Presentación de las Respuestas de las Provincias de Iberia al cuestionario del Proyecto “Eucaristía-Vida” Introducción



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Presentación de las Respuestas

de las Provincias de Iberia

al cuestionario del Proyecto “Eucaristía-Vida”

Introducción

El cuestionario, acompañado por una carta del Prefecto General de Espiritualidad en la que se explicaban el objetivo y las etapas del proyecto “Eucaristía-Vida”, fue enviado a todos los claretianos de Iberia, a través de los provinciales y responsables de espiritualidad, el 15 de febrero de 2008. El plazo para enviar las respuestas a Roma, tanto por correo ordinario como electrónico, se fijó para el 31 de marzo. Algunas respuestas llegaron varias semanas después, pero fueron también aceptadas.

Iberia es una región congregacional formada por cinco provincias. A fecha 31 de diciembre de 2008, estaban incardinados en ellas 717 claretianos: Bética (143), Catalunya (86), Euskal Herria (71), Portugal (82) y Santiago (335).

Al cuestionario enviado por la Prefectura General de Espiritualidad se recibieron 125 respuestas (107 por correo electrónico y 18 por correo ordinario), lo que representa aproximadamente un 17,5% del número total de miembros incardinados. Para la correcta interpretación de estos datos hay que tener en cuenta que bastantes ancianos y enfermos no estaban en condiciones de responder y que las provincias de Iberia cuentan con un número significativo de miembros al servicio del Gobierno General o de otros Organismos cuyas respuestas se computaron por separado. No es fácil señalar el número exacto de respuestas de cada Provincia porque en bastantes casos se trataba de respuestas anónimas. Solo por alusiones indirectas (lengua utilizada, mención de lugares o personas, alusiones a hechos acaecidos en España o Portugal, etc.) ha sido posible adjudicarlas a Iberia, pero no a una provincia en particular.

Las respuestas varían mucho en cuanto a extensión (algunas ocupan varias páginas; otras se reducen a unas pocas líneas) y concreción (algunas descienden a muchos detalles; otras se mueven en el plano teórico). En medio de esta diversidad llama la atención el hecho de que todas subrayan la centralidad de la Eucaristía en nuestra espiritualidad misionera y el deseo de que el proyecto sirva para impulsarla todavía más.

En la síntesis de las respuestas a las tres preguntas del cuestionario que presento a continuación tendré muy en cuenta el número de respuestas que se refieren a un determinado asunto para poner de relieve lo más subrayado y obtener de este modo una visión más objetiva. Estos números figurarán entre paréntesis. Con todo, no hay que olvidar que no se trata de una encuesta científica sino solo de un cuestionario cuyo objetivo era sensibilizarnos acerca del proyecto “Eucaristía-Vida” e identificar los puntos principales que éste tendría que tener en cuenta.

Al final ofreceré también una lista con los asuntos que no han obtenido mucho respaldo, pero que presentan interés.

1. Respuestas a la primera pregunta: ¿Qué ha significado para ti la Eucaristía a lo largo de tu vida como misionero claretiano? ¿Ha habido alguna experiencia que te haya marcado positivamente?

Con la primera pregunta se buscaba un punto de partida experiencial que recogiese lo que los claretianos hemos vivido a lo largo de nuestra vida en relación a la Eucaristía y que, por otra parte, evitase los planteamientos demasiado abstractos. La espiritualidad se nutre de historias, de testimonios, más que de planteamientos. Ha habido hermanos nuestros que se han animado a compartir aspectos muy íntimos.

Las experiencias, por su misma naturaleza, son difícilmente sintetizables. Cada una de ellas refleja la aventura singular de quien la ha vivido y accede a compartirla. Por eso, en vez de reducirlas a denomina-dores comunes, a partir del mes de junio de 2008 comenzamos a darlas a conocer a través de la página web www.claret.org. En ella hay una sección dedicada al Proyecto “Eucaristía-Vida” a la que se accede directa-mente desde el enlace que figura en la portada. Dentro de esa sección está el apartado “Testimonios” reservado a la presentación de estas experiencias. A finales de marzo de 2009, figuraban ya más de 30 experiencias significativas. Otras muchas no se han publicado: o por ser muy cortas (apenas unas líneas) o por no aportar nada relevante.

