Pensamiento y trastorno psicopatologia del pensamiento



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BRADIPSIQUIA

Implica una lentitud de todas las funciones intelectuales y aún de la expresión motora de la conducta. El pensamiento es lento en la asociación y en la expresión verbal o escrita.


Estos fenómenos se aprecian especialmente en los cuadros de S.C.O.

TAQUIPSIQUIA

Es el fenómeno opuesto a la bradipsiquia. Se caracteriza por gran rapidez en la asociación y emisión verbal del pensamiento, de todas las funciones intelectivas y siempre se acompaña de manifestaciones maníacas de la conducta.


Se presenta en cuadros orgánicos (hipertiroidismo), en intoxica­ciones (por cocaína) y en la fase maníaca de la enfermedad maniacodepresiva.
RETARDO.
Consiste en una lentificación de la expresión oral o escrita del pensamiento y se asocia a dificultades en la articulación del lenguaje oral, lo cual lo diferencia de la bradipsiquia. Es frecuente en los traumatismos craneoncefálicos y en los tumo­res cerebrales.
PROLIJIDAD.
Está caracterizada por un discurso adornado de un sinnúmero de detalles que guardan relación con la idea directriz del pensa­miento pero que dan la impresión de que la persona "habla con rodeos, se va por las ramas". Es también llamado detallismo o circunstancialidad y se presenta frecuentemente en personas obsesivas y en algunos delirantes crónicos.


PERSEVERACIÓN.
Es la expresión iterativa de una idea o palabra específica. Se advierte este trastorno con frecuencia en la personalidad epileptoide (explosiva), en pacientes con demencias vesánicas (deterioro mental producido por cuadros psicóticos crónicos), en pacientes con esquizofrenia hebefrénica, etc.

TRASTORNOS DEL CONTENIDO IDEATORIO DEL PENSAMIENTO
El contenido del pensamiento está constituido por el bagaje ideatorio del entrevistado, que en situaciones normales debe estar ajustado a los principios de realidad y a los postulados aristotélicos y respaldados por una carga afectiva adecuada. Dentro de la actividad ideatoria debe mencionarse la FANTASIA que es una forma de pensar libre del juicio de la realidad y sujeta únicamente al principio del placer, característica de la infancia y que desaparece poco a poco para dar lugar al predominio del pensamiento lógico o proceso secundario. en el adulto normalmente persiste constituyendo los "sueños diurnos" o "ensueños", pero toma caracteres patológicos cuando se intensi­fica la duración o se aumenta la carga afectiva ligada a ella.
Los trastornos del contenido del pensamiento son:

IDEA PREVALENTE O FIJA

Es una idea "parásita" aceptada por la conciencia que tiende a orientar en su provecho el curso del pensamiento y la conducta del individuo. Estas ideas afloran a la mente en forma de una representación persistente y configuran las llamadas popularmente "obsesiones". Así hablamos de que Juan "tiene obsesión por los carros", o de las ideas fijas del inventor, del artista o del investigador.


En algunas ocasiones las ideas prevalentes conllevan un mayor compromiso psicopatológico como es el caso de las ideas fijas del juego, la ambición, el odio, etc.

IDEAS SOBREVALORADAS

Se llaman ideas sobrevaloradas aquellos pensamientos o grupos de pensamientos en que "el aspecto afectivo del conocimiento predo­mina sobre el racional, de suerte que tiene un lugar privilegiado en la vida de la persona" (Vallejo). Son las ideas de los "fanáticos" políticos, religiosos, los hinchas de los equipos, etc.

Las ideas sobrevaloradas pueden pasar desapercibidas en determi­nados núcleos culturales o en ciertas circunstancias; por ejem­plo la idea sobrevalorada religiosa que puede ser considerada normal en un ambiente estrictamente religioso es inadecuada en otro núcleo humano menos rígido moralmente e incluso, libertino.
La idea sobrevalorada se halla colocada en los límites de la idea delirante y con frecuencia puede transformarse en ella.

