosa experiencia, no por mero aprendizaje o la confesión de costumbre!

¡Oh, qué horrible sería que hubiera sido convencido por el Espíritu Santo que “ya es condenado”, arruinado, perdido y corre el peligro de ir al infierno con cada hálito! Quisiera yo que estuviera convencido así: ruego a Dios que lo esté, aun en este mismo instante; porque si muere usted como un pecador no perdonado (y puede morir en cualquier momento), ¡levantará sus ojos en el infierno en medio del tormento para encontrarse como un pecador para siempre donde nunca viene un Salvador!

El que en él cree, no es condenado; mas el que no cree, ya es condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.” Juan 3:18



Quizá usted diga, como dijera otro: “Admito que soy pecador, sé que he pecado, pero no puedo comprender lo que usted quiere decir cuando dice que soy un pecador perdido –un pecador arruinado. No estoy perdido, no estoy arruinado como usted afirma.”

Bueno, yo sé que usted no está definitivamente perdido porque si lo estuviera no se encontraría aquí. Bendito sea Dios por esa misericordia, pero si no está perdido, no puede tener nada que ver con el Salvador, porque él ha venido para “buscar y salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10). El hombre, en cuanto cayó, estaba perdido, porque la primera pregunta de Dios lo implica “[Adán], ¿Dónde estás tú?” (Gén. 3:9). Dios, en su gracia, buscaba al hombre después de la Caída porque éste estaba perdido; y Dios en Cristo sigue buscando a los pecadores porque están perdidos. [El relato de la Caída se encuentra en Génesis 3 y ocurrió cuando la humanidad, a través de Adán, se rebeló contra la autoridad de Dios.]



No obstante, puede ser que en el santuario ha oído tanta predicación acerca de pecadores y pecadores perdidos, que no tiene problemas en admitir que la Biblia enseña que, como pecadores, estamos totalmente arruinados y perdidos. Pero ¿siente que la Biblia le habla directamente a usted cuando se dirige a usted personalmente y dice que usted es un pecador: usted está arruinado y perdido, porque usted “ya ha sido condenado”, y usted es objeto de la ira de Dios? “Dios, ¡ten misericordia de mí, pecador!” es muy distinto que reconocer sin problemas que “todos somos pecadores.”

Cuando D’Aubigne era estudiante, oyó a Robert Haldane leer un capítulo de la Epístola a los Romanos concerniente al hecho de que todos los hombres son pecadores por naturaleza. Esto lo sorprendió, pero claramente convencido por los pasajes que fueron leídos, le dijo al Sr. Haldane:

--Ahora sí veo esta doctrina en la Biblia.

--Sí, --respondió el otro--, pero, ¿la ve en su corazón? Era una pregunta sencilla, pero resultó ser la espada del Espíritu que despertó su conciencia adormecida para que reconociera la terrible realidad que el pecado estaba en su corazón. Esto, por la gracia de Dios, lo llevó a su conversión a Cristo, porque inmediatamente sintió necesidad de Jesús al tener conciencia de que era un pecador perdido.

Querido amigo, ¿ha sido ésta su experiencia? ¿Ha visto el pecado en su corazón? ¿Lo ha visto y sentido como un veneno que se ha extendido a cada parte de su naturaleza moral?

[Cada persona es un “pecador perdido” antes de que Dios lo salve. Cuando hemos sido salvos (“nacidos de nuevo”), todavía cometeremos pecados (aunque menos y menos a medida que pasa el tiempo), pero ya no somos un pecador “perdido” porque Jesús nos ha salvado del castigo eterno por nuestros pecados.]

Seguridad falsa en la “Religión”

Miles de personas en Irlanda, al igual que en otras partes, han tenido una percepción tan desmoralizadora y tal sentido de pecado en su corazón y su vida que habiendo pesado tanto sobre su espíritu los ha llevado a la desesperación, y algunos de ellos casi han perdido la vida. ¡Quizá usted nunca haya perdido una hora de sueño tranquilo, ni ha perdido el apetito ante la realidad de su alma pecadora y su condición perdida¡ No obstante, si pudiera verlas por la gracia del Espíritu Santo, vería que su condición es tan mala y desesperante como la de aquellas personas¡

¡Qué terrible es su caso! ¡Un pecador cerca de la perdición y, no obstante, feliz, despreocupado e irresponsable ante la eternidad! ¡A pesar de su comportamiento exterior correcto y su religiosidad habitual, su caso es desesperante! Pero, si de hecho se va al infierno, ¡no se burle de Dios en el camino, pretendiendo servirle cuando usted sabe que todas sus oraciones, su escuchar, sus alabanzas y comunicaciones no son más que insultos ante Aquél que todo lo ve!

