Pensamiento y trastorno psicopatologia del pensamiento



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ETIOPATOGENIA DE LAS OBSESIONES

El síntoma obsesivo, sea cual fuere, ha sido considerado como un síntoma adscrito al grupo de las neurosis. Para Pierre Janet constituyó el síntoma nuclear del síndrome psicocasténico, y posteriormente, para sus discípulos, constituyo la llamada neurosis obsesiva. En un sentido idéntico, o más o menos análogo, se ha venido considerando que la presencia de lo que pudiéramos llamar "obsesiones puras" son de naturaleza estrictamente neurótica y, por ello, de origen eminentemente psicógeno. Sin embar­go las obsesiones aparecen en los más diversos síndromes psiquiátricos, aunque en muchos de ellos, lo hagan entremezcla­das con otros síntomas propios y típicos de unos y otros síndromes. Unas veces aparecen las manifestaciones obsesivas, ocupando un primer plano junto a los síntomas más característicos del síndrome en que surge, e incluso, en ocasiones, como sucede en algunos esquizofrénicos seudo neuróticos, se mantiene como el principal síntoma durante bastante tiempo para ir difundiéndose poco a poco, e ir emergiendo, cada vez con más claridad la sintomatología esquizofrénica, hasta hacerlo desaparecer casi por completo. Otras veces aparecen los fenómenos obsesivos en un segundo plano, como sobreañadidos al cuadro clínico, incluso se presentan en el curso de la evolución de la psicosis, va mante­niéndose en ella o bien desapareciendo en un determinado momento para reaparecer posteriormente con un carácter que se puede considerar periódico o ciclo. Quiere todo esto, decir que las obsesiones no son síntomas exclusivamente neuróticos, sino que tam­bién se dan en síndrome indiscutiblemente psicóticos de diversa etiología. Ello conduce a pensar que las obsesiones pueden ser generadas por diferentes "causas" y no sólo por "motivos" como sucedería en las neurosis, lo cual implica una inespecificidad de los síntomas obsesivos. Así se puede ver surgir una manifes­tación de carácter obsesivo: en los síndromes melancólicos vita­les e involuntarios; en algunos desarrollos paranoicos, o como síntomas psíquicos de algunos estados epilépticos, tanto de origen centroencefálicos como focales temporales; en psicosis encefalíticas; en algunos síndromes maníacos, etc. Si las diversas manifestaciones clíni­cas y psicopatológicas de la obsesión son capaces de emerger en síndromes de tan diferente etiopatogenia, podemos conjeturar, no sin fundamento, que los síntomas compulsivos pueden ser generados no sólo por motivaciones como sucedería en las neurosis según los conceptos psicoanalíticos; sino por las más variadas causas que implican desde luego muchos tipos de alteraciones somáticas, incluyendo las alteraciones neurobioquimicas.


