Perito en lunas Toro Palmera Gota de agua Noria Horno y luna



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Análisis estilístico de Miguel Hernández



  1. Perito en lunas


Toro

Palmera

Gota de agua

Noria

Horno y luna
Encadenamiento de imágenes. Tema de la naturaleza.

Abundancia de recursos literarios.

Categorías gramaticales: pronombres personales, adjetivos, sustantivos

Campo semántico de la naturaleza




  1. El rayo que no cesa

Encadenamiento de imágenes. Tema del amor.

Abundancia de recursos literarios.

Categorías gramaticales: pronombres personales, adjetivos, sustantivos

Campo semántico de la naturaleza y el amor.


  1. Viento del pueblo

Tono beligerante. Mayor sencillez.

Escasez de recursos literarios.

Categorías gramaticales: pronombres personales, adjetivos, sustantivos

Campo semántico de la naturaleza


  1. El hombre acecha

Tema del horror ante la muerte que produce la guerra. Mayor sencillez.

Menos recursos literarios.

Categorías gramaticales: pronombres personales, adjetivos, sustantivos

Campo semántico de la guerra, la injusticia y el dolor.


  1. Cancionero y Romancero de ausencias

Tema del dolor por la ausencia de los seres queridos ausentes.

Escasez de recursos literarios.

Categorías gramaticales: pronombres personales, adjetivos, sustantivos

Campo semántico del amor y el sufrimiento


  1. Perito en lunas


Comentario del poema “Toro”
¡A la gloria, a la gloria toreadores!

La hora es de mi luna menos cuarto.

Émulos imprudentes del lagarto,

Magnificáos el lomo de colores.

Por el arco, contra los picadores,

del cuerno, flecha, a dispararme parto.

¡A la gloria, si yo antes no os ancoro,

-golfo de arena-, en mis bigotes de oro!

Estos versos son un encadenamiento ininterrumpido de imágenes en torno a la figura del toro. El toro es uno de los símbolos fundamentales de la poesía de Miguel Hernández, símbolo de vida y de muerte, temas fundamentales de su obra junto al amor. Las metáforas gongorinas surcan el poema de principio a fin, el toro como lagarto en los momentos previos a la corrida y como flecha en la plaza. Y estas metáforas se encuadran mediante dos exclamaciones, la inicial ¡A la gloria, a la gloria toreadores!, y la final ¡A la gloria, si yo antes no os ancoro…! En ellas se observa una llamada a los toreadores mediante una anáfora, que se completa en los últimos versos con una subordinada condicional. Los recursos son abundantes en el texto y junto a las anáforas y metáforas vemos hipérbaton en a dispararme parto.

Llama la atención el uso del pronombre personal de primera persona yo (v.7) y el uso del determinante posesivo mi (v. 2) y mis (v. 8), con los que se expresa el yo lírico, en este caso el toro, que se dirige a los toreros. Los sustantivos empleados son numerosos, luna, lomo, arco, picadores, flecha. Los verbos, aunque escasos, indican acción en parto y ancoro. El único adjetivo empleado es imprudente. Este rasgo es llamativo, teniendo en cuenta que el poema es una descripción del toro, por lo que podría esperarse un uso abundante de adjetivos.

Otro rasgo sorprendente es la voz magnificáos, con la tilde en la sílaba tónica, como licencia del poeta que pretende crear una voz cruce de magnífico y caos. Una creación léxica que se une a la riqueza de voces como émulos, ancoro y a las exquisitas metáforas señaladas.

Junto a la riqueza léxica, la riqueza cromática de los versos Miguel Hernández se aprecia en las expresiones como lomo de colores y bigotes de oro.

Este gongorismo de Miguel Hernández que hemos señalado en la intensidad e las metáforas, el uso de hipérbaton, los recursos literarios abundantes, la riqueza cromática y léxica, se completa con el uso de la octava, estrofa tan característica de Góngora que en este caso encierra acertijos poéticos, adivinanzas líricas donde estalla la sorpresa.

2. El rayo que no cesa

Comentario del poema “Me llaman barro”
Estos versos son un encadenamiento ininterrumpido de imágenes en torno a la figura del barro. El barro es uno de los símbolos fundamentales de la poesía de Miguel Hernández, símbolo de muerte, tema fundamental de su obra junto a la vida y al amor. Amor y muerte son los temas de este poema, amor que causa dolor y muerte como lo hacen el barro.

