Parte 6 – El Partido Comunista destruye la cultura tradicional



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Nueve comentarios sobre el Partido Comunista chino (PCCh)

-Editoriales del periódico La Gran Época

Parte 6 – El Partido Comunista destruye la cultura tradicional



Prólogo


La cultura es el alma de una nación. Es un factor espiritual tan importante para la humanidad como los factores físicos de la etnia y el territorio.

El desarrollo cultural define la historia de la civilización de una nación. La completa destrucción de la cultura de un pueblo conduce al exterminio de la nación. Naciones antiguas con civilizaciones cargadas de gloria pasaron a considerarse desaparecidas cuando se destruyó su cultura, aunque sus etnias sobrevivieran. China es el único país que posee una civilización con 5000 años de historia. La destrucción de su cultura tradicional es un crimen imperdonable.

La cultura china, sobre la que existe la creencia de que fue transmitida por Dios, se inició con mitos como el de la creación del cielo y la tierra por Pangu,1 la creación de la humanidad por Nüwa,2 la identificación de Shengnong de cientos de hierbas medicinales3 y la invención de Cangjie de los ideogramas chinos.4 “El hombre sigue a la tierra, la tierra sigue al cielo, el cielo sigue al Dao, y el Dao sigue lo que es natural.”5 La sabiduría daoísta de unidad entre el cielo y la humanidad corre por las venas de la cultura china. “El gran aprendizaje fomenta la cultivación de la virtud.”6 Hace dos mil años, Confucio abrió una escuela para enseñar a la sociedad el pensamiento confuciano representado en las cinco virtudes cardinales de bondad, rectitud, decoro, sabiduría y fe. En el siglo I, el budismo de Sakya Muni arribó a China con la bandera de la misericordia y la salvación de todos los seres. La cultura china se volvió más amplia y profunda. Así, el confucianismo, el daoísmo y el budismo se convirtieron en credos complementarios en la sociedad china, y llevaron a la dinastía Tang a la cima de su gloria y prosperidad, como es conocida por todo el mundo.

Aunque el pueblo chino ha sufrido numerosas invasiones y ataques a lo largo de su historia, su cultura tradicional siempre manifestó una gran resistencia y energía, y su esencia se transmitió a través de las generaciones. La unidad del cielo y la humanidad representa la cosmogonía de nuestros ancestros. Debemos al sentido común la idea de que “lo bueno es recompensado y lo malo castigado”. Es una virtud elemental no hacerle a otro lo que uno no quiere que le hagan. Lealtad, devoción filial, dignidad y justicia son los parámetros sociales del hombre en este mundo, y las cinco virtudes cardinales de Confucio de bondad, rectitud, decoro y sabiduría y fe constituyen la piedra basal para la moral personal y social. Con estos principios rectores, la cultura china encarnó la honestidad, la amabilidad, la armonía y la tolerancia. Los entierros de los ciudadanos chinos comunes rendían tributo al cielo, la tierra, al emperador, a los padres y al maestro. Ésta era una expresión cultural de las raíces tradicionales chinas profundas, que veneraban a Dios (el cielo y la tierra), la lealtad a la Patria (el emperador), los valores familiares (los padres) y el respeto por los maestros y la gente mayor. La cultura tradicional china perseguía la armonía entre el hombre y el universo y enfatizaba la ética y la moralidad del individuo. Se basaba en la fe de las prácticas de cultivación del confucianismo, el budismo y el daoísmo, y brindaba al pueblo chino tolerancia, progreso social y un resguardo para la moral humana y el credo justo.

Contrariamente a la ley, que dicta reglas rígidas, la cultura actúa como un limitador moderado. La ley impone un castigo después de que se comete un crimen; en cambio la cultura, al alimentar la moral, impide que el crimen suceda. Los valores morales de una sociedad suelen reflejarse en su cultura.

En la historia china, la cultura tradicional vivió su apogeo durante la próspera dinastía Tang en coincidencia con el cenit del poder de la nación china. La ciencia también atravesaba un buen momento y gozaba de gran fama en todo el mundo. Los estudiosos llegaban de Europa, Oriente Medio y Japón para estudiar en Chang’an, la capital de la dinastía Tang. “Los países limítrofes veían a China como su estado soberano, y viajaban para rendirle homenaje”.7

Después de la dinastía Qin (221-207 a. C.), en muchas ocasiones China fue ocupada por grupos minoritarios. Estos grupos tuvieron períodos de predominio durante las dinastías Sui (581-618 d. C.), Tang (618-907 d. C.), Yuan (1271-1361 d. C.) y Qing (1644-1911 d. C.), y en otras épocas. No obstante, casi todos terminaron asimilando las costumbres chinas. Éste es un hecho que demuestra el gran poder de integración de la cultura tradicional de este país. Como dijo Confucio, “(Así) si las personas de lejos no aceptan lo nuestro, debemos convencerlas cultivando (nuestra) cultura y virtud”.8

Desde que en 1949 llegó al poder, el PCCh destinó los recursos nacionales a destruir la cultura tradicional china. Esta mala acción no se origina en una búsqueda de industrialización ni en posturas estúpidas de veneración de la civilización occidental. Más bien, obedece a que la ideología inherente del PCCh y la cultura tradicional china son como el agua y el fuego. Así, la destrucción de la cultura china fue algo planeada, bien organizado y sistemático, sustentado por el uso de la violencia de Estado. Desde su consolidación, el PCCh nunca dejó de “revolucionar” la cultura china para exterminar su espíritu.

Aún más despreciable que esta destrucción es el mal uso intencional y la alteración solapada de la cultura tradicional que hace el PCCh, mediante el método de “tomar la flor y plantarla en el árbol”. El PCCh resalta las partes malas de la historia china, todo lo que ocurría cuando las personas se apartaban de los valores tradicionales, como las luchas internas de poder en la familia real, el empleo de tácticas negativas y la conspiración, y el ejercicio de la dictadura y el despotismo. El PCCh recurrió a ejemplos aislados de la historia para crear su propio conjunto de parámetros morales, de maneras de pensar y su sistema de discurso. Con esto, logró crear la impresión de que la “cultura partidaria” es realmente la heredera de la cultura tradicional china. El PCCh incluso aprovechó la aversión que algunas personas sienten por la “cultura partidaria” para incitar a que el pueblo se aleje aún más de la auténtica tradición china.

Este proceso ha traído consecuencias nefastas para China. La gente no sólo perdió sus principios morales, sino que fue víctima de un adoctrinamiento con las teorías perversas del PCCh.


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