Primera parte capitulo primero



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PRIMERA PARTE
CAPITULO PRIMERO
EL TEXTO Y EL DISCURSO

Texto, discurso; lingüística del texto, análisis del

discurso; competencia textual, competencia

discursiva; tipos generales de textos.

No haremos en este manual una separación radical entre "análisis del discurso" y "lingüística del texto". Por el contrario, consideramos que ambas disciplinas están estrechamente ligadas, aunque mantengan su especificidad. De hecho, haremos constantemente alusión a uno u otro de estos campos, ya que, en nuestra perspectiva, se iluminan uno al otro. (van Dijk, l980: 21-29; Maingueneau, l976: 99-102).

Trataremos, en todo caso, de precisar los términos cada vez que sea necesario. En efecto, lo primero que crea problema es la polisemia de los términos "texto" y "discurso". Cada uno por su lado es ambiguo, y a menudo se emplean indistintamente uno u otro como si fuesen intercambiables. Así, por ejemplo, Jean Delisle, en su libro sobre el análisis del discurso y la traducción, define lo que el llama la "textología" como "el estudio de los discursos" (l984: 16). Por su parte, Lozano, Peña-Marín y Abril titulan su libro (l989) "Análisis del discurso" y agregan como sub-título "Hacia una semiótica de la interacción textual". Estos mismos autores señalan diversos sentidos del término "texto" (Lozano et al, l989: 15-19). Por su parte, Maingueneau presenta por lo menos seis sentidos posibles del término "discurso" (Maingueneau, l976: 15). Como lo señala van Dijk (l980: 20), la confusión proviene además de que en una lengua se emplea, por ejemplo, "texto" para lo que en otras se llama "discurso", o no existen los dos términos: "discourse studies" del inglés equivale a "textwissenschaft" del alemán. Agreguemos que, en francés, existe discusión sobre las expresiones "analyse du discours", "...de discours" y "...des discours", y que para cada una de estas denominaciones se avanzan serias razones teóricas.
1. 1 ¿Qué es el texto?
Diremos, para empezar, que ambas entidades, el texto y el discurso, están relacionadas:

*El texto es una configuración lingüística. Es un conjunto de elementos lingüísticos (palabras, oraciones...) organizados según reglas estrictas de construcción.

*El discurso es la emisión concreta de un texto, por un enunciador determinado, en una situación de comunicación determinada.

La relación es inextricable: no puede haber discurso sin un texto del discurso. El texto funciona como discurso en una situación determinada. Como lo dice J.-M. Adam (1990: 23), se puede hacer una ecuación admitida hoy en forma generalizada: el discurso es el texto más las condiciones de producción. De este modo, podemos por ejemplo analizar una conversación ya sea como discurso, ya sea como texto: en el primer caso, se observará que un enunciador específico se dirige con sus palabras a un destinatario específico, en un marco situacional (espacio temporal) específico; en el segundo caso, se observará cómo los elementos lingüísticos (palabras, oraciones...) se estructuran respondiendo a reglas de construcción textual.

El texto conserva en su superficie las huellas de la situación de discurso. Por lo tanto, un estudio acabado del texto remitirá necesariamente a sus condiciones de producción y de recepción. Textualidad y enunciación van necesariamente de la mano, como ya lo señalaba Ducrot en l980. (Ver "Texte et énonciation" en Les mots du discours). En efecto, el sujeto productor del discurso inscribe en su texto las marcas de su situación, como también las marcas de su destinatario real o imaginario.

Cuando se habla de "texto" se focaliza la mirada en el aspecto construccional o arquitectural. Es por ello que se puede hablar de "gramática del texto". Dicho en los términos de Kintsch y van Dijk (1975: 100), "llamaremos "texto" la estructura formal, gramatical, de un discurso"

[Nótese que estamos usando el término "texto" en su acepción restringida, relativa a textos verbales. En una concepción más amplia, que viene de la semiótica, se puede considerar texto todo conjunto significante, cualquiera que sea el sistema de signos con que esté construido. En ese sentido pueden ser considerados textos una película, una sinfonía, un cuadro, etc. Para los fines de este manual nos atendremos esencialmente al texto como realidad verbal].
1. 2. Competencia discursiva y textual
El texto, como entidad formal, corresponde al nivel superior de la competencia construccional (u organizacional) del individuo. El discurso corresponde a la puesta en acción de la competencia discursiva del individuo. Ambas competencias --textual y discursiva-- forman parte, pero a distintos niveles, de lo que se ha dado en llamar desde Hymes (1972) la competencia de comunicación.

