Psicología de la justicia: una revisión de la literatura



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Psicología de la justicia: una revisión de la literatura

Juan José Giraldo H. y Edgar Benítez

Facultad de Derecho y Ciencias Políticas

Universidad ICESI


En este corto artículo se revisan las principales contribuciones en el tópico de la psicología de la justicia, desde un enfoque empírico y normativo con el objetivo de revisar las posibles conexiones entre los dos enfoques, ¿cómo se han relacionado las teorías normativas sobre la justicia con los estudios psicológicos de la justicia?

Referencias: Nagel, Rawls, Barry, Frolich-Oppenhamier, Montada, Piaget, Kohlberg, Haidt.


RESUMEN: Este artículo contiene un corto y profundo análisis de las posibilidades y limitaciones que presenta el estado del arte actual sobre lo que podemos considerar como el estudio de la Psicología de la Justicia y una breve descripción de la aplicabilidad del concepto de “Disonancia Cognitiva” (Konow, 2005) entre las variables o componentes de una investigación empírica sobre lo justo, en especial sobre situaciones de distribución.
Palabras Claves: Psicología de la Justicia, Disonancia Cognitiva, Justicia Distributiva
ABSTRACT: This paper contain a short but deep analysis of perspectives and limitations that an state of art of what we can call “studies in psychology of justice” and a brief description of applicability that the concept of “Cognitive Dissonance” (Konow, 2005) could have in an empirical research about what is just, especially in distributive situations.
Key Words: Psychology of justice, Cognitive dissonance, Distributive justice
Introducción

No existe un solo ámbito de la interacción entre dos o más individuos, en el cual no se invoque la justicia para declarar un profundo y primitivo deseo de obtener lo mejor para sí mismos sin perjuicio para el otro y viceversa. Sin embargo, tal deseo se ve acompañado de muchas limitaciones y dificultades cuando pasamos de lo abstracto a lo concreto en las relaciones entre individuos y más aún en comunidades. Ante tales dificultades, parece no quedar más camino que la exploración empírica de lo que resulta justo.

Para el estudio empírico de la justicia, Elster (1995) señala tres categorías principales de aproximación y referencia teórica: Estudios Descriptivos, Normativos y Explicativos.

En los estudios descriptivos, Elster señala algunas categorías (Ver Tabla 1) que resultan de interés por la claridad como asume que, de manera general, tanto actitudes como comportamientos resultan de interés para comprender el origen y la actuación de las nociones sobre “lo justo”.


Tabla 1

Estudios descriptivos de la justicia, según Elster (1995; p. 83)







Actitudes

Comportamientos

Dispositivos vida-real

(a) Análisis de contenido

(d) Justicia local; imparcialidad en decisión de salario; cobro de impuestos

Dispositivos artificiales

(b) Encuestas, experimentos

(c) Experimentos

Por otra parte, los estudios normativos se orientan sobre la fortaleza y las debilidades filosóficas de las teorías sobre la justicia. Rawls, Nozick y Dworkin entre otros (Varela, 2003), son quienes figuran como los autores de revisión obligatoria para asumir esta modalidad de estudio.

Los estudios explicativos, en cambio, tienen para Elster hasta seis tipos de argumentos que agrupan diversas investigaciones y pruebas que bajo un mismo criterio, permiten una comprensión más precisa sobre la forma como se decide de manera justa en las decisiones y actividades que se le presentan al sujeto de investigación. De estas líneas de argumentación, nos interesan de manera cercana y precisa, dos líneas específicas.

Una primera línea (tercera en el documento original de Elster, 1995) relaciona los conceptos de interés central y asociados a la noción de justicia, sobre las características (e.g., socio-económicas) y componentes de los procesos cognitivos del individuo (e.g., creencias, deseos, intenciones). Estos componentes serían en esta línea, de mayor relevancia que la variabilidad del contexto o de los bienes que se someten a consideración del sujeto distribuidor. En este sentido, tanto la edad, el género y la nacionalidad, se han sugerido como determinantes de una noción individual de justicia. Los trabajos de Piaget y Kohlberg resultan indispensables para comprender esta línea de argumentación.

