Psicología Profesores: Gonzalo Gallardo Daniela Morras Alumnos



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Lenguaje Interno: la relación entre pensamiento y lenguaje



Psicología
Profesores:
Gonzalo Gallardo
Daniela Morras
Alumnos:
Daniel Silva Miranda
Gabriela Valenzuela Villela

En el mundo de la psicología se ha buscado comprender diversos procesos que definen y pertenecen a la conducta y a la mente humana. En este sentido, se han realizado varios estudios enfocados tanto para encontrar la explicación, como la comprensión del pensamiento y el lenguaje. La evolución del humano ha demostrado, en muchos aspectos, su radical diferenciación respecto de especies animales más primitivas, siendo de ellas la principal, la utilización de herramientas de expresión y socialización propias únicamente de esta especie, a través de, especialmente, la presencia de los aspectos de la lógica, la racionalidad y la abstracción. El pensamiento y el lenguaje se perfilan, entonces, como uno de los elementos más diferenciadores del humano con los demás animales. Es por esto que diversos psicólogos se han arrojado al estudio de tales elementos, sin embargo, en su mayoría corresponden a estudios que los consideran separados entre sí, investigando el lenguaje independiente del pensamiento y el pensamiento independiente del lenguaje, quitándole importancia a la estrecha relación que existe entre los dos, y ofreciendo explicaciones poco satisfactorias. Para este respecto es interesante revisar la explicación que postula Vygotsky sobre cómo se construye la relación de mutua influencia entre estas dos dimensione, identificando, así mismo, tres estadios mentales que todo ser humano experimenta en el desarrollo de sus habilidades de habla y pensamiento. Estos son: el habla egocéntrica, el habla interna y el habla externa. Cada uno de estos elementos son dependientes entre sí, en el sentido en que conforman un proceso unitario en el desarrollo de la relación entre el habla y el pensamiento. En este trabajo nos centraremos principalmente en la noción del habla interna, sus características principales e influencia que ejerce en el lenguaje y, por sobre todo en el llamado “pensamiento abstracto”. Utilizaremos para esto, como ya se ha mencionado un texto de Lev Vygotsky, específicamente el capítulo titulado “Pensamiento y palabra”, contenido en Pensamiento y lenguaje. Además nos apoyaremos en el capitulo “El problema y el lenguaje de la conciencia”, contenido en Conciencia y lenguaje de A. R. Luria, en el que nos ofrece problemáticas y ejemplos sobre la complejidad del pensamiento abstracto, muy pertinentes para tratar el tema al que refiere el presente trabajo.

Debemos comenzar introduciendo el problema: ¿Cómo es que las palabras adquieren cierto significado en nuestras mentes? Puesto que la pregunta engloba una estrecha relación entre palabra y pensamiento es que se hace estrictamente necesario comprender mente y lenguaje en su conjunto. El lenguaje funciona como medio de comunicación entre los humanos, porque estas, las palabras, cargan consigo un significado que nuestras mentes son capaces de descifrar. Si una palabra no contiene significado o dicho significado no es comprendido por la mente nos encontramos entonces con que dicha palabra es inefectiva. Esto sucede por una clara razón: las palabras son un fenómeno propio del pensamiento, es este el que les da significado y, si no hay una debida conexión entre la palabra y el pensamiento, conexión de carácter cualitativo, las palabras carecen de todo significado. Dicho por el propio Vygotsky (1986):

El significado de las palabras es un fenómeno del pensamiento sólo en la medida en que el pensamiento se materializa en el habla, y es un fenómeno del habla sólo en la medida en que el habla se conecta con el pensamiento y es iluminado por él. Es un fenómeno del pensamiento verbal, o de habla significativa; es la unión de la palabra y el pensamiento. (p. 198-199)

De esta idea se extrae la tesis de que el significado de las palabras no es fijo, sino que cambian y se desarrollan con el tiempo. Sin embargo, las escuelas psicológicas no siempre tuvieron arraigada esta idea. Antes se aplicaba, para explicar la relación entre el pensamiento y el lenguaje, la lógica típica de los vínculos asociativos. Esto quería decir que el significado de las palabras adquiría sentido a través de la recepción simultánea entre un sonido y un objeto. “Una palabra evoca su contenido como el abrigo de una amigo nos recuerda dicho amigo o una casa a sus habitantes” (Vygostsky, 1985, p. 199) Al ser este vinculo producido por una asociación nos encontramos con una relación cuantitativa. La asociación puede ser más intensa o más baja, y extender el significado de la palabra hacia otros objetos. Sin embargo, este razonamiento no permite un cambio en lo que Vygotsky llama “la naturaleza psicológica de la palabra”. Si se quiere entender cómo es que las palabras cambian y se desarrollan con el tiempo hay que buscar otros caminos que transitar.

