Pensamiento y trastorno psicopatologia del pensamiento



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ETIOPATOGENIA DE LOS DELIRIOS

Podemos considerar diversas formas de abordar este problema, y comenzar con las diversas escuelas Psiquiatricas en su concepto al respecto.


CRITERIO FENOMENOLOGICO
Como acabamos de ver, distingue entre vivencia delirantes prima­rias o secundarias o deliroides, con lo cual quiere expresar una génesis en uno u otro caso. Las vivencias delirantes primarias, hemos visto, son expresión directa del trastorno fundamental procesal. Los delirios secundarios y las ideas deliroides, se derivan de alteraciones psíquicas o de vivencias cargadas de afecto, por lo que la génesis es completamente diferente. De ahí que esta dirección fenomenológica trate de investigar la "com­prensibilidad" o "incomprensibilidad" genética de la vivencia delirante. Si resulta "incomprensible" y además muestra aquellos atributos propios de las vivencias delirantes primarias, la etiopatogenia de la misma, ha de estar deferida al proceso esqui­zofrénico; por el contrario, si resulta "comprensible" genética­mente, a partir de una vivencia normal, anómala o morbosa, la etiopatogenia estará dada por los mecanismos anormales de la personalidad, y por ciertos factores ligados a la historia biográfica del hombre en que esto sucede. La orientación fenome­nológica trata del análisis de la vivencia de comprender genéti­camente, y su base se halla en los conceptos Jasperianos de "proceso", "desarrollo y "reacción".


CRITERIO ANTROPOLOGICO EXISTENCIAL

La interpretación de la totalidad del delirio, como una altera­ción o una transformación de la forma de existencia, es la principal tarea que cumplen los trabajos de orientación analí­tico‑existencial y antropológico‑fenomenológico; es decir, el delirio es considerado, por esta escuela, como una alteración profunda del "estar en el mundo", dado que en él, se aprecia una evidente rotura de las relaciones hombre‑mundo.


CRITERIO PSICOANALITICO.
Esta escuela atribuye al delirio, un valor eminentemente simbólico, señalando unos mecanismos similares a los que suceden en el sueño, es decir, el delirar sería como el dormir, que representaría un momento preciso para la manifestación de deseos incumplidos y reprimidos. La concreción de un delirio, exigiría la puesta en marcha de mecanismos defensivos contra la angustia y el miedo, donde participan el yo, el súper yo y el ello. Ciertos impulsos reprimidos, moverían al enfermar, a experimentar pánico y, con la construcción de una forma delirante, permitiría al enfermo instalar su vida en el delirio, con lo que se sentiría relativamente libre de angustia.
Freud, inspirado en el caso de Schereber, interpretaba el delirio paranoide de la siguiente manera: “Yo le amo, yo le odio, el me odia". Las tres notas fundamentales de esta explicación genéti­ca, son la homosexualidad, formulada en el primer enunciado, la inversión afectiva, en la segunda, y la proyección sobre el supuesto perseguidor, en la tercera. Esta conexión entre el delirio y la homosexualidad, es muy discutida.
TEORIA ORGANO‑DINAMICA DE HENRY EY.
Es una aplicación de las ideas de Jackson. De acuerdo con esto, toda enfermedad mental se caracteriza de un modo esencial, por aparición de síntomas de déficit o "negativos", que se manifies­tan por la exclusión de un nivel global de actividad dinámica de las funciones psíquicas, bien por una falta de desarrollo, o bien, por una alteración orgánica. La "disolución" de ese nivel, conduce a la "liberación" de otros niveles inferiores que han permanecido innatados ("Síntomas positivos"), que se nos aparecen como una nueva organización de la vida psíquica. Para este autor, equiparar el delirio a los sueños, en el fondo no es más que un fenómeno deficitario.
INVESTIGACIONES EXPERIMENTALES.
Se han llamado psicosis modelo, las que se producen por la ingestión de algunas sustancias, como la Opuntya Cylindrica, Mescalina y LSD. Los delirios que se presentan, son de tipo oniroide, en los cuales, la ciencia se halla comprometida, y no tienen ninguna característica del delirio procesal.
Se distinguen tres formas de comienzo en el delirio. En primer lugar, aparece la lucha crítica contra las vivencias psicóticas, que es, a la vez, una lucha en pro de la conservación de la personalidad originaria y la imagen del mundo previa. Después vendría la entrega entusiástica, lo nuevo psicótico y, por últi­mo, la entrega, sin reacción ni lucha, lo que conduce a la cronicidad. El delirio, al encronizarse, se modifica en algunos aspectos. De un lado, se reduce o anula la tensión emocional entre el delirio y la realidad y, por otra parte, el delirio se vuelve más intrasubjetivo, una vez que el sujeto se desvincula más del mundo y toma el cambio hacia el espacio psíquico inte­rior.
La disminución de aquella tensión, hace posible la coexistencia pacifica del mundo real y del mundo delirante, e incluso, en ocasiones, la instalación de una nueva ordenación vital, como producto de la articulación de lo real con lo psicótico.

