Primera sección. La letra de cambio Su lógica, nacimientc y desarrollo histórico



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3, La letra, el pagaré y el cheque 229


En todo caso, las posibilidades de que en la letra dos elementos personales sean la misma persona se explican en la figura 3.2.

Cuando se trate de una letra en que girador y girado sean la misma persona, bastará insertar la expresión, y cuando el girador se designe beneficiario, será suficiente especificar a favor de mí mismo, sin que sea obligatorio repetir el nombre del girador;30 en cualquiera de estos dos casos, no es necesario que aparezcan dos firmas, bastará con una sola.31



  1. La aceptación y la recomendación La aceptación

La aceptación es el acto mediante el que el principal responsable del pago de la letra, el girador, desciende a un segundo plano, en términos de responsabilidad, para cederle su lugar al girado, ni siquiera en calidad de principal responsable, sino de principal obligado, a partir del momento en que acepte la letra, con la que se convierte en girado/aceptante. Por la importancia que se deduce de estos enunciados, la aceptación debe cumplir con determinados requisitos por parte del que la da, y del que la solicita.

La aceptación debe constar en la letra y expresarse con la palabra acepto u otra equivalente (art. 97, LGTOC) (reconozco, consiento, etc.); desde luego, debe aparecer la firma de quien aceptó, aunque en una tesis singular la Corte sostuvo que si el aceptante no sabe firmar pero imprime su huella digital y además otro firma en su nombre, queda obligado.32

De la misma forma, ante la situación de que la LGTOC no previene nada cuando el girado no sabe o no puede firmar, la Corte ha hecho analogía del requisito de la presencia de un fedatario público en la expedición de la letra, para solicitar lo mismo en la aceptación.33 Sin embargo, la firma del girado en la letra es suficiente para que la aceptación se dé por hecha (art. 97, LGTOC).

La aceptación llevada a cabo de alguna de estas dos maneras se entiende incondicional y en su defecto, es decir, en caso de que establezca condiciones, se entenderá que el girado no aceptó la orden de pago (art. 99, LGTOC).34 No obstante, el girado puede aceptarla por una cantidad menor a la consignada, por la que será el principal obligado (art. 99, LGTOC);











para ello, el beneficiario debe protestar la parte que no se aceptó, a fin de no perder la acción
cambiaría (art. 140, LGTOC).

Por su parte, la persona que solicite la aceptación debe presentar la letra en el lugar y


en la dirección designados para tales efectos, y en caso de omisión, debe presentarla en el
domicilio o en el lugar residencia del girado (art. 91, LGTOC); pero la Corte sostiene, en este
último caso, que si después de que el girador acepte la letra, él mismo inserta su domicilio,
no es razón para impugnar la validez del protesto.35 Por último, es necesario destacar que el
tenedor debe ser precavido al presentar la letra para su aceptación antes de los plazos que
la LGTOC establece para cada uno de los cuatro tipos de vencimientos que reconoce (arts.
93 y 94).36

La recomendación

Cuando en el texto de la letra se recomienda a varios posibles aceptantes subsidiarios (el
girador le recomienda al tomador que si un girado no acepta la letra vaya con el siguiente,
y así sucesivamente), el tenedor está obligado a presentarla ante todos, siempre que antes
levante el protesto a quienes no la hayan querido aceptar (art. 92, LGTOC). No hemos sabido
que esta figura se haya utilizado en la práctica.

Protesto por falta de aceptación

En caso de que el girador no acepte la orden de pago contenida en la letra, el beneficiario
debe levantar el protesto de acuerdo con las reglas analizadas (núm. 2.36).

Es importante recordar que el protesto se levanta, por una parte, tanto por falta de pago

como de aceptación y, por otra, con objeto de no perder la acción de regreso y no la directa,
porque ésta no caduca por falta de protesto; aunque como en la letra que no se aceptó no hay
principal obligado, es indispensable que el protesto se levante, pero por falta de aceptación,
ya que de lo contrario no habría acción posible contra el girador (único responsable que
subsiste); sólo es intentable la acción de regreso y no la directa, ya que él no es el principal
obligado, puesto que nunca se obligó a pagar.

