Ponencia: Construcción de territorio campesino a partir de la economía de minifundio del municipio de Itüango-Antioquia



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PONENCIA:

Construcción de territorio campesino a partir de la economía de minifundio del municipio de Itüango-Antioquia.
Nathalie Calderón Aristizábal

Universidad de Antioquia



Colombia
RESUMEN
El minifundio representa la base material económica sobre la que se asienta la producción agraria del municipio de Itüango, el objetivo fundamental de esta economía no está representado en la ganancia y/o acumulación, ella se define por las necesidades a resolver del productor, en este caso, el núcleo familiar campesino que representa la fuerza de trabajo no asalariada, estableciendo lo que se ha nominado la Unidad Económica Familiar Campesina -UEFC-.
La forma en que la economía campesina de minifundio internaliza el riesgo productivo, es decir, la resistencia a la posibilidad de desaparecer como economía, se atenúa, incrementando las horas de trabajo de los núcleos familiares y articulando entre las diferentes UEFC. Esta articulación define al minifundio no sólo como una categoría de tamaño de las explotaciones agrícolas y/o de condiciones precarias de producción, sino como un conjunto de relaciones económicas, socioculturales y políticas históricamente producidas, aspectos que configuran el territorio campesino.
DESCRIPTORES: Economía campesina, Minifundio, Territorio Campesino, Sujeto Político.
INTRODUCCIÓN
La presente ponencia recoge los resultados finales de la investigación realizada en convenio entre la Universidad de Antioquia y la Asociación Campesina de Itüango -Ascit-, en el marco de la práctica académica para optar al título de Socióloga. La Ascit es una organización que conglomera distintos tipos de familias campesinas de este municipio del norte del Departamento de Antioquia, Colombia, territorio de disputa vigente entre el Estado y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia -FARC-EP-
La práctica académica se desarrolló en dos momentos: en el primero se elaboró un Diagnóstico Rural Rápido Participativo -DRP- y en el segundo se realizaron talleres participativos de formación. Lo obtenido en el trabajo de campo, se contrasto con la teoría sociológica para construir la pregunta de investigación, que confrontada nuevamente tanto con la teoría sociológica como con la realidad concreta, aportaron la base de análisis para la elaboración final de la monografía de trabajo de grado y la presente ponencia.
La escasa o casi nula implementación tecnológica y menos aún industrial en la economía del municipio de Itüango, exige del campesino desarrollar una particular forma de producción, donde los núcleos familiares se constituyen en la base real de la fuerza de trabajo y la ganancia no representa el objetivo a alcanzar; la ausencia del Estado, expresada en el incumplimiento del deber constitucional para apoyar y estimular esta forma económica, impele a este modo de producción campesina la conformación de estrechas relaciones sociales entre los núcleos familiares con la finalidad de resolver necesidades comunes del día a día y así internalizar el riesgo. En este sentido la economía campesina emerge como categoría de análisis para entender no sólo la forma en que producen los campesinos de Itüango, sino además los lazos de solidaridad producto de formas de vidas estrechas que impiden la aniquilación de su economía y de la comunidad de campesinos que trabajan y viven de la tierra. De esta manera se crean las condiciones de juicio que permitieron entender la interacción de relaciones económicas, socioculturales y políticas -objetivas y subjetivas- para la configuración de territorio campesino, objetivo general de esta investigación.