FORMAS DE DELIRIO.
Partiendo de sus respectivas etiologías, podemos dividir los delirios de la siguiente manera:
1.-DELIRIOS EXOGENOS-ORGANICOS.

a). Delirios Exógenos. Corresponden a la reacción exógena de Bonhoffer o confusión mental, cuyas formaciones delirantes producen una reestructuración de la conciencia, a niveles oníricos y oniroides. Esto es vivido por el paciente, con una intensa carga afectiva morbosa, de características terroríficas y angustiosas, acompañada de intensa excitación motriz, gritos y verborrea, lo cual es debido a la desorientación temporo‑espacial.
Este síndrome, es causado por procesos tóxico‑infeccioso, traumas psíquicos, o trastornos vasculares cerebrales.
Una forma de estos delirios, serían las psicosis agudas, en las cuales predominan toda clase de alucinaciones, (Acústicas, verbales, genestésicas, visuales, etc.), así como la despersona­lización.
b). Delirios Orgánicos. Son delirios que aparecen al síndrome psico‑orgánico, con debili­tamiento progresivo de la personalidad, con marcada amnesia. Pueden ser megalomaníacos, de forma maníaca o expansiva, como en la parálisis general progresiva, o en ocasiones, se estructuran sobre confabulaciones, elaboradas para rellenar las amnesias típicas de los síndromes demenciales, y que, al parecer muchas veces, dan como resultado, cuadros melancólicos en que se instauran delirios muy mal elaborados, llenos de puerilidad.
Igualmente, en las epilepsias temporales pueden aparecer deli­rios, que constituyen los síndromes esquineiformes, de muy difícil diagnóstico, y por último, en los traumatizados de cráneo, en los que suelen instaurarse estados delirantes confusionales, con agitación psicomotora intensa.
En los tumores cerebrales, pueden presentarse delirios de tipo confuso u onírico.
En fin, los delirios orgánicos, muestran una estructura, en la que se entremezclan caracteres confusionales alucinatorios, y los provenientes del síndrome psicoorgánico, en el que los delirios son muy mal sistematizados y ocasionados por la causalidad orgánica cerebral.
2. DELIRIOS PROCESALES

Son la expresión de proceso psíquico. En el sentido de Jaspers, podemos distinguir los de la Ezquizofrenia Paranoide y los del parafrénico, los cuales, aunque tienen una misma naturaleza, poseen algunas diferencias llamativas.