Hubo otras escuelas que postularon distintos modos de comprender la relación que se daba entre la palabra y el pensamiento. Estuvieron las que postulaban que el pensamiento se daba de forma totalmente independiente de las sensaciones y las asociaciones, dándole un carácter meramente espiritual e ideal. Se proponía que las palabras eran una mera exteriorización del pensamiento, una forma de expresarlo, pero que no influía de manera alguna en este. Se seguía estudiando y comprendiendo el pensamiento como algo separado de la palabra. Al cumplir solo una función de reproducción del pensamiento, se entiende que la palabra solo expresa conceptos, sin desarrollo y cambio. Una vez que las palabras adquirían su significado llegaba a su fin el proceso de desarrollo del concepto.

Todos estos postulados sobre pensamiento y habla tiene algo en común, que los lleva a no comprender la profundidad del problema: Consideran que el habla no influye en el pensamiento, y que el pensamiento no influye en el habla. A esto se le agrega el hecho de que niegan un desarrollo y cambio cualitativo en la significación de las palabras. Es por esto que estos caminos fracasaron en su intento de dar una explicación satisfactoria a este fenómeno. Para comprender cómo se da el desarrollo de los significados y su influencia en el pensamiento hay que alejarse de estas escuelas, comenzando por considerar que estos dos elementos se construyen paralelamente en el tiempo.

Según nos dice Vygotsky, el estudio del lenguaje y, particularmente, de su conexión con el pensamiento es delicado y complejo, puesto que en esta relación existen innumerables sutilezas y dinamismos que muestran una enorme variabilidad. El camino para este desarrollo suele darse a partir de la motivación que estructura el pensamiento en lenguaje interno, luego le asigna significados para, finalmente, expresarlo de forma externa. Sin embargo, se reconoce al mismo tiempo que este está muy lejos de ser la única vía de desarrollo, más aun, propiciando su comprensión el análisis inverso de tal proceso.

Una de las claves más relevantes para la esquematización del desarrollo de estas muestras del habla resulta ser el lenguaje egocéntrico. La razón para ello es que es comprendido como una transición entre el lenguaje externo y el interiorizado, como un proceso a medio camino entre ambos y una muestra de características que terminan por devenir en el habla interna propiamente tal. Es concebido, en sí mismo, como la vocalización de procesos de orientación mental y comprensión consciente, siempre enmarcados en el ámbito de la socialización. Se habla de que se trata de una etapa en la que el niño emprende una gradual individualización, pero en la que, sin embargo, no es capaz de distinguir o separar la comunicación con los demás, hacia afuera, con aquella emitida para sí mismo. Persiste en él la sensación de que el grupo social lo comprende en esta expresión, eminentemente egocéntrica, y por ello es que se mantiene la tendencia a vocalizarlo y expresarlo de forma externa:

Con frecuencia, los niños entre tres y cinco años se hablan sólo a sí mismos mientras juegan juntos. Lo que parece una conversación resulta ser un monólogo colectivo. Pero incluso dicho monólogo colectivo no requiere ni aislamiento intencionado ni autismo. Los niños que participan en el monólogo colectivo creen que se comunican entre sí. Creen que sus pensamientos, incluso los que se expresan pobremente o no se formulan, pertenecen a todos los participantes. Esto, según Grünbaum, indica la insuficiente separación de la psique individual del niño respecto al todo social. (Vygotsky, 1986 p. 212)

Lo que da origen al habla interna, sin embargo, es el paulatino desvanecimiento de la oralidad en el lenguaje egocéntrico, y no así de su estructura, pues esta persiste en la última etapa. Se va haciendo cada vez más innecesaria la expresión exterior de los pensamientos, hasta que finalmente se retrae en un tipo de habla silenciosa, para el individuo consigo mismo, desligándola del aspecto social que desde el principio le era ajeno y que no era capaz de separar.