La Unidad Agraria Familiar -UAF- 1 es una unidad de medida creada en Colombia a partir de la ley de Reforma Agraria y Desarrollo Rural 160 de 1994, diseña y ejecuta políticas agropecuarias y de desarrollo rural destinadas a la pequeña y mediana economía campesina. Para poder otorgar los subsidios que deberán incentivar la producción campesina se establece un nivel predial determinado por el tamaño de la UAF (que varía según el municipio); en este sentido se define como pequeño productor campesino a:
"los propietarios, poseedores o tenedores a cualquier título que directamente o con el concurso de sus familias exploten un predio rural, que no supere el área y los ingresos de dos unidades agrícolas familiares y siempre que deriven de su actividad agropecuaria, forestal, agroforestal, pecuaria, piscícola, silvícola o de zoocría por lo menos el 70% de sus ingresos". (Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, Resolución Número 1132 de 2013, p.2)
Y a los medianos productores como:
"los poseedores o tenedores que a cualquier título exploten un predio rural, que supere el área y los ingresos de dos (UAF) unidades agrícolas familiares en su actividad agropecuaria, forestal, agroforestal, pecuaria, piscícola, silvícola o de zoocría y hasta 5 (UAF) Unidades Agrícolas Familiares y que no superen en ingresos los 10 (diez) salarios mínimos mensuales vigentes." (Ibídem)
En la resolución número 1133 del 2013 que complementa la ya citada, se explican los cálculos que fueron realizados a través de estudios técnicos llevados a cabo por Corantioquia, Secretaria de Agricultura de Antioquia e Incoder2, para determinar el tamaño de la UAF en 17 municipios del departamento de Antioquia entre ellos Itüango. Para éste la extensión de tierra que conforma una UAF se define en 38 hectáreas, partiendo de esta base y teniendo en cuenta lo definido en la resolución 1132 sobre los pequeños y medianos productores, podemos calcular que los pequeños campesinos del municipio de Itüango deben de contar con 76 ha y los medianos con 77 a 190 ha.
Lo anterior no refleja la realidad económica del municipio de Itüango: la información obtenida en el DRP logró identificar que en las veredas intervenidas del municipio, se desarrolla esencialmente una economía campesina, donde el café, principal producto de comercialización, el cual hace ya varios años se encuentra en condición de decadencia como resultado de los precios de competencia del mercado internacional (La República: 2013), se cultiva en pequeñas parcelas que no superan las 5 hectáreas (cafepaisa.org: 2013) y en condiciones de total productividad artesanal, ésta realidad objetiva determina que en el municipio de Itüango no pueda ajustarse el concepto de UAF y la subsecuente acepción de pequeña y/o mediana producción campesina, por tanto es posible inferir que la economía campesina de Itüango se sustenta sobre la base material del minifundio; Según el Instituto Colombiano de Reforma Agraria -INCORA-:
La palabra minifundio se ha asociado a la idea de una pequeña parcela, cuyos rendimientos son tan exiguos que no alcanzan a proporcionar a sus poseedores los ingresos necesario para la solvencia de las necesidades de la vida familiar. Esta idea a pesar de estar ligada a la pequeña propiedad, debe asimilarse a un concepto mucho más amplio ya que si bien es cierto que la mayoría de las explotaciones pequeñas menores de 5 hectáreas caen bajo estas condiciones, no es menos cierto que muchas de las explotaciones con áreas mayores, pero con deficiencias físicas, pueden perfectamente clasificarse como minifundistas al no producir el suficiente ingreso familiar” (Fajardo: 1983, p.156)