Piaget (1932/1971) proponía una evolución, que parte de una justicia Retributiva (por sanción), hasta el desarrollo del sentido moral, que permite una noción Distributiva de la justicia, exigida según Piaget, por un deseo de equidad (Mifsud, 1985; pág. 75). Esta concepción implica, como es obvio, una revisión sobre las relaciones entre el sentido moral y la noción de justicia. Esta revisión se ha realizado desde diversas perspectivas: evolutivas (Hauser, 2007), neurológicas (Moll et. al, 2005) y comportamentales (Kohlberg y Candee, 1984).

La perspectiva de análisis comportamental implica que se consideren hasta tres dimensiones bien diferenciadas (Morris, 1998): a) el análisis experimental del comportamiento, para la investigación básica encargada de descubrir los procesos comportamentales fundamentales; b) el análisis comportamental aplicado, para la aplicación de estos procesos, tecnologías derivadas y métodos de investigación en problemas clínicos y de comunidades; c) el análisis conceptual del comportamiento para investigaciones de orden histórico, filosófico, teórico y metodológico.
En esta última dimensión, se puede someter el comportamiento justo a un análisis de la acción moral y bajo esta condición, proponer un modelo de costo/beneficio sobre las consecuencias de la acción del sujeto (Villegas, 1995; pág. 465). Estos elementos llevan a sugerir el paso de una acción moral estratégica hasta una acción de principios éticos y solidarios. Hasta ahora, la psicología que mayor atención ha dispuesto para tal paso, es la psicología del desarrollo moral (Kohlberg y Candee, 1984; Kolhberg, 1992; Kolhberg, Power, y Higgins, 1997; Mifsud, 1985; Piaget, 1932/1971).

Si aprovechamos esta condición de análisis sobre la acción moral, tendríamos que preguntarnos la manera cómo los modelos teóricos de instituciones sociales justas, como el igualitarismo y la imparcialidad, se ajustan como estructuras que nos permiten describir un comportamiento justo de los individuos y así, proponer modelos empíricos de decisiones justas que se observarían en el comportamiento de los individuos (Nagel, 1996).



Sin embargo, semejante propuesta nos lleva a preguntas más demandantes: ¿Son las estructuras mentales o cognitivas de las motivaciones y creencias de los individuos sobre lo justo las que adaptan o vinculan al tipo de estructuras institucionales justas? Esta pregunta se justifica en la búsqueda de correspondencias entre las reglas y normas de las instituciones propuestas por Rawls, Nozick y Dworkin y el comportamiento individual y social que se observa en los individuos; con algunas respuestas a lo anterior, podrían proponerse análisis más precisos sobre los cambios y transformaciones que pueden llegar a requerir las creencias de los individuos sobre lo justo y las instituciones justas.

Figura 1. Evolución de las estructuras individuales del sentido moral y la cooperación del individuo

La otra línea de argumentos de nuestro interés, siguiendo a Elster (1997), se refiere a las evidencias que los juegos económicos experimentales (Binmore, 2007), los cuales aportan sobre la manera como muchas decisiones distributivas, no demuestran con claridad que los sujetos de estudio se orienten exclusivamente por intereses egoístas (self-interest). Al parecer, los jugadores de juegos como el dictador y el ultimátum, se suscriben a normas que corresponden de manera óptima con una justicia distributiva, en vez de maximizar sus intereses más egoístas (Camerer & Fehr, 2004). De aquí nuestra cercanía e interés por los juegos económicos experimentales mencionados. Sin embargo, la presentación que los economistas hacen en la reducción analítica de conceptos como la reciprocidad y el altruismo, junto con las interpretaciones que buscan modelar las preferencias individuales y que son derivadas de los resultados experimentales, son cuestionables (Binmore, 2007; Elster, 2005) y no pueden menos que interesar a otras disciplinas que estudian y explican el comportamiento racional, por ejemplo, la psicología cognitiva (Thagard, 2008).

