Patrimonio religioso y eclesial



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PATRIMONIO RELIGIOSO Y ECLESIAL
José María Arancibia,

septiembre 2015


1. VALORACIÓN DE TODOS LOS BIENES DESDE UNA VISIÓN HUMANA Y CRISTIANA
1.1. Los bienes de la creación: están destinados a todos los hombres

1.2. Responsabilidad común de cuidar, defender, incrementar, y distribuir

1.3. Diversidad de bienes y orden entre ellos, según la vocación humana
2. BIENES ESPIRITUALES Y MATERIALES COMO PATRIMONIO DE LA IGLESIA
2.1. Principales bienes espirituales en el ser y el actuar de la Iglesia católica

2.2. Valores y bienes terrenales al servicio de las comunidades cristianas

2.3. Concepto de patrimonio en las diversas instituciones y comunidades cristianas
3. CUIDADO DEL PATRIMONIO ECLESIAL
3.1. Instituciones eclesiales al cuidado del patrimonio

3.1.1. Pontificia Comisión del Vaticano

3.1.2. Actividades y documentos: de la PC y de otros Dicasterios

3.1.3. El CELAM, las Conferencias Episcopales y las diócesis

3.1.4. Relación con los Estados y demás instituciones

3.2. Expresiones del patrimonio cultural religioso de la Iglesia católica

3.2.1. Lugares sagrados

3.2.2. El arte sacro

3.2.3. Archivos y bibliotecas

3.2.4. Música, poesía, teatro y cine

3.2.5. Objetos del culto y devoción

3.2.6. Los museos: un tesoro


4. SENTIDO DEL PATRIMONIO RELIGIOSO EN LA MISIÓN DE LA IGLESIA
4.1. Testimonio de la historia espiritual de un pueblo

4.2. Signo de la cultura y forma de vivir de la comunidad

4.3. Muestra del papel de las artes en la vida religiosa

4.4. Signo de la fuerza renovadora del Evangelio de Cristo

4.5. Instrumento pastoral eficaz para una nueva evangelización

4.6. Un aporte a la promoción del humanismo

4.7. Objeto de colaboración entre Iglesias e instituciones
5. RENOVADO INTERÉS POR EL PATRIMONIO Y RIESGOS ACTUALES

PATRIMONIO RELIGIOSO Y ECLESIAL
1. VALORACIÓN DE TODOS LOS BIENES DESDE UNA VISIÓN HUMANA Y CRISTIANA

Para una buena comprensión de lo que significa "patrimonio religioso", es conveniente recordar la noción "bien" o de "valor", en toda su amplitud, que es anterior al concepto de patrimonio.

En un sentido muy general, se considera un BIEN:


  • Todo lo valorado, apreciado y necesitado por el hombre a lo largo de la historia;

  • ya sea recibido y encontrado por él, como los bienes de la naturaleza;

  • ya sea todo lo elemental que es ansiado y buscado por él mismo para su existencia, como alimento, vestido, vivienda;

  • ya sea lo que ha ido confeccionando con su propio ingenio, desde los primeros instrumentos hasta la actual industria y tecnología;

  • sin olvidar aquellos bienes superiores, no siempre materiales, como salud, bienestar, afecto, amistad, solidaridad;

  • como también los espirituales más elevados y trascendentes, como la búsqueda, la confianza y el culto de un ser superior.

