Profesor: Jorge Dotti



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“La pretensión de dar a un pueblo una constitución a priori, [que] sea más o menos racional por su contenido –Hegel lo que está planteando es esto de pretender crear una constitución, aunque lo que diga esta constitución sea racional, eso no le interesa- pasa por alto el momento por el cual ella es algo más que un objeto de pensamiento –es decir, la constitución expresa el estadio del desarrollo del espíritu; y ahí entonces pone:- cada pueblo tiene por lo tanto la constitución que le conviene y le corresponde.”

La historia ahí es implacable. Si un pueblo tiene una constitución mala es porque está en el estadio del espíritu en el que la gente cree que puede imponer constituciones.

De aquí en más Hegel desplaza un poco la perspectiva. Hasta ahora ha venido ascendiendo, por así decir; en la eticidad sobre todo ha partido de la familia, ha subido a la sociedad civil y de ahí ha subido al Estado. Para demostrar que el Estado es el fundamento ha seguido un camino de ascenso. Pero ahora cambia la perspectiva: al hablar de la estructura misma del poder parte de lo absoluto mismo. Si hasta ahora ha venido ascendiendo, ahora va a descender. Es como si comenzara a escribir la Ciencia de la lógica desde el concepto. ¿Por qué? Porque empieza por el poder del príncipe. Al llegar a la estructura superior del Estado hay que empezar conceptualmente del punto más alto de esa estructura. Es como decir: si ustedes han llegado hasta aquí ya han entendido la cosa, entonces ahora digamos las cosas como son: lo primero es el soberano, y el soberano es el príncipe, porque es el momento desde el cual parte la absoluta autodeterminación, y la soberanía no es sino absoluta autodeterminación (§275).

Voy a la observación al §278, porque él está presentando los que van a ser los distintos momentos de todo esto. Para explicar en qué consiste la soberanía del Estado, en la observación al §278 dice lo siguiente:



“El idealismo que constituye la soberanía –ya sabemos lo que es el idealismo: el idealismo es precisamente la concepción de lo racional como lo universal capaz de presentificarse, de realizarse; el universal concreto. Eso es la soberanía. La soberanía es lo universal que se presentifica. Y la manera como lo universal del derecho, o el derecho como idea universal, se presentifica en tanto que poder soberano es ordenando; es decir, articulándose en normatividad jurídica. Entonces:- El idealismo que constituye la soberanía es la misma determinación por la cual las llamadas partes del organismo animal no son en realidad partes sino miembros, momentos orgánicos, cuyo aislamiento y subsistencia por sí es la enfermedad.”

Es decir, la articulación del Estado es la de un organismo en sus partes. Toda vez que se considere una parte como separable y conceptualmente autónoma frente a su inserción en un organismo, esa parte en realidad es nada, es una abstracción, muere.

Entonces, el primer rasgo de este autodeterminarse es conformarse, configurarse, constituirse como organismo compuesto de partes.

“Universalidad que se determina a sí misma a –en dirección de- la individualidad en la cual toda particularidad y determinación –podríamos agregar: atomística- está superada; es el fundamento absoluto que se determina a sí mismo. -Es como si Hegel dijera: ¿Qué quiso decir Spinoza con causa sui? Yo lo voy a explicar. Acá está explicando qué quiere decir causa sui. Para aprehenderlo es necesario olvidarse del procedimiento more geometrico; hay que conocer la lógica.- Para aprehenderlo es necesario poseer el concepto de aquello que constituye la sustancia y la verdadera subjetividad del concepto.” ­

La verdadera subjetividad del concepto es darse cuenta que el concepto es sujeto activo. La idea como concepto es la idea que se revela como aquel sujeto que primero apareció como ser, después como esencia, para revelarse cual concepto o fundamento del ser y de la esencia. Y lo mismo es aquí: la soberanía es esta actividad autofundante del derecho. ¿Cómo interviene la soberanía? Sigue con la articulación del todo y llega a: Por un lado dice: ¿Qué pasa en la situación de paz? Por un lado está la marcha normal de las cosas, primera parte de este párrafo hasta donde Hegel dice: ver §183. Por un lado el Estado se articula en función de un movimiento donde la voluntad tiene y no tiene mucho que decir. “Pero por otra parte es la intervención directa desde arriba. Recuerden que habíamos visto que la legitimidad de intervención del poder del policía es que el poder del policía que controla la calidad del producto, que informa sobre el estado de la bolsa de valores en Hong Kong, etc., viene desde arriba, es la legítima intervención del soberano porque soberanía es ir hacia abajo ordenando, informando. La soberanía es como un eidos que se presentifica y ordena el mundo; entonces el mundo se va ordenando simultáneamente por la lógica del todo y por la intervención directa de la cúspide, del punto superior donde comienza a entrar en el mundo la idea, y que va determinando, regulando todo. La intervención directa desde arriba, ¿qué hace? Reconduce permanentemente las partes a la finalidad del todo e impone prestaciones directas. Es decir, las partes por sí solas, pero por otro lado necesitan siempre un correctivo.