Llama la atención el hecho de que, en la mayoría de los casos, se da un itinerario parecido. La espiritualidad eucarística comienza a surgir en la infancia, en el hogar familiar, se refuerza a lo largo de la formación inicial –a veces con formadores que la han cultivado de manera intensa– y recibe un nuevo enfoque a partir del Concilio Vaticano II. Para algunas generaciones este enfoque es determinante y marca una especie de línea divisoria entre dos modos de concebir y vivir la espiritualidad eucarística. Para otros representa una ampliación de horizontes dentro de la continuidad con la tradición anterior.

Las experiencias ponen de relieve el valor que tiene la celebración diaria de la Eucaristía. Varias acentúan este punto. Se repiten expresiones como esta: “Nunca he dejado de celebrar la Eucaristía a no ser por fuerza mayor”. Aunque alguno acusa el peso de la rutina, el hecho de celebrar cada día alimenta el proceso continuo de configu-ración con Cristo.

Entre las varias notas que se subrayan, hay dos que constituyen una especie de cantus firmus y que aparecerán también en la presentación de los rasgos de Claret: la Eucaristía como lugar de encuentro con Cristo y los hermanos y como fuerza para la misión.

Los títulos que aparecen en la página web dan una idea de la variedad y riqueza de los testimonios: “Alimento para el camino”, “La Eucaristía da sentido a mi vida”, “La Eucaristía nos pone ojos de justicia”, “Entrar en el misterio de un amor más grande”, etc. Se podría elaborar una sencilla teología narrativa a partir de estos relatos. Algunos pueden servir incluso para la meditación personal y comunitaria en un día de retiro. Abren interrogantes, sugieren aspectos descuidados, nos confrontan con nuestra propia experiencia. Y quizá pueden estimularnos a escribir con detalle la narración de nuestra propia historia eucarística. Sería una forma excelente de personalizar lo que el proyecto Eucaristía-Vida pretende.
2. Respuestas a la segunda pregunta: ¿Qué elementos de la espiritualidad eucarística de San Antonio María Claret te parecen más relevantes para nosotros en la actualidad? (Por favor, señálalos e indica las razones)

Aunque unos pocos (4) señalan no conocer apenas la espiritualidad eucarística de Claret o incluso que su lenguaje sobre la Eucaristía no les dice nada (2), la mayoría de las respuestas presenta una gama amplísima de elementos con los cuales se puede reconstruir lo esencial de la espiritualidad eucarística de San Antonio María Claret.



2.1. Encuentro, fuente, unión mística

Los tres elementos que más sobresalen son la Eucaristía como experiencia del encuentro con Jesucristo, como fuente de vitalidad misionera y como experiencia mística. Dada la importancia que revisten, conviene describir cada uno de ellos.



  • 43 respuestas subrayan que la Eucaristía fue para Claret el centro de su encuentro con Jesucristo, el lugar privilegiado para la configuración con Él, el momento culminante de la unión con Dios a través de su Hijo. Con diferentes expresiones se alude a la misma realidad. Claret, que entiende su toda vida como un proceso de imitación, configuración y unión con Cristo, encuentra en la Eucaristía la expresión suprema del encuentro. Por eso, ya desde niño, experimenta una fuerza irresistible a “estar con Él”. En este punto, varios acentúan que Claret vivía con intensidad el misterio de la presencia real de Jesús en la Eucaristía: “Después de la misa estoy media hora en que me hallo todo aniquilado. No quiero otra cosa que no sea su santísima voluntad. Vivo con la vida de Jesucristo. Él, poseyéndome, posee una nada, y yo lo poseo todo en él” (Aut 754).

  • 40 respuestas ponen el acento en la Eucaristía como fuerza para la misión. Son varios los que citan expresamente el número 694 de la Autobiografía en el que Claret, después de aludir a la gracia de la conservación de las especies sacramen-tales recibida el 26 de agosto de 1861, añade: “Por lo mismo, yo siempre debo estar muy recogido y devoto interior-mente; y además debo orar y hacer frente a todos los males de España, como así me lo ha dicho el Señor”. Para expresar esta misma idea, una respuesta se sirve del verso de Casaldáliga: “Comiéndote, sabremos ser comida”. Varias respuestas insisten en que no se puede entender la fecundidad apostólica de Claret sin tener en cuenta las fuentes en la que se abrevaba: la Palabra y la Eucaristía.

