Primera sección. La letra de cambio Su lógica, nacimientc y desarrollo histórico



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y la provisión de fondos, desaparecieron de nuestra legislación desde 1932, cuando entró en vigor la LGTOC. En la actualidad, la provisión sólo existe en el cheque; se denomina provisión de fondos y es indispensable para que el banco efectúe el pago (arts. 184, 1er. párr., 186 y 193, LGTOC). Con esta excepción, en el derecho cambiario actual, atinadamente, no existe la provisión de fondos, pues la gran variedad de negocios que pueden necesitar el sustento de una letra son, por mucho, más de los que se podrían perfeccionar si la provisión fuera necesaria.

  1. Requisitos literales. Presunciones legales

Al igual que cualquier otro título de crédito, la letra debe cumplir con ciertos requisitos de forma, y como en todos los títulos, algunos son indispensables porque en caso de omisión


la ley no los presume, y otros no lo son ya que la ley suple su omisión (art. 14, LGTOC). Los siete requisitos formales de la letra de cambio son los siguientes (art. 76, LGTOC):

  1. “La mención de ser letra de cambio”

Éste es uno de los requisitos indispensables para la eficacia del título, cuya omisión, ya que no la prevé la LGTOC, trae como consecuencia que el papel no surta efectos en calidad de título de crédito. Sin embargo, en una antigua jurisprudencia la Corte sentenció que aun cuando el art. 76, fracc. I, de la LGTOC indica que el documento debe contener la mención de que es letra de cambio, no debe entenderse en el sentido de que forzosamente deba especificar la palabra letra
y que de no ser así, por el empleo de otra locución semejante, el documento pierda su naturaleza jurídica; por tanto, basta insertar una frase o un vocablo equivalente.1

Sin embargo, en otras tesis importantes la Corte cambió este criterio al resolver un amparo en el que estableció que debía prevalecer la interpretación literal de este precepto.2 Es decir, los títulos que no presenten la expresión letra de cambio, no se constituyen como tales. En efecto, para respetar el principio de la literalidad de los títulos de crédito, debe incluirse por fuerza la frase letras de cambio en los títulos, ya que de acuerdo con el art. 76, fracc. I, de la LGTOC, en estos documentos se estableció el carácter literal del derecho que a ellos se incorpora. Esto se debe a que la eficacia de la letra para engendrar derechos y obligaciones depende exclusivamente del elemento formal de la escritura como causa eficiente de la relación jurídica contractual, pues la declaración literal estampada en el título será la pauta y la medida de la obligación del que lo suscribe; además, es el rasgo característico que señala la doctrina cuando habla de literalidad.3

Finalmente, si la letra se gira en otro país e idioma, bastará que la traducción del término correspondiente sea letra de cambio para que el título surta como tal.4









  1. “La expresión del lugar, del día, mes y año en que se suscribe”

El cumplimiento de este requisito que implica otros dos (lugar y fecha) reviste una importancia práctica fundamental: sin él no es posible determinar —en su caso— la prescripción y la caducidad, la capacidad del suscriptor, la ley conforme a la que debe organizarse el litigio e interpretarse el pago y algunas otras situaciones jurídicas temporales, como el interdicto o la quiebra. Igual que en el supuesto anterior, en éste la ley no presume y, en consecuencia, su omisión acarrea la ineficacia de la letra.

Sobre el particular, los tribunales colegiados resolvieron durante un cuarto de siglo decisiones diferentes en tomo a la validez de una letra llenada en forma incompleta. El asunto encontró su conclusión en una tesis de jurisprudencia por denuncia de contradicción, según la cual, simplemente, de no tenerse en un texto cartular los requisitos de la letra, ésta simplemente no surte efectos de tal.5 Hay que señalar que la Corte, desde hace tiempo, también había sostenido que la fecha sí es un requisito esencial.6