Ahora viene un aspecto central: la deducción del soberano. Ya sabemos que la soberanía es la idea que como causa de sí misma, como fundamento de sí misma, se realiza. Fundamentarse a sí misma es realizarse. El acto de ser la causa de sí es autoproducirse, autopresentificarse. Entonces ahora tenemos que llegar a que el momento inicial, primero y fundante de todo lo que después va a ser la estructura de autopresentación de la idea de soberanía, ¿cómo lo deducimos? El soberano. Porque el primer paso que da la idea de derecho para realizarse es presentarse en un cuerpo, el del soberano. Es decir, el cuerpo del soberano es la hostia donde Dios se hace presente. No es un cuerpo; la hostia no es un pedazo de pan, es Dios que se ha hecho presente. El soberano es lo mismo; el que no entiende esto, no entiende la política, dice Hegel.

En este momento yo estoy totalmente de acuerdo con Hegel, pero no por un motivo confesional; un motivo confesional, que cada uno lo tenga o no lo tenga no me interesa, yo no lo tengo. Pero como estructura de la política. Si no se entiende este elemento de presencia de lo absoluto en lo que no es absoluto, pero para darle sentido a lo absoluto, la política es técnica. Si no se acepta esto, no hay otra cosa, lo demás es técnica, administración; es un hacer como ser relojero, ingeniero, es lo mismo.



Estudiante: Ahora, da lo mismo quién sea esa persona que pone el cuerpo.

Profesor: Claro, porque la institución es esa, ahí está la racionalidad de la cosa. Por supuesto, Marx le pega acá con todo, necesita destrozar esto.

Estudiante: ¡Le está dando un poder total a este príncipe cuando hay que ver si ese príncipe realmente cumple con la constitución!

Profesor: No, pero eso es el entendimiento, es del entendimiento tu objeción. En el momento en que la estructura es esta, el príncipe necesariamente va a gobernar bien, no puede gobernar mal. Puede gobernar mal un déspota de quinientos años antes o mil.

Estudiante: El príncipe leyó a Hegel.

Profesor: No, no importa, es la institución la que hace que no pueda sino ser príncipe. Porque no está a la pesca de ver si en vos, yo, él, a ver en dónde me encarno. No, es así, porque la institución le impide ser un déspota; ya lo vamos a ver. Pero no es que deje de ser un déspota porque los que le concedieron el poder se lo quitan si es un déspota. No es el pueblo el que le dice: ojo, respetá las leyes porque si no te quitamos el poder y te mandamos preso. No es un déspota porque todo el camino de la razón, esto es, la encarnación de la razón en este cuerpo que se transubstancia, es el paso para la constitución de una iglesia; esto es, de un Estado ordenado. Entonces, en un Estado racionalmente ordenado es imposible que haya un déspota. En última instancia, si hay un déspota y destruyó todo es porque el espíritu funcionaba con el deber ser o con el sentimiento.

Estudiante: ¿La forma de encarnarse el espíritu es la voluntad de ejercer la soberanía?

Profesor: Pero no como un gesto de individuo que tiene la voluntad de. En Hegel no es así; es la razón que al ser derecho es voluntad. El nombre de la razón cuando el espíritu tiene que ver con el derecho es voluntad. Y en eso es igual que Kant. Pero veamos lo que dice Hegel. Digo, la respuesta ya la tienen, pero ¿cuál es la figura en la historia de la filosofía que mejor explica esta manera de entender las cosas? ¿El procedimiento que más se acuerda con este planteo de Hegel? La prueba ontológica. Dios es aquello en cuyo concepto está encerrada la existencia. La soberanía es aquello en cuyo concepto está encerrada su existencia, el soberano. Y Hegel dice exactamente eso, ahora lo leemos.

“El concepto de monarca es el más difícil para el raciocinio abstracto; esto es, para la consideración reflexiva del entendimiento, porque ella permanece en las determinaciones aisladas y conoce por lo tanto razones, puntos de vista finitos, deducción a partir de razones. En consecuencia expone la dignidad del monarca como algo deducido, no sólo según su forma, sino también según su determinación misma. Pero su concepto, lejos de ser deducido, es lo que comienza absolutamente a partir de sí mismo. Por lo tanto, se halla más próximo a la verdad considerar que el derecho del monarca se haya en la autoridad divina, pues esto explica su carácter incondicionado.”