Un amigo querido, que ha sido usado por Dios para despertar a miles y volverlos del pecado a la santidad y de los ritos a la realidad, durante una larga estadía en Escocia se sintió guiado a hablar con la mayor franqueza sobre la parodia y la necedad de la gente camino al fuego eterno ¡por medio del camino santo de la mesa de la comunión!

[Muchos escoceses del siglo pasado eran considerados feligreses devotos. La clave es: “El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” – 1 Samuel 16:7.]

Cierto día dijo algo así: “Me temo que muchos de ustedes se encuentran camino a un sufrimiento sin fin, y no lo están haciendo de la misma manera que muchos de sus compatriotas que nunca concurren a la iglesia sino que quedan en casa o en la calle. Podría decirse que hay una manera escocesa de irse al infierno, y parece que es ésta: Tiene usted en su mente el Catecismo Breve, su Biblia en una mano, el pan de la comunión recibida de su ministro en la otra, pero el mundo en su corazón; y el final sera el fuego del infierno “a menos que te arrepientas”. Esto fue expresado con dureza pero, ¿acaso no es cierto?

[El Catecismo Breve es un resumen de las verdades bíblicas, parte de la Confesión de Fe de Westminster escrita en Londres en 1646.]

Mientras que muchos ingleses ricos perecen por su negligencia y apatía hacia el Evangelio, y más de un campesino irlandés es llevado al infierno con los ojos vendados por los ritos supersticiosos de sacerdotes crueles, miles de escoceses que asisten a la iglesia parecen empecinados en pasar a la eternidad vestidos en todo el ropaje santo de una confesión religiosa; pero será para sólo oír, asombrados, las palabras fulminantes de los labios del Salvador que los enviará al lugar que les corresponde: “Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7:23).

En una reunión de simpatizantes, realizada después de un culto al aire libre en la ciudad de Dundee, un pastor notó a un anciano. Cuando le preguntó si pensar en su alma y en su Salvador lo habían llevado a contarse entre los simpatizantes, permaneció sentado por un rato, como Job, sin poder hablar.

Al rato admitió que, aunque había profesado públicamente el cristianismo durante muchos años, había sido una profesión sin Cristo. Había escuchado decir al predicador en su discurso que una persona puede recibir cincuenta “fichas” para poder participar de la mesa de la comunin y, no obstante y a pesar de ello, ser inconverso; y esto le había atravesado el corazón porque sentía que era una descripción exacta de su propio caso. Fue llevado al Señor Jesucristo como el Salvador del mayor de los pecadores. Escuchó, creyó, y el pastor escribe ahora que “muestra todas las señales de haberse rendido sin reservas a Jesús y de caminar en el temor de Dios y en el consuelo del Espíritu Santo.”

¡Muchos se engañan uniéndose a una de las iglesias de Cristo antes de que el Espíritu Santo los haya unido a Cristo mismo! El Espíritu Santo, cuando viene con poder salvador, hará estragos en la Iglesia si está formada de tales miembros. Así lo ha hecho en el caso de miles de avivamientos en el pasado, y lo sigue haciendo en muchos lugares a lo largo y ancho de nuestra patria.

Responsabilidad personal por sus pecados

Cierto joven inteligente, amable, honesto y recto, un ejemplo de buena conducta y religiosidad, fue súbitamente sacudido una noche por el Espíritu de Dios.

--¡Oh, mi pecado! ¡Mi pecado! --exclamó

--¿Qué pecado? --preguntó un amigo, pensando qué pecado le estaría remordiendo la conciencia.

--Oh, es mi fría negligencia del Salvador amante.

Durante cuatro horas sufrió la tortura de un sentido espantoso de pecado; y después de que el Señor se le revelara, prometió que su vida sería un sacrificio vivo para alabanza de su Redentor. Su convicción y conversión fueron el medio para impulsar a más de un próspero profesor en la ciudad a preguntarse: “Soy salvo o estoy perdido?”