IDEAS OBSESIVAS

Son ideas que aparecen constantemente en la conciencia, acompañadas de ansiedad, vivenciadas por el paciente como ego­distónicas ‑ es decir, "extrañas" ‑, y contra las cuales lucha tratando "alejarlas" de su conciencia.


Se presentan a menudo en algunas etapas del desarrollo psicose­xual pubertad, menopausia, al comienzo de procesos patológicos ‑ como en la esquizofrenia y en los delirios crónicos ‑ o configu­rando el cuadro de la neurosis obsesivo‑compulsiva, donde son patognomónicas.

IDEAS FÓBICAS

Son ideas que conllevan repulsión o temor angustioso específica­mente ligado para un individuo determinado a la presencia de un ser, un objeto o cierta situación cuyos caracteres no justifican tal emoción. El individuo elabora conductas y situaciones que conllevan el "evitar" o "contrarrestar" el objeto fóbico consti­tuyendo las situaciones o rituales contrafóbicos. Las fobias son normales en la primera infancia (temor a la oscuridad, a la soledad, a los animales, etc.). A partir de esa época comienzan a configurar cuadros psicopatológicos, como en las fobias escola­res o la neurosis fóbica.


IDEAS HIPOCONDRÍACAS.
Son ideas que versan sobre preocupaciones excesivas y angustiosas respecto a la salud, con exacerbación de las sensaciones cenestésicas normales y sin que tenga explicación mediante los exámenes clínicos y paraclínicos.
Las ideas hipocondríacas pueden presentarse en la neurosis hipo­condríaca o asociadas a otras entidades de tipo neurótico (neurosis depresiva o de angustia). Así mismo, las ideas hipo­condríacas pueden tomar características delirantes como sucede en el Delirio de Cotard, síndrome caracterizado por ideas hipocondríacas asociadas a ideas delirantes nihilistas de uni­versidad, enormidad y eternidad dentro de un marco de tinte afectivo melancólico.
IDEAS DELIRANTES
Son ideas caracterizadas por ilogicidad, irrealidad, irreductibilidad ante razonamientos lógicos y vivenciadas por el paciente como egosintónicas, es decir "no extrañas". De ahí el aforismo de que el "delirante lucha por una idea mientras que el obseso lucha contra su idea".

Las ideas delirantes se estructuran y aglutinan dentro de un núcleo de "lógica" que depende del grado de inteligencia, cultu­rización y simbolización del paciente para conformar los deli­rios. Esta lógica es llamada también paleológica el PENSAMIENTO DELIRANTE cuyos principios (juicios, conceptos, raciocinios) partidos de datos reales o supuestos como tales están organizados sistemáticamente según una falsa relación de causalidad y cuyas conclusiones falsas, erróneas o absurdas, determinan un tipo de conducta sometida al influjo de las ideas así concebidas. Es una manera errada de pensar.