Un problema para validar este interés que involucra a la psicología, es la aridez conceptual, analítica y metodológica que se ofrece en la actualidad. De hecho, una búsqueda en Google (29 abril 2009) para la frase “Psicología de la Justicia”, registra 47 resultados y la búsqueda de “Psychology of Justice”, unos 120.000 resultados1. Estos últimos resultados, lo encabeza una reseña de los profesores Fiery Cushman, Liane Young y Marc Hauser sobre el libro Natural Justice (2005) de Kennet Binmore, e inmediatamente después un artículo que no tiene ninguna relación con los temas que hemos estado mencionando2. Por fuera de la red y en español, una grata impresión deja la quinta edición de Psicología Social (2004, México: Trillas) de Rodríguez, Assmar y Jablonski. El capítulo ocho se titula “Justicia en las relaciones sociales” y reseña de manera generosa, los dos tópicos de interés habitual para la Psicología Social: La justicia distributiva (Homans, 1974; Adams, 1965; Walster, 1973; Deutsch, 1975, 1985) y la justicia procesal (Thibaut y Walker, 1975). En ingles, el texto del profesor Leo Montada (2003) sobre justicia, equidad y “fairness” en las relaciones humanas, asume además de los tópicos del texto mencionado en español, aspectos relacionados con la justicia retributiva (Miller & Vidmar, 1981; Montada & Kirchhoff, 2000; Ohbuchi et al., 1989; Orth, 2000), la justicia de sistemas sociales y políticos (Griffith, Parker & Törnblom, 1993; Russell, 2000; Taylor & Moghaddam, 1994) y la justicia como una construcción personal y social (Cohen, 1989; Lerner, 1998; Shweder & Haidt, 1993).

Como ya se anticipa, nos centraremos tanto en la Justicia distributiva como en la justicia como una construcción personal y social, en especial para señalar como el principio de Equidad (Adams, 1965) que se registra como una regla de preferencia en situaciones de distribución justa, no es la única ni la más fuerte opción en los análisis de resultados empíricos. De manera general, la equidad implica que las recompensas sean proporcionales a las contribuciones o esfuerzo del agente (p. ej., mérito) y que esta proporcionalidad sea evaluada al comparar bajo una misma unidad, la proporción propia con la de otro(s) agente(s). Para considerar una situación como justa, las proporciones deben ser equivalentes. Esto no es suficiente para modelar y comprender mejor las preferencias individuales (Mikula, 1980), entre otras razones, porque en diversas situaciones experimentales, se ha encontrado que los agentes observados aplican otras reglas distributivas diferentes de la equidad, tales como (Steiner, Trahan, Haptonstahl y Fointiat, 2006).

La insuficiencia de una perspectiva unidimensional sobre las distribuciones justas, principalmente desde una teoría de la equidad, puede situarse desde dos líneas principales de argumentación (Mikula, 1980): primero, se tiende a anular objetivos que pueden competir y de hecho desplazar las creencias sobre los justo como principal motivo de acción distributiva, por ejemplo la ayuda a los demás, la aprobación social, los objetivos comunes o al largo plazo de una comunidad; en segundo lugar, cuando se asume la norma de la equidad como única razón para una distribución justa, se puede simplificar de manera excesiva un fenómeno tan complejo y multifacético como la justicia.




1 Esta abultada cifra está lejos de ser significativa. El término “Psychology” invoca 158.000.000 direcciones electrónicas y “Justice” a cerca de 238.000.000; desde luego, el número que corresponde con “Psychology of Justice”, no puede considerarse notable.

2 The Science of Eyewitness Testimony, publicada en Los Angeles Lawyer Magazine, en octubre de 2007.


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