De los bienes religiosos, a su vez, conviene tener una idea muy amplia, respetuosa de todas las creencias, aunque según el objetivo de este curso se entienden fundamentalmente por bienes religiosos los que corresponden a la Iglesia católica.
1.1. Los bienes de la creación: están destinados a todos los hombres

Como los hombres acostumbran apropiarse de los bienes y defenderlos como suyos, incluso con violencia, conviene recordar este principio. Hace más de cincuenta años el Concilio Vaticano II recogía esta enseñanza tradicional.1 Aunque, en esa misma ocasión, se reconoció que a la humanidad le cuesta mantener el respeto de este principio.2 Este es también uno de los aportes de la Doctrina Social de la Iglesia,3 que este año ha sido completado y actualizado por la última encíclica del Papa Francisco, sobre el cuidado de la casa común.4


1.2. Responsabilidad común de cuidar, defender, incrementar, y distribuir

Del principio mencionado deriva otro igualmente importante, sobre la responsabilidad que a todos corresponde. Ante todo acerca de los bienes de la naturaleza que son dados para provecho de todos: "La tutela del medio ambiente constituye un desafío para la entera humanidad: se trata del deber, común y universal, de respetar un bien colectivo".5 Cuidado que ha de tenerse en cuenta en la programación del desarrollo económico,6 con particular atención a los pobres, marginados e impedidos de crecimiento.7 Desarrollo que, a su vez, se debe orientar al bien de todo el hombre, como desarrollo "integral" porque atiende a todas sus dimensiones humanas, y además se extiende a todos los hombres, en una perspectiva realmente solidaria y universal.8


1.3. Diversidad de bienes y orden entre ellos, según la vocación humana

Los bienes o valores que las personas necesitan y buscan son muy variados, y se distinguen por diferentes razones. Es útil repasar esta inmensa variedad de bienes:



  • primero para reconocerlos, porque a veces no son conocidos ni valorados;

  • también para establecer entre los bienes una justa escala de valoración;

  • luego para cuidarlos y compartirlos, ya que a menudo son desatendidos por la ignorancia, el egoísmo, o el incumplimiento de las normas.

A su vez, esa gran diversidad de bienes a la disposición responsable de los hombres, se suele distinguir a partir de razones diversas:



  • Según el objeto o realidad que se considera de valor, un bien es: material (oro), biológico (salud), psicológico (placer), intelectual (ingenio), estético (música), espiritual (paz interior), religioso (Dios - fe - culto).

  • Según el poseedor de un bien, éste puede ser: personal o social (ya sea familiar, comunitario, nacional, internacional).

  • Según la utilidad que ofrece, el bien se califica como: imprescindible (aire-agua), necesario (trabajo-trasporte), conveniente (buena alimentación-vivienda adecuada), indistinto o indiferente (formas de vestido), superfluo (lujo).

  • Según la responsabilidad humana, que cada uno debe ejercitar para su propio bienestar: bueno o malo, conveniente o inconveniente, etc.

En los últimos tiempos es común, además, hablar de "bienes culturales". Son los relacionados con la actividad humana, tanto en la vida personal como social, a través de un constante progreso y dentro del concepto amplio de “cultura”.9 De hecho los hay de muy diversa índole: históricos, arqueológico, étnicos o folclóricos, artísticos, arquitectónicos, documentales, bibliográficos, religiosos, etc. Aun teniendo en cuenta esta enorme amplitud, en algunos contextos históricos y geográficos, la mayor parte de ellos son expresión y creación del espíritu religioso (y cristiano) de los hombres.10 Como se ha dicho incluso de la República Argentina.11

Desde aquí se entiende que no sólo se hable de "bienes", sino de "patrimonio cultural"; concepto que hemos de retomar enseguida.


2. BIENES ESPIRITUALES Y MATERIALES COMO PATRIMONIO DE LA IGLESIA

Puesto que en su mayor parte tratamos de bienes religiosos, pertenecientes a la Iglesia católica, es preciso recordar cuál es la noción propia de "Iglesia", según el Credo o Símbolo de la fe de la misma Iglesia.

"Con el termino IGLESIA se designa el pueblo que Dios convoca y reúne de todos los confines de la tierra, para constituir la asamblea de todos aquellos que, por la fe y el Bautismo, han sido hechos hijos de Dios, miembros de Cristo y templo del Espíritu Santo" (147).12

"La Iglesia tiene su origen y realización en el designio eterno de Dios. Fue preparada en la Antigua Alianza … Fundada por las palabras y acciones de Jesucristo, realizada mediante su muerte y resurrección … manifestada luego como misterio de salvación mediante la efusión del Espíritu Santo en Pentecostés …" (149).