Mucho me temo que muchos y aun los que frecuentan nuestras mesas de comunión no son salvos y pasarán la eternidad en el infierno a menos de que se arrepientan de su dependencia de su membresía en la iglesia y de sus demás pecados y, tal como este joven religioso, sean traídos a Jesús para recibir perdón y paz. Es que la religión ¡no salva a nadie! Sólo “la sangre preciosa de Cristo” (1 Pedro 1:19) nos puede salvar del pecado y de la ira. Y usted, mi querido amigo, ¿es salvo o está perdido? Si es salvo, seguramente recuerda una época cuando estaba perdido, y puede contar algo acerca de su convicción y conversión. Los que son salvos, a menos que fueron santificados desde su infancia, pueden testificar de cómo fueron llevados a un sentido de su pecado y al conocimiento de la salvación.

¿Ha sentido que es pecador y, como tal, ha buscado salvación? Mientras caminaba por la calle cierta mañana, un hombre joven salió apresuradamente de su oficina y me tomó en sus brazos diciendo:

--Oh, señor, he encontrado a Cristo.

--¿Cuándo y cómo? --le pregunté de todo corazón

Entonces me contó lo siguiente:

--Sucede, señor que me he sentido muy ansioso en las últimas semanas. Mi ansiedad aumentó terriblemente el viernes a la noche. Estaba orando. Mientras me encontraba arrodillado mi carga se hizo intolerable. Sentí que mis pecados me presionaban el corazón como si hubieran construido una bodega sobre mi cuerpo. No podía moverme. No podía ponerme de pie. De mi interior salió un clamor tan agonizante que mi vecino de al lado se levantó de la cama y corrió para ver qué pasaba. Oró conmigo. Antes de retirarse encontré la paz por medio de creer en el Señor Jesucristo.

Mi querido amigo, ¿nunca ha tenido una experiencia así? ¿Ha sentido alguna vez que sus pecados le presionaban el corazón, como si tuviera sobre su cuerpo el peso de “una bodega”; y sabe usted lo que es tener paz al creer “en el Señor Jesucristo” (Hechos 16:31)?

Si no descubre su pecado y lo trae al Calvario para ser perdonado y lavado en la sangre de Jesús, tenga por seguro que su pecado lo descubrirá a usted y lo traerá al tribunal de Cristo para ser condenado por él y enviado al castigo eterno.”



Una pequeña niña quien le había dicho una mentira a su mamá antes de salir de casa, se sintió sumamente preocupada cuando oyó decir a un pastor estas cosas terribles en su sermón. “¡Oh, aquella mentira!” pensó, "¡Tengo que llevarla al Calvario o ella me llevará al infierno!” Paso a paso, el Señor la guió a verse como una gran pecadora aunque era pequeña; y caminó muchas millas para ver al pastor a fin de preguntarle cómo podía ser salva. Al poco tiempo, pudo depositar sus pecados sobre Jesús. Cuando después le preguntaron si lo había hecho, respondió:

--Oh sí, nunca más volveré a cargarlos yo.

Mi querido amigo, ¿ha depositado todos sus pecados sobre Jesús, y lo ha hecho esto tan adverso al pecado y lo ha llenado de un anhelo tan grande de santidad que ahora siente el anhelo de “no volver a pecar”, como esta querida corderita en el redil del Buen Pastor?

Perdón y bendiciones

Pero no sólo hay perdón en Jesús, hay también toda bendición espiritual que el pecador arruinado necesita. “Por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud” (Colosenses 1:19).

Cierto pastor que estaba acostumbrado a considerar el Evangelio como algo extremadamente simple, inteligible y de poco contenido, se sintió impactado un día por la expresión “Las inescrutables riquezas de Cristo”. “Las inescrutables riquezas de Cristo”, se dijo, “nunca las encontré, ¡nunca supe que había riquezas inescrutables en él!” Sintió una profunda convicción de pecado, y mientras caminaba impaciente de arriba para abajo en su habitación poco tiempo después, fue guiado a reflexionar en esos dos pasajes de las Escrituras: “Sin derramamiento de sangre no se hace remisión” y “la sangre de Jesucristo, su Hijo, nos limpia de todo pecado”. Creyó en Jesús--fue lavado en su sangre y fue lleno de un “gozo inexplicable”. [Ef. 3:8, Heb. 9:22, 1 Pedro 1:8]

Subí al segundo piso y luego bajé (cuenta él), caminé de arriba para abajo en mi habitación, aplaudiendo de gozo y exclamando: ‘¡Lo he encontrado! ¡Lo he encontrado! ¡He encontrado a Aquél a quien ama mi alma!’ Y, por un rato, como dijera el apóstol “Si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé”.