En el caso remoto de que una letra de cambio a cierto tiempo vista no se presente para su aceptación (art. 93, LGTOC), perderá la acción cambiaría en contra de todos los obligados. Esta perención implica, en nuestra opinión, la caducidad de la acción, pues es la declaración de que nunca existió, porque el titular potencial no realizó determinados actos positivos (núm. 2.39).











  1. El pago

Los principios generales del pago en materia cambiaría, aplicables tanto a la letra como a los títulos de crédito, ya se analizaron (núm. 2.35). En este numeral sólo estudiaremos algunas peculiaridades que se presentan si para el pago de la letra fue necesario recurrir a una instancia judicial, es decir, a un juicio, o bien si éste se obtuvo voluntariamente. Su estudio se dividirá en pago voluntario (extrajudicial) y pago forzoso (mediante el ejercicio de una acción judicial). Es importante referir algunos principios que ha sostenido la Corte en materia de pago y su prueba.

Debemos tener presente que, como en todos los títulos de crédito, en la letra el pago debe hacerse contra su entrega, requisito de intercambio pago/entrega de título, ampliamente reconocido por la Corte.37 Este intercambio no es necesario en la letra cuando se efectúan abonos a cuenta o quitas parciales; pero en caso de que los abonos no aparezcan en el texto de la letra, corresponde al demandado, y no al actor, probar que se realizaron.38 Por último, recuérdese que la prueba de un cumplimiento es a cargo de la parte que argumenta como defensa el cumplimiento, requisito de jurisprudencia fírme.39 Hechas estas precisiones, procedemos a profundizar en la clasificación propuesta.



Pago voluntario [no es necesario ejercitar una acción]

  1. Directo. Es el que hace el girado/aceptante al beneficiario, al vencimiento de la obligación (art. 101, 2o. párr., LGTOC).

  2. Indirecto. No lo realiza el girado/aceptante, sino uno de sus avales o uno de sus aceptantes interventores, al vencimiento de la obligación (arts. 101, 2o. párr., 105 y 115, LGTOC).

  3. De regreso. No lo hace el girado/aceptante, sino el girador, alguno de los endosantes o el aval de alguno de ellos (arts. 90, 115 y 153, LGTOC).

  4. Anticipado. Es el que efectúa el girado/aceptante antes del vencimiento, sin que el beneficiario esté obligado a recibirlo (art. 131, LGTOC).

  5. Parcial. Es el que hace el girado/aceptante o su aval al vencimiento, pero no por la totalidad de la deuda, sino por una parte; la cantidad restante queda descubierta como un pago por ejecutarse por la vía judicial (arts. 17, 109 y 130, LGTOC).

  6. En los casos 1 y 2 se extingue la letra y con ella cualquier responsabilidad u obligación de pago en que algún signatario pueda verse involucrado. Pero en el caso 2, el aval o





el interventor que pague tiene acción en contra del girado/aceptante para recuperar la cantidad que pagó. Con base en la parcialidad pagada, igual situación se presenta en el 5, respecto de la extinción total de la obligación y de la responsabilidad.

  1. En el caso 3, la letra no se extingue, sino que sigue siendo fuente de obligación cambiaría para el principal obligado (girado/aceptante) y de responsabilidad para los responsables del pago (endosantes), en todo caso, frente al signatario que realizó el pago.

  2. En el caso 4 no se extingue la letra, y el girado/aceptante no queda obligado hasta que se compruebe la validez (legitimidad) de su pago.

Pago forzoso [mediante el ejercicio de una acción judicial]

  1. Directo. Es el que se obtiene del girado/aceptante mediante el ejercicio de la acción cambiaría directa (arts. 101, 150 y 151, LGTOC).

  2. Indirecto. Es el que se recibe del aval del girado/aceptante mediante el ejercicio de la acción cambiaría directa (arts. 114, 150, fracc. II, y 151, LGTOC).

  3. Por honor. Es el que realiza un interventor durante la diligencia judicial de cobro sin otro interés que salvar el honor de una persona, entidad o circunstancia; por tanto, le asiste el derecho de repercutir en ejercicio de acción cambiaría directa o en vía de regreso, según el signatario por el que haya intervenido (art. 136, LGTOC).