Así como muchas veces, durante la interacción verbal dentro del ámbito social, la comprensión de los interlocutores en cuanto al sujeto del habla permite que este mismo sea removido, para dar espacio a una forma de comunicación donde prima el predicado por sí solo, apoyado por el entendimiento mutuo, el lenguaje interno se desarrolla completamente carente de este sujeto. Puesto que se gesta de forma interna, el lenguaje es eminentemente predicativo, puesto que existe en un contexto en el que la comprensión es absoluta y las especificaciones innecesarias. Más aun, la simplificación del lenguaje empleado para este tipo de habla es tal, que sus manifestaciones se dan de forma casi absolutamente simultánea y abstracta. El sujeto puede experimentar, pensar cosas de manera tal que no se requiere de un gran desarrollo verbal para sostenerlo. Resulta ser, en el fondo, una contracción del habla al nivel del pensamiento inmerso en la conciencia individual. Tanto es así, que su expresión externa requiere de un proceso de significación y codificación posterior a la gestación del germen dentro del individuo.

De esta forma, el pensamiento y el lenguaje se entrecruzan, volviendo el uno sobre el otro en una relación compleja y dinámica, requiriéndose el uno al otro para su significación.

Tal es la condición del hombre, en su fundamentación afectiva, racional y lógica del pensamiento y el habla que el nivel de abstracción característico de él y alcanzado a través de estas facultades se torna, para el estudio de estos procesos, una dificultad. Su explicación resulta ser de una alta complejidad incluso para quienes lo experimentan e intentan manifestar su desarrollo de forma verbal. Luria nos ofrece un ejemplo bastante ilustrativo, en el que se les pide a hombres calificados que pensaran sobre el sentido de cierta frase, de forma silenciosa, y que luego hicieran el ejercicio de explicar su razonamiento a través de las palabras:

Cuando se les preguntaba a los sujetos qué experimentaban cuando sacaban conclusiones correspondientes resultó que no podían nada en absoluto acerca de ello. El proceso de pensamiento parecía tan abstracto que aparentemente no tenía ninguna base sensorial, no provocaba ninguna imagen o palabra; al contrario, más bien era preciso abstraerse de las imágenes para penetrar en la esencia de estas oraciones. (A.R Luria, 1995 p.16-17)

Las conexiones del razonamiento lógico se dan en el interior de forma simultánea, resultando en la recurrente incapacidad de atribuirle una clara racionalización. El lenguaje es capaz de expresar el pensamiento abstracto que tiene lugar en la interioridad del sujeto, en su habla interna, pero es el origen y naturaleza exacta de estas manifestaciones los que resultan muchas veces incomprensibles tanto para el sujeto en sí mismo, como para quienes han intentado estudiar y dar explicación a estos procesos a través del tiempo.

Gracias a ello, resulta para la comprensión de los procesos mentales, y posterior exteriorización de ellos, en el individuo una considerable complejidad el descubrir los misterios de la conciencia humana. Siendo el lenguaje la clave principal para la experimentación y el estudio de la interioridad del hombre, su enlace difuso y complicado resulta un obstáculo para el alcance de las metas de la psicología a este respecto. El pensamiento consciente necesita del lenguaje fabricado por el humano para poder manifestarse de forma clara, y para que este pueda ser transmitido en contextos sociales. Pero, a su vez, el lenguaje, la verbalización y la palabra requieren del pensamiento para adquirir vida, sentido y significado, por mucho que este último permita también el dar sentido a los procesos internos. Su relación es estrecha y ambivalente. Enlazados mutuamente, ambos se mueven constantemente en un ir y venir constante y recíproco. La comprensión de cada uno de ellos no se da nunca de forma aislada, ni encontrando su solución en factores que les sean externos, sino que se deben el uno al otro.

Bibliografía

-Luria, A. R. (1995) Conciencia y lenguaje. Madrid: Visor.



-Vygotsky, L. (1986) Pensamiento y lenguaje. Barcelona: Paidós.


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