Progreso y Miseria


Negación de Acceso a la Tierra



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Negación de Acceso a la Tierra

Cuando decimos que el trabajo crea riqueza, hablamos metafóricamente. El hombre no crea nada. Toda la raza humana, aunque trabajase eternamente, no podría crear la más tenue mota que flota en un rayo de sol, no podría hacer ni un átomo más pesado o más ligera nuestro rodante planeta. El trabajo, al producir riqueza con auxilio de las fuerzas naturales, no hace sino elaborar materia preexistente, dándole las formas deseadas, y por consiguiente ha de tener acceso a estas materias y a estas fuerzas, es decir, a la tierra. La tierra es la fuente de toda riqueza. Es la mina de donde ha de ser extraído el mineral que el trabajo moldea. Es la sustancia a la cual el trabajo da forma. Y, por esto, si el trabajo no puede satisfacer sus deseos, ¿no podemos deducir con certeza que no puede ser por otra causa sino porque al trabajo se le ha negado acceso a la tierra?

Cuando en todos los oficios hay lo que llamamos escasez de ocupación, cuando en todas partes se disipa el trabajo, mientras el deseo queda insatisfecho, el obstáculo que impide al trabajo producir la riqueza que necesita ¿no ha de residir en los cimientos de la estructura de la producción? Estos cimientos son la tierra. No son modistas, constructores de óptica, doradores y pulidores los que fundan nuevas colonias. No iban mineros a California o a Australia porque allí hubiesen zapateros, sastres, maquinistas e impresores, sino que estos oficios siguieron a los mineros. No es el tendero la causa del labrador, sino el labrador el que hace venir al tendero. No es el crecimiento de la ciudad lo que desarrolla el campo; es el desarrollo del campo lo que hace crecer la ciudad.

Si a los actuales desocupados se les diera oportunidad para extraer riqueza de la tierra, no sólo se emplearían ellos, sino que darían ocupación a los mecánicos de la ciudad, clientela a los tenderos, negocio a los comerciantes, público a los teatros y subscritores y anuncios a los periódicos. No quiero decir que cada desocupado podría hacerse labrador o construirse él mismo una casa, si tuviese tierra; sino que bastante de ellos podrían y querrían hacerlo, dando así empleo a los demás. ¿Qué impide, pues, al trabajo emplearse así mismo en esta tierra? Sencillamente, que ésta ha sido monopolizada y es retenida a precios especulativos que se fundan, no en su valor actual, sino en el valor que adquirirá con el futuro aumento de la población.

Recuerde el lector que son solamente las causas esenciales y marcha general de las crisis económicas lo que estamos procurando descubrir o que en realidad es posible descubrir con alguna exactitud. La Economía Política sólo puede tratar y sólo necesita tratar de tendencias generales. Las fuerzas derivadas son tan multiformes, las acciones y reacciones son tan variadas, que el carácter exacto de los fenómenos no se puede predecir. Sabemos que si se corta de parte a parte un árbol, caerá, pero la dirección precisa será determinada por la inclinación del tronco, la expansión de las ramas, el impacto de los golpes, la dirección y fuerza del viento; y ni siquiera un pájaro posado en una ramita o una asustada ardilla que salta de rama en rama dejarían de influir. Sabemos que una ofensa promoverá un resentimiento en el alma humana, pero para decir hasta qué punto y de qué modo este efecto se manifestará, se necesitaría una síntesis que abarcase todo el hombre y todo su ambiente pasado y presente.

Los fenómenos sociales que en todo el mundo civilizado asustan al filántropo y desconciertan al hombre de Estado, que anublan el futuro de los pueblos más adelantados y sugieren dudas sobre la realidad y el objetivo final de lo que, nos complace llamar progreso, quedan ahora explicados.

La razón por la cual, a pesar del aumento del poder productivo, los salarios tienden constantemente a un mínimum que sólo permite una mísera existencia, es que, con el aumento del poder productivo, la renta tiende a crecer aún más, produciendo de este modo una constante tendencia a la baja de los salarios.

Esta explicación está de acuerdo con todos los hechos.



