Práctico 12 Bibliografía: enzensberger,H. M., Elementos para una teoría de los medios de comunicación, Barcelona, Anagrama, 1971. Baudrillard, jean, “Requiem por los media”, en Economía política del signo, México, Siglo xxi



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Práctico 12

Bibliografía:
ENZENSBERGER,H.M., Elementos para una teoría de los medios de comunicación, Barcelona, Anagrama, 1971.

BAUDRILLARD, JEAN, “Requiem por los media”, en Economía política del signo, México, Siglo XXI, 1987 (7ma. edición en español).

BARTHES, R., LA ESCRITURA DEL ACONTECIMIENTO, en Paris Mayo 1968. La prerrevolución francesa. Editorial Tiempo Contemporáneo, Argentina, 1969.

ENZENSBERGER,H.M., Elementos para una teoría de los medios de comunicación, Barcelona, Anagrama, 1971.

Si considera esto utópico, le ruego

Que reflexione por qué es utópico.

Brecht, Teoría de la Radio

1.

Con el desarrollo de los medios electrónicos, la industria elaboradora de la conciencia se ha convertido en precursora del desarrollo socio-económico en las sociedades con un avanzado grado de industrialización. Se infiltra en todos los demás sectores de la producción, se hace cargo de un número cada vez mayor de funciones directivas y de control, y determina la norma de la tecnología del momento.



En lugar de ofrecer unas definiciones normativas, he aquí una relación incompleta de las innovaciones que se han producido durante los últimos veinte años: satélites de comunicaciones, televisión en color, televisión por cable y con cassette, video-tapes, video-recorders, video-fonos, la técnica del laser, procesos electrostáticos de reproducción, sistemas electrónicos de impresión rápida, máquinas de composición y de enseñanza, microfiches con acceso electrónico, impresión por radio, computadoras time-sharing, bancos de datos.

Todos los citados medios forman combinaciones entre sí y con los medios más antiguos como son la imprenta, radio, cine, televisión, teléfono, teletipo, radar, etc. A marchas forzadas están estableciendo interconexiones, tendentes a crear un sistema universal.

Sin embargo, la contradicción general entre las condiciones de producción y las fuerzas productivas se manifiesta con la máxima claridad, cuanto más avanzadas sean éstas. (Por el contrario, unas crisis estructurales de antiguo origen, como en el caso de la minería del carbón, pueden solucionarse mediante una simple recuperación de atrasos, lo cual significa una solubilidad dentro de su propio sistema; por lo tanto, una estrategia revolucionaria que confiara en una crisis de este tipo, sería miope.)

El capitalismo monopolista desarrolla la industria de la conciencia de forma mucho más rápida y amplia que otros sectores de la producción, pero al mismo tiempo tiene que encadenarla. Una teoría socialista de los medios debe trabajar a partir de esta contradicción, demostrar que es insolucionable dentro del marco de las condiciones dadas de producción; discrepancias en rápido aumento; explosivos potenciales. A una teoría de este tipo cabe “plantearle determinadas peticiones de pronóstico” (Walter Benjamin).

No resulta suficiente un inventario “crítico” del status quo. Existe el peligro de subestimar los crecientes conflictos en el campo de los medios, de restarle importancia e interpretarlo sólo en términos liberales o de las trade-unions, según el esquema de los conflictos laborales tradicionales o como oposición de intereses espaciales (director/redactor, editor/autor, monopolio/empresa “mediana”, corporación pública/empresa capitalista privada).

Una apreciación de este tipo es excesivamente corta y queda encallada en argumentaciones tácticas.

Hasta el momento no existe una teoría marxista de los medios. Debido a ello, no se dispone de una estrategia útil aplicable a este campo. La inseguridad, la duda entre el miedo y la entrega, caracterizan la actitud de la izquierda socialista frente a las fuerzas productivas de la nueva industria de la conciencia.

La ambivalencia de esta actitud no es más que un reflejo de la ambivalencia de los medios mismos, pero sin llegar a dominarlos. Sólo podría ser eliminada si se abren los cauces a las posibilidades emancipadoras que yacen en la nueva fuerza productiva. Sin embargo, tales posibilidades serán saboteadas tanto por el capitalismo como por el revisionismo soviético, dado que amenazarían el predominio de ambos sistemas.



