Primera edición en inglés, 1988 Primera edición en espafiol, 1995



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WEIMAR: CUIDANDO EL LEGADO DE MAx WEBER,
Y VALIÉNDOSE POR SUS PROPIOS MÉRITOS



Según Marie Baum, Marianne Weber sufrió un grave colapso como reacción a la muerte de Max.57 Durante muchos años, Marianne había Soportado la aislante enfermedad de su marido, en parte desempeñando un papel activo en el movimiento feminista. Ahora se retiró de la vida pú‘ Salomon, op. cit., p. 188.
5 Citado en Greven-Aschoff, op. cit., p. 113.
5 Salomon, ¡oc. cit., Los editores alemanes confundieron a Baum con Zahn-Harnack. Mientras tanto, el profesor Joachim Wieler, quien escribió la posdata a la autobiografía, puso en mis manos una copia de la carta de renuncia de Salomon, junto con la muy hostil respuesta de Baumer a la junta ejecutiva. Éstos claramente identificaron a Baum. En su propia autobiografía, Baumer restó importancia al incidente, sin nombrar a Salomon; Lebensweg, pp. 435 s.
57 Marie Baum en su edición de Ricarda Huch, Briefe en die Freunde, Manesse, Zurich,
1986, p. 213.

blica durante Varios años y continuó actuando simplemente como figura decorativa de la I3DF, en tanto que Baumer seguía predominante y Emma Ender se encargaba de gran parte de la labor ejecutiva antes de tomar formalmente la presidencia, de 1923 a 1931. Repetidas veces, Baumer llama a Ender la “enérgica y buena organizadora que sucedió a Marianne Weber”.58


Aunque algunos de los amigos de Marianne se mostraron decepcionados por su retiro, su manera de enfrentarse al máximo desastre de su vida fue concentrarse por completo en editar los fugitivos vestigios literarios de Weber y en escribir la biografía. Una de sus amigas feministas trató de sacarla de su continuo duelo: “Vuelve a ti misma. Se supone que cada ser humano está completo. Tú has propagado la autonomía de tu sexo, has exigido a las mujeres que se basen en sí mismas. Ahora muestra que puedes hacerlo” (L 114). Marianne reconoció que estas palabras eran sabias, pero insistió en volver a Weber a la vida, para ella y para la posteridad:
Después de que hube salvado las obras del finado, se me frrmitió comenzar mi propia labor, el Lebensbild de mi esposo. Me consagré apasionadamente a pintar su grandeza y su riqueza humanas. Las primeras semillas de la tarea crecieron en mf cuando me sumergí en sus cartas, inmediatamente después de su muerte. La creación intelectual era suya, pero ahora yo debía hacerlo nacer basándome en mis propias fuerzas. ¿Puede una persona de modestos talentos retratar a un gran ser humano? Bueno, eso ocurre a menudo... En lo posible, no yo sino él hablará en mis páginas, por medio de los pasajes más característicos de sus cartas. También quise que las sombras de los muertos que le eran caros, especialmente de su madre Helene Weber, cobraban nueva vida
(L 125).
Comunión y culto a los muertos —“el escritorio de Max Weber es mi altar, sitio consagrado por él” (L 115)— no fueron los únicos motivos de Marianne para la dedicación de sus labores. Como estaba convencida de la grandeza de su marido, durante muchos años había gemido bajo lo que consideraba como desdén a Weber por parte de la facultad de Heidelberg y de otras universidades, después de que él cayó enfermo. Su amargura no se disipó hasta que, con una mezcla de orgullo y de arrepentimiento, aceptó el doctorado honorario en derecho de Heidelberg en 1924, como reconocimiento a sus propios estudios jurídicos y a su labor editorial. El retrato de Max que pinta Marianne, como una figura de “genio impoluto” (L 124) pese a su grave enfermedad, pretendía no sólo impresionar a sus colegas académicos, sino, más aún, a un público lector que adulaba a gurúes como Oswald Spengler (1880-1936), al conde Keyserling (1880-1946) y su “Escuela de la Sabiduría” en Darmstadt, y, especialmente, a Stefan George.
El culto a George constituía la competencia más ruda a la reputación de