Las metáforas surcan el poema de principio a fin, sobre todo con el barro como símbolo del sufrimiento, del dolor y de la muerte.

Los recursos literarios son abundantes en el texto y junto a las mencionadas metáforas vemos numerosos paralelismos con anáfora en soy un triste instrumento del camino. Soy una lengua dulcemente infame (v. 4), barro en vano me invisto (v. 26), Tu destino es de la playa y mi vocación del mar (v. 23) o la polisíndeton y estalle y truene y caiga (v. 56). Todos ellos dotan al poema de una gran fuerza expresiva.
Llama la atención el uso del pronombre personal de primera persona me (v.14) y el uso del determinante posesivo de primera persona mi (v. 2), con los que se expresa el yo lírico, que se dirige a una segunda persona, con los determinantes posesivos tu (v. 11), tus (v. 22) y el pronombre personal te (v. 36). Esta segunda persona se refiere a la amada que rechaza el amor ofrecido.

Los sustantivos empleados son numerosos, predominan los concretos del campo asociativo del cuerpo humano como lengua, pies, talón, brazos, boca, tobillo, pierna y frente, el objeto de deseo del yo lírico que se presentan en los versos finales de forma ascendente: tu tobillo de junco, mi tormento, teme que inunde el nardo de tu pierna y crezca más y ascienda hasta tu frente. Voces del campo de la naturaleza como flores, gavilán, alga, ola, amapolas, liebre, arboleda, animales siempre presente en su obra. Los adjetivos del texto son triste, infame, mordiente, impasible, manchada despreciado, humilde, malheridos, convulsos, que califican al amante frente a libre, loca, corrosiva, vengativa para dirigirse a la amada que lo desprecia.

Los verbos, varían a lo largo del poema. En la primera parte predomina el verbo ser, en presente e infinitivo. Pasa después a usar otros verbos como coloco, bajo, me invisto, te muerdo, en primera persona frente a la segunda de pisas, pones, pasas. Las estrofas finales recurren a verbos de acción que imprimen velocidad al poema como crezca, suba, inunde, ascienda, levante, estalle, truene, caiga, estos ya en tercera persona, como hechos que pueden suceder independientemente ya de los dos personajes del poema.
La riqueza de voces se observa en idolatrada, me invisto, vertiendo, convulsos y en las exquisitas metáforas señaladas.
Esta preocupación de Miguel Hernández por el sufrimiento que causa el dolor, que hemos señalado al comienzo del comentario, se presenta con voces violentas, con una gran carga expresiva que proporcionan las numerosas metáforas y con el uso de la silva, estrofa que imprime velocidad al poema.
Comentario del poema “Umbrío por la pena”
Este soneto es un encadenamiento ininterrumpido de imágenes que buscan reflejar el dolor que causa el amor, uno de los temas fundamentales de la poesía de Miguel Hernández, junto con la vida y la muerte.

Las metáforas surcan el poema de principio a fin, y presentan un dolor tan potente que estalla, “la pena tizna cuando estalla” (v. 2), que se siente como una corona de cardos y penas (v. 9). Para intensificar aún más la expresividad se recurre a hipérboles como cardos y penas siembran sus leopardos (v. 10).

Los recursos literarios son abundantes en el texto y junto a las mencionadas metáforas e hipérboles vemos numerosos paralelismos con anáfora en “pena es mi paz y pena mi baalla” (v. 6), Cardos y penas llevo por corona, cardos y penas siembran sus leopardos” (v.161). Todos ellos dotan al poema de una gran fuerza expresiva.
Llama la atención el uso del pronombre personal de primera persona yo (v. 3) me (v.3) y el uso del determinante posesivo de primera persona mi (v. 6), con los que se expresa el yo lírico, hablando de las penas que le consumen. La repetición del sustantivo abstracto pena es muy llamativa, pues aparece en los versos 1, 2, 5, 6, 9, 10, 12 y 13. También se presenta el adjetivo apenado en el verso 4 y el verbo penar en el verbo 14.

Los sustantivos empleados para definir esta pena son numerosos, como la pareja de antónimos paz y batalla en el verso 6, corona de cardos en el verso 9, leopardos en el verso 10. Los adjetivos con los que se matizan son umbrío, bruno, solo, fiel e importuno. Cierra el poema el verbo morirse dentro de una oración exclamativa, ¡cuánto penar para morirse uno!, la muerte como final de una vida llena de dolor, el otro tema fundamental de la obra de Miguel Hernández, como hemos señalado al inicio del comentario.