Los delirios o ideas delirantes se presentan en los cuadros psicóticos (psicosis alucinatorias agudas, "bouffées" delirantes de los débiles mentales, psicosis tóxicas, psicosis esquizofrénicas) pero son más patentes, estructuradas, inmutables e inmodificables en los delirios crónicos, especialmente en la paranoia.
Las ideas delirantes pueden ser de diversos tipos: nihilistas (negación de órganos) persecutorias, pasionales, celotípicas, de referencia, de invención, místicas, reivindicativas, mesiánicas, de minusvalía, etc
LAS OBSESIONES
La problemática de las obsesiones ha sido, a no dudarlo, una de las más estudiadas de la psicopatología general.
La obsesión se considera como una idea, una representación o un acto que se impone en contra de la voluntad del hombre en quien se da; toda vez que por el gran potencial energético que estas vivencias poseen, el hombre que las experimenta se siente impotente para desplazarlas de su conciencia (en el caso de la idea o de la representación), o para negarse a inhibir el impulso y para realizar el acto obsesivo; ya que dichas viven­cias, aparte de ser penosas, son consideradas por el obsesivo como absurdas y anormales. De ahí que este enfermo psíquico no tenga otra solución ante ellas, que ceder a que esa idea o representación persista en su conciencia o a que su voluntad se doblegue a la realización del acto absurdo e ilógico, de todo lo cual es totalmente consciente. Por eso la característica primor­dial, es esa fuerza que invade a este enfermo a mantener en el campo de su "conciencia actual" una determinada idea o una concreta representación, o bien, la idea de llevar a cabo la ejecución de un acto absurdo; todo ello en contra de sus deseos y de su voluntad: y es que el obsesivo, experimentará un estado intenso de angustia que le obligará finalmente a ceder en su resistencia frente a la vivencia obsesiva. Esto pone de relieve, como la obsesión posee un carácter coercitivo, impositivo e imperativo, que implica por parte del enfermo, una dura lucha interior frente a ella, y de la que suele salir derrotado la casi totalidad de las veces. A este carácter coercitivo es el que Donath ha calificado de anaucasmo, o lo que expresa el vocablo Alemán Zwang. Pero esta idea, representa­ción, acto, etc., de naturaleza obsesiva, pese a su causalidad coercitiva o impositiva, es bien, distinto de la "imposición" que vivencia el esquizofrénico. El obsesivo experimenta sus ideas, representaciones o actos, también como "impuestos" de un modo "coercitivo" e "imperativo", pero no los vivencia como procedentes de su mundo exterior, sino emanadas de su propio yo.
De lo anteriormente expuesto sobre las vivencias obsesivas pode­mos extraer un número de caracteres psicopatológicos, los primordiales son los siguientes: a) Emanan del propio yo; b). Tienen una imposición compulsiva; c) Generan una lucha interna; d). Poseen absurdidad o falta de sentido en cuanto a su contenido; e). Iteración.
Vamos a revisar cada una de estas características.
a). Emanan del propio yo. Esto no ofrece duda de la realidad de estas características de la obsesión. El obsesivo vivencia la idea, la representación, el sentimiento, el impulso o el acto de esta clase como algo que produce de él mismo, de su yo, no habla jamás de que tales vivencias le sean "impuestas" desde el exte­rior, sino como algo torturante que su yo, o cuando menos una parte de su yo, le "obliga" a experimentar. De ahí que estos enfermos califiquen a la manifestación más frecuente de esta naturaleza que es la idea obsesiva, de "idea fija"; es decir, -una idea absurda o no persistente, molesta y hasta penosa, que posee una fuerza impositiva distinta de los demás. Pero no por eso se le ocurre atribuirla, al hombre que la sufre, a ningún influjo ajeno, extraño o exterior a él, sino que la considera como algo anormal o morboso, como algo que suelen manifestar estos pacien­tes‑ "que no puedo quitar de mi cabeza o de mi cerebro", esto es, algo que está allí y que de allí emana. La más clara demos­tración de la procedencia interna de estas vivencias la tenemos, indudablemente, en esa otra característica, que luego estudiare­mos y que es la lucha interna que el propio Yo del obsesivo entabla frente a su vivencia obsesiva. El Yo de estos enfermos se les revela como ambivalente como si tuviera dos posiciones antagónicas; una que impone la vivencia obsesiva y otra que se resiste a ella. No tienen estos pa­cientes la vivencia de que su Yo está sólo o escindido como sucede en el esquizofrénico. El obsesivo experimenta su Yo como unidad en todos los momentos de su existencia, excepto cuando surge la vivencia obsesiva, en cuyo instante su Yo se le muestra contradictorio y roto. Por un lado, lo impulsa apremiante hacia la vivencia de tipo obsesivo y por otro, la rechaza por absurda, por penosa y por la tensión angustiosa que la perspectiva de esa lucha interna le ocasiona.