La anterior cita refuerza lo encontrado en el DRP sobre la economía minifundista que se presenta en el municipio de Itüango, que además del café, su producción se diversifica a través de cultivos como frijol, maíz, yuca, plátano, caña panelera y cría de aves de corral, sembrados en las mismas 5 hectáreas destinadas al café, o en un poco más para algunos campesinos, todos ellos son utilizados para el consumo familiar y/o intercambio entre la comunidad3 como resultado de la ausencia del indispensable encadenamiento productivo para el sector (vías de acceso en buen estado, centros de acopio, créditos y principalmente acompañamiento técnico). Como consecuencia de lo referido los costos de producción de estos alimentos se establecen por encima de los precios de circulación, presentándose una disminución gradual del excedente de producción e impidiendo al campesino obtener rentabilidad monetaria de estos cultivos; es importante dar claridad que el café es el único producto que cuenta con centros de acopio, lo que corresponden a solo uno de los momentos del encadenamiento productivo sectorial.
DESARROLLO
La presente ponencia expone los principales resultados de la investigación de carácter cualitativo, resultante de la indagación conceptual y del trabajo de campo realizado en 43 veredas del municipio de Itüango, se eligió como enfoque investigativo el método Concreto-Abstracto-Concreto el cual permite, no como se podría pensar, un alejamiento del objeto sino un acercamiento al mismo como lo expone Enrique de la Garza, debido a que “(…) las abstracciones científicas reflejan la naturaleza de la sociedad en forma más profunda, completa y veraz. De la percepción vivida al pensamiento abstracto y de éste a la práctica: Tal es el camino dialéctico del conocimiento a la realidad.” (1988, p. 21). Partiendo de esto, la práctica académica permitió el acercamiento a los elementos económicos, socioculturales y políticos -lo concreto- del municipio de Itüango, con el DRP y los talleres participativos de formación se identificaron aspectos de gran valor que son consustánciales al territorio ituanguino; de manera posterior con el análisis y las elaboraciones académicas sobre el tema -abstracciones- fue posible hablar de algunos conceptos de una forma más profunda, completa y veraz; de ello el concepto de economía campesina, uno de los primeros identificados en el DRP no fue abordado como una homogeneidad, por el contrario se precisó que la economía campesina de Itüango se sustenta sobre su base económica material del minifundio -lo concreto real-, permitiendo entender que existen variadas formas en que se desarrolla la economía campesina en Colombia. (Minifundio -UEFC-; pequeña y mediana economía -UAC-).
De manera complementaria se utilizó la Investigación-Acción-Participación -IAP- que permitió a las comunidades campesinas e investigadora llevar a cabo este ejercicio monográfico que tuvo como propósito trascender del simple acto de conocer el entorno a la acción, en este sentido está metodología posibilitó analizar y comprender mejor la realidad en la cual estamos inmersos, los problemas, necesidades y las capacidades con que se cuenta para la consecuente acción transformadora.
La economía mercado como forma de producción dominante en la actualidad y la articulación funcional de la economía campesina a ella, han definitivo que ésta última tenga cada vez más un ámbito monetario, conllevando a la configuración de dos elementos característicos al interior de la economía campesina: uno dirigido al mercado y otro al autoconsumo, entre los que se establece una relación complementaria para resolver las necesidades básicas del núcleo familiar.
Según el investigador del Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural, Alexander Schejtman (1980), la articulación entre la Unidad Agraria Capitalista -UAC- y la unidad económica familiar campesina -UEFC-, está sustentada en el trabajo no remunerado, cristalizado en la UEFC a partir del trabajo realizado por las mujeres y los niños, que aunque no son estrictamente productivos, ayudan ahorrar gastos permitiendo resistir la precariedad proveniente de ingresos cada vez más insuficientes; esta capacidad de internalizar el riesgo de la UEFC posibilita que persistan métodos de cultivo que aunque no generan ninguna clase de ingreso monetario, son un aporte fundamental en el gasto de la dieta familiar.