CAPITULO 14

PERSISTENCIA DE POBREZA
EN MEDIO DEL AUMENTO DE LA RIQUEZA

Echad una mirada al mundo actual. En las naciones más diferentes en las más diversas condiciones de gobierno, industrias, aduanas y monedas, encontraréis pobreza entre las clases trabajadoras; pero donde quiera que halléis así apuros y privaciones en medio de la riqueza, veréis que la tierra está monopolizada; que para emplearla para el trabajo, se arrancan grandes rentas de las ganancias de éste.

Echad una mirada al mundo actual comparando diferentes países, y veréis que no es la abundancia de capital ni la productividad del trabajo lo que hace los salarios altos o bajos, sino el grado en que los monopolizadores de tierra pueden exigir, como renta, tributos sobre las ganancias del trabajo.

¿No es un hecho que los países nuevos, donde la riqueza conjunta es poca, pero la tierra es barata, siempre son mejores, para las clases trabajadoras, que los países ricos, donde la tierra es cara?

En las nuevas colonizaciones, en que la tierra es barata, no encontraréis mendigos, y a las desigualdades de posición son muy ligeras. En las grandes ciudades, en las que la tierra vale tanto que se mide por pies, encontraréis los extremos de la pobreza y del lujo. Y esta disparidad de situación entre los dos extremos de la escala social, siempre se puede medir por el precio de la tierra. Comparad diferentes épocas de un mismo país, y la misma relación es evidente.

No hay, por ejemplo, misterio alguno respecto a la causa que tan súbita e intensamente subió los salarios en California en 1849. Fue el descubrimiento de los filones de oro en tierra sin dueño, de libre acceso al trabajo, lo que subió a quinientos dólares al mes el salario de los cocineros en los restaurantes de San Francisco y dejó los buques pudriéndose en el puerto, sin oficialidad ni tripulación, hasta que sus dueños decidieron pagar sueldos que en cualquier otra parte del mundo parecían fabulosos. Si aquellas minas hubiesen estado en tierra adueñada o hubiesen sido inmediatamente monopolizadas, de modo que hubiese podido surgir renta, los que habrían crecido a saltos, habrían sido los valores de la tierra, no los salarios. La veta de Comstock (Nota) ha sido más rica que aquellos filones, pero pronto fue monopolizada, y solamente gracias a la fuerte organización de la asociación de los mineros y al temor al perjuicio que ésta podía causar, pudieron los trabajadores ganar cuatro dólares al día por asarse a seiscientos metros bajo tierra, adonde se había de inyectar con bombas el aire que respiraban.



(Nota) La Comstock Lode, famosa mina de plata de Nevada (Estados Unidos) descubierta en 1859.

La riqueza de la veta de Comstock ha aumentado la renta. El precio de venta de estas minas ha llegado a centenares de millones y ha producido fortunas individuales cuyos réditos mensuales sólo pueden evaluarse en cientos de miles, si no en millones.

Tampoco hay misterio alguno en la causa que ha reducido los salarios en California desde el máximo de los primeros tiempos hasta un nivel muy próximo al de los salarios de los Estados del Este. La productividad del trabajo no disminuyó, sino que, por el contrario, aumentó; pero, de lo que producía, el trabajo tuvo que pagar renta. Cuando los filones se agotaron, el trabajo tuvo que recurrir a minas más profundas y a la tierra agrícola, pero, habiéndose permitido monopolizar estos recursos, los hombres recorrían las calles de San Francisco dispuestos a trabajar a cualquier precio, porque las oportunidades naturales ya no estaban libres para el trabajo.



La Isla de la Libre Oportunidad

A alguien capaz de razonar bien, hacedle esta pregunta: «Supongamos que, del Canal de la Mancha o del Mar del Norte, emerge una tierra sin dueño, en la cual el trabajo ordinario, en cantidad ilimitada, pudiese ganar el doble o el triple del salario actual, quedando la tierra sin apropiar y de libre acceso, como las tierras municipales que en épocas pasadas abarcaban tan gran parte del suelo inglés. ¿Cuál sería el efecto sobre los salarios en Inglaterra?