Frente a esta conclusión conjetural, cabria preguntar, ¿porque solo determinamos enfermos psíquicos, con cualquiera de los síntomas aludidos, presentan fenómenos obsesivos?. ¿Por qué sucedería esto?. Se podría contestar diciendo que existe una previa disposición o personalidad obsesiva o anancástica que, por ante una causalidad de orden psíquico o somático, se expresa patológicamente a través de una acentua­ción de sus rasgos obsesivos.
Ahora bien, este problema se ha tratado de esclarecer de diversas maneras. En los últimos años del siglo XIX y en los primeros del actual, se perfilaron, en torno al problema y en torno a las obse­siones, dos tendencias: una fundamentada en las descripciones clínicas de los Psiquiatras franceses Esquirol, Baillarger y Fal­ret, bastante oscuras, que no lo eran todavía más por la escasa especifidad de las manifestaciones obsesivas, y el problema de las obsesiones hacia las impulsiones. En el concepto de Janet, las funciones psíquicas de mayor jerarquía y, por tanto, más comple­jas y superiores, las cuales requieren una intensa "tensión" psicológica, son las que permiten al hombre su propia percepción, así como el actuar sobre sí mismo, que se sintetiza dentro de lo que el psiquiatra francés denominó "función de lo real" y que son las que controlan y gobiernan las funciones psíquicas inferiores, más simples y más automáticas.
Para Janet, la psicastenia por él descrita es la expresión de una alteración de esa función de lo real, liberándose entonces las funciones inferiores y produciéndose una actividad exagerada de éstas, a consecuencia de lo cual surgen las obsesiones, la angustia, las dudas, las agitaciones, los temores etc. Las obsesiones, pues según este concepto serían la expresión de una exagerada actividad de las funciones inferiores originadas por un trastorno funcional de las funciones superio­res.
Pero fue Freud el que trató de penetrar más en la explicación del fenómeno a través de su con­cepción psicoanalítica. Estudió los mecanismos obsesivos por medio del análisis de enfermos que presentaban síntomas de esta clase y los encuadró dentro de la que llamó neurosis obsesiva. Freud explicaba el mecanismo de las obsesiones de la siguiente manera; cuando en una persona de disposición nerviosa ‑dice‑ no existe la aptitud a la conver­sión, y es no obstante, emprendida para rechazar una representa­ción intolerable, la separación de la misma de su afecto concomi­tante, hace que este afecto siga existiendo en lo psíquico. La representación así debilitada queda apartada de toda asociación en la conciencia, pero su afecto libre se adhiere a otras representaciones no intolerables en sí, este "falso enlace" se convierte entonces en una representación obsesiva. Esta es en pocas palabras, la teoría psicológica de las represen­taciones obsesivas y las fobias.
En la teoría de Freud las obsesiones son mecanismos de defensa frente a la angustia que provoca la represión por el súper yo de las tendencias instintivas del ello y, concretamente, la neurosis obsesiva sería el resultado de la represión de tendencias sadi­coanales y por tanto constituiría la consecuencia de la regresión a una fase primaria de la evolución de la libido.
Para otros autores psicoanalistas no ortodoxos, como Adler, la sintomatología obsesiva sería un refugio para el individuo con el fin de eludir las representaciones y obligaciones que la vida le presenta. Otros valoran primordialmente la personalidad obsesi­va, señalándoles los rasgos de inercia, esto es, la rigidez, la perseveración, la obstinación y la tenacidad.
Frente a la tesis psicoanalítica y psicogénica de las obsesiones, se presentan otras de tipo somaticista y mecanicista. Para la escuela reflexológica las obsesiones resultarían de una ausencia de síntesis armónica entre el proceso de irradiación y el de inducción negativa.
En conclusión: ante la génesis de las obsesiones en cualquiera de sus manifestaciones clínicas, lo mismo que ante la de cualquier otra alteración psicopatológica, no puede decirse que estas sean frutos exclusivos de la psicogenia o de la somatogenia, tal como el síntoma es captado por el clínico o tal como el enfermo lo vivencia. Si el hombre es "Unidad Radical" de cuerpo y alma, de soma y psique y si sólo el cuerpo es susceptible de enfermarse, cuando el hombre está enfermo, o se siente enfermo, él, como unidad, es el que en realidad enferma, en tanto que el trastorno aparente, puede ser exclusiva­mente psíquico como ser exclusivamente somático, de ahí que en el caso de los obsesivos ‑su anormalidad-, es el resultado de una causalidad, aunque lo estrictamente psíquico, juegue un importantísimo papel en la elaboración de su estructura, lo cual generaría alteraciones en la esfera de la realidad en la cual la angustia hace que el yo se movilice y active sus mecanismos de defensa frente a la amenaza que intenta disolverle. Si la personalidad previa es insegura, tales mecanismos serán de carácter represivo de todo lo instintivo, lo mismo que de sus sentimien­tos afectivos; originándose la elaboración por parte del yo, de una súper-estructura psíquica, basada en los contenidos de la historia vital del enfermo, -simbó­licas o no-, que son expresión de la represión, siempre violenta, de sus tendencias que buscan su salida y su liberación por medio de las manifestaciones obsesivas para impedir que la angus­tia disuelvan el yo.

Ahora señalaremos en qué tipo de síndromes pueden aparecer obse­siones, en la clínica siquiátrica, todos ellos referentes a la etio­logía, ya que las obsesiones, así como los delirios y las alucina­ciones, no pertenecen a una enfermedad psíquica concreta.