En nuestra opinión, una tesis importante de la Tercera Sala pareciera trazar el hito de solución interpretativa en la siguiente forma: el art. 76, ffacc. n, de la LGTOC ordena de manera imperativa que la letra debe contener el lugar y la fecha en que se suscribe, sin que de esto se presuma que si no se satisface el requisito no produce efectos cambíanos (art. 14, LGTOC); para ello no obsta la supresión en la ley vigente de la distantia loci que establecía el art. 449 del Código de Comercio, en el sentido de que la letra debería ser girada de un lugar a otro, dejándola en vigor solamente para las cambiales emitidas por el girador a cargo de sí mismo. Esto es así debido a que, por un lado, la LGTOC continúa exigiendo este requisito, y, por el otro, la finalidad de expresar el lugar de expedición no sólo consiste en comprobar el requisito suprimido de la distantia loci, sino que se requiere para juzgar la validez de la letra, de acuerdo con las leyes del lugar en que se emitió, lo que es justificación suficiente para considerarlo un elemento esencial.7

Asimismo, la Corte consideró que la fecha de emisión es un requisito esencial cuando es determinable, como el caso de las palabras Navidad, lunes de Pascua o Día de





Muertos; esto representa una adecuada interpretación extensiva del art. 80, 2o. párr., de la LGTOC.8

Finalmente, el Máximo Tribunal sostuvo que la parte del documento en que se asiente el lugar de la expedición es irrelevante para determinar la eficacia de la letra, ya que es suficiente que el lugar esté anotado en cualquier parte del texto.9



  1. “La orden incondicional al girado de pagar una suma determinada de dinero”

Ésta es la centenaria fórmula cambiarla con que se perfecciona la triangulación de la letra de cambio. Desde luego, no puede existir presunción legal y, por tanto, omitirla acarrea la ineficacia del título. No obstante, debemos precisar que, como determinó la Corte en jurisprudencia firme, la incondicionalidad de la orden no deriva de que esa situación se estipule expresamente en el texto de la letra, sino de que en la orden no aparezca ninguna condición.10

Respecto del requerimiento de una “suma determinada de dinero” en las letras suscritas en dólares o en otras divisas son aplicables los comentarios que ya expusimos sobre el asunto (núm. 2.43). En este momento sólo señalaremos que la Corte sostuvo claramente que la fracc. III no debe entenderse en el sentido restringido de que sólo puede pagarse en moneda nacional, sino que debe aceptarse la acepción genérica de la palabra dinero, pues es indudable que la pretensión de la ley es que la orden incondicional sea un adeudo pecuniario con valor determinable.11

Es pertinente señalar que la LGTOC no permite que se establezcan intereses en la letra (art. 78), aunque no es requisito de la letra puesto que, si se inserta la cláusula de interés, se tendrá por no escrita (núm. 2.44).













En el litigio se ha debatido si en la “suma determinada” el pacto de intereses, no financieros sino simplemente moratorios, queda o no incluido en la prohibición. En efecto, los colegiados sostienen que sí está incluido en esta prohibición, en virtud del mandamiento imperativo y escueto del texto de la ley: “[...] se tendrá por no escrita toda cláusula de interés [,..].”12

En una excelente tesis por contradicción, la Corte sostuvo que para determinar los intereses moratorios que procedan por falta del pago oportuno de un título de crédito debe atenderse a la naturaleza del título, pues mientras las letras de cambio no aceptan ninguna estipulación en este sentido, en los pagarés sí.

Por tanto, si se trata del ejercicio de la acción cambiaría en las letras de cambio, debe considerarse que sólo procede reclamar los intereses moratorios al tipo legal, aunque en el contrato que les dio origen se haya estipulado un interés moratorio mayor, en atención a la naturaleza jurídica de este título que, por disposición legal, no permite ninguna estipulación de interés; la limitación en cuanto a que en la acción cambiaría sólo pueden reclamarse los intereses moratorios al tipo legal deriva no del principio de autonomía propio de los títulos de crédito sino, como se señaló, de la naturaleza jurídica de la letra de cambio que, por disposición legal, no acepta estipulación de intereses.13


  1. “El nombre del girado”

Si la letra es una carta dirigida a un sujeto con quien el girador mantiene una relación subyacente, entonces es evidente que si la letra carece de girado, es decir, si se omite el destinatario de la orden no hay triangulación y el papel no surte como letra de cambio;14 no obstante, la Tercera Sala sostuvo que el nombre del girado no constituye un elemento esencial, sino sólo su firma, por tanto, el legislador sólo permite oponer como excepción que no haya sido el aceptante quien firmó la letra.15 Como veremos después (núm. 3.5), el girador está facultado para designar dos o más girados a fin de que si uno no acepta la orden,





el otro pueda aceptarla. Asimismo, analizaremos que el girador puede designarse a sí mismo en calidad de girado, lo que origina consecuencias peculiares (núm. 3.4).