  • 15 respuestas aluden específicamente a los fenómenos místicos que Claret experimentó en relación con la Eucaristía, sobre todo la gracia de la conservación de las especies sacramentales. Varios piden que se estudie más a fondo este fenómeno místico y se ponga de relieve el significado apostólico que tenía. Pero la experiencia mística de Claret incluye también locuciones, levitaciones, resplan-dores y algunos dones como el amor a los enemigos, recibido el 12 de octubre de 1969. Para ilustrar este aspecto, una respuesta cita literalmente la nota al número 767 de la Autobiografía en la edición del bicentenario: “Toda la mística claretiana gira en torno a la Eucaristía, manantial de santidad y de fecundidad apostólica. La mayor parte de las gracias místicas que recibió el P. Claret, o son puramente eucarísticas –como la conser-vación de las especies sacramentales (26 de agosto de 1861)– o están en relación con la Eucaristía (también con la Virgen) durante la misa o en sus prolongados tiempos de adoración. La Eucaristía fue el sacramento de su unión mística. Su fe se traslucía al exterior y edificaba a quienes le acompañaban en sus visitas al Santísimo Sacramento”.

2.2. Celebración y adoración

Otro grupo de respuestas se centra en el modo como Claret celebraba la Eucaristía todos los días. Se subraya que era muy cuidadoso en la celebración y que se preocupaba por su decoro (2), que dedicaba tiempo a la preparación y a la acción de gracias (10). Una respuesta llega a concretar: “Celebraba sin prisas, pero sin detenerse demasiado”. Otra alude a la purificación previa a través de la confesión. Se subraya también el ambiente de recogimiento y de silencio que envolvía sus celebraciones y que, a menudo, llamaba la atención de quienes lo contemplaban.

Mención especial merece la relación que algunas respuestas establecen entre la celebración de la Eucaristía y la proclamación de la Palabra (9). Se utilizan expresiones como “Claret sentía pasión por la Palabra y la servía en la Eucaristía”.

Otro grupo de respuestas (8) se fija en la práctica asidua de la adoración de Jesús Sacramentado, que Claret comenzó cuando era niño y que cultivó a lo largo de toda su vida. El libro “Finezas de Jesús Sacramen-tado”, leído en sus primeros años, le abrió un panorama que se fue ensanchando con el paso del tiempo: “Delante del Santísimo Sacramento siento una fe tan viva, que no lo puedo explicar. Casi se me hace sensible, y estoy continuamente besando sus llagas y quedo, finalmente, abrazado con él. Siempre tengo que separarme y arrancarme con violencia de su divina presencia cuando llega la hora” (Aut 767).



2.3. Otros aspectos

Hay, por último, algunas alusiones, estadísticamente minoritarias, a otros aspec-tos de la experiencia eucarística de Claret:



  • El influjo de la Eucaristía en su despertar vocacional cuando era niño.

  • El equilibrio que mantiene entre la Eucaristía-sacrificio y la Eucaristía-presencia.

  • La relación de la Eucaristía con el Corazón de María.

  • La relación de la Eucaristía con la Iglesia.

  • Su creatividad celebrativa, aunque no se precisa en qué consistía.

  • La Eucaristía fue para él –dice otra respuesta, con un lenguaje actual– la “mesa del discernimiento” y la “mesa de los pobres”.

Una respuesta señala, a modo de conclusión, que lo más llamativo de Claret es “la síntesis que hace de lo que, a menudo, para nosotros son sumandos: Palabra, Iglesia, misión, etc.”.

En conjunto, las respuestas al cuestionario dibujan bastante bien la experiencia eucarística de Claret. Hay pocas alusiones a lo que podríamos llamar su pastoral eucarística: las iniciativas que puso en marcha para formar ministros idóneos de la Eucaristía y dignificar su celebración.

3. Respuestas a la tercera pregunta: ¿Qué crees que tendríamos que potenciar, estimular o corregir en relación con la espiritualidad eucarística tal como tú la percibes hoy en la Congregación?

La tercera pregunta se refiere a lo que nosotros claretianos podemos –y aun debemos– hacer para mejorar nuestra espiritualidad eucarística. Se habla de potenciar, estimular y corregir. Dado que la mayoría de las respuestas han unido las sugerencias referidas a potenciar y estimular, las presentamos todas en el mismo bloque.