Recordemos brevemente que la competencia de comunicación del individuo, entendida como su capacidad para participar en interacciones comunicativas, comprende primero un componente sociocultural, y luego dos componentes interrelacionados: la competencia construccional (u organizacional) y la competencia discursiva. La primera designa el conocimiento del "código", es decir el conocimiento de los elementos y las reglas que constituyen el sistema de una lengua. La segunda designa la capacidad de utilizar el código en situaciones de comunicación determinadas. No es la actuación misma (o "performance", si aceptamos el anglicismo), sino el saber enunciativo que permite "la movilización de la lengua por el hablante" (Benveniste). Decimos que estas dos competencias están interrelacionadas porque el individuo normal posee al mismo tiempo el conocimiento de las reglas constitutivas del código y el conocimiento de las reglas que rigen el uso del lenguaje en las diversas situaciones de comunicación. Nadie puede hablar una lengua si no conoce la organización (el código) de esa lengua; pero el conocimiento del código no basta para poder comunicar en esa lengua.

En la competencia construccional (que también algunos llaman "gramatical", en el sentido amplio del término), podemos distinguir un componente pre-sígnico y un componente sígnico. El primero se refiere al dominio de las unidades no significantes del código: fonemas y grafemas (en el caso de los individuos alfabetizados). El segundo concierne el nivel de los signos: competencia morfológica (conocimiento de la construcción de las palabras), competencia léxica (conocimiento de la forma y el significado de las palabras), competencia sintáctica (conocimiento de la estructura y significado de las oraciones) y competencia textual (conocimiento de la estructura y significado de los textos). A cada una de estas competencias corresponde una unidad sígnica: el morfema, la palabra, la oración, el texto. Por eso es que decimos que el texto es la unidad superior de la competencia construccional del individuo: un texto es una unidad mayor que la oración, así como la oración es una unidad mayor que la palabra. Un texto está compuesto de oraciones, aunque puede haber, en situaciones determinadas, textos de una sola oración, como en el caso de las pancartas: Se ruega transitar por la vereda del frente. Golpee antes de entrar. También en el caso de las pancartas se pueden encontrar textos constituidos por una sola palabra: Peligro. Salida, o un sintagma: Estacionamiento prohibido. No entrar. El texto es, entonces, la unidad de comunicación. En efecto, el individuo no comunica con oraciones aisladas, sino con secuencias de oraciones que muestran entre ellas relaciones formales que constituyen lo que llamamos las reglas de textualización ( o de construcción del texto). Estas reglas textuales se expresan en términos de recurrencia, progresión y relación (conexión), y rigen la creación de textos cohesivos y coherentes, como se verá en el capítulo tercero.

La competencia discursiva es de carácter diferente: es la capacidad de hacer funcionar los textos en situaciones de comunicación determinadas, ante un destinatario determinado, para obtener objetivos extra-lingüísticos determinados. La competencia discursiva se compone de una competencia situacional y una competencia enunciativa, esta última entendida en términos de competencia modal, ilocutiva, inferencial e intertextual, como veremos en el capítulo segundo.


1.3. El texto como ocurrencia y como tipo.
Otra dificultad en la distinción "texto / discurso" proviene de considerar el texto como ocurrencia o como tipo, lo que en alguna medida se relaciona también con el considerarlo como una realidad concreta o como una entidad abstracta. Para algunos autores un texto es una realidad concreta, empírica, correspondiente a un discurso efectivamente emitido. En este sentido, el texto representa el resultado material del acto de comunicación. Con palabras de Charaudeau, "el texto es la manifestación material (verbal y semiológica, oral /gráfica, gestual, icónica, etc.) de la puesta en escena de un acto de comunicación, en una situación dada, para realizar el proyecto de habla de un locutor dado." (1992: 645. Nuestra traducción)
***

Otros autores (Slatka, Adam, etc.) afirman, en cambio, que el texto es una entidad abstracta, opuesta al discurso que sería la única realidad concreta observable. "Un enunciado --"texto" en el sentido de objeto material oral o escrito, de objeto empírico-- observable y descriptible, no es el texto, objeto construido, por definición, y que debe ser pensado en el marco de una teoría de su estructura composicional. Esta definición de TEXTO como objeto abstracto, opuesta al DISCURSO (objeto concreto producido en una situación determinada) es hoy admitida unánimemente" (Adam, l992: l5. Nuestra traducción)

Por nuestra parte, preferimos no usar la distinción "concreto / abstracto", que de todos modos nos parece confusa. Diremos que conviene distinguir sistemáticamente las unidades del nivel construccional (o gramatical) y las unidades del nivel discursivo:
*nivel construccional: oración, texto.

