Prólogo de: Leopoldo Marechal


HISTORIA VERDADERA DE ULISES



Descargar 0,55 Mb.
Página11/25
Fecha de conversión10.04.2017
Tamaño0,55 Mb.
1   ...   7   8   9   10   11   12   13   14   ...   25



HISTORIA VERDADERA DE ULISES




Ajiaparilbj, el último hereje del siglo XVII, de quien jamás se logró saber cómo escapó al Tribunal de la In­quisición, nos dejó una obra, el Odiseus Tertium Librii, en la que nos relata la verdadera historia de Ulises. Es posible que Ajiajarilbj conociera la doctrina del religioso Lucilio Vanni, según la cual el semen de los peces volado­res (evolucionados hacia las formas corpóreas del pájaro) había engendrado a los seres dotados de inteligencia. Es posible también que hubiera leído el The Death of a Beautiful Wornan (1637) del anglo francés John Bathar-lianey, en cuyas no menos obscuras páginas se nos dice que el esperma de los tiburones originó la raza de las sirenas (mitad mujer y mitad pez con coda sinuosa, con­vertible). Pero lo cierto es que Ajiajarilbj, fundando su relato en fuentes canónicas, nos dice que la Odisea fue falsificada por Pisístrato en muchos pasajes que tomó por indecorosos. Y así fue como nos ha llegado a nuestro tiempo.

Uno de esos pasajes mutilados por Pisístrato, nos relata el encuentro final de Circe y Ulises de modo totalmente diverso. Cuando la maga previene al héroe sobre las sire­nas y los temibles monstruos Escila y Caribdis, sumergidos a medio cuerpo sobre la profundidad del mar, le notifica también que Melpómene ("tu dulce y paciente esposa") es en realidad una sirena que atrae a los pretendientes para elegir "al más inconstante, al que más tenga seme­janza con las aves marinas".

Transcribo el párrafo revelador: "Las sirenas, aves marinas con rostro de mujer, interceptarán, noble hijo de Laertes, la estela de tu barco y entonarán sus himnos lúbricos y desafiantes para retenerte y someterte a sus designios. Pero tú y los tuyos deberán eludir esos cán­ticos engañosos, y si lo lograseis, os aparecerán otros peligros que también deberéis eludir, porque más allá del islote en que reposan las sirenas, os esperarán Escila y Caribdis. La primera, más grande que dos islas, fue la madre de las sirenas, que Zeus enclavó en la profun­didad del mar, de cuya superficie emergen su rostro y sus seis colas. Pero cada cola de Escila tiene una cabeza monstruosa, un ojo único como Polifemo, y tres hileras de dientes. Estas seis colas se convierten en una coda con su agujero en las mujeres que descienden de las sirenas. Y tu esposa, divino Ulises, la tiene en la espalda, en la línea invisible en que la mujer pierde sus formas humanas para convertirse en una curva animal. Te digo, pues, noble hijo de Laertes, que sorteados esos peligros, y llegado a Itaca, debéis verificar este hecho induciendo a Penélope a que se desnude contigo."

Siguen los consejos de Circe y por fin la partida da Ulises. Al llegar a Itaca, ya sabemos cuál es la suerte de los que aspiraban a la mano de Penélope. Ulises mata a los pretendientes, hace lavar el piso, tinto de sangre, pone zahumerios contra la pestilencia desparramada y lleva a Penélope hacia el lecho ayudado por la misma Euriclea, su vieja nodriza. Ella se desnuda (la fuerza, en realidad, según Ajiajarilbj, el amor simulado de Uli­ses). Pero se niega a las caricias del héroe cuya mano recorre sorpresivamente el torso de Penélope. He aquí el diálogo del Odiseus Tertium Librii:

–¿Qué haces, divino Ulises?

–Nada, querida esposa. Estoy buscando algo que ha perdido.

–Es que... donde tú tocas ...

–Es verdad, pero nadie sabe cuál es el ojo en que la noche y el día se pierden y se confunden.

Y Ulises tocó la rabadilla de Penélope "y el sudor perló su frente". La rabadilla era más larga que las que aquél había experimentado con otras matronas en sus veinte años de ausencia. El héroe, lleno de ira, saltó del lecho, descolgó su espada y degolló a Melpómene. Luego, satisfecho ante este acto de "estricta justicia", murmuró para sí mismo: "Tenía razón la cautivante Circe, y ahora me explico por qué Telémaco, mi condenado hijo, chilla­ba como los peces gordos cuando era niño."



LOS SERES EXTRATERRESTRES




Hubiera dicho sencillamente "los seres extraños". O bien, "los ángeles". Ambas nominaciones serían discuti­bles. De los primeros se ocupó Merimée al describirnos en Lokis (1876) la misantropía del conde Szémioth, cuya madre, recién casada, fue interceptada por un oso. De los segundos, Santo Tomás de Aquino, cuyo Tratado de los ángeles (Summa Theologica, I, De angelis, qq. 50-64) ha servido, inclusive, para estudiar la naturaleza demo­níaca de los seres corruptibles.