La dispersión es grande, pero se advierten algunas constantes en cada uno de los bloques. Un mismo asunto aparece a veces en ambos, aunque contemplado desde diferentes puntos de vista. Si se señala, por ejemplo, en el apartado de lo que hay corregir, “la prisa con la que habitualmente celebramos la eucaristía”, en el apartado de potenciar se hablará de “celebrar con más calma”. Aunque puedan darse algunas repeticiones, procuraremos recoger todos los matices.

3.1. Potenciar y estimular

Estadísticamente lo que más debemos potenciar es la celebración periódica de la Eucaristía con los miembros de la propia comunidad o de comunidades vecinas (20) porque, según las Constituciones (n. 12), “la vida fraterna se significa sobre todo y se realiza plenamente en la Eucaristía, que es signo de unidad y vínculo de caridad”. Algunos señalan que la Eucaristía celebrada por todos los miembros de la comunidad es también la ocasión para compartir la Palabra y dejarnos interpelar por ella. Varios aluden al hecho de que en estas Eucaristías han experimentado una verdadera reconciliación comunitaria y se han visto reforzados en la misión común. En cuanto a la frecuencia, se sugiere que sea práctica habitual en los días de retiro o, al menos, una vez al mes, aunque algunos miembros de la comunidad tengan que celebrar otras misas por razones pastorales.

Sigue la necesidad de cultivar la adoración eucarística (18) como prolongación de la eucaristía celebrada. Se alude a las celebraciones comunitarias y también a las visitas personales. Algunos, incluso, sugieren la conveniencia de organizar de vez en cuando turnos de vela o de recuperar la visita comunitaria en algún momento de la jornada. Alguna respuesta vincula la expo-sición al Santísimo con la oración por las vocaciones, práctica tradicional en la Congregación. Como contrapunto, uno escribe: “Espero que el interés por la devoción al Santísimo no contamine los proyectos eucarísticos de la Congregación”.

Teniendo en cuenta los defectos que se señalarán en el apartado siguiente, parece urgente cultivar mucho más una formación litúrgica de calidad, tanto en la formación inicial como en la permanente (8), en la que se preste atención a los aspectos bíblicos, teológicos, antropológicos y pastorales, sin olvidar la luz que nos viene de la hagiografía. Tendríamos que aprender más de la vivencia eucarística de los santos. Un par de respuestas apuntan que esta formación debería consistir, sobre todo, en el estudio personal de los documentos de la Iglesia al respecto.

Aunque la gran mayoría de los claretianos parece celebrar diariamente la Eucaristía –tal como nos piden las Constituciones (n. 35)– algunos piden que se tome más en serio la celebración diaria vivida con espíritu de fe y dignidad (7), con más devoción y respeto, tratando de conectar al máximo la celebración y la vida (7), haciendo “hablar al pan y al vino”.

Otros hacen hincapié en la necesidad que tenemos –en línea con la práctica del Fundador– de cuidar mucho más la preparación (6) y la acción de gracias posterior (7). Se habla, incluso, de dedicar un mínimo de 20 minutos. Varios insisten en que no ayuda pasar rápidamente de la celebra-ción eucarística a otra actividad sin unos minutos de recogimiento y acción de gracias.

A fin de reactivar la espiritualidad eucarística se aconseja también la organización de retiros, jornadas o encuentros específicos (8) que tengan la Eucaristía como tema central a partir de las orientaciones recientes del magisterio de la Iglesia y de la tradición congregacional.

Vienen, a continuación, diversas sugerencias, menos respaldadas, pero también de interés:



  • Respetar con más seriedad las normas de la liturgia de la Iglesia evitando hacer de ella una prolongación o proyección de los propios gustos y fobias (7).

  • Prestar atención al equilibrio de la celebración y, de manera especial, a las dos mesas de que consta: la mesa de la Palabra y de la Eucaristía (5). En general, se observa un predominio de la primera sobre la segunda. Para muchos presbí-teros, preparar la Eucaristía se reduce a preparar la homilía.

  • Poner más de manifiesto la relación que existe entre la Eucaristía y nuestro compromiso por la paz, la justicia y la transformación de este mundo. En cada Eucaristía anticipamos el mundo que Dios quiere.

