Pensamiento y trastorno psicopatologia del pensamiento



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PSICOPATOLOGIA DEL PENSAMIENTO
El pensamiento es un atributo humano. Es una manifestación de las funciones cognitivas del cerebro, especialmente de la inteligencia, razón por la cual, se denomina al hombre; animal racional.
El pensamiento lógico, racional, o proceso secundario "consiste en un flujo de ideas, símbolos o asociaciones dirigidos hacia una meta, iniciados por un problema, y conducente a una conclusión adaptada a la realidad". El pensamiento es conocido a través de su expresión verbal o escrita y por la observación del comportamiento o lenguaje preverbal del individuo.
El pensamiento es lógico si sigue los postulados aristotélicos que se refieren a los principios de espacialidad, temporalidad, causalidad, identidad y contradicción.
Se habla de PROCESO PRIMARIO para referirse a la forma de pensar que Freud describió en los sueños y que no está regida por los principios de la lógica aristotélica. Es "primario" porque aparece primero desde el punto de vista ontogénico. Es el tipo de pensamiento que predomina en las comunidades primitivas cons­tituyendo el pensamiento mágico y los mitos.
A excepción del proceso onírico, de las fantasías o ensueños diurnos y de las culturas primitivas, la persistencia de esta manera de pensar, o de cualquier otra forma de pensamiento que se aleje de los postulados de la lógica formal es denominada PENSA­MIENTO ILOGICO.
A este grupo pertenecen los pensamientos denominados "desreal", "paralógico", "mágico", "animista", "concreto", "telepático", "aglutinado", "condensado", "dereístico", "autista", "contamina­do", etc. Sin embargo, debe tenerse en cuenta durante la entrevista psi­quiátrica los aportes culturales de tipo mágico y animista que puede mostrar el discurso del paciente y que son normales dentro del contexto sociocultural del entrevistado. Estos ele­mentos mágicos y animistas disminuyen a medida que el individuo posee un mayor acerbo cultural con predominio del pensamiento secundario o científico.
Las alteraciones del pensamiento son de tres tipos:
1. Alteraciones de la forma o de la lógica

2. Alteraciones del curso o de la asociación de las ideas

3. Alteraciones del contenido ideatorio.

ALTERACIONES DE LA FORMA O LOGICA.
Abarca todos los tipos de pensamiento que enumeremos anterior­mente como pensamientos ilógicos, por no participar de la lógica.
PENSAMIENTO ANIMISTA.
En esta forma de pensar el individuo da vida a lo inanimado. Es común y normal en la primera infancia y configura en el lenguaje de Sullivan la forma prototáxica del pensamiento. En la medida en que prima el principio de realidad esta forma de pensar des­aparece.

PENSAMIENTO MÁGICO

Es una forma de pensar que atribuye a los objetos cualidades extrañas a su naturaleza y les asigna poderes e influencia diversas que relaciona por razones de similitud, continuidad en el espacio o por proximidad temporal de acontecimientos ocurridos en torno de ellos y para los cuales el individuo no tiene una explicación adecuada o científica. Es propio de los niños y de los pueblos primitivos.


En nuestro folklore encontramos el "mal de ojo" o el "helado de difunto" para explicar los trastornos como la desnutrición o episodios diarréicos en personas o animales.
El pensamiento mágico está contenido en los mitos y leyendas de los pueblos primitivos. Así la leyenda de Bochica, de nuestro pueblo Chibcha, explicaba para ellos la aparición del Salto de Tequendama y la leyenda de Bachué les permitía tener una idea acerca de su origen.

PENSAMIENTO AUTISTA

Es una interpretación personal de los hechos externos y de los sucesos psíquicos del paciente basada en sus impulsos, fantasías y realidad interna, mediante la creación de símbolos propios que se alejan de los patrones de la lógica formal. Podría decirse que mediante el pensamiento autista el paciente "transforma" la realidad externa y "crea" una nueva realidad subjetiva. Este tipo de pensamiento es patognomónico en la esquizofrenia.