En seguida os contestará que los salarios ordinarios en toda Inglaterra pronto subirían hasta el equivalente de lo que se pudiese ganar en aquella tierra.

Y en contestación a esta otra pregunta, «¿Cuál sería el efecto sobre las rentas?», después de un momento de reflexión, os dirá que forzosamente las rentas bajarían; y si deduce lo que viene después, os dirá que todo esto ocurriría sin que ninguna parte importante del trabajo inglés se desviara hacia las nuevas oportunidades naturales y sin que la forma y dirección de la industria variase mucho; abandonándose sólo aquella clase de producción que ahora rinde al trabajo y al propietario juntos menos de lo que el trabajo pudiese procurarse en las nuevas oportunidades. El alza de los salarios tendría lugar a costa de la renta.

Tomad al mismo individuo o a otro, algún dicho negociante que no esté por teorías, pero que sepa cómo ganar dinero. Decidle: «He aquí una aldehuela; dentro de diez años tendrá en abundancia toda suerte de maquinarias y adelantos de los que tan enormemente multiplican el poder efectivo del trabajo. Dentro de diez años, el interés ¿será más alto?»

Os dirá: «¡No!»

«¿Serán más altos los salarios del trabajo corriente? A un hombre que no tenga sino su trabajo, ¿le será más fácil lograr una vida independiente?»

Os dirá: «No; los salarios del trabajo ordinario no serán más altos; al contrario, lo más probable es que sean más bajos; no le será más fácil al simple trabajador el crearse una vida independiente; probablemente le será más difícil.»

«Entonces, ¿qué será más alto?»

«La renta; el valor de la tierra. Id, procuraos una porción de tierra y guardadla en vuestro poder.»

Y si, en estas circunstancias, seguís su consejo, no necesitáis nada más. Podéis sentaros y fumar vuestra pipa; podéis tumbaros como los lazzaroni de Nápoles o los léperos de Méjico; podéis iros en globo o meteros en un hoyo bajo tierra; y sin hacer ni pizca de trabajo, sin añadir ni un ápice a la riqueza de la sociedad, al cabo de diez años seréis ricos. En la nueva ciudad podréis tener una lujosa mansión; pero entre sus edificios públicos habrá un hospicio.

El Dibujo Aclarado

En nuestra investigación hemos avanzado hacia esta verdad: como que la tierra es necesaria para aplicar el trabajo a la producción de riqueza, dominar la tierra que aquél necesita es dominar todos los frutos del mismo, excepto lo suficiente para que el trabajo pueda existir. Esta sencilla verdad, en su aplicación a los problemas sociales y políticos, se oculta a las grandes multitudes, en parte por su misma sencillez y en parte por las falsedades divulgadas y hábitos erróneos del pensamiento, que llevan a buscar en todas direcciones, menos en la correcta, la explicación de los males que oprimen y amenazan al mundo civilizado. Y detrás de estas laboriosas falacias y engañosas teorías hay un poder activo, enérgico, un poder que en cada país, cualquiera que sea su forma política, dicta leyes y moldea las ideas, el poder de un interés pecuniario vasto y dominante.

Pero tan sencilla y tan clara es esta verdad, que el verla plenamente una vez es reconocerla para siempre. Hay dibujos que, mirados una y otra vez, sólo presentan un confuso laberinto de líneas o rasgos, un paisaje, árboles o algo parecido, hasta que la atención se fija en que estas cosas forman una cara o una figura. Una vez hallada esta relación, siempre más queda clara. Así ocurre en este caso.

A la luz de aquella verdad, todos los hechos sociales se agrupan en una relación ordenada y se ve que los más diversos fenómenos surgen de un gran principio. No es en las relaciones entre capital y trabajo, no es en la presión de la población contra las subsistencias donde se ha de hallar una explicación del desigual desarrollo de nuestra civilización. La gran causa de la desigualdad en la distribución de la riqueza, es la desigualdad en la propiedad de la tierra.

La propiedad de la tierra es el gran hecho fundamental que, en definitiva, determina la condición social, política y, por consiguiente, intelectual y moral de un pueblo. Y ha de ser así. Porque la tierra es la morada del hombre, el almacén de donde ha de sacar todo lo que él necesita, el material al cual ha de aplicar el trabajo para satisfacer todos sus deseos; pues ni siquiera se pueden tomar los productos del mar, disfrutar de la luz del sol ni utilizar ninguna de las fuerzas de la naturaleza, sin usar la tierra o sus productos. Sobre la tierra nacemos, de ella vivimos, a ella volvemos, hijos del suelo tan de veras como la hoja de hierba o la flor del campo. Quitad al hombre todo lo que pertenece a la tierra y sólo queda un espíritu incorpóreo.

El progreso material no puede independizarnos de la tierra; no puede sino aumentar el poder de producir riqueza con ella; y por esto, cuando la tierra está monopolizada, aquél puede avanzar hasta el infinito sin elevar los salarios ni mejorar la condición de los que sólo disponen de su trabajo. No puede sino aumentar el valor de la tierra y el poder conferido por la posesión de la misma.

Siempre, en todos los tiempos, en todos los pueblos, la posesión de la tierra es la base de la aristocracia, el cimiento de las grandes fortunas, la fuente del poder. Como, en edades remotas, dijeron los Brahmanes:

«A quienquiera que en cualquier tiempo el suelo pertenezca, a él pertenecen sus frutos. Quitasoles blancos y elefantes locos de orgullo son las flores de una donación de tierra.»




CAPITULO 15

EXAMEN DE ALGUNOS REMEDIOS PROPUESTOS

El remedio que nuestras conclusiones señalan es a la vez radical y sencillo; por una parte, tan radical que no se examinará imparcialmente mientras quede alguna fe en la eficacia de medidas menos enérgicas; por otra parte, tan sencillo, que probablemente se desdeñará su verdadera eficacia y alcance, mientras no se tenga en cuenta el efecto de medidas más complicadas.

Hay muchas personas que todavía mantienen una cómoda creencia en que el progreso material acabará por extirpar la pobreza, y hay muchos que consideran una prudente restricción del aumento de población como el remedio más eficaz; pero la falsedad de estas opiniones ya ha quedado bien demostrada.

Examinemos ahora lo que se puede esperar de: 1) una mayor economía en el gobierno; 2) mejores hábitos de laboriosidad y ahorro, y mejor instrucción de las clases trabajadoras; 3) la coalición de los trabajadores para aumentar los salarios; 4) la cooperación del trabajo y el capital; 5) la dirección e intervención gubernamental; 6) una más general distribución de tierra.



Mayor Economía en el Gobierno

El malestar social se ha atribuido en gran parte a las inmensas cargas que los actuales gobiernos imponen, las grandes deudas, los presupuestos militares y navales, la prodigalidad propia de los gobernantes tanto republicanos como monárquicos y especialmente característica de la administración de las grandes ciudades. Parece, pues, haber una evidente relación entre las inmensas sumas que así se sacan del pueblo y las privaciones de las clases más bajas y, viéndolo superficialmente, parece natural suponer que una reducción en esas enormes cargas inútiles, facilitarla al más pobre el ganarse la vida. Pero, al examinar esta cuestión a la luz de los principios económicos anteriormente expuestos, se ve que no resultaría así. Una reducción en la cantidad que los impuestos substraen del producto total, equivaldría simplemente a un aumento del poder productivo neto. De hecho aumentaría el poder productivo, del mismo modo que lo aumentan la mayor densidad de población y el perfeccionamiento de las artes. Y así como, en este caso, la ventaja va a parar a los propietarios de la tierra, también va a éstos la ventaja en aquel otro.

La situación de quienes viven de su trabajo, no mejoraría en definitiva. Un confuso presentimiento de ello cunde entre las masas. Los que no tienen sino su trabajo, se preocupan poco de la prodigalidad del gobierno y, en muchos casos, están dispuestos a mirarla como una cosa buena, que «da trabajo» o «hace correr el dinero».

Entendedme bien. No digo que la buena administración gubernamental no sea deseable, sino sencillamente que la reducción en los gastos del gobierno no puede actuar directamente extirpando la pobreza y aumentando los salarios, mientras la tierra esté monopolizada.

Si bien esto es cierto, sin embargo, aun por lo que sólo se refiere a la conveniencia de las clases bajas, no se debe escatimar ningún esfuerzo encaminado a reprimir gastos inútiles. Cuanto más complejo y pródigo se vuelve el gobierno, tanto más se convierte en un poder distinto e independiente del pueblo, y tanto más difícil es llevar a una decisión popular las cuestiones de verdadero interés general. Tan grande es el influjo del dinero en la política, tan importantes los intereses personales comprometidos en ella, que el elector promedio, con sus prejuicios, partidismos y conceptos generales, sólo presta poca atención a las cuestiones fundamentales de gobierno. Si no fuese así, no habrían sobrevivido tantos abusos antiguos ni se habrían podido añadir tantos nuevos. Todo lo que tienda a simplificar y abaratar el gobierno, tiende a someterlo a la vigilancia popular y a dar la preferencia a las cuestiones de verdadera importancia. Pero ninguna reducción de los gastos de gobierno puede por sí misma curar o mitigar los males que nacen de una constante tendencia a la desigual distribución de la riqueza.

Mejores Hábitos de Laboriosidad y Ahorro

Hay y ha habido siempre entre las clases más acomodadas una general creencia en que la pobreza y el sufrimiento de las masas son debidos a su falta de laboriosidad, sobriedad e inteligencia. Esta creencia, que atenúa el sentimiento de responsabilidad, a la vez que halaga, sugiriendo una idea de superioridad, es completamente natural para quienes pueden atribuir su mejor situación a la mayor laboriosidad y sobriedad que les ha dado una ventaja inicial, y a la superior inteligencia que les ha permitido aprovechar las buenas ocasiones.

Pero cualquiera que haya entendido bien las leyes de la distribución de la riqueza, que se han averiguado en capítulos anteriores, verá el error de esta opinión. Pues, cuando la tierra adquiere un valor, los salarios, como hemos visto, no dependen de los verdaderos frutos o productos del trabajo, sino de lo que queda al trabajo, una vez descontada la renta; y cuando toda la tierra está monopolizada, la renta ha de bajar los salarios hasta el punto en que las clases menos pagadas apenas puedan vivir. De este modo los salarios se reducen a un mínimo fijado por lo que se llama nivel de vida o sea, la cantidad de artículos de necesidad que, por la costumbre, los trabajadores exigen como lo menos que aceptarán. Siendo así, la laboriosidad, destreza, sobriedad e inteligencia sólo pueden ser provechosos al individuo en tanto que excedan del promedio general, del mismo modo que en una carrera, la velocidad sólo aprovechará al corredor en cuanto exceda la de sus competidores. Si un hombre trabaja con ahínco, destreza o inteligencias mayores que los usuales, prosperará; pero si se eleva el promedio de la laboriosidad, destreza o inteligencia, la mayor intensidad del esfuerzo sólo asegurará el antiguo nivel de salarios, y el que quiera sobrepasarlo tendrá que trabajar aún con más tesón.

Un individuo puede ahorrar dinero de sus salarios, y muchas familias pobres podrían vivir más desahogadamente, si se les enseñara a preparar comidas baratas. Pero si toda la clase obrera se pusiese a vivir de esta manera, los salarios acabarían por bajar en proporción, y el que quisiese salir adelante practicando el ahorro o atenuar la pobreza enseñando a ahorrar, se vería obligado a idear una manera aún más barata de mantener juntos el cuerpo y el alma. Si en las circunstancias actuales, los operarios americanos se redujesen al nivel de vida chino, sus salarios acabarían por bajar hasta el promedio de los salarios chinos; si los trabajadores ingleses se contentasen con la dieta de arroz y la escasa indumentaria de los bengaleses, pronto el trabajo sería tan mal pagado en Inglaterra como en Bengala. De la adopción de las patatas en Irlanda se esperó un mejoramiento de la situación de las clases más pobres, por aumentar la diferencia entre el salario recibido y el costo de la vida. El resultado fue un alza de la renta y un descenso de los salarios y, con la peste de las patata, los estragos del hambre en un pueblo que ya había reducido tanto su nivel de vida, que el paso siguiente fue la muerte.

Y, así, si un individuo trabaja más horas que el promedio, aumentará su salario; pero los salarios de todos no se pueden aumentar de esta manera. En las ocupaciones en que la jornada de trabajo es larga, el salario no es más alto que en las de jornada corta; generalmente ocurre lo contrario; porque cuanto más larga es la jornada, más desamparado está el trabajador, menos tiempo tiene para mirar en torno suyo y desarrollar otras facultades que las que su trabajo requiere; tanto menor resulta su posibilidad para cambiar de ocupación o sacar partido de las circunstancias, Y así, un trabajador, con la ayuda de su mujer y sus hijos, puede aumentar sus ingresos, pero cuando es habitual que la mujer y los hijos complementen el trabajo, el salario ganado por toda la familia no excede, por término medio, al salario del jefe de familia en ocupaciones donde es costumbre que sólo él trabaje.

Mejor Instrucción

Respecto a los efectos de la instrucción, es evidente que la inteligencia, que es o debería ser su finalidad, en tanto que no incite y facilite a las masas descubrir y suprimir la causa de la injusta distribución de la riqueza, sólo puede actuar en los salarios aumentando el poder productivo del trabajo. Da el mismo resultado que una mayor destreza o laboriosidad. Y sólo puede elevar el salario del individuo en cuanto le hace superior a los demás. Cuando leer y escribir eran una habilidad poco frecuente, un escribiente alcanzaba gran estima y alto salario, pero ahora el saber leer y escribir está tan generalizado que ya no reporta ninguna ventaja. Excepto en cuanto produce en los hombres descontento por un estado de cosas que condena a los productores a una vida de fatigas, mientras que quienes no producen se mecen en el lujo, la difusión de los conocimientos no puede tender a subir los salarios en general ni a mejorar de ninguna manera la situación de la clase más baja.

Una mayor laboriosidad y destreza, una mayor prudencia y una más elevada inteligencia van, por regla general, asociadas a una mejor situación material de las clases trabajadoras; pero que esto es un efecto y no la causa, se ve por la relación entre los hechos. Donde quiera que la situación material de las clases trabajadoras ha mejorado, ha seguido el mejoramiento de sus cualidades personales y donde quiera que la situación material ha descendido, aquellas cualidades han decaído.

El hecho es que las cualidades que elevan al hombre sobre los animales, están superpuestas a las que comparte con éstos y que solamente en tanto que se ve libre de las exigencias de su naturaleza animal, pueden desarrollarse sus cualidades intelectuales y morales. Obligad a un hombre a fatigarse por las exigencias de la vida animal y perderá el estímulo para la laboriosidad, progenitora de la destreza, y sólo hará lo que esté obligado a hacer. Ponedle en una situación que no pueda ser mucho peor, con pocas esperanzas de mejorarla mucho por más que haga y este hombre ya no mirará más allá del día presente.

Verdad es que el mejoramiento de la situación material de un pueblo o una clase puede no manifestarse en seguida en el mejoramiento intelectual y moral. El aumento de salarios puede al principio invertirse en holganza y derroche. Pero al cabo aportará un aumento de laboriosidad, destreza, inteligencia y ahorro. Comparaciones entre países diferentes; entre clases distintas de un mismo país; entre la misma gente en épocas diferentes; y entre las situaciones de unas mismas personas, cuando las ha cambiado la emigración, muestran, como invariable resultado, que las cualidades personales de que estamos hablando aparecen cuando la situación material mejora y desaparecen cuando ésta decae. Para hacer a un pueblo laborioso, prudente, hábil e inteligente, se ha de redimir de la penuria. Si queréis que el esclavo tenga las virtudes del hombre libre, primeramente tenéis que hacerle libre.



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