Primera sección. La letra de cambio Su lógica, nacimientc y desarrollo histórico



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Figura 3.7. Signatario que paga en vía de regreso y puede intentar acción directa o igualmente de regreso.






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  1. Esquema del ejercicio de la acción cambiaría en la letra

Con el objeto de ilustrar un poco más la mecánica de creación, aceptación, endoso y pago de la letra, así como de su protesto y, en su caso, del ejercicio de las acciones cambiarías directa y de regreso, que en la práctica docente y profesional hemos detectado que son temas difíciles de comprender, a continuación se desarrollan estas hipótesis en esquemas separados, respectivamente, en las figuras 3.3, 3.4, 3.5, 3.6 y 3.7; pero, para lograr una mayor fluidez en su desarrollo y que fíjen mejor los conceptos de los cuadros que presentan las figuras, utilizaremos un solo ejemplo.

  • El 15 de diciembre se gira una letra de cambio con vencimiento a día fijo: el 25 de abril. Girador, girado y beneficiario son personas diferentes.

  • La letra se endosó en tres ocasiones a tres personas distintas en cada caso: el 5 de febrero, el 25 de febrero y el lo. de abril.

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La letra es ordinaria porque no se le insertaron cláusulas especiales (núm. 2.41) y tampoco hay recomendación o domiciliación ni hubo intervención en los actos de aceptación y pago.

  1. Duplicados, copias, grupos y series de letras de cambio

Este tema nos brinda una vez más la oportunidad de verificar que en nuestro derecho cambiario existen instituciones reguladas por la ley desde hace mucho, que apenas tienen aplicación real y que, por el contrario, hay prácticas comerciales ampliamente difundidas que, sin embargo, todavía no reconoce el legislador (núm. 1.18). Ejemplo de las primeras son los duplicados y las copias; de las segundas, los grupos y las series.


Duplicados y copias

Estas figuras son en extremo confusas, complejas y, por tanto, poco utilizadas.

En cuanto a los duplicados (art. 117, LGTOC) señalaremos lo siguiente:

« Si una letra no especifica la palabra única, el tomador tendrá derecho a que el girador expida uno o más duplicados, y si está endosada, este derecho podrá ejercitarlo cualquier endosatario o su endosante. Todos los duplicados, en caso de expedirse, deben estar firmados por los signatarios de la letra.



  • Si los duplicados no se enumeran (primera letra, segunda letra, etc.) se considera que cada letra es distinta e independiente.

  • El pago de un duplicado libera del pago a todos los demás duplicados; pero si el girado acepta más de uno, quedará obligado respecto de todos los que haya firmado.

En cuanto a las copias (art. 122, LGTOC) mencionaremos lo siguiente:





  • El tenedor está en su derecho de hacer tantas copias de la letra como quiera, siempre que reproduzca exactamente la original con todos los endosos y enunciados que, en su caso, contenga.

  • Las copias podrán circular separadas del original, sin que pueda exigirse desde el punto de vista cambiario ningún derecho respecto de ellas, excepto a quien las haya hecho, y si las realizó en presencia de las partes interesadas.

Al respecto, la Corte sostuvo que no se puede entablar juicio ejecutivo con segundas o ulteriores copias si no se han dado con audiencia de la parte interesada, porque se prestaría a vejar a una persona, al embargarla, y se le podría embargar varias veces; la ley restringe esto, estableciendo que sólo es título ejecutivo el primer testimonio, y los otros sólo si se expiden con audiencia de la parte interesada.41

Una vez más se observa que en las posturas de la Corte la teoría de la convicción es de importancia fundamental, pues de haberse sacado una o más copias de la letra original, en ausencia del girador o del aceptante, las copias no son ejecutivas, ya que el girador o el girado no estaba consciente de haber contraído obligaciones adicionales a la original. Si se copiaron en su presencia se presupone que, al consentirlo, aceptaba al mismo tiempo, contraer una obligación añadida a la original. Es evidente que la complejidad de esta institución la inhabilita para ser utilizada con fluidez y claridad en la práctica mercantil.

Grupos y series

Al contrario de las desafortunadas instituciones legales anteriores, carentes de aplicación práctica, los grupos y las series de letras, también utilizados en otros títulos, son empleados con frecuencia por los comerciantes, aunque su uso, lejos de que lo reconozca la LGTOC, puede provocar sanciones tácitas o reconducidas. En suma, consisten en lo siguiente: lo que se complementa con las consideraciones en lo que se refiere al vencimiento de cualquier tipo de título, cuando se convierte a la vista por no prever alguno de los cuatro vencimientos que establece el art. 79 de la LGTOC (núm. 2.35).