a). Delirios paranoides. Este delirio se caracteriza, fundamentalmente, por emerger de una vivencia delirante primaria y, más exactamente, de una percepción delirante, aunque a veces, puede surgir también, de alguna de las ocurrencias delirantes. Arrancan de una vivencia delirante primaria, y poseen, cualquiera que sea su tema, un sentido auto­referencial, ya que su carácter es centrípeto con respecto al yo del hombre enfermo. Es decir, todo le parece venir a este, de afuera; todo procede para él del mundo externo que se le muestra "cambiado", "mutado", distinto al mundo que hasta entonces cono­ció, y en el cual volvió. Todo procede de este nuevo mundo, lleno de significaciones inéditas, de simbolísmos, de contenidos mágicos, generalmente amenazadores u hostiles para su personalidad, la cual siente y vivencia distinta, como si fuera otro hombre.
Este rasgo típico del delirante esquizofrénico paranoide, es expresión de su específico "trastorno de la actividad del yo", consistente en esa pérdida de actividad, ya que una de las características de la conciencia del yo, es que vivencia como algo activo, como algo propio. Al anularse este sentimiento de actividad, los actos no se consideran propios, sino completamente ajenos.
Este enfermo, va a tener una nueva "concepción del mundo", la cual se ha elaborado en base a tres factores, es decir, tres mundos que el esquizofrénico llega a vivir como: mundo real (premorboso), mundo esquizofrénico (procesal), y mundo magnífico y fantástico (Autista).
Las interpretaciones falsas delirantes, son como una cuerda de salvación, a la que tiene que asistirse por necesidad, para impedir la amenaza que cae sobre su yo. Sin embargo, en el estado final, sigue interpretando sus vivencias reales y morbosas porque a ello le conduce la fuerza de sus creencias delirantes sobre las que se sustenta su delirio actual. Pero, necesita vivir en un mundo propio, toda vez que nuestro mundo le descon­cierta, ya que no sabe que postura ha de tomar. Por eso, prefiere vivir en ese mundo propio ‑el mundo paranoide‑, al que trata de enriquecer, buscando en sus interpretaciones delirantes, al afianzamiento de su personalidad premórbida, que la acción procesal en él "crea".

b). Delirio parafrenico.
Estos delirios fueron descritos por Kraepelin, para situarlos entre la paranoia y la esquizofrenia Paranoide. Las características de estas psicosis delirantes son:

  • El carácter paralógico de su producción.

  • La importancia del trabajo imaginativo en su elaboración.

  • La superposición de una realidad fantástica a la realidad objetiva, sin que el delirante pierda contacto.

  • La ausencia de disgregación de la personalidad.

  • Conservación de la capacidad intelectual.

  • Todo esto, acompañado de un síndrome alucinatorio.

  • La edad de aparición, es siempre, después del tercer decenio de la vida.

En cuanto a la relación de la Parafrenia con la esquizofrenia, o considerarlas como entidades aisladas, ha sido motivo de gran controversia para los partidarios de ambas concepciones. Para la Psiquiatría alemana, tanto la esquizofrenia, como la Parafrenia, provienen de un mismo trastorno. Pero, hay otras posturas que mantienen, por el contrario, la totalidad independiente de las Parafrenias, por considerar que tienen características pro­pias, muy diferentes a las de la esquizofrenia. Existen otros autores, que sostienen, que serían sintomáticos de un proceso maníaco depresivo.


En general, la primera hipótesis, es la más aceptada, la cual sostiene, que la Parafrenia ha surgido de un episodio abortado.
La estructura delirante parafrénica, muestra relatos prolijos, llenos de viveza y de gran riqueza imaginativa, viviendo estos pacientes, en plena "superrealidad", alcanzando sus relatos, un contenido de irrealismo fantástico, llenos de imágenes cósmicas, mágicas, supersticiones, etc.
3. DELIRIOS NO PROCESALES.

Dentro de esta denominación, se encuentran aquellos delirios, de naturaleza secundaria, derivados de un estado de ánimo morboso, o de una elaboración psicógena, o bien, permanentemente relativos o desencadenados, y determinados por una cierta situación anímica.


a). Desarrollos paranoicos. Estos desarrollos paranoicos, forman el núcleo de lo que Kraepelin denominó parafrenia y que entran en la clasificación de los delirios crónicos.
Kraepelin definió la parafrenia como "un desarrollo insidioso, originado por causas internas, de un sistema delirante e inconmo­vible, que cursa con plena conservación de la claridad y del orden en el pensamiento, en la voluntad y en la conducta".
Estos delirios paranoicos, muestran las siguientes característi­cas generales:
Sistematización.

Desarrollo coherente a partir de la personalidad.

Lucidez.

