Perspectiva temporal y estilos de personalidad en estudiantes argentinos



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Perspectiva temporal y estilos de personalidad en estudiantes argentinos

Temporal perspective and Personality styles in Argentinean students


Resumen

En la Psicología, el concepto de perspectiva temporal, introducido por Lewin (1935), se define como la dirección preferencial de los pensamientos de un sujeto hacia el presente, pasado o futuro, dimensión más o menos estable de la personalidad, que influye sobre la motivación, el pensamiento y diversos aspectos de su conducta. Zimbardo define el concepto como un proceso no consciente mediante el cual el flujo de las experiencias personales y sociales se encuadra en categorías temporales que ayudan a dar orden, coherencia y significado a esas experiencias y lo operacionaliza, introduciendo también el concepto de perspectiva temporal balanceada (BTP). En este trabajo se presentan los resultados de datos recogidos en una muestra de 329 estudiantes de nivel medio, terciario y universitario, a partir de los que se exploró la posible relación entre perfiles de perspectiva temporal y estilos de personalidad en estudiantes argentinos de nivel medio, terciario y universitario y se evaluó el rol de la perspectiva temporal balanceada en la relación entre ambos constructos. Se aplicó el ZTPI (Inventario de Perspectiva Temporal) (Zimbardo & Boyd, 1999), el Cuestionario de Perspectiva Temporal Futura Trascendente (PTFT) (Boyd & Zimbardo, 1997) y el Inventario de estilos de personalidad (MIPS) (Millon 1994). Los análisis de correlaciones y de variancia arrojan evidencia empírica acerca de las relaciones significativas entre perfiles de Perspectiva temporal y Estilos de personalidad y se verifica, en particular, que hay un perfil de perspectiva temporal más adaptativo que el resto. Se interpretan los resultados como bidireccionales.

Palabras Claves: Perspectiva temporal; Estilos de personalidad; Perspectiva temporal balanceada; Futuro trascendental; Estudiantes argentinos
Summary

The notion of time is at the core of philosophical and psychological reflection, linked as it is to a systematic stance on the way of being of men and women in the world.

The psychological concept of time perspective, introduced by Lewin (1935), has been defined as the preferred direction of an individual’s thoughts, be it towards the present, past, or future. It constitutes a more or less stable personality dimension that influences motivation, thinking, and behaviour.

The operationalization of this concept has been chiefly discussed by Zimbardo, who defines it as an “often non- conscious process whereby the continual flows of personal and social experiences are assigned to temporal categories or time frames that help to give order, coherence and meaning to those events.” The relative emphasis on past or future time frames may lead to considerable differences in current decision-making and behaviour, functioning as a static or even as a non-adaptive personality trait. The concept of balanced time perspective (BTP), by contrast, involves the flexible combination of present, past, and future, depending on the demands of the moment, the tasks to be performed, and people’s dominant values.

The paper presents the findings of a study based on a sample of 329 Argentine secondary, post-secondary, and university students. It explores the possible relation between time perspective profiles and personality styles as well as the role of balanced time perspective in such relation. The subjects were administered the Zimbardo Time Perspective Inventory (Zimbardo and Boyd, 1999), the Transcendental Future Time Perspective Questionnaire (Boyd and Zimbardo, 1997), and the Millon Index of Personality Styles (Millon, 1994). Correlation analysis, analysis of variance, proportion difference significance tests, and K-means cluster analysis were conducted. SPSS.20 software was used.

Cluster analysis showed three time perspective profiles and three personality styles. Balanced Time Perspective deviation was calculated for each subject, yielding three clusters. Correlation and variance analysis provide empirical evidence of significant relations between time perspective profiles and personality styles, one of the former proving more adaptive than the others. Fifty five per cent of the subjects with a balanced/transcendental time perspective belonged to the open, firm, and sociable personality group, whereas 40% of those with conflictive time perspective had conflictive personalities.