Para este autor, la articulación, son los sistemas de relaciones que entrelazan la economía campesina y la UAC, estas relaciones son de intercambio de valores (bienes y servicios) entre estas dos formas de producción, dándose de un modo asimétrico debido a la subordinación de la economía campesina a la agricultura capitalista, por ser ésta la economía predominante. Dicha situación determina un intercambio mercantil desfavorable para los productores campesinos, que tratan de subsanar optimizando al máximo los recursos con los que cuentan como la mano de obra familiar, en este sentido la inversión en insumos y medios de producción (técnica) es mínima.


La articulación UAC-UEFC no se restringe al intercambio de productos, donde el campesino vende sus productos agropecuarios y compra otros bienes necesarios para su reproducción, sino que además involucra el tipo de trabajo que se establece entre estas dos unidades económicas; el jornalero agrícola es un tipo de contratación dada al interior de la economía campesina, favorece significativamente al sector empresarial agrícola, debido a que son salarios que al interior de la UAC no garantizarían la supervivencia o reproducción de la fuerza de trabajo, pero que por ser formas de trabajo que se dan en la economía campesina -UEFC- logran permanecer en el tiempo gracias a la capacidad de internalización del riesgo de ésta “(…) la propia viabilidad de la agricultura capitalista está dada por la posibilidad de pagar salarios inferiores al costo de reproducción de la mano de obra (…) ya sea como fuerza de trabajo propiamente tal, o como fuerza de trabajo materializada en los productos que entrega al mercado.” (Schejtman, p. 136-137)
Por otra parte, Schejtman también señala que la UEFC no debe ser analizada sin situarla en un conjunto de relaciones de varias UEFC, lo que para el autor conforma un grupo territorial, el grado de cohesión de esta colectividad es lo que explica la persistencia de la economía campesina como modo de producción que sobrevive al desarrollo de la UAC. Este grupo territorial permite la reproducción social de las UEFC, debido a la relación extramercantil y recíproca que se da a su interior, entonces podemos considerar a la economía campesina no sólo como una forma de producción, sino también como: “un grupo de familias que forman parte de una sociedad mayor y que vive en interacción, interdependencia y proximidad permanentes en virtud de un sistema de acuerdos relativos a la ocupación, y al uso productivo de un determinado territorio y de los recursos físicos en él contenidos, de los cuales extraen sus medio de vida” (A. Pearse, citado por Schejtman 1980, p. 131).
Por tanto, el territorio lo constituye la forma de vida que se establece en un determinado espacio, sobre una base de subsistencia que define un relacionamiento socio-natural allí presente, esto se expresa a partir de la territorialidad la cual corresponde al modo de apropiación y la relación establecida entre ser humano y espacio geográfico, para el geógrafo nortamericano Robert Sack estas interconexiones entre espacio y comportamiento “descansan en la territorialidad específica” es decir, en acciones humanas con características propias que influyen, contralan y en ese medida configuran un territorio especifico que se da por lo que él denomina “raíces sociales” (Echeverría y Rincón: 2000, p.18), en este sentido la territorialidad que se genera de la forma de vida de la economía minifundista campesina del municipio de Itüango, se construye un territorio específico: el territorio campesino
CONCLUSIONES
El territorio campesino es el espacio geográfico donde se construyen unas relaciones del campesino con la naturaleza -tierra- a través del trabajo -relación económica- y unas relaciones entre los campesinos -relaciones socioculturales y políticas-.
Este conjunto de relaciones económico-sociales presentes en las veredas intervenidas del municipio de Itüango, son ordenadas a partir de la forma organizativa de las Juntas de Acción Comunal -JAC-, creadas en Colombia en el marco del Frente Nacional por el gobierno de Alberto Lleras Camargo -ley 19 de 1958-. A lo largo de su historia las JAC han tenido grandes modificaciones, una de las más sensibles se percibió en la década de los 90’s. Con la descentralización del Estado se da un recorte financiero a éstas, incentivando la obtención de recursos a partir de procesos de contratación comunitaria de las JAC con el Estado y/o el sector empresarial, esto se materializa en la ley 743 de 2002 que actualmente rige esta forma organizativa comunitaria, y “establece que las juntas de acción comunal deben promover proyectos empresariales y solidarios que fortalezcan los procesos autogestionarios de las comunidades, pero sobretodo financien sus actividades.” (Jaramillo: 2009, p. 52)
Esta situación ha definido que las JAC en zonas rurales; por falta de capacidad logística, financiera, administrativa y técnica, no puedan formular esta clase de proyectos, destinándolas a generar organización comunal desde sus limitados recursos, en consecuencia y en el caso concreto de Itüango, las JAC más que ser un intermediario directo con la institucionalidad para subsanar las necesidad de las comunidades, es la instancia desde la cual los mismos habitantes crean acuerdos e iniciativas para resolver ellos mismos las necesidades colectivas.
Así, los diferentes comités de trabajo que integran las JAC: deportes, educación, salud, obras, conciliación… tejen lazos de cooperación, integración, fraternidad y solidaridad, éstos tiene un vínculo común con la identidad cultural campesina que resulta del trabajo con la tierra, específicamente la producción de alimentos. La tierra es el patrimonio cultural del campesino, del trabajo de ella se cimenta una cultura de labranza para el sustento familiar, transmitida a los hijos desde temprana edad y donde el machete -principal instrumento de trabajo- es el mayor referente simbólico de esta cultura, estos rasgos comunes posibilitan configurar una comunidad y a su vez permiten que su territorio adquiera singulares características, signando una especificidad en la relación entre las poblaciones y la naturaleza de la que forman parte, logran de esta manera un principio identitario; simbolizan y mitifican su quehacer y definiendo un desarrollo que le es propio es decir edifican su cosmovisión.
La comunidad campesina configura a los habitantes de las veredas de Itüango en un grupo social con identidades propias, es decir, con una territorialidad específica que se materializa en las apropiación simbólica-expresiva del espacio, aquí la teoría de la cultura es relevante para comprender que el conjunto de símbolos, signos, representaciones, actitudes y valores inherentes a la vida socioeconómica hacen parte fundamental de la construcción de territorio.