Una sola deuda se distribuye o reparte en diferentes pagos, con vencimiento cada uno en distintas fechas, para lo que se emite una letra por cada pago que se deba efectuar.

Generalmente, la deuda se divide entre el número de letras, y cada una se emite por un monto igual a la parte del total que le corresponda. En cada una se menciona que todas constituyen la misma deuda, es decir, que pertenecen al mismo grupo de documentos, y cada una se numera en el orden de la fecha que le corresponda en la serie de los pagos concertados.

Por ejemplo, en una deuda distribuida en tres letras, cada una se presentaría como 1/3, 2/3 y 3/3; ésta, al ser la última, implicaría el saldo final de la deuda. Si una deuda se documenta con 12, la primera sería la 1/12 (la primera de doce) y la última la 12/12 (la duodécima de doce) y así en cualquier caso.





Es muy importante distinguir la serie de letras de la letra que contiene vencimientos sucesivos o vencimientos anticipados, porque estas letras producen consecuencias diferentes y adoptan sistemas distintos.

Nuestra opinión, así como la jurisprudencia aplicable a la cláusula de vencimiento anticipado y a la práctica de los vencimientos sucesivos, se encuentra en el apartado núm. 2.35 de este volumen.

3.1 □. Utilidad actual

Como acabamos de ver, la letra de cambio no es un documento fácil, y su manejo eficaz, es decir, el que permitiría obtener sus mejores posibilidades, no está al alcance de cualquier comerciante ni de algunos técnicos en derecho especializados en otras ramas; por otra parte, tampoco es un título que permita realizar cualquier tipo de negocio u operación.

Las cosas se crean para ciertos fines, pero si se usan para otros, un resultado exitoso será logrado por mera casualidad; lo probable es el fracaso. Esta afirmación es, por supuesto, aplicable a la letra de cambio (como guía rápida para establecer las diferencias entre letra, cheque y pagaré, véase el cuadro 3.1 al final del capítulo). Hemos tenido oportunidad de verificar que los comerciantes más expertos han enfrentado problemas litigiosos, técnicamente difíciles de solucionar, por haber recibido o llenado una letra de cambio deficiente, incompleta o con equivocaciones.

Fundamentalmente, debemos decir que en México prevalece la práctica de utilizar la letra de cambio como instrumento de seguridad, en favor de quien da crédito o de aquel que con ella presume recibir un pago; de esa forma, se le otorga una categoría equivocada (la del crédito o la del pago), pues la letra no sirve ni para uno ni para otro sino, como dijimos, sólo para cambiar dinero de plaza, dinero de la contabilidad de dos o más comerciantes que se deben entre sí o para sustentar las operaciones derivadas de estos dos tipos de cambios.

En la práctica hemos verificado que cuando una letra se litiga, fue a causa de que el aceptante “pensó” que lo que firmaba era un pagaré o, al menos, un documento de obligaciones lineales.

Pero este hecho, la concesión de una categoría equivocada, se agrava por el requisito de la distantia loci. En efecto, aunque cada vez con mayor frecuencia los comerciantes negocian con personas localizadas en otras ciudades o, incluso, en otros países, la regla general sigue siendo que mejor lo hagan con los de su ciudad; además, si a esto aunamos que el art. 82 establece, aparentemente como requisito cartular, la cláusula “plaza a plaza”, resulta que el uso cotidiano de la letra entre comerciantes de la misma ciudad puede ser incluso catastrófico, a tal grado que el autor de este texto considera que la letra sólo debería utilizarse en determinados negocios, como los que se mencionan a continuación:



  • En operaciones bancadas de pago y de transferencia, en las que enfrentaría como las más formidables competidoras a otras dos instituciones diseñadas para tal efecto, y cuya matriz es, paradójicamente, la letra de cambio: el crédito documentado,

3. La letra, el pagaré y el cheque îflï




conocido en la práctica como carta de crédito,42 la orden de pago y el giro bancarios (núm. 3.25).

  • En operaciones bursátiles de financiamiento, cuyo uso ha originado instrumentos novedosos, como la “aceptación bancaria”, que competiría con una enorme gama de instituciones diseñadas ad hoc.

  • Si se cuenta con conocimientos suficientes de la mecánica de la letra, puede utilizarse en operaciones empresariales idóneas, como la compensación de comerciantes situados en diferentes ciudades o países, o las disposiciones de dinero en favor de un comerciante a otro, cuando se localizan en ciudades diversas, en las que su competidor más importante es una vez más el banco.