No debe pensar que es increíble que un pastor haya estado predicando salvación a otros mientras él mismo estaba perdido, porque leemos en el tercer capítulo del Evangelio de Juan que aún el excelente, moral Nicodemo, maestro de Israel, no tenía idea de que debía “nacer de nuevo”. Fue a este hombre principal entre los judíos que Jesús dirigió estas solemnes palabras: “El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” Si había hombre a quien el Señor Jesús hubiera podido mandar que obrara su propia justicia, hubiera sido este hombre, pero aun a él le dice: “Es necesario nacer de nuevo” (Juan 3:3-7).

Sus buenas obras

Usted quizá piense: “Si me comporto mejor, Dios me perdonará”, pero ese es un pensamiento vano. De ninguna manera exonerará al culpable. Ninguna gran reforma del presente puede pagar por los pecados del pasado. El Dios de justicia inflexible lo tiene a usted detenido como criminal, por ley condenado a morir, y todas sus supuestas buenas obras son ahora sólo servicios en la prisión y de nada valen como justificación ante Dios. La sentencia ha sido dictada y si, en el presente obedeciera perfectamente todos los mandamientos de Dios, no serían más que su deber, y el “deber no paga la deuda”. Si se aferra a la idea de comportarse mejor como base para su perdón y aceptación de parte de Dios, su condenación es segura. Porque la Biblia dice:

Todas nuestras justicias [son] como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento.” Isaías 64:6, y,



Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia.” - Tito 3:5.

A pesar de que nada puede hacer para merecer el favor de Dios, no tiene por qué morir. Le anunciamos las “buenas nuevas”: puede ser salvo en base a la obra completada y aceptada de Aquél que es poderoso para salvar. ¡El Santo Jehová, en su soberana misericordia, envió a su Hijo Jesús para ser el Salvador de los perdidos! Sufrió la cruz, cargó con la maldición de la ley, hizo expiación y abrió el camino de acceso al favor de Dios aun para el peor de los pecadores! Encerró al pecado, no a los pecadores. Ellos pueden reconciliarse con el Señor.

Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.” - 2 Cor. 5:21

Dios salva a pecadores como un acto de su gracia gratuita, de ninguna otra manera: es por gracia o nada. Esta es una manera gloriosa de ser “justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.” El viejo camino de las obras está clausurado y vigilado por una espada en llamas; pero el camino nuevo y viviente de gracia gratuita ha sido abierto y consagrado para nosotros por Cristo, el único Mediador entre Dios y el hombre. Si pregunta usted: “¿Qué debo hacer para ser salvo?” la respuesta es sencilla y suficiente porque es la que la Santa Palabra de Dios da: “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo” (Hech. 16:31).

Aunque es una necedad absoluta tratar de juntar justicia con la cual aparecer ante Dios, muchos lo hacen. Un pastor le preguntó a cierta joven quien antes había sido muy frívola, pero que ahora, en su propio ambiente, es una cristiana consagrada y primera en toda buena obra.

--¿Qué fue lo que por primera vez le hizo pensar en su alma?

Ella respondió:

--En medio de mi necedad pensaba con frecuencia en mi alma y en el juicio, y muchas veces cambiaba bastante mi vida para bien, pero con la misma frecuencia, cuando llegaba la tentación, volvía a caer y perdía mis convicciones. Cuando las recobraba me sentía muy intranquila porque sabía que no podía comparecer ante Dios con mi vano corazón. Una vez intenté muy seriamente dar forma a una justicia propia, pero todo fue en vano. Lo intenté una segunda vez con el mismo resultado hasta que al fin mi mente estaba puesta en la sola justicia de Jesucristo, y vi una gloria y una perfección en él que me sorprendía no haber visto antes. Con todo mi corazón confié en los méritos de Cristo, y siento que mi paz aumenta y mi amor por Dios aumenta, y creo que no sólo podría vivir para Cristo sino también morir por Cristo.

Mi querido amigo, ¿ha sido ésta su experiencia? ¿Ha visto tal inexpresable gloria y perfección en la justicia del Salvador de los perdidos que ha confiado en sus méritos con todo su corazón y ahora cree que “no sólo podría vivir para Cristo sino también morir por Cristo”? ¿Ha tenido una convicción espiritual de pecado y una conversión evangélica a Dios? ¿Está viviendo para el yo y el mundo o para Cristo y la eternidad? Antes de seguir leyendo, hágase seriamente esta pregunta de vital importancia: ¿Estoy perdido o soy salvo?

Preguntas para studio Lección 1: Nuestra necesidad de Jesús


Por favor lea primero el texto anterior.

¿Es usted pecador?


1. ¿Cree que usted personalmente está bien con Dios o se ve como un pecador perdido? Explique por qué en una o dos frases.