  1. “El lugar y la época del pago”

En este supuesto, la LGTOC establece presunciones expresas para el caso de omisión, que han sido acatadas puntualmente por la interpretación de la Corte.16 Si no se estipula el lugar de pago se tendrá como tal el domicilio del girado, y si hubiera varios, el pago se podrá exigir en cualquiera de ellos, a elección del tenedor (art. 77, LGTOC). De igual forma, si la letra consigna varios lugares para el pago, se entenderá que el tenedor lo puede exigir en cualquiera (art. 77, LGTOC). Por lo que se refiere a la omisión de la fecha de pago, la presunción legal (art. 79, 2o. párr., LGTOC) es que la letra vencerá a la vista (núm. 2.35).

En caso de litigio, por supuesto que el lugar adecuado para el emplazamiento es el designado en la letra a fin de hacer el pago.17 Por último, respecto del lugar de pago cuando la letra se gira a cargo del mismo girador, conviene que el lector se refiera al núm. 3.4.



  1. “El nombre de la persona a quien ha de hacerse el pago”

El enunciado de este requisito permite concluir, como vimos (núm. 2.34), que a diferencia de otros títulos, por ejemplo, el cheque, la letra no se puede emitir al portador sino que necesariamente debe ser nominativa, con la sanción general, en caso de omisión, de que ese papel no surta efectos de letra (art. 88, LGTOC). Sin embargo, si la letra se emite “en blanco” (núm. 2.33) el tenedor puede llenarla para suplir la deficiencia y colmar el requisito formal antes de presentarla.18

Debemos recordar que el hecho de que en una letra no se consigne el nombre del beneficiario no la convierte en un título al portador, pues para que se altere de manera sustancial su naturaleza, ser un título nato a la orden, requiere que en su texto se indique expresamente que es “al portador”, y sólo así se producirán los efectos anulatorios que previene el art. 88 de la LGTOC.19















  1. “La firma del girador o de la persona que suscriba a su ruego o en su nombre”

La firma es la forma en que un sujeto manifiesta su voluntad de querer obligarse cambiaria- mente; sin esta manifestación no se contrae la obligación, y si ésta no se contrae no existe el titulo de crédito.

La firma es el requisito verdaderamente indispensable para que un título de crédito nazca en el mundo del derecho. Al respecto, caben las siguientes precisiones: a) la firma no debe ser la que el girador usa siempre ni tampoco su nombre; basta que inscriba los signos suficientes para concluir que en efecto fue él quien manifestó su voluntad (firma, proviene del latín firmus firmis, firmine; declina en: apoyo, fundamento, afirmación, confirmación). La firma de un título es su apoyo y quien la estampe no puede alegar que no es la que usa ni que es ilegible, porque él la imprimió;20 b) de las tres formas en que se puede contraer una obligación con la firma (el interesado, su representante o quien lo hace a su ruego), aquellas dos no presentan problemas de interpretación; pero en la última, que c) se presenta cuando el girador no sabe escribir o cuando está circunstancialmente impedido para firmar debido a una enfermedad, ceguera u otras razones, debe cumplirse el requisito de estamparse frente a un fedatario público, pues de lo contrario el girador que suplica a un tercero que firme por él, no sabe qué está firmando ni en favor de quién. La falta de intervención de un fedatario acarrea la ineficacia del título, a pesar de que aparezca la firma del interventor rogado,21 y es a tal grado indispensable que la huella digital no es, en absoluto, suficiente.22

Estos argumentos son aplicables tanto al girador como al girado, pues en la letra él crea la obligación cambiaría (núm. 2.19).