EL PODER MOVILIZADOR DE LOS MEDIOS

2.

El poder movilizador de los medios electrónicos es, precisamente, su secreto evidente, el factor político decisivo que, suprimido unas veces o fragmentado en otras, está esperando todavía que suene su hora.



Donde digo movilizar, quiero decir movilizar. En un país que ha sufrido en su propio cuerpo el fascismo (y el stalinismo), quizás sea necesario explicar todavía (o de nuevo) lo que esto significa: hacer que la gente sea más móvil de lo que es. Que posea la libertad de un bailarín, la presencia de ánimo de un futbolista, el factor sorpresa de un guerrillero. Quien considera a las masas como objeto de la política, no logrará movilizarlas, sino que sólo quiere darles órdenes. Un paquete, por ejemplo, no pose movilidad, tan sólo se le envía de un lugar a otro. Las concentraciones multitudinarias, las columnas y los desfiles inmovilizan a la gente. La propaganda que no da rienda suelta a la autonomía, sino que la paraliza, sigue el mismo esquema. Conduce hacia una despolitización.

Por vez primera en la historia, los medios posibilitan la participación masiva en un proceso productivo social y socializado, cuyos medios prácticos se encuentran en manos de las propias masas. Porque una utilización de este tipo conduciría los medios de comunicación (que hasta ahora llevan injustamente este nombre) hacia sí mismos. Como se sabe, unos medios como la televisión y el cine en su aspecto actual, no están al servicio de la comunicación, sino que más bien la obstaculizan. No permiten ninguna influencia recíproca entre el transmisor y el receptor; desde el punto de vista técnico, reducen el feedback al nivel mínimo que permite el sistema.

Sin embargo, este estado de cosas no puede ser justificado desde el punto de vista técnico. Muy al contrario, pues la técnica electrónica no conoce ninguna contradicción de principio entre el transmisor y el receptor. Cualquier radiorreceptor a transistores también es, por la naturaleza de su construcción, una emisora en potencia, pues por acoplamiento a reacción pude actuar sobre otros receptores. Por lo tanto, la transformación de un mero medio de distribución en un medio de comunicación no ofrece ningún problema de índole técnica. Esta transformación se evita conscientemente por unas pésimas razones políticas. Así, la diferenciación técnica entre transmisor y receptor refleja la división social del trabajo entre productores y consumidores, que ha adquirido una agudización política especial en el campo de la industria de la conciencia. Porque, en último término, está basada en la contradicción básica entre las clases dominadoras y las dominadas (esto es, entre el capital o la burocracia monopolista por un lado y las masas dependientes por otro).

Esta analogía estructural puede seguirse hasta el menor detalle. A un determinado programa de un cártel de emisoras de radio le corresponde un programa político de un cártel del poder, constituido por partidos de carácter autoritario. En ambos casos, unas diferencias marginales de las respectivas plataformas simulan una aparente relación competitiva, que, sin embargo, no existe en las cuestiones decisivas. Así, la actividad independiente de los electores/auditores es mínima: al igual que en las elecciones parlamentarias en un sistema bipartidista, el feedback queda reducido a las cifras-índice. La “formación de la voluntad” queda reducida a un proceso simple, de tres alternativas: elegir el Primer Programa, elegir el Segundo Programa, desconectar el aparato (abstención).

“La radiodifusión ha de ser transformada de aparato de distribución en un aparato de comunicación. La radiodifusión podría ser el más gigantesco medios de comunicación imaginable en la vida pública, un inmenso sistema de canalización. Esto es, lo sería si no sólo fuera capaz de emitir, sino también de recibir; en otras palabras: si consiguiera que el oyente no sólo escuchara, sino también hablara, que no quedara aislado, sino relacionado... Irrealizables en el presente orden social, pero realizables en otro, estas propuestas, que son sencillamente la consecuencia natural del desarrollo técnico, son un instrumento para la propagación y formación de ese otro orden.” (Bertolt Brecht, Radiotheorie (1932). Gesammelte Werke VIII, p. 129, 134.)