2. Por favor lea lo siguiente, y conteste la pregunta que aparece al final.

La razón por la que Dios condena con justicia a todos los hombres como pecadores perdidos es que cada uno ha quebrantado la santa ley de Dios. Tomamos esto de los Diez Mandamientos (Éxodo 20:1-17) que son breves declaraciones de los principios de la Ley de Dios tal como los revela el Antiguo Testamento.

1) Exo. 20:3 “No tendrás dioses ajenos delante de mí.”

Tenemos otros ‘dioses’ delante del único Dios verdadero cuando dedicamos nuestro tiempo, talentos e intereses para satisfacer nuestros propios deseos (nuestra ‘voluntad’), en lugar de buscar su voluntad en todas las cosas. ¡Honramos esas otras cosas más que al Señor!

2) Exo. 20:4 “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.”

Esto prohíbe todos los demás medios y formas de adoración que la Palabra de Dios no autoriza expresamente.

3) Exo. 20:7 “No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano.”

Tomamos el nombre de Dios en vano cuando hablamos de él como algo común y corriente o aun cuando dudamos de su gobierno soberano sobre todas las circunstancias y cosas. Dudar de su bondad y poder deshonra su nombre.

4) Exo. 20:8-11 “Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para JEHOVÁ tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, JEHOVÁ bendijo el día de reposo y lo santificó.”

El Día de Reposo es el séptimo día (sábado) para el pueblo judío. Los cristianos observan el Día de Reposo el primer día de la semana (domingo) --el día en que Jesús se levantó de entre los muertos. La intención de Dios es que sea reservado como un día para adorarle y honrarle a él, sin ningún pasatiempo personal

5) Exo. 20:12 “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.”

Esto significa justamente lo que dice --“honrar” es tratar con respeto, resolver cualquier resentimiento, comunicarse regularmente y llenar sus necesidades.

6) Exo. 20:13 “No matarás.”

Jesús definió esto diciendo que significa cualquier forma de enojo o abuso verbal dirigido a otro (vea Mateo 5:21, 22).

7) Exo. 20:14 “No cometarás adulterio.”

Jesús definió esto diciendo que significa aun mirar a otro con un deseo sexual (ver Mateo 5:27, 28).

8) Exo. 20:15 “No huratarás.”

Esto, por supuesto, significa hasta un sujetapapeles de su trabajo. No hay excepciones ni condiciones en este mandamiento.

9) Exo. 20:16 “No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.”

Este es el pecado de la mentira. Ha sido definido como “cualquier especie de engaño premeditado”. Incluye aun enfocar de modo parcial algo que dice a fin de impresionar a otro u obtener un beneficio. Es cualquier cosa que no sea atenerse a la pura verdad de los hechos.

10) Exo. 20:17 “No codiciarás...”

Este es el deseo de poseer algo que no tienen. ¡La Biblia nos ordena que nos contentemos totalmente con lo que tenemos!

Pregunta: ¿Ha quebrantado usted la ley de Dios? Brevemente, explique su respuesta a la luz de los siguientes versículos bíblicos.

Romanos 3:19 “Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios.”

Gálatas 3:10 “Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.”

Santiago 2:10 “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos.”

3. D’Aubigne le pidió a Haldane aclaración acerca de que “todos los hombres son pecadores por naturaleza”. ¿Qué diferencia hay entre ver “esta doctrina en la Biblia” y verla “en su corazón”?


Falsa seguridad en la “religión”


4. ¿Cómo pueden ser sus oraciones y alabanzas un “total y absoluto insulto a Aquél que todo lo ve”?

5. En sus propias palabras, ¿cuál lo describe mejor a usted personalmente:


1) el pecador que cree que no es tan mala persona en comparación con la mayoría, o 2) la persona religiosa cuyo corazón no es realmente puro delante de Dios?

Brevemente, explique el porqué de su respuesta.


Sus buenas obras


6. Nuestras buenas obras no pueden ayudarnos a conseguir el perdón de Dios ni librarnos de nuestra culpa. Por favor explique por qué es esto cierto.

7. ¿Sobre qué debe basar usted las “buenas nuevas” de que puede ser salvo”?

8. Si el antiguo ‘camino de salvación’ por medio de nuestras buenas obras está clausurado, ¿cuál es el nuevo camino de salvación abierto para nosotros?

9. Cómo respondería usted personalmente (en una o dos frases) a la pregunta: “¿Está viviendo para su yo y el mundo o para Cristo y la eternidad?”


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