Veamos los síndromes en los que surgen los fenómenos obsesivos, señalándoles las peculiaridades que con las diferentes etiologías pueden adquirir. Examinaremos los más importantes dentro de la clínica:
a). Psicosis obsesiva o neurosis obsesiva nuclear. Se caracteriza por manifestaciones del carácter obsesivo (Minuciosidad, prolijidad, perseveración, obstinación, escrupulosidad, autocrítica muy severa y rígida). A partir de una época dife­rente, en cada caso, coincidiendo con un problema con el mundo externo, o bien, intrapsíquico, o bien con algún trastorno somá­tico, comienzan a "desarrollarse" ciertos rasgos de su personalidad, propicios para que la obsesión brote y se desplie­gue y que cada vez adquieren, en general con progresión lenta, un mayor cuerpo, empezando a manifestarse entonces ciertas dudas ante problemas normales, que se van convirtiendo en contenidos muy frecuentes, casi constantes, de su conciencia actual. Poco a poco generalmente de un modo paralelo a una más acusada hipertrofia de los rasgos obsesivos de su personalidad, van apareciendo en la conciencia de estos hombres, determinados contenidos ideativos o de imágenes de la presentación, que le resultan absurdos, sin sentido, y por ello se les valen tales vivencias molestas y penosas. Al ir acentuándose, cada vez más, estas manifestaciones obsesivas, pueden presentarse impulsos y actos de esta clase que hacen más florido y completo el cuadro clínico.
Pasa el tiempo y lentamente, pero de modo progresivo, van dismi­nuyendo sus obsesiones, va quizá hasta adaptándose a ellas, van apagándose en el mejor de los casos, pero siempre quedan en su personalidad un residuo, una acentuación de los rasgos obsesivos que presentaba ya, más o menos un germen, en su personalidad premorbosa, su personalidad postmorbosa se revela limitada en su actividad. No se ha transformado o mutado como en la esquizofrenia, pero su actividad psíquica se ha apagado, se ha estrechado y tal limitación se verá acrecentada cuanto más acusado sea el residuo que esta psicosis haya dejado en él.
b). Síndrome obsesivo epiléptico. Las manifestaciones obsesivas observadas en los epilépticos, tanto centroencefálicos como en los focales temporales, surgen esencialmente sin ir seguidas de ninguna otra sintomatología comicial, la mayoría de las veces; en otras ocasiones, surgen como aura psíquica que precede a una crisis de gran mal o psicomotora, siendo más frecuente en los epilépticos temporales, otras veces en fin, el enfermo se halla en un estado casi permanente de obsesión, siendo en estos casos muy difícil su diferenciación de los síndromes psicóticos genui­nos.
c). Esquizofrenia seudo neurótica obsesiva. También en los esquizofrénicos pueden aparecer algunas manifestaciones obsesivas­ aisladas, pero dentro del grupo de las formas clínicas, llamadas seudo neuróticas. Con las apariencias de un síndrome de las denominadas neurosis obsesivas se inicia esta esquizofrenia. Pero tras el telón de este síndrome el enfermo comienza a mostrar, cada vez más claramente un intenso sentimiento de impotencia, de enfermedad e incurabilidad, surgiendo frecuente­mente síntomas de interceptación del pensamiento y de la acción, con ideas de influencia y abocando lentamente hacia un claro cuadro procesal esquizofrénico en cualquiera de sus formas clíni­cas clásicas. Existen también verdaderas formas de curso obsesi­vas, insidiosas y larvadas, en las que lo neurótico persiste con cierta claridad y nitidez hasta llevar la personalidad a estados de defecto acusado. En los casos de iniciación obsesiva el proceso está en marcha desde el principio, lo que ocurre es que tras esta "fachada" se oculta la verdadera naturaleza del síndro­me y a medida que el proceso esquizofrénico evoluciona va desplazando aunque nunca por completo en la mayoría de las oca­siones a la sintomatología seudoneurótica, de este tipo.
En estas esquizofrenias de falsos caracteres obsesivos su estructura responde, en lo que tiene de neurótica, a una modali­dad de reacción de la personalidad frente al proceso psicótico, valiéndose de los medios de que dispone y al cual, en cierto modo consigue pensar el esquizofrénico mediante esta superestructura psicógena de caracteres obsesivos que la personalidad elabora como defensa del Yo.