LA FANTASÍA ORWELLIANA

3.

La visión espectral que George Orwel tenía de una industria monolítica de la conciencia, es prueba de su comprensión adialéctica obsoleta de los medios. La posibilidad de un control total de tales sistemas por una autoridad central, no es algo perteneciente al futuro, sino al pasado. Con ayuda de la teoría de los sistemas, disciplina de la ciencia burguesa (que, por lo tanto, utiliza categorías inmanentes al sistema), resulta posible demostrar que una red de comunicaciones o de distribución, tan pronto sobrepasa cierta magnitud crítica, ya no puede estar sujeta a un control centralizado, sino únicamente puede ser calculada de forma estadística. Esta “permeabilidad” básica de los sistemas estocásticos permite unos cálculos de probabilidad basados en pruebas y extrapolaciones; sin embargo, una supervisión detallada exigiría un monitor más grande que el sistema mismo. Así, por ejemplo, el control de todas las conversaciones telefónicas exigiría un aparato que tuviera una magnitud n veces más extensa y más complicada que el del actual sistema de telecomunicaciones. Y una autoridad de censura que desarrollara su trabajo de forma extensiva, se convertiría necesariamente en la mayor rama de la industria.



Sin embargo, un control basado en unos valores aproximados, sólo ofrece unos medios deficientes para la auto-regulación del sistema entero, tal como lo desearían quienes lo gobiernan. Este tipo de control presupondría un alto grado de estabilidad interna. Pero si este precario equilibrio se hace inseguro, quedan inutilizadas todas las medidas de crisis basadas en los métodos estadísticos de control. Los factores de interferencia pueden penetrar en el nexo permeable de los medios, para propagarse y reforzarse allí con rapidez, gracias a la resonancia. En tales casos, y si todavía tiene capacidad de acción, el régimen amenazado empleará la fuerza y echará mano de los medios policíacos o militares.

Por lo tanto, el estado de excepción constituye la única alternativa a la permeabilidad de la industria de la conciencia. Sin embargo, no se le puede mantener indefinidamente. Está claro que las sociedades de avanzada industrialización dependen de un libre intercambio de información; por lo tanto, las “presiones objetivas” a las que continuamente apelan sus controladores, se vuelven contra ellos mismos. Cualquier intento de suprimir los factores random, cualquier disminución del promedio de fluidez y cualquier deformación de la estructura de información, tiene que desembocar a la larga en una especie de embolia.

Los medios electrónicos no sólo han conseguido que la red informativa incrementara su densidad, sino también su extensión. La guerra de las ondas durante los años cincuenta ya ha demostrado que la soberanía nacional en el campo de las comunicaciones le asestará el golpe de gracia. Hoy en día, las cuarentenas informativas, como las decretadas por el fascismo y el stalinismo, ya sólo son posibles a costa de una consciente regresión industrial.

Un ejemplo. La burocracia soviética, que es la más amplia y complicada del mundo, se ve obligada a renunciar casi por completo a uno de los más elementales medios de organización, la fotocopiadora automática, dado que este aparato convierte a cualquier individuo en un impresor en potencia. El riesgo político que ello supone, la posibilidad de una permeabilidad dentro de la red informativa, sólo se corre con los cargos directivos de más alto nivel en el campo político, militar y científico. Es evidente que la sociedad soviética ha de pagar un precio muy elevado por la supresión de sus fuerzas productivas: lentitud, falta de información, faux frais.

Este fenómeno tiene, por cierto, su analogía en el mundo capitalista occidental, aunque de una forma bastante más diluida. Así, por ejemplo, la fotocopiadora electrostática de técnica más avanzada, capaz de trabajar con papel normal (por lo que no puede ser controlada, ni depende de ningún proveedor), es propiedad de un monopolio (Xerox). Esta casa tiene por principio no vender ninguno de sus aparatos, sino alquilarlos únicamente. Ya los mismos precios de alquiler constituyen un buen seguro para que tales aparatos no caigan en manos equivocadas. Y por extraña coincidencia, el citado aparato aparece siempre allí donde se concentra el poder económico y político. El control político del instrumento va paralelo a la maximización de los beneficios de sus fabricantes. Ahora bien, al contrario de los métodos soviéticos y debido a las razones indicadas no se trata de un sistema completamente impermeable.