En nuestra opinión, la letra no sólo tiende a desaparecer de los sectores que no sean la banca y el comercio internacional, sino que su desaparición sería muy recomendable en otros sectores que no fueran estos dos. Expedientes como su mera triangulación; el complicado llenado del texto, de tono incluso sacramental; la pérdida de tiempo y recursos que implica el levantamiento del protesto, sobre todo, por falta de aceptación; la necesidad de solicitar la aceptación, a lo que debería aunarse la posibilidad de que al recibir una demanda soportada en una letra textualmente defectuosa, el juez (art. 257, Código de Procedimientos Civiles) prevenga al actor para que colme en ella la deficiencia, lo que significa pedir al demandado que elabore otra vez las cosas para que se le pueda ejecutar, o simplemente que la acción no proceda, porque por el defecto “no surte efectos de tal”, permite afirmar que en la práctica, el uso de la letra, además de que no es necesario, es arriesgado y costoso.

Sucede que las actividades para las que la letra se diseñó, a las que durante siglos les prestó servicios inapreciables, o desaparecieron o se desarrollan mediante instrumentos más sencillos. Es muy claro, a nuestro entender, que todas las actividades que la mecánica de la letra permitió durante casi mil años, en la actualidad se desahogan casi de manera exclusiva por los bancos.

Como dato curioso, se señala que el origen histórico de la letra y el de la banca están tan ligados que pudiera pensarse que fue el mismo. La mejor herencia de la letra de cambio al comercio es, además de la banca, el pagaré y el cheque; es innegable que los dos, y tal vez también la primera, se gestaron en los negocios cambiarios.

Tanto el cheque como el pagaré (que analizaremos en las dos secciones siguientes) presentan características de sencillez y de clara especialidad más compatibles con los imperativos del comercio actual, cuyo vertiginoso desarrollo sólo puede aspirar al éxito mediante la eficiencia de sus instituciones.

El ritmo de algunos comerciantes que depositan ilimitadamente su confianza en las letras (denominación que incluso utilizan en forma extralógica para referirse a cualquier título de crédito) ha de ser corregido por los abogados consultores, quienes deben explicar las verdaderas ventajas y desventajas de cada título, porque son ellos quienes las conocen.





Segunda sección. El pagaré


  1. Origen. Montaje de su funcionamiento

Por oposición a los titulos triangulares (su perfección demanda tres elementos), como la letra o el cheque, el pagaré es el más importante de los títulos lineales o de obligación directa (su perfección sólo demanda dos). Lo mismo que aquéllos, éste es conocido y reglamentado en todos los derechos, y en todos, como en México, se le ha otorgado el lugar de título secundario y derivado de la letra de cambio.

Por mencionarse de manera simultánea, en ocasiones el pagaré se confunde con otras figuras cambiarías (inexistentes en el derecho mexicano), como la libranza o el vale, aunque eran muy diferentes. La libranza era una letra de cambio, pero no originada en un contrato de cambio trayecticio sino en cualquier otro contrato de naturaleza mercantil. El vale era un pagaré, en el que el emisor no se obligaba a entregar dinero, sino otros bienes o efectos. El pagaré, por su parte, es un título que contiene la obligación cerrada, que contrae el emisor de entregar al tomador o a su orden una suma determinada de dinero a fecha cierta.

De manera análoga al caso de la letra, el derecho mexicano no establece para la validez del pagaré, como tal, que se sustente en un contrato de cambio; igual que aquélla, éste es un título autónomo al que le son aplicables los lineamientos analizados en la teoría general del título de crédito.

A diferencia de la letra de cambio, que en todos los idiomas tiene la misma raíz etimológica, el pagaré recibe designaciones diferentes en cada uno; pero a pesar de que proviene de etimologías diversas en los derechos internos e, incluso, en el internacional, cualquiera que sea la denominación que se le dé, hace referencia al mismo título. Por ejemplo, en Latinoamérica y España se designa pagaré; en el derecho italiano, nota di pagamento; en el derecho francés, billet á ordre, del que existen derivaciones importantes, por ejemplo, el billet de fonds y bidet de banque; en el derecho estadounidense, promissory note, aunque con frecuencia se le llama simplemente note, y en el derecho inglés se le designa promissory note.

A título de una referencia importante, cabe señalar que los términos adoptados por las versiones española, francesa e inglesa de la reciente Convención de las Naciones Unidas sobre la Letra de Cambio Internacional (1988) y el Pagaré Internacional emplean pagaré, billet ordre y promissory note, respectivamente. Es decir, éstas son sin duda las denominaciones del título.