Sólo cuando la acción del proceso arrolla a la resistencia que esa superestructura le opone, bien por la intensidad procesal o por el aflojamiento de la reacción neurótica, surgen las viven­cias primarias esquizofrenias con toda su claridad y nitidez. En las formas de curso de tipo obsesivo el aspecto neurótico del cuadro persiste largamente, para ir desembocando lentamente, una sintomatología esquizofrénica el deterioro de la personalidad se va realizando muy poco a poco, conservándose bastante bien a través de los años de evolución; pero el pronóstico de estas formas, en cuanto a la posibilidad de una remisión duradera, es generalmente muy desfavorable, lográndose sólo atenuaciones temporales, relativamente breves, de la sintomatología. Otras veces la evolución no es tan lenta, dentro del carácter insidioso y larvado, y en períodos no de años, sino de meses, se instaura la sintomatología esquizofrénica con toda claridad.


Pero en términos generales, se puede decir que la reacción psicógena de la personalidad frente al proceso esquizofrénico, por medio de estos mecanismos obsesivos, le ponen una resistencia muy fuerte y prolongada; de ahí su lenta y evolución y la buena observación de la personalidad en estas formas de curso.
d) Síndromes obsesivos en otras psicosis. Las manifestaciones obsesivas en otros tipos de psicosis es menos frecuente y tiene casi siempre un carácter transitorio. Se han descrito y observado síntomas compulsivos en algunos síndromes maniacos o maniformes, en psicosis encefálicas, a sí como en post‑encefalíticos, en psicosis post‑traumáticas cerebrales en estados post‑confuso‑oníricos y en algunos síndromes neurológicos (Corea de Sydenhan y comienzo de la esclerosis múltiple). En todos estos casos la sintomatología obsesiva es poco consistente y, a veces, tiene una aparición episódica, mostrándose, en general, las ideas, las representaciones o las impulsiones obsesivas, de un modo aislado.
Después de todo lo expuesto puede verse como las obsesiones pueden ser originadas por diversas causas, o diferentes etio­logías, lo que hace que su etio-patogenia no pueda ser siempre igual; pero en todo caso, estos síntomas obsesivos, son siempre expresión de una realidad de defensa del yo frente a la angustia, generada ante el ataque de cualquier causalidad somática o psíquica.‑
ESTRUCTURA PSICOPATOLOGICA DE LAS OBSESIONES.
Como hemos revisado anteriormente, las obsesiones, son ideas, imágenes de la representación, impulsos o actos, que se "imponen" al hombre en contra de su voluntad y que perseveran en él hasta que el Yo cede después de una dura lucha contra ellas; es decir, el obsesivo vivencia una lucha intrapsíquica angustiosa, como si en su mundo interno existieran dos Yos contrapuestos, ambivalen­tes, de cuyo enfrentamiento sale casi siempre victorioso ese Yo irracio­nal que le conduce a pensar, representarse o a realizar algo cuyo contenido es absurdo, ilógico y extraño. El obsesivo ha de vivenciarse psíquicamente escindido en el momento de surgir la obsesión, ya que su Yo se halla carente de esa realidad armónica que preside todo acto humano.- Las obsesiones por lo anotado, se caracterizan especialmente por esa lucha intrapsíquica que su intento de realización ocasiona. Cuando la lucha existe, en cualquier aspecto, hay ineludiblemen­te, una lucha de contrarios que tratan de dirimir su antagonismo. El Yo del obsesivo lucha contra dos tendencias, o dos criterios opuestos, que se hallan formando parte de él, es decir en ese momento ese Yo ha perdido aunque sólo sea transitoriamente, su unidad; es decir, el Yo del obsesivo se muestra al observador y es vivenciado por aquel como si estuviera escindido en dos Yos contradictorios y enemigos. Se trata de una falta de unidad del Yo que impide integrar o conciliar tendencias opuestas. Por eso, el enfermo que se encuentra con este desconcertante hecho de oposición de un yo que le presenta ambi­valentemente ideas, representaciones, impulsos, actos, etc., no sabe que camino seguir, que postura adoptar; de ahí que esta vivencia de un Yo con contenidos contrapuestos le conduzca a la duda, y a la indecisión. En el obsesivo, la falta de unidad de su Yo le conduce a dudar; y cuando se duda en una situación vital se genera inseguridad. De allí que el obsesivo, se encuentre entre la duda de aceptar o no la idea de la representación obsesiva en su conciencia, de consentir o no, la ejecución del acto impulsivo o el acto "ceremonial" o simbólico. Por un lado, su Yo racional le hace ver lo absurdo y lo ilógico de estos contenidos e incluso el carácter enfermizo de ellos; por otro, el Yo irracional parece "imponerle la aceptación de estas ideas y representaciones o la ejecución de los actos, so pena de que ‑de acuerdo con su pensamiento mágico y supersticioso‑ al negarse a esto le "puede ocurrir algo malo", por eso experimenta una intensa angustia.-
El obsesivo sabe ciencia cierta que es verdadero y que es falso, absurdo, y anormal; la duda de este se halla montada en el consentir y aceptar los contenidos obsesivos o rechazarlos, pese a que sabe lo difícil que esto último va a ser ya que tales vivencias patológicas se le "imponen" en contra de su voluntad y cuanto más se resista a ellas mayor va a ser la presión de aque­llas para imponerse, así como la angustia que tal oposición le va a producir. Por eso se provoca en él esa lucha interior, expresión de ese Yo escindido y falto de unidad, que le originan la duda, que lo lleva a experimentar una constante inseguridad ante sí mismo.