The inclusion of the transcendental future time perspective as unified by the ZTPI has revealed that it particularly influences time perspective profiles and their relation to personality styles. Some of these relations, as well as the differences between them and those identified by the authors of both time perspective scales, are construed as the product of cultural differences. All the relations are confirmed by the balanced time perspective, which was found in 28% of the subjects. The existence of a bidirectional relation of mutual influence is suggested. On the one hand, certain personality traits would lead to different outlooks on the temporal dimension of the life behind or ahead; on the other, the time perspective profile might consolidate into a personality trait, shaping the other traits and helping form a more or less adaptive or whole identity.
Key words: Temporal perspective; Personality stiles; Balanced temporal perspective; Transcendental future; Argentinian students.
Introducción

La noción de tiempo tiene un lugar central tanto en la reflexión filosófica como en la de la Psicología y en ambas indica una toma de posición sistemática respecto del modo de existencia del hombre en el mundo.

En el ámbito de la filosofía la pregunta por el tiempo se ha hecho tanto desde la filosofía natural, cuanto desde la antropología existencial. Tres hitos fundamentales son Aristóteles, San Agustín y Heidegger. El primero define el tiempo en relación con la experiencia del cambio en las realidades naturales, como número y medida del movimiento según lo anterior y posterior (Física, L IV, 219b). Es Aristóteles el primero que señala que en la dimensión tripartita del tiempo el ahora, el presente, es la continuidad del tiempo, en cuanto enlaza el tiempo pasado con el tiempo futuro, y es el límite del tiempo, ya que es el comienzo de un tiempo y el fin de otro.

San Agustín, en Confesiones (L XI, cap. 14-18) hace una fenomenología de la experiencia temporal, señalando que en realidad sólo el presente es, y, aun así, tiene un ser que tiende a ser pasado. Entre el ya no y el aún no, se da como real únicamente el presente: presente de lo pasado, presente de lo presente y presente de lo futuro, que se dan en la imaginación como memoria -en la que el pasado es presente-, visión -lo presente es experimentado como tal- y expectación -lo que está por venir se hace presente en la experiencia interior-.

Así, el tiempo no es movimiento, sino que aparece más bien como distensión del alma -ya que el presente, en sentido estricto, no tiene extensión-, como experiencia de que ésta espera, atiende y recuerda. En ese contexto, pueden hallarse huellas de lo que Agustín llamaría el tiempo trascendente, que estrictamente no es tiempo, pero sí en la experiencia interna, que se presenta ya no como distensión sino como “fija intuición”. A este “tiempo” lo llama Agustín eternidad y es un presente continuo, que no huye hacia el pasado ni viene de algún futuro.

Una significación análoga puede hallarse en las reflexiones de Heidegger (1924, 1962) sobre la cuestión, para el cual el presente como presencia y todo lo que pertenece a tal presente tendría que llamarse el tiempo auténtico o propiamente dicho, a pesar de que no tenga inmediatamente en sí nada del tiempo habitualmente representado en el sentido de la calculable sucesión de “ahoras”. Sin embargo, no todo lo que está presente pertenece al tiempo actual, sino que lo que está ausente, ya sea como pasado, ya como futuro, es, de algún modo presente.

Pero, en un sentido más definitorio, la calidad de presente no puede adjudicarse simplemente al ahora, sino que más bien el tiempo auténtico es tetradimensional, en cuanto descansa en la unidad de las tres dimensiones.

Podría decirse que estas concepciones permiten dar un fundamento óntico-existencial a las relaciones que hoy se establecen entre la integración de las dimensiones temporales y la gestación de la identidad. Es lo que, desde el pensar poético, Hernández señala:

“Según mi saber alcanza: el tiempo sólo es tardanza de lo que está por venir; no tuvo nunca principio ni jamás acabará, porque el tiempo es una rueda, y rueda es eternidad.

Y si el hombre lo divide, sólo lo hace, en mi sentir, por saber lo que ha vivido o le resta que vivir” (Hernández, 1872, vv. 4351-60).


En la Psicología, el concepto de perspectiva temporal fue introducido por Lewin (1935), quien lo comprende como una dimensión particular de la conducta humana, consistente en la visión que un sujeto tiene, en un momento dado, de la totalidad de su futuro y pasado.