  • Dar relieve a todos los ministros que intervienen en las celebraciones con el pueblo evitando caer en la tentación del “presidente-orquesta” que realiza todas las funciones él solo.

  • Elaborar una guía formativa semejante a la que se elaboró con respecto a la Palabra de Dios que sirva de iniciación para los formandos en las diversas etapas del itinerario formativo. Podría titularse “Iniciación en el Ministerio de la Eucaristía”.

  • Organizar un Congreso Claretiano sobre la Eucaristía cuyas aportaciones se estudien después en las comunidades.

  • Cultivar mucho más la dimensión de belleza del sacramento, cuidando los símbolos y potenciando una auténtica “mística eucarística”.

  • Discernir el asunto de los estipendios, separando, en lo posible, la conexión que actualmente se da entre celebración de la misa y oferta económica.

  • Plantear la Eucaristía como una peregrinación que comienza en el momento de salir del propio cuarto hacia la iglesia o capilla y culmina con la comunión del Cuerpo y la Sangre de Cristo.

  • Subrayar más la Eucaristía como el sacramento de la presencia de Cristo en medio de nosotros, unido al resto de las presencias: la Palabra, el ministro, la comunidad, los pobres, etc.

  • Entender nuestra misión como una prolongación de la Eucaristía en la vida ya que “evangelizar es, en el fondo, hacer Eucaristía”.

  • Purificarnos a través de la confesión frecuente para celebrar con dignidad.

  • Promover una fe viva y dinámica y formar en actitudes personales; sin esta fe, todos los demás medios se quedan siempre en la superficie.

  • Recuperar el sentido sacrificial de la Eucaristía y el de nuestra propia vida como una “ofrenda eucarística” presenta-da a Dios.

  • Cuidar de manera especial la celebración de la eucaristía dominical evitando la multiplicación de misas con poca gente y poco preparadas.

  • Desarrollar la “dinámica de Emaús” como iniciación pedagógica: camino, Palabra, Eucaristía, comunidad, misión.



3.2. Corregir

También en este punto se observa una gran dispersión, aunque hay tres defectos que han sido señalados por un número significativo de personas:



  • Se habla, en primer lugar, de corregir la frialdad y rutina con que a menudo celebramos la Eucaristía, como si se tratara de un acto más de la jornada que hay que realizar porque forma parte de nuestros deberes de “funcionarios eclesiásticos” (15). Se echa de menos una actitud más fervorosa y una preparación adecuada que dé a la Eucaristía la importancia que tiene.

  • Se reconoce, en segundo lugar, el incumplimiento habitual de algunas normas litúrgicas e incluso ciertos abusos en circunstancias aisladas (12) como por ejemplo: modificar arbitrariamente las plegarias eucarísticas y las oraciones propias, celebrar sin ornamentos, permanecer sentados todo el tiempo de la celebración, alargar desmesurada-mente el rito de la paz, introducir gestos extraños para hacerla más atractiva, etc. Falta un verdadero sensus ecclesiae para comprender que la liturgia es la celebración de la Iglesia y no un medio del que el celebrante puede valerse, aunque sea para fines pastorales: atraer a la gente, catequizarla, etc. Falta entre los claretianos una buena formación litúrgi-ca. Muchos de los abusos son fruto de la ignorancia y de un sentido pastoral mal entendido.

  • Finalmente, habría que corregir la tendencia que se da en algunos, sobre todo en los más jóvenes, a no celebrar la eucaristía todos los días o cuando no hay pueblo (6). Detrás de esta práctica hay una comprensión deformada de la Eucaristía que privilegia el aspecto de banquete y minusvalora la dimensión sacrificial.

Para otros, lo que hay que corregir es el ritualismo escrupuloso que elimina el gozo de la celebración y da excesiva importancia a las rúbricas (2) y también la “exageración eucarística”; es decir, el hecho de celebrar un número excesivo de misas o la práctica de concluir muchos actos sociales con la celebración de la Eucaristía simplemente porque “queda bonito” (3).