*nivel discursivo: enunciado, discurso.


Las primeras son unidades formales, que pueden examinarse desde el punto de vista "configuracional". Las segundas son unidades observacionales, que sólo pueden ser examinadas en el marco de una situación de comunicación específica. Ahora bien, repetimos, una misma entidad lingüística puede ser mirada como texto o como discurso, según que pongamos la atención en su aspecto composicional o en su aspecto enunciativo.

Una dificultad similar aparece respecto a la relación "ocurrencia / tipo". En efecto, todo texto particular representa en alguna medida un tipo de texto. Hay una correspondencia, en este sentido, entre el texto como realidad particular, única, irreductible, realizado una vez en una situación específica, y el texto como generalidad (como "entidad abstracta" diría Adam). Todo texto, por individual o particular que sea, encarna toda una serie de "regularidades textuales", y esto es lo que permite hablar de una "ciencia del texto". Como reza un aforismo muy conocido, no puede haber ciencia de lo particular, de lo irreductible. Una gramática del texto o una teoría del discurso, subraya Van Dijk, sólo puede dar cuenta de ciertas estructuras regulares y sistemáticas del tipo de discurso. (l980: 20).


1.4. Modelos textuales
Cada texto es único, irreductible a los demás (por ejemplo, esta carta que he recibido hoy es única, específica); pero cada texto retoma, reproduce, encarna características generales de todos los textos del mismo tipo o de la misma familia (lo que me permite decir que lo que he recibido hoy es una carta y no un afiche publicitario, o una convocación al tribunal). "Si se puede siempre describir un texto como una entidad única e irreductible a otras, no por eso deja de ser analizable como realización de un tipo de texto." (Beacco, l985: ll5).
Es esta dialéctica "ocurrencia / tipo" la que permite postular la existencia de "modelos textuales", culturalmente determinados, que regulan la forma de los textos individuales. Dentro de la competencia textual del individuo existe, en mayor o menor medida, el conocimiento implícito de los modelos o matrices textuales: una carta de amor, un aviso económico, un parte de matrimonio, un afiche publicitario, una crónica periodística, un cuento, etc. [Notas: 1. esta noción de "modelos o matrices textuales", no es igual a la de "superestructuras textuales", que veremos más adelante, pero puede relacionarse con ella. También puede relacionarse con el problema de las tipologías textuales y con lo que Bajtín (l985) llama los géneros discursivos. 2. Sobre la utilización de "modelos textuales en la planificación de textos, ver por ejemplo los artículos de Drop y de Enkvist en Bernárdez, l987]

Sin duda, en el campo de los modelos textuales se puede ir desde los modelos más estandarizados, como el aviso de defunción en un periódico, o un texto notarial, hasta los menos regulados institucionalmente, como la carta de amor. Como dice Bajtín (l985: 248-293), la gama puede ir desde una orden militar "estandarizada y obligatoria hasta por su entonación" hasta una obra lírica, "profundamente individualizada".


1.5. Tipos generales de textos.
En una primera aproximación a las tipologías textuales, hay que señalar que los textos pueden ser dialogales o monologales y orales o escritos. La distinción "monologal / dialogal" se refiere al hecho de que los textos pueden ser producto de una interacción en que ambos interlocutores contribuyen a la construcción del texto --es el caso de la conversación--, o bien pueden ser construidos por el solo emisor, ya sea en presencia o en ausencia del receptor. Es el caso de una conferencia o de una pancarta. Lo esencial es que el interlocutor no participa en la construcción del texto. Dicho en otros términos, lo que en apariencia es un fenómeno banal (la comunicación puede efectuarse con la participación alternada de los dos interlocutores o bien con la participación de un solo emisor) tiene una importancia crucial para la organización o arquitectura del texto, y para toda una serie de fenómenos discursivos que detallaremos más adelante.