La perspectiva temporal, considerada como una dimensión estable, refiere a una preferencia relativa por el presente, pasado o futuro en lo cognitivo, actitudinal y de conducta (Webster, 2011). Ha sido definida como el predominio con que el pasado, presente o futuro ocupan el espíritu del sujeto (Thiebaut, 1998); “la dirección preferencial de los pensamientos de un sujeto hacia el presente, pasado o futuro, que ejerce una influencia dinámica sobre su experiencia, motivación, pensamiento, y diversos aspectos de su conducta”. (Boniwell, 2009, p. 295)

Nuttin (1985) considera que la gestación de la perspectiva temporal depende de la elaboración cognitiva de la necesidad y del proceso consecuente de intenciones y proyectos.

Zimbardo es el autor que más se ha ocupado de la operacionalización de este concepto, que define como “un proceso no consciente mediante el cual el flujo de las experiencias personales y sociales se encuadran en categorías temporales que ayudan a dar orden, coherencia y significado a esas experiencias” (Zimbardo & Boyd, 1999, p. 1271).

Debe hacerse notar que el peso relativo que tengan los marcos temporales de pasado o de futuro, introducen diferencias considerables en las decisiones y conductas actuales, por lo que resulta importante explorar las modalidades que adquieren estas dimensiones de la Perspectiva Temporal en diferentes sujetos.

Se ha considerado que esta preferencia por alguna de las dimensiones puede funcionar como un rasgo estático de personalidad (Zimbardo, Keough, & Boyd, 1997) que implica determinados costos, es decir que puede llegar a ser no adaptativa (Boniwell, 2009); de allí que los autores introduzcan el concepto de perspectiva temporal balanceada (BTP) (Boniwell & Zimbardo, 2004; Boyd & Zimbardo, 2005), según la cual el presente, pasado y futuro se combinan de modo flexible, respondiendo a las exigencias de los momentos y tareas en la vida de las personas, así como a sus valores dominantes (Zimbardo, 2002). Como señala Zimbardo y Boyd (1999):

“El foco en el futuro da alas para remontarse hacia nuevas alturas en los logros, el foco en el pasado positivo establece las raíces con la tradición y fundamenta el sentido de la identidad personal, el foco en el presente hedonista nutre la vida diaria con la alegría de la juventud y los gozos de la sensualidad. Las personas necesitan que todo esto opere de modo armonioso para realizar plenamente su potencial humano” (p. 1285)
La BTP sería una combinación de puntajes altos o medios en pasado positivo, presente hedonista y futuro y bajos puntajes en pasado negativo y presente fatalista.

Distintos autores han propuesto formas para su operacionalización. Así, Drake et al. (2008) categorizan los puntajes de cada escala en tres niveles y asumen que el sujeto que puntúa bajo en PN y PF y moderadamente alto en PP, F y PH tiene una BTP.

Boniwell y otros (2010) usan el análisis de conglomerados.

Zhang, Howell y Stolarski (2013) proponen la fórmula de la DBTP (Desvío de la Perspectiva Temporal Balanceada), que consiste en hallar la raíz cuadrada de la suma de la diferencia entre el valor óptimo y el registrado para cada sujeto en cada una de las escalas de PT, elevadas al cuadrado. La DBTP es la distancia de cada sujeto respecto del valor óptimo, definido por Zimbardo y Sword (2012) como 4.60 para el pasado positivo, 1.95 para el pasado negativo, 3.90 para el presente hedonista, 1.50 para presente fatalista y 4 para el futuro.

Según los autores, este método evita el punto débil de los otros métodos propuestos, ya que cada persona recibe un puntaje de acuerdo con la distancia que tiene respecto del perfil óptimo de perspectiva temporal.

Stolarski, Bitner y Zimbardo (2011) usan el método del desvío (DBTP) respecto de la BTP, para determinar el nivel de la PT mal balanceada.

Boyd y Zimbardo (1997) también estudiaron la Perspectiva Temporal Futura Trascendente (PTFT) como otra dimensión de la experiencia temporal, que está conformada por las creencias que se poseen sobre la vida después de la muerte y que puede influir las cogniciones y las acciones que se desarrollan durante la vida terrenal, en cuanto el FT puede implicar metas tales como la vida eterna, el reencuentro con seres queridos que han muerto, la salvación eterna y aún la eliminación de males actuales. Dado que esas metas tienen la propiedad de una duración continuada, pueden ser fuente de una motivación más duradera.