Weber como “el mito de Heidelberg”. Antes de la guerra, tres círculos habían florecido en Heidelberg: los wagnerianos, los weberianos y los georgianos. 59 Aunque no hay punto de unión entre los weberianos y el grúpo que rodeaba al historiador del arte wagneriano Henry Thode y a su esposa Daniela ----hija natural de Richard Wagner y de Cosirna von Bülow—, lo que Simmel llamaba “cruce de círculos sociales” (die Kreuzung sozialer Kreise) produjo unas relaciones directas, si bien bastante tensas con los georgianos. Pese a la creciente misoginia de George, que empezó exigiendo que las mujeres sólo publicaran con seudónimos masculinos y que terminó expulsándolas del culto, Else Jaifé y Marie Luise Gothein desempeñaron papeles clave en el círculo de Heidelberg, en torno de Friedrich Gundolf (1880-1931 ),60 así corno lo hicieron Gertrud Simmel y Gertrud Kantorowicz (1876-1945), amante secreta de Georg Simmel en Berlín. En los dos círculos que intersectaban, George encarnaba el arte y Weber la erudición. Mientras que los dos “gigantes” se trataron mutuamente con gran circunspección en sus dos entrevistas personales, debidamente anunciadas (en 1910 y en 1912), sus partidarios o bien tomaron partido ardientemente o se sintieron atraídos hacia aquí y hacia allá. Poco después de la muerte de Weber, Erich von Kahler (1885-1970) lanzó un ataque frontal desde el bando georgiano contra La ciencia como vocación, de Weber. Pronto Arthur Saiz (1881-1963) contraatacó con un folleto “Por la ciencia. Contra los educados que la desdeñan”.6’ Edgar Salin (1892-1974), importante figura georgiana en Heidelberg, quien combinaba la historia económica con los intereses estéticos, reconoció en sus memorias que “aparte de George, nadie entre los alemanes sobrepasaba a Max Weber en la profunda impresión que producía en la gente”. Pero añadió que “comparado con su hermano, Weber era profundamente insensible a las artes (amusisch). Su espíritu estaba lo bastante despierto para sentir la grandeza de la música, la arquitectura y la poesía, pero no tenía acceso directo al arte. En cambio, creó su ‘sociología’ para poder aproximarse a través de medios conceptuales a fenómenos que no podía alcanzar por la vía de la experiencia (Erlebnis) “•62 Contra esta disminución de parte de los literatos apolíticos, a quienes Weber podía tan cordialmente detestar, Marianne se desvió de su camino para describir la relación de Weber con las artes y los artistas.


Dado el clímax dramático de la biografía —el país derrotado, perdiendo a uno de sus más grandes cerebros políticos, la universidad perdiendo
59Véase Paul Honigsheim, Qn Max Weber, tr. Joan Rytina, Free Press, Nueva York, 1968, pp. 79-86 et passim; Helene Tompert, Lebens formen und Denkweisen der akademischen Welt iIeidelbergs im Wilhelminischen Zeitalter, Mathiesen, Lübeck, 1969, pp. 41 ss.
60Véase Edgar Salin, Um Stefan Georg. Erinnerung ¿md Zeugnis, Küpper, Munich, 1954, p. 111; véase también su comparación de los hermanos Weber en id., Lynkeus. Gestalten und Probleme, Mohr, Tubinga, 1963, pp. 66 s.
61 Erich von Kahler, DerBerufder Wissenschaft, Bondi, Berlín, 1920; Arthur Saiz, Fiir dic Wissenschaft gegen die Gebildeten unter ihren Veriichtern, Munich, 1921.
62 Salin, op. cit., pp. 108 s.

a un sabio que estaba a punto de hacer fructificar largos años de liabano podía esperarse que Marianne socavara la organización que le