La letra debe cumplir con el requisito esencial de la firma del girador, porque es un elemento en esencia formalista, es decir, por el que la forma de la letra constituye su propia sustancia, al grado que, cuando falta, el contenido del documento carece del valor jurídico.23







Sin embargo, téngase presente que el art. 76, fracc. vil, de la LGTOC no exige que se indique el nombre de quien se trate, sino sólo la firma del girador o de la persona que suscriba a su ruego o en su nombre; por tanto, cualquier persona puede ser girador, incluso alguna obligada en el título.24

Por último, cabe señalar que la cláusula que Cervantes Ahumada denomina valuta en español (del italiano antiguo per la valuta recebuta da: "por el valor recibido de”), conocida en la práctica como valor recibido —que todavía en algunos formularios se especifica inútilmente, y que en el derecho renacentista, en opinión del francés De Roover, equivalía a un reconocimiento de deuda y contenía, de modo implícito, una promesa no de pago sino de reembolso—, no es un requisito esencial ni económico o comercial, y así lo ha sostenido la Corte en múltiples ocasiones.25


  1. Elementos personales. Obligaciones y derechos

Las personas que intervienen en una letra se clasifican en dos grupos: las que son indispensables para su perfeccionamiento y las que no lo son. Las primeras corresponden a las que ya analizamos (núm. 3.2) y a las que la LGTOC denomina girador (el que crea la letra), beneficiario (el que la cobra) y girado (a quien se gira la orden de pago), que si la acepta deviene en girado/aceptante (el que la paga).

Las no indispensables, es decir, las personas susceptibles de intervenir en la letra, pero cuya intervención no es indispensable para la perfección son, desde luego, los endosatarios, aunque también el aval y los interventores. Los dos primeros ya fueron objeto de estudio (núms. 2.21 y 2.34) y los interventores se analizan más adelante (núm. 3.7); en el presente numeral examinaremos sólo los tres sujetos indispensables.

Girador

Sin duda, la obligación más importante es la del principal responsable (el que responde) de, primero, la aceptación y, segundo, el pago de la letra, en caso de que no la acepte el girado. Por tanto, se deduce que desde que el girador crea la letra, se ubica en una posición doble: a) desde que la gira y hasta que el girado la acepte es el principal responsable del pago (nótese que no es el principal obligado porque no se obligó a pagar), y b) cuando el girado acepta la letra en virtud de la cual se convierte en el principal obligado, el girador pasa a un segundo plano en términos de la posibilidad de que se le requiera el pago, es decir, adquiere un papel estrictamente subsidiario en la recuperación del título.







Otro requerimiento más práctico que legal, también a cargo del girador —no considerado por la LGTOC, sino por la lógica del comercio—, es que mantenga una relación previa con el girado, precisamente de orden subyacente.

El girador cuenta con derechos que se derivan de la relación cambiaría: posee un derecho preferente para el rescate de la letra pagada, en el acto de protesto (art. 156, 1er. párr., LGTOC); puede designar domicilios diferentes para realizar la aceptación y el pago (art. 83, LGTOC); es el beneficiario de la aceptación o del pago por intervención, cuando quienes las hagan no indiquen en favor de quiénes las realizaron (art. 104, LGTOC) y será el beneficiario del aval si el avalista no estipula en favor de quién otorgó el aval (art. 113, LGTOC).

Beneficiario

Por excelencia, el derecho del beneficiario es el del cobro cambiario, que se ejercita en la fecha del vencimiento (art. 131, LGTOC). Es esta persona y su derecho los que con todo vigor están protegidos por la maquinaria del cobro ejecutivo.

La obligación más importante del beneficiario es exhibir y, en su caso, restituir la letra contra el pago (art. 17, LGTOC); si no lo efectúa no podrá ejercer su derecho. Sus otras obligaciones se resumen a lo siguiente: no puede actuar en contravención de las hipótesis planteadas en la literalidad del título; es decir, no puede intentar el cobro por una cantidad distinta, en un domicilio diferente, en una fecha diversa, a otra persona, ni en otras condiciones a las estipuladas en el documento o, en su caso, de las que señale la LGTOC con carácter de presunción.