"La misión de la Iglesia es la de anunciar e instaurar entre todos los pueblos el Reino de Dios inaugurado por Jesucristo. La Iglesia es el germen e inicio sobre la tierra de este Reino de salvación" (150).

"La Iglesia es Misterio en cuanto que en su realidad visible se hace presente y operante una realidad espiritual y divina, que se percibe solamente con los ojos de la fe" (151).


2.1. Principales bienes espirituales en el ser y el actuar de la Iglesia católica

¿Cuáles son, pues, los bienes más importantes que posee la Iglesia? Ante todo el amor de Cristo, su Esposo y Cabeza, que ha querido hacerla partícipe de "bienes divinos", para que consiga la plenitud de Dios; así lo expresa el Concilio con los términos bíblicos del apóstol san Pablo.13 El mismo Cristo estableció a su Iglesia como comunidad de fe, esperanza y caridad, para comunicar a todos la verdad y la gracia.14 Integrada por mucha gente diferente y abierta además a todos los hombres, entre quienes ha de intercambiar y comunicar sus riquezas espirituales y las ayudas que ellos pueden prestarse.15 Movida por el Espíritu, tiende a poner todos los medios necesarios, a fin de que la salvación de Cristo llegue a todos.16


2.2. Valores y bienes terrenales al servicio de las comunidades cristianas

Cuando se habla de bienes terrenales en la Iglesia, cuentan ante todo las personas que la integran, y todas las demás, en el mundo y en el tiempo -sin distinción alguna-, porque según el plan de Dios son destinatarios de la gracia del Evangelio. Bien se dijo en el primer encuentro argentino sobre patrimonio cultural (1994):

“El tesoro de la Iglesia, sus mejores bienes, no son los bienes artísticos-históricos, documentales y monumentales; el tesoro de la Iglesia son los hombres, a los que ha de hacer llegar la salvación de Dios. El bien supremo de la Iglesia es la gloria de Dios y la salvación de los hombres. Por eso todo lo de la Igle­sia ha de ser evangelizador; el patrimonio y el patrimonio cul­tural también. La Iglesia no es una sociedad cultural, sino sa­cramento universal de salvación desde todo su ser y su haber. Así es necesario estructurar y llevar a cabo una pastoral del patrimonio cultural en sus dos vertientes: pastoral sobre el pa­trimonio y pastoral desde el patrimonio”.17

Por lo tanto, al ver y mostrar los objetos que la Iglesia ha tenido y tiene, destinados a la devoción, el culto y la memoria histórica, es imprescindible conocer esta manera de ver esos bienes: porque señalan una riqueza escondida de vida que se ofrece a lo largo de las generaciones; incluso atravesando el presente, en camino hacia el futuro, y hasta la consumación de los tiempos. Esos bienes, aún materiales, tienen sentido por su relación con otros bienes mayores; sobre todo porque están al servicio de las personas, familias y comunidades, que pueden enriquecerse espiritualmente por medio de ellos. Al considerarlos, en cambio, sólo como piezas antiguas ya descartadas o innecesarias, pierden su principal significado, y no se alcanza a comprender el valor, y aún el uso, que pueden tener para los cristianos de hoy.