había dado, confesando una crisis privada. IVIuy aparte de otras razones de reticencia, habría estropeado el atractivo de su héroe sobre su público revelando que su matrimonio, éticamente santificado, estuvo al final en dificultades: ocurrencia demasiado humana. El hecho es que en sus 50, Max Weber se sintió abrumado por su viejo afecto hacia Else Jaffé, íntima amiga suya y de Marianne. Por Else, rechazó varias atractivas oportunidades académicas y aceptó la prestigiosa cátedra de Lujo Brentano en Munich: “La maravillosa y familiar ciudad, y los amigos que vivían cerca lo atrajeron” (587), clara referencia, si bien disimulada en plural, al hecho de que Else residía fuera de la ciudad. Weber se enamoró como nunca antes de una mujer de más de 40, a la que conocía desde hacía 20 años. Así, finalmente experimentó una relación apasionada con una de las “mujeres eróticas” y “seductoras” contra las que se había puesto en guardia a sí mismo, pero ésta le resultaba tranquilizadora por su larga familiaridad, y podía confiarse en que haría lo correcto a su esposa y a su hermano, a pesar de todo. En un pasaje de La política como vocación, en el que trabajó en 1919, Weber insertó una generalización, poco oportuna, que acaso disimulara una confesión muy personal: “Rara vez encontraréis que un hombre cuyo amor pasa de una mujer a otra no necesite justificar esto a sus propios ojos diciéndose: ella no era digna de mi amor, o ella me ha decepcionado, o cualquier otra ‘razón’ que exista. Esta es una actitud que, con profunda falta de caballerosidad, añade una falsa ‘legitimidad’ al simple hecho de que ya no la ama y que esa mujer tiene que soportar las cosas”.63 Aunque Weber no culpó a Marianne, no reconoció ante ella ni la fuerza de sus sentimientos hacia Else ni el hecho de su consumación sexual.
Encontramos aquí un paralelo con Georg Simmel, quien ocultó a su esposa y a todo el mundo el hecho de que tuvo una hija con Gertrud Kantorowicz. Una vez más, realidad y apariencia diferían. Gertrud Simmel y Gertrud Kantorowicz continuaron agraciando con su presencia los “jours” semanales en el salón de Simmel, “cuyo propósito era cultivar lo que es más singular. La conversación tomaba una forma que prohibía a todos los participantes referirse a sus propias personas, sus problemas y angustias. Libre de todas las cargas humanas, el discurso se elevaba a una atmósfera de intelectualidad, encanto y tacto... Sólo eran admitidas personas selectas, de alta intelectualidad. En los ‘jours’ estaba siempre, desde luego, Gertrud Kantorowjcz, nombre íntimamente unido a la vida de Simmel y a la mía.” De este modo, Margarete Susman (1872-1966) introdujo su descripción del salón de Simniel. Pero cuando Gertrude Kantorowicz reveló su secretó a Margarete, a la muerte de Simmel, ésta retrocedió: “Debí haberla abrazado cariñosamente y haberme alegrado
63 H. H. Gerth y C. Wright Milis, From Max Weber, Oxford Universiy Press, Nueva York, l946,p, 117.

de ese hijo del amor. Pero la mentira en que ella había vivido tanto tiempo ante mí resultó demasiado dolorosa.”64 En contraste con Marianne, Gertrude Simmel siempre se había mantenido a una mayor distancia crítica de su esposo, compartiendo la crítica de Marianne de la “cultura femenina”, y exclamando ante ella: “Me impacienta mucho lo que todos los hombres dicen de nosotras, y esto incluye a Georg” (L 383). Y, una vez más en contraste con Marianne, Gertrud Simmel después se volvería con incontenible furia contra Simmel en una roman clef inédita hasta hoy. En los últimos meses de la vida de Weber, Marianne tuvo que enfrentarse a muchas dificultades familiares además de sus responsabilidades políticas y organizativas. En el otoño de 1919 falleció Helene Weber, a quien ella consideraba su verdadera madre. En la Pascua de 1920, la viuda Lily Schifer, hermana favorita de Max, se suicidó sintiéndose traicionada por uno de los carismáticos varones prominentes en el movimiento de la reforma educativa. Lily dejó a cuatro hijos pequeños, y Marianne de pronto se encontró en el camino de la maternidad adoptiva. A Weber le agradó la idea de este papel para ella, mucho más que un papel paternal para él. Muy realista, Else parece haber reforzado las dudas de Max acerca de su trato a los niños. Estando de viaje, en gira de discursos para la BDF, Marianne escribió una carta (el 30 de abril de 1920) en que revelaba su comprensión de los peligros maritales que la acechaban. Se preocupó por su vocación para la maternidad, y reconoció que no tenía “la productividad del momento que Else posee en forma tan incomparable”: frase que aparentemente se refiere a los hijos, pero posiblemente también al mayor poder de Else sobre Weber. Así, continuó, objetando la propuesta de Weber de que pasara varios meses de cada año aparte, con los niños: “Sólo tú puedes separarme de ti... y sólo si siento que me ha abandonado el poder de asegurar tu felicidad”.65 Pocos días después, Else compartía con Marianne el luto, junto al lecho de muerte de Max, así como 34 años después sostendría las manos de Marianne moribunda.