b). Imposición compulsiva. Ya hemos anotado este carácter de imposición de las obsesiones para el hombre que las padece; imposición que es de naturaleza compulsiva, es decir, que obliga inexorablemente a ceder a la idea, a la representación, al senti­miento repetido e irreducible, pese a los esfuerzos que el obsesivo realice por oponerse a cualquiera de aquellas manifesta­ciones, ya que tal resistencia le conduce a un estado intenso de angustia que le obliga a ceder finalmente. El obsesivo vive, pues en este aspecto, en una derrota constante frente a estas vivencias morbosas que le atormentan. Las potenciales energéti­cas que contienen las manifestaciones obsesivas las hacen inven­cibles frente a la voluntad del que las padece. Por eso uno de los caracteres más destacados de ellas es esta imposición compulsiva que posee y que obliga de un modo o de otro a que el obsesivo ceda ante estas vivencias que no pueden ser eludidas ni realizadas por él, pues cuanto más luche y se oponga a la persistencia de las ideas o representaciones de esta naturaleza, o cuanto más se necesita a la manifestación impulsiva al acto obsesivo, mayor poder energético adquieren y su oposición compul­siva se intensifica. Esto conduce al hombre que se encuentra en esa situación a un estado de angustia enorme, para liberarse de la cual no tiene otro camino que el ceder ante la obsesión, quedando, pues derrotado en su empeño de desplazar las ideas, o las representaciones de este tipo de su conciencia o de resistir a la tendencia impulsiva o a la realización del acto obsesivo. Esto significa que el obsesivo vive en permanente esclavitud por las vivencias morbosas de esta clase, con plena conciencia de ello; de ahí el gran sufrimiento de estos enfermos psíquicos que de tal forma ven afectada profundamente su libertad.
c). Lucha interna: Al surgir la obsesión, el hombre que la sufre trata de defenderse de ella, poniendo en acción todos los mecanismos de defensa del yo, entablándose una lucha interna. De ahí que el obsesivo tenga la impresión de que en su Yo existen dos tendencias contrapuestas que se enfrentan entre sí; la manifestación obsesiva y los mecanismos que el Yo moviliza para deshacerse de ella, para vencerla. Ahora bien, esta lucha interna a que nos referimos no se reduce a un intento de rechazo o desplazamiento de la vivencia obsesiva, se trata con gran frecuencia, de una discusión íntima en la que el Yo intenta autorrazonarse sacando de la oscuridad tal vivencia patológica; en otras ocasiones, es una lucha creada por una duda en la que la manifestación obsesiva hace ver al hombre en quien se da, que realizó el acto imperfectamente, mientras que el Yo trata de crear el convencimiento de que el acto objeto de la duda fue efectivamente realizado y que además ha sido adecuado en su conducta. En ocasiones, por el contrario el obsesivo obedece a impulsos de su obsesión, piensa que algo que debía haber dicho o realizado no lo dijo o no lo ejecutó, mientras el Yo, por otro lado trata de autoconvencerse que aquello fue dicho o efectuado. Pero, en cualquier caso, la duda sigue persistiendo en el obsesi­vo; y es que, como vemos, la raíz de la obsesión es de un modo o de otro, la duda; por eso podríamos denominar a la obsesión; la duda patológica. De ahí, que el núcleo de la obsesión sea siempre, la angustia, toda vez que sólo en la angustia, puede existir la duda, ante aquello de lo que no se está seguro, ante la incerti­dumbre, de lo que ha de venir o frente a la posibilidad de las consecuencias desconocidas que se derivan de un acto realizado u omitido.
d). Obscuridad o falta de sentido del contenido de la obsesión: La casi totalidad de las manifestaciones obsesivas, tienen un contenido absurdo, ilógico o falto de sentido; otras veces aunque sean menos, el contenido de la obsesión, sobre todo de las ideas y representaciones puede carecer de obscuridad y estar constituido por una preocupación real que el obsesivo tiene y que por su intensa carga afectiva no es capaz de desplazar de su conciencia actual, pese a todos los esfuerzos y medios defensivos que se pone en juego. No podría sin embargo, considerarse como una idea de esta naturaleza el que un hombre pensara perseverativamente sobre un problema grave que le molesta en la circunstancia presente, y que este problema y todo lo que con él se relacione, sea el contenido constante de su conciencia actual, no siéndole posible sustituirlo por otro diferente o intentar rechazarlo. Pero en el caso del contenido de las obsesiones sucede lo mismo que con respecto al de los delirios: su relación con la historia biográfica vital del hombre que las sufre.
e). Iteración. Una de las características más destacadas de las obsesiones es su carácter iterativo o repetitivo. Es decir el fenómeno obsesivo se reitera y persiste; perseverando la misma o las mismas ideas o representaciones en la conciencia, o experi­mentando el individuo las mismas tendencias impulsivas, o reali­zando idénticos actos; todo ello de un modo compulsivo. Esta iteración de la obsesión y de su contenido constituye una cons­tante amenaza para el obsesivo. Tiene la presentación de tal manifestación patológica, y se siente verdaderamente acorralado por ella. Es como si el enemigo estuviera en el interior de su propia casa, es decir, dentro de su Yo.