La riqueza de voces se observa en los adjetivos con los que inicia el poema umbrío y bruno y en las exquisitas metáforas señaladas.
Esta preocupación de Miguel Hernández por el sufrimiento que causa el dolor, que hemos señalado al comienzo del comentario, la vida y la muerte, ejes fundamentales de su obra, se completa con voces de la naturaleza como leopardos y cardos, otro de los temas frecuentes.

Comentario del poema “Un carnívoro cuchillo”

Estos versos son un encadenamiento ininterrumpido de imágenes en torno a la figura del rayo y del cuchillo. El rayo es uno de los símbolos fundamentales de la poesía de Miguel Hernández, símbolo de muerte, tema fundamental de su obra junto a la vida y al amor. Amor y muerte son los temas de este poema, amor que causa dolor y muerte como lo hacen el rayo y el cuchillo.

Las metáforas surcan el poema de principio a fin, símbolos como el cuchillo, el rayo asesino de amor con apariencia mansa, que picotea como un pájaro que hace un nido, metáfora de una herida. Un rayo con poder fecundador. Se describe cabeza que durante su juventud fue un florido balcón de memorias y añoranzas, y que ahora está negra, oscura, confusa, junto con el corazón que se ha vuelto juicioso y débil. El dolor se manifiesta con las lágrimas que bajo la metáfora de la sal se mencionan. Y la causa de este dolor es el amor, el amor que hace sufrir y al que espera vencer algún día.

Los recursos literarios son abundantes en el texto y junto a las mencionadas metáforas vemos enumeración en huracán, amor o infierno (v. 26), repetición en sigue, pues, sigue (v. 33), recojo (v. 17,20), paralelismo en sal del alma y sal del ojo y flores de telarañas (v. 18), Tu destino es de la playa y mi vocación del mar (v. 23) o la concatenación y mi corazón, y mi corazón (v. 11). Todos ellos dotan al poema de una gran fuerza expresiva.


Llama la atención el uso del pronombre personal de primera persona me (v.14) y el uso del determinante posesivo de primera persona mi (v. 4) y mis (v. 20), con los que se expresa el yo lírico, que se dirige a una segunda persona, tu (v. 23). Esta segunda persona se refiere al cuchillo, al rayo cuyo destino es la playa y al que se dirige con el imperativo sigue, pues, sigue, cuchillo, volando, hiriendo (v. 33).

Los sustantivos empleados son numerosos, tanto abstractos del campo asociativo de los sentimientos sobre todo dolorosos tristezas, perdición, pesar, como concretos de diversos campos. Voces del campo de la naturaleza como playa, mar, luna, flores, naturaleza siempre presente en su obra. Junto a ellas, voces del campo de la violencia como cuchillo, modificado por los adjetivos carnívoro y homicida, rayo, con los adjetivos crispado y caído. Palabras del campo del cuerpo humano como cabeza, costado, pestañas y ojos, en los que se muestran canas, nidos como heridas y lágrimas.

Los verbos, aunque escasos, presentan también acciones violentas como picotear (el costado), vencerte, y los gerundios volando e hiriendo (v.34).
La riqueza de voces se observa en fulgentemente, rayo secular y en las exquisitas metáforas señaladas.

Junto a la riqueza léxica, la riqueza cromática de los versos Miguel Hernández se aprecia en la utilización del color negro, símbolo del dolor, mi sien negra está, y el blanco de las canas que implica el paso del tiempo que también se manifiesta con el color amarillo que adquirirán las fotografías.


Esta preocupación de Miguel Hernández por el sufrimiento que causa el dolor, que hemos señalado al comienzo del comentario, se presenta con voces violentas, con una gran carga expresiva que proporcionan las numerosas metáforas y con el uso de la redondilla, estrofa que imprime velocidad al poema..