Poco antes del fin, Weber parece haber dedicado Economía y sociedad* a su madre, y el primer volumen de los Ensayos completos de sociología de la religión a Marianne. Ella a su vez dedicó “Hinduismo y budismo” a Mina Tobler y “El antiguo judaísmo” a Else. Así, para que el mundo pudiera verlo, las principales obras de Weber estuvieron relacionadas con las cuatro mujeres que más significaron en su vida.
Después de varios años de invariable concentración en las ediciones y en la biografía, Marianne se liberó de su preocupación y regresó a un papel público. Habiéndose mudado de nuevo a Heidelberg en 1921 y un año después a la ancestral mansión Fallenstein, restableció su salón a
64 Margarete Susman, Ich habe viele Leben gelebt. Erinnerungen, Deutsche Verlagsanstalt, Stuttgart, 1964, pp. 53 s.
65 Baumgarten, op. cit., pp. 53 s.
* La primera edición de esta obra en el Fondo de Cultura Económica es de 1944; la
novena reimpresión, última hasta la fecha, es de 1992. [T.]

mediados de los veintes. Sin embargo, su círculo difería considerablemente del de los años de preguerra. Con miles de mujeres estudiando en las universidades, el salón ya no tenía una función “progresista”. Ahora, las mujeres constituían dos tercios de los 30 o 40 participantes en cada reunión. El desafío, como lo veía Marianne, consistía en mantener un precario equilibrio entre los sexos: retener suficientes varones para evitar el cambio a un simple club de mujeres.


Else Jeffé y Marie Baum eran asiduas, pero Marianne deliberadamente excluyó a “las mujeres del movimiento feminista que estaban cerca de mí, pues semejante inundación femenina habría podido alejar al elemento masculino... ¡Cuán satisfactorio era que los hombres no fueran los transmisores exclusivos de la sustancia intelectual! Gracias a nuestra emancipación intelectual, Heidelberg se enriqueció con un nuevo tipo de mujer que combinaba la actividad intelectual con la misión femenina especial” (L 206). Dejando que Alfred Weber tomara el lugar de su hermano como primer ponente, Marianne logró atraer a algunos de los más conocidos sabios de Heidelberg y otros lugares para que hablaran de una vasta gama de temas antiguos, medievales y modernos. Sin embargo, el número de conferenciantes femeninas siguió siendo muy pequeño: la propia Marianne; Marie Luise Gothein, cuya Historia de la jardinería en dos tomos fue publicada en inglés en 1979;66 Marie Baum, desde 1928 conferenciante sobre la política de beneficencia en la Universidad de Heidelberg; Luise Klebs, poseedora de un doctorado honorario por su labor sobre jeroglifos, y otras dos o tres. (Sólo desde 1930 se llevaron listas, y además incompletas.) Camilla Jellinek, poseedora de un Ioctorado honorario en derecho desde 1930, también tomó parte, perc no habló formalmente. Con excepción de la soltera Marie Baum, las cuatro más conocidas eran viudas. En sus tés de los domingos, que se celebraban cada tres o cuatro semanas, Marianne participaba “apasionadarrente, y no siempre con justicia, como lo muestran sus memorias, pero ella siempre trató de ser justa”, recordaría Baum, quien continuó: “En la fiesta de sus 60 años parodiamos las pequeñas proclividades autoritarias (herrscherliche) que conocíamos tan bien y que nos gustaban en ella.”67 Else imitó a Marianne como madre superiora de un convento, quien, para su horror, es propuesta para el papado por sus fieles hijas.
Al aparecer la biografía en 1926, Otto Gradenwitz (1860-1955), profesor de derecho en Heidelberg, declaró que tenía valor histórico, ¡porque ayudaría a la gente moderna a comprender la justificación de la institución legal de la inmolación de viudas en la India! Pero nada menos que el historiador Friedrich Meinecke (1862-1954) defendió a Marianne contra el cargo de indiscreción, y leyó su drama familiar a la luz de la trage66 Marie Luise Gothein, A histoiy of Garden Art, edición de Walter P. Wrighi, Hacker Art
Books, Nueva York, 1979.
67 Marie Baum, en su introducción a Der Marianne Weber-Kreis. Festgae für Georg Poensgen, impreso en privado para los miembros, Kerle, Heidelberg, 1958, p. 11.