Esta perspectiva temporal no es exclusiva de los individuos que profesan una religión y, según algunos autores (Ortuño, Paixão & Nunes Janeiro, 2013) se extiende a quienes procuran alcanzar un equilibrio vital.

En este trabajo se asume dicha dimensión y para el cálculo de la DBTP se toma como puntaje óptimo de FT 3.3, tal como lo proponen Zimbardo y Sword (2012). A diferencia del modo de proceder en otras investigaciones que usan esta escala (Seema, Sircova & Baltin, 2014), hemos optado por incluirla como parte del Inventario, con la finalidad de ver cómo contribuye a la definición de perfiles de perspectiva temporal.

Por otra parte, un número importante de trabajos han explorado la relación entre el perfil temporal y el estilo de personalidad. Según Kairys (2010)

“En los estudios de literatura relevante pueden identificarse cuatro tendencias principales en la conceptualización de la PT:

• PT como una característica de la tarea;

• PT como un proceso motivacional-cognitivo;

• PT como una actitud;

• PT como un constructo similar a un rasgo de la personalidad” (p. 160).

La mayoría de las investigaciones acerca de la relación entre ambos constructos han usado el FFM (Five Factor Model), siguiendo a Zimbardo y Boyd (1999), quienes hallaron que el PN correlaciona negativamente con la estabilidad emocional, la energía, responsabilidad (conscientiousness) y amabilidad, el PH correlaciona positivamente con el factor energía y negativamente con responsabilidad, mientras que el futuro se asocia positivamente con este último factor. Esto lleva a los autores a señalar que la TP es una dimensión psicológica fundamental.

Dunkel & Weber (2010), mediante análisis de regresiones múltiples, hallan que la perspectiva de futuro (PF) puede ser predicha por responsabilidad, neuroticismo y conciencia de identidad, con una variancia explicada del 55%. El Presente fatalista (PF) se asocia negativamente con responsabilidad, extraversión e identidad, el Presente hedonista (PH) es explicado por agradabilidad, extraversión, apertura y negativamente por responsabilidad.

Zhang y Howell (2011) discuten la posibilidad de que la mayor parte de la asociación entre rasgos de personalidad y satisfacción vital se deba a diferencias en el perfil de perspectiva temporal.

A pesar de este solapamiento, Zimbardo y Boyd (1999) advierten que hay una contribución única de la PT, que se relaciona con un abanico más amplio de conductas y no sólo con los rasgos de personalidad. En este sentido, Laghi y otros (2013), a partir de una muestra de 1300 adolescentes italianos, concluyen que hay una fuerte relación entre la PT y el proceso de gestación de la identidad, que resulta integrada cuando predominan el Pasado positivo y el Futuro y, en cambio, clausurada cuando predominan el Pasado negativo y Presente fatalista.

En esta investigación, el estilo de personalidad (EP) se evalúa con el Inventario Millon de estilos de Personalidad (MIPS, Millon, 1994), cuyo modelo teórico integra los aspectos estructurales y dinámicos de la personalidad. En su modelo, Millon conceptúa la personalidad como el estilo de funcionamiento adaptativo que un individuo despliega para relacionarse con su ambiente; considera tres aspectos distintos, pero integrados en la conducta y, de modo particular, en la conducta académica: los modos motivacionales, las maneras personales para el procesamiento cognitivo y los modos singulares de relacionarse con otras personas.

El Estilo de Personalidad (EP) es concebido como un conjunto de disposiciones o patrones adaptativos que interactúan y se combinan dinámicamente dando lugar a diversas configuraciones.

Todos los EP tienen aspectos positivos y negativos que permiten que el individuo pueda adecuarse o no a determinados ambientes o situaciones.



Objetivos

  1. Explorar la posible relación entre perfiles de perspectiva temporal y estilos de personalidad en estudiantes argentinos de nivel medio, terciario y universitario.

  2. Evaluar el rol de la perspectiva temporal balanceada en la relación entre perfiles temporales y estilos de personalidad.