Después de esta síntesis de los caracteres de los fenómenos que nos permiten establecer un concepto; para precisar más, vamos a revisar las principales manifestaciones de naturaleza obsesiva que se observa en la clínica en su aspecto psicopatológico feno­menológico. Los principales fenómenos de esta clase son los siguientes:
1). Ideas obsesivas. Son estas indudablemente, las más frecuentes formas de manifestaciones de la obsesión, por cuya razón han sido tales ideas, por ende, el pensamiento obsesivo, el más estudiado y sobre el cual se ha concentrado más la atención de todos los autores que se han dedicado a profundizar este problema. Este tipo de ideas constituye el núcleo en torno al cual gira el pensamiento obsesivo o anancástico, caracterizándose por perseverar en la conciencia del hombre que las padece, aun en contra de su voluntad y aun teniendo esta conciencia clara de su obscuridad e irrealidad, y pese a mostrarse totalmente norma­les el resto de las funciones del pensamiento lógico. La idea o ideas obsesivas se repiten con idéntico contenido en el mismo enfermo una y otra vez, manteniéndose largamente en su conciencia sin ser capaz de desplazarlas, pese a sus esfuerzos que a veces se traslucen al observador a través de ciertos movimientos de cabeza, o ciertos gestos que expresan, de esta forma su lucha frente a tales ideas. El contenido de ellas es de lo más variado ya que cada obsesivo tiene el suyo propio. Puede tratarse de una palabra, de una frase, de una blasfemia, de una cifra, etc., o de un constante dudar sobre todo cuanto dice o hace; pero al terminar de hacerlo, vuelve a repetir la operación, porque duda de la exactitud de la cantidad contada; o bien reza una oración y al finalizarla comienza de nuevo a hacerlo por la inseguridad de no haberlo efectuado perfectamente o por temor de haber omitido alguna de las palabras que la componen etc. Es decir, la idea obsesiva puede tener los más diversos contenidos que uno se pueda imaginar.
2). Representaciones obsesivas: Entremezcladas o no, en las ideas obsesivas, son imágenes que persisten en la conciencia actual, como una o más representaciones sin que el que las experi­menta pueda desplazarlas, pese a los esfuer­zos, que hace en tal sentido. En cuanto al contenido de las representaciones obsesivas habremos de decir, como sucede con el de las ideas, que es de lo más variado y que en gran parte, tiene una representación simbólica, o algunos ingredientes, de la historia‑biográfica del obsesivo, especialmente en aquellas vivencias instintivo‑afectivas que se hallan intensa y fuertemente reprimidas en su inconsciente.
3). Sentimientos obsesivos. No todos los autores admiten la existencia de verdaderos sentimientos obsesivos, pues si un hombre experimenta un sentimiento absurdo, este se hallará casi siempre en oposición con la situación actual, tal como sucede en los esquizofrénicos que muestran sentimientos afectivos discordantes e inadecuados con respecto al momento pre­sente.
El sentimiento obsesivo debe ser incomprensible e insensato para el que lo sufre; por ejemplo: el que en medio de una emoción alegre se siente impelido a llorar.
4). Impulsos obsesivos: Son las manifestaciones más frecuentes de la obsesión después de las ideas de esta clase. Existen tales impulsos de tipo puro, es decir, que no derivan de pensamientos obscenos, sino que son primarios. Esto resulta evidente en la clínica, toda vez, que con frecuencia, acuden al psiquiatra enfermos que lo único que aquejan es un impulso irrefrenable de hacer algo determinado, generalmente algo absurdo y casi siempre agresivo, madres que dicen sufrir a veces la impulsión de arro­jar al hijo que tienen en brazos por la ventana, o de clavarle un cuchillo. No cabe duda que estas ideas impulsivas tienen un carácter primario, y si se acompañan de ideación obsesiva, tienen un carácter secundario. Los impulsos obsesivos primarios se convierten en acciones obsesivas primarias; pero existen otras acciones obsesivas secundarias derivadas de los pensamien­tos obsesivos, por ejemplo, la de lavarse las manos por el escrúpulo de haber tocado algo supuestamente contaminado. Lo que caracteriza al impulso obsesivo, aparte ya de su absurdidad, es un carácter casi siempre agresivo y también sacrílego; pero sobre todo, el hecho de vivenciarlo como algo inminente, como algo que está a punto de reali­zarse, así como la lucha interna terrible que el obsesivo opone a su idea, saliendo unas veces triunfante y otras derrotado o adop­tando la medida de sustituir dicho acto impulsivo por otro más inocuo, por lo que ha de realizar una acción, o pronunciar unas palabras. Podemos citar como impulsos obsesivos más frecuentes, el contar las baldosas del piso, o los dibujos de la pared, el impulso de lanzarse al vacío cuando está en la cima de un alto edificio, el de arrojarse al paso de un carro etc. El obsesivo, por tener su capacidad de juicio intacta, reconoce inmediata y perfectamente lo insensato y absurdo de su idea, y por ello lucha con ella, tratando de inhibirla de algún modo.