dia griega.68 Gertrud Btumer volvió a lamentar la pérdida de un potencial dirigente nacional y contestó a la frecuente pregunta: “Por qué el pue— blo no lo llamó como su jefe político?” sugiriendo que semejante elección sólo era posible en un raro “gran momento, cuando desaparecen la mezquindad y la vacilación y el destino incendia la voluntad para buscar lo esencial. Y esto apenas era posible en las condiciones de la vida diaria.”69


Desde la izquierda, Kathe Leichter, la mujer más importante de su generación en el Partido Social Demócrata Austriaco, escribió con mucho mayor escepticismo. Como fundadora de un grupo estudiantil revolucionario y pacifista en Heidelberg durante la guerra, había visto a Weber rechazar la petición de apoyo político de su partido, y lo encontró renuente a ayudar, aun cuando ella fue expulsada del país, aunque después Max acudió al rescate de Ernst Toller (1893-1939), el intermediario del grupo. Leichter recordó que Weber nunca había reconocido que, para los socialistas, la ética de la responsabilidad y la ética de la convicción debía coincidir. Juzgó que, “pese a sus grandes dotes para la jefatura, no le fue dado afectar el curso de los acontecimientos en tal forma que su muerte estableciera una diferencia en la forma de la historia alemana. ¡Ay!, la tierra no ha cambiado. Lo que probablemente ha cambiado es el mundo de la cultura, la universidad alemana. Con la muerte de Weber tal vez se haya perdido el último gran luchador burgués por la integridad y la objetividad de la cultura y la enseñanza”.70
La más renombrada entre las novelistas e historiadoras de su tiempo, Ricarda Huch (1864-1947), mostró otra reacción, desde la perspectiva del idealismo romántico. En 1919, ella había escuchado “La política como vocación” de Weber; y el joven Max Rehm, arrastrado por su carisma, había supuesto que ella, “conocedora de la psique y empapada en historia, comprendía el significado del momento histórico de que nosotros, los demás testigos, sólo teníamos un atisbo”.71 Sin embargo, después de leer la biografía, Huch escribió a Marie Baum: “Más valdría hablar que escribir de ello, pero no pude dejar de sentir, nuevamente, que Max Weber fue un actor. Tuve esa sensación espontáneamente la única vez que le oí un discurso, y yo había esperado algo muy distinto. Las fuentes de sus instintos no corrían, creo yo, y las sustituyó por su conciencia racional, algo contra lo que yo reacciono... Siempre noto inmediatamente si algo procede de una conciencia despierta cuando debiera estar arraigado en las profundidades del inconsciente.”72
68 Friedrich Meinecke, crítica en Historische Zeitschrift, 135 [1927]. (repr. en René Kónig y J. Winckelmann, comps., Max Weber zum Ged/chtnis, Westdeutsher Verlag, Colonia, 1963, pp. 143-147).
69 Gertrud Báumer, “Persn1ichkeit und Lebenswerk von Max Weber”, Die Hilfe, 10/11 [1926]. (repr. en Knig, op. cit., p. 124).
70 Káthe Leichter, ‘Max Weber als Lehrer und Politiker”, Der Kampf 19:9 [1926]. (repr. en Kónig, op. cit., p. 142).
71 Max Rehm, “Erinnerungen an Max Weber”, en Kónig, op. cit., p. 25.
72 Caita del 22 de octubre de 1928, en Baum, comp., de Rícarda Huch, Briefe, pp. 172 s.