En este sentido, tampoco puede exigir el pago en una moneda distinta de la nacional, aunque la letra se haya denominado en moneda extranjera porque, como vimos (núm. 2.43), en ese caso el pago se hará previa conversión de la divisa al peso, de acuerdo con el tipo de cambio vigente a la fecha de la suscripción o del pago, según la moneda que el girador haya recibido en la suscripción.

Por otra parte, en caso de que se presente la letra para su aceptación y el girado no la acepte o, si la acepta pero no la paga, para no perder su acción de regreso el beneficiario está obligado a cumplir con todas las cargas destinadas a evitar que su acción cambiaría caduque, entre otras, levantar el protesto (núm. 2.36).

Girado y girado/aceptante

El girado, como figura complementaria del triángulo, requiere una distinción importante: puede llegar a ser el aceptante y, de esa forma, el principal obligado, o nunca serlo. En caso de que no acepte (hipótesis posible porque en efecto no está obligado a aceptar), nada pierde y nada gana; permanece ajeno a los problemas que su negativa produzca en la conducta de los implicados en el título. Es un ciudadano más al que no podrá hacérsele nada por haberse negado a contraer la deuda. Pero en caso de que sí acepte la orden que se le dio, de ser el simple girado pasará a ser el girado/aceptante, con lo que se convierte en el principal obligado del














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pago de la cambiaría; a partir de entonces, como ilustra el maestro Mantilla, se convierte en el protagonista de la epopeya del título.

Contra esa obligación principalísima, las demás se antojan insignificantes (cerciorarse de la personalidad de quien le cobra o verificar una serie no interrumpida de endosos; art. 39, LGTOC, etc.); por su parte, al girado/aceptante le asisten derechos que son correlativos a las obligaciones del beneficiario: poder negarse a pagar si no se le entrega la letra (art. 129, LGTOC) y no pagar antes de la fecha, en un lugar diferente, en otra moneda que no sea el peso ni, en general, en modalidades distintas de las pactadas y contenidas en la literalidad de la letra.

Confusión de los diferentes elementos personales

Una vez conocida la naturaleza triangular de la letra de cambio, es importante señalar que su mecánica permite que dos de sus tres elementos personales puedan fundirse en una sola persona física o moral, sin que por esto deba pensarse, en absoluto, que uno u otro elemento haya desaparecido y que, por ende, queda únicamente uno, porque los tres son indispensables para la perfección del título.

Girador y beneficiario pueden fundirse en una sola persona física o moral; es decir, la misma que gira la letra puede designarse beneficiario a sí mismo (art. 82, LGTOC). Esto no significa que la letra haya dejado de ser un título triangular para convertirse en uno bilateral —como el pagaré—, puesto que en su redacción continúa existiendo un sujeto que crea el documento mediante la fórmula cambiaría propia de la letra (“Pague usted a la orden de...”) y otro que va a cobrarla, de la misma forma que existe un tercero, el girado, que será quien la pague; de lo contrario, bastaría que el girado/aceptante se obligara directamente a hacer un pago, sin que fuera necesario que se diera a sí mismo la orden de pagar. El compromiso unilateral contraído con un sujeto conocido es el pagaré.

Desde luego, el aceptante no puede ser a la vez el beneficiario (“se estaría cambiando dinero de bolsillo”), a tal grado que una letra en estas condiciones no se considera letra de cambio.26

El girador puede ser la misma persona designada como girado/aceptante, caso en el que es inútil la aceptación, puesto que si es una sola persona la que ordena y cumple, el trámite de solicitarse aceptación a sí mismo es ocioso (art. 82, 2o. párr., in fine, LGTOC). No obstante, esta posibilidad (que la misma persona sea girador y girado) recibe en el art. 82, 2o. párr., de la LGTOC un tratamiento legal que tiende a crear problemas de interpretación en cuanto a los lugares de emisión y del pago; su texto es el siguiente:







Puede ser igualmente girada a cargo del mismo girador,
cuando sea pagadera en lugar diverso de aquel en que se emita.

El legislador permite que girador y girado sean la misma persona física o moral, con la condición tácita “cuando” de que el lugar de suscripción sea diferente del señalado para el pago.