LAS FOBIAS
La palabra fobia deriva del griego phobos, que significa temor. De ahí que se puede definir la fobia como el temor, miedo o repulsión de caracteres angustiosos hacia un objeto concreto (persona, fenómeno, cosa), el cual no justifica esa reacción emocional por parte de una persona determinada.
Las fobias pueden manifestarse normales cuando aparecen en la niñez, tanto en la primera como en la segunda infancia, pero generalmente van precedidas de fenómenos prefóbicos; es decir, por circunstancias diversas que pueden coadyuvar a aquella, como suelen ser que el niño se encuentra sólo, la oscuridad, ruidos, que el no identifica etc.
En general, sus objetivos fóbicos son los animales domésticos de tamaño grande (perros, gatos, etc.), que según los psicoanalistas los niños identifican con la imagen paterna, aunque posteriormente toman también a los animales pequeños y que en opinión de aquellos adquieren el carácter de símbolos fáciles. Otras fobias más complejas tales, como la fobia al colegio, a los policías, etc., suelen tener una significación más patológica, la génesis de estas y de otras muchas, que suelen mostrar los niños, son debidas a las amenazas que los mayores les reiteran con el fin de atemorizarles, creyendo equivocadamente, actuar de un modo pedagógico sobre su comportamiento (hablándoles del "coco", o de la "bruja") sin darse cuenta de que lo único que hacen es angustiar a los niños y facilitar en ellos la aparición de fobias.
Aunque el hombre que sufre una determinada fobia, reconozca que sus temores son infundidos, no puede sustraerse a la angustia que la presencia del objeto o de la situación fóbica le produce, razón por la que trata, en lo posible de evitar su presencia. La angustia fóbica, se halla limitada, pues, a una concreta circunstancia y es experimentada unas veces como verdadero temor y en otras ocasiones cargadas de repugnancia o de aversión hacia el objeto que la provoca. De allí que las fobias, lo mismo que las obsesiones, sean un mecanismos de defensa Yoico, frente a la angustia, aunque la elección de tales mecanismos acabe provocando una angustia tan grande y conmocionante como aquella de la que se pretende huir. Sabemos que el problema de la angustia se caracteriza por un sentimiento de inseguridad absoluta ante "la nada", pues así como el miedo o el temor son objetívales, se teme o se tiene miedo de algo en el caso de la angustia sin entender que es lo que la produce o aún sabiendo que lo que la produce no es nada. Por eso el fóbico, para evitar su angustia la objetiva en algo, razón por la cual, la angustia se transformará en temor o miedo ante el objeto determinado pero dejará entonces de ser angustia. Inconscientemente este es el mecanismo que genera las fobias; sin embargo, al cristalizar como tales, cada vez que el fóbico que las padece se enfrenta con el objeto en que las fijó, la angustia vuelve a reaparecer en forma de temor o miedo angustioso, toda vez que el temor y el miedo, en este caso, no son más que un subrefugio detrás del cual está la angustia. De ahí que las fobias en el adulto tengan siempre un carácter anormal y vayan ligadas en todo caso a la angustia anormal o patológica. La presencia de fobias fueron descritas por Janet en sus psicasténicos, en las llamadas neuro­sis obsesivas y en el síndrome que Freud calificó de neurosis fóbica o histeria ansiosa y con lo cual trató de establecer una relación entre estos síntomas y la histeria. Para el creador del psicoanálisis, las fobias se diferencian de las obsesiones "en que el estado emotivo a ellas concomitante es siempre la angustia" y además en que las obsesiones son múltiples y más especializadas, y en cambio las fobias más bien son monótonas y típicas. Según Freud, se pueden distinguir dos clases de fobias: unas comunes, es decir, referidas a "Aquellas cosas a las que todo el mundo tiene temor "; la noche la soledad, la muerte, las enfermeda­des etc.); y otras que en ocasiones, aparecen como angustia emergente en circunstancias especiales que no inspiran temor al hombre sano (lugares abiertos o cerrados, vehículos etc.). Freud, hace notar que estas últimas fobias "No son obsesivas como las obse­siones propias y las fobias comunes. El estado emotivo dice ‑No surge en estos casos sino en circunstancias especiales que el enfermo evita cuidadosamente". Su génesis es para Freud total­mente diferente al de las obsesiones. "No se trata ya ‑escribe a este respecto‑ de una sustitución, ni resulta posible descubrir por medio del análisis psíquico, una idea inconciliable sustituida. Sólo se encuentra un estado emotivo de angustia, que por una especie de elección, ha hecho resaltar todas las ideas susceptibles de llegar a ser objeto de una fobia. En los casos de agarofobia, por ejemplo, se encuentra con frecuencia el recurso de un ataque de angustia, y en realidad lo que el enfermo tiene es la emergencia de un ataque en aquellas circunstancias especiales en las que, cree no podrá escapar a el objeto fóbico.
En conclusión: Las fobias no son otra cosa que una manifestación más de la obsesión. Lo mismo que al enfermo compulsivo se le impone, en contra de su voluntad, la idea, la representación, el acto ceremonial, también la fobia, como las obsesiones, se impone a través de una idea convertida en temor infundado cuantas veces quien la padezca, se encuentre ante el objeto de su fobia.