Ausencia de demencia o de disgregación de la personalidad.

Credictibilidad, caracterizada por su fijeza y por su defensa como algo real.
La Sistematización. La sistematización del delirio paranoico, es perfecta, y se des­arrolla en orden y equilibrio. Su exposición, tiene caracteres de absoluta realidad, mostrando en este aspecto, un rasgo típico que le diferencia del disgregado y paralógico del delirio esquizofrénico paranoide, o del imaginario y fantástico, del parafrénico, por lo cual, estos se hacen increíbles y absurdos.
El delirio paranoico, en cambio, resulta en ocasiones, difícil de separarle de lo real, por lo cual se le ha llamado, "La locura razonante". Muchas veces, estas ideas delirantes, por su vera­cidad, llegan incluso, a ser compartidas por personas sanas que conviven con el sujeto.
Desarrollo Coherente a partir de la personalidad. A partir de la Personalidad (orgullo y desconfianza). Hay una constitución psíquica anormal, que bajo la influencia del conflicto social, establece una mala adaptación al medio ambiente, desarrolla poco a poco, su estructura delirante.
Lucidez. El paciente se conserva siempre lúcido, captando el mundo circundante, y su propio yo, sin ningún problema.
Ausencia de Demencia o de Disgregación de la Personalidad. El paciente va a conservar sus capacidades intelectuales, sin ningún desvío, durante toda su evolución.
Credictibilidad. Estos enfermos no permiten ninguna crítica a sus ideas, y llevan, un gran respaldo afectivo, que los puede conducir, en ocasiones, al homicidio.
En estos pacientes, no hay cambio existencial. El delirio no es algo nuevo; es un desarrollo, que comprende todo el mate­rial biográfico del sujeto que es psicológicamente comprensible con relación a la personalidad, las vivencias y el acontecer del mundo exterior­. Algunos autores, llaman a la paranoia, el gran mito Kraepeliano, ya que fue él quien la colocó en la parafrenia.
La paranoia como patología única es una entidad muy rara, y se considera sólo como un desarrollo en una esquizofrenia residual.
Los clásicos dividen la paranoia en:


  1. Paranoia de perjuicio.

  2. Paranoia querellante.

  3. Paranoia erótica.

  4. Paranoia mística.

  5. Paranoia de los inventores.

Estas formas, se estudian con gran precisión en la clínica.


b). Reacciones delirantes o paranoides.
Estas formas, no son el producto de "un desarrollo", como las anteriores, sino la respuesta de una personalidad predispuesta al delirio, ante una circunstancia propicia, como una vivencia psicotraumática (ofensa, humillación, riqueza). Desde luego, la personalidad en el desarrollo como las reacciones es parecida. El hombre, en este caso, se siente herido por la vivencia, y reacciona ante ella, con una actitud delirante, fruto de su susceptibilidad puesta en acción por el contenido de aquella, que resulta para él, significativa y traumatizante. Así pues, se habla de relaciones paranoides carcelarias, de relaciones paranoides de tipo persecutorio, de los prisioneros de la guerra y de los emigrantes en países extranjeros, que no conocen el idioma, la reacción paranoide de los exiliados políti­cos, la de las solteronas y suegras, viudas, la reacción paranoide de referencia de los masturbadores.
Todas estas reacciones son transitorias, pues al disminuir el impacto vivencial, desaparecen.
4.- SUBDELIRIOS O REACCIONES DELIROIDES.
Se reserva este nombre, a las manifestaciones delirantes secunda­rias que surgen en los síndromes endógenos, especialmente en la psicosis maníaco depresivas, y de un modo más concreto en los síndromes melancólicos.
Delirio Depresivo.
El tema delirante en este caso, toma tres direcciones:

‑ El delirio de culpabilidad.

‑ El delirio hipocondríaco.

‑ El delirio de ruina.