  1. Viento del pueblo


Comentario de Vientos del pueblo me llevan
Estos versos son un encadenamiento ininterrumpido de imágenes en torno a la figura del viento, que titula el poema. El viento es uno de los símbolos fundamentales de la poesía de Miguel Hernández, símbolo de la vida del pueblo, un pueblo que lucha por vivir en una guerra que intenta acabar con él vientos del pueblo me arrastran (v. 2). Miguel Hernández cree que el poeta debe ser el intérprete del sentir colectivo que ha de pasar como el viento a través de la gente.
Las metáforas surcan el poema de principio a fin, sobre todo con el viento como símbolo del pueblo, el rayo como símbolo de la libertad ni quien al rayo detuvo prisionero en una jaula (v. 23), libertad representada también por los leones en contraposición con los bueyes los bueyes doblan la frente (v. 5), los leones la levantan (v. 8). Frente al viento y el rayo, los elementos de la naturaleza libre, el yugo con el que se pretende someter al pueblo ¿Quién ha puesto al huracán jamás ni yugos ni trabas? (v. 21).

Los recursos literarios son abundantes en el texto y junto a las mencionadas metáforas vemos numerosos paralelismos con anáfora en yugos os quieren poner yugos que habéis de dejar (v. 49) vais de la vida a la muerte, vais de la nada a la nada (v. 47), las enumeraciones de sustantivos dueños del hambre, el sudor o el hacha (v. 42) o la larga enumeración de los habitantes de la Península, asturianos, vascos valencianos con sus paralelismos (v.25) o las comparaciones labrados como la tierra y airosos como las alas (v. 29), interrogaciones retóricas ¿Quién habló de echar un yugo? (v. 19) e hipérboles como veinte veces muerto (v. 67). Todos ellos dotan al poema de una gran fuerza expresiva y de gran vitalidad.


Llama la atención el uso del pronombre personal de primera persona me (v.1) con el que se expresa el yo lírico, que se dirige a una segunda persona del plural, con el pronombre personal os (v. 49). Esta segunda persona se refiere al pueblo al que se dirige en tono beligerante, yugos os quieren poner yugos que habéis de dejar rotos sobre sus espaldas (v. 49). La tercera persona se aprecia en ese determinante posesivo con el que se refiere al bando enemigo.

Los sustantivos empleados son numerosos, predominan los concretos del campo asociativo del cuerpo humano como corazón, símbolo de los sentimientos, garganta, símbolo de la expresión, vientos del pueblo me llevan, me esparcen el corazón y me aventan la garganta (v. 1). Voces del campo de la naturaleza como bueyes, símbolo de la sumisión, frente a leones, águilas, toros, símbolo de la libertad, siempre presente en su obra. Gentilicios como asturianos, vascos, valencianos, extremeños, aragoneses, para dirigirse a todos los españoles. Se refleja el dolor con abstractos como agonía (v. 61) y con concretos como lágrimas (v. 34) y muerte (v. 71), el orgullo con expresiones como con la cabeza muy alta (v. 66), las voces arrogancia (v. 58), orgullo, braveza, rayo, huracán que se oponen a jaula y yugo, símbolos de privación de libertad. Los adjetivos del texto son escasos.

Los verbos, varían a lo largo del poema. Comienza el texto en tercera persona de plural del presente, esparcen. Pasa a primera persona del singular, soy. Se dirige a una segunda persona del plural con una perífrasis de obligación habéis de dejar. Las estrofas finales recurren a verbos del campo semántico de la muerte mueren, enturbia, acaba, muero, muera, una diversidad de personas del mismo verbo que contrapone a cantan y cantando, verbos que describen su actitud ante esa muerte inminente.

Este espíritu beligerante de Miguel Hernández que hemos señalado al comienzo del comentario, se presenta con voces violentas, como fusiles, batallas, muerte, con una gran carga expresiva que proporcionan las numerosas metáforas, y una velocidad conseguida con los paralelismos, repeticiones, abundancia e verbos y ausencia de adjetivos usos que contribuyen a dar dinamismo completado con el empleo del romance.



4. El hombre acecha
Comentario de “Canción última”

Pintada, no vacía:

Pintada está mi casa

del color de las grandes

pasiones y desgracias.

Regresará del llanto

adonde fue llevada

con su desierta mesa,

con su ruinosa cama.

Florecerán los besos

sobre las almohadas.

Y en torno de los cuerpos

elevará la sábana

su intensa enredadera

nocturna, perfumada.

El odio se amortigua

detrás de la ventana.

Será la garra suave.

Dejadme la esperanza.

Estos versos son un encadenamiento ininterrumpido de imágenes en torno a la idea de la tristeza. Si en Viento del pueblo predominaba el tono combativo, cierto optimismo y esperanza en la victoria final, observamos en este poema de El hombre acecha un poeta cansado ante el desalentador balance de muertes sin sentido, cárceles, heridos y odio.