Método

a) Muestra

La muestra se compone de un total de 329 sujetos (67% de mujeres), con una edad media de 24.3 años (SD = 9.77) en un rango de 16 a 50 años. Son estudiantes de nivel medio (37%), terciario (34%) y universitario (29%).

b) Diseño y procedimiento

Se usó un diseño transversal, no probabilístico, no experimental -no se manipularon variables-, de carácter intencional -la muestra se seleccionó en función de los objetivos- y ecológico -ya que los datos se recogieron en el aula en una sola sesión de 45 minutos-.

El completamiento de ambos cuestionarios fue de carácter voluntario y se obtuvo el consentimiento de todos los integrantes de la muestra.

Para el análisis de los datos se usaron los siguientes estadísticos: análisis de correlaciones, análisis de variancia (ANOVA), pruebas de significación de la diferencia de proporciones y análisis de conglomerados de K medias. Se usó el SPSS.20.

c) Instrumentos

Para evaluar la perspectiva temporal se aplicó el ZTPI (Inventario de perspectiva temporal, Zimbardo & Boyd, 1999) y el Cuestionario de Perspectiva Temporal Futura Trascendente (PTFT) (Boyd & Zimbardo, 1997).

El ZTPI es un cuestionario de 56 ítemes con formato de escala Likert de cinco alternativas de respuesta (desde “completamente erróneo” a “completamente verdadero”), compuesto por cinco sub-escalas que exploran cinco factores:



  • Pasado Negativo (PN), expresa una visión negativa y de rechazo hacia las experiencias del pasado.

  • Pasado Positivo (PP), evalúa la actitud cálida, sentimental y de nostalgia hacia el pasado.

  • Presente Hedonista (PH), muestra la medida en que el sujeto se orienta a buscar placer en el momento presente, con poca consideración de las consecuencias para el futuro.

  • Presente Fatalista (PF), refleja una actitud de indefensión, desesperanza y resignación frente a la vida y al futuro.

  • Futuro (F), indica la búsqueda de objetivos y recompensas futuras, la capacidad de planificar y de posponer recompensas.

Se recogieron 608 protocolos.

El cuestionario PTFT es un instrumento unidimensional (Boyd & Zimbardo, 1997), que posee diez ítemes, con cinco opciones de respuesta (desde “completamente erróneo” a “completamente verdadero”). A partir del análisis factorial se excluyeron los ítemes 4, 5 y 7, por su baja carga y a partir de la consideración teórica de que dichos ítemes no se relacionan necesariamente con la convicción de que hay una dimensión del mundo y de la vida humana que trasciende las realidades estrictamente temporales. De hecho, en la validación de la escala, otros autores (Ortuño, Paixão & Nunes Janeiro, 2013) han hallado que el ítem 5 presenta un valor de saturación de 0,15 en el factor, así como un bajo valor de comunalidad (h2 = 0.22), y su omisión eleva el alfa de Cronbach y la variancia total explicada. Así mismo, el ítem 7 registra un valor de saturación -0.50 más bajo que el resto de ítemes, aunque aceptable.

Se recogieron 567 protocolos.

Para evaluar los estilos de personalidad se aplicó el Inventario de estilos de personalidad de Millon (MIPS), en la adaptación de Casullo y Castro Solano (2000) para la población argentina. Se recogieron 788 protocolos.



El cuestionario comprende 12 pares de escalas, organizadas como polaridades, que evalúan tres aspectos de la personalidad:

  1. Metas motivacionales

Son tres pares de escalas que evalúan tres dimensiones del estilo motivacional; en cada par se consideran dos polos, que nunca son rasgos puros, vale decir que toda persona tiene ambos rasgos, con acentuación relativa de uno o de otro.

Apertura: Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala tienden a ver el lado bueno de las cosas, son optimistas en cuanto a las posibilidades que les ofrece el futuro, les resulta fácil pasarla bien y enfrentan con ecuanimidad los altibajos de la existencia. Buscan satisfacción, alegría, placer.

Preservación: Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala se concentran en los problemas de la vida y los agravan. Concentran su atención en las amenazas potenciales a su seguridad física y psicológica. Como piensan que su pasado ha sido desafortunado, parecen estar siempre esperando que algo salga mal y consideran probable que las cosas vayan de mal en peor. Preocupaciones y decepciones de escasa importancia logran trastornarlas con facilidad. Tendencia a la inhibición y pesimismo.