En realidad sí había habido un elemento histriónico en los dos célebres discursos de Weber. Había adoptado una actitud deliberada de nideza frente al idealismo y exaltación juveniles, apelando a las cabezas serenas y no al latido rápido de los corazones. Pero el desafío de Huch era más básico. Como historiadora romántica con inclinaciones anarquistas, ella deseaba que sus héroes estuvieran en contacto con sus sentimientos, y no que fueran torturados racionalistas. Sin embargo, en este aspecto, Baum permaneció más cerca de la percepción de Marianne, que de la de su vieja amiga Ricarda.


Por último, a los 76 años, Helene Lange reconoció que la biografía era tanto acerca de mujeres como acerca de Weber. En una carta a su protegida Emmy Beckmann, su sucesora como presidenta de la Asociación General de Maestras Alemanas, observó un tanto cáusticamente:
Acabo de leer la biografría de Max Weber, por su esposa... Max es menos importante para mí que Marianne. Desde luego, ésta es una terrible herejía, pero es la verdad. ¡Hay tanto para las mujeres en este libro!, involuntaria e inconscientemente, pero con tanta mayor insistencia. Su madre fue uno de los seres humanos más extraordinarios que yo haya coñocido. Digo a sabiendas “seres humanos”, pues ella también estuvo muy por encima de la mayoría de los hombres. Su nuera lo ha puesto en claro... Desde luego, la sociología de Weber y el resto de su labor cultural son muy importantes, pero cada movimiento que intensifica directamente la humanidad me parece más importante. También ésta es una gran herejía.73
En los últimos años de la República de Weimar, Marianne Weber llegó a la cúspide de su popularidad como oradora pública sobre ética social y sexual, apareciendo ante grupos de jóvenes, estudiantes, teólogos y público de educación para adultos. Siguió haciendo campaña contra el “amor libre” mas, para consternación del teólogo Otto Baumgarten (1858- 1934), primo de Max, se negó a pedir su supresión legal (L 176). Pidió tolerancia hacia los estilos de vida individuales, pero rechazó las demandas de reconocimiento legal para las relaciones que no pretendían durar ni tener un nexo ético. Por tanto, ella se opuso (L 174) a la muy discutida propuesta de un “matrimonio de compañía” sobre una base provisional, como lo pedía el juez Benjamin Lindsay (1869-l943).7 Para ella, esto era un utilitarismo y un hedonismo típicamente estadunidenses, carentes de desafío ético, así como el mundo de las muchachas jovencitas le parecía totalmente vacuo y decadente.
Estas actividades terminaron en 1933, pero en lo principal corrieron paralelas al libro más popular de Marianne, Las mujeres y el amor, iniciado antes de que los nazis llegaran al poder, pero sólo publicado hasta
‘3 Carta del 10 de abril de 1926, en Emmy Beckmann, comp. de Helene Lange, Was ido hiergeliebt. Briefe, Wunderlich, Tubinga, 1957, pp. 271 s.
Véase también Marianne Weber, Die Idee der Ehe und die Ehesheidung, Societásdruckerei, Francfort, 1929, p. 42; Benjamin B. Lindsay, The Coinpanionate Mariage, Boni, Nueva York, 1927.

1935. Apareció en la célebre serie “Los libros azules”, volúmenes baratos de alta cultura para un público de masas; hacia 1936 se habían impreso 30000 ejemplares. El editor había persuadido a la renuente Mananne de volver, una vez más, al rescate de la moral sexual. Invirtiendo el título y la tendencia del libro de Helene Stócker de 1905, Marianne se propuso componer una obra normativa, que mostrara vidas ejemplares para establecer sus argumentos generales. Y, sin embargo, la mezcla de ejemplificación y de evaluación creó una cierta tensión, pues Marianne tendió a permitir a los individuos extraordinarios la libertad de trascender las reglas que los simples mortales debían obedecer.76