2.3. Concepto de patrimonio en las diversas instituciones y comunidades cristianas

El término "Patrimonio Cultural" fue introducido en la Convención Internacional de La Haya en 1954. Se utiliza tanto en el ámbito eclesial, como nacional e internacional, y permite incorporar en él los distintos valores que van apareciendo y son apreciados por la conciencia social: primero lo artístico, después lo histórico, también lo documental y bibliográfico, recientemente también lo arqueológico y paleontológico, luego lo científico y lo técnico, siempre por su relación con la cultura o por su testimonio de civilización.18

Al hablar entonces de bienes culturales religiosos, también se utiliza la noción de "patrimonio", como se dijo. Este concepto lleva consigo una múltiple y aprovechable connotación:


  • se trata de un conjunto armonioso, integrado de variados elementos

  • apreciado y valorado por una comunidad

  • recibido y trasmitido como la propia reserva, de un grupo o generación a otro/a;

  • capaz de identificar al grupo o sociedad, y que permite reconocerlo/la;

  • apropiado para conseguir los objetivos propios de quien lo posee, conserva y trasmite;

  • merecedor de resguardo legal y del respeto de todos, por su significado y provecho.

Varios ejemplos podrían ilustrar este concepto, tan rico de significado: la música folclórica argentina o de Córdoba; la manzana jesuítica y los demás construcciones que pertenecieron a la Compañía de Jesús; las antiguas bibliotecas de Conventos y de la Universidad; la devoción a la Virgen del Rosario del Milagro, patrona de Córdoba.



3. CUIDADO DEL PATRIMONIO ECLESIAL

En las últimas décadas se ha incrementado notablemente el cuidado de la Iglesia sobre su patrimonio religioso. Los motivos han sido varios, tanto positivos como negativos, y algunos se mencionarán más adelante.


3.1. Instituciones eclesiales al cuidado del patrimonio
3.1.1. Pontificia Comisión del Vaticano

La Santa Sede tiene una Comisión Pontificia para los bienes culturales de la Iglesia (PCBCI), creada por san Juan Pablo II (1993).19 Reemplaza a una anterior, llamada Comisión Pontifica para la conservación del Patrimonio artístico e histórico de la Iglesia (PCCP), y erigida unos años antes (1988).20 Su finalidad es promover y presidir la tutela y conservación de los bienes artísticos e históricos de la Iglesia católica.

El mismo Papa, que inspiró y siguió muy de cerca los trabajos de esa Comisión, explicó el cambio de nombre, y -en parte- su objetivo:

“Porque ciertamente ha habido un desarrollo. Muy pronto se ha visto con claridad que la palabra conservación, presente en el título inicial de vuestra Comisión, resulta inadecuada, porque era limitativa y estática: si se quiere insertar los bienes culturales en el dina­mismo de la evangelización, no podemos limitarnos a conservarlos íntegros y protegidos; es necesario llevar a cabo una promoción orgánica e inteligente para introducirlos en los circuitos vita­les de la acción cultural y pastoral de la Iglesia. El título actual -«para los bienes culturales de la Iglesia»- expre­sa mejor las finalidades de vuestro orga­nismo”.21

Desde el 2012, la PCBCI quedó unida al Consejo Pontificio de la Cultura.22
3.1.2. Actividades y documentos: de la PC y de otros Dicasterios

El interés y celo de la Iglesia por su patrimonio no comenzó en los últimos años. Los estudios sobre el tema mencionan cartas anteriores, con orientaciones y normas, referidas a los bienes culturales en la misión de la Iglesia.23 En especial sobre los archivos.24

La nueva Comisión, reformada en 1993, intensificó el trabajo ya comenzado antes. Hasta el presente, ha realizado varios encuentros y ha enviado oportunas comunicaciones a los Obispos y los Institutos de Vida Consagrada (8 en total).25 Además de otros tres dados por la Congregación para la Vida Consagrada (CIVCSVA).26 Las cuatro intervenciones del papa san Juan Pablo II, ofrecidas con motivo de las cuatro asambleas de la PCBCI, han sido muy apreciadas y reiteradamente citadas.27 Como las del Presidente de la PCBCI, Mons. Mauro Piacenza, en diversas ocasiones.28

Otros dicasterios o departamentos del Vaticano se han ocupado de algún modo de los bienes culturales, al tratar temas afines. Se apuntan algunos ejemplos.29 De todos modos, además de estas anotaciones y de la bibliografía ofrecida, todos los eventos y textos del Vaticano pueden ser consultados fácilmente, a través de Internet.