Modificación: Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala toman su vida en sus manos y hacen que las cosas sucedan en lugar de mantenerse pasivamente en espera. Se ocupan diligentemente de modificar su entorno e influyen en los acontecimientos a fin de que estos satisfagan sus necesidades y deseos.

Acomodación: Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala ponen muy poco empeño en dirigir o modificar su vida. Reaccionan ante los acontecimientos acomodándose a las circunstancias creadas por otros; parecen condescendientes, son incapaces de abandonar su indolencia, no tienen iniciativa y hacen muy poco para provocar los resultados que desean.

Individualismo: Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala están orientadas a satisfacer sus propias necesidades y deseos; es decir, procuran realizarse ellas mismas en primer lugar, se preocupan muy poco del efecto que pueda tener su conducta en los demás y tienden a ser a la vez independientes y egocéntricas.

Protección: Las personas que obtienen un puntaje elevado en esta escala están motivadas en primer lugar por satisfacer las necesidades de los demás, para ocuparse del bienestar y los deseos de otras personas antes que de los propios. Se las considera protectoras, capaces de anteponer el cuidado a los demás al de sí mismas (Millon, 1994).

  1. Modos cognitivos

La escala evalúa las preferencias en la fuente primaria de información –las dos primeras polaridades- y los procesos de elaboración cognitiva –las otras dos polaridades-.

Extraversión: El interés cognitivo se pone en los objetos externos al yo.

Introversión: La atención cognitiva se vuelve sobre sí mismo, el sujeto “dialoga consigo”.

Sensación: Se prefiere la información tangible, de orden sensorial.

Intuición: Se prefiere información de orden abstracto o no directamente sensorial, los sujetos suelen estar inclinados a lo misterioso, a lo simbólico y especulativo.

Reflexión: Cualquiera sea la fuente primaria preferida, se elabora la información a la luz de la razón y la lógica, con primacía de la objetividad.

Afectividad: Es un modo de procesamiento cognitivo que se carga de las reacciones viscerales, de las impresiones de agrado o desagrado ante lo que se recibe. Se procesa predominantemente de modo empático.

Sistematización: La información recibida se incorpora a esquemas pre-existentes. Hay un alto grado de formalidad y coherencia, a veces acompañada de rigidez cognitiva (tendencia a conservar juicios y perspectivas).

Innovación: No priman los esquemas previos, sino las nuevas construcciones, soluciones creativas, flexibilidad e inventiva.

  1. Conductas interpersonales

Retraimiento. Personas con poco interés en el contacto social, no exteriorizan sentimientos con facilidad, prefieren la soledad.

Comunicatividad. Personas inclinadas a las relaciones sociales, convencidas de que pueden influir en los demás, evitan las tareas rutinarias, tiene estados de ánimo acentuados y mudables con facilidad.

Vacilación. Indica inhibición social, inseguridad, timidez, duda, preferencia por los ambientes sociales conocidos.

Firmeza: Seguridad en sí mismo, liderazgo, decisión, capacidad de persuasión.

Discrepancia: Personas poco convencionales, que hacen las cosas “a su modo”, con dificultad para asumir responsabilidades y seguir normas pre-establecidas.

Conformismo: Siguen las normas y convenciones, respetan tradiciones y autoridad, organizados, cumplidores de sus tareas, pueden ser vistos como personas poco afables con los que no se atienen a reglas.

Sometimiento: Disposición a actuar de modo servil, tratan de responder a las expectativas de los que son líderes, a menudo ocultan sus talentos.

Control: Las personas que puntúan alto en esta escala tienden a ser socialmente dominantes, agresivas, competitivas, ambiciosas y con fuerza de voluntad. Estas personas suelen ser manipuladoras, pero con talento para supervisar a otros y conseguir que se alcancen metas comunes.

Insatisfacción: Personas que se consideran no valoradas o tratadas injustamente, oscilan entre la aceptación y la resistencia.

Concordancia: Personas serviciales, amistosas, buscan el acuerdo en las interacciones sociales, están dispuestas a adaptar sus preferencias para hacerlas compatibles con las de los demás.

Se recogieron 688 protocolos.


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