Unas cuantas respuestas (5) tienen que ver con otros defectos de nuestras celebraciones. Aluden al hecho de que, a menudo, la Eucaristía diaria ocupa el peor momento del horario, cuando menos “estorba” a otras actividades o que, incluso, en circunstancias especiales (como encuentros, reuniones y capítulos), se celebra sin suficiente preparación, con prisa y sin dejar tiempo para la acción de gracias puesto que a continuación hay programado otro acto.

Presento ahora otras respuestas minoritarias que completan el panorama de lo que habría que corregir. Recojo casi literalmente el tenor de las respuestas:


  • La actitud de cierto desprecio por parte de una minoría que considera la Eucaristía como algo demasiado clerical.

  • La práctica de tener exposiciones del Santísimo inmediatamente después de la misa.

  • Las prisas con las que solemos celebrar.

  • La falta de dignidad mostrada en algunos hechos como: la suciedad de las capillas, iglesia y objetos litúrgicos, el atuendo del celebrante, algunos gestos, etc.

  • El individualismo que hace de la Eucaristía una “devoción particular” más.

  • El hecho de tener la reserva eucarística en nuestras casas y luego no practicar la visita asidua, dejando a menudo los sagrarios “abandonados”.

  • La eliminación de la adoración al Santísimo en algunas comunidades por considerar que se trata de una devoción con escasa base teológica y pasada de moda.

  • La práctica generalizada de acercarse a la comunión sin confesarse, tanto en los claretianos como en los fieles de nuestras iglesias.

  • El ambiente frívolo que se da normal-mente entre nosotros cuando hay concelebraciones, incluso en el caso de los funerales: conversaciones, risas, etc.

Conclusión

Tratándose de un cuestionario con solo tres preguntas, las respuestas no ofrecen una presentación sistemática de lo que la Eucaristía significa para los claretianos. Tampoco era este su objetivo. Pero sí es posible descubrir algunos puntos que el futuro Proyecto “Eucaristía-Vida” debería tener en cuenta. A mi modo de ver, estos puntos centrales son los siguientes:



  1. Los claretianos reconocemos y vivimos la Eucaristía como el centro de nuestra vida espiritual. No se trata de una devoción periférica ni de algo que no incida en nuestra vida. Celebración, comunión y misión están íntimamente relacionadas.

  2. Reconocemos igualmente que la espiri-tualidad eucarística es también esencial en nuestro Fundador, aunque en este punto se advierte una doble herme-néutica: por una parte, la de aquellos que conectan como por ósmosis con el fondo e incluso con las formas vividas por el Fundador y, por otra, la de quienes subrayan los enormes cambios que se han producido en la comprensión teológica y en la práctica litúrgica de la Eucaristía en relación con el tiempo en el que Claret vivió.

  3. Necesitamos una formación litúrgica mucho más sólida, que nos ayude a redescubrir la eclesialidad y belleza de la liturgia, a conectarla con las demás dimensiones de la existencia cristiana, a enriquecerla con nuevas perspectivas y, por último, a corregir algunos de los defectos que caracterizan nuestro modo de celebrar y vivir el Misterio.

  4. Es preciso profundizar y desarrollar más todo el circuito eucarístico (celebración-adoración-comunión-misión), evitando reduccionismos y teniendo en cuenta las diversas dimensiones de la Eucaristía, tal como aparecen expuestas, por ejemplo, en la exhortación apostólica de Benedicto XVI Sacramentum Caritatis (2007). En las respuestas al cuestionario se percibe una gran sensibilidad hacia los aspectos celebrativos y bastante menor hacia las repercusiones sociales de la Eucaristía.

  5. Como señalaba la respuesta de un anciano, el proyecto “Eucaristía-Vida” no serviría para mucho si se limitara a “ilustrarnos acerca de lo que la Eucaristía es y significa”. Lo urgente es impetrar y desarrollar una verdadera mística eucarística que dé solidez a nuestra vida misionera, que sea –por decirlo con la metáfora usada por Claret– como la punta fija del compás que nos permite hacer de nuestra vida una existencia plenamente eucarística, entregada a Dios y a los demás, en disponibilidad misionera.

  6. La espiritualidad eucarística está conectada con la espiritualidad de la Palabra y la espiritualidad cordimariana. El Proyecto “Eucaristía-Vida” tendría que ayudarnos a articularlas adecuadamente.

Gonzalo Fernández Sanz, CMF

Prefecto General de Espiritualidad




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