Pertenecer, ser y devenir



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5. Aprendizaje continuo y prácticas reflexivas


Los educadores buscan constantemente maneras de aumentar su conocimiento profesional y de desarrollar comunidades de aprendizaje. Se convierten en aprendices conjuntamente con los niños, las familias y las comunidades y valoran la continuidad y la riqueza del conocimiento local que comparten los miembros de la comunidad, incluyendo los ancianos de las comunidades aborígenes y de isleños de Torres Strait.

La práctica reflexiva es una forma de aprendizaje continuo que consiste en involucrarse en cuestiones de filosofía, ética y práctica. La intención es recopilar información y adquirir conocimientos que respalden, informen y enriquezcan la toma de decisiones sobre el aprendizaje de los niños. Como profesionales, los educadores de la primera infancia examinan lo que ocurre en sus entornos y reflexionan sobre qué cambiarían.

La reflexión crítica consiste en examinar minuciosamente todos los aspectos de eventos y experiencias desde diferentes perspectivas. Los educadores a menudo enmarcan su práctica reflexiva dentro de una serie de interrogantes generales, desarrollando preguntas más específicas para determinadas áreas de investigación.

Las preguntas generales para encauzar la reflexión incluyen:

  • ¿Cuáles son mis criterios de cada niño?

  • ¿Qué teorías, filosofías y criterios dan forma y ayudan a mi trabajo?

  • ¿Quién se ve favorecido cuando trabajo de esta manera? ¿Quién está en desventaja?

  • ¿Qué interrogantes tengo sobre mi trabajo? ¿Qué me presenta un desafío? ¿Qué me produce curiosidad? ¿Qué me choca?

  • ¿Qué aspectos de mi trabajo no se benefician de las teorías y la orientación a que recurro normalmente para dar sentido a lo que hago?

  • ¿Hay otras teorías o conocimientos que podrían ayudarme a entender mejor lo que he observado o experimentado? ¿Cuáles son? ¿Cómo podrían esas teorías y ese entendimiento afectar mi práctica?

Se establece una cultura vivaz de investigación profesional cuando los educadores de la primera infancia y aquellos con quienes trabajan participan todos en un ciclo continuo de revisión a través del que se examinan las prácticas actuales, se analizan los resultados y se generan ideas nuevas. En ese clima, se pueden plantear y debatir los asuntos relacionados con la calidad del currículo, la equidad y el bienestar de los niños.

PRÁCTICA


Los principios de la pedagogía de la primera infancia respaldan la práctica. Los educadores recurren a una muy variada gama de prácticas pedagógicas para promover el aprendizaje de los niños:

  • adoptando enfoques holísticos

  • siendo receptivo a los niños

  • planificando y ejecutando el aprendizaje a través del juego

  • mediante la enseñanza intencional

  • creando ambientes de aprendizaje sociales y físicos que tengan un impacto positivo en el aprendizaje de los niños

  • valorando los contextos culturales y sociales de los niños y sus familias

  • brindando continuidad en las experiencias y permitiendo que los niños tengan una transición exitosa

  • evaluando y monitoreando el aprendizaje para obtener retroalimentación sobre el servicio y para apoyar a los niños en el logro de los resultados del aprendizaje.

Enfoques holísticos


Los enfoques holísticos para la enseñanza y el aprendizaje reconocen la conectividad de la mente, el cuerpo y el espíritu4. Cuando los educadores de la primera infancia toman un enfoque holístico, prestan atención al bienestar espiritual, emocional, social, personal y físico del niño, así como los aspectos cognitivos del aprendizaje. Mientras que los educadores pueden planificar o evaluar concentrándose en un componente o resultado particular del aprendizaje, ellos ven al aprendizaje de los niños como integrado e interconectado. Reconocen los vínculos entre los niños, las familias y las comunidades, así como la importancia de las relaciones y las sociedades reciprocas para el aprendizaje. Ven el aprendizaje como una actividad social y valoran el aprendizaje colaborativo y la participación comunitaria.

Un enfoque holístico, integrado para la enseñanza y el aprendizaje se concentra también en los vínculos con el mundo natural. Los educadores fomentan la capacidad de los niños de entender y respetar el medioambiente natural y la interdependencia entre las personas, las plantas, los animales y el terreno.


Capacidad de respuesta a los niños


Los educadores son receptivos a los puntos fuertes, las habilidades y los intereses de los niños. Valoran y se basan en los puntos fuertes, las habilidades y el conocimiento de los niños para asegurar la motivación y dedicación al aprendizaje. Responden a las experiencias y conocimientos de los niños, sus tradiciones culturales y formas de saber, así como a los múltiples idiomas que hablan algunos niños, especialmente niños aborígenes e isleños de Torres Strait, y a las estrategias que usan los niños con necesidades adicionales para negociar sus vidas diarias.

Los educadores son receptivos también a las ideas y el juego de los niños, que forman una base importante para la toma de decisiones sobre el currículo. Como respuesta a las ideas e intereses cambiantes de los niños, los educadores evalúan, anticipan y extienden el aprendizaje de los niños mediante interrogatorios abiertos, dando retroalimentación, desafiando sus pensamientos y guiando su aprendizaje. Aprovechan los “momentos educativos” espontáneos para reforzar o apuntalar el aprendizaje de los niños.

Las relaciones del aprendizaje receptivo se fortalecen cuando educadores y niños aprenden juntos y comparten decisiones, respeto y confianza. La capacidad de respuesta permite que los educadores entren respetuosamente en el juego de los niños y en proyectos continuos, estimulando su pensamiento y enriqueciendo su aprendizaje.

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