“…la cultura es un cierto sistema de valores, de normas y de relaciones sociales que contienen una especificidad histórica y que tiene una lógica propia de organización y de transformación (…); es decir, que la forma como organizamos nuestra relación con la realidad y la manera como se transforma esa relación dependen de como concebimos el mundo, entonces, todo lo que pensamos del mundo forma parte de la cultura” (Ardila: 2014, p. 26)


En los hechos culturales se distinguen tres dimensiones analíticas, la cultura como comunicación, la cultura como conocimiento y la cultura como visión del mundo, estos tres aspectos que se hallan imbricados entre sí incluyen: lenguaje, hábitat, alimentación, vestido, forma de producir, creencias, conocimiento práctico del sentido común, la religión y la interpretación del mundo (Giménez: 1999).
Partiendo de lo anterior, los aspectos económicos, socioculturales y políticos presentas en el municipio de Itüango, el primero representado en la economía campesina de minifundio con las características ya antes mencionadas, el segundo en las relaciones de solidaridad tejidas con el objetivo de internalizar el riesgo y no desaparecer como comunidad y el último observado en la organización campesina de carácter reivindicativo como las JAC o de carácter político como la ASCIT y Ríos Vivos4, construyen una forma de asumir la existencia en las montañas de Itüango, configurándose una cultura propia, una territorialidad campesina, que aunque jurídicamente no está reconocida5, se desarrolla de facto y determinando la existencia de un territorio campesino en el municipio de Itüango.
BIBLIOGRAFÍA
Ardila, G. (2014). La cultura y el territorio. En Unisalle (Ed.), Cartografía de la paz: una mirada crítica al territorio (p. 25-33). Bogotá D.C., Colombia.
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De la Garza, T. (1988). Hacia un Método de la Reconstrucción. Fundamento, Críticas y Alternativas a la Metodología y Técnicas de Investigación. Porrúa-UNAM, México.
Echavarría, M., C. y Rincón, A. (2000) Ciudad de territorialidades. Universidad Nacional de Colombia sede Medellín. Centro de Estudios del Hábitat Popular -Cehap-.
Fajardo, D. (1983). Notas sobre minifundio en Colombia: Su marco histórico y espacial. MAGUARE Revista del Departamento de Antropología de la Universidad Nacional de Colombia. Vol. II, No. 2, p.p. 155-176.
Gimenez, G. (1999). Territorio, cultura e identidades: la región socio-cultural. Estudios sobre las Culturas Contemporáneas (Colima). Vol. 05, No. 09, pp. 25-57.
Jaramillo, O., L. (2009). “El Ejercicio de Poder en las Juntas de Acción Comunal Rurales: El Caso del Municipio de Sonsón, Antioquia”. Tesis de Maestría. [En línea], Español. Consultado 15 de junio, 2015. En: http://www.javeriana.edu.co/biblos/tesis/eambientales/tesis18.pdf.
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Resolución No. 1132, Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, Instituto Colombiano de Desarrollo Rural -INCODER-, Junio 21, 2013.