Con ello, el problema de la censura entra en un nuevo estadio histórico. Hasta el momento presente, la lucha por la libertad de prensa y de opinión ha sido, básicamente, una discusión interna de la clase burguesa. Para las masas, sin embargo, la libertad de opción ha sido siempre una ficción, dado que desde un principio se las alejaba sistemáticamente de los medios de producción, principalmente de la prensa, y en consecuencia de la opinión pública liberal. Hoy en día, sin embargo, la censura se ve amenazada por las fuerzas productivas de la industria de la conciencia, que en parte ya logran imponerse a las condiciones dominantes de producción. Mucho antes de que éstas sean desbancadas, se agudizará la contradicción entre lo posible y lo real.



ARCAÍSMO CULTURAL EN LA CRÍTICA DE LA IZQUIERDA

4.

La Nueva Izquierda de los años sesenta ha reducido el desarrollo de los medios a un único concepto: el de la manipulación. En un gran principio, este concepto tuvo un gran valor heurístico y posibilitó una larga serie de investigaciones analíticas, pero ahora amenaza con quedar reducido a un mero slogan, que oculta más de lo que puede descubrir, por lo cual requiere por su parte un análisis.



La tesis de la manipulación que sostiene la izquierda es, en esencia, de carácter defensivo; sus efectos pueden llegar incluso hasta el derrotismo. Esta tendencia a actuar a la defensiva se debe, subjetivamente, a una vivencia de impotencia. Objetivamente se debe al conocimiento correcto de que los medios de producción decisivos se hallan todos en manos del enemigo. Ahora bien, resultaría ingenuo mostrar una indignación moral por el estado de cosas. Por regla general, se habla de manipulación con una lamentación concomitante, que deja entrever unas esperanzas idealistas, como si el enemigo de clase hubiera cumplido alguna vez las promesas de juego limpio que hace de vez en cuando. La fe ciega de los liberales en la existencia de una verdad pura e inmaculada en cuestiones políticas y sociales, parece gozar de una insospechada validez para la Izquierda socialista. Es la tácita premisa básica para la tesis de la manipulación.

Esta tesis no deja paso a ninguna fuerza impulsora. Toda perspectiva socialista que no llegue más allá de un ataque a las actuales condiciones de la propiedad, tendrán un carácter limitado. La expropiación de las empresas Springer sería una meta deseable, pero sería interesante saber a quién se transferiría este medio informativo. ¿Al partido? Según todas las experiencias hechas con esta solución, no parece ser una alternativa realizable. Quizás no sea ninguna coincidencia que la Izquierda no haya efectuado todavía un análisis de la situación de la manipulación en los países de régimen socialista.

La tesis de la manipulación también puede utilizarse como descargo de uno mismo. En efecto, la demonización del enemigo oculta las debilidades y los defectos de perspectiva de la agitación que se practica. Y si esta conduce hacia un aislamiento, en lugar de movilizar a las masas, su fracaso se atribuye globalmente a la superioridad de los medios.

También la teoría de la tolerancia represiva se ha impuesto en la discusión de los medios por parte de la Izquierda. Esta teoría, formulada con extremo cuidado por su autor, también se ha convertido en un vehículo de resignación si se la abrevia de forma adialéctica. Desde luego, donde una empresa de máquinas de oficina es capaz de reclutar sus equipos de ventas con ayuda de una fotografía de Ché Guevara y la frase We woud have hired him (Nos habría gustado contratarlo), resulta muy grande la tentación a la retirada. Pero el miedo al contacto con la mierda es un lujo, que un obrero de la red de alcantarillas, por ejemplo, no se puede permitir.

Los medios electrónicos eliminan todo tipo de limpieza, pues por principio son “sucios”. Eso forma parte de su poder productivo. Por su estructura, son anti-sectarios, otra razón por la que la Izquierda, mientras no quiera revisar sus tradiciones, no sepa qué hacer con ellos. El exigir una “línea” limpiamente definida y el suprimir las “desviaciones”, resulta anacrónico ya sólo sirve para las propias necesidades de seguridad. Una actitud así sólo consigue debilitar las propias líneas mediante purgas, exclusiones y fraccionamientos irracionales, en lugar de fortalecerlas con una discusión racional.