3.1.3. El CELAM, las Conferencias Episcopales y las diócesis

El Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), con sede en Bogotá, Colombia, ha realizado algunos encuentros y editado alguna publicación al respecto (celam@celam.org).

La Conferencia Episcopal Argentina (CEA) creó ya en 1987, y aun antes que existiera la PCCP (1988) un equipo para asesorar a los obispos en la materia, y luego la Delegación para el patrimonio artístico y cultural de la Iglesia (1992), que en 1994 cambió su nombre por Delegación para los bienes culturales de la Iglesia, y desde 2005 está integrada en la Comisión Episcopal de Fe y Cultura. Ha realizado varios encuentros nacionales y regionales de formación e intercambio, y la mayor parte de sus publicaciones figuran en la bibliografía.

La FACULTAD de Derecho Canónico, perteneciente de la Universidad Católica Argentina (UCA), organizó en octubre de 2013 una Jornada de estudio con el título: La tutela de los bienes culturales de la Iglesia: problemática y desafío. Las ponencias han sido publicadas en el Anuario de la Facultad. 30

OTRAS CONFERENCIAS Episcopales tienen departamentos especiales que se ocupan del cuidado de los bienes culturales religiosos, que también pueden consultarse con provecho.

Respecto a las DIÓCESIS en particular, el Concilio Vaticano II propuso que, además de crear una Comisión Nacional dependiente del Episcopado, hubiera en cada jurisdicción diocesana una Comisión de Liturgia, música y arte sacro, o tres para cada uno de esos temas.31 El mismo documento recomienda que los obispos consulten los asuntos relativos a las obras de arte.32 A su vez, la Conferencia Episcopal Argentina ha recomendado instituir o fortalecer Comisiones Diocesanas de Bienes Culturales, y también establecer redes de comunicación permanentes para la toma de conciencia, prevención, conocimiento de la legislación civil y canónica, prácticas y acciones de recuperación, en resguardo de los bienes no sólo de la Iglesia católica sino de la Nación en general.33 Al dar cuenta de esta resolución, se recuerda que la Delegación de la misma CEA para los bienes culturales, había constatado que “el paso del tiempo, la falta de recursos, el desconocimiento en restauraciones o excavaciones, la negligencia o el desconocimiento, por una parte y por otra, robos y saqueos que cobran cada día mayor frecuencia, constituyen una penosa realidad que exige pasar de la sola preocupación a algunas acciones elementales”.34


3.1.4. Relación con los Estados y demás instituciones

A medida que se fueron creando los Estados Nacionales y Provinciales, como también otras Instituciones públicas y privadas, la custodia del patrimonio religioso se fue haciendo en parte compartida. Ante todo, porque los mismos Estados Nacionales y Provinciales han reconocido como parte de su misión en favor del bien común, ocuparse o colaborar con el cuidado, preservación y uso de todos los bienes, incluidos los religiosos. El motivo principal es que dichos bienes forman parte de la cultura del pueblo, porque pertenecen a su historia y a sus vivencias compartidas. Los gobiernos democráticos lo han emprendido respetando siempre la propiedad de las instituciones religiosas, sus normas y tradiciones; como también la pluralidad cultural y religiosa, que ha ido creciendo con el tiempo. Para cumplir su objetivo, se establecen diálogos, se dictan leyes y ordenanzas, se firman oportunos acuerdos, a fin de canalizar esa común responsabilidad, propia de la Iglesia, del Estado y de otras instituciones. Por ese motivo hay en la Argentina "monumentos históricos nacionales", considerados de interés histórico, artístico y cultural, y una Comisión Nacional creada en 1938 que se ocupa del tema. Las provincias también han distinguido ciertos lugares de manera semejante. Sólo cuando la conducción política adopta una postura absolutamente laicista y secularizada, deja de valorar esta parte del patrimonio, en perjuicio del mismo pueblo y de su cultura.