DELIRIO

Uno de los temas más importantes en el estudio de la Psicopato­logía, es el que se relaciona con el tópico del delirio, ya que, quien padece este trastorno, es considerado como un enfermo mental.


Etimológicamente, la palabra delirio se deriva del vocablo deli­raré, que significa salirse fuera del surco en los trabajos de labranza, y que se aplicaría al pensamiento humano, cuando se piensa saliéndose del derrotero normal.
Desde el punto de vista psicopatológico, el delirio es un tras­torno del yo, el cual va a tener una expresión en la esfera del pensamiento, precisamente en su contenido por el cual el nombre‑delirante presentaría una idea errónea o falsa, que iría contra los principios de la lógica aristotélica y que, consecuentemente, perdería el juicio de realidad, cuya función primordial es poder discernir entre lo real y lo irreal, propiedad que no es dada por la razón y la experiencia. Esta idea absurda, se convierte en una profunda creencia, por lo cual el sujeto no permite ninguna corrección a su idea, teniendo la profunda convicción subjetiva de estar en la verdad, y cuya idea se va a convertir en el eje proyectriz de su existencia.
Como entidad clínico‑fenomenológico, los delirios, para su inter­pretación y estudio, se dividen en:


  • Auténticos delirios, procesales o primarios, los cuales tienen directa relación con un proceso esquizofrénico, lo que significa que existe un trastorno profundo de la personalidad.




  • Al lado de estos, se halla otro tipo de delirios, que tiene su origen en una vivencia o experiencia psíquica (trastornos afecti­vos, alteraciones en la conciencia, etc.), a los cuales se les denomina delirios secundarios.




  • Finalmente hay otros, en el que estados de animo transitorios, los hacen aparecer, y se les conoce con el nombre de ideas deliroi­des, o reacciones deliroides.