Tales resistencias y medios se incrementan por una serie de factores culturales, que en su mayoría actúan de forma inconsciente y que sólo pueden tener una explicación racional, si acudimos a la historia social de los actuales movimientos de izquierda, esto es, a su trasfondo de clase burguesa. A menudo, parece que los medios son considerados como amenazadora supremacía, debido precisamente a sus posibilidades progresivas; debido a que, por vez primera, ponen radicalmente en entredicho la cultura burguesa y con ello los privilegios de la intelligentsia burguesa, y de forma mucho más radical que cualquier auto-duda que esta capa pueda producir. En la hostilidad de la Nueva Izquierda hacia los medios, parecen reproducirse con progresivo disfraz los viejos temores burgueses –tales como el temor ante las “masas”- así como los viejos anhelos burgueses de volver a una situación pre-industrial.

Ya en los mismos inicios de la revuelta estudiantil, durante el Free Speech Movement de Berkeley, la computadora fue meta favorita de las agresiones. El interés por el tercer mundo no siempre está libre de movimientos de hostilidad a la civilización, sacados del repertorio de la crítica cultural conservadora. La vuelta hacia las formas arcaicas de producción fue especialmente característica de los acontecimientos de mayo de 1868 en París. En lugar de llevar la agitación hasta los obreros de una moderna imprenta offset, los estudiantes prefirieron imprimir sus carteles con ayuda de las prensas manuales de la Escuela de Bellas Artes. Los lemas y las consignas políticas fueron escritas a mano; el uso de unas plantillas habría posibilitado una difusión masiva, pero también habría herido la fantasía creadora de sus autores. No se llevó a efecto un control, estratégicamente correcto, de los medios más avanzados: en lugar de ocupar la emisora de radio, los rebeldes tomaron posesión del tradicional teatro Odeón.

El reverso de este temor al contacto con los medios, es la fascinación que éstos ejercen sobre los movimientos de izquierda en las metrópolis. Por una parte, los militantes de la izquierda se refugian en unas formas de comunicación anticuadas y en unos esotéricos trabajos manuales, en lugar de ocuparse de la contradicción entre la actual constitución de los medios y su potencial revolucionario; por otra parte, no pueden sustraerse al programa o la estética de la industria de la conciencia. Esto conduce, subjetivamente, a una división entre la praxis política de concepción puritana y la esfera privada del “tiempo libre”; y objetivamente, desemboca en una división entre grupos políticamente activos y grupos sub-culturales.

En la Europa Occidental, el movimiento socialista se dirige a una opinión pública de edictos a través de unos periódicos de lenguaje, contenido y forma exclusivos. Tales diarios, revistas o boletines informativos presuponen una estructura de militantes y simpatizantes, así como una situación relativa a los medios, en consonancia con la situación histórica de 1900; resulta evidente que toma como modelo al Iskra. Probablemente, quienes realizan tales publicaciones, escuchan a los Rolling Stones, contemplan en el televisor invasiones y huelgas, y acuden al cine para ver una película del Oeste o de Godard. Sólo en su calidad de realizadores prescinden de todo ello, y en sus análisis todo el sector de los medios de comunicación queda reducido al slogan de “manipulación”. Cualquier avance en este terreno se enfrenta de entrada con la sospecha de la integración. Y esa suspicacia no carece de fundamento, pero también podría ocultar la propia ambivalencia e inseguridad. El temor a ser engullido por el sistema es un síntoma de debilidad; presupone que el capitalismo es capaz de eliminar cualquier contradicción, una convicción fácilmente refutable desde el punto de vista histórico y que carece de toda base desde el punto de vista teórico.