Basándose en los escritos de Charlotte Bühler (1883-1974) y de Eduard Spragner (1882-1963), Marianne trató derivadamente de psicología infantil y desarrollo del adolescente, pero su corazón estaba en los casos biográficos, que abarcaban dos terceras partes del libro. En realidad, en ciertos aspectos significativos, el volumen puede leerse como compañero de la biografía de Max. Esto se compensa por el hecho de que ésta se centrara en los hombres, avanzando más en dirección de la perspectiva femenina. De este modo, tras escribir una biografía que al parecer se centraba en un hombre pero que en realidad daba mucho espacio a dos mujeres
—Helene y ella misma—, Marianne elaboró el tema de las mujeres y del amor, tratando no sólo de las relaciones con los hombres, sino también de mujeres entre sí, y explorando las variedades de la maternidad. El libro contrasta el matrimonio aristocrático “libre” de Karoline y Wilhelm von Humboldt con el íntimo matrimonio burgués de su hija Gabnele con Heinrich von Bülow, compara el fracaso del matrimonio de Richard Wagner con Wilhelmine Planer con su relación extramarital con Mathilde Wesendonck, y escudriña los poderosos papeles de Cosima Wagner como amante, esposa y viuda. Un capítulo sobre el amor libre como aventura pronuncia un juicio sobre la condesa Franziska zu Reventlow, a quien Weber, violando sus principios ideales militares, había ayudado en su esfuerzo por evitar el reclutamiento de su hijo. En varios puntos se transparenta con toda claridad la experiencia de haber vivido con Max. Por ejemplo, cuando compara la abundante capacidad de las mujeres para la amistad con el mucho más restringido y práctico modo masculino, parece estar pensando en Max, quien nunca tuvo amigos íntimos de su mismo sexo. Me parece a mí que la propia historia marital de Mananne y la de sus amigas constituye una razón no escrita para ese desfile de figuras históricas.
Sin embargo, para cuando escribió el libro Marianne no sólo era la viuda de Max —experiencia claramente reflejada en el capítulo sobre la viudez—, sino que también había adoptado a los cuatro hijos de Lily y había llevado a su casa a varios jóvenes miembros de las familias Baumgarten y Mommsen, así como a cierto número de mujeres más jóvenes
Marianne Weber, Die Frauen und dic Liebe, Langewiesche, Kónigstein, 1935.
76 Véase también Dic Idee derEhe, p. 44.

Con quienes no tenía ningún parentesco. (Desde luego, el funcionamiento del hogar dependía de las fieles sirvientas, a quienes Marianne dedicó todo un capítulo en su autobiografía.) En un episodio (acerca del cual mostró después cierto embarazo), hasta llegó a ser una especie de “madonna protectora” de Peter Wust, filósofo católico que temporalmente se había apartado de la Iglesia (1884-1940), uno de los seguidores de Max Scheler.77


Sin embargo, las relaciones más cercanas de Marianne fueron con mujeres. Tras la muerte de Max, Marianne fue confortada por la presencia intensa de Marie Kaiser y de Anna Neumeyer, amistades que duraron hasta la muerte. Hablando por sus cartas, estas dos mujeres y Gertrud Simmel ocuparon después lugares importantes en la autobiografía.
En Las mujeres y el amor, Marianne formó una tipología basada en tales experiencias personales y en sus conocimientos literarios: la amistad personal de mujeres, la maternidad personal sobre hombres y mujeres jóvenes, la maternidad social impersonal del trabajo de beneficencia, y la impersonal caridad religiosa. Paralelo al concepto weberiano de afinidad electiva (Wahlverwandtschaft), ella-empleó los términos Wahlmutterschaft y Walhtochterschaft, que denotan el asumir el papel de madre o de hermana como base de una mutua atracción. Su primer ejemplo contemporáneo fue el nexo entre Gertrud Baumer y Helene Lange, las dos dirigentes de mayor influencia del movimiento feminista alemán. Alrededor del cambio del siglo, Lange escogió a BLiumer, quien era 25 años más joven, y vivió con ella hasta su propia muerte, en 1930. Marianne Weber, durante 50 años íntima amiga de Gentrud, describió cómo la más joven no sólo llegó gradualmente a tener éxito y poder que la mayor en el mundo exterior, sino que también, con el tiempo, asumió el papel de madre. Al tiempo que Marianne aprobaba el que mujeres de mayor edad hicieran las veces de madres de hombres y mujeres jóvenes, miraba con ojo crítico el acoso sexual y denunció “el desvergonzado hedonismo de hombres casados, especialmente de profesores, que tratan de arrastrar a sus estudiantes mujeres a unas relaciones ‘libres’” (L 174).
El último tipo, la caridad religiosa impersonal —es decir, la ayuda dada sin que importen las cualidades personales del que la recibe— le era familiar en las inclinaciones de Helene Weber. Escogió como su ejemplo a Eva von Tiele-Winckler (1866-1930), figura salida del universo de los santos medievales. Nacida en una familia rica y aristocrática de Silesia, siendo su madre católica y su padre un oficial prusiano protestante, Eva Creció leyendo a Tomás de Kempis y a Tauler. A los 18 años decidió no
La correspondencia entre Peter Wust y Marianne Weber no fue publicada sino hasta
1951. Wust llamaba a Marianne “mi querida madrecita” y firmaba “tu hijo”; ella le escribía
a su ‘querido hijo” y firmaba “tu madre adoptiva”. Véase Walter Theodor Cleve, comp.,
Webe cine,- Freundschaft, Briefwechsel Peter Wust-Marianne Weber 1927-1939, Kerle, Heidelberg, 1951. Para los ulteriores recuerdos de Marianne y la advertencia de Marie Kaiser,
véanse L 144 s. y L 363.