La diferenciación de cada uno de ellos, se hará en su génesis y se le debe a Jaspers su descripción. Aunque, más o menos, todas estas formas presentan las características ya anotadas, en las primarias aparecen con gran intensidad y siendo muy embrolladas y absurdas, con el signo de ser siempre, vivencias impuestas. En las secundarias, suelen ser más sistematizadas y, por último, las deliroides, son comprensibles, muestran debilidades consistentes subjetivas, muy superficiales y cambiables.


Al delirio procesal, Jaspers le daba las características de incomprensibilidad e inexplicabilidad, metodología tomada de Dilthey, la cual se basa, en que la comprensión, consiste en establecer un nexo de sentido, mientras que, explicar consiste en poner de relieve, un nexo de causalidad. Esto correspondería, a que la causa se hallaría en un plano biológico, actuando de una manera determinante sobre el hombre, mientras que la comprensión, sería el motivo de la vivencia llena de significación y sentido. La causa una relación necesaria; el motivo no impone nada, sino que pone al hombre, en situación de reacción dentro del marco de la libertad vivida. La causa obliga al hombre, el motivo mueve al hombre.
Según lo anterior, el delirio procesal es inexplicable, puesto que es evidente que no se conoce una causa somática precisa, y es incomprensible, puesto que no encontramos una relación de sentido con la historia vital y la irrupción delirante. Podemos comprender el contenido, no el por qué de su aparición. Las ideas deliran­tes secundarias y deliroides, son según Jaspers: "las que han surgido comprensivamente para nosotros, de otros procesos psíqui­cos que podemos captar psicológicamente en las emociones, los instintos, los deseos y temores”, para cuya explicación no ha necesitado transformación alguna de la personalidad sino que se entiende por la disposición permanente de la personalidad, o por estados de ánimo transitorios, y a las que pertenecen las equivocaciones pasajeras, provocadas por percepciones y otras como las ideas de tinte melancólico y maníaco y sobre todo, las ideas sobrevaloradas.
Siguiendo la metodología fenomenológica, se trata de relacionar con el delirio primario, las llamadas vivencias delirantes, como son el humor delirante, la percepción delirante, y las ocurrencias delirantes.
El humor delirante, es una sensación de incertidumbre y de inse­guridad, en que el humor varía dentro de la tristeza y la eufo­ria, en la cual el mundo externo se le aparece inquietante y angustioso al enfermo. Todo esto se debería a la pérdida de la conciencia de actividad del yo, por lo que esta vivencia toma características iluminadoras o impuestas, empezándose a perder la libertad y quebrando la ordenación estructural de la vida psíquica. Este estado de ánimo, va a constituir la estructura básica del delirio, el cual tiene una base afectiva, función psíquica que está más inmediatamente comprometida en el delirio. En este estado, todo toma un significado especial, que en ese momento resulta indescifrable, prevaleciendo muchas veces senti­mientos vagos de que algo grande o temible va a ocurrir, todo esto vivenciado como extraño a él y con carácter de imposición.
Luego aparecería la llamada percepción delirante, a la que se puede asignar las siguientes características:


  1. Atribuir a una percepción real, un significado anormal.

  2. Generalmente esta percepción real, tiene un sentimiento autoreferencial.

  3. Inexistencia de un motivo comprensible que la produzca.

  4. Tiene un carácter de aviso o mensaje.

  5. La significación es extraña y a veces simbólica.

  6. La "extrañeza" es "siempre doble", es decir, para el hombre enfermo y para el observador, ya que, para aquel es algo espe­cial, y para este, ilógica e incomprensible. El humor delirante precede al delirio.

Y por último, había que considerar las ocurrencias delirantes, las cuales son fenómenos psíquicos puros, muy al contrario de la anterior, que sería un fenómeno mixto, pues hay una percepción normal, con una significación psicótica. Las inspiraciones u ocurrencias delirantes pueden adoptar diversas formas ejemplo: recibir una llamada de Dios, ser perseguido, ser amado, etc.


Todas estas vivencias primarias, son características del proceso esquizofrénico en su fase inicial, cuando se empieza a perder la conciencia de la actividad del Yo.

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