Si el movimiento socialista copia las nuevas fuerzas productivas de la industria de la conciencia y relega el trabajo con los medios a la subcultura, se produce necesariamente un círculo vicioso. Porque, si bien es cierto que el underground utiliza de modo creciente las posibilidades técnicas y estéticas del disco, del magnetófono, de la video-cámara, etc., y explora sistemáticamente este terreno, también es cierto que no dispone de ninguna perspectiva política propia, por lo que, por regla general, se ve obligado a entregarse a la comercialización. En tales casos, los grupos políticamente activos señalan esos ejemplos con maliciosa autosatisfacción. El resultado de todo ello es un proceso de desaprendizaje, en el cual ambas partes son los perdedores. En efecto, el capitalismo es el único que saca provecho de la hostilidad de la Izquierda hacia los medios de comunicación, así como de la despolitización de la anti-cultura.



MANIPULACIÓN DEMOCRÁTICA

5.

Etimológicamente, el término manipulación viene a significar una consciente intervención técnica en un material dado. Si esta intervención es de una importancia social inmediata, la manipulación constituye un acto político. Este es el caso de la industria de la conciencia.



Así pues, toda utilización de los medios presupone una manipulación. Los más elementales procesos de la producción, desde la elección del medio mismo, pasando por la grabación, el corte, la sincronización y la mezcla, hasta llegar a la distribución, no son más que intervenciones en el material existente. Por lo tanto, el escribir, filmar o emitir sin manipulación, no existe. En consecuencia, la cuestión no es si los medios son manipulados o no, sino quien manipula los medios. De lo cual se deduce que un proyecto revolucionario no debe eliminar a todos los manipuladores, sino que, por el contrario, ha de lograr que cada uno sea un manipulador.

Toda intervención técnica es, potencialmente, peligrosa. Ahora bien, a la manipulación de los medios no se le puede hacer frente con unas formas de censura, ya sean viejas o nuevas, sino tan sólo mediante un control social directo; esto es, mediante unas masas que han llegado a ser productivas. Una condición necesaria, pero no suficiente para lograr esta situación, es la eliminación de las condiciones capitalistas de la propiedad. Hasta el momento, no existe ningún ejemplo histórico sobre el proceso de aprendizaje auto-regulador y masivo, posibilitado por los medios electrónicos.

El miedo de los comunistas ante el desencadenamiento de este potencial, ante las posibilidades movilizadotas de los medios, ante la interacción de productores libres, es una de las principales razones de que incluso en los países socialistas siga imperando la vieja cultura burguesa, a menudo transformada y disfrazada, pero estructuralmente incólume.

Como explicación histórica de la situación, cabe señalar que la industria de la conciencia se hallaba en un nivel extraordinariamente retrasado en la Rusia de la Revolución de Octubre. Desde entonces se ha incrementado enormemente su capacidad de producción, pero sus condiciones de producción han sido conservadas artificialmente y, a menudo, por la fuerza. Ayer como hoy, la prensa, de edición primitiva, el libro y el teatro son los medios básicos en la Unión Soviética. El cine, la radiodifusión y la televisión han quedado frenados políticamente en su desarrollo. Ésta es la causa de que unas emisoras extranjeras como The Voice of America, British Broadcasting Corporation y Deutsche Welle no sólo encuentren audiencia, sino que se les conceda una fe casi ciega. También desempeñan un papel importantísimo unos medios arcaicos como los manuscritos pasados de mano en mano, así como la poesía transmitida oralmente.

6.

En cuanto a su estructura, los nuevos medios son igualitarios. Gracias a un sencillo procedimiento de conmutación, cualquier persona puede participar en ellos. Los programas, por su parte, son inmateriales y reproducibles a voluntad. En consecuencia, los medios electrónicos se encuentran en franca oposición a los medios más antiguos, como el libro o la pintura, cuyo carácter clasista es patente. Si bien los programas de televisión para grupos privilegiados son técnicamente posibles (televisión en circuito cerrado), estructuralmente resultan absurdos.



En potencia, los nuevos medios ponen fin a todos los privilegios en la enseñanza, con lo cual también queda eliminado el monopolio cultural de la intelligentsia burguesa. Ésta es una de las razones de que algunas supuestas élites muestren un resentimiento hacia la industria de la conciencia. En cuanto al “espíritu” que alegan defender contra la “despersonalización” y la “masificación”, cuanto antes lo abandonen, mejor.

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