Lo cierto, sin embargo, es que en el Génesis (VI, 2) hay seres extraterrestres: "los hijos de Dios" que los exégetas antiguos interpretaron (creo que erróneamente) por seres angélicos. Transcribo: "Viendo los hijos de Dios la hermosura de las hijas de los hombres, tomaron de entre todas ellas por mujeres las que más les agradaron." Si fueran ángeles, como se creía, serían seres asexuados y no podrían unirse con las mujeres. El concepto está claro (o se reitera) en el siguiente versículo: "En aquel tiempo había gigantes sobre la Tierra; porque después que los hijos de Dios se juntaron con las hijas de los hombres y ellas concibieron, salieron a luz estos valientes de la antigüedad que fueron varones de nombre" (Gé­nesis, VI, 4). Es decir, los "hijos de Dios" no son ángeles, sino lo que ahora llamamos seres extraterrestres o xenoides, habitantes de mundos paralelos o superpues­tos imaginados ya por Giordano Bruno (y por esto mismo quemado en la hoguera) en el siglo xvi. Estos seres ex­traterrestres, serán los que han de destruir a Sodoma y Gomorra con una explosión atómica, como pueden interpretarse, con criterio actual, los capítulos XVIII y XIX del libro I del Génesis. Esta tesis fue desarrollada en Literaturnaya Gazeta (1959) por el físico soviético M. Agrest, sobre el estudio directo de los Rollos del Mar Muerto. Los redactores de la destrucción, al carecer de datos precisos referidos al hecho, realizaron una redac­ción confusa, a pesar de lo cual es fácil conjeturar que los "hermanos" que hablan con Lot no son los ángeles sino los seres extraterrestres ("llegados en una cosmona­ve", según imagina M. Agrest), dispuestos a terminar con ambas ciudades. Además, la descripción de la columna de fuego y humo del relato bíblico, y la prevención de que la Tierra quedará inhabitable (¿debido a la radiac­tividad?) están indicando una explosión de tipo atómico.

En el Leabhar Gabhála (siglo xvi) (Libro de las Inva­siones) de los irlandeses, al describirse el origen de la "inigualable Erinn", se nos habla de ciertos seres divinos, los Tuatha Dé Datnann, llegados del oeste, para enfren­tarse con los monstruos gigantescos que poblaban la región. Algunos de estos monstruos tenían un solo ojo, una sola mano o un solo pie. Otros tenían cabeza de animal con cuernos. Se les llamaba Fomóíre (de jo, bajo, y moiré o mahr, demonio femenino, que en inglés se con­vierte en nightmare para significar pesadilla). En el mismo texto nos enteramos de una mano articulada, toda de plata. Es la que el hechicero Diancecht le fabrica al rey Nuada, para sustituirle la que ha perdido en la batalla contra los invasores. La falta, sin embargo, de su mano natural, es motivo incoercible para que le pidan la destitución. Nuada se resigna. Pero acontece que los invasores divinos llegados del oeste, se unen en matrimo­nio con las hijas de los monstruos. Se produce una situación semejante a la del Génesis.

En una etapa posterior, Nuada recobra su mano natu­ral mediante la magia de Miach. Su integridad le lleva nuevamente al poder. La leyenda no termina. Pero hay en ella un eco lejano que nos remite confusamente a la existencia de seres extraterrestres atraídos por los habi­tantes del planeta. Por último, Erinn (Irlanda), genitivo de Eriu, diosa local, dará su nombre a la, región. Indu­dablemente esta interpretación que realizo del Leabhar Gabhála se opone a la exégesis corriente. Creo, sin em­bargo, que contribuye, provisoriamente, a la explicación de los ovnis.

Hay también un texto muy importante de Charles Fort, Le livre de damnés (París, 1955) (la primera edición apareció en Nueva York, en 1919), donde se nos habla de las marcas de ventosas, todas ellas similares, que sig­nan las montañas en distintas regiones del planeta. Char­les Fort, obscuro (fascinante) periodista, un introvertido de Bronx, fue el primero en registrar las apariciones de ovnis. Y el primero también que creyó "racionalmente" en los habitantes de mundos paralelos ("tendremos prue­bas concluyentes en lo atinente a visitas subrepticias a este planeta, llevadas a cabo antes y muy recientemente, y a los viajeros emisarios llegados quizás de otro mundo que trataron de evitarnos"). La ciencia y la ficción cien­tífica podrían proclamarlo como a uno de sus genios tu­telares. La extraña figura del Marciano (el "Gran dios de los orantes", de 6 metros de altura y escafandra espacial en la cabeza), descubierta por Henri Lothe en el Sahara, en 1956, sería la culminación de sus anticipaciones.

Si a todo eso agregáramos la hipótesis de la explosión atómica de una nave interplanetaria, acaecida en la taiga del Tunguska en 1908, según el relato de Alexandr Kazantsev (Vorkrug Sveta, núm. 1, 1946) concluiríamos en que los seres extraterrestres no pueden ser desdeñados. Ellos constituyen la apertura hacia un cosmos de más de cuatro dimensiones, todavía muy obscuro en la conciencia de los hombres.






1   ...   7   8   9   10   11   12   13   14   ...   25


La base de datos está protegida por derechos de autor ©absta.info 2019
enviar mensaje

    Página principal