Los siguientes apartes fueron expresados por un paciente de 20 años, estudiante aventajado de Economía, quien presentó un episodio esquizofrénico:
"N..es una culebra horripilante ... Watergate... maneja la política por entre las alcantarillas... ensucia con dinero las instituciones democrátas... destruye a su paso avasalladoramente el esfuerzo del pueblo.... a través de dos siglos de historia... Yo soy Cristo. Estoy convencido por los hechos... la mordida de la culebra es el talón de Aquiles... Mi resurrección... Yo me clavé un cuchillo y una daga en la espal­da... pero resucité; después conviví con las ánimas, me tentaron horriblemente...Salí a la calle a caminar... La estatua de sal... Lot...? He visto mentalmente a Jhavé. El otro día me rompió las narices porque fui un tonto al jurar su santo nombre en vano... Me pusieron una trampa en la televisión. La universi­dad de Nobosky donde preparan los muchachos más geniales de toda Rusia y mi padre me golpeó las narices por eso... corrió mi sangre, desde entonces no he vuelto a jurar su nombre en vano... Hasta cuando? Hasta nunca Patria o muerte!: venceremos..."


TRASTORNOS REGRESIVOS EN LA FORMA DEL PENSAR
Consideramos dentro de estos trastornos, aquellos que expresan una forma de pensamiento, de tipo primitivo e infantil; esto es, similar al pensamiento de los hombres primitivos o de los pueblos salvajes y que el niño muestra en los primeros años de su vida pero que, lentamente, va evolucionando hasta alcanzar la maduración propia del pensamiento adulto normal.
Dos alteraciones fundamen­tales podemos señalar dentro de este grupo:
A. Pensamiento mágico‑arcaico.

B. Pensamiento fantástico.
A. PENSAMIENTO MAGICO‑ARCAICO.
El modo de pensar del hombre primitivo, del hombre actual de ciertos pueblos y tribus salvajes, así como el del niño, está fundado en lo mágico, en lo irracional. Pero, aún en el hombre adulto civilizado de nuestra época, existen muchas manifestacio­nes, muchas reminiscencias de ese modo de pensar primitivo e infantil. Y es que el hombre muestra en su pensamiento, funda­mentalmente racional, que calificamos de lógico, un ingrediente, más o menos intenso, según los casos, de tipo mágico, del que no puede desprenderse, por constituir un estrato profundo de su naturaleza humana, de indudable raíz irracional y en gran parte inconsciente, como expresión de su evolución filogénica y ontogé­nica.
Sin admitir un ciclo evolutivo progresivo de la inteligencia humana en el terreno filogenético, resulta induda­ble que el hombre primitivo hubo de tener una diferente capacidad de comprensión con respecto al hombre medio de hoy, debido a un cierto número de factores, que en ello seguramente influyeron, tales como el déficit cultural y el déficit de su capacidad de abstracción. Dicho defecto de comprensión, tuvo que incapacitar­le para explicarse, satisfactoriamente, los fenómenos de la naturaleza, y así, hubo de proyectar multitud de potenciales anímicos y espirituales sobre el mundo inanimado, creando símbo­los, e inundando de poderes extraños y omnímodos al real, a los que llegó el origen de todos los hechos que, de otro modo, no podría explicarse.
Este modo de pensar del hombre durante miles de años, hubo de adquirir, en cuanto a su mecanismo, un carácter de transmisión a través de un principio arcaico inconsciente, bien individual o bien colectivo, o de ambos a la vez, que ha evolucionado hasta el hombre ac­tual.