Las metáforas surcan el poema de principio a fin, la casa pintada del color de las desgracias, la intensa enredadera, los besos floreciendo y la suave garra.

Los recursos literarios son escasos en el texto y junto a las mencionadas metáforas vemos numerosos paralelismos con anáfora en con su desierta mesa, con su ruinosa cama (v. 7), las enumeraciones de adjetivos como intensa nocturna perfumada (v. 13). Todos ellos dotan al poema de una gran fuerza expresiva y de gran vitalidad y ritmo.

Llama la atención el uso del pronombre personal de primera persona me (v.18) con el que se expresa el yo lírico, que se dirige a una segunda persona del plural, con el imperativo dejadme (v. 49). Esta segunda persona se refiere al pueblo al que se dirige en tono apesadumbrado. La tercera persona se emplea en los verbos en futuro para referirse a esa esperanza de una nueva vida que comience para él florecerán los besos, el odio se amortiguará. Verbos de acción que dan dinamismo al poema como regresará, florecerán, elevará dirigidos a una esperanza que fue llevada, arrebatada, acción que se expresa mediante la voz pasiva.

Destaca la tensión generada entre dos fuerzas, positiva y negativa, que a modo de antítesis vertebra la composición con sustantivos como el abstracto esperanza con el que cierra el poema frente a desgracias, odio y pasiones, o el concreto besos frente a llanto (v. 5). Los adjetivos grandes, intensa, perfumada y suave contrastan con vacía, desierta y ruinosa.

El espíritu beligerante de Miguel Hernández en Vientos del pueblo cede el paso a la tristeza ante la visión del horror que se transmite en este poema con un léxico sencillo, muy expresivo, aunque con pocos recursos expresivos y en verso corto que le confieren gran rapidez.

5. Cancionero y Romancero de ausencias
Comentario de Antes del odio
Estos versos son un encadenamiento ininterrumpido de alusiones a la pérdida de la libertad y al papel liberador del amor. El tono que preside la poesía de esta última etapa hernandiana es el de una voz desolada que sufre un profundo proceso de intimidación, de emoción estremecedora ante el dramático panorama de un hombre que siente como una herida la ausencia de los suyos, la muerte de su primer hijo, el terrible final de la guerra, su condena inicial a la pena de muerte y su propio desmoronamiento físico ante tanta penuria.
Se trata de un texto extenso, setenta y cuatro octosílabos repartidos en siete estrofas de irregular número de versos, lo que le confiere cierto grado de sorpresa y movilidad.
Las repeticiones surcan el poema de principio a fin, amor (v. 25), beso (v.1), corazón (v. 4), libre (v. 73). libertad representada también por los leones en contraposición con los bueyes los bueyes doblan la frente (v. 5), los leones la levantan (v. 8).

Junto a las mencionadas metáforas vemos numerosos paralelismos con anáfora en ¿Quién encierra una sonrisa? ¿Quién amuralla la voz? (v. 65), las enumeraciones de sustantivos golondrinas, ascensión, claridad, anchura, aire (v. 40) o adjetivos como alto, alegre, libre (v. 58), interrogaciones retóricas ¿Quién encierra una sonrisa? (v. 65). Todos ellos dotan al poema de una gran fuerza expresiva y de gran vitalidad.


Llama la atención el uso del pronombre personal de primera persona yo (v. 10), me (v.3) con el que se expresa el yo lírico, que se dirige a una segunda persona del singular, con el pronombre personal te (v. 15), (v. 67) y el determinante posesivo tu bóveda (v. 27). Esta segunda persona se refiere a la mujer amada con la que no puede estar, No es posible acariciarte (v. 15).

Los sustantivos empleados son numerosos, predominan los concretos del campo asociativo del cuerpo humano como cuerpo, corazón, brazos. Voces del campo de la naturaleza como golondrinas, desierto, mar. Se refleja el dolor con abstractos como odio (v.) y con concretos como lágrimas (v. 34). Símbolos de privación de libertad son hierro, cadenas, cárcel amuralla, prisión que se completan con los adjetivos feroz, encadenado y con los verbos amuralla, encierra.


Los recursos literarios no son abundantes en el texto, pues en el aspecto formal se ha despojado de retóricas y su gesticulación expresiva se ha reducido al mínimo buscando un lenguaje más directo y transparente con el que transmitir su dolor, su sufrimiento y su necesidad de amor.




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