Breve recuento histórico

Según Roblot, el hecho de que el pagaré contenía la inserción de una obligación directa (algo insólito en aquella época) propició que durante los primeros años —tal vez cientos— de su origen lo utilizaran no los comerciantes sino, de manera fundamental, los bancos del Medievo, aun antes de que siquiera emplearan la letra de cambio, al extremo de que se pro-





piciaron dos consecuencias importantes: por una parte, durante los primeros 200 años de uso el pagaré existió en la Europa continental del Renacimiento más como un pagaré bancario (billet de banque
) que como un pagaré mercantil {billet ordre); por otra, el documento y su uso bancario se conformaron en el antecedente real e incuestionable del papel moneda, al grado de que su fórmula cambiaría, que se adoptó en el derecho de todos los países, es la misma que se insertaba en todos los papeles moneda (billetes): “la promesa incondicional de pagar una suma determinada de dinero...”

Sin embargo, la razón de que, en aquellas épocas, el pagaré haya sido menos utilizado que la letra no obedece al uso casi monopólico que los bancos hicieron de él, sino a otros motivos de orden sociológico.

En efecto, como contenía el reconocimiento de una deuda, el pagaré era el título que más se acomodaba a la realización de la usura, actividad que no sólo estaba prohibida sino que era rechazada por la conciencia de la mayoría de los comerciantes que no negociaban con otra cosa que no fuera dinero; luego, al identificarse con la usura, de preferencia no se utilizaba el pagaré.

Debido a que desde su nacimiento los pagarés fueron a la orden, es decir, eran transmisibles por endoso, y por no estar sustentados en un contrato como la letra, el emisor —en palabras de Roblot— sentía repugnancia por una obligación contraída con un desconocido, cuyo conocimiento no tendría lugar sino hasta la fecha del pago, pues no sabía a quién le iba a pagar: pudiera ser un competidor antagonista, un burócrata e, incluso, un usurero u otra persona no grata a los ojos del comerciante. Estas y otras razones similares fueron tan importantes y persistentes que, en efecto, la regulación legal del pagaré se estableció de manera tímida y como una tarea molesta que sólo se deseaba terminar, al grado que el Código Bonaparte, de 1807, apenas señaló algunos principios generales en los arts. 187 y 188; la ley alemana de 1848, de manera análoga, en los arts. 96 al 100 y, finalmente, la ley de Ginebra otro tanto, en los arts. 75 a 78, aunque ésta perfeccionó el tratamiento del pagaré en los arts. 21 y siguientes de su anexo II.

De igual manera, se rechazó el pagaré en el Reino Unido y en los países nórdicos, pero no por las mismas razones que en Europa central, de claro convencionalismo social, sino por motivos de orden técnico legal. En efecto, los comerciantes y las Cortes buscaban rendir homenaje a la perfección cambiaría de la letra, a la cual defendían a ultranza después de varios siglos de uso eficiente; por eso, rechazaban en los notes la carencia de seguridad jurídica que significaba que podían emitirse al portador; preferían condicionar su emisión a que no fueran negociables y, de ser posible, de acuerdo con cada negocio, a que estuvieran ligados a cualquier contrato mercantil.

Sin embargo, la enorme gama de posibilidades que permitía el note (pagaré) en materia bancaria, y al ser Inglaterra, en aquella época, el origen de todas las instituciones bancarias, se propició que finalmente se reglamentara de manera amplia, en la sección 83 de la Bill of Exchanges Act, de 1882, incluso como título susceptible de emitirse a la orden o al portador. Con esto, Inglaterra se convirtió una vez más en el pionero de una estructura legal que, por ejemplo, en México todavía no se acepta: el pagaré al portador.










El pagaré es en la actualidad el título de crédito más difundido entre los comerciantes y las empresas (privadas y paraestatales) que operen de acuerdo con considerandos de orden puramente mercantil y que, por cualquier motivo, deban dinero.

Su tipología comercial ha permanecido inalterada desde su creación: es el respaldo personal del pago de un préstamo, pero con la diferencia de que, en la actualidad y desde hace varios siglos, el préstamo con interés —el crédito— no está prohibido, por lo que sigue siendo, con frecuencia, utilizado por las instituciones de préstamo por excelencia: los bancos. Entonces, el pagaré es, lisa y simplemente, el título en el que una persona contrae la obligación de pagar determinada cantidad de dinero a la orden de otra, en una fecha cierta. Su montaje sencillo se ilustra en la figura 3.8.




  1. Requisitos literales. Presunciones legales

Al igual que en todos los títulos de crédito, los redactores del pagaré están obligados a cumplir con ciertos requisitos formales pues, en su defecto, el papel no surte como pagaré (art. 14, LGTOC).

Asimismo, como en todos los títulos, en el pagaré hay requisitos cuya omisión provoca su ineficacia absoluta, y existen otros cuya ausencia presume la ley, es decir, la ley suple la omisión. En seguida analizaremos los requisitos literales que la LGTOC obliga para este título (art. 170).







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