El hombre primitivo, al verse ante la naturaleza y sus fuerzas, al hallarse ante lo "nuevo" y "extraordinario", tuvo que sentir, necesariamente, angustia como una necesidad de dominar esas fuerzas, surgió la magia, y brotó también en él, ante su angus­tia, la personificación de un Ser Supremo, que rige todo el cosmos y al hombre mismo, apareciendo así, en el hombre, la idea religiosa. Magia y religión, marcharon paralelamente, y hasta casi confundidas entre los primeros estadíos de la existencia humana sobre la tierra. Con estas dos armas, el hombre se en­contró, ya más seguro, y con ellas dominó su angustia.
La magia influyó, de un modo decisivo, en la personalidad del hombre primitivo. Su pensamiento se impregnó de ella, su conducta y la interpretación de los acontecimientos de su mundo circundante, además de los que en su propia personalidad ocurr­ían, surgieron partiendo de estos supuestos mágicos. Arrancando de ellos, estableció sus razonamientos, tan lógicos, como son los de nuestro pensamiento actual basado en supuestos distintos, merced a la cultura de hoy, si, por ejemplo, el hombre primitivo veía, la enfermedad, a partir del supuesto mágico, de que un "mal espíritu" había penetrado en la persona enferma y que, por tanto, la maldad de aquel se manifestaba en la alteración morbosa de esta, el hombre actual parte del hecho de la existencia de micro­bios o de virus o de seres ultramicroscópicos, capaces de pene­trar y de asentar en el cuerpo humano, produciendo la enfermedad en él. Hoy nos parece tan lógico nuestro pensamiento, de acuerdo con las concepciones actuales de las enfermedades infecciosas, como al hombre primitivo le parecía lógica su teoría basada en su concepto de la enfermedad como fruto de la magia. El no podía explicarle las cosas de otro modo. Su pensamiento era correcto, aunque el supuesto del cual partía, fuera falso.
Los supuestos sobre los que se basó el pensamiento del hombre primitivo, dieron lugar a sus ideas sobre la contigüidad y la semejanza en la magia, influyendo estas, a su vez, en el modo de pensar primitivo y cerrándose así, un círculo vicioso. De estos falsos supuestos, surgieron esas leyes que rigen el pensamien­to mágico arcaico, y que se han erigido en el eje de este modo de pensar y de interpretar los hechos por parte del hombre de entonces, y también, muchas veces, por el de hoy. Dos cosas próximas entre sí, intercambian sus propiedades, dice la ley de la contigüidad. Dos cosas semejantes entre sí, tienen idénti­cas propiedades, mantienen la ley de la semejanza. De ambas leyes, arrancan las formas mágicas llamadas "encantamiento o magia por contacto" y "magia por analogía". Todas estas concep­ciones de la magia, influyeron decisivamente a su vez, sobre todo el pensamiento del hombre primitivo.
Pero esta postura mágica del pensamiento del hombre primitivo, la tenemos igualmente en los pueblos que se sucedieron en el curso de la historia de la humanidad, y aún, en nuestros días nos lo muestran los pueblos salvajes de Australia, África, y ciertas regiones Americanas. Es más, en el hombre poco culto, y aún en el ilustrado, de los países civilizados, se conservan todavía, características mágicas que se revelan en la interpretación de algunos hechos y que son tanto más notorias ­cuanto mayor es el déficit cultural.
Pero, ¿cómo han llegado hasta hoy, a través de los siglos, estas influencias, mágicas sobre el pensamiento humano? Dos medios tenemos para explicarnos esta transmisión que no se excluyen en este caso, sino que se complementan:

El inconsciente arcaico o colectivo de Jung y la tradición.


Jung ha definido el inconsciente colectivo, como "la poderosa masa psíquica heredada de la evolución de la humanidad, renacida en cada estructura individual". Considera a este, como la zona más profunda del inconsciente humano, donde se halla el sedimento más animal de lo psíquico del hombre y de todo lo más ancestral de la humanidad, lo que hace decir a este autor, que "la verdadera historia del espíritu, no se conserva en los libros doctos, sino en el organismo vivo, anímico, de cada individuo". En esa zona profunda del inconsciente colectivo, reside, en el concepto de este autor, los "arquetipos"; es decir, aquellas formas o imágenes de naturaleza colectiva, que se dan casi uni­versalmente como constituyente de los mitos, y, al propio tiempo, como productos individuales autóctonos, de origen inconsciente". Este concepto de hoy, es bastante discutido pero hay que tenerlo en cuenta.
La otra explicación mencionada, la tradición, puede ser induda­blemente decisiva ‑ y lo es ‑ en la transmisión de creencias de raíces arcaicas, mágicas y primitivas que han llegado hasta el hombre de hoy. La tradición es la noticia sobre algo antiguo, trasmitido de algún modo, de generación a generación.
En ella, habremos de distinguir dos formas: la oral o relato, en el mito, leyenda, cuento, canto etc., y la objetiva, concreta por un acto en las costumbres, ritos y ceremonias. La tradición en cualquiera de sus formas, influye en la integración de la perso­nalidad de todo hombre. Se valora estas dos maneras de trasmisión de las creencias primitivas mágicas a la mente del hombre actual y se nos revelan en distintas escalas cuantitativas, desde hombre salvaje al culto, como frutos de estos dos mecanismos trasmisores de todo lo primitivo humano. Los distintos niveles de la sociedad en general, y de los diferentes pueblos en parti­cular, facilitan la florescencia de estas creencias arcaicas y mágicas, según que dichos niveles sean más bajos o elevados. Pero en todo hombre, vemos surgir, a lo largo de su curso exis­tencial, influencias, en grado mayor o menor, de estos componen­tes primitivos de su pensamiento.
Pero el pensamiento mágico que prevaleció en el hombre primitivo, muchos de cuyos elementos aún integra el pensamiento del hombre actual, en proporción inversa al grado de cultura que posea, lo vemos en toda pureza y predominancia, a lo largo de la estructuración del pensar humano, durante los diferentes periodos de la edad infantil. El pensamiento del niño, en sus primeros estadios evolutivos, es fundamentalmente mágico y se halla claramente regido por esas leyes de la continuidad y de la seme­janza.
¿En qué tipo de hombres ‑ anormales y de enfermos psíquicos, se manifiesta esta forma del pensamiento que se califica de mágico ‑ arcaico?
En primer lugar y de un modo muy manifiesto, en el hombre ‑ esquizofrénico. El criterio de semejanza, que se hace entre este y el primitivo, se basa en que tanto, el Yo, como el mundo de ambos, se les apa­recía como demoníaco, toda vez que el segundo creía en un mundo lleno de espíritus maléficos que podían penetrar, por múltiples motivos, en su interior y adueñarse, por tanto de él. El primero porque debido a su profunda alteración del Yo, vivencia el mundo externo como capaz de penetrar también en su propio yo, a través de experiencias de "influencia", a la vez que se siente capaz de difundirse en el mundo que le rodea, el hombre esquizofrénico, se semeja, en este aspecto, al primitivo y al niño, porque los tres muestran una personalidad que carece de unidad y por tanto, se siente difundida en el mundo externo.
Igualmente, el pensamiento en el hombre‑neurótico, porque trata de evadirse de una situación conflictual, por lo cual sigue el artificioso y anómalo camino de hacer regresar a su personalidad, a etapas infantiles de su evolución, razón por la cual, su con­cepción de la vida, y del mundo, sea establecida, a través de unos mecanismos del pensamiento, totalmente primitivos e infantiles, es decir, catatímicos y, por ende, mágicos. Cual­quiera de los llamados mecanismos neuróticos, son la expresión de una actitud primitiva. De todas las formas de neurosis, la que nos revela más claramente su carácter regresivo y su consiguiente pensar y actual mágicos, es la histeria. Sus mecanismos más importantes, de los que surgen sus síntomas ‑ los mecanismos de fijación y de conversión‑, son la expresión más clara de una actitud totalmente primitiva e infantil, en la que radica un pensar mágico, que se revela por una conducta acorde, con esta forma de pensamiento. Y es que en el fondo de toda manifestación histérica, hay encubierto un deseo primitivo o una postura defensiva, igualmente primitiva, frente a algo.
B. PENSAMIENTO FANTASTICO.
La fantasía es aquella actividad psíquica, que permite reproducir las cosas por medio de imágenes, siendo su significación más frecuente, la de representación de una imagen perceptiva, sin la presencia y actualidad del objeto de la percepción. En otras palabras, la fantasía sería la posibilidad de producir imágenes representati­vas.
A medida que el niño va respondiendo a los distintos estímulos y cada vez a mayor cantidad de ellos va saliendo del estado de aislamiento en que se halla en los primeros tiempos de su vida, comenzando así, a relacionarse ya a enfrentarse con el mundo externo. Cuando dichos estímulos le resultan placenteros y satisfactorios, tenderá cada vez más a la actividad extrovertida, mientras que, por el contrario, si aquellos estímulos son desagradables tenderá a la introversión. De ahí, que el niño en su fantasía trate de imaginar situaciones satisfactorias con las que le resulte fácil y agradable enfrentarse.
