Performance Alicia Romero, Marcelo Giménez (sel., trad., notas) Estudios de la performance



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Performance

Alicia Romero, Marcelo Giménez

(sel., trad., notas)
Estudios de la performance

En el año 1996, Roger Chartier edita en Argentina un conjunto de textos que habían sido presentados como conferencias en las Universidades de Buenos Aires y de Mar del Plata, bajo el titulo Escribir las Prácticas.

En el prólogo, hace referencia a la pregunta fundamental que, según su perspectiva, enuncian en común las obras de Michel Foucault, Michel de Certeau y Louis Marin: “¿cómo pensar las relaciones que mantienen las producciones discursivas y las prácticas sociales?1.

Seguiremos los argumentos de Chartier. Hacer inteligibles las prácticas que las leyes de formación de los discursos no gobiernan es una empresa difícil, inestable [...] siempre la amenaza, la tentación de olvidar toda diferencia entre lógicas heterónimas pero, sin embargo, articuladas: la que organiza la producción e interpretación de los enunciados, la que rige los gestos y las conductas.” Esta duplicidad cuestiona las formulaciones del “giro lingüístico”, para el que todo es discurso, y propone una distinción que conduce a articular “la construcción discursiva del mundo social con la construcción social de los discursos, [...] inscribir la comprensión de los diversos enunciados que modelan las realidades dentro de coacciones objetivas que, a la vez, limitan y hacen posible su enunciación”2. En torno al conjunto de las prácticas sociales, otra elección de aquellos tres autores consiste en subrayar “la distancia que existe entre los mecanismos que apuntan a controlar y someter [ya sea para imponer una disciplina, un orden o una representación] y, por otro lado, las resistencias o insumisiones de aquellos –y aquellas- que son su objetivo [expresadas en rechazos, distorsiones, artimañas, etc.]” (Foucault: dispositivos de coacción e ilegalismos; De Certeau: oposiciones de estrategia y táctica; Marin: distancia entre las modalidades del “hacer creer” y las formas de la creencia)3.

La consecuencia del trabajo de aquellos tres pensamientos fuertes ha producido desplazamientos en el campo de la historia o la sociología cultural, entre otros, la liberación de las definiciones tradicionales de la historia de las mentalidades. La atención se desplaza:


de las distribuciones estadísticas

hacia las modalidades de apropiación

de la desigual circulación de los objetos y las obras

hacia los procesos de construcción de sentido

del inventario de las herramientas mentales

hacia la articulación entre prácticas y representaciones.

Si analizamos el estatuto relacional de las producciones discursivas en la pregunta caracterizada por Chartier como fundamental, observamos que ellas quedan en el mismo nivel que las prácticas sociales, pero enunciadas aparte y disponibles para su articulación. Nótese que en un caso se habla de producciones y en el otro de prácticas. En tanto existe una amplia coincidencia acerca del estatuto del discurso como práctica, podrían reformularse ambas nociones -prácticas y producciones- referidas a cada calificativo -discursivo y social-. Entendemos discurso, con María Isabel Filinich, como un particular proceso, regulado y social4, lo que lo incluye en el concepto mismo de prácticas, que es más extenso.

Nos interesa, por ello, relevar en principio la dimensión de las prácticas. Según su uso más general en la lengua castellana, ellas inicialmente consisten en el ejercicio de cualquier arte conforme a sus reglas, así como en la competencia adquirida con este ejercicio. Si llevamos ahora esta definición al contexto de la afirmación foucaultiana lo único que existe son prácticas, discursivas y no discursivas, de enunciados y de visibilidades, podríamos reformular los campos a articular como prácticas en el dominio del lenguaje y en el dominio de la percepción.

Si ahora volvemos al texto de Chartier, veremos que él subraya la existencia de tres nociones que permitieron renovar, en forma reciente, la reflexión de las ciencias humanas y sociales: discurso, práctica, representación, que él profundiza respectivamente en las obras de Foucault, de De Certeau y de Marin.



Tal vez sea posible, a la luz del tiempo transcurrido y los contornos epistemológicos actuales, renovar esta propuesta ternaria, en el marco de las reformulaciones que comenzamos a configurar. Hoy asistimos al desarrollo de tres grandes núcleos de positividades; cada uno puede ponerse en relación con las nociones que Chartier enuncia. Al adscribir a la tesis de que lo único que existen son prácticas, categoría que tiene para nosotros la virtud de sintetizar la clásica oposición teoría/praxis, entendemos a los discursos, los comportamientos y las instituciones culturales como dimensiones de la práctica. A partir de esto, se podría decir:

  • que los estudios del discurso -implicando una amplia gama que va desde aquellos de carácter técnico referidos a la lectura y la escritura hasta los de carácter filosófico- tienen como objeto despejar las prácticas discursivas.

  • que los estudios de la performance intentan discernir las prácticas corporales –gestuales, las actitudes, los comportamientos- que los sujetos entablan entre sí; y

  • que los estudios culturales trabajan en torno a la noción de representación entendida como los niveles institucionales –en el sentido político sociológico- en los que se despliega la actividad social.

Desde luego, la percepción de estos recortes en el campo de los saberes y los conocimientos depende de nuestra perspectiva asumida desde el lugar en el cual lo estético y lo artístico pueden ser atravesados mejor en el alcance de estas tres dimensiones y las articulaciones que necesariamente conllevan5.

SCHECHNER, Richard. “¿Qué son los estudios de la performance y por qué hay que conocerlos?”, en SCHECHNER, Richard. Performance. Teoría y Prácticas Interculturales. Prol.: Susana Rivero, M. Ana Diz. Trad.: M. Ana Diz. 1° ed. Buenos Aires: UBA, SEUyBE, 2000 (“Libros del Rojas”), p. 11-20.
La performance incluye pero no se limita a lo que convencionalmente llamamos drama, teatro, actuación o representación. Esta tipología se constituyó como conjunto de actividades múltiples y como campo de estudio en las ultimas décadas del siglo XX, en gran medida gracias a la labor de Richard Schechner. Su trabajo, tan diverso y múltiple como el campo mismo que contribuyó a definir, incluye una producción teórica fundadora y una praxis ejercida en varios frentes: de la dirección de teatro a la configuración de bases siempre móviles del campo de los estudios de la performance, incluyendo la articulación de ese campo en el nivel institucional, con la creación del primer departamento o facultad de Estudios de la Performance en la New York University. Se trata de un trabajo por naturaleza interdisciplinario, que defiende ferozmente la movilidad de las fronteras, basándose en la idea de que es precisamente en los cruces y las intersecciones donde los campos se fertilizan6.
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