casarse nunca sino dedicar su vida a los pobres, fuesen alemanes o polacos. Entregada cada vez más al ascetismo y al misticismo mientras era víctima de una enfermedad agotadota, gastó su gran fortuna en atender a los pobres enfermos, especialmente a niños, y a los 27 años fundó una casa para diaconesas protestantes.78


Eva von Tiele-Winckler y Helene Lange, ascetas internas de tipos contrastantes, fallecieron al comienzo de la Gran Depresión. El país cayó en un abismo de desesperanza y miseria, y pronto estuvo maduro para el triunfo del nazismo, que barrió con la caridad cristiana, así como con la emancipación secular de las mujeres. El liberal Partido Demócrata Alemán se volvió insignificante, y fracasó un mal aconsejado esfuerzo de Baumer y de otras de fusionarlo con un orden juvenil nacionalista. La I3DF fue escindida por conflictos políticos, y quedó mucho más débil que otras organizaciones femeninas. Helene Lange, aunque ardiente patriota, al morir demostró ser hija del año revolucionario de 1848, su año natal, y comprometida republicana, pues pidió que su féretro fuera cubierto con los antiguos colores democráticos, Negro-Rojo-Oro como protesta contra el Negro-Blanco-Rojo de la derecha. Alice Salomon sufrió un siguiente paso de persecución al negársele la presidencia del Consejo Internacional Femenino cuando Emma Ender declaró ante lady Aberdeen que la BDF no podía apoyar su candidatura por causa del brote antisemita. Pero la última presidenta de la BDF, Agnes von Zahn-Harnack, cerró filas con Bertha Pappenheim, de la Liga de Mujeres Judías, y en 1932 hizo campaña contra el antisemitismo. Un año después, contra la opinión de Báumer, logró disolver la organización antes de que ésta fuera tomada por los nazis.
Mientras tanto, en 1929, Marianne Weber había ingresado en uno de los muchos grupos que aspiraban a reformar la vida y que buscaban el renacimiento moral de la persona y de la nación. La no partidarista Gemeinschaft (die Kóngener, como solía llamarse a tales grupos, por el nombre de un castillo) tenía una mayor cantidad de miembros femeninos, pero fue dirigida por teólogos renegados o con dudas, los cuales trataron de crear el papel de los seculares “consejeros de vida”, para el cual Marianne se sentía capacitada. Nada resultó de estos planes cuando el líder del grupo, un indólogo, resultó un destacado colaborador religioso nazi en 1933, y los miembros jóvenes fueron a parar a la juventud hitleriana. Tras la defección del líder se permitió que el grupo vegetara, reuniéndose una vez al año para la discusión de cuestiones estrictamente éticas y religiosas, pero no políticas. Aunque Marianne Weber había sido importante oradora en los “talleres” anuales de 1929 y 1931, no parece haber vuelto a dar conferencias después de 1933. En cambio, Gertrud Biiumer habló en 1938 y en 1939 acerca de “la unión del alma alemana con el cristianismo” y de la “piedad laica alemana” en una enrarecida atmósfera espiritual que Marianne consideró que se oponía, por esencia, al régimen nazi.
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