Sin embargo, la expresión disyuntiva “puede” en relación con la condicionante “cuando” no es una orden imperativa ni puede tener una sanción expresa en caso de incumplimiento. Es evidente que, de acuerdo con la teoría de la convicción (núm. 2.32), al emitir la letra el girador sabía que estaba contrayendo una obligación cambiaría; por eso, el beneficiario aceptó tomar el documento y, más importante, entregó a cambio un beneficio patrimonial. En estas condiciones, resulta que si en la letra se señala el mismo lugar de pago en que se emitió y la fecha del cobro, y el deudor se acoge al art. 82, arguyendo que no se le puede cobrar porque no se trata de un título de crédito, porque el lugar del pago debía ser diferente del de la emisión, el sancionado sería el tomador de mala o buena fe. La disposición legal estaría desfigurando el interés de las dos partes que era evidente, conocido y consistente con la ley: la obligación cambiaría.

La interpretación de la Corte, que se antojaba la única solución posible ante esta disyuntiva (¿se trata o no de una letra de cambio?), provocó un continuado desconcierto que quedó disipado en una tesis de jurisprudencia generada por denuncia de contradicción, en el sentido, particularmente formalista, como la naturaleza misma de la materia cambiaría, de que

[...] cuando [...] se pacta como lugar de pago el mismo en que fue emitida la letra de cambio, o se omite fijar un domicilio para su pago —hipótesis esta última en la cual no opera la presunción legal de domicilio establecida en el artículo 77 de la citada Ley, por existir la obligación legal de señalarse un lugar para el pago del documento diverso al de su emisión— dicho documento carece de naturaleza de título de crédito, por no reunir todos sus requisitos específicos esenciales.27

Sin embargo, conviene resaltar que la ejecutoria de dicha tesis, al hacer referencia a que cuando la letra sea girada a cargo del mismo girador debe serlo en un “lugar diverso”, lo señala como una “plaza distinta”. Por tanto, persiste la duda —derivada no sólo de alegaciones puramente técnico-sustantivas y procesales, sino del tamaño de ciudades como la de México, que tiene ella sola una población que duplica la totalidad de la población de















la mayoría de los países del planeta— de si un lugar distinto debiera entenderse como una dirección distinta de la misma ciudad, y no la misma. En todo caso, hasta esta fecha, dada la contundencia formal de la jurisprudencia por contradicción en cita, no hay duda: deben ser “lugares” distintos, entendiendo por tales, lo que el litigante y el juez consideren.

Aquella extraordinaria tesis de quinta época28 —que el estudiante debe leer, y con la que estamos de acuerdo, porque en ella se protegieron los verdaderos intereses cambiales (el crédito, la buena fe del tomador y la convicción del suscriptor al contraer una obligación cambiaría) que hemos comentado—, que la Tercera Sala sostuvo en sentido de que el art. 82 no es impedimento para que la interpretación judicial conserve la elasticidad que le corresponde a la letra de cambio, en caso de que el principal obligado, su aceptante, no discuta ni niegue la existencia de la obligación suscrita, y sólo pretexte un elemento formal para desvirtuar el carácter ejecutivo del título de crédito en el que el actor se fundó para demandarlo, como es el supuesto de que el lugar de pago sea el mismo que el de emisión, queda como mera referencia de perfección de la técnica judicial. En ella —a guisa de corolario— se advierte que uno de sus dos fundamentos más importantes (además del texto de la Convención de Ginebra) es la ausencia de la necesidad del requisito de la distantia loci, los cuales permiten aproximamos, otra vez, en los criterios de la Corte, a la teoría de la convicción (núm. 2.32).

Para la referencia de los estudiantes jóvenes, nos permitimos recordar que la distantia loci (la que justifica este requisito del art. 82, en estudio) era un requisito legal que, para su realización perfecta, requería la correlativa organización, paralela a la letra, de un contrato de cambio que, como vimos, desapareció en 1932 con la ley actual. Ni técnica ni comercialmente se justifica que en una ciudad de 20 millones de habitantes o en cualquier población el girador, para que también sea girado, deba señalar ciudades diferentes para la emisión y el pago, tanto más si la

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