Lo mismo que el niño, el hombre primitivo hizo abundante uso de la fantasía, para compensar las grandes dificultades con que tuvo que haberse encontrado en su mundo externo. Por eso, tanto el pensamiento, del uno, como del otro, estaban integrados fundamentalmente, por gran número de imágenes, unas como fruto del aspecto reproductivo o representativo de la fantasía y otras como expresión del carácter productivo de esta. Es decir, su pensamiento tuvo un gran contenido fantástico, pudiendo hablarse de un pensamiento fantástico cuando estos elementos predominan en él.
El psicoanálisis, ha tratado de poner de relieve las frondosas fantasías infantiles, especialmente las que aparecen en la primera infancia, las cuales poseen una energía mágica de per­sistencia en el tiempo, realmente extraordinaria, hallándose constituidas por contenidos sexuales y de otras clases, que pueden ser generadores de neurosis, dada su acción directa sobre el inconsciente y que sólo al hacerse consciente tales fantasías, a través de la interpretación psicoanalítica, pueden curarse tales neurosis.
El psicoanálisis ha subrayado la faceta creadora de la fantasía, a través de sus investigaciones sobre el mundo de los sueños. Pero han sido Jung y sus discípulos, los que más han insistido en poner de relieve la gran influencia que las fantasías oníricas tienen en la "modelación profunda" de la persona y sobre todo, como se manifiesta a lo largo de su vida, por medio de procesos inconscientes, los que, en el transcurso del tiempo contribuyen a la tarea de "armonización de la psíque. En el campo neo-psicoanalítico, quien más ha puesto de manifiesto el influjo de las fantasías infantiles en las neurosis, ha sido Melanie Klein, quien planteó la importancia del análisis de la imaginación de los niños a través de los juegos. Para Klein, los niños representan, de un modo simbólico, experiencias, deseos y fantasías, a través del juego.
El pensamiento infantil, fundamentalmente mágico, así como el del hombre primitivo, están en condiciones óptimas para que en ellos se inserten los contenidos de la fantasía, los cuales viven como realidad. Pero el hombre adulto de hoy, lo mismo que su pensa­miento, se halla integrado y regido por mecanismos lógicos de un modo primordial. También lo está, en mayor o menor proporción, por los de tipo mágico, según sea su grado de inteligencia y cultura, toda vez, que desde lo más profundo de su inconsciente, emergen aquellos ingredientes, mágico‑arcaicos, aquellos contenidos y tendencias ancestrales, que se insertan y se entre­mezclan con aquellos de su pensamiento lógico y racional. A estos dos tipos de ingredientes del pensar humano, se unen aque­llos elementos y contenidos, frutos de la fantasía, a la cual el hombre se entrega, a veces por necesidad y otras por complacen­cia. Los mecanismos del pensar en imágenes, o verbalmente, son de procedencia primitiva. Pero, así como en el niño y en el hombre primitivo, este pensamiento, fundamentalmente fantástico, resulta comprensiblemente normal, en el hombre adulto de hoy, si es esta forma del pensar, la primordial de él, ha de ser considerada como una manifestación regresiva de su pensamiento. Ahora, cuando el hombre piensa fantásticamente, de un modo accidental, por esa "necesidad" que experimenta a veces de hacerlo, sobre todo si ese pensamiento fantástico es proyectado hacia el futuro, o vive imaginativamente un futuro presentificado, tal pensamiento no puede ser considerado, de ningún modo, como anormal o patológico, si no como normal. Si el hombre no proyectara imagi­nativamente su actuación futura, e incluso, no la viviera presentificada, ­en algunos momentos (siempre que las imágenes que la integran sean producto de una cierta y relativa realidad y, por tanto, con posibilidades de realización), el hombre viviría más cerca al futuro, de lo que hoy vive.
Estos proyectos fantásticos, frutos de un pensar fantástico, son, con gran frecuencia, los ingredientes más fuertes del "proyecto vital" de cada hombre, constituyéndose, no pocas veces, en las metas a conquistar en la vida real. Es esto el "vivir de ilusiones" ‑como suele decirse‑, lo que hace posible que el hombre marche en la vida hacia el futuro, con esperanzas de realizar en él, sus anhelos y deseos centrados en el despliegue eficiente de su "proyecto vital". Pero, cuando el hombre piensa fantásticamente y lo hace proyectado hacia su pasado, imaginando lo que no fue, imaginándose hechos fantásticos como realidades por él vividas en el pretérito, tal modo de pensar es realmente patológico, ya que constituye la creencia en algo que es irreal y falso, porque nunca sucedió, y es expresión de la existencia de una mitomanía, de una confabulación e incluso, de un delirio.
En el campo psicoanalógico, se nos muestra el pensamiento fantástico, en la llamada pseudología fantástica, o mentira patológica, la cual es un "Híbrido de mentira y autoengaño". Los pseudólogos, son personalidades vanidosas, que pretenden aparentar más de lo que son, que tratan de deslumbrar a los que le rodean con sus inven­ciones fantásticas, de cuyos relatos son siempre ellos los prota­gonistas. En general, creen hasta cierto punto, en sus propias fantasías y mentiras o, cuando menos, llegan a identificarse con ellas.
El fabulador o confabulador, de cualquier etiología, es otro enfermo psíquico, que trata de rellenar los huecos de su pasado, con imaginarias historias, haciendo relatos de hechos o situaciones inexistentes, fruto exclusivamente de su fantasía. En la clínica psiquiátrica, observamos estas fabulaciones en procesos que han provocado un trastorno de conciencia, una alte­ración némica, o una desorientación temporo‑espacial (Trastornos seniles, síndrome de Korsakow, paralíticos generales, presbiofrénias, dementes preseniles, etc.).
El pensamiento fantástico, es observable en inconexa mezcla con otras alteraciones del pensamiento que presentan los pacientes esquizofrénicos. Dentro de este grupo, los parafrénicos son los que muestran este trastorno de una manera muy florida.


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