Por ahora podemos decir que, por ejemplo, en el diálogo la coherencia debe ser mantenida respecto al segmento textual que produce el interlocutor, según lo que Grice llama el principio de cooperación. (A: ¿A qué hora es la reunión? --B: A las ocho. Y no B: Dos manzanas o B)A mi mamá le gusta el chocolate.,). Como dicen los analistas de la conversación, los textos dialogales son policontrolados. Llamamos en cambio textos monologales a aquellos que son el producto de la actividad lingüística de un solo individuo, ya sea que esté solo o en presencia de un interlocutor, ya sea en forma oral o por escrito. Son textos monocontrolados. Si tomamos la imagen del tejido (texto quiere decir "tejido", nos recuerda Barthes), en el primer caso estamos tejiendo el texto --valga la redundancia-- entre dos o más; en el segundo caso, estamos tejiendo solos.

Ahora bien, aunque parezca extraño, la competencia conversacional es la más generalizada y la más fundamental. Es la primera que desarrolla el niño en su adquisición del lenguaje. Dicho en otra forma, el diálogo es la forma básica de la comunicación humana. La competencia monologal (oral o escrita) se adquiere más tardíamente y es menos generalizada: no todo el mundo puede hacer una intervención oral ante una audiencia, o escribir una historia. Cuando alguien se resiste a tomar la palabra ante una asamblea, diciendo algo como "No. Yo no. Yo no sé hablar" --lo que esta contradicho por el solo hecho de hablar para decir eso--, en realidad está diciendo "Yo no soy capaz de construir un texto cohesivo y coherente sin la interacción con el otro".

Hay que decir desde ya, para precisarlo más adelante, que hacemos una distinción entre "dialogal" y "dialógico". En el fondo, todo texto es dialógico, en el sentido que todo discurso es "discurso para alguien". El niño puede hablar solo y tener largos monólogos; pero siempre se está dirigiendo a un interlocutor imaginario. Ya veremos cómo estos fenómenos de dialogismo aparecen en la superficie del texto.

Los textos monologales, como ya lo hemos visto, pueden ser orales (una conferencia) o escritos (una crónica periodística). En cambio, los textos conversacionales son mayormente orales. No parece haber conversación por escrito, como no sea en el caso tecnológico de los intercambios por modem.

Lo esencial, en todo caso, es desmarcarse de la tendencia tradicional que lleva a asimilar "texto" a "texto escrito". En efecto, esta asimilación es tal que un autor como E. Roulet (1991), evita el término "texto" y habla solo de "discurso" porque "texto está demasiado ligado en la mente de los franceses con la connotación de escrito, monológico". Nosotros hablaremos de "textos orales" y "textos escritos", que funcionan como "discursos orales" y "discursos escritos". La relación entre ambos es sin duda compleja, sobre todo en las sociedades de larga tradición de escritura: en esos casos, el texto escrito no es una simple transcripción de comunicaciones orales, sino que desarrolla características específicas. En esos casos, oralidad y escritura tienden a separarse en forma tajante, al punto de llegar a constituirse casi en códigos diferentes. (Ong, 1987). Y la tarea de la escuela se concentrará efectivamente en desarrollar en el niño la capacidad de contruir textos escritos monologales que contengan las marcas adecuadas de coherencia y de cohesión para que sean entendidos por el destinatario. Pero desde el punto de vista de la ciencia del texto, una producción oral y una producción escrita tienen un estatuto similar: pueden ser examinadas como textos, es decir ser analizadas para ver cómo responden a las reglas de textualización a que hemos aludido más arriba.

Para hacer las cosas más difíciles, no solo "texto" connota "texto escrito" en la mentalidad tradicional, sino que además "texto escrito" connota "gramaticalidad", "elegancia", "buen estilo", "alto grado de intelectualidad", en una palabra estilo formal. E inversamente, se piensa que la comunicación oral es el lugar de la agramaticalidad, de lo descuidado, de lo mal organizado, en una palabra del estilo informal. Desde el punto de vista de la ciencia del texto, tanto el texto oral como el texto escrito pueden ser formales o informales. y tanto el uno como el otro responden a reglas construccionales específicas. Ejemplos: en la comunicación oral, el "Nicola, tráeme las pantuflas" del Sr. Jourdain es una secuencia textual oral informal; en cambio el discurso inaugural del año académico por parte del rector de una universidad es generalmente un texto oral del más alto nivel formal. En la comunicación escrita: los graffiti de los muros de la ciudad (como "Vale callampa el proceso democrático", escrito en un muro de la Universidad de Concepción en 1992) son textos escritos en estilo informal --y más aún los graffiti de los baños públicos--; en cambio, una comunicación científica es generalmente un texto escrito del más alto nivel formal.