5). Actos obsesivos. De todas estas vivencias se derivan los actos obsesivos. Unas veces estos actos son primarios, facili­tando la realización de los impulsos obsesivos mediante un acto intrascendente, otras son secundarias a una idea, representación o ocurrencias obsesivas y tiene entonces el carácter de defensa. Son estas las más frecuentes, consistiendo en la realización de actos sin importancia, repetitivamente, que pueden ser complejos en ocasiones, pero, que aunque el obsesivo reconozca su falta de sentido, se ve impedido a realizarlos, pues en caso de resistirse a ello se sentirá intensamente angustiado o creerá que de no llevar a cabo el acto obsesivo correspondiente, le sucederá algo malo y grave. Tales actos obsesivos tienen un indudable carácter simbólico. El obsesivo a de dar, por ejemplo, tres vueltas alrededor de la mesa del comedor antes de sentarse a comer, sin lo cual no es capaz de hacerlo porque su tensión angustiosa se lo impide; otro, antes de acostarse, tiene que dejar la ropa de determinada manera. A este tipo de actos se les califica de "Actos ceremoniales", ya que en realidad, la mayoría de ellos son verdaderas ceremonias, auténticos ritos. Pero estos actos adquieren una mayor tortura para el individuo cuando en este se manifiesta la duda de si dicho "acto ceremonial" ha sido perfectamente realizado por él, lo que le lleva a repetirlo una y otra vez.

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