Y después viene la crítica a la soberanía del pueblo. Se entiende cuál va a ser la crítica.

Observación al §280:

Este tránsito del concepto de la autodeterminación pura –el concepto de voluntad: la razón vista desde la perspectiva de la autodeterminación pura se llama voluntad; la voluntad vista desde la perspectiva del conocimiento se llama razón.- Este tránsito del concepto de la autodeterminación pura a la inmediatez del ser –ponerse como ser inmediato de lo que es razón pura autodeterminándose como voluntad- y por lo tanto a la naturalidad –si ustedes quieren, el pasaje de la idea a la naturaleza; es lo mismo- es de naturaleza puramente especulativa y su conocimiento pertenece por consiguiente a la filosofía lógica –esto es, a la Ciencia de la lógica. Salteo un poco- [Se trata de] la conversión inmediata de la autoconsciencia pura de la voluntad en un ‘este’ –lo que es pura racionalidad autoproductiva, por ende voluntad, debe pasar a ‘esto’, determinarse, pero determinarse es ser ahí, aparecer ahí-, en una existencia natural, sin la mediación de un contenido particular (un fin en la acción).”

Porque si yo te dijera: haz esto para, ya estaría en la lógica medio/fin. En cambio aquí es previo a toda lógica medio/fin; es la idea misma de racionalidad que encierra en sí su existencia. La idea misma de voluntad que encierra en sí existir en una voluntad.

En la llamada prueba ontológica de la existencia de Dios se produce la misma conversión del concepto absoluto en el ser, lo cual ha constituido en la época moderna la profundidad de la idea –Descartes y Liebniz que reivindican la prueba ontológica- pero que en los últimos tiempos –Kant- se ha declarado […] inconcebible. –Acá resume toda su lectura de la filosofía moderna: Descartes y Liebniz tenían razón, por eso defendían la prueba ontológica, sólo que la ‘entendían’ con el entendimiento; Kant, en cambio, coherentemente con el entendimiento, negó la prueba ontológica: cien táleros en la cabeza no son cien táleros en el bolsillo. […] Esto ha tenido como consecuencia renunciar al conocimiento de la verdad.”



“La conciencia del entendimiento no tiene en sí misma esta unidad.” -Es decir, el entendimiento no puede pensar la unidad peculiar que hay entre el concepto puro y el presentarse del concepto por ser concepto. Si no, no sería concepto; si no fuera capaz de presentificarse, no sería concepto, sería una abstracción.- y permanece en la separación de ambos momentos de la verdad…” –por un lado lo universal y por otro lado lo particular-.

Bueno, si la verdad está en que la idea es idea porque se presentifica y no es mero universal abstracto, y por ende, el ser ahí de la idea de soberanía es el soberano, el cuerpo soberano es la hostia en la cual se encarna el dios soberanía, va de suyo que el paso siguiente es la monarquía hereditaria. Porque la monarquía hereditaria es el modo de transmisión de la soberanía más distante de lo que sería la elección desde abajo.

El reino electivo parece ser la representación más natural, es decir, la más próxima a la superficialidad del pensamiento.

Digamos, todavía más superficial que un rey electo es un presidente, que es un rey electo por un período breve. Por eso en EE.UU. ni siquiera sobrepasan, desde el pensamiento de Hegel, la mera sociedad civil. No llegan ni siquiera a la monarquía constitucional; se quedan en reyes electos por períodos breves.

Ahora, yo no agrego nada, les cito Hegel; decir que Hegel es el filósofo de la revolución francesa verdaderamente es engañar a lo lectores.

Estudiante: Pero él tuvo un período revolucionario cuando era joven.

Profesor: Sí, por supuesto, y tiene que ver, no es que sea completamente ajeno. Todos somos todo. Él expresamente tiene que destruir los principios básicos de eso que se llamó revolución, porque si no seguimos en guerra.

Esta posición, la del rey electivo, como la del monarca entendido como funcionario supremo del Estado, -y aquí ya estamos prácticamente en el presidente de las democracias modernas: no es nada más que un funcionario y basta- o la de una relación contractual entre él y su pueblo, proceden de la reducción de la voluntad a capricho, opinión y arbitrio de la multitud. […] El reino electivo […] es la peor de las instituciones. […] En un reino electivo, la naturaleza de la situación por la que la voluntad particular se convierte, en última instancia, en lo decisivo, transforma la constitución en una capitulación electoral, es decir en una entrega del poder del estado a la discreción de una voluntad particular, de la que surge la transformación de los poderes particulares del estado en propiedad privada, el debilitamiento y la pérdida de la soberanía del estado, y por consiguiente la disolución interior y el aniquilamiento externo.”