Una distinción general más, previa para entrar en materia, se refiere a la oposición existente entre "textos literarios" y "textos ordinarios". En realidad esta distinción no es en absoluto clara, porque para mantenerla habría que disponer de una definición universalmente aceptada de lo que es "texto literario". Y a nuestro parecer esa definición no existe. Es por ello que van Dijk (1982: 118) llega a afirmar que es literario lo que una sociedad dada, en un momento dado, decide que es literario. Bajtín hablaba más bien de géneros discursivos primarios y secundarios: aquellos serían textos (simples) de la comunicación inmediata; estos serían textos que "surgen en condiciones de la comunicación cultural más compleja : comunicación artística, científica, sociopolítica, etc." (1985: 250). Sin entrar en la discusión, y sin dejar de lado la utilización esporádica de textos literarios,1 concentraremos nuestra atención más bien en lo que podemos llamar "textos ordinarios" (como Austin habla del "lenguaje ordinario"), es decir aquellos textos que surgen en la comunicación cotidiana: carteles, letreros, panfletos, textos de periódico, textos publicitarios, anuncios, tiras cómicas, chistes, etc.


1.6. Las fronteras del texto.
Una última precisión teórica, que toma más bien la forma de una interrogante: ¿Cuáles son los límites del texto?, ¿Dónde empieza y dónde termina un texto?. La pregunta no es banal, y la respuesta no es fácil, aunque muchos autores coincidan en que una de las características del texto es su clausura, es decir el hecho de presentarse como un todo. Pero la definición de esta clausura no es siempre clara.2 Se puede decir, por ejemplo, que esta clausura está señalada por una notoria interrupción en la intervención; pero eso pareciera no bastar ya que una interrupción puede provenir del hecho que el texto está inconcluso, o quedó inconcluso. Bajtín apunta al fenómeno del "cambio de los sujetos discursivos" para indicar lo que él llama la frontera del enunciado (que en sus escritos parece coincidir con el texto): "El enunciado no es una unidad convencional sino real, delimitada con precisión por el cambio de los sujetos discursivos, y que termina con el hecho de ceder la palabra al otro, una especie de dixi silencioso que se percibe por los oyentes como señal de que el hablante ha concluido." (1985: 261).

Digamos que todo locutor tiene una noción intuitiva de la unidad de los elementos de un texto, es decir la impresión de que todas las oraciones de un conjunto bien formado constituyen un texto. Es lo que algunos llaman "el efecto de texto", y que tiene que ver con lo que más adelante llamaremos "macroestructura". Lo más importante para nosotros es observar que todo texto contiene en mayor o menor medida las marcas de su clausura. Dicho en otros términos, normalmente el texto presenta marcas formales de su comienzo y su fin. Existen morfemas que, por ejemplo, anuncian que se acerca el fin del texto (en el oral, elementos fáticos como "Bueno..."; en el escrito, conectores como "En suma, en resumen..."), o indican que el texto ha terminado (en el oral: "He dicho. Gracias", etc. ; en el escrito, el "Vale" de los romanos, el "Fin" de las novelas y de las películas, etc. ).

En el caso de los textos conversacionales asistimos por una parte a una verdadera "negociación" de los turnos de palabra que marcan el cambio de interlocutor; pero lo más importante es que se observan rituales de apertura y de clausura del intercambio total (Goffman, 1987). Por ejemplo, uno de los interlocutores empieza a emitir señales de que está proponiendo el fin del intercambio (y, por lo tanto, el fin del texto): "Bueno, entonces, quedamos en eso". A lo que el otro interlocutor puede responder con señales de que acepta el término del intercambio: "Sí, en eso quedamos". A lo que puede suceder una serie de emisiones puramente confirmativas de que ambos aceptan la clausura del diálogo: "Bueno, usted me llama". "Sí, yo lo llamo.", etc. (Ver, por ejemplo, Roulet 1981 para el estudio de las conversaciones auténticas).

EJERCICIO

Carteles observados durante una visita a la iglesia de San Francisco de Tucumán (en diversos lugares de la nave).