Los tres temas responden a las relaciones del ser con el mundo, con su envoltura corporal, y consigo mismo. La relación con la esfera corporal, se manifiesta en hipocondría; la relación con el mundo, el delirio de ruina, y la relación consigo mismo, en delirio de culpabilidad.
La psicosis depresiva, no crea nada nuevo. Solamente, libera las angustias, preexistentes en el hombre, que versan sobre la salud del alma, la salud del cuerpo, y lo materialmente necesario en este mundo.
Por el contrario, la euforia del maníaco y su intenso sentimiento de poder, lo llevan a gestar ideas dominantes de dominio y omni­potencia, a lo que contribuye también su desinhibición y su pérdida de autocontrol, al ver todo "color de rosa".
En conclusión, sus características son:
a. Tonalidad afectiva penosa.

b. Monotonía.

c. Pobre, en cuanto a su desarrollo, pero ricos emocionalmente.

d. Depresividad de pasividad, en cuanto a sus desgracias.



e. Pertenecen más al pasado y al porvenir, que al presente.

TEMATICA O CONTENIDO DEL DELIRIO.
La temática o contenido del delirio, es el producto de la rela­ción histórico‑Biográfico del individuo. Muchas veces pueden ser, todo aquello que se anhelaba y no se pudo obtener, y otras veces, es el "prospecto vital" imaginario de su vida también no alcanzada.
Para comprender esta temática, se necesita conocer del hombre delirante, pero no sólo su pasado, sino también, su porvenir. Todo esto, es necesario, para llevar a cabo la labor "comprensi­va", más, si el delirio procesal es siempre incomprensible gené­ticamente, no sólo en cuanto al contenido.
Aunque las más variadas temáticas son posibles en unos y otros enfermos delirantes, parece haber predilección por determinados temas, en cada forma de delirio.
Así, en los síndromes melancólicos, aparecen los de culpabilidad, la hipocondriasis y la ruina. La temática de persecución, de perjuicio, de reforma social, política o religiosa, del litigio de celos, de sentirse observado y de mística, se encuentra en las más variadas formas en el grupo de los delirios paranoicos. Los contenidos de influencia, persecución, de grandeza, místicos y proféticos, de transformación cósmica y de relación hipocondr­íaca y posesión, se observan en los delirios esquizofrénicos. La celotipia, aparece muy frecuentemente en los alcohólicos. Los de grandeza y persecución, suelen darse en los paralíticos genera­les, en la forma expansiva y depresiva, respectivamente. En las psicosis involutivas, aparecen los temas de perjuicio, de ruina, de culpabilidad, en diferentes formas.
Conviene hacer hincapié en algunas variantes de estos mismos contenidos, en diversas entidades. Así, por ejemplo, el tema de persecución, en los delirios paranoicos revela una objetivación del perseguidor, en una persona concreta, mientras que en el delirio esquizofrénico, los perseguidores no son objetivados no concretados, pudiendo ser referidos a un grupo de personas o a una colectividad (la policía, una fracción política, los hebreos).
El delirio de grandeza, no es en los esquizofrénicos paranoides o en los parafrénicos, tan florido y brillante, como en los paralíticos generales, en los que llega a convertirse, a veces, en un delirio de enormidad. La temática hipocondríaca y la posesión diabólica, que aparecen en los melancólicos con gran fuerza emotiva, en los esquizofrénicos, carecen de respaldo afec­tivo.
El delirio celotípico paranoico, es concreto. Describe múltiples detalles, que lo hacen convincente para el observador. En el esquizofrénico, esta temática es más imprecisa y menos real. El delirio místico, en un hombre con un desarrollo paranoico y en un esquizofrénico paranoide, muestra caracteres diferentes. el primero, se creerá reformador y desarrollará una actividad bas­tante convincente, mientras que el esquizofrénico se sentirá inspirado por Dios, para salvar al mundo, y se sentirá, iluminado.
Para terminar, podemos decir que el delirio "es el resultado de una alteración profunda de la personalidad, que produce una pérdida del juicio de la realidad, y que hace, que una idea errónea, sea captada como verdadera, la cual sirve de base, para la elaboración de un sistema de ideas que se convierten en creencias; se constituye en el eje de la vida y de la existencia del hombre, y haciendo que sus relaciones con el mundo sean completamente anormales.
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