  4. De regreso. Es el que se obtiene del girador, de alguno de los signatarios o del aval de alguno de ellos, mediante el ejercicio de la acción cambiaría en vía de regreso (arts. 90, 150, fracc. II, 151 y 154, LGTOC).

  5. Parcial. Es el que se recibe del girado/aceptante o, en su caso, de algún responsable en vía de regreso, por la cantidad que no cubrió aquél, en la fecha de vencimiento, debido a que pagó sólo una parte (arts. 130, 150, fracc. II y 152, LGTOC).

  6. Anticipado al vencimiento. Es el que se obtiene del girador cuando el girado no aceptó la letra, mediante el ejercicio de la acción en vía de regreso (arts. 145 y 150, LGTOC); o bien, el que se recibe del girado cuando acepta la letra, pero quiebra antes de su vencimiento (arts. 147, 150, fracc. III, LGTOC).

  7. En los casos 1 y 2 se extingue la letra y las obligaciones cambiarías implícitas; pero en el 2, el avalista podrá repercutir contra su avalado.

  8. En el 3, contrario al caso anterior, el pago y la letra no se extinguen; el interventor tiene acción contra su intervenido y contra los obligados anteriores a él.

  9. En el 4, la letra, sus obligaciones y responsabilidades de pago siguen vigentes. La acción por intentar le asiste al que a su vez haya sido ejecutado y haya pagado en vía de regreso, y la tendrá contra cualquier otro signatario, siempre que sea anterior a él.

  10. Tanto en el 5 como en el 6, cuando los involucrados son los principales obligados o sus avalistas, la letra se extingue y permanece vigente con todo su contenido obliga- cional en vía de regreso, si los involucrados son los signatarios endosantes.





  1. Pago y aceptación por intervención

En las relaciones de comercio, puede suceder que haya personas interesadas en que se acepte una letra o en que ésta se pague, una vez que se haya aceptado, aunque no sean ellas ni el girado ni el girado/aceptante, es decir, sin que la aceptación ni el pago los beneficie y sin que, por supuesto, tengan la obligación o la responsabilidad de hacerlo. Generalmente, este interés existiría por considerar que es la única forma de salvar una situación de crédito o reputación profesional, comercial o personal.

En efecto, esa reputación lograría salvarse con la intervención prevista en la LGTOC, que consiste en que una persona puede aceptar o pagar una letra que no estaba obligado a aceptar ni a pagar; por ejemplo, el padre cuyo hijo no puede pagar una letra que aceptó; el socio cuyo colega no quiere aceptar la letra de un proveedor que es necesario mantener, o la persona que por múltiples razones quiere evitar a un girado que no puede o no quiere aceptar una letra, los costos adicionales, el desprestigio, el descrédito o, incluso, otras consecuencias más graves, como el concurso o la quiebra, que provocarían su imposibilidad o su negativa. Su justificación permite comprender por qué a este tipo de intervención se le conoce con el nombre de intervención por honor.

La intervención sólo existe en la letra de cambio y, en ésta, únicamente en los dos momentos más importantes que se producen al contratar la obligación cartular: en la aceptación y en el pago.

Según nuestro conocimiento, la única ocasión en que la Corte se pronunció sobre esta institución tan peculiar fue en el caso de un negocio, en el que una sociedad mercantil pretendió defenderse de la acción cambiaría, arguyendo que su representante social y no la empresa había sido el que aceptó la letra como interventor por honor y, entonces, al haberse aceptado por intervención, no había ninguna acción en contra de la sociedad, sino en contra del representante en lo personal. Esta situación, desde luego, no fue reconocida por la Corte y sentenció que quien había quedado obligada era la empresa por medio de su representante.40



Dicho de otra forma, la institución de la intervención no existe en la práctica porque no es frecuente en el comercio que un sujeto sustente este tipo de actitudes, un tanto altruistas, o porque de abrigarlas, asume una conducta que no es, precisamente, la del interventor que regula la LGTOC. Debido a que ésta es nuestra opinión, no nos detendremos a analizar los detalles de la institución (arts. 102 a 108, LGTOC).











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