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PROHIBIDA LA ENTRADA

NO ESCRIBA

RESPETE LAS COSAS SACRAS

RESPETAD EL TEMPLO

GUARDAD SILENCIO

NO HAGAIS RUIDO

NO SALIVEIS EN EL PISO

ESTA PROHIBIDO TOCAR Y VENERAR LAS IMAGENES

DURANTE LAS MISAS Y LOS ACTOS LITURGICOS
SACRISTAN

-------> o


CABALLEROS
DAMAS
TOQUE EL TIMBRE EN LA ENTRADA

¡SEÑORA, SEÑORITA!

POR RESPETO AL TEMPLO, A SUS HERMANOS O A UD. MISMA, SE LE RUEGA PRESENTARSE DECENTEMENTE.

QUE SU VESTIDO SEA SIN ESCOTE Y SIN SOLERAS.


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Observe que:

* No se trata aquí de un solo texto, sino de una serie de pequeños textos, la mayoría constituidos por una sola oración.

* No hay unidad temática entre ellos: algunos se refieren a realidades generales (como los letreros que indican los baños: CABALLEROS, DAMAS, o instrucciones generales, como PROHIBIDA LA ENTRADA) y podrían encontrarse en cualquier otro lugar. Otros se refieren específicamente a prácticas rituales, como la prohibición de tocar las imágenes durante los actos litúrgicos.

* Algunos mensajes están construidos en forma personalizada: NO ESCRIBA. RESPETE LAS COSAS SACRAS, etc. Otros están construidos en forma impersonal: PROHIBIDA LA ENTRADA. (Ver en el próximo capítulo la noción de "modos enunciativos").

* Se observa una clara anacronía, que apunta a condiciones de producción diferentes: el texto nº 3, RESPETAD EL TEMPLO, GUARDAD SILENCIO, NO HAGAIS RUIDO, NO SALIVEIS EN EL PISO, muestra en su constitución morfológica (y quizás también en su contenido referencial: la costumbre de escupir en el piso) que fue creado y puesto allí en una época pasada.

* El destinatario de todos estos textos es el público en general que frecuenta la iglesia, salvo el último que apunta explícitamente a las mujeres (¡SEÑORA, SEÑORITA!), con un fuerte llamado de atención, marcado en el texto escrito por los signos de exclamación, sobre la forma de vestir.

* Este último texto, por su marcado carácter ideológico (la mujer como fuente posible de la indecencia y del pecado) muestra una organización más compleja que los anteriores. Ya no hay simples órdenes, por medio de imperativos, como en NO ESCRIBA. o RESPETAD EL TEMPLO; ni simples prohibiciones en el modo impersonal, como en PROHIBIDA LA ENTRADA, o ESTA PROHIBIDO TOCAR LAS IMAGENES. En este texto se presentan argumentos como POR RESPETO AL TEMPLO, etc. y la exigencia está modalizada por un SE LE RUEGA. (Ver la noción de modalización en el próximo capítulo).

* Los textos constituidos por una sola palabra: SACRISTAN (acompañado de una flecha), DAMAS, CABALLEROS, funcionan comunicativamente en forma diferente. No se trata, aunque están cercanos en la nave, de tres mensajes similares. El primero dice Aquí se encuentra al sacristán. Los otros dicen Aquí entran las damas. Aquí entran los caballeros. (y no para rezar).

* Un trabajo pedagógico interesante, en español como lengua extranjera por ejemplo, consistiría en indicar todo lo que se puede hacer en esta iglesia y todo lo que no se puede hacer, siguiendo las instrucciones de los rótulos.

* Otro trabajo interesante podría ser el de buscar todas las implicaciones contenidas en los letreros (por ejemplo, que los fieles tienen la costumbre de tocar las imágenes).



1 Recurrir a ejemplos de textos literarios y a planteamientos teóricos que vienen del campo de los estudios literarios se justifica, al menos por dos razones: una, los textos literarios han sido producidos por "textualizadores competentes" (o socialmente reconocidos como tales); dos, el campo de los estudios literarios tiene una larga tradición de reflexión sobre la estructura y el funcionamiento de los textos, la que sería absurdo desconocer.


2 Nótese que también existe la posición opuesta que subraya la apertura del texto. Pero se puede decir que los que plantean esta posición, acertada desde ese punto de vista, piensan en la apertura constitutiva del texto hacia todo el conjunto de textos que forman un universo discursivo. (Genette, 1978, 1982; Eco, l963, 1981). Veremos este punto en el subcapítulo sobre "intertextualidad"


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