Schejtman, A. (1980). Economía campesina: lógica interna, articulación y persistencia. Revista de la Cepal. No. 11, agosto. Naciones Unidas. Comisión para América Latina, Santiago de Chile.



1 Hay que subrayar el hecho de que “se entiende por UAF, la empresa básica de producción agrícola, pecuaria, acuícola o forestal cuya extensión, conforme a las condiciones agroecológicas de la zona y con tecnología adecuada, permite a la familia remunerar su trabajo y disponer de un excedente capitalizable que coadyuve a la formación de un patrimonio” ((Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, Resolución Número 1132 de 2013, p.1), lo anterior hace referencia a una unidad de medida económica capitalista que busca una capitalización de los ingresos, aspecto que no concuerda con la racionalidad interna de la Unidad Económica Familiar Campesina -UEFC- en la que no se busca la acumulación.

2 Corantioquia es la Corporación Autónoma Regional del Centro de Antioquia, organismo gubernamental que ejecuta política y planes en medio ambiente y recursos naturales. El INCODER es el Instituto Colombiano de Agricultura y Desarrollo Rural que se encarga de ejecutar las políticas de desarrollo rural establecidas por el gobierno nacional.

3 Por medio de la venta directa (sin intermediarios) o el trueque.

4El Movimiento Ríos Vivos y la Asociación de Campesinos de Itüango -Ascit-, son formas organizativas surgidas a partir de la resistencia y entendimiento político del modelo económico neoliberal y sus consecuencias en el territorio campesino de Itüango, ya que éste municipio ha vivido una historia de violencia paramilitar con masacres como la de la Granja y el Aro, por las cuales el Estado colombiano fue condenado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos -CIDH- por la violación del derecho a la vida, además una Magistrada del Tribunal de Justicia y Paz de Colombia determino investigar si las acciones militares del Bloque Minero de las Autodefensas Unidas de Colombia -AUC- (paramilitares) favorecieron la construcción de la más grande y ambiciosa hidroeléctrica de Colombia y la segunda en Suramérica: Pescadero Itüango, que ha traído consecuencias nefastas tanto económicas como socioculturales a los habitantes de éste territorio.

5En Colombia jurídicamente están definidos los territorios indígenas en el artículo 286 de la Constitución Política y los territorios afrocolombianos en la ley 70 de 1993 o ley de negritudes; por su parte la ley 160 de 1994, aunque no hace un reconocimiento cultural del campesino, reglamenta un mecanismo de protección que las comunidades campesinas organizadas podrán utilizar como defensa del territorio campesino: las Zonas de Reserva Campesinas -ZRC-. Esta ley es el resultado del esfuerzo organizativo del sector campesino a nivel nacional, a pesar de no ser un reconocimiento real y formal del territorio campesino, sentó las bases para el debate acerca de éste, aspecto que hoy en día es un elemento clave en las reivindicaciones y exigencias del sector campesino, suscritas por los campesinos de Itüango organizados en la ASCIT y en el Movimientos Ríos Vivos a través de su pertenencia a plataformas político-sociales de carácter nacional como son Marcha Patriótica y Congreso de los Pueblos, que con una gran participación campesina propenden porque en Colombia se reconozca al campesino como un sujeto de derechos y por lo tanto el reconocimiento formal del territorio campesino en el contrato social, es decir, en la constitución política.


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