Más claro, imposible. Esto es, fuera de toda creencia o no creencia, en términos puramente políticos, si Estado equivale a orden, y si orden equivale a Estado -uno puede no aceptar esto; de hecho, es lo que va a pasar después-, pero en el caso de Hegel o en el de Hobbes donde orden y estatalidad coinciden, -personalmente creo que tiene razón Hegel en este planteo- la articulación no puede ser sumatoria de voluntades que nombran a alguien provisoriamente para que regule la búsqueda del interés personal. Porque si así está planteada la cosa, según este esquema, no se construye un Estado, se construye una mera sociedad civil, y para peor efímera; predomina el interés privado. Si el Estado es agencia de protección, el poder real lo tienen las corporaciones de la sociedad civil. Éstas son las que mandan.

Bueno, una vez que Hegel logró -o no- deducir al monarca hereditario, lo demás es directamente hacer chorizos; de aquí en más el resto es facilísimo. Todo monarca hereditario tiene que tener un cuerpo consultivo. Porque no es que el hecho de ser el soberano absoluto lo transforme en el conocedor absoluto de todo. Tiene que tener un grupo de gente que lo asesore. Y ese es el segundo poder, el poder gubernativo; esto es, el consejo de ministros. El poder ejecutivo está articulado en dos poderes en Hegel: soberano absoluto, cuerpo de ministros.



Estudiante: ¿El soberano absoluto puede ser una asamblea como en Hobbes?

Profesor: No, tiene que ser uno. Lo que pasa es que de hecho funciona como una asamblea, porque en realidad las decisiones se toman, cuando son ejecutivas, entre el cuerpo de ministros y el soberano absoluto. Entonces el soberano absoluto no hace sino, en última instancia, marcar el punto final de la discusión entre las distintas opiniones de su consejo de ministros; porque si no es un déspota. Digamos, la lógica misma de la situación exige que en un momento dado la discusión se transforme en decisión, y la toma el principio absoluto. Y si se trata de ley, todos ellos van al parlamento, y entonces ahí la decisión resulta de lo que se discuta en el parlamento. Por eso, es una monarquía constitucional.

Digamos, veamos la situación de España o de Italia: es como una especie de prolongación de este esquema de Hegel. Hegel no está postulando una dictadura totalitaria.



Estudiante: ¿Y por qué no el primer ministro de Inglaterra?

Profesor: Porque el parlamento tiene poder absoluto en Inglaterra. Bueno, en España y en Italia sería el primer ministro. Pero bueno, sumemos Inglaterra. Es decir, hay situaciones donde la articulación de opiniones acontece en dos niveles –en uno gubernativo y en otro parlamentario- respecto de los cuales hay una figura que está afuera y no interviene. Pero en el momento en que la cosa se traba, que no hay modo de seguir adelante por la vía normal, ahí interviene y destraba y la cosa sigue su camino. Por ejemplo, cierra las cámaras y convoca a elecciones para las nuevas cámaras. Le pide a alguien que rehaga el consejo de ministros, etc. Es eso.

Estudiante: ¿En el otro sistema no tiene potestad?

Profesor: No tiene potestad porque está metido en la cosa. En cambio, aquí Hegel está teorizando a alguien que está metido pero desde fuera a la vez, y por eso es soberano absoluto. Entonces, cuando la cosa se complica, su intervención la destraba y el orden sigue adelante.

Entonces, la primera emanación del monarca son los individuos y cuerpos consultivos superiores, §283. En el §284 dice:



“Estos individuos y consejos consultivos son los únicos que están sometidos a la responsabilidad. La majestad propia del monarca en cuanto subjetividad que decide en última instancia está en cambio por encima de toda responsabilidad.”

Claro, no puede ser responsabilizado el soberano, porque si el soberano fuera responsabilizado no sería la piedra angular del orden que debe ser. Los que se equivocan son sus ministros. El soberano no interviene, no se equivoca, y si es necesario su decisión última y esa decisión se revela equivocada, la culpa no es de él. Pero la estructura exige que alguien no sea culpable. Entonces, hay que cambiar al culpable, al que aconsejó mal.

Quiero decir, yo estoy tratando de hacer una lectura –porque todo esto es muy fácil de despachar con decir: es un trasnochado que está justificando cualquier cosa de un poder absoluto- no, no es así, está dando la versión filosófica alemana de lo que ensaya Francia con la monarquía constitucional –Guizot, Constant-.

Estudiante: En Alemania mismo se dio este sistema con Bismark.