A esta razón principal de colaboración se añade otra, de menor importancia, expresada en subsidios y aportes económicos del erario público, solicitados u ofrecidos como ayuda al cuidado de los bienes religiosos. No obstante, cuando falta el primer y principal motivo, estas ayudas suelen ser criticadas o negadas, como si se tratase de una contribución injustificada.

Por fin, cuando un bien religioso queda en manos del Estado o de un particular, como de hecho ha sucedido en muchos casos, es muy conveniente que no pierda su sentido de pertenencia a la cultura popular, con todas sus consecuencias.



3.2. Expresiones del patrimonio cultural religioso de la Iglesia católica

En esta presentación, se llaman expresiones o signos del patrimonio cultural religioso los bienes relacionados con la vida y la misión de la Iglesia católica, desde el comienzo hasta nuestros días. Son de diversa índole y llevan la impronta de cada siglo. Visto desde la historia de las religiones, este patrimonio católico es en parte herencia de la tradición judía y, a su vez, está emparentado con las demás confesiones cristianas. En este amplio contexto se comprenden expresiones religiosas comunes a varios pueblos y creencias, como: la Biblia considerada Palabra de Dios; un día de la semana dedicado a Dios; lugares públicos destinados a la oración y al culto, etc.

Con ayuda de estos variados bienes se cumple el cometido específico de la Iglesia, que es edificar en la tierra el Reino de Dios, recibido de su Fundador hace dos mil años, y relacionado íntimamente con el empeño por construir, junto con todos los hombres de buena voluntad, una sociedad cada vez más respetuosa del hombre y de sus valores esenciales.35
3.2.1. Lugares sagrados

"Son lugares sagrados aquellos que se destinan al culto divino o a la sepultura de los fieles mediante la dedicación o bendición".36 Aunque este es el concepto legal exacto, en sentido más amplio merecen respeto y cuidado todos los templos, capillas y oratorios aún no bendecidos ni dedicados, como también los cementerios que hoy en su mayor parte pertenecen al Estado y son por él mantenidos. El valor de estos lugares no depende tanto del uso más o menos frecuente que ahora tengan, cuanto del significado que expresan ante quienes se disponen a reconocerlo. En este sentido, hay lugares famosos que ya no se usan para el culto, como las Ruinas de las Misiones Jesuíticas, compartidas por la Argentina, Paraguay y Brasil, que sin embargo son visitadas como testimonio de un reconocido esfuerzo misionero, educativo y religioso.37

El TEMPLO cristiano, cualquiera sea su forma exterior, tiene un significado profundo. Ante todo representa al mismo Jesucristo, ya que sólo en Él habita la plenitud de la divinidad.38 De allí deriva su principal dignidad y significado. Se lo suele llamar "iglesia", que significa comunidad convocada y reunida. En su dimensión material, el templo es signo visible de la comunidad espiritual que allí es convocada para el culto público y la devoción privada. Con esta finalidad, tanto la arquitectura como las demás artes lo han enriquecido con bellas formas y rica ornamentación, que ayudan a comprender y disfrutar de su significado.39 Por lo tanto, si bien el templo alcanza su mayor perfección estética durante la celebración de los misterios divinos,40 siempre constituye un espacio apropiado para la devoción personal, la contemplación silenciosa, y la paz espiritual.41

Entre otros lugares sagrados, muy apreciados por el pueblo, está el VIA CRUCIS, Camino de la Cruz o Calvario, que si bien es parte de la ornamentación de las iglesias, se suele construir de mayor tamaño en espacios abiertos, donde la gente concurre a rezar, sobre todo durante la semana santa. De manera parecida, otros sitios públicos han sido distinguidos con cruces destacadas, grutas u hornacinas con imágenes, y con figuras de personajes religiosos que el pueblo venera, y que por ello merecen respeto, aun cuando hoy no sean reconocidos por todo el mundo.

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