Progreso y Miseria


Inferencias de los Hechos



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Inferencias de los Hechos

Respaldada, al parecer, por una indiscutible verdad aritmética (que una, población que aumenta sin parar, algún día ha de sobrepasar la capacidad mundial de suministrar comida o incluso espacio ocupable), la teoría malthusiana es apoyada por analogías en los reinos animal y vegetal, en los cuales se despilfarra vida en el choque contra las barreras que refrenan sus diversas especies. Aparentemente, la comprueban muchos hechos evidentes, tales como la miseria, el vicio y el infortunio que prevalecen en medio de las poblaciones densas, el efecto general del progreso material, que aumenta la población sin aliviar el pauperismo, el rápido crecimiento demográfico en los países recién colonizados y el evidente retardo de dicho crecimiento en los densamente poblados, debido a la mortalidad en las clases condenadas a la escasez.

La teoría malthusiana aporta un principio general que tiene en cuenta aquellos hechos y otros semejantes y los explica de acuerdo con la doctrina de que los salarios proceden del capital y con todos los principios que de ésta se derivan. Según esta teoría, los salarios bajan cuando el aumento del número de trabajadores exige una mayor repartición del capital. Según la teoría malthusiana, la pobreza aparece cuando el aumento de la población exige una mayor repartición de las subsistencias. Basta identificar el capital con las subsistencias y el número de trabajadores con la población, para hacer ambas teorías tan idénticas en la forma como lo son en el fondo.

Ricardo aportó a esta teoría un apoyo adicional al llamar la atención sobre el hecho de que la renta de la tierra aumentaría a medida que las necesidades de una población creciente obligasen a cultivar tierras cada vez menos productivas o puntos cada vez menos productivos de las mismas tierras, explicando así el aumento de la renta. De esta manera se vino a formar como una triple unión por la cual la teoría malthusiana se afianza por ambos lados. En este conjunto, la previa doctrina del salario y la ulterior doctrina de la renta aparecen como ejemplos especiales de la acción del principio que lleva el nombre de Malthus, puesto que la baja de los salarios y la subida de la renta, resultantes del aumento de población, no son sino muestras de la presión de la población sobre las subsistencias.

Como la teoría de los salarios en que se apoya y que a su vez apoya, la teoría malthusiana armoniza con ideas que, por lo menos en los países viejos, suelen prevalecer entre la clase obrera. Para el artesano o el operario, la causa de los salarios bajos y de la falta de empleo es, sin duda, la competencia debida a la presión del número; y, en las angostas moradas de la pobreza, ¿qué parece más claro que el haber demasiada gente?

La Teoría Malthusiana Exculpa al Rico

Pero la gran causa del triunfo de esta teoría es que, en vez de amenazar derechos adquiridos u oponerse a intereses poderosos, es altamente tranquilizadora y confortante para las clases que, ejerciendo el poder de la riqueza, dominan extensamente las ideas. En una época en que los puntales del pasado se derrumbaban, vino en socorro de los privilegios particulares por los cuales unos pocos monopolizan tan gran parte de los bienes de este mundo; proclamaba una causa natural de la escasez y los sufrimientos que, si se atribuyen a instituciones políticas, deben desaprobar todo gobierno bajo el cual existen.

El «Ensayo sobre la población» fue abiertamente una réplica a la Investigación sobre la justicia política, de William Godwin, obra que afirmaba el principio de la igualdad humana; y el propósito de Malthus fue justificar la desigualdad existente, haciendo responsables de ella las leyes del Creador en vez de las instituciones humanas. Nada nuevo hubo en esto, ya que, unos cuarenta años antes, Wallace había alegado el peligro de una excesiva procreación, como respuesta a las exigencias de la justicia en favor de una distribución equitativa de la riqueza. Pero las circunstancias de la época eran a propósito para hacer la misma idea, al aducirla Malthus, singularmente agradable a una clase poderosa que frente a todo examen de la situación reinante, sentía el gran temor provocado por el estallido de la Revolución Francesa.

Alega que la Pobreza es Inevitable

Ahora, igual que entonces, la teoría malthusiana esquiva la petición de reformas y frente a dudas o escrúpulos, ampara el egoísmo al interponer la idea de una fatalidad inevitable. Pues, según esta teoría, la pobreza, la escasez y el hambre no son imputables a la codicia personal o a desarreglos sociales; son los inevitables resultados de leyes universales, y luchar contra éstas sería, si no impío, tan inútil como luchar contra la ley de la gravedad. Y de este modo las reformas que afectarían a los intereses de cualquier clase poderosa se desalientan por inútiles. Puesto que la ley moral prohíbe anticipar los métodos por los cuales la ley natural se libra del exceso de población y reprime así una tendencia capaz de atestar de hombres el mundo, como sardinas en barril, nada puede realmente hacer el esfuerzo individual o colectivo para extirpar la pobreza, salvo confiar en la eficacia de la educación y exhortar a la prudencia.

En una u otra forma, la teoría malthusiana ha hallado entre los intelectuales un apoyo casi universal y en la mejor literatura, así como en la más corriente, se la ve asomar en todas direcciones. La apoyan economistas y estadistas, historiadores y naturalistas, congresos de sociología y sindicatos obreros, eclesiásticos y materialistas, conservadores de la más severa doctrina y los radicales más radicales. La aceptan y hasta la defienden habitualmente muchos que nunca oyeron hablar de Malthus y que no tienen la menor idea de lo que es su teoría.

Hechos Contrarios a la Teoría de Malthus

La mayor parte del Ensayo sobre la población se ocupa en lo que en realidad es una refutación de la teoría expuesta en el libro, porque al revisar Malthus lo que llama freno positivo de la población, demuestra simplemente que los resultados que atribuye a la superpoblación, derivan en realidad de otras causas. De todos los casos citados en que el vicio y la miseria frenan el aumento, limitando los matrimonios o acortando la vida humana (y casi todo el globo se omitió en el examen), no hay ni un solo caso en que el vicio y la miseria se puedan explicar por un efectivo aumento del número de bocas respecto al poder de las correspondientes manos para alimentarlas; pero en todos los casos el vicio y la miseria se muestran procedentes, ya de la ignorancia y capacidad antisociales, ya del mal gobierno, leyes injustas o guerras destructoras.

Ni lo que Malthus dejó de mostrar, lo ha mostrado nadie después. Se puede inspeccionar el mundo y revisar la historia en vano, buscando algún ejemplo de un país importante en el cual la pobreza y la necesidad puedan ser atribuidas con justicia a la presión de una población creciente. Cualesquiera que sean los posibles peligros del poder procreador, todavía no han aparecido en ninguna parte. Cualquiera que sea algún día, aún no ha sido nunca éste el mal que ha afligido a la humanidad. ¡La población tendiendo a sobrepasar el limite de la subsistencia! ¿Cómo es, pues, que nuestro globo, después de tantos millones de años de haber hombres en él, está aún tan poco poblado? ¿Cómo es, pues, que tantas de las colmenas de la vida humana están hoy desiertas, que la maleza cubre campos antaño cultivados y las fieras lamen sus cachorros donde un día hubo concurridos albergues humanos?

En cuanto al África, no hay duda. El África del Norte apenas contiene una parte de la población que tenía en la antigüedad; el valle del Nilo tuvo un día una población enormemente mayor que la actual, mientras que al sur del Sahara nada prueba un aumento en tiempos históricos y el tráfico de esclavos ciertamente ha causado una extensa despoblación.

El malthusianismo predica una ley universal: que la tendencia de la población es sobrepasar las subsistencias. Donde quiera que la población ha alcanzado cierta densidad, esta ley, si existiese, debería resultar tan evidente como cualquier otra de las grandes leyes naturales que en todas partes han sido reconocidas. ¿Cómo es, pues, que ni en las creencias y códigos clásicos, ni en los de los hebreos, los egipcios, los hindúes, los chinos, ni de ninguno de los pueblos que han vivido en densa asociación y han elaborado credos y códigos, encontramos ningún precepto para la práctica de las prudentes restricciones de Malthus? Por el contrario, la sabiduría de los siglos, las religiones del mundo, siempre han inculcado deberes cívicos y religiosos que son todo lo contrario.

Pero prosigamos hacia un estudio más detallado. Afirmo que los casos comúnmente citados como ejemplos de superpoblación no resisten un examen.



La Pobreza en la India

En la India, desde tiempo inmemorial, las exacciones y opresiones han llevado las clases trabajadoras a una situación de impotente y desesperada degradación. Por siglos y siglos, el cultivador del suelo se ha considerado feliz si la extorsión por la fuerza le ha dejado de su producto lo suficiente para sostener la vida y proveerse de semilla. El capital no podía acumularse con seguridad en ninguna parte ni usarse en cantidad de alguna importancia para ayudar a la producción. Toda la riqueza que se podía exprimir del pueblo estaba en poder de príncipes (o de sus administradores favoritos), Poco mejores que capitanes de bandidos aposentados en el país, y era derrochado en un lujo inútil o peor que inútil, mientras la religión, sumergida en una superstición complicada y terrible, tiranizaba la inteligencia como la fuerza física los cuerpos de los hombres. En estas condiciones, las únicas artes que podían progresar eran las que servían a la ostentación y el lujo de los grandes. Los elefantes del rajá resplandecían de oro primorosamente labrado y los parasoles blancos que simbolizaban su regio poder brillaban de piedras preciosas; pero el arado para el centeno no era más que un palo aguzado. Las damas del harem del rajá se envolvían en muselinas tan finas que tenían por nombre «viento tejido», pero las herramientas del artesano eran de lo más pobre y rudo y el comercio casi no podía hacerse sino clandestinamente.



Hambres Debidas a Corrupción Gubernamental

El Rdo. William Tennant, capellán al servicio de la Compañía de las Indias Orientales, escribiendo en 1796, dos años antes de la publicación del Ensayo sobre la población, dice en su Indian Recreations, tomo 1, sección treinta y nueve: «Al pensar en la gran fertilidad del Hindustán, pasma considerar la frecuencia del hambre. Evidentemente no es debida a la esterilidad del suelo ni al clima; el origen del mal ha de buscarse en alguna causa política y no hace falta gran penetración para descubrirla en la avaricia y la extorsión de los diversos gobiernos. El gran acicate de la producción, la seguridad, no existe. Por esto nadie cultiva más grano que el estrictamente preciso para sí, y la primera temporada desfavorable origina el hambre.



«El gobierno del Mogol en ningún período ha ofrecido completa seguridad al príncipe, menos aún a sus vasallos; y ni la más exigua protección a los campesinos. Era un tejido continuo de violencias e insurrección, perfidia y castigos, en el cual ni el comercio ni las artes podían prosperar, ni la agricultura tomar una apariencia en método. Su caída dio lugar a una situación aún más aflictiva, ya que la anarquía es peor que el desgobierno. Las naciones europeas no tuvieron el mérito de derribar el gobierno mahometano, aun siendo éste tan vil. Cayó bajo el peso de su propia corrupción y ya lo habían sustituido las múltiples tiranías de jefezuelos, cuyo derecho a gobernar consistía en su traición al Estado y cuyas exacciones sobre los aldeanos eran tan ilimitadas como su avaricia. Las rentas del gobierno eran y, donde los nativos gobiernan, son todavía recaudadas dos veces al año por bandidos despiadados, bajo la apariencia de un ejército que destruye sin freno o se lleva cualquier parte del producto que satisfaga su capricho o sacie su codicia, después de haber perseguido a los desdichados campesinos desde las aldeas hasta los bosques. Todo intento de los labradores para defender sus personas o su propiedad dentro de los muros de tapia le sus aldeas sólo atrae la más señalada venganza sobre estos útiles, pero desventurados mortales. Se les cerca y ataca con mosquetería y cañones de campaña, hasta que la resistencia cesa, venden a los supervivientes y queman y arrasan sus casas. Por esto a menudo encontráis a los aldeanos, si el miedo les deja volver, recogiendo los esparcidos restos de lo que ayer era su vivienda; pero más a menudo se ven humear las ruinas, después de una segunda visita de esta clase, sin la presencia de un ser humano que turbe el espantoso silencio de la desolación. Esta descripción no solamente se refiere a los jefes mahometanos; es igualmente aplicable a los rajaes en los distritos gobernados por hindúes.»

Primer Régimen Inglés en la India

A esta cruel rapiña que engendraría miseria y hambre aunque la población fuese tan sólo de un habitante por milla cuadrada y el país un Paraíso Terrenal, sucedió, en la primera época del gobierno inglés, una rapiña igualmente cruel, protegida por un poder mucho más irresistible. En su ensayo sobre Lord Clive, dice Macaulay: «Enormes fortunas se acumularon rápidamente en Calcuta, mientras treinta millones de seres humanos eran reducidos a la extrema miseria. Estaban acostumbrados a vivir bajo la tiranía, pero nunca bajo una tiranía como ésta. Encontraron el dedo meñique de la Compañía más pesado que las ijadas de Surajah Dowlah ... Parecía el gobierno de maléficos genios más que el de hombres tiránicos ... A veces se sometían con paciente sufrimiento. A veces huían del hombre blanco, como sus padres solían huir del mahratta; y a menudo el palanquín del viajero inglés atravesaba silenciosas aldeas y lugares, que, a la noticia de su proximidad, quedaban despoblados.»

Sobre los horrores que, de esta manera, Macaulay solamente esboza, la brillante elocuencia de Burke arroja una luz más viva: distritos enteros entregados a la avidez desenfrenada de lo peor de la humanidad; míseros labriegos perversamente torturados para arrancarles sus exiguos ahorros, y regiones otrora populosas convertidas en desiertos.

Persistencia del Hambre

Pero habiéndose puesto coto al desenfrenado libertinaje del primitivo régimen inglés, la mano fuerte de Inglaterra dio a toda aquella vasta población una paz más que romana. Se aplicaron los principios de la ley inglesa con un complicado sistema de códigos y funcionarios encargados de asegurar al más humilde de aquellas gente los derechos de los libres ciudadanos anglosajones. Los ferrocarriles cruzaron toda la península y se construyeron grandes obras de riego. Sin embargo, cada vez más a menudo, hambre tras hambre se ensañaban con mayor intensidad en territorios más vastos.

¿No es esto una demostración de la teoría malthusiana? ¿No demuestra que, por mucho que aumenten las posibilidades de subsistencia, la población continúa presionando sobre ella? ¿No demuestra, como defendía Malthus, que cerrar los rebosaderos de un exceso de población, no es sino obligar a la naturaleza a abrir otros nuevos y que, de no frenar las fuerzas procreadoras con una regulación prudencial, la alternativa de la guerra es el hambre? Esta ha sido la explicación ortodoxa. Pero la verdad es que estas hambres no son más debidas a la presión de la población sobre los limites naturales de la subsistencia, que lo fue la desolación del Carnatic cuando en él los jinetes de Hyder Ali irrumpieron en torbellino destructor.

Sólo el más superficial de los criterios puede atribuir la escasez y el hambre a la presión de la población sobre la capacidad del país para producir subsistencias. Si los cultivadores pudiesen conservar su pequeño capital, renacería la actividad, adoptando formas más productivas y sin duda bastaría para mantener una población mucho mayor. Hay todavía en la India vastas superficies incultas, grandes recursos minerales intactos y lo cierto es que la población de la India no alcanza, ni en tiempos históricos ha alcanzado el limite real del suelo para proporcionar sustento, ni siquiera el punto en que este poder empieza a declinar con las crecientes extracciones efectuadas en aquél. La verdadera causa de la miseria en la India ha sido y es todavía la rapacidad del hombre, no la mezquindad de la naturaleza.



La Verdad Sobre Irlanda

Entre todas las naciones europeas, Irlanda proporciona el gran ejemplo usual de superpoblación. Constantemente se recurre a la pobreza de sus campesinos, al hambre, a la emigración irlandesas, como demostración de la teoría malthusiana, que tiene lugar a la vista del mundo civilizado. Dudo que se pueda mencionar un ejemplo más notable del poder de un prejuicio para cegar al hombre respecto a las verdaderas relaciones de los hechos. La verdad es y está a la vista, que Irlanda nunca ha tenido una población que la natural capacidad del país y el estado de las artes productivas no pudiesen mantener en situación desahogada. En el período de su mayor población (1840-45), Irlanda tenia algo más de ocho millones de habitantes.

Pero gran parte de ellos se limitaban a subsistir, viviendo en mezquinas cabañas, vistiendo míseros andrajos, y sin otra cosa que patatas como alimento principal. Cuando vino la peste de las patatas, murieron Irlandeses a millares. Pero, ¿era la incapacidad del suelo para sustentar tanta gente, lo que a tantos obligaba a vivir de un modo tan miserable y les exponía a morirse de hambre por perderse una sola cosecha del tubérculo? Por el contrario, era la misma despiadada rapacidad que robaba al aldeano indio el fruto de su trabajo y le dejaba morir de hambre donde la naturaleza ofrecía la abundancia. No iba por el país una partida cruel de recaudadores de impuestos saqueando y torturando, pero el trabajador era, de hecho, igualmente despojado por una horda, igualmente despiadada, de propietarios, entre los cuales se habla repartido el suelo como propiedad absoluta, sin consideración a ningún derecho de los que vivían sobre él.

No Superpoblación, Sino Extorsión

Considerad las condiciones de la producción en que estos ocho millones se afanaban a vivir hasta que vino la peste de la patata. Arrendatarios con contrato revocable hacían la mayor parte del cultivo y aun si las rentas usurarias les hubiesen dejado medios, no se hubieran atrevido a hacer mejoras que no hubieran sido más que el aviso para aumentarles el arrendamiento. De esta manera el trabajo se hacía del modo más ineficaz y malgastador, y trabajo que, con alguna seguridad de sus frutos, se habría hecho sin desmayar, se disipaba en una estéril ociosidad. Pero, aun en estas condiciones, Irlanda hizo más que sustentar ocho millones. Pues, cuando su población era la más alta, Irlanda era un país exportador de alimentos. Incluso durante el hambre se acarreaba grano, carne y mantequilla para la exportación por caminos plagados de famélicos y junto a zanjas en que se apilaban los muertos. Por estas exportaciones de comida o, por lo menos, por gran parte de ellas, no había restitución. Por lo que respecta al pueblo de Irlanda, el alimento así exportado, igualmente hubiera podido ser quemado, echado al mar o nunca producido. No iba como un cambio, sino como un tributo, para pagar la renta a los propietarios absentistas; un tributo arrancado a los productores por quienes de ningún modo contribuían a la producción.

Si estos alimentos se hubiesen dejado a quienes los habían producido, si se hubiese permitido a los cultivadores del suelo retener y usar la riqueza que su trabajo producía, si la confianza hubiese estimulado la laboriosidad y permitido la adopción de métodos economizadores, habría habido bastante para mantener en abundante bienestar la mayor población que Irlanda haya tenido. La peste de las patatas habría aparecido y desaparecido sin escatimar la comida a ningún ser humano. Pues no era, como decían fríamente los economistas ingleses, «la imprudencia de los labradores irlandeses» lo que les indujo a usar las patatas como alimento principal. Los emigrantes irlandeses, si pueden adquirir otras cosas, no viven de patatas, y eso que en los Estados Unidos es notable la prudencia con que el carácter irlandés se empeña en reservar algo para un apuro. Vivían de patatas, porque los arrendamientos esquilmadores les despojaban de todo lo demás.

