Psicoterapia Existencial: El concepto de la muerte en los niños y La muerte y la psicopatología



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Reflexión 03:

Psicoterapia Existencial:



El concepto de la muerte en los niños y

La muerte y la psicopatología”

Claudia Karla Ordorica Osorio

22 de marzo de 2014

Campus Coyoacán

Posgrado en Terapia Familiar

3º Cuatrimestre

Profesor: Gloria Romero



Reflexión 03

Psicoterapia Existencial: El concepto de la muerte en los niños y



La muerte y la psicopatología”

La muerte siempre ha sido uno de los temas que más conflicto y angustia nos ocasionan. Le tenemos tanto miedo, que incluso hablar de ella, es todo un tabú no sólo en nuestra sociedad; y por obvias razones, compartir este suceso tan temido con un niño se vuelve algo inaceptable para nuestra conciencia. Nos sentimos unos monstruos al “terminar” la inocencia de un pequeño al compartirle algo que nos parece tan terrorífico; sin embargo, esto no quiere decir que los niños no se preocupen también por la muerte. Yalom menciona en el capítulo tres de su obra “Los niños perciben la angustia de los adultos y descubren así la necesidad imperiosa de suprimir la preocupación por el tema” (2010, p. 108)

En mi experiencia con mis sobrinos y algunos pequeños con los que he tenido la oportunidad de platicar en el consultorio, los niños son como pequeñas antenitas súper potentes. Aunque su lenguaje y capacidad de pensamiento abstracto estén poco desarrollados, su sensibilidad es muy aguda, por lo que perciben todas las emociones que tratamos de ocultarles. Ahora me imagino en la confusión que entran cuando pueden percibir la angustia que siente el adulto ante la pérdida de un ser querido y la sarta de mentiras que nos encanta inventarles, para evitarles el “sufrimiento”.

Cuando estaba muy niña, me acuerdo que falleció mi abuelito. Yo no entendía muy bien que había pasado, la verdad es que no me acuerdo muy bien de él. Lo que si recuerdo es que me sentía sumamente triste por ver a mi papá tan triste. Al mismo tiempo, comencé a tener muchísimo miedo de que mi papá también se fuera al cielo. Ahora que lo pienso, me generaba mucha angustia que nadie me contara que había pasado y ver que mi papá estaba tan triste sin poder hacer nada al respecto.

Me parece que el hecho de que los niños no puedan utilizar el mismo tipo de lenguaje que nosotros, no quieres decir que no puedan comprender el significado de la vida y la muerte. Algún día escuché a una mujer humilde que le explicaba a su hija que su abuelita se había muerto porque ya estaba muy grande y su cuerpo se había enfermado. La niña le preguntó que si la iban a volver a ver y la madre, con toda la honestidad del mundo, le dijo que no lo sabía, que tal vez si o tal vez no, pero que no se preocupara por eso ahora, que cuando llegara el momento, ambas lo descubrirían.

Creo que la mejor educación que le puedes dar a un hijo es la que se basa en la honestidad y el respeto por su inteligencia y capacidad. El superar el temor a que nuestros hijos sufran angustia, nos permite formar persona mucho más fuertes, sensibles y empáticos con su entorno. Mi abuela siempre decía “Cría a tus hijos con un poquito de hambre y un poquito de frio”

La comprensión de la angustia de la muerte a tan temprana edad que Yalom presenta en su capítulo tres, nos ayuda a comprender el origen de la angustia en la edad adulta que menciona Yalom en su capítulo cuatro. Las dos creencias que surgen como forma de evitar la angustia hacia la muerte las vemos comúnmente no sólo en nuestros consultantes, sino también con amigos, familiares e incluso con nosotros mismos. Cuando mi padre se enfermó, recuerdo que estar convencida de que él no se iba a morir, ya que “eso no podía pasarme a mí, ni a mi familia”. La creencia de que se es específicamente distinto, te ayuda a sobrepasar algunos momentos difíciles; sin embargo, te tira al piso de cara, cuando esta se desvanece ante la muerte inminente.

Por otro lado, las negociaciones con un “ser superior” que va a servir como “intercesor persona omnipotente” (Yalom, 2010, p. 161), son otra de las formas que utilizamos para alimentar la esperanza de que la muerte no nos va alcanzar. Igual que la anterior, es un mecanismo de defensa que de momento, nos puede hacer sentir más tranquilos, pero que cuando se desvanece, puede avasallarnos con una fuerza aún mayor que la del sufrimiento inevitable que íbamos a experimentar. Cuando mi papá murió, me enojé muchísimo con ese ser superior, por no haber cumplido con nuestras negociaciones. Ahora veo que esto hizo que mi proceso de duelo fuera mucho más tardado, impidiéndome contemplar el hermoso mensaje que mi padre me había regalado con su partida.



Referencia

Yalom, I. (2010) Psicoterapia Existencial: El concepto de la muerte en los niños y



La muerte y la psicopatología. Herder: España


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