Profesor: Claro, lo que pasa es que ahí era mucho más complicado. Lo que pasa es que Bismark tuvo la capacidad de no presentarle ninguna dificultad al Káiser, solucionó todo él. El Káiser estaba ahí y en realidad, diría Hegel, no tenía que intervenir nunca, era el referente último. Entonces, cuando se derrumba este sistema en 1918, el esfuerzo es cómo decir lo mismo pero ya ahora en clave democrática. La constitución de Weimar dice algo más o menos parecido en clave democrática, con todos los problemas que generó articular las visiones de aquellos que habían participado con su consentimiento en la constitución de Weimar. Pero en última instancia el presidente del Reich, según la constitución de Weimar, equivale a este soberano absoluto hegeliano. Es un presidente que no gobierna, pero sin su anuencia tampoco es posible gobernar. Deja que el parlamento nombre el ejecutivo y que la relación de gobierno esté entre el parlamento y el ejecutivo, pero está ahí como garante del orden. Ahora, ¿Weimar cómo reemplaza la prueba ontológica? Bueno, y esto es Weber y es Smith; el que hace la constitución es Weber. En la edad de las masas ya la prueba ontológica no tiene fuerza ilocutoria, no convence a nadie. Entonces lo único que puede reemplazar la prueba ontológica de la existencia de Dios es la aclamación democrática. El presidente es aquel que no pertenece a ningún partido pero que lo apoya todo el pueblo. Por eso puede obrar como un monarca por derecho divino. Ahora, en la era de masas no hay otro modo de expresión del derecho divino que la aclamación democrática –la aclamación quiere decir que lo voten; es decir, que tenga el apoyo masivo de toda la ciudadanía.- Es una figura que está por arriba de las partes. Las partes se pelean, y llega un cierto punto, cuando las peleas paralizan la maquinaria estatal, con la legitimidad que le da el apoyo de la inmensa mayoría del pueblo, el presidente interviene. Es este mismo esquema en la era de masas, porque obviamente no convence a nadie después de Nietzsche decir que hay una prueba ontológica de la existencia de Dios. Pero es el último coletazo de esta estructura teológico política.

Bueno, viene el poder gubernativo que ya dije lo central; es una suerte de cinta de transmisión de lo particular con lo universal absoluto. Donde hay un poder gubernativo tiene que haber una burocracia que se ocupe de todo eso. Hegel deduce el sueldo del funcionario público; está en la idea misma de racionalidad que haya un sueldo para que no sea alguien que accede a ser burócrata por su nacimiento sino que sea neutral, cobra el sueldo para poder ser verdaderamente independiente.



Estudiante: ¿Por qué se puede ser soberano por herencia y no burócrata por herencia?

Profesor: Porque la función del burócrata tiene que ver con el manejo de las particularidades y del conocimiento, y entonces ahí sí se exige que esté preparado, etc. Mientras que el soberano es como una función que, salvo en casos extremos, la puede cumplir cualquiera; lo importante es que esté ahí. Sería negativo que fuera electo. A partir de ahí, que no es electo, que es hereditario, si no tiene una deficiencia o alguna cosa así…

Estudiante: ¿Y si es un inútil absoluto?

Profesor: Bueno, deberá ser cambiado. La lógica de la herencia se sigue: primos hermanos, primos, hay todo un sistema de recambio que no altera; ya tendría que ser una especie de corte bizantina donde son todos primos, hermanos, hijos, padres a la vez, y entonces son todos enfermos.

Estudiante: El problema es cuando el límite no es tan claro.

Profesor: Está bien, pero una teoría política no entra en ese detalle. La institución no da lugar para que haya esos problemas.

Estudiante: Es simbólico.

Profesor: Claro, eso es fundamental. Él puede levantar la mano para espantar una mosca, pero la institución lo lee como ‘decidió’ y ya está. Es así. Fíjense el §297; es exquisito. Oigan esto:

“Los miembros del gobierno y los funcionarios del estado constituyen la parte principal de la clase media, a la que pertenece la inteligencia culta y la conciencia jurídica de la masa de un pueblo.”

Es decir, el príncipe no tiene que ser culto, los ministros tienen que ser cultos. ¿Y dónde está la cultura? En la clase media, no en la nobleza. Hay una frase de Musil muy divertida en El hombre sin cualidades que habla de un aristócrata que nunca quería decir frases muy inteligentes para no parecer de la clase media; era inteligente, pero nunca decía frases inteligentes para no parecer de la clase media. Claro, el aristócrata está por afuera de esto; somos nosotros los que queremos ser inteligentes: la moneda del prestigio intelectual.




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