Aunque Irlanda hubiese sido por naturaleza un bosque de bananeros y árboles del pan, hubiesen cubierto sus costas los depósitos de guano de las islas Chinchas, y el sol de latitudes más bajas hubiese caldeado su húmedo suelo, las condiciones sociales reinantes en ella habrían engendrado también la miseria y el hambre. ¿Cómo podía dejar de haber pauperismo y hambre en un país en el cual las rentas abusivas arrancaban al cultivador del suelo todo el producto de su trabajo, excepto lo justo para sostener su vida en las buenas temporadas; donde el arriendo revocable impedía las mejoras y quitaba estimulo para todo lo que no fuese el más oneroso y miserable cultivo; donde el arrendatario no osaba acumular capital, si podía lograrlo, por miedo a que el propietario se lo exigiese en la renta; donde de hecho era un esclavo abyecto que, por un gesto de un ser humano como él mismo, a cada momento podía ser expulsado de su mísera choza de barro, un vagabundo famélico, sin casa ni hogar, privado hasta de coger los frutos espontáneos de la tierra o de pillar con trampa una liebre para aplacar su hambre.

Por escasa que sea su población, cualesquiera que sus recursos naturales sean, ¿no serían el pauperismo y el hambre las consecuencias forzosas en cualquier país en que los productores de riqueza se viesen obligados a trabajar en condiciones que les quiten la esperanza, el respeto propio, la energía y el ahorro; donde propetarios ausentes se llevasen, sin compensarlo, por lo menos una cuarta parte del producto neto del suelo; y donde, además, una labor de famélicos tuviese que sustentar los propietarios residentes, con sus caballos y jaurías, agentes, agiotistas, subarrendadores y mayordomos y un ejército de policías y soldados para intimidar y perseguir cualquier oposición al inicuo sistema?

Si del examen de los hechos aducidos corno ejemplo de la teoría malthusiana, pasamos a considerar Ias analogías en que se apoya, veremos que éstas tampoco prueban nada.



Falsas Analogías

Para demostrar que la especie humana también tiende a llegar hasta el limite de las subsistencias, se aduce constantemente la intensidad del poder procreador en los reinos animal y vegetal, considerando que una sola pareja de salmones, protegida por sus enemigos naturales durante unos pocos años, podría efectivamente llenar el océano; que en estas mismas circunstancias, una pareja de conejos pronto invadiría un continente; que muchas plantas esparcen centenares de semillas y muchos insectos ponen millares de huevos; y que en todas partes cada especie tiende constantemente a presionar contra los límites de sus subsistencias y evidentemente los alcanza cuando el número de sus enemigos no la reduce. Según esto, cuando no se restringe por otros medios la población, el natural aumento de ésta ha de originar forzosamente los salarios tan bajos y tanta miseria o (si esto no bastara y el aumento aún continuase) tanta hambre, que la población se retenga dentro de los límites de las subsistencias.

Pero, esta analogía ¿es válida? De los reinos animal y vegetal es de donde se saca el alimento del hombre y por lo tanto el que la fuerza procreadora en estos reinos sea mayor que en el hombre, demuestra sencillamente el poder de las subsistencias para aumentar más aprisa que la población. El hecho de que todas las cosas que suministran comida al hombre se puedan multiplicar tantas veces, algunas de aquéllas mil veces, otras varios millones y aun miles de millones, mientras que la especie humana sólo se duplica, ¿no demuestra que, aun dejando que ésta aumente con toda su fuerza reproductiva, el aumento de población nunca sobrepasará las subsistencias?

De todos los seres vivos, el hombre es el único que pone en juego fuerzas procreadoras, más poderosas que la suya propia, que le procuren alimentos. El bruto, el insecto, el ave, el pez sólo toman lo que encuentran. Aumentan a expensas de su alimento. Cuando han alcanzado el limite de su comida, ésta ha